HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO
ahora cruzar hacia el sur, dejar atrás las montañas, prevaricar el humo de la ciudad en alguna taberna o subterfugio de tu tinta y jugar a las cigarras y a los que no tienen desde dónde volver, aunque no me gustan las ciudades, me gusta el exilio de las ciudades, su crujido de vino y anonimato, esa manera con la que mienten las farolas y a veces parpadean en tu cuerpo, un trozo de mi vida....  he quedado con ellos, para la risa dadá y la sinrazón atrincherada en un parque, mojar la ternura y el vino, creer que podremos rozar el opio con la saliva de la luna... y que todo lo perdido, todavía mancha su amor debajo de nuestros pies.... salir por un rato del éxodo y de mi escritura, olvidarla y brindar con tu noche el suicidio de los libros
me pongo la falda a picos de mi arlequín en fuga y empiezo a llenar esa mochila con cosas que desllenar junto a tu vehemencia, riego las flores para que hablen de la lluvia hasta que vuelva, un día quiero que todos los días, sean el adiós de un sitio y de un poema... un viaje incierto, con el bosque encima, con nada que espere ni la vuelta ni el cobijo, sin saber dónde abriré los ojos, sin tener nada que pueda extraviarse, sólo el escalofrío...
en un rato me voy, con el pecio del reloj de la deshora y esa maleta de ojos de pez, en el parpadear del usufruto de tu indigencia, y esas ganas, de volar por tu cascajo, la destrucción de la territorialidad, sólo fui, nacionalista de tu viento y de esas manchas de sal en mi piel, todo lo demás, fui paria y una antiexpresión, de la necesidad del oleaje... 
me dijeron muchas veces que eso no era viable y nunca les creí, porque puse delante, la pasión de la horquídea nocturna y no me importó si la h era muda o no debía estar allí, cuando vi en ella una cama H y te oí encima y debajo, resquebrajar los techos con estrellas y traer la mar
el gatito duerme en una cesta de mimbre que le compramos a un gitano que siempre venía de paso y de muy lejos, le decía a X. que era muy amigo de su bisabuelo y X. se emocionaba y le daba vino y quería saber más y le compraba cosas de las que él traía manchadas por viento y polvo, a mi me daba respetos y alegría ese hombre, aunque creo que era mentira que conociera al bisabuelo de X. pero eso a nadie le importaba, el gitano se inventaba bellas historias, que nos hacían feliz a todos.
ya no se baja a preguntar
se va, en ese agujero del bolsillo del cualquiera
a peonzar la distancia irreversible, del horizonte y el fuego
y me aprieta contra su pecho, como un DIU y como una casa
y luego sigue en busca del taxi en llamas al otro lado de la calle
para hablarte de los anocheceres en Sevilla con el dinero y la flor, en la hacienda de un desconocido
que tendríamos que robar o dejarnos morir en sus dedos
cuántas veces
fuera de la fila
comulgué en tu espalda
la sangre del sur
para sostenerme en lo que no tenías

y no eras tú ni yo
ni sujeto ni memoria
ni lo que involucraría al mañana

el primer hueco, se quedó ahí, como una utopía
porque escanciamos su humor desde la cloaca
y pudimos, defender la flor y destruir la casa

el amor fue un proceso de intoxicación mutua en el juego del asesinato de la burguesía

y no ganaste ni gané, sólo corrimos y perdimos un pasado, en los dientes de la mariposa, con esos futuros, humillados en su risa
la tarde y esa desbandada todavía reactiva del verbo y los desguaces,  y el horario de trenes que escribiste con vino en la pobreza de mis manos, dilata del viento, la salida en vertical que tomaremos de la lejanía, no sé dónde será, pero no será aquí ni llevaremos las cicatrices y el baile en el mismo cuerpo... empezamos a marcharnos cuando preguntaron quién, luego el tablón de sal y despeñaderos, de tu boca, al bar que cerró sobre nuestro grito su barra y su depósito, recuerdo ese guardia de seguridad aporreando la puerta del servicio, y nosotrxs 4 allí, mezclando el aullido del insomnio con corazones de rana, tal vez fuimos a resquebrajarnos, encima de la lluvia o ninguna calle podía retenernos y yo lo perdí todo en tu risa

ahora voy a ir a cocinar las verduras y a desmirar el buzón

a creer fanáticamente en lo que no tienes
y a urdir su pasión, antagónicamente lejos de mi vida, como si me abrazara el ocaso que presintió, el resquebrajar de los ídolos, en la suciedad de tus manos y era mi única casa y era mi horizonte último

a veces quiero
los 20centímetros
de empapada contradicción
volteando desde tu noche
el alba de mi desierto

y decirte yo
diciéndote tu tú en la luna y en el incendio del verso

crujir mi final en el principio independista de tu canto
y expresionar con aludes de anacolutos, el fuego que me ata a tu muerte
da igual
qué ponerle a la última palabra qué
si salvarte de las películas de polvo y araña
o culparte, en su fractal de sucesos sin fin y sin saciar
si quedarme con tu gorrión de electricidad o con tu ahravio de micromina
o las pulgas del gato, o las procesionarias de los pinos, vomitas en el credo

no hay balanza de luz ni de oscuridad
ni de función ni arquitectura ni ha sido

porque aquella última noche
no lo fue tampoco, ni se abarcó, ni se sustrajo, ni pudo tenernos
y no fue una palabra, fue muchos escondidas en  un crujido

nada cerrará la herida
ni la herida podrá serlo para decirse ni en diccionarios ni en trenes

rebasamos la posibilidad de los muertos-vivientes y del vino entre nuestros cuerpos, acariciando la destrucción del mundo y la polución de los caballitos de mar

aquello se metió en mi corazón, también con la inexistencia
y no se ha salvado ni se ha perdido, ningún recuerdo, ni tu sudor en la cartografía de mi piel ni tu sangre
no podemos afirmar ni negar, nada
ni consensuar, ni demostrar, ni enterrar

tal vez porque se vertabilizó poema y nada y fango y estrella
o todo lo contrario, si baja las bragas la noche en tus hocicos
me quise ir desde que tuve conciencia de que existían los pájaros
y el espantapájaros me cantaba al oido, la sangre de Momo, como embestidas de la noche que no pudo acabarse ni tirotearse contra tu alma
y aprendí a irme sin moverme de sitio, con marabuntas y beleños, de la tiza del vagabundo y la despoblación de las ciudades en el aullido de la manzana

le doy a mi porvenir esquejes de maría y barcos de helio
caeré en la mar para morirme
y desde ella, tocaré la hiel de tu cadáver, como se pide un dios, para volver a estar con los perros

sé que vendrá una tragedia
y que al principio no tendrá humor negro
ni armas, ni agujeros de carcoma, ni vino

