HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO
Tal vez todo está ahora a flor de piel y de cuchillo. Ayer me embriagué un poco a la tarde... últimamente bebo más que de costumbre. E iba a marcar el nº de K. Pero sería sólo muerte. Sólo hacernos más daño. Y además algo que ya está desalmado. Ha tenido tantas tumbas que ni siquiera es asible el esqueleto. A K. también le quise con absolutismo.  Desde un nivel del alma y de la metafísica muy elevado y omniprensente. Le quise con los huesos y la luna y el incendio de mi vagina y de la noche y de la muerte. Y tal vez porque ahora rozo el incendio del horizonte, algún pájaro de la extinción cruza sobre las ruinas de ese sueño. Pero allí no hay nada. Lo qué, es el poema y el éter. Yo cruzo sobre varios escenarios y me visto con la combustión. Soy patológicamente dadá del candor de la maría, en los escombros de Babilonia. Siempre he sido visceral y he extremizado cada gesto y sangre y escupitajo de mi alma. Tiendo a intensificar delirantemente todo a través de un agujero. Tiendo a hinchar con whisky las lágrimas y carcajadas de los payasos y de los traficantes. Y ahora todo esto es mucho más extremo. Porque tengo pavor y ayahuaska en las venas. Soy como una puta granada en manos de un pirómano saltimbanqui. Y me padezco a mí misma a través del opio.

Ya me largo. Todavía hay muchos poemas en la cuneta.
Quiero irme pronto, pero necesito que se despierte mi hermano para que me deje dinero. Ayer trabajó hasta muy tarde y quiero dejarle descansar un poco. He hablado con mi viejo y nos hemos carcajeado. Cuando lo oigo reír todo el universo ríe en mí. Me ha dicho "tráeme algún libro de Nietzschet o Schopenhauer, porque novela no debe haber, y todavía no estoy tan mal para la poesía, ya llegará" Creo que hoy viene un compa de él a verle. Me hace ilusión. Él al principio no quería decírselo a nadie y le llamaban y les contaba cuentos. No decía que estaba en el hospital. Le quiero tanto que siento que no perdonaría a ningún universo si le pasa algo. Me volvería nitroglicerina. Dejaría de ser un ser humano. Tendría que ser yo la muerte. Cuando quiero de verdad, quiero con absolutismo, con delirio, con campos de amapola y hoces de estrella. No soy comedida. No soy a la mitad plomo. No soy olvido. Y el vínculo que tengo con mi padre es infinito. El otro día le dije a mi madre "yo a ti también te quiero pero no es como a mi padre, con mi padre sí puedo hablar mi idioma, él fue el único que me comprendió y supo quererme y hacerme reir cuando estaba en el abismo...para mí es la persona más importante de mi vida" Y ella dijo llorando "yo eso lo acepto hija, pero déjame estar a tu lado en esto". Yo le había pedido con vehemencia que se largara del hospital. Por alguna razón siento que nadie puede estar a mi lado en esto. Y además inconscientemente culpo a mi madre, de las putadas y rollos y mierda, que echó sobre mi padre. Inconscientemente no, conscientemente. Pero a veces, me viene un calambre de los recuerdos del pasado y siento que ella nunca supo comprenderle, ni quererle a tajo abierto. Como quieren los que quieren.  Le dio infelicidad. Mi padre es alguien bohemio, vividor, navegante. pura vida .Y ella a veces era una atormentada que quería hacer secta de tormento.  Yo desde que nací tomé partido por mi padre, porque su partido era la bandera negra.
Tengo que poner carámbanos y peyote en esa zona de mis sentimientos y no llorar. Porque cuando lloro por esa raja me hago una suicida. Sólo llorar con el poema. Llorar a carcajadas. Llorar cuando nuestros huesos tengan forma de pájaro. Cuando suene esa canción y del vino surjan fuegos fatuos y barcas.
Mi padre se va de la planta a fumar. Yo hago como que no me entero. Si me pidiera que le llevara cocaina iría a buscársela. A veces me entran ataques de ebriedad poéticos o no sé si del destierro y el apareamiento de las hogueras y hago cosas raras. Como si se fuera a acabar el mundo. Ahora sí que vivo en otro planeta. Soy extremadamente vulnerable al amor. Y a veces veo a desconocidos en el hospital y abro en canal el amor sobre el vacío de mis manos. Y busco que se exprese. Como si necesitara destruir el frío que da la sociedad y la vuelta de las paredes y el puto individualismo cerrado. Busco tirar el escenario de esa frialdad y que hablen los pájaros. Aunque a veces me pasa lo contrario con ciertas personas que me huelen a hielo y códigos de barras.
Ahora fumo mucho más. Estoy demasiado apegada al síndrome de la luna y pegajosamente unida al nerviosismo del mar insomne. Sólo podrá ayudarme la poesía. Sólo ella determinará si yo podré resistirlo o no. Si podré construir un sentido más etéreo y armado. Si sobrevivirá la belleza y la intensidad. De lo otro no hay nada.  Por alguna razón estoy cogiendo manía al resto de mi familia, y me muestro cortante y desterrada.  Sólo con mi padre me reconcilio con el universo. Cuando estoy cerca de él, siento que estamos en la mar. A él a veces le molesta la intensidad del vínculo que le muestro. Dice que eso sólo me causará sufrimiento. Dice que no me haga fijaciones emocionales. Dice "aunque me fueran a fusilar mañana, aquí hay que mantener el plomo"
Por las noches tengo la sensación de enloquecer. Me invaden visiones macabras. De sangre y abismo. Ahora vivo sobre un desfiladero. Ayer fue un día muy díficil. Todavía no entiendo nada. Han cambiado todas las nociones. Quiero pensar que él podrá vivir así mucho tiempo aún. Resistirá tormentas y los puertos nos querrán todavía en los tuétanos de la hoguera. Ayer le dije que todo el tiempo del universo que nos quede será sólo de felicidad. Tengo que ser más fuerte. A veces me descompongo y empiezo a arder sobre el quebranto del opio. A veces me hago sólo sentimiento colgado sobre un incendio y disparado suicidamente sobre no sé qué raja del cielo. Tengo que albergar la esperanza y el pensamiento de los ornitorrincos. Tengo dentro de mí una criatura suicida que me da miedo, un raro sentimiento que me sube por la tráquea como pozos de dinamita. Algo que podría ser muy intenso si lo dejara expresarse del todo. Si me dejo poner radical con eso, tengo la sensación de que me volveré loca. 
No debería de llorar. Cuando lloro radicalizo esa emoción. Me embriago de ella hasta un extremo combustible y último. Me conjuro quijotescamente sobre un infinito en llamas. Y creo que tiroteo paredes y rompo la estructura. Me amapolizo. Me pongo kamikaze. Me juro más allá de la muerte. Y empiezo a entrar en un mundo poético, incompatible con la realidad.  Aunque creo que también me tranquiliza, me devuelve humana al oleaje, me abre alma, agujero de poesía
Estoy demasiado cansada. Tengo que controlar mis emociones. Hay algo obsceno en las emociones borboteadas, algo malo para la poesía.  La poesía debe filtrarlas en el alambique del éter y de la luna. Y no en la historia, y no en el cuerpo. Aunque ha de ser sangre antes en la carne y en el alma.
Vivo últimamente sobre arenas movedizas. Tengo que dormir.
Para mí ya no tiene mucho sentido, la tierra que antes lo tenía. Cuando vuelvo a casa, vuelvo a un agujero. A una zanja abierta por abismos y soledad. Nada me espera aquí. No hay nadie detrás de la pantalla. No hay pronombres. No hay vino que me crotore la piel para dormir. Sólo está la poesía y el éter. Y ella no es de nadie. Nos toma cuando vamos parias. Cuando vamos rayos y cielos que arden. Cuando perdemos. Cuando somos viento y polvo. Aullido. Silente afilada por los olmos.
Hoy ha sido el peor día de mi vida. Aunque también estuvo lleno de arrebatos de no sé qué maldito poema y tuétano y explosión. Escribí algo así "hoy la vida me ha clavado una bala en el corazón y cuando me la saquen moriré". Cuando le hicieron la prueba daba vueltas de lobo encerrado en la sala de espera. Luego supe que tardaría unas dos horas y me fui a beber cerveza, en ese rato me conecté con la fe dadá, con el candor y me sentí de vuelta a casa, muy cerca de la poesía, escribí, volé. Al volver pregunté varias veces y me decían que no había empezado la prueba. Cuando salió de pronto mi padre en la cama con ruedas y me llamó y sentí miles de pájaros unirme a él. Y lo que habia pasado es que confundieron el nombre de mi padre con el de otro paciente y habían informado a la familia equivocada. Cuando se dieron cuenta del error me llamaron y vi a la médica acercarse a esa familia y saltaban de alegría y daban gracias a dios del error. En ese momento el cielo me acuchilló con nitroglicerina, odié tanto a su dios y a todas las palabras del mundo. Luego escuché a la médica con mis oidos dentro de un cangrejo ermitaño y de la noche sin fin. Y me fui corriendo con papá. Delante de él trato de mostrar la entereza y sólo la alegría, porque sé que mi sufrimiento, le causa sufrimiento. Le dije "no habrá muerte ni energía cuántica ni dios ni cielo ni tierra ni, que pueda separarme de ti" y me cayó una lágrima y el rió como rien los osos.
Luego bajé a tomar cerveza y estaba mi madre, y empezó a tratar de negar la gravedad del asunto para tranquilizarme y yo estallé a gritos en la calle y le dije "no necesito consuelo, no necesito putas mentiras" Luego todo fue muy raro y pasaron miles de cosas. Cientos de instantes de intensidad e infinito y amor y abismo. No puedo escribirlos todos. Los poemas están en el cuaderno. Los poemas están clavados con hachas en mis huesos. 
Le dije "te quiero porque tú no te ahogas en un vaso de agua, si acaso será en un vaso de nitroglicerina" Él bromea y se muestra con entereza e inmensidad, con nihilismo y vino. Y cada palabra suya me hace quererle mucho más.
Para mí la vida ya no tiene el mismo significado. Cuando venía ahora con el coche, en una zona de prados y chopos y el cielo rojo detrás, setí una evanescente belleza, una catarsis, como si flotara por otro mundo, sentí allí a Van Gogh y maldije con todas mis fuerzas ese verano y pensé que no será para mí.
Los camareros de los que me hice medio colega, me invitaron a varias cervezas. Cuando voy al bar es cuando más conecto con la poesía. Me siento en esa terraza. Aunque a veces lloro, escribo llorando.
A veces siento una rabia incandescente. Un fuego suicida. Y a veces me siento frágil, sólo llena de amor y de salmuera. Y camino piando. Y a veces me dan no sé qué calambres, cuando crucé la carretera ensimismada y un coche toco el claxón y la mujer me señaló el paso de cebra, le saqué el dedo y me quede clavada mirándola esperando que me dijera algo más, como si se me hubiera metido dentro un ferviente deseo de pelea. Pero ella siguió su camino.

Me hace bien escribir estos suspensivos. Estos esbozos. Porque todo arde a mi alrededor. Y al escribir parte de lo que he vivido, me permite trazar un surco. Algo medio asible. Aunque muchas cosas no me da tiempo.

Ahora me siento drogada y agotada. Vaciada sobre un chubasco de mandrágona y desfiladeros. Necesito dormir. Mañana tendrá que ser el blues. Ya no queda ninguna otra cosa.
Ahora ya voy a coger el bus. A llevar la escritura en ese otro lugar. Los amaneceres se abren sobre una cuchilla y un bosque. Nombrándote naranjos y lunas que no pudieron asirte ni conservarte en ese lugar donde las palabras, son palas y disparos. Y todos somos, lo sometido y el arma, piando el enjambre de abstracciones que tiembla sobre tu vaso de vino, un poema de nadie y sin futuro. Estamos obligados a lo pagano, porque está lejos la luna. A ese escepticismo de caminantes sin patria, abriéndonos el corazón, bajo el piano que penetra. Entregándonos ciegas y enamoradas a una voz que intensifica la profundidad del mar en el verso tachado. Vamos pobres, en la deriva, apasionadas por el verbo que no podremos controlar ni hacer nuestro. Nada aprendimos de los posesivos, ni pactamos en los pronombres. Todo es del fuego.

Nadie envia la canción, nadie ofrece flores ni paraiso. Esas cosas no se dan, se roban. Y el único dueño es el éter. De abrir las manos para recibir, nadie nunca tomó la nada. Lo que se toma es desde el puño cerrado y el francotirar de las barcas y del vino.

Esto no es un drama. Es el opio del hervor del voy. Camino y a veces levanto una despedida entre mis venas. A veces me aman los duendes de las tascas sucias. Y en mi boca entre Júpiter. 

Si vienen torcidas, nos haremos un metralleta que abra. Si perdemos el equilibrio, el poema, la tierra, seremos ese rizoma que acuna a las anémonas en las noches de insomnio.

No será que nos caigamos al suelo para llorar. Será que cavemos fosas hasta llegar al otro lado del océano.

No nos podemos permitir pedir limosnas al infinito. Ni suplicar amor al camino que arde. Tendremos que ser como Calígula, como los topos, y como los libros descatalogados.
Me desperté.... y ya no he podido seguir en la cama. Son los días más raros de mi vida. Todavía estoy subconscientada por el esqueleto de una hoguera. Tengo que ser menos emocional. La escritura ahora es distinta, no tengo ese lugar del suicidio del mundo desde el que escribir. Escribo desde la exasperación. 
Ayer mi padre se fue de la planta a fumar un cigarrillo cuando yo no estaba. Pero fueron detrás de él unas enfermeras y tuvo que tirarlo. Luego me pidió otro y no se lo quise dar y se enfadó tanto que hasta casi se lo doy. Todavía tiene líquido en los pulmones. Me da miedo que fume ahora. Además hoy le hacen un cataterismo.
Ayer fue un día extraño. Todos los días lo son ahora. Mi escritura está desde otra sombra que ebulle y deconstruye los nombres propios y los territorios.  Los lenguajes de la introspección se dan desde otro tiempo y bajo formas cinematográficas y combustibles. También hay entropía en el cuaderno que estoy escribiendo allí. Hay una visceralidad situacionista del levantar de una brecha. Un ojo de hollín y cubismo que me ampara sobre una incandescencia que levanta banderas negras contra el pronombre y la gula de la propiedad del olvido. Además me olvido de todo lo que escribo. Eso siempre me pasa, pero ahora mucho más. Cada vez, es el espacio en blanco, el temblor entre los renglones y el helio. Cada párrafo olvida al anterior. Hay un órden en el rubor, pero es  visceral y punzante. Se forma sobre una levitante metáfora y no sobre lo que yo pueda sujetar o devolver al incendio o al hambre.
Ahora ya voy a ir a coger el autobús. Tengo que escribir mucho allí. Al escribir restauro los incendios de mi mente. Van hacia los barcos, hacia el baile del vino. Las metáforas me provocan una conexión creadora de la continuidad de nuevas metáforas y una idea del todo apasionada, algo que me da valor y carros de combate. Consigo mezclar y unir sobre la mar, las fragmentaciones de la múltiple identidad. Las antagonias del existencialismo y su hambre, del espanto y el vino de los nómadas. Además la poesía, es mi única amiga. Siento que ahora sólo existe ella, con su promiscuo cielo y fango, y mi padre. Me siento sola de lo demás, extranjera y mercenaria, desterrada. Antes esto no era así, cuando estaba el amor. Ahora yo vivo en otro sitio y me alimento del cieno y de las nubes y no de los pronombres. Ya ni el mío tengo.
Ayer le dije a mi padre que como ahora ya está pasando el síndrome de abstinencia del tabaco que cuando vuelva ya no tendrá que fumar. Y me dijo "no saldré de aquí". Y yo me sentí partir en mil pedazos. Creo que él lo dijo para protegerme, para el por si acaso, hacer que me haga a la idea, para provocarme conscientemente la aspereza y hacerme más dura.
Acá nadie me espera. Lo que tengo es del poema y de nadie. Mi padre y yo, cuando nos juntamos hacemos milicia. Él me ofrece un universo, donde los dos somos, vagabundos y guitarristas. Somos miles de personas tocando un piano y haciendo agujeros en el cielo. Mi vínculo con mi padre es infinito e indestructible. Desde que nací. En mi familia, en algunas épocas de mi vida, estaba en guerra con todos, les despreciaba visceralmente. Menos a él. No sé cómo son otras relaciones de padres con hijos.  Mi padre y yo... fumábamos hachís juntos, ibamos a extraños bares verdes, en algunos viajes de carretera y dormir al lado del río. De embriagarnos. Yo andaba con su tropa de amigos, seseando las calles y a veces acabando en lugares de película de fumadores de opio. Recuerdo una casa-marihuana donde la siguiente casa quedaba a 30km. Era una isla de clandestinos. Llena de punkys y alquimistas y viejos marineros. Yo me sentía en un mundo onírico y surrealista. Ebria y poseedora de marte. Y esa magia orgasmo-pangea que sólo provoca el hachís. Esa sensación de amarlos a todos, y hasta las mesas y vasos y esas luces penumbrosas. Esa sensación de que todos allí éramos el mismo corazón en llamas navegando todos los mares. Y ya no había ni tú ni yo. Sino "el teatro sólo para locos".
Voy a irme dentro de un rato. Hoy estoy preocupada.  Justo ahora ha venido volando una paloma y se ha posado en la ventana. Creo que el gato también está triste, come mucho menos de lo que suele comer. Los gatos siempre lo saben todo. 
Ayer al principio, estaba llena de esperanza y me conecté con una alegría dadá y una conjura. Me sentía llena de vitalidad y fe de ornitorrincos. Luego no sé qué pasó. Vinieron amigos de mi padre, el se carcajeaba y bromeaba con humor negro. Parecía que no estábamos en un hospital sino en un bar, en un barco, en la espada de las nubes.
El compañero de mi padre, me cae bien, es humilde, buen paisano. Me pidió un cigarrillo. No debería fumar con lo que tiene, pero le acompañé a hurtadillas a la calle, temía que se mareara o le ocurriera algo. 
Mañana mi padre tiene una prueba delicada. Y no me dejarán verlo nada más que un ratito. No sé dónde me meteré durante esas horas. A veces entro en erupción y me vuelvo irracional. Como si me hiciera un símbolo de no sé que inconsciente de la merca ambulante y el trigo. Me siento taladrada por pértigas de helio y de hachís. Horadada por poemas incompletos. Y me hago un calambre inquieto y rizomático. Me hago la caricatura del incendio de mi verbo y me siento en una función a merced del viento. Y cambio de ánimo, diez veces por minuto. Sobre las 9 de la noche, ya caigo rendida y la cerveza también me ayuda a eso. Entro en una anestesia noctámbula, y me quedo pegada a la cama de mi padre, apoyo mi cabeza en su tripa, él se duerme y yo me quedo en un raro estado mental, entre el abismo y los osos pardos soñando estrellas.
No puedo cansarme. No puedo enloquecerme. Creo que el motivo de esas alucinaciones, es la censura. Mi mente es muy retorcida. Siempre tiene que probar todas las posibilidades. Como temo que le pase algo a mi padre, las visiones muestran precisamente lo terrible. Y me invaden pensamientos ocultos. De esos que viven en el abismo del éter. También cuando llego a casa, suelo sentirme desolada... y no hay noticias del amor ni de los olivos. Sólo estoy yo y la raja en la que duermo. Flotando contra la tierra. 
Ayer durante un rato que bajé a fumar, me quedé mirando las nubes, era el atardecer, había zonas de ellas que parecían ser fuego. Y empecé a buscarles formas, vi elefantes, vi ratas, vi rostros, espigadores, hollinadores. Empezaron a descubrirse decenas de imágenes cada vez más nítidas.Y en algún momento, vi a una mujer, de cuerpo entero sobre una pértiga y me dije y esa soy yo, y al lado, luego vi un cráneo, la muerte. Y me fui de allí.
Suelo ser fantasiosa y sinestésica. Y esa creatividad del inconsciente, esa visceralidad, a veces me da mucha felicidad. Pero también me mete en el espanto.
Me acabo de despertar. Por la noche a veces tengo la sensación de perder la razón. Mi mente se hace un acueducto de visiones y sensaciones taladrantes y espantosas. Sobretodo en esos minutos antes de dormirme, siento que viajo sobre un subconsciente macabramente elaborado que exterioriza disparos a través de símbolos y escenas cinematográficas. Tal vez sólo es parte de mi cansancio y de mi preocupación.
Me siento sola con esto. Por otro lado es algo natural, he alimentado la soledad, he dado demasiados poemas al confinamiento. Será la soledad la que me dé fuerzas. 
Ayer estaba nerviosa en el hospital y llamé a un viejo amigo que ahora vive muy lejos de aquí. Al principio iba a compartir lo que pasaba, pero luego no le dije nada, hablamos de otras historias, fingí. Reimos desquiciadamente. No hay nadie en mi agenda de teléfonos. Será la poesía. Serán las metáforas vagabundas y nómadas. Será el candor de los desarrapados.
Ahora todo ha cambiado. Ya ni siquiera me acuerdo de K.  No me da tiempo a ninguna melancolía. A ningún poema incompleto del sumidero del fango ni de tu escalera y la carcoma.  Además siento que estoy sentada sobre un incendiado pájaro, volando sobre un mundo destruido. Y sólo existe mi padre en el universo, mi padre es ese pájaro y la lluvia y las montañas y mares. Mi grito, mi hueco y mi espada. No me acuerdo de nada de lo otro. Sólo mi padre y los poemas que escribo en ese cuaderno, los que arden en la luna, los que se socavan entre el olvido y el opio. Los que no son míos. Los que me avientan vagabunda, vencida, enamorada de la ruta que arde. De la sima del hachís velando por los perros. Del furor y el abismo.
Mi padre nunca cuidó su cuerpo. Estaba demasiado ocupado cuidando la luna. Yo estoy allí como un volcán. Tengo pavor. Tanto pavor que a veces me siento dentro de una fantasía y me voy volando de la tierra. Y cuando nos reímos en la habitación del hospital, nuestras risas resuenan por todo el universo. Voy cada poco al bar a tomar una cerveza  porque el blues del alcohol me conecta con las mariposas y los duendes. Me he hecho amiga de dos camareros. No amiga de contarnos nuestra vida ni de llorar ebrios sobre las piedras. Pero sí de chisquear un chiste negro. En ese bar todos los camareros están hartos de la humanidad, es el bar más estresante que conozco. Y eso nos une en algún sitio.
Ahora voy a ir enseguida a ver a mi padre. Le voy a llevar la primitiva y esas cosas.
Mi padre ama todavía a una mujer. No sé qué pasó. Sé que no debería meterme en ese asunto. Pero cuando llora el vino en los brazos de mi padre, sé que ve los ojos de esa mujer. Y había pensado, sin decirle nada a él, escribirle a ella, y decirle que en su abismo él la sigue amando. Yo tengo su teléfono. Hacerlo silenciosamente.
Ahora me ataca el existencialismo. Y han cambiado para mí ebriamente las nociones. Ya no valoro tanto los años de la vida, sino la intensidad, hasta qué estrella se llegó amando, cuántas vueltas sobre la luna se dieron al atentarse de música. Mi padre ha vivido siempre con furor su vida. Viajó por todo el mundo, hasta se dedicó a la merca ambulante. Vivió miles de noches en la hoguera y sobre las guitarras de los desvelados. Se carcajeó en miles de bares en diferentes idiomas y tuvo decenas de historias de amor eterno. Y otros tantos fracasos. Él me enseñó el primer poema. La vida está para vivirla, aunque de pura obstinación tengamos que destruirla para haberla sido.
Todo arde a mi alrededor.  Tengo que ser más serena. A veces soy demasiado emocional. Y mis emociones son oblicuas y combustibles, me someten a una radicalización del horizonte y de la pobreza y me convierten en enervante deriva. 
Ayer vinieron tres médicos a informarnos de lo que le pasa a mi padre. Yo me sentí el ardimiento, y sujetaba la mano de mi padre como si su mano fuera la luna y la ley de la gravedad, el único universo. Creo que justo desde ese momento, mi mente se lleno de opio y ya todo el día, estuve sin tierra y sin eco. Aunque él bromeaba. Durante un rato me dijo "qué mala sueeerte" de forma teatral y cínica y se moría de la risa y me contagió la risa. También dijo "lo que tiene arreglo se arreglará y lo que no lo tiene arreglado está".
La médica dijo que el ataque lo pudo provocar el alcohol. Y me sentí algo mal, porque yo llevaba vino y cervezas a la casa, pensaba que nos vendrían bien contra la melancolía, contra la redondez de la tierra.
Anoche antes de dormirme, mi mente escribía dantescas historias invasivas. Imágenes macabras y elaboradas a través de no sé qué espanto. Me suele pasar eso cuando algo me preocupa.  Ayer estaba agotada y por eso tuve esas visiones. Al menos he dormido bastante rato.
Todavía no he procesado lo que está ocurriendo. Creo que tardaré 100 años en procesarlo. Lo vivo desde el éter.. desde las manos vacías hacia la marea, los bolsillos descosidos, la luna que acuchilla lo que creía saber de las palabras y una pasión vagabunda y explosiva. Me he dado cuenta que cuando algo atenta de ese modo nuestros cuerpos al abismo, la vida es mucho más simple, mucho más desnuda, se deshacen cientos de pensamientos e historias y lo que queda es un blues, una mirada de fuego, una erupción de amor. Y casi nada de lo otro.
Ahora ya me voy. Volveré tarde. Hoy me voy sobre un alambique de fango y lluvia. Con vides atormetadas en los pedales de la bicicleta. Pero habrá que alzarse y reestituirse, allí, con esos boquetes que una vez fueron el trago pagado. Arena y pájaros que te amaron.
Ayer tuve un sentimiento extraño hacia ella. Y tiene mucho qué ver con la abrasión de la pólvora y mi médula de barro. Era algo áspero y cortante. Y sé que esconde muchos poemas y mecanismos de mis lobos y mi desierto. Algo también sobre mi eje de campos y esa hoguera que rasura sobre la vulcanización de los territorios, la primera flor, la primera gota de sangre como una pandemia cosiendo ese éxodo del sol que bebimos de los bares.
Era como una rana de amanitas y penumbra. Yo a veces soy muy irracional, con un tejido subconsciente de espadas y grietas. Pero soy consciente de esa mancha del cubismo. Oigo todas las palabras que traen y me afloran en el mismo segundo todos los recuerdos que nacieron de alli.
Me he duchado. Tengo una sensación de no haber dormido. Y la escritura de momento es un sumidero de tu distancia penetrada sobre la distancia que el vino exilió y dejó pasar a los ladrones para no perder el tiempo en la semántica.
Pronto iré al hospital. Allí mantengo un diario. Bueno son más bien poemas intercalados, sobre una atmósfera voluble que no nos deja estar del todo ni tampoco marcharnos. Cuando todo empieza a arder, a veces evito hablar de lo concreto. Tengo una especie de pavor a oir lo que oigo en mi página. Y la metáfora y la criptacion del fuego y del olvido, surge de forma borboteante e invasiva. Y entonces puedo ser de verdad sincera. 
Tengo que tomar fuerzas y despertarme. Abrir los ojos sobre el chascar del viento y de las montañas allá lejos. Y estar con todas las vocales y baños de arena. No puedo estar cansada, porque allí me someto a incendios y necesito todas mis fuerzas y la serenidad del bosque.
Tal vez esperaba un mensaje de peces. Y su hueco, rajó otro hueco. Y se congelaron los mástiles. Pero es mejor así. Estaré sola en esto. Al final siempre se está a solas para descubrir la noche. Para obtener su amor. Sino no se está en la noche, ni se conoce la calima, ni las manos pueden ser cuchillas y barcas.
Es necesario hoy el escépticismo. Aunque también la fe-dadá. Yo allí soy como un rompecabezas buscando el beso del LSD.  A veces me parto en mil pedazos y me recoge la resonancia de las olas, donde esos ojos son la mar.
Me desperté hace una hora, pero no me tenía en pie, tenía una sensación de resaca e insomnio. Volví a la cama y aunque no me dormí, ahora me encuentro mejor. Necesito fuerzas para estar allí. Se ponen en guerra muchas emociones e intensidades. El gatito vino a ronronear y me sentí flotar sobre una isla cerca de él. Los pronombres están deconstruidos.  Hay que creer en la música, en la ferocidad, caer de la mar y no de la tierra. Ayer tuve unas raras visiones antes de dormirme que eran pesadillas.  No sé qué parte de mi mente construye ese espanto, en esa parte del ensueño, se muestran taladrantes escenas en movimiento que me penetran todos los silencios. Creo que era el cansancio y las preocupaciones. Hoy me acostaré pronto al volver, necesito estar descansada, para conectar con la poesía y con la serenidad. Hoy comeré mejor y beberé menos. Los otros horizontes han entrado en erupción. No te recuerdan. No te han tenido nunca.
Mañana me despertaré a las 7. Ahora ya voy a dormir. Creo que me dormiré antes de apagar la luz. No tengo tiempo para exorcizar. Lo descriptivo y testimonial, a veces es muy lento y ya viene ahogado. Me interesa más, el escrito del mientras. El cuaderno que escribo allí. Lo que me salva es escribir sobre el instante presente. Cuando haga mapas, es parte de una estructura que me ayuda en los momentos de soledad y sombra  Es como un sombrero del espantapájaros. Pero la catarsis nunca ocurre sobre el pasado ni lo ya vivido. Es el éter.  Cuando se conjuran todos los tiempos y sus ausencias y hogueras y cabaret y merca ambulante. Mi ahora de aquí es una habitación llena de escombros, con mechas de moho recorriendo mi piel y una ausencia aullada rodeándome, señalándome la puerta que ardió cuando tomamos el tren que perdía el norte. Y otra cosa. Mucho más infinita. Además de que sólo he comido un bocadillo, he bebido demasiado y tengo una rosa de cuchillos y de selvas, acribillando mis ojos. También tengo el ronquido inconsciente de ciertos hechos que se me presentaron como una sinergia. Pero que no he podido expresar. Porque he tenido muchas de esas hoy. Y entonces las palabras pierden su importancia. Se hacen colores, intuiciones y posesiones de ámbar y abandono.
Me gusta escribir casi todo lo qué. Pero la realidad es inconmensurable. Un segundo de realidad podría ocupar 300 páginas. Y esas 300 páginas estarían escritas bajo el estado del opio y el sarcófago. Y yo ahora no tengo ese espacio y no tengo tiempo para habitarlo. Así que mi escritura tiene que adaptarse a otros fuegos y pérdidas.
Hoy escribí algunos poemas que me gustó escribir. Por alguna razón, cuando se abre el abismo, la belleza es mucho más radical. En algunos momentos sentí un arrebato místico, más lejos y más cerca de todo en un alambique de fuego universal y atronador.
Ahora estoy cansada, tal vez un poco ebria. Una ebriedad rara, lúcida, desvelada que maquina metáforas donde no llega mi cuerpo. Y abre con boquetes la atmósfera que rodea la piel del helio en el suburbio del cielo. Ahora no me acuerdo de casi nada. Mi mente se esparce y se junta a la arcilla. El temblor que siento me conecta con todas las palabras y con la ausencia de todas las palabras. Yo sólo soy vapor. Ha cambiado para mí la relación con el tiempo y con los verbos. Ya no vivo dónde vivía. Y nunca volveré allí. Ahora la hoguera está fuera y dentro. No espero flores. Si acaso el fulgor.
He tomado mucha cerveza hoy. Sólo me calma la cerveza cuando me aullan las simas que esconden el incendio de las palabras y el retorno a esa salvajidad pobre y radical, del existo y la sombra de mandrágora detrás y delante del paso. En tus huesos, hasta hacerme hablar. 
Cuando entraba al bar ya me servían sin pedir. Y yo andaba al pio pio y a la tundra. A ese hollín y esos labios de etanol pegados en mis zarpas y en mi ausencia. Nadie puede ayudarme.  Es algo entre yo y la entraña, entre yo y el infinito y el agujero negro. Y allí me sentí mar y subsuelo. Y sangre y vides y tierra y nadie. Y sentí una inmensa conexión con el éter. Y mi tripa ensangrentada borboteando, al nudo del cangrejo, del pájaro y de la rabia.  La conexión que yo tengo con él, no es de éste mundo, no lo será nunca. A mi padre le quiero infinitamente más. Tengo una empatía radical con él. Si su corazón enferma, enferma mi corazón. En el hospital, me sentía en nuestra trinchera. Con barcos y hachas. Nos  reimos hasta romper las paredes. Y aunque a veces, ese abismo se ponía atronador. Había una cascada de flores de beleño, rodeándolo todo. Yo no puedo estar tranquila. Lo único que puedo hacer es sintonizar con el dadá. Nada en el mundo podría calmarme. Son los tuétanos del mundo en los lomos de los caballos de fuego.
Él insistió en que me fuera y cuando le contrarié noté que se ahogaba y se aceleraba. Así que he venido aquí. Le digo que con ese camisón parece un Romano. Él le dijo a la enfermera "éste camisón se nota que lo ha diseñado Sor Maria y el director del hospital mano a mano hasta que se les hizo polvo el cerebro" Y me meé de la risa. Con él es tan fácil reír hasta perder la tierra.
Llego ahora a casa. Con demasiadas emociones y cansancio para hervir la metáfora. Allí he escrito mucho, en los momentos de abismo, la poesía surge con más ferocidad y mística. Cuando salí del hospital me derrumbé y me embriagué de amapolas cortantes. Tal vez porque me separé de él. Porque el silencio y la soledad, me trajo las espadas del trigo y un incendio de intensidad y obsesión de opio y  de lluvia. Tengo una necesidad de exorcismo de lo que vivo, pero hoy he vivido demasiado para que la palabra pueda ser fiel. Cuando volvía en la carretera, al lado de esos prados con campos de amapola y esas flores amarillas, sentí una inmensa erupción de una belleza terrible y última. Mi padre dijo "tenéis que ir haciéndoos (o cómo se escriba ésta palabra creo que nunca antes la había escrito) a la idea y aceptándolo" y yo le dije "nunca me haré a la idea, jamás en mi vida eso no sería ni posible ni aceptable para mí" y no sabe hasta qué punto lo digo de verdad.
Ya me voy a ir. No sé si volveré a la noche o me quedaré allí. Ahora los poemas están en otro sitio. Los papeles de allí, recogen al viento y a los topos. A no sé qué distancia trashumante y etérea. Y yo me hago parra y puercoespin. Voy piando y haciendo agujeros. Estoy muy lejos y muy cerca, de no sé qué onomatopeya de hachas y de astros. Y no toco el suelo ni el cielo. Y me posee el cubismo y busco los mares de sus ojos.. para pacer lunas y canciones, mientras me hago más pobre y pierdo verbos y futuros. A veces me ataco de la tundra y a veces de la patagonia. Necesito el estar de los esquimales y el pedirle fuerzas a las piedras bañadas con algas. No puedo andar fadando ni torciendo el equilibrio aunque no haya eje. Y todo esté encima de una barca que arde, y toda la tripulación se embriague de olvido y de distancias y sean locos. Todos estamos siempre encima de la hoguera. Aunque los viejos hayan querido cortar el césped, hacer estatuas y creerse en una seguridad de cuenta corriente y cerrojo. Ellos también estan en la vagina de la muerte, navegando la deriva y el peyote. 
No podemos pararnos. No da tiempo a dejar un buzón para que nos escriba algo el destino.
Esa ausencia duele cuando busco su canción. Cuando la dejo ser ausencia y la hago un territorio en la idea de mi amor y de mi fracaso. En el lodo de mi sueño. Es así cuando se hace melancolía y daño, borrachera y decadencia, ensangrentado pájaro. Pero si no la miro. Si no la doy propiedad ni en mi éter ni en mi grito. Si no busco evitarla ni escupirla ni agotarla. Y me entretengo de otras penumbras y gorriones. Ya no me es herida. Sólo una lejana metáfora. 
Así tal vez llega el olvido. Así los bares nos amarran sus mástiles y sus canciones. Sin puta afectación semántica. Sin anclas. Sin nombres propios. Sin dictaduras de historias ni de vínculos.
Así podemos ser nómadas y enamoradamente parias. Los idos. Los que no han tenido ni han querido tener. Los que vuelan, porque están sometidos a la incertidumbre y al enervante movimiento.
Lo que he vivido, ha ido corroyendo, los pilares de la idea de la casa. Me ha metido castores, marmotas, lobos y peces. Me ha denigrado las puertas y paredes. Y el puto cacho de tierra sobre el que firmar. Ha hecho de mi caligrafía y de mi nombre, un agujero volador. Polvo y resina y risa de grillo. Un ejército de nadies y de banderas negras. De amores de absenta y vanidosa irresponsabilidad. Porque para que baile el malecón hay que darle heavy y mala educación. Hay que usurparle su razón y su victoria y ensangrentarlo de la anarquía del mar. Porque hay que quitarle la gravedad y la obra a los hechos, a los paisajes, a las pinturas. Porque hay que usurpar con cañones, lo que dijimos necesario, lo que dijimos nuestro y tendrá que ser. Porque hay que ser un enamorado teatro. Y sólo el amor. Y el amor es dadá y pagano. No es serio. Nada es serio, si lo fuera nos hubiéramos hecho crucifijos. Y no existirían esas tascas clandestinas donde se mean de risa los avasallados.
No tengo ni idea. Vivo sobre el grito del jazz y la atracción de los cráteres de la luna. Una fractálica pasión de desencontrados y papeles que no fueron escritos. El síndrome del hueco y de lo invadido y borboteado al atascamiento de una estrella y una canción. 
No me interesan las letanías. No quiero darle a ellas ni un hueso de cordero ni una vocal del vino. Y sin embargo le he escrito a los fantasmas un montón de insomnios y de besos negros, a la maldición de tu memoria, y de otras memorias que ni siquiera lo fueron. No sé qué murciélago me gustaba antes llevar en mi bolsillo. Ya no me gusta. No sé si porqué me hago vieja o porque cada vez aborrezco más de la vejez.
Ayer mi viejo dijo algo así, primero puso voz grave como para advertirme "mareva éste problema que tengo no es una broma, qué coño sí que es una broma, todo es una broma" lo quise tanto.
Ha empezado a arder un violonchelo, entre esas algas y la alegoría de ese amor y su autopista, recorriéndote los tuétanos del viento y de la ruina. Abriéndome sarcófagos y casas de duende entre las costillas. Y haciendo con mis huesos, nudos de de estrella y agujeros de gusano, para atajar el blues. Volver a casa. Pero nunca llegamos. Sólo tenemos esa idea, como una esquina de papel arrugado, con una mancha de vino y de sangre de cigüeña, y la empujamos con el puño y con la lágrima, pero se hace cubista y neurótica del opio y de los astros. No cruzamos la puerta. No da tiempo a plantar los abedules en el patio. Ni a quedarse y darte una certera dirección para que vengas con el pan y con la esperanza. No puedes decirme siempre. No puedo decirte aquí ni hemos llegado.
Me dijo "tienes que quitarte la cerveza para quitarte la barriga" y le dije "mi barriga no me molesta para nada". Hoy estamos lejos del mar. Estamos dentro de esa brecha que cruzó tu alma y despojó aquí dentro la dictadura de los pájaros, me impuso sus huesos, su antipatria, su desdén.
Ya no he vuelto a él. Me he ido antagónicamente, a los hilachos del hash de esa galerna y su luna encima, y de aquello no quedaba nada.  Como estoy sometida a la deriva y a los gorriones, casi nunca elijo nada, todo lo elige en mí, un raro poema. Si acaso crujo piedras y guitarras. Busco una canción. Pero no determino el verbo. Ni siquiera pongo a secar la sombra. Vivo irracionalmente y me obseso sobre la intensidad y el olvido.
Me despierto. Soñaba algo con una canción irlandesa pero yo la entendía porque la traducía la atmósfera. Y luego sonó en el despertador "a galopar" y al principio se metió en el sueño, pero como sonó 4 veces me acabé despertando. Las canciones viajaban en una especie de cohete y ardían colores en la tierra.
He llamado a mi padre, y ha reido y bromeado, y su risa siempre me salva y me da felicidad. Iré a verle enseguida y a pasar con él todo el día. Cuando iba a visitar al abuelo siempre andaba deseando irme, pero con mi padre es diferente. Aunque también me impaciento de estar encerrada en la habitación pero bajo a fumar cada poco y a crotorarme de un pliegue de las brechas entre la cerveza y el existencialismo amotinado que preguntó por ti al mundo que ya no existía. Y luego me quedo en sus ojos. Como una ardilla y un pez. Y eso me sirve para estar en todos los mares. 
No le dejan levantarse. No le dejan sentarse ni siquiera en la cama. Y él no hace caso. Él nunca hizo caso a lo que otros le dijeron.  Yo me pongo nerviosa cuando se levanta por si le suben las pulsaciones.  A veces habito un rayo. Estoy constantemente exaltada y me calmo sobre el exorcismo de un blues y una marea. La poesía es rara ahora. Cuando me pongo descriptiva es que me apabulla demasiado el sol.
no puedo hablar con ellos de lo que me preocupa por varias lobotomías del cielo y de la semántica, me pongo mi disfraz de carne y estacas y lluvia, y callo hacia la tundra y muy dentro de sus ojos...  mi corazón se ha puesto a hervir y sólo tengo el canto, tan pobre como el día que nací... creo que sé lo mismo que entonces.... y esa pistola me avianta y me desea.. yo la acudo y la peleo... me abandono cruel a la luna, me abandono miserable... a él lo quiero tanto que ya ni soy yo cuando tomo sus manos en las mías, son sus manos, son las de la selva, el desierto y el olvido
yo nada tuve, nada comprendí, una metralleta, un galope, una promesa sádica de ayahuaska, algo inevitable y enamorado, algo que mataría a dios.
escucho a paco ibañez, pero lejanamente, como una cacofonia de enamorado peyote, no atiendo a lo que una vez me hizo llorar... se me quitó el hambre hace ya varias semanas, me alimento algo peor que los líquenes, fumo mucho más " a través de una niebla caporal de tabaco miro el río de francia moviendo escombros tristes, arrastrando ruinas" canta ahora Paco para acompañarme y yo también me destierro de lo que sostuvo tu ausencia en las llagas de mi cuerpo, ¡que poco sabía yo de las flores! ¡qué poco del amor! si sólo los vagabundos tuvieron mendrugos que acogieron mