HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy es el primer día que están Hierro y Kavka juntos. Y he sentido una inmensa alegría al verlos acercarse y ya jugar y lamerse.. A veces mantienen la distancia y a veces se acechan, se buscan y se persiguen. He estado algo tensa por temor a que Kavka no controle la mordedura o Hierro le dé un zarpazo en el ojo. Cuando el perro le ha molestado le ha metido un zarpazo, aunque también le ha arañado muy suave y jugando... y Kavka le ha lamido. Hierro en una ocasión también pego sus hocicos a los del perro y miagó de forma empática. Es algo fascinante la ternura entre los animales. Estoy contenta de que estemos todos juntos. 
Y también distante y extraña de la escritura, ando gravitando en otro espacio. En una especie de nácar que se escurre y se pulveriza entre los carámbanos de los tejados y las arenas movedizas de algún encuentro y alguna pérdida amante de los mismos labios de la nieve.
La tarde está tranquila y silenciosa.. tostada de lenguas de mirlo y barracón, ausente del fondo de tu vaso y la impostura del verbo en la contradicción de esa espada y ese narciso. Se descuerda sobre las alas de las urracas y golpea ojos de buey donde el vacío de las manos amamanta el frío de la lluvia. Te invoca sobre un libro descatalogado y nos escribe a las bisiestas con el cuerpo dentro de la mar y el corazón en el cebo de la galerna.. despojados de todo lo asible, amantes y bestias de la ternura del rayo y las hachas del secano de la tierra que besó tus pasos cuando llevabas ese asesinato escrito en la deriva. Cuando había que sacrificar un nudo del ombligo y nos ensangrentamos de etanol hacia el orificio del teatro, donde el tú y el yo en una mariposa adicta a los paises que se ahorcan.

Y muchos con los que alguna vez aullamos el vino y la desventura y nos subimos a los caballos del fin del mundo, se hicieron caparazón de tortuga y empuñe de cuchillo, encerado lleno de números, polvo en el bolsillo o el pretexto de la siguiente botella si ya está perdida la batalla.
Porque el camino se levantó sobre los muertos de nuestra despedida. Y fue la ausencia y no lo conseguido lo que grabó la pasión de la luna. Porque a veces fuimos culpables y a veces víctimas, pero sólo dejamos al fuego bruñir la siguiente palabra. Y ninguna herida fue principio ni ningún paraiso casa. 
Muchas historias acabaron en el suelo de un bar, cuando ya no quedaba nadie, y el vino nos ahogaba a las ratas y al futuro. Y otras de pájaros migratorios que a veces en la luna de marzo vuelven a amar lo amado. 

Y el juego fue sobretodo con la soledad y con los perros.
Las personas nos fueron accidentes. Y también a ellos les fuimos la merca ambulante de un tango del delirio.

Nunca me interesó ganar al ego de la gente. No me interesó ponerme encima de la asquerosa cumbre de la razón y el orgullo y menos de la gloria.
Pero tampoco puse la otra mejilla. Y cuando me llevaron el brazo, hice con mi otra articulación un buque de madera de tejo y me fui al abordaje de mares desaparecidos. 
No tuve miedo cuando en las manifestaciones cargaba la policía. Siempre hallé un éxtasis y un orgasmo metafísico en esos momentos de exibicionismo y avalancha política. Acabé varias veces en comisaria y en el manicomio, por ir yo sola contra una multitud y un furgón de los maderos. Nunca me sentí tan libre como aquella vez que tuve sangre de policía en la boca.
Pero a veces fui también todo lo inerte y lo inmóvil. Mordida por una náusea de enana blanca... de crisálidad mamando de la luna la huella de tu extraviado amor. 
Fumo demasiado. Porque tengo la sed de una guitarra eléctrica en los brazos de la nada removiéndome en los girones de una balacea y un beso de grajos.
Ahora hay un silencio enamorado y distante que salpica entre tus pianos los besos de la noche cerrada debajo de tus campos de cultivo. Acuchillándome la prisa de la ayahuaska por poseerte desposeido con la transparencia del cierzo en los golpes de los verbos sobre las paredes que escribieron nuestros nombres atados a los perros y a las brechas.
Con la guerra frío del pronombre desahuaciado de tu ausencia entrando como un elefante en la cacharrería de mi vicio y mi obsesión de luna. Para robarle a tu sepulto la mueca en la que asir mi beso de tramontana y desaparición. Para robarte a tu herida mi culpa.. y devolverla a la arista de los payasos borrachos tiroteando los tejados a la festividad de lo marginado, con tus lágrimas como el alcohol. Para robar de la indiferencia de tus almanaques una cuerda de flores que tirarle a mi suicida parra que se vaya con los peces a tocar ese piano del cielo consumido.
No acabará en la hiel ni en el paraiso.
Ni en tu razón ni en mi razón.
No beberá de mi entraña ni de la tuya, el umbral ni la salida. Ni en la ginebra desvelada de la anemia belicosa de los escombros de tu habitación ni de las cicatrices de mi muñeca de esparto.
Porque no es para ti ni para mí. Es inasible, metamorfo y ambulante, es vagabundo y de nadie y de cada bestia tripulante del polvo y de las estrellas.. .
No ganaré yo sus favores, ni me serán porque venza mi espada sobre la tuya, ni claudique más profundo y santo mi amor o mis burdeles. No ganarás tú tampoco.. sobre la urdimbre de las obras en ese agujero inquisidor de los mundos que no han nacido.
Seremos velamen de deriva entre mordeduras de viento y de inmensidad. Seremos pobres hasta el delirio y hasta las alas y los mares encayados en la punta de los cuchillos. Seremos nadie bebiendo de todos los vinos de la tierra un cacho de canción que se quede en las espadas a revivir a ***"aquel estrafalario fastasma del desierto"***


*** verso de León Felipe
He comido un plato de garbanzos.. y ahora me encuentro algo pesada y ausente.. mientras el perro corretea a mi lado, el sol entra por la galería y los árboles apuñalan las lanzas del viento en la embriaguez del norte desaparecido. Los chopos ya no tienen hojas, en cambio los salgueros tienen tintes rojizos y amarillos, el abedul está completamente amarillo.
Maduramos y nos abrimos en canal bajo las oblicuas cunas del tiempo y de la noche, de la madre y del cuchillo, de la inevitable horfandad adentrando el desierto y la soledad de los violines y batiscafos, de las huellas-garza en la nieve, el retrato en blanco y negro de los abuelos muertos.. haciendo grietas de tu Alicia en mi casa. Porque tu pena era mi misma pena y en lugar de ser hermanas-chimpancé, nos hicimos cuchillo y herida. Yo entiendo muy poco del amor entre humanos, conozco el de los perros, la mar y las hierbas, la invicta fe cuando el mundo se va a tomar por el culo y alguien se pega a una armónica como un cóctel molotov a la cárcel del cielo.
Yo soy jodidamente vulnerable del materialismo y el alfabeto. Me destruye lo definible, lo que se puede abarcar, lo que atenta contra mi identidad de mariposa y de helio. Lo que me mira con una noción social y cultural...  con una proyección de los teatros humanos sin defender la rebeldía y la volubilidad. Mi talón de aquiles es el amor. Y también es el motín y la trinchera.
He perdido muchos porvenires persiguiendo a las lubinas en la mar. Al cangrejo ermitaño en tu alma de tinta de Kafka y corazón de saxofón.
He cometido casi todos los errores que podría cometer. Atenté a veces contra mí misma, me pasé con ciertos vicios y a veces también fui cruel y evanescente de una herida metafórica, insostenible, que me atacaba como etanol y actué como un animal enjaulado con las personas.  Abusé de mis pasiones en un lugar donde lo único cierto era salir pulverizados para poder mirar la belleza de una flor y de una huella de jabalí.
Conocí el fango de la soledad y sus bosques.
Fui jodidamente anciana a los 18 años.
Y ahora soy niña, paralítica del mundo de los ciudadanos, sus oficios y sus moradas.
Tengo también la gravedad y oscuridad de la sombra de Artaud en algún lugar haciendo espirales con los dientes clavados en el hueso, donde nunca se abre la mandíbula, se funde en el destazamiento la voz y la carne, como un raro canto de la tiniebla levantando el murmuro de la mar. 
A veces soy espontánea y visceral.
A veces estoy catatónica como el quebranto de las piedras y actúo con una violenta anti-espontaneidad mordida por La Náusea y por un calambre de materia inerte.
Me revivo si un perro viene galopando hacia mí y me avalancha con sus lametones de luna.
Me olvido de mis heridas.. si el bosque danza un pentagrama de agua metamorfa que solidifica y evapora, nutrida de luz... mi exilio y mi Isla. 
A veces tengo miedo de todo, como si estuviera dentro del soliloquio del monstruo que dobla las campanas de mi Babilonia en mi pecho.Y soy hipocondriaca y paralítica del lenguaje, como si hubiera perdido todos los significados y memorias en una cascada de guadañas en la faz de mis girasoles.
A veces esquizoide del anacoluto y la metáfora. Y me llegan tus ojos, no por mi mirada, sino por los minotauros hundiendo en mi hueso, la carne ensangrentada del cosmos.
A veces sufro la desrrealiación de mi identidad y de lo asible y me voy volando por los aires incapaz a labrar en la tierra ni un nombre, ni un colchón para mi angustia ni para mi sueño.
A veces soy fría como el cuchillo de Calígula en el corazón de su sombra... porque tengo la rara capacidad de desdoblarme sobre la inexistencia.. y no siento ni padezco la realidad ordinaria, ni los sentimientos humanos.. como si me metiera dentro de un erizo de mar y en la tierra que cubre los párpados de las avestruces cuando la tormenta destruye todas las orillas. 
A veces siento que soy muchas personas y que ninguna ha acabado de convencerme ni de acogerme con la suficiente vehemencia.
También a veces cuento mentiras manipuladas por la irremediable verdad del poema.
Y  a veces cuando estoy entre personas si algo me hace llorar, pongo una sonrisa en mi cara... si algo me da amor y me siento jodidamente atada y hechizada por ese amor, expulso una broma nihilista y oscura. Si algo me despierta el pesa-nervios... una parte de mí se va con el lobo estepario y la otra se acecha y se derrama en el estertor del hachís. Aunque a veces también río con lo ríe, lloro con lo que llora, amo con todas tus canciones y me desgañito el presidio de tu ausencia como si fuera acabarse el mundo y hubiera que clavar la flecha de una vez en el corazón del rey.
Debajo de tu peremne lágrima engarzada a mis grullas, vale todas las vidas, tu mirada hacia la inaccesibilidad del cielo... abriendo la sangre de tus labios en todo lo que es susceptible de ser llamado, y dolido, y enterrado en la mar. En todo lo querible encayado en la orilla del Imposible.
Como el vaho.
Como el golpe seco de la palabra cuando se muere de sí misma.

En los corredores de tu grito... todo lo que alguna vez amé y pudo matarme, pide su vino,  toma esos trenes y se hunde en la niebla.

En la soledad de tu cuchilla cuando nos señala el crimen de un mundo que ha sido robado por el imperialismo... todas las crisálidas de la tierra dan vueltas a tu cintura y aprietan en mi fuego sus nidos kamikaces sujetos a la metamorfosis de los acorralados.
Ha salido ahora un poco el sol.. el paisaje es una pasada.. hay niebla sobre las cumbres... y un cielo como un violín telúrico.. trayendo el nombre de las manzanas que en tu boca alzaron la soledad de mis abedules como aves de la inmensidad. Con el sol de diciembre removimiendo en la cromática de las hierbas.. el jazz de las historias invictas de los puertos y de los trenes hacia el aullido de la nieve y el retorno de la revolución social entre los corazones de los lobos devolviendo el valle a los animalarios y a la belicosa salvajidad del éter.
He puesto la de un "lobito bueno" de Paco Ibañez.. desde niña amaba esa canción... y se la he cantado a Kavka.. y ponía de lado su cabeza y aullaba y luego se quedó panza arriba como un pez en la mar.

Hay dos tipos de monstruos, el del capitalismo y sus leyes y sus estados de la falsa democracia, sus constituciones y la imposición de su dudosa  moral y tribunales de justicia de hipócritas y verdugos que han robado la tierra a la tierra.
Y el del yo.
La parte política obliga a la revuelta.
La parte existencialista a la humildad de los vagabundos y a la avalancha del éter y del rizoma.
Cada cuál ha nacido en su granada de subjetividad y explosión de un sinergia conjugada sobre un idioma propio que ha sido violado y adulterado por el idioma de la patria y de la cultura.
Cada cuál ha crecido en su golpe y hacha, y ha arbolado su propia lucha por el SER y el liberar del grito y de la entraña y su verdadero lenguaje.

En la sociabilidad, cuando no hay horizontalidad y amor y se intromete alguna intención, deseo de poder o el instinto animal del avasallar al otro para masturbarse del éxtasis de esa gloria y alzamiento. La palabra se vuelve una trampa, la relación un laberinto de fango. 
He visto muchas veces el rollo de atacar en el otro, lo que está en uno mismo censurado y herido, usando al otro como chivo expiatorio. Cuando en realidad es el propio ser el que está acorralado y ahogado y lleno de mierda, y hay mucha gente que lava su mierda, atacando esa misma mierda cuando la reconoce en el otro, pero sin el valor y la honestidad de ser kamikace con su propia entraña, de entregarse como un esperpento, como la pólvora de la derrota, como los suelos corrompidos de esa humanidad y la oscuridad sin la farsa del Ideal, o de la masturbación del cielo. Sabiendo que en el YO vive absolutamente el todo y la nada.

Hay una hipocresía colectiva metafísica... entrañada en la sociabilidad.

He visto incluso entre personas de la resistencia y la lucha del Ser, esa misma mierda.  Gritar como una jauría cuando llega lo injusto y la mirada enjaulada a uno, pero perpetrar la pared y lo verdugo en el ojo del otro y justificarlo entonces con mil y un cuentos. 
Hay que ser mar en la mar, árbol con el árbol, animal con los animales, y LSD con el otrx.

Por eso prefiero tratar generalmente con perros que con personas. Aunque también he amado a personas que me han sido estrellas y navíos, me han empujado al valor y la camaradería, al Sueño y a los bailes de nitroglicerina. Que han protegido con canciones y aullidos mi fragilidad y me han recordado el canto cuando yo lo había perdido.
Hay personas que cuando caes, se ponen encima como yugos. Hay personas que cuando el lobo se pone manso y flaquea y no se tiene en pie, disfrutan con canibalismo de su muerte y entonces se envalentonan y se hinchan. Pero los verdaderos compañerxs, buscan la trinchera en el valle de los avasalladxs y te ofrecen su grito y su vino cuando tú lo has olvidado.

Hay algo para mí indispensable en los humanos para que yo les abra mi corazón, la humildad de los vagabundos en el Ir, la enamorada derrota y la sinergia.....y la fiereza de sus Diógenes contra el rey y la policía.

Acá, frente al agujero de fuego de una selva en motín que en la oquedad de tu lágrima agujereó los guijarros con la traición de la desnudez acuchillando la fragilidad que desposé con tu violín de estrellas y de whisky.
Hallar lo carnívoro.... cuando el corazón se da sin mapa y sin coraza... cuando tiembla el suelo como una piano que se hace pedazos en los pechos de su madre... mientras los narcisos se congelan en la voz seca del cuchillo enamorado.
Si no quise jugar más contigo... fue, porque cuando la tristeza mataba mis horizontes y yo temblaba la incertidumbre y todas mis pobrezas, tú fuiste cuchillo y verdugo en tu ego y en tu palacio, fuiste como todo lo que me llevó al exilio.
Como aquellos manicomios que en los momentos flacos ataban la correa y castraban el corazón.
Porque te creí amiga contra gigantes compartiendo el mismo barco furtivo. Pero tú tenías tus propios reyes y me usaste de chivo expiatorio de tus contradicciones y de tus fangos. 
Porque mil veces antes que tú, vi esa violencia, vi los golpes cuando el lobo de Gubia era manso. Cuando ya no quedaba un atisbo de rabia ni de violencia ni verbo, cuando desarmada flotaba en el gas y era todas las cenizas y mi voz no era una voz sino una onomatopeya, vi a todos esos humanos, como alimañas entre los cadáveres codiciar su golpe, su cacho de carne corrompida para levantar su palacio entre las tumbas y la cumbre de la jerarquía de la descomposición.
El hueco del significado. La mano desnuda de la ausencia. El whisky de tu noche entre mis piernas profanando el alfabeto del monzón cuando somos gas entrando en la vulva de la nada... y ahorcamos a un hijo en los brazos de la luna, incandescentes del camino volado por los aires hacia el humus del verbo. Cuando cortadas las costillas en el polvo de la mariposa esnifamos de la distancia el golpe seco que desvela la ventana del presidio. 

Soy respecto a la humanidad, un poema en un papel que cae sobre el fuego. Soy la ceguera de un jabalí bajo una lluvia de diciembre olisqueando el cadáver de su madre.
Soy el anacoluto que no ha olvidado la abolición de la propiedad mientras me enveneno al mirar a los "dueños" prostituir el aire. 
Soy la hermana bastarda de la incertidumbre, dándole a los lobos, lo que no di a la seguridad social, lo que no firmé con el diablo en tus oficinas, ni en tus moradas. 
Soy la división de mi nombre.. en la garganta del etanol.. abriendo boquetes en el cielo que osó un territorio y una aduana en el aullido de los avasallados, cuando la contaminación del burgués y sus palacios, llenaron de sangre la dignidad y la justicia.
Soy polvo negando. Polvo dando al polvo lo que otros querían dar a la gloria.
Soy la viuda que no volverá a casa.  En el temblor del precipicio. En la cresta de la deriva. En el sepulto al que llevas flores asesinadas.
Hoy al parecer es el día de la constitución, la que sirve para ponerle nombre a una plaza y para mantener el servilismo al capital, legitimizar la corrupción de los gobiernos y de los estados y evitar la revuelta. La que ha sido decidida por burgueses y traidores como una red y un secuestro, la que da rienda suelta al abuso de poder de la policía, de los bancos, de las minorías millonarias frente al pueblo.. y al presidio de los que luchan por la revuelta y la dignidad social. La que habla de derechos que no se cumplen y de deberes que mantienen los privilegios de la burguesía y la desigualdad, buscando el órden social y la paz, cuando el grito es como decía el poema de machete en mano. Cuando la paz es un sistema capitalista que legitimiza el hambre, es una infamia que cae sobre los avasallados. Porque no se puede hablar de paz, cuando los estados perpetran la guerra y el crímen, roban la tierra y negocian con nuestra hambre.
El día comienza zafarranchado donde no llegan mapas, ni paredes, ni porqués.. todo es de las orugas y de los perros, de los zarzales, del aislamiento de las mandrágoras y el cuajar de la niebla en las quillas que dentro de los mares acunan la espada del quijote y espían las orillas mientras aguardan la galerna que devuelva la dignidad a las gargantas que nombran la tierra.
Me despierto contenta con el perro.. con la niebla que muerde la montaña, con la voz de los gorriones invernalizados donde tu olvido ocupa todas esas puertas que han anegado rostros de papel en la arista de los mecheros navegando los anacolutos de los siglos donde el camino es una jauría que busca la carne cruda de la luna en las cacerías de la nada.
Me sequé de tu cuerpo el dolor de la espada y enjuagué en el ocaso la propiedad de la herida bajo la aduana de tu sed y de tu alcohol, cuando partidas a la mitad las horas, mendigaban entre tu piel el hielo custodiador de la ausencia dentro de esos licores que hirieron de muerte al romanticismo bajo el ideal de los invictos.. y mi nombre en tu boca, era una guillotina y pólvora desahuciando de mi senda el cosido de las polillas de la anemia que bebían del lago el reflejo de las estrellas mientras el tiempo nos acusaba de haber sobrepasado todas las vaginas de su muerte.
He estado todo éste rato con Kavka.. en juegos de adiestramiento.. Ya es de noche del todo desde hace un rato y empieza a subir el frío.. y algunas palabras que se borran en tus bicicletas de fuego cuando la noche abre sus labios y posa en tus ríos los arrabales de un diario arrancado por la sal en las huellas que emborrachan el corazón del valle con esos animalarios que bailan con su lengua pegada al fruto del viento, sin la cuarentena de ningún haber ni tener.. todo de los mares, todo de las flores.
Ya se han encendido las farolas, pero todavía hay luz... un destello de un frío levitante que abraza las raíces olvidadas de los barcos en tu cuerpo, llenando el vino y el grito, en un beso versátil que une en las galernas la 1ª persona de la ausencia, con esas monedas de hierro fundido jugando encima de los tejados contigo a solas.. engañando la pintura del payaso en la pena de la tierra mojada abriendo en los cauces de tus cuadernos un sepulto para guardarme el corazón de la quimera de tus faros.
está la murga de mis desaparecidas comiéndote la máscara
y momificando en mi piel con tu sangre un clavel de etanol
y está la prostitución del hueco en la vanidad del precipicio
aviantando en el corazón el vértigo de estar a punto de llegar a una certeza
porque saber, aunque dure dos segundos, es matar cien libros y escribir mil despedidas
y luego desconocer es dar patadas de yeso en el pastizal

y amar
es lo más raro de todo

porque somos todos unos locos
porque tenemos un raro producto en el vacío de la mano
y yo aprendí primero a hablar con los mastines y luego con la humanidad

y quise abortarme a mí misma
y nacer hija de los lobos o de las enanas blancas

pero nunca fui nadie
no vine de la tierra, ni de la mar, ni del aire, ni del fuego
no vine de un poema, no pude quedarme en ningún sitio ni tomar una forma que no fuera a irse
tengo que volver a mi espantapájaros pegado con resina y escupitajos a la lágrima de mi espejo dedicándose al coleccionismo de gotas de lluvia y esquinas dobladas y planchadas en el verso que se va porque llegaste tarde para jugar y había demasiadas tristes cervezas cantando la canción de la sed...

es otra vez momento de hacernos una multitud profundamente sola y liberada entre las muecas de las flores y las risas de los perros

sin echar nada de menos
sin querer nada que no arda ahora sobre el cielo

sin necesitar un amor que nos apague las velas que le pusimos al diablo
sin necesitar que nos exclame un loco borracho cazador de policías y de estrellas

habrá que navegar en el desierto
abrazar arañas con soplidos
y hacer de éste aquí, un palacio de la resistencia y la fiesta del mestizaje
sin ser suburdinadas a ningún rey a ningún verbo ni cultura ni siglo ni circunstancia

si somos luz del desatino
o te desestimo cuando me sabes a un Estado
cuando tu paraiso tiene muchas llaves y cadenas y puertas que piden el DNI, y budas que quieren que yo sea un perfecto hilo, sin contar con la errática impostura de la contradicción cuando el fractal quiere navegar

todos hablan de la verdad
todos hablan del camino
tienen muchas ideas de lo que deberías y no deberías hacer
y tienen muchas definiciones.. y desatascadores, y manuales express de autoayuda a cambio de casi nada.. sólo el orgullo
todos somos reyes mendigos de la existencia
todos somos errática impaciencia queriendo que nos folle dios
Las palabras... se buscan en otro contexto... ya no están dentro de una herida, ya no son el exorcismo de una experiencia, ni son oda al amor ni al desamor. Se vuelven poco a poco como la materia inerte, como un paso de astronauta en el corazón de la cobra crujiendo el centro de la tierra cuando los brazos no acogen el retorcido beso de la noche.
A veces me despierto a la rabia política, a la melancolía, a la erótica de la indigencia, o el nihilismo y los excesos de amor entre las alcantarillas cuando busco el abajo del abajo y la satisfación de mi pequeña Franquestein.
Pero a ratos no estoy allí. No recuerdo porqué Madrid se cortó las venas un 24 de agosto a 800km de allí. Y no me importa. Tampoco me siento ex-paciente de los manicomios. Ni hija del pueblo, ni hermana, ni de las nubes, ni de los bares, ni de ningún pronombre. Hay ratos que mis 30 años parece que sólo han estado mirando un río y queriendo un perro. Y no recuerdo para nada a la gente que quise y se murió o se los llevaron los dados de Babilonia. Ni siento que yo haya sido ninguna otra cosa que un silencio en la carcajada del valle o la sombra de un pez en la mar. Y me desapego del cotidiano, de la civilización, de mi metafísica, del ansia del poema, del sueño de las guitarras. Y sólo soy viento y guarida y soledad y junco y tierra mojada y ceniza. Son instantes tal vez cercanos a la felicidad o a la nada.
Voy aprendiendo con Kavka a comunicarnos con el silencio, a conectar la telepatía de los animales y del bosque. Los perros señalan como dagas de nitroglicerina cuando se equivoca el camino, cuando se atenta contra el humus del universo y se revolotean y enfrentan a ello, se ponen belicosos e invictos, cuando se traiciona el rugido de la mar. Y en cambio en los momentos de sinergia y de luz.. ellos resplandecen con el alma abierta hacia el alma, dulces e infinitos. El perro y el lobo, es la mejor guía para el camino, aunque el gato lo es también, y el gato conoce más el espíritu de la noche y del subconsciente. El perro oye más los latidos del corazón. El gato oye los recovecos más ocultos. El perro nos recuerda cuando lo olvidamos quién somos con el alma abierta. El gato conoce la oscuridad del espíritu y también nos la señala cuando queremos mentirla. De los ojos del gato no se puede escapar.
Hoy estoy medio en paz. Miro tan bella la montaña. Sin resentimiento con ningún verbo ni memoria. Sin codicia de paraisos. Sin trampas y nudos de sombra. Sólo como viento y como el silente del musgo de las tejas.  
Me mantengo en mi casa de agujeros de hiedra y luciérnagas y topos. Me mantengo en una hechizante quietud de la sinestesia. En un reposo de cierto exilio. Aprendiendo a hacer música con mi nueva pobreza y despojo. Con todo lo que se ha ido y lo que permanece como párpado del océano en el fondo de la maleza.
Hoy voy a pintar algo, tengo que salir de la atracción del eter y la desobediencia de la persistente escritura.. y disfrutar otro contexto en el cuerpo de la sal y del requerimiento de esos pecios de canciones en el barracón y en el desguace. 
Mi vida ahora va hacia la intemperie con los perros y hacia la utopía de la ausencia desatándose en la mueca del caballo de madera... entre las oquedades del pasillo, empapando las hiedras donde tus muertos no me dejan encargos, ni yo les pido el fruto del desconocimiento, ni ato flores cortadas a una cuerda para robarte de abril un trozo del camino en el que apoyar mi sombra.
Todo es mucho más vagabundo, frágil de la cromática de los verdes... separado por la subordinación de un chubasco de etéreos mapas deconstruidos en la profundización de tu palabra borrada.
Y a veces voy a la conciencia y a veces al desguace, a la mar y los bosques, a la gravitación de la herida, la habitación oscura del teatro, o el amor abierto en canal sobre algo imposible, inasible, literario de la hondura de tu voz entre los finales y hachas.
Y me detengo... entre la obesesión de las palabras y el vacío enamorado que envía la vida. Cuando ya estamos de vuelta de mil historias que se sumergieron en tu bañera de alcohol y también jugaron a suicidar un mundo rodando los dados por tu tráquea incendida por cien siglos de sed con los ojos pegados al sol y el paso como guadañas en la sombra de los girasoles.
Ahora ésta hora de la detención y los juegos de hollín. El silencio... la mirada tostada en el interior del bosque exorcizando labios descosidos sobre los vocablos de las constelaciones. He estado jugando con Kavka. Reposando los balcones en el cruzar de la madreselva y el olvido. Se ha despejado el cielo y hay una hermosa luz de incandescencia de diciembre. Un latido de vida, de montaña preñada por latidos de cierzo y puntas de los dedos de la nieve artesanando las huellas volubles de las rutas incendiadas.... solapadas entre los viejos alfabetos de los trenes y las direcciones que crucifican en el pecho la abrasión de la mar y estiran en la multiplicación de las aves racimos de sal que el tiempo vendimia cuando los nombres son sólo polvo... y no yacen en los brazos torcidos de la propiedad de la soledad sobre horizontes que calan la lluvia seca de tus ausencias.. en los mástiles que la tormenta agita para volver a manipular el poema en la Atlántida que enjaulada en tu belleza golpea canciones imposibles donde la pobreza disloca nuestra vagabundia y no podemos llamarnos.
Ahora hay un silencio.. de esas epístolas mojándose en el río, prevaricando la ventana tapiada por hiedras de la casa de todos tus abandonos, empujada al acordeón de mis ruinas, por un dibujo de témperas que el desvelo usó como intercambio entre nuestras dos heridas. Flacas de la gravitación de fractales y machetes en el subconsciente de una palabra que nació cuando sujetabas una botella de vino, la mano de un amor y el exilio de todos los caminos, entre la prevaricada soledad del frío recibido cuando la voz... cruzaba en los infiernos la iconoclasia de un golpe peremne en la soldadura del olvido.
Y de allá, nos vinimos hacia dentro y hacia afuera, con articulaciones de aire y de fotosíntesis, sin creer en ninguna propiedad en ninguna creencia, como animalarios de deseos combustibles borrando en los labios de tu buzón la arista de mi sed.
Estoy aprendiendo otra vez a leer mis sueños. Lo mejor para llegar a la decodificación es la pesadilla. El otro día, había un asesino que me perseguía, y aparecían varios conceptos importantes que me hicieron saber que ese asesino era mi yo cautivado por la dualidad enfrentada, silenciándose a sí misma, en el proceso de la liberación del fuego cuando la piel se llena de sosa caústica, en ciertas circunstancias concretas... y vi muy claro varias vivencias que tuve en estos meses. Y me di cuenta, que absolutamente todos los personajes que aparecen en mis sueños, son mi mente, mi ser, mi miedo, mis frustraciones y mis aullidos y mis anhelos.. mis espejos, toda la inmensidad como un fruto mágico.... Incluso cuando aparecen personas conocidas y amadas que interactúan en mi sueño, son proyecciones mías, de mi ser que las proyecta, de mi yo que cree conocerlos y ellos no son ellos, son el yo que ha querido definirlos y conocerlos. Pero es algo más complejo, porque hay un contexto con diferentes asociaciones y rugidos, y son símbolos fascinantemente elaborados de la complejidad del ser y de la vida. 
Me ha pasado varias veces en el sueño que al parar a un personaje e interrogarle de lo que hacía allí, o decirle que ya lo había visto antes, o juzgarlo de forma metafísica, el sueño parece entrar en un fascinante vieja de ayahuaska y clarividencia, algo evanescente, como los mundos de Alicia. 
Aunque hay sueños también muy complicados de comprender.. porque al despertar a veces dejan un sabor muy difuso... y ajeno, una herida.... Pero si les presto más atención y me doy al Intento de transliteración y lucha del ser, acabarán abriendo sus manos.
El latido sigue escalando la zona seca de la herida entre los arpones de los negrillos.
A veces la otredad empuja al destierro, a la despedida y al golpe.
Para mí es muy raro formar parte de un sistema social, con compromiso, sin sacudir la estepa y el éter en la irracionalidad de los pellejos de la tierra mojada y las águilas de una noche de tormenta. Es urgente la traición, la fe desesperanzada, el estar de los animales y las malas hierbas, la infidelidad y el juego. Y cuando el otro, provoca un presidio o cautiva la voz de la locura y del exalto, hay que ejercer también la violencia del abandono... hay que irse en la combustión de un barco levitante de papel.. y acogerse a los brazos del desierto. Creo que en las relaciones sociales cuando no hay amor y comuna, cuando no hay horizontalidad y espontaneidad de paramecios y animalarios, se provoca la trampa del espejo del presidio del yo en el tú, y el tú en el yo, y la jaula de la palabra cuando se la jerarquiza en un común que es promiscuo, porque su verdad es el rizoma. La historia de cada unx, vive cautiva, en la proyección de los ojos al otro, porque el otro también tiene cautiva su historia, muchas veces ha sido el sistema mediocre de educación y el sistema capitalista el responsable y a veces a la gente le es inaccesible saber porqué actúa o dice asi, detrás del sistema de su pensamiento....porque muchas veces las peleas interiores, toman la vía de escape del teatro social y se usa al otrx como un chivo expiatorio o una masturbación. Y a mí nunca me gustó ese juego. Yo voy a los otrxs, como se va a lo desconocido, pero cuando los otrxs atacan mi parte incognoscible también salen en defensa mis animales y mis negativas y mis a la mierda y juego el teatro. Pero prefiero quedarme con mis perros.
Bastante tengo ya con mi delirante familia que a veces me ata como esa canción de Brel "esa gente".
Ahora ha salido un poco el sol entre las nubes... y hay una canción de bodegones y de distancias. Del anacronismo de los cangrejos en el granito regurgitando almanaques que no hicieron parada en tus valles de difuntos ni de pájaros. El yo, es polvo y carrusel de opio. Es tinta derramada sobre las astas de los ciervos besando en la luna, la luna de tus besos, viudos de mi porvenir. Esculpiendo postales de viajes hacia el sur entre los copos de nieve y las sillas vacías sentando mis ruinas a tu mesa.  Amor de truhanes y de olvidados domadores del petricor y de la ausencia, en botes salvavidas de la metafísica de los protozoos cuando la anemia del viento golpea en tus balcones los diarios calados del hollín de mi manera de marcharme.
He estado fregando la casa.. y recogiendo los estropicios que hace el perro.. he ido a comprar pan, unas cervezas y comida para los gatos callejeros... ahora es un punto suspensivo de detención entre el soliloquio y la intemperie. Se ha ido X. Y hoy me divertí con ella y el perro... porque cuando decía algunas cosas que me molestaban le decía jugando "Kavka vete a por ella y muérdela" Y el perrito iba a morderle los tobillos, pero era pura casualidad, aunque ocurrió 4 veces.. y ella decía "ay mira lo que le enseña, no, no no, kavka déjame, ay y encima le hace caso"  Y se ponía muy teatral y exagerada. En el fondo me recuerda mucho a la abuela. Cuando ella llega lo revolotea todo, anda todo el día como los osos hormigueros fozando por todas las esquinas. Y haciendo sonoro acto de presencia. Ella viene los fines de semana porque da clases a una niña, yo a veces trato de que no venga a ponerme patas arriba la soledad pero ella siempre quiere venir....y tenemos una relación a veces de amor-odio y pelea.. y algo primitivo de leones y canciones de fuego y de líquenes.
El pico esta cubierto por la niebla y cambia completamente la silueta de la montaña.. y el sorber de la melancolía en volados puentes entre tu espejo y el mío. Mi camino va hacia el silente de la faz de un perro reflejada en la mar, con un columpio de algas, sustituyendo los pozos de la soledad por las grietas de un poema en tierra de nadie.
Yo no estoy muy acostumbrada a las guerras en el mundo social... porque algo de mí nunca se separó de los ojos de un perro.. y allí siempre entré como extranjera y como advenediza, abstraida por la Osa Mayor, por los cascajos de amapola en celo, por la hervidera de un firmamento oblicuo.
Pero eso no quiere decir que sea indiferente. Y a veces también me jode... que los rollos de los otros quieran enrollarme y usarme de chivo expiatorio de sus infiernos y laberintos. Me jode que vengan a proyectar en mi vida, anacolutos de la suya. Me jode esa violencia entre el institivo poder de los humanos. Sé que todo es una selva, un teatro, de enamorados bailes y desventuras, de ideales y distopías, de los mil y un espejos del Fauno y las cicatrices de opio. Y cada cual tiene su marmita mágica y su propio éter descifrando los significados, acorazándolos o desahuciándolos, liberándolos o queriendo llegar a una teoría o la iluminación o a la vagabundia y el navegar, y todos tratamos de sobrevivir y cantar. Cada cual engatusa a sus verbos como quiere. Y en la exteriorización social es inevitable la trampa del teatro. Yo he solido acudir desapegada, a veces deconstruida, en la profundidad de la deriva, a veces bajo la atración de la hoguera de la despersonificación o el vaho.
Y me gusta amar lo que ama, lo que me hace reír, y me vuelve los ojos más buenos... más libres, lo que me empuja al valor, a la resistencia y el sueño... lo que hace que mi voz sea en la pangea, siga siendo liberada, y ame.
Y en estos caminos también he hallado a personas que venían con la violencia de su propio mundo.. e hicieron daño a la fragilidad de mi éter. Y ofrecieron oscuridad y muros y egos. Como si te miraran por encima y creyeran ya saberlo todo de ti.. sin contar con la evanescencia de lo estepario, del dadá, de la historia del ser entre las odiseas y aquerontes. Y tal vez yo también alguna vez hice eso. Porque en lo social a veces hay una esquizofrenia visual... algo oscuro y triste.. cuando no se entrega a la alegría del LSD y a la humildad de los animales.. Yo he solido ir con mi derrota firmada de antemano, pero cuando algo me harta y deja de despertarme la pasión y la querencia...  también saco la negativa y el hacha, y también cierro puertas y sigo buscando al lobo debajo de la luna... sin el pronombre, sin la interferencia.
He vivido el aislamiento durante mi adolescencia. Y me hice bastante esdrújula de la idea y la comunicación común. Sin lo poético me parece una infamia y un retroceso, un prostíbulo de sentires y escalofríos. Sin la metáfora se me hace insoportable.
Creo que en esa bifurcación entre el mundo interior del éter y de los pájaros, y la exteriorización social... y sus presidios.. que empieza desde que nacemos, se genera una patraña y juegos de multitudes y de farsas... que lobotomizan al fuego del ser pero también lo liberan en el extremo del etanol del teatro. 
Hay personas que saben vivir en esas corazas sociales de forma natural, porque siempre han estado entre ellas y son dependientes de lo social, se autoafirman a través del enfrentamiento o el recibimiento del amor de los otros, a través de la pelea, o la mística entre los otros, forman su identidad a través de la otredad.. y todos los mundos cívicos. Y hay otras, las esteparias, que se cuestionan hasta el delirio la trampa social y su propia identidad y desarrollan su pensamiento y sentir en lo solitario. Yo soy de éstas, por eso soy también a veces completamente paralítica de los mundos sociales. Gaseante, triste como todas las piedras de una playa en el silente de los cangrejos.
Los pinares en invierno rezuman un esplendor con pecios de nieve y de ronquidos de tierra congelado. Tienen un poco de tu voz, de tu mano sujetando un libro por el metro, un Paris entre sepultos, una imposible casa para descansar. Y un baile de raíces de olivo en el ojo de buey que insistió una eternidad en el borrón de tinta que censuraba aquella noche de tu memoria y de la mía, para que los muñecos de nieve bailaran enloquecidos los juegos del éxodo, cuando sólo tenemos el corazón lleno de perros y de autopistas en llamas.
He ido siempre tirando de las despedidas, con un barco de papel entre los dientes de una postal sepia que me encharcó la lluvia cuando quería sacarte de mis letanías.  He ido protegiendo mi vulnerabilidad con acorazados potemkin de poemas y éter, de chicle pegado en una cuchilla y muérdago en la voz de la diatriba cuando los grajos cantan el incendiario del olvido en las garras del mar.
He ido marchándome 180º de todo aquello que ponía fea la guitarra de la hoguera y del desierto. Caducas miradas en un tren que perdía el norte cuando tus diarios hacían presidios en mi nombre y las veredas anegaban juegos de lodo y de dados en el precipicio de tu sed.
La resonancia viene al hueco evanescente de una soledad sobre la grupa.. galopando palabras de sal donde el cuerpo no haga ancla ni encaye la propiedad de un presidio. Acá, frente a las urracas y la caliza nevada.... con la pobreza del salitre, con su empuñe y su casa sobre las ruedas de un camino de vapor y tijereta, de salvia anochecida cuando tus párpados cerraron en las veredas el grito de los ciervos.
A veces dar un golpe en las ventanas. Irse con la luna llena, dejar a los fantasmas del yo y del tú entre sus espejos pacer la iconoclasia de la lumbre y de los circos. Y empapar de vides los cuadernos que como trenes descarrilados han bebido de las distancias, el instante exacto donde el verbo bifurcaba tus ojos de mi horizonte, mi pobreza del nombre de los álamos, el aullido y el puño, del palco derruido del teatro.
He estado jugando un rato con el perro, de forma perruna. Pero hoy quiero interaccionar de un modo más creativo, para desarrollar nuestro lenguaje y nuestras almas... Incluir más significados y profundidades.
Cae un poco de lluvia. Los chopos desnudan los nidos de las urracas. Hay algo que siempre me estremece al ver los nidos entre los árboles de invierno. Como si viera el flujo del tiempo y las eclipses, como si los ojos de mi abuela bebieran entre las castañas el olor de la madera quemada y los sonidos de las paladas de nieve donde los perros aman.
Ayer había publicado la carta a K. Pero hacerlo parecía un burdel literario y la quité. Aunque es cierto que la mayor parte de mi intimidad y de mi experiencia, es un burdel literario. Ya no hay cosas sagradas para el poema, ni para la ocultación. Lo que no escribo pertenece a la censura de mi Franquestein, pero en ciertos momentos de su erótica ya dejan de estar en mis corredores. Generalmente cuando ha habido un proceso de surrealización y jeroglífico.
El proceso de integración de esas identidades... tengo que hacerlo por mí misma, a través de la conciencia y mi auto-psicoanálisis. Nadie puede ayudarme. Soy yo la única que tengo toda la información y la avalancha del Ir y de los umbrales.... Y además si me sintiera desesperada y buscara un terapeuta, se volvería un jodido fraude, porque el echo de que sea un  ser humano y de que habría una relación social, implicaría que las identidades manipularían la información y sólo le mostrara algunas.. y además el también tendría sus máscaras y sus vicios y su no tener ni puta idea, su ignorancia, su deriva, su oculta pretensión.. y su rollo de ir de entendido y profesional que procuraría todo lo contrario al MIRAR y a la desnudez del éter... Y además las profundidades del pensamiento y de la metafísica.. no suelen desarrollarse en lo plural. Y sumado a esto, el retroceso de la psicología generalizando al ser humano y excluyendo los mundos únicos e iconoclastas, enjaulando en nociones de masa... que pueden ser hijas del capitalismo y de la cultura estatal... sin el ardimiento del ser... y también la gran involución que sería perder la autoafirmación y la independencia en el proceso interior, pidiendo ayuda que prostituiría la soledad. Por no hablar del rollo económico y de mercado en los servicios. Caca de la vaca.
Está amaneciendo. Aún estoy dormida. Hay un silencio muy hermoso. Un tinte de niebla.. de una pasión melancólica y gaseante. Un horizonte que se muerde en la humedad y salpica canciones de peces y de frío.
Ayer llegué a la conclusión de que la múltiple identidad había separado el yo que había recibido el daño, de mis conversaciones con la salvia y con la noche. En algún momento de mi infancia tal vez.. alejé de mí a una parte de mí y la cautivé en la metáfora de la extinción.. la dejé incandescente en el grito pero ya no arraigada a mi experiencia. Como si le hubiera pasado a un ente o a la metafísica, al pensamiento en su contradicción, en su embestida o en su renuncia, pero no a mi piel... ni a mi alma.  Esta disociación fue parte del motor de la poesía.. y de los insomnios.
También vi en mí misma, ciertas actitdes sociales, cuando me da un ataque de compasión o de amor, ante un conflicto ya se me olvida completamente el yo que se había enfadado o sentía rabia y violencia o rechazo o un desencuentro de principios, olvido del todo sus motivos e incluso tengo un sentimiento de remordimiento por no haber visto el AMOR. Y en lugar de estar integradas las dos perspectivas en mi instante, funcionan de manera independiente y obsesa. Por eso cuando me da el ataque de la filantropía y el sueño... se queda cautiva en mí la zona más salvaje y violenta, la del verbo y la sangre..., y del revés. Por este puto motivo, entre las relaciones sociales siempre me siento una farsante. Y cuando ocurre la dualidad.. mi inconsciente insatisfecho me envía monstruos y calambres, ya sean de luz o de oscuridad... porque algo quedó sin esclarecer. 
Ayer en la noche.. recordé el problema con la policía y su violencia.. y tuve la sensación de que yo tennía dos cuerpos, uno levitando al lado del mío en la cama. Algo extraño y evanescente. Y por un momento quise recordar en mi piel, en el alma, el yo que había recibido ese daño, y todas las otras violencias y desventuras... del resto de mi vida. Pero tuve la sensación de que ese otro cuerpo se llenaba de unas raras telas como una momia... y también un miedo a sentir otra vez las heridas y como un acceso imposible.



Ya la noche. Palabras de estropajo y lunas-autopsia de un silencio que aulla. Me obligaste a no quererte, cuando atacaste mi vulnerabilidad y fuiste como todo lo carnívoro cuando la soledad de mi Fransquestein al borde de la niebla sólo quería volver a los álamos o las trincheras, volver con los perros, con la hermana mar, con una voz que no vuelva a atar en mi garganta cien rostros, cuando ya no quería coraza y mi mano sólo era líquida y la arista del cielo seguía soltando sus soldados a la sed de la tierra.
Porque antes de ti, conocí mil ausencias.
Porque alguna vez te vi la persona más bella y libre de la tierra y te amé. Pero en tus ojos me vi, todo lo feo y encerrado, lo que perdía su voz y su sangre, su isla y los ladridos de la luna a la vereda de la ginebra del lago. Porque en el sucio juego de los espejos sociales tú también fuiste espada y pared y quisiste hacerme presidiaria de tus nociones. Y perdí mis ganas de bailar contigo, de intentar contigo... abrirse el pecho y las venas.. saltar sobre las estrellas. Porque el lobo estepario nunca miente. Porque no te importó su palabra.
Porque antes de ti, vi mil noches morirse en el mismo frío. Y yo ya no quería... dar lo que ni siquiera era mío. 
Anochece poco a poco. Tu máquina de escribir está grabada en los cadáveres de la cigüeña. La intemperie se abre, descuerda en tus manecillas aullidos de sal, agujeros que la arena llenó sobre tu boca, cuando era muy tarde para defender una salida.  Y acá toda la soledad aprisionada entre tus pizarras y tus hiedras. Dando golpes de ceniza al viento que verticaliza las palabras que traga tu oscuridad cuando abres en tus manos la incertidumbre de nuestros naufragios.
Colgué a la ausencia de tu pronombre los dibujos al márgen de esa epístola hechos con hollín, azúcar y aguardiente, desbordados de tu boca, hacia otro tipo de muerte que acallaba de tu casa, el asiento para mis ruinas. Y pasé frío y se hizo muy grande el hueco de tu nombre en el diccionario. Negociaba con las tablas rotas de mi suelo el destintado corazón de payaso en las telas que el contenedor embriaga por el vino de tus insomnios. Y entre portazos, calló la ruta de las aves migratorias pegada a la tierra que te llevaste, girando en mis cuchillas el dolor del tragador de fuego y devolviéndote del fondo de mi vaso el espejo roto de las nubes.
Se han ido muchas personas y caminos.. y allá en el soliloquio recogen las caracolas, las cicatrices del diccionario y empujan a la mar. Con una civilización vaciada de la tinta y de la guitarra. Con una rastrera soledad que también colecciona flores en el ámbar del desierto.
Y juntan sus labios al precipicio de tus huecos.. y ensalivan el vino y los guijarros por esas huellas clandestinas que cantaron a la inmensidad desde el presidio de tu verbo de carne calzado en la deriva que crucificaba en mi pecho el corazón de la mar.
se empapa el silencio y tu soledad húmeda de los mirlos y de los tejados que rompieron los cuervos y los eclipses... nos deja a solas con el horizonte cuando las palabras se van y andamos a la paz de los granos de arroz en la tripa de los pájaros, de la alpaca bajo la lluvia, del tren que ya se fue, del tren que te envía espía noticias de sal sin firmarte ese porqué que rompe mis suelos ni te lleva ya el nombre, ni el suspiro de la tristeza por encharcar tu opio.. y andamos como esas maletas olvidadas en la estación que tienen dentro tres postales, un cepillo de dientes, un paquete de pañuelos y un libro que ha sido leido tantas veces que sus pasos son imborrables en la nieve y traen los ojos de millones de lágrimas y risas de perro en el barracón.
El perro está durmiendo.. y yo ando también medio ausente.. la tarde muerde caballos de madera en las pezuñas de un camino difuso y gaseante En unos diez días ya vacunaré a Kavka. Y espero pronto que se junte con Hierro. Echo de menos al gato. Y estoy segura de que ellos se querrán y jugarán juntos. Hierro es muy perruno, se crió con perros. Y su manera de avalancharse y su espíritu es pangea y sigue siendo como un cachorro. Parece que todo empieza a ir bien, aquí en ninguna parte, hacia ningún lugar. Pero la mar se ama en los ojos, en el sueño. Nuevos animales vienen a la tierra. Un día el legado del fascismo tendrá que ser destruido.

Hoy se abren las ventanas de los caminos en la curva de tus difuntos sentados a mi mesa, tragándose las rosas y las espinas desde mi pecho.
Nací entre columpios de arándanos y de alambres, amando algo que no existía, defendiendo mi vida por lo que me susurró cuando exilié mi cuerpo de la tierra.
Me crié entre sapos que renegaban del lodo y malvendían la pobreza en prostíbulos de civismo. No me separé de su sucia y zarrapastrosa calle, ni de su corazón agujereado por la oscuridad del universo, herido por los golpes del poder cuando su estrella invicta prefería la nada, a ceder la voz y el hacha... a arrodillarse, a perder el vino en la casa del apestoso burgués.
Crecí con las patadas de Franquestein... señalándome el camino. Vagabundamente, hermana de una hoguera en los brazos de la mar y del olvido
Crecí perdiendo con vanidad mi futuro entre el futuro de la sociedad. A cuna de golpes y destierros. A desamores intravenosos llenando de vaho mis ventanas de la casa de las ruinas. Con mi sombra unida al amor de un perro. Con mi sueño en el primer sueño. Con mi sangre.. en el abajo y en los barracones, junto a todos los que perderán mientras siga vivo el capitalismo.
Suena un tango con letra de cortázar.. y el abedul se inclina con el viento al suelo, con sus hojas amarillas, con la lluvia a punto de morderle su abismo y su eternidad.. y siento que está profundamente penetrado por la música y mi piel en sus senos de diciembre como luna sobre el fuego con la danza del último suicida... antes de ser pulverizados por los recuerdos de la mar, llevaré los caminos que no llevaban a Madrid, a tus papeles mugrientos, cayendo mi nombre en el fondo de una palabra que cae donde el pájaro se levanta y no amortiguo el espanto ni la vehemencia en ésta enfermedad de amarte cuando eres todos los muertos encrucijando lo perdido donde mi mano no toca lo que aprieta entre sus dedos como un crimen y como un hijo.