y o caeremos del todo
o seremos viento y bandera negra

tal vez tenga que llorar los cables de la luz
o el destino del ladrón de cobre, pero no te preocupes ahora ni por la sangre ni por el piano de huesos

todo va, obscenamente en perfecta armonía
con lo que nos dijo la bruja, cuando teníamos alucinaciones de eternidad y de gusanos tocadores del vals y de la estrella
todo va bien, la música nunca dirá tu nombre y en su búsqueda, valdrá la dicha, cada ruina que caiga de los párpados
no caí en el vicio de la lágrima para cavar ni tu elegí ni tu descomposición pictórica en mis cicatrices
no llorar sino es pólvora la mejilla que lo palpa
sino es del todo ilógico, irreverente y vacuo

te dije que si ninguno de los dos, nos planteamos el suicidio
es porque ganó el nihilismo y las huevas de Diógenes carcajeando cuchillos
y es que el TEATRO, sobre la tragedia, masturbará al muerto, hasta que grite nuestra historia
y seamos como esos que ya no son y llevan el polvo del camino en el blues que paga el trago y debe el trago, por un fuego más profundo

hicimos de tripas, pájaro, y de pájaro el pretexto, para no volver a debernos a ninguna tierra, ni ideología, ni sangre
 insaciablemente insolventes, de nosotras, del cielo, de la cloaca

a veces bajo las manecillas del trigo y del salitre, lloro como una niña, la historia desvencijada de un sueño que para seguirse tuvo que matar a sus testigos y su horizonte

pero se me pasa enseguida, al redoble, de la libélula y la lava

en unas horas voy a la ciudad y al desabroche de tu rostro acuchillado por una ginebra que alquiló trenes de sal, para otra vez, cargar el olvido.... a veces damos vueltas cíclicas de la salida de emergencia del tambor del opio, a veces, oigo a tu lágrima de mosca azul, subir las escaleras en busca de mis manchas del destierro del óleo, y duele, en tu dolor, un poema de humo, y toco desde tus dedos, una montaña que huye.... cada PI de la imposibilidad, volveremos a maldecir el mismo vino, en las grietas que tu cama, esculpió en mi estatua de arena, cada PI de la deriva, lloraremos, la leña quemada en la tierra removida.... nunca hemos salido del laberinto, pero hemos sido su guitarra y su punk... los bucles vienen por vehemencia de opio, y a veces sólo tengo un puñado de hojalata, para convencer a su vuelta de campana, del amor de los nadie... un día te cansarás, me dijo ese borracho de las luciérnagas en la tráquea, un día como yo, deletrearás la derrota, al amor que quede para verlo.... guarezco en mi corazón cientos de agujeros acunados por mi desequilateridad e histeria, les doy canciones de cobalto y pecios de nube, le transfiero tu sangre y suciedad con soplos de paloma y a veces le juro tu asesinato en la apoteosis de las mutaciones semánticas de la pérdida y la abrasión
hoy soñé algo de lo que me hacía vulnerable, había manchas, ventanas-habitaciones, yo venía de una especie de túnel-cuaderno.... y de pronto se abría ese talón de aquiles y era una mariposa y había una presencia ahí, algo que me miraba y me conocía de forma omnipresente, y esa mariposa se derretía y se rehacía... y también creo que estaba el amor, en alguna forma simbólica... pero mi flaqueza, aunque fuera mi vulnerabilidad, en ese lugar, era libre....
cantan los gallos, cuando dormía, el gato se metió entre las sabanas y bajó hacia mis piernas y empezó a arañarme y en mis sueños, pensé, "él busca la caja  musical" y salí de la cama y lo cogí aún medio sonámbula en mis brazos.... y fui a por café con él velando los amaneceres sin ley... y pensé que al gato se la suda la propaganda electoral, no le afecta ninguna ley de los humanos, ninguna de sus cloacas, ninguna de sus universidades y quise ser gata como él, y sentí una rabiosa alegría y esperanza, de que otro mundo ya es posible y le dije, "mi" gatito insolvente, "mi" anarquía
Cruje el vino que quemaremos ésta noche lejos de la prosa. Tal vez te querría con una cerbatana de gasolina y un amor perecedero de aullidos dilatados en el enjambre del existo y no tengo identidad. Pero a veces sólo eres humo que me aprieta la vehemencia de lo etéreo. Y sucumbimos juntos a la atracción de las malas hierbas, en el flotar, de un mapa que nunca posicionó nuestros cuerpos. Tal vez te he amado, con las que no soy, borrachas del tango, del fruto de tu oscuridad. Todo esto no lo sabes. Como si vivieras en lo cinematográfico de un lienzo y yo fuera, aguarrás y hollín, hacia el infinito de tus trazos. Nunca te hablé del pigmento de gaviota de tu insomnio en mis bragas. Como si hubiéramos pactado la abrasión de un secreto en la hervidera del vino. Y nos desconocemos violentamente con un carnaval abrazándonos de luna. Tal vez por eso puedo desearte al mismo tiempo que inexistirte.
Una vez me encontré con un enfermero de la unidad de agudos del hospital, al poco de salir de allí y estar ya libre. Y me dijo que la noche que me llevaron allí, entré en el mostrador de enfermería y empecé a tirarles los muebles y los archivos, a empujarles y a escupirles. Yo no recordaba eso. Yo sólo recordaba la cama con correas y la comisaría y la policía de antes. Así que imaginé que había subido de urgencias, pacíficamente, tal vez sentada en una silla de ruedas, y que al entrar allí y recordar la jaula y esos carceleros castradores me ataqué de rabia, e imagino que llamarían a los guardias de seguridad y luego esas correas. Hay muchos recuerdos que se borran en los estados abisales.

contención antiterapéutica en los hospitales psiquiátricos

Viví las correas, en dos ingresos distintos. Llegué al hospital despedazada y a la fuerza. Y su procedimiento fue atarme con correas a una cama de la habitación de aislamiento y ponerme sedantes. Yo exigía mi libertad. Exigía vivir mis abismos por mi cuenta, en mis bosques. Recuerdo a guardias de seguridad encima de mí y a un corro de enfermeras, meterme en esa habitación vigilada y ningunear mi voz, llenar de piedras y muros mi vida. Y sentía cada vez más angustia y locura. Y supe que esa gente nunca podría ser una ayuda. Porque no tenían humanidad. No recibí ningún trato afectivo, al contrario vi, burla, vi saña, vi abrirse más mis heridas. Y empecé a moverme en esa cama con ruedas y la cama se iba de un lado a otro. Y gritaba. Y sentía desgarrarse mi interior por rabia e impotencia. Luego vinieron a inyectarme. Y recuerdo que me querían poner un pañal, ya que pensaban tenerme atada muchas horas. Y me sentí ofendida, atacada, desnuda, usada, mancillada. A ellos no los sentí ni salud mental, ni terapia, ni seres humanos, su cordura la sentí enfermedad y todo lo contrario a una ayuda para mí.  Y me negué y les dije que pensaba mearles la cama y me dijeron allá tú y así lo hice y así estuve muchas horas. Y aún seguí resistiéndome en vano. Gritando hasta la fatiga. Exigiendo mi libertad, mi salud, mi cordura, ante esa jaula y contra esos carceleros. Mientras hacían efecto las drogas farmacéuticas y empezaba a sentir un humo blanco rodeándolo todo. Perdí la noción del tiempo. Quería ver a mis seres queridos, pero allí estaba en una prisión. Estuve más de 12 horas atada. En una posición muy incómoda, como si abierta en canal. Ningún psiquiatra vino a verme. Procedieron a las inyecciones y a las correas, antes de cualquier diagnóstico.  Estuve en esa habitación de aislamiento, por lo menos 5días. Recuerdo que me traían allí la comida, dos guardias de seguridad, recuerdo una vez que uno dijo, "come de una vez que no estamos aquí para contemplarte" Para mí fue traumático el paso por la unidad de agudos. También recuerdo en otra ocasión, que logré desengancharme, una mano y luego la otra y ya no lo hacía para resistirme, sólo para poder dormir y entró una enfermera y me volvió a atar y yo pude volver a desengancharme, y volvió y le dije que sólo quería dormir que porfavor no me atara y lo hizo más fuerte. Fue enfermizo. Fue generador de locura y de daño y no de salud.. Para la salud se necesita empatía, comprensión, amor, y esa gente actuaba como máquinas. Vino un juez para la orden de ingreso involuntario, cuando yo estaba completamente drogada y ni siquiera me habló. Cuando ya estaba como una zombie por la sobredosis de drogas farmacéuticas, me dejaron salir con el resto del grupo.  Y cuando incumplíamos las normas de su régimen militar o exigiamos nuestros derechos, amenazaban con atarnos y a veces llamaban a los guardias de seguridad y lo hacían. Las únicas personas que me ayudaron allí, fueros lxs compañerxs, los otrxs locxs. De los cuerdos sólo recibí heridas y entendí que prefiero mi locura mil veces a su cordura.
pienso en la página, en lo que ella desmiente a través de tus gritos y en los pasadizos de su escarcha en el amor precipitado de los que no tienen tierra, tengo que adentrarme a ese otro lugar que quedó clavado en las puntas del lienzo y engañó a tu olvido con prófugas bellezas de la compra-venta de ese lugar que abandonó a tus credos y henchido de vino colmó mi espanto...

ayer me ocurría algo que no tenía obscenamente que ver contigo y hoy amanecen los pájaros tiritados en los estertores que la obra avanzó en la ruina, codicio la metáfora, que pega las inconclusiones con labios de mercurio, no fue tan terrible la venida encima de esa sepultura, fue una nueva de amar al no destino que discontinuaba los horizontes en la hoguera
me despierto, soñaba algo que olvidé al abrir los ojos, pero era un viaje ... hace un día muy bello y yo no tengo dónde quemar el soliloquio de tu sidra... busco las palabras, busco despertar, ya no me duele con el argumento ni con la piel, sólo con la literatura que despedaza pájaros al alúd de los encuentros imposibles
no pasa el tiempo
se paró a las tres de la tarde
y yo me quedé colgada de la datura con la que te pagué la derrota y evité que tuvieras que humillarte, hablando yo primero, a atropello y atasco, con ese zumo de hiel, para que no temblaras en la vergüenza del perdón
tal vez soy maternal con los agujeros y tú eras una grieta tartamuda de la expansión de la ciudad muerta y yo tenía que dar amor para que no se me ahorcara el pálido bufón de la contracorriente y podia haber sido bajo otra histeria y contra otro horizonte, pero el azar nos puso allí como dos abortos y elegimos abrir las piernas al surco de humo

tú pensaste otra cosa que me culpaste, tú no viste mis ojos, porque la transparencia en los significados estaba fuera de nuestro alcance, ni siquiera me ofendí, ni siquiera quise golpearte ni llorar, ojalá hubiera querido llorar, tal vez entonces el suelo no se hubiera partido en mil cachos
no estoy aquí
ni en la variz de tu insomnio
o desencanto escarbado hacia tu vómito de vino

hoy todo está del revés
con el síndrome de la hora que no se marcó

y no sé dónde meter ni las manos ni tu cadáver

he ido a revolver a la habitación de los escombros
para ver si me conmovía algún fantasma
o una araña me prestaba aguja para sortear el olvido

y sólo salí con más sed

y fui también al corral a ver las flores, regué el tomillo y el abedul, creí ver tu vida pasar en vano, no obscenar ni el cuchillo ni la copa ni las bragas del verano

y fumé todo el tiempo hambrienta de hierbas distantes, como si un agujero, creciera y creciera en mi regazo, en mi alarido, en mis ganas de ensangrentar el éxodo de los buzones y miré la montaña y te vi otra vez morir sin la canción, sin el asco siquiera....

cuando estoy así todo es una catarata de destinos indigentes y no me sacia ni haber nacido ni saber que moriré y no comprendo ni mi historia ni lo que no ha sido y me tiemblan las piernas y pierdo el equilibrio en la gota de sangre que dejaste en la bañera y subo y bajo y no soy tocada por lo que toco, tal vez necesito más vino o un tren
veo ese cuaderno a patadas en el vino, y el no rostro de tus desvelados jugando a las artimañas con mis celdas de cal y maría, ¡no era para tanto! si lo hubiera sido nos hubiera dado una razón y una ebriedad para morir, estábamos acá de paso, mi agujero encajaba con varios desvarios y tu nombre en mi boca y en la de cualquiera, haciendo exactamente lo mismo que antes de perder los nervios entre aquellas alpacas, somos unos impostores por defensa de la pasión de nadie y ojalá tuviera una cicatriz para menstruar aquél verso, pero se lo llevó el humo y usamos su inercia para comprar whisky y romper un poco los zapatos...

como escribo, suelo poner las palabras a favor de mi himen, y la historia y las manecillas y el tictac y la erección de tumba, nada viene a exigirme los trapos sucios, yo me encargo de mancharlos más con mi sangre y con la duditativas del beleño y el no volveré
no sé qué nexo
que no está
y toca sus trompetas
con el cubismo de tu hueco
y se ensalza y humilla
en la degradación de la ruina sobre el lapicero

tal vez me falta un campo semántico
algo que me una como líquen a una pistola
y como coñac a tus labios a la hora de dar mal la hora
y ganar un murciélago y una caja de herrumbre para tapizar la grieta temporal del tango

a veces estoy fotosíntesitamente agrietada por un lenguaje que no ha ocurrido
y me siento ácaro y cerilla, rezándole a Léolo, un grito que taladrar contra el cielo

y me desposo con el primer verso suicida que conmueve a mi niebla

estoy acostumbrada a estar en un constante estado de angustia, el desasosiego siempre brindó el primer vino, temblando las sombras en tu carne debajo de mis uñas, luego vinieron las ideas equivocadas de la belleza o la ganancia, pero el punto de fuga, cavaba en la fosa de la manos la sed lisérgica y antiterritorial de cada esputo
tal vez marcar tu nº y contarte una película para que me cantes una guitarra rota y urdir el desencanto en celo de los trenes de madera, a veces me dan ataques de cristales rotos en el aullido de la fragua que envileció tu ética a través de ronquidos
y no sé si me falta ese humor de la hierba o el cinismo de los vendedores de alfombras, si a eutanasia de tu sombra elocubrar mi desamparo y tenderlo al sol en cueros colgante de la salvia que no quiso nunca ganar en ésta historia
lo dejo todo al pi de la fantasia, como si subieran orugas por mis piernas y me robaran la sensatez para habitar el espacio y desposar su heroina en tu fosa
es de esos dias que no encuentro nada qué hacer, ni dónde ir, ni qué sentir que no se rompa, en la adversión de tu tango y de tu letanía o las pulgas que lo vieron y me echo vino, para desengañar a abril de los vestidos rotos en tus manos insomnes y sólo siento vicio y algún punto cardinal que se mató en mi cuerpo
a veces un trozo de humo
bajando por tu desfalco
y comprándome la herida de las rodillas
para articular la retórica de una fecha

no sé si me falta tu sangre o tu olvido

la tarde es rara, polvorienta de los rostros empapados en el pincel de la destrucción de las líneas, yo fumo y oigo ese piano y creo oir tus párpados crujir en la muerte de los tilos... y me dejo deshacer, en manchas que embisten contra mi nombre.... 

hoy tal vez querría esa bar contigo a deshora, quedar mal, serpentear contigo las cloacas que nos oyeron llegar y exigir los martillos, pero no te veré hasta mañana y las arañas cuelgan motas de luz que enredan en mi pelo pretextos, para no acabar ninguna promesa....
el crujido de la caja de setas.... una vez tuvimos un huerto  de gnomos, vendíamos sueños y con lo sacado compramos almas de mariposa, salió todo mal cuando un agujero, destruyó los plomos, fue a propósito el despropósito con el tiempo... hoy lo miro sin haber estado allí y con ansias de que me coma un cigüeña lo llegado.... con volar con tus tizas, el desamor de Mercurio y dejarle a la trampa semántica el error que propusimos para que ganara el afilador
tardaste mucho tiempo en morirte
aunque cayeran toneladas de tierra encima
aunque la ceniza y los ojos de serpiente
y el tango se hiciera humor negro
y el hueco, una bola china
mis gusanos te volvían, una y otra vez, a las ventanas y a la suciedad de la ropa abandonada
cosido a las ánimas lisérgicas, pulverizado, en la intención de la luna....

y tal vez aún no hayas acabado del todo

es extraña la lascivia poética en las tumbas yel sacramento de las ruinas, en la salida del sueño y de las armas
éste fin de semana, creo que son las elecciones y otra vez el esperpento televisado, podrido en los adoquines y trepando las plazas, otra vez miles de personas condenándose voluntariamente a ser ninguneadas por otros, a ser representados y así amordazados por otros, estúpidamente creyéndose libres y legitimando la prisión, para ahorrarme náuseas, no veo ni leo ninguna clase de noticia al respecto, prefiero la ley de los gatos, que las que filtra la solvencia del capitalismo y el capitalismo sabe que las urnas son su mejor fruto, donde miles y miles de muertos eligen la muerte y les dejan a ellos la cancha y el talonario, si queremos un cambio tiene que ser desde la calle y desde abajo, de frente a ellos y no dentro de sus usureras y compradas trampas y pantallas y vitrinas
no le busco al verbo, una casa, sólo caramelizados abismos que santigüen al pico de los arlequines el gozo desequilátero... habito detenida en la sombra de un piano que viaja en cajas de cartón dentro de vagones que no van a, ni hacen transbordo ni transliteran el poema a favor de una historia... pensaba antes de eso, gotas de vino, que manchar en tu camisa y me salía por la ventana, magreada por algo que no será, bajando al apeadero a compar marihuana y unas llaves reversibles, venga quien venga no estaremos a la hora del beneficio....
dentro de un mes o tal vez antes, tal vez pueda largarme de aquí, un mes casi... y pienso en la mar y pienso en el nudismo, de piel y contra mortaja y en las madreselvas y en los toxos y en esas culebras que amanecía en su embrujo, en los extraños con los que quemar salitre y todas esas sombras que te fingieron un espectro en la punta de mi bolígrafo...  un lugar aislado y gritos de primavera, que despierten a tus difuntos... todo lo que ha seguido, no se dio la vuelta, no puso flores de plástico, no compró ni perdón ni pacto ningún verbo, y ha sido más del juego que de cualquier propósito....  un día me iré muy lejos de todo esto y el esto, será un pájaro que se cruza... tal quiero tus pistolas, en el agujero de la escayola señalándome el opio y ofreciéndome la inconclusión sádica del poema... 
la soledad nunca es la misma
ni la grieta de la pared
creí ver a los negrillos desatarse los zapatos, en el pájaro que cayó
y tejí en vano, crujidos de leña quemada y bofetadas de arena a la voz que lo olvidó
le juré aquella noche que prefería amar lo imposible a lo alcanzable
y que en el momento que él se volvió una posibilidad también se volvió un infierno

nadie suele comprender el éxodo de los tirachinas y de los lápices, a excepción del anacoluto y el niño que grita, no podíamos sortear el daño, vino como una hoguera en el mismo soplido del gozo y del infinito, vino la horfandad del cuchillo y la decapitación de los espantapájaros, yo no me agarré a nada, no quise salvar nada, sólo seguí la ley del pájaro y del fuego

fue muy triste el velatorio hasta que alguien trajo vino y fandango, e hicimos rock con la lágrima y con el polvo, no sabía si eras un suicida o un héroe, sabía que tendría que compartirte con los lobos y con los vagabundos, yo ya no tenía dedos donde meter anillos, sino eran de ácido, te dije apretándote, te amo pero en el fondo, nadie nos amará, te dije, no podré entrar ahí, no podrás entrar conmigo... y no le dabas importancia, porque tú también, habías comprado un billete lejos de la tierra, luego lo otro lo dijo un poema que encontramos en un cubo de la basura, lloré en tu boca, rosas de jericó y arañas y vi cómo te morías de mí para siempre, mientras sujetaba con los ojos un navío de gasolina.... y hoy lo sabes, es teatro, nadie querrá tus honorarios ni tus verdades, valen una puta mierda, como las mías, como las de todo...

no busco la salida, busco el orgasmo
sólo los ilusos buscan la salida
sólo los que no bebieron el humor negro del abismo
no pienso en las consecuencias
ni en lo que se tragó la carcoma

tomo los viejos cordones
y deshilacho entre mis brazos
el espectro de una muñeca de mircromina
juego con sus cuencas arrancadas, al huerto de gas
y un cuento que cierre los ojos hacia la galerna

lo demostrable, no me entra en el bolsillo
ni calma al crujido de la letra, ni en el tiempo es tránsito ni arquitectura

soy tal vez esa mujer de polvo
rodeada de axiomas suicidas
en la prometida deriva de la huella

doy vueltas de campana contra el horizonte

y ya no sabe contarse a través de mi historia
ni jamás fui testigo en tu cama

otro poema estaba en medio y otra sepultura

tengo ganas de emborracharme con X. o con cualquier otro hasta perder todas las composturas y páginas, fumar un barquito de papel plegado en un maullido y encharcarme de cieno tus malas pulgas, para que el perro vuelva lleno de alegría a embestir la noche
voltear
en tu grito los cristales
treparé, mentidamente
el naufragio que imantaste en mi boca
en picado de la piedra que no roza el suelo
y pañuelo a cloroformo en ese quizás....

hablo de cosas lejanas
cuando calla el barro, mi cuerpo, en la fractura de una mesita
hablo teatralmente de palabras pluriempleadas al compromiso de la infidelidad

no lo tocan aunque quieran mis manos ni sus heridas
y otras historias se ocuparon del mal viaje de la flor en tus ruinas
y yo le dejé a ella y le dejé a la lírica, pedí la mar y me valió el tren que no pasó
he estado regando los rosales, uno parece que se le murió una rama, ojalá tire hacia arriba y ame hacia nadie su savia... necesito comprar pinturas más resistentes para el exterior, quiero transformar una de las fachadas y también pintar las tejas que hemos puesto de decoración
tal vez estoy triste de algo inexplicable... o esa mirada, allá abajo sobornó mi insolvencia... a veces hay gritos translúcidos que hacen cubismo y humo de la lengua, a la vez que se evaporan y dilatan ocupando todos sus territorios... siempre he tenido algún tipo de ausencia, cabizbaja y nocturna en mi interior, tal vez a excepción de las intermitencias con tu cuerpo y con la mar, pero fugaz, porque la sed nunca se quedó en paz en ninguna casa, ni eligió ningún paraiso, y si lo pienso, creo que soy más feliz ahora que dentro de aquella quimera, aunque hay cierto síndrome al embrujo de la adrenalina de los combatientes de la lluvia y el mercurio... pero se pulveriza antes la página, aunque nadie se quede, a quemar el último vino
hay que empezar con otra maleta en el jugo gástrico del cuervo y la paloma
y ya no volver a verbalizar el hundir de ese agujero, correr, ¿qué importan las explicaciones? se abre de piernas la vida, para que bebes música y vueltas de campana, de la sombra, nada, de la prosa nada
se desarma, en ese hueco, la urdimbre, porque aquella fe, hoy es un punto de sutura, en la piedra de afilar, el cuchillo que comprendió tu nombre y trajo el diluvio a mi razón para perder, ya han pasado demasiadas noches, con la orilla muerta en los labios, como para que signifique algo más que una mancha y el aullido de los escombros tocando a la puerta de una casa vacía, ya no puede ser amor, ni siquiera algo sólo extraño, es hierba ensilada apuñalando la correspondencia de un sueño cuando se suicida, y poco más, porque muchos gritos callados en lejía y cicuta, muchas llamadas y búsquedas y canciones, perdidas en agujeros, sin ni una gota de sangre, ni una caricia, ni un zarpazo, no me dejaste comprenderlo, ni siquiera odiarlo con causa, ni marcarlo en mi piel o en el infinito... fuiste naufragio mudo, indiferencia, estatua de sal.... y así han seguido las páginas, en liturgias de ojos que se atrevan a mancharse y a pulverizarse por el rubor... en cuerpo que se atrevan a saltar y a escupir sus pasiones o en fechas intransitables que empuñan el aullido y las vértebras..... pero de ti... nada, porque nada fue lo único que enviaste.
a veces la escritura, es polvo de polillas, manchando en las manos otras manos que apretaron un amor sucio e intravenoso de algo que jamás fue contrastable... y va, como se suicidan muñecos de nieve dentro del río, erosiva, de esa mancha en tu boca, inhalándome, el porque que ya no lo recuerda... o es cosa de velatorios, en el punto de cruz de la tripa de la gaviota, y taladra, una silla que arde, en la que sienta tu olvido y mi ginebra.....

a veces no escribo por el poema, sino por el que no ha nacido y el que no conocere... como si dentro del humo, perder las palabras para que otras, cuando no haya nadie en la puerta, puedan gritar, y hoy es un día de esos, del bolígrafo picoteado en cadáveres utópicos de abril, o otra noción del espacio, para trazar el boceto de ausencia y de ese litro de vino, colgante entre tus manos y las farolas que la vieron llorar y pestañearon, un tren y un aullido
esa alegría viuda y pálida
del quizá y una distancia amante de otro nombre que mentir
para extender la semántica del viento
donde no haga herida ni en el reloj ni la ley de la gravedad....

sinestesia el sol a las montañas
y huye, la reciprocridad de mi olvido en tu cuerpo

bebo una cerveza y chubasco otra historia en la cicatriz de las cosas perdidas
al cuello de la paloma en la desbandada de los puntos cardinales

estoy henchidamente distraida
por el éxtasis de la materia inerte y ese sabor-plumaje y escanciar de expresionismo, isla adyacente contra el aquí, como si esa canción desarmara la posición de lo palpable... como si acabara de secarme tu sudor en el cuchillo de un barco.... y las palabras se negaran a fijarse en el verso y en el paisanaje y fueran vaho en una premonición de lo versatil....

a veces la poesía no existe en lo legible, sino al envés de su tránsito y se mantiene esquiva y misántropa, mientras se cosen peces al agujero de las botas.... 

tal vez es que me estoy marchando y las ventanas se pulverizan para abrir surco, y no soy lo que digo ni lo que callo, y esa ebriedad, desfigura los rostros, dentro de la caja de cartón y agita y placenta un sueño de nadie...

a veces tengo esa sensación de que aún no he llegado... y de que las paredes son animales que corren, habitáculos que alguna vez, deslizaron la sangre en  tu vino, como la nueva erótica del quizás...
Todavía no he escrito. Porque he estado, dentro de ese otro cuaderno, pasando las páginas con tu vino y con tu ceniza. Al deletrear del sur que evoca la fotosíntesis de la luz púrpura en valles flotantes de un deseo. Algo nuevo empieza. Me voy hacia otro sitio. Sabe a anarquía el azote de los bosques y los mapas nunca han trazado tu canto. No ha habido ni muro ni tierra que abarcara tus alas. Esa melancolía es una mosca azul, en mis dedos. Y las cajas musicales borran la proyección de la lágrima y de la sombra. Nos iremos lejos y no habrá retorno. La deriva descompondrá el collage de los significados y cada vez, otra noche, bajará por tu espalda para esculpir los cráteres que esa ginebra inhamó de tu canto. Da igual, cuántos, no quisieran conmigo, cruzar el Leteo, sus risas imperecederas en el pasto de las águilas, guiñan estrellas, al éxtasis del mar. Da igual cuántos muertos, en el puño cerrado del aquelarre de las migraciones. Nada vuelve. Nada se detiene. Y las aves vehementes del olvido, crujen horizontes, sin pactar con nada.
Abrir los ojos.... despertar muy despacio... hace un día de verano... lloro con los chopos la retórica de esa ausencia, y lo dejo pasar, ya soy inmune a la descomposición de sus verbos, porque ha ocurrido tantas veces en mí, que es como un barco de papel bañado de ácido. Más de lo que ha dolido no dolerá. Ni se llevará más de lo que se ha llevado. Es como un timbre de humo entre los cuerpos de los ciervos y calaveras. Los árboles danza despacio y abrasivamente los golpes del iento. A veces al mirarlos, se siente una mística, algo lleno de silencio que parece entrar en los tuétanos y crujir las articulaciones del idioma hacia un cielo que nunca supo nuestros nombres.
esa prisa y chubasquero roto, del olor de la tarde, en grietas de río, todo lo que no vuelvo a comprender, derretido en la mesa, me siento lejos de la que alguna vez, en ti o en la ausencia de ti, ajena a las otras vidas y a la mía, cómplice del gas, y del desamor en la violencia de los tilos, tal vez a él lo deseo, por algo incomprensible y humeante del lsd y los pozos en el asiento trasero de un viaje transversal, con ese vino, como carmín y como parte de sucesos... tal vez, mi silla es una oruga que teje y galopa el ningún sitio desposado en mi ansia... a veces pierdo la racionalidad y me sacudo en el aliento de un ciervo lo que tenía pensado hacer... y tomo el sol con un espejo encima como si trazara tu geometría el punto exacto del que no pude volver.... soy a veces, hambrientamente feliz de algo que se escapa... y me vuelto de tuerca, en un anacoluto que amó al olvidado... y parece que está punto de venir la mar a tirar la casa y a llenar de pájaros mis ojos
ese polvo de luna, en la manecilla, en el aviador roto de tu exceso, en el beso negro, que valió por obra, cuando llegar a ti, era perder los ojos y quemar en las palabras, las fechas, se baja las bragas la montaña, y una pálida alegría escribe carbón en la comisura de un verso y trepa por los chopos y taladra en el río, yo estoy aquí detenida, entre dos mundos inconclusos y paralelos, rezando pájaros y aullidos, negándote de la página y de la muerte,, me incomoda, una pasión que borbotea de la tubería rota y me ampara también en mi desequilibrio, todo se parece a lo que se deja amar y a lo que no existe

el que casi llega arriba, el escalador que porta por cabeza el axioma cagado por el pájaro (porque sino no  lo sería) que de través meduliza el vuelo de la obra y de su otro yo que no percute su argumento ni defiende su salida
el que se encama con el fantasma que agrede el fractal de tu lágrima en el licor de la tiza y de la noche, la única verdad habita en su no rostro, y en su hueso encarna el idioma el cuaderno que ardió en tu amor y en mi muerte pero es de ellos, nunca nuestro, nuestro nada.


he ido a por un caldero de arena de los del ayuntamiento para que el abuelo haga cemento y luego levante una tejas con espiritus de águilas que escurran la lluvia hacia el punto contrario de su funcionalidad ultrajada por el oficio de los perdidos, yo luego pintaré encima, mi éxodo y mis buenas intenciones, hoy estoy enfadada de algún buzón de agujeros y tijeras, así que me busco entre las pulgas y las faldas a cuadros, de una indigestión ingrávida de hachís y promesas antielectorales para que los lobos se pongan encima.... empiezo a sentirme un poco contenta de tu lapicero partido a la mitad flotandoo en mi bañera, y quiero hacerme con botes de pintura y con hojarasca, ya he encontrado el lugar del espantador en la escalera, va a ser a la mitad esqueleto y a la mitad, tu vagabundo bailando el vals.... hoy todos en la casa estamos neuróticos por la venganza de los ciervos y nos hemos despertado con agujeros en la boca para hablar a escupitajos de la teoría que nunca encajó pero insistió en prevalecer...  ya no me da pena tu pena, me da caracoles y espinas de rosal, en ese nuevo aguardiente de los que se marchan, tampoco me da pena mi pena, me da una razón para comprarme un conejo y una espada.
¿qué problema?
¿qué tan pegajoso o esquívo o broca de taladro?
qué? si han pasado y no te quisieron ni para cavar la fosa ni para los trabajos forzosos, ni epílogo, ni estuve aquí, ni de acuerdo, ni escupí ni pez ni ojo rectal
si ellos no existían y no tenían capacidad ni del nombre ni de la muerte y tú mucho menos

sólo me falta un conejo en tus oquedades para reir las costillas en el muñeco vudú de la quimera y todo ese lascivo retroceso, del flujo económico en la compra-venta del estiércol que nunca quiso la margarita ni el cactus

y aún así, se me pega y se me escapa, y se me alergia agujero encima del agujero, pariéndome la explicación de la placenta colgada con las pinzas, en el meta-existo de una patada y cuánta sed para tan pocas ratas que nos abracen la belleza cuando todos duermen y nadie quiere tirar la basura

sé que es una mentira, lo que me empuja a meter las patas en la herida de tu pecho y el tú de ese tu, es un gusano de seda, buscando cómplices en el infierno, para la urdimbre de la mariposa y el salto en picado de un cielo batido

si hubiera sido solemne, ya hubieras perdido la cabeza
y te hubieran comido los ojos los cuervos y luego la nada, escrito encima, con mi sangre también, la canción de cuna

pero eso no era para nosotrxs, para nosotrxs, el batifurrio de una entropía en celo, tomando las escaleras mecánicas de una avería en combustión en busca de un pronombre que no padezca fácil diarrea ni rosario
ayer estaba en el baño la paleta dep inturas con restos de acrílico y al bañarme la meti conmigo al agua y me llené las palmas de los pies con esas manchas y entendí un camino, entre mi sombra y mi olvido, poseedor del amor del tejo y de la noche y me creí caminar, con su vehemencia en lo que no tengo, tocando el tambor de eso perdido y encontrado, en una prosa imposible que se fingió la carne que abandonamos en el andén para transliterar la sed de los saltos al vacío y tocar al fin, algo quedable en su huida
hoy estoy un poco triste de una ausencia cosida a las bragas de la tiratora de cartas que se pasaba con el anís, una vez un gitana me paró en la calle y me leyó la mano, y me dijo que mis amigas me tenían envidia, yo le dije que no tenía amigas y le di unas monedas y me dio un poco de romero, luego me subí a un tren hacia el sur y olvidé la postal de la nieve del insistente espectro, me hace feliz haber estado vehemente loca en la quema de los papeles, me hace comprender mejor, el agujero negro que a veces juega entre mis manos, y sentir mi identidad disociada entre los gatos y las hierbas y no extrañarme al oir el fuego subir por la escalera y robarme a mi canción de rayas y muñeca de harapos...  si no hubiera conocido la psicosis, tal vez, no amaría tanto ese anacoluto que se tira de la genista y agarra en su puño el mar, como si todo fuera acabarse justo ahora
hoy voy a hacer otro de esos espantapájaros subiendo la escalera
con una pierna en un peldaño y la otra dos más arriba atraida por el vino que vomitaste en mi vestido nuevo
quiero que me embriague su fantasmagórica deshacienda de las estrellas... a veces necesito la aprobación del opio y su ternura, aunque no quede nada que decir en la ruina, y me hago mujer-fácil de su trampa y de su vicio y juego al despellejar acotado de la manzana y la sidra, como si tu hueso fuera mi violin y mi patria, su agujerito de carcoma encima de la nube que murió ayer
a veces lloro
a través del zapato que se perdió en el cubo de la basuro
los excesos de tu romanticimismo en la tijera de la urraca
y me afecto, neurótica del helio y de la puerta serrada en el suicidio del cartero
y finjo 4h y media, el timón del naufragio en literatura y quema de rastrojos
hasta que después, te levantas en picado, al fuego de la amnesia y crujen los zorros y los perros, las distancias y patrias ahorcadas, entre la mano y el semen que no conoció mi destino

saltamos amanitas con los dientes
percutidos en la caja músical de los cementerios
como si una placenta les embargara nuestra historia
y en sus filos, la niña de humo, volviera a amar

todo es teatro porque lo que era otra cosa
murió aquel verano para masturbar a la obra
hasta que su orgasmo humillara los nombres

y soy también tu tú, en el yoyo de la heroína
jugando con la cuerda y con la flojera del cielo
si entre tus piernas, la máquina de escribir no quiere salvarte
y ya, invocan a través de esa fosa los bolígrafos
la impudiente vehemencia de nuestra 3ªpersona
soplan las cajas de carton
opiáceas uñas entre la tierra
sumé y salió adverso beneficio de la nada debajo de tu ropa

y me di, al extrafalario alquilador de cobre y salitre

sin escatimar la muerte del espantapájaros
otra vez sobre tu nombre

y luego la falacia
que lo fue porque la vieja era capaz a llorarnos urracas
y a arrancarnos el corazón con sus ojos verdes y punzantes, de los veranos extintos

andamos de flor en flor y de hoguera en tirachinas, retractándonos del destino que se aleja y una bicicleta nos cae del óxido para cruzar las espigas del olvido y de la lluvia

siempre tengo algo nuevo en la morosidad y en el pasado

y de vez en vez, quiero fumar esa hierba desde tu cuerpo y engañarle al silencio, la rayuela de ratas que sentadas al piano, nos reconocieron en aquél velatorio

todo es de los nadie
todo cantó hasta la locura y el orgasmo
la no tráquea del fulgor
en la noche en la que aún no habíamos nacido
no era muy(...) ni(...) y tampoco(...) pero yo lo quería a él, le dije aquella noche borracha al chico de los cascanueces, cuando ya había pasado el asesinato de un tren y el cuervo no eruptó su amor en nuestras cabezas, yo soy una obsesionada caprichosa de manchas de pájaro que se parece a un elefante y a un astronauta y a un loco enterrador, no me convencen nunca usando la lógica, no me dan empatía, utilizando ni la historia ni los diccionarios, es otra cosa, que aún no he descubierto, el puto ataque de nervios y orgasmos y hollines y estorninos, lo que empuja y destartala e incendia mi vida....
no lo quise dar por perdido
aunque ya no quedaran ni los escombros
aunque se borrara de la fotografía mi nombre
y tu rostro sobre ese mechero

fui obstinada del llanto de la culebra
y el baile de las cloacas en la cicatriz del ocaso

pero vino desde el otro lado la nada
a soplar estorninos y puntas
y me quitó de mis manos el hueco
y fue otra la inexistencia que desde mis manos codició las teclas

ahora tal vez, una mía, está colgada en esa borrachera
mojand el pico en manchas y en relojes de agua
cruzando despeñaderos sin moverse de la cama
y apretándose silbidos de dinamita, en el alcanfor de los diccionarios

la fe se comió esa vocal de opio
y se tirote´como un ave kamikace
sobre otro iluso que tenga una erección o una buena razón para matarse

y ahora somos todas
cualquiera
todas, el presunto de un promiscuo final
que se reparte entre el afilador y la jardinera de heroina
y vale el roto, el descosido y el farsante, mi amor de ciervos y mi pena de ciervos y mi pedida de ciervos y mi nada de ciervos

no lo he olvidado
y creo que no lo podré hacer ya nunca
es parte de mi esqueleto y de la ausencia de mi esqueleto

pero me mearé de risa con ello a través de la vejiga y las pinturas del arlequín

comerán las palomas o los zorros
y vos y nos, repartiremos el hambre de los desguaces en derribo
la tarde... y ese telón y esa ouija de nubes y ese amor sin puerto ni letra, debastando la urdimbre de lo controlable, las palabras quieren otra cosa, mientras acuchillo el sudor de las urdes en tu lágrima de luna, que una vez se ocupó de todos los horizontes dentro de mis sueños, duermo desnuda, con la idea de un paraguas ahorcado del techo y en la mesita una flor seca que simula un mapa y un teatro que desnarrar al alba que lo espero, duermo llena de lluvia, en el insaciable cauce de la soledad, no suelo acordarme de tiel en mi piel, ni de mis pelos en tu boca, no suelo doler tu hueco en mi cama, me dejo ir de madreselva, un monte que cede, o una nube que empieza a arder... no necesito un paisaje que vuelva y me he acostumbrado a la enana blanca, como la resonancia, de la prosa.... también a veces, engañé con excesos, a esa criatura de ceniza, que descosía mis zapatos, cuando olvidé que había nacido....

he caminado sin amor, muchas noches, he estrellado sus cables de alta tensión, en cuerpos de ladrones, que serían el olvido de mañana y vi muchos pájaros, sin comprender el significado de los pájaros y sentí su sangre resquebrajarse en mi pecho... 

por alguna razón todo sigue una ley no escrita ni abarcable y las heidas a veces son cemento imitando al nido de las golondrinas en huecos metafísicos o creyentes de un pilón de sangre, amando las reses del abismo... 

a veces me entran ganas de gritar, de salir en estampida, desde la punta del bolígrafo a la vehemencia de una muerte y creo que lloro todos los ojos y que habitan en mí todos los despeñaderos y vuelvo a la mariposa de cobalto y tripas, y ocurre algo, que tal vez yo nunca elijo y siento que alguien más está en mi escritorio y en mis ruinas
me tranquilizo
a través de la fiebre de esos campos de cultivo
escarchados por un fuego que cambió de vida y de cuerpo y se usó en tu memoria para desmemoriar la página que quemó mi vida en tu cama, a cambio de una henchida y certidumbre y pérdida de pasados

mentimos a través de la verdad, la expansión de una metáfora, y ya no era ni la casa ni el crepúsculo, ni eco, ni lenguaje, fueron esas grietas de submarinos, estercolando el huerto, de la primera palabra que se hizo mil pedazos para seguir siéndolo

aquella noche, lloré durante kilómetros el polvo de las cumetas y la ropa mojada y los huesos desencajados hacia la afirmación del cuervo y ya no tenía nada de ti, ni debajo de mis uñas... vi una alpaca, mullir un cielo, en la sombra de las criaturas de barro y hojalata y vi a mis niñas, alrededor con cuchillos, florecer, la barricada del espanto

te perdí un 24 de agosto, pero tardé muchos libros y agujeros, y escaleras automáticas y andamios y flores del callejón, en perderte un 24 de agosto y en coprenderlo a través de su 25
he estado cocinando hasta ahora, las patatas guisadas con bechamel, luego freiré el calabacín y lloaré el vino en esa grieta que ahora es un campo semántico de algo inquebrantable y a la vez desconocido.... he plantado el rosal de flores amarillas, ahora tenemos cuatro, tal vez me cubren algún tipo de sentencia del olvido y absuelven ciertan manera de dejar romperse la silla y los horarios de autobús, en tu cuerpo o en la retórica de tu cuerpo, lascivando la literatura que anidó en la letanía de la urraca.... creo que soy neurótica de las palabras que retumban a través de indecisiones y onomatopeyas... y lo sufro, como la gasolina y el mercurio y esa mirada tierna, del extraño que compartió una lágrima nocturna, en un ginebra robada.... a veces tengo la sensación de que está partido a la mitad el techo y entonces me lleno de propósitos para espantar a las arañas de mi pelo...  y me dispongo a la ternura y a las espigas, como si necesitara un horizonte en el que sostener el desequilibrio de los nombres adyacentes al anonimato que desde dentro los escapa, como aquel 24de agosto, en el espanto de tu vacío
a veces te digo lo que quieres oir, para ahorrarte el desencanto, de los dos en la cacería en una brecha, y cuando me pega la luna por el otro lado, con la misma guitarra, te digo todo lo contrario, no me cuesta cambiarme de ecuación y darle a la incógnita otra vagina y otra muerte, las palabras son pluriempleadas del capricho de la venganza de los lobos, yo paso de elegir una dirección, paso de quedarme convencida, y de creer que poseo una verdad, una casa o un destino, me muevo como las urracas y las lombrices, como las bailarinas de las cajas musicales y la cera cuando escurre en una mano el fragor y hundimiento de la noche, mi dislexia, efecto espejo, siempre estuvo conmigo, para apretarme al amor cuando tenia miedo o fiebre, y estoy en su eje cubista, a veces me da por un calambre y a veces por un lago o una roca o una polilla, no tengo cadencia, ni un lugar al que volver, lloraría todos los cuervos, por decirte algo que se quede para siempre, pero carezco de las cuerdas vocales que lo sepan
tengo muchos yoes
y la luna me afecta
en el hímen y en lo que robé en el corte inglés
y en lo que pienso robar y en lo que dar al mendigo y a los perros, y a mi sombra despavorida entre los rosales
soy cíclica de la desequilateridad de una canción de puntas y hoces y a veces me despierto en el desierto del blues y ya no encuentro a la de ayer subida al campanario o bajada a la impundicia de tus bares de alterne, y tengo que empezar desnuda, con una puta intuición de tijeras y ladridos, a descoserme la urdimbre, de los talonarios dentro del cigarrillo fumándose, la irreciprocridad de un hachazo y un amor....

después de tantos años, ya acepto el retro-suicidio y avalancha, de toda esa multitud que habita en el alquiler de mi yo existo, y no me da ni pudor ni demasiada pena, descubrir los cadáveres de las ratas que se aparecen mientras duermo....
te lo tomaste muy en serio
para tan agujereada mano que lo sostiene

era poema
nunca fue otra cosa
no tuve más articulación que el salto al vacío
y la resurrección del fango al alarido de momo

porque lo amé con lo inexistente
nunca pudo matarse de la dramaturgia de su hoguera

y se mean de risa los guerrilleros de metal
carcajeando la herrumbre de los cuentos rosas y de marihuana

me lo tomé muy a pecho
cuando el corazón era una válvula de escape y una metáfora
entre un infierno y un orgasmo de amanitas

sin querer, no dejé lugar para el pretexto, ni el perdón, ni el da una patada o clava el cuchillo
porque el dadá, lo devoró y lo crucificó, en su insaciable nacimiento

y ahora los perros se me acercan, cuando llueve y rezo a las pulgas
y creo ver en sus ojos, sólo a tus ojos y a tu muerte, hasta que da vuelta el estiércol y la nube, y volvemos a ser parias vendiendo falsos relojes a las viejas brujas y a los que hablan de abril

qué fácil hubiera sido, perpetrar un teatro, en el que no hubiera que fingir que tenemos alguna clase de razón para estar aquí, pero yonkis como fuimos, del semen de un cielo en guerra, tuvimos que tripar y destripar, el quizás que no salvó a nuestro unicornio....
vivo entre el pi, de un indeterminado nº de mundos, sin cabeza
sé, que a veces acudo, a ese territorio, que ya no es, que ya no vive, que ya no tiene palabra ni acto, que es melancolía vehemente y vanidosa, de la muerte que nunca aceptó, mi montaña de corales, e imagino que sale desde mí, mi cuerpo, con hórreos de pájaros y polvo, y aprieta un piano y pierde un cielo, y soy vaho, y soy, la condicional de algo extinto....

pero los chopos me regresan
y los maullidos me unen a esa urdimbre en la que también, bailan las cicatrices, la abrasión del aguardiente.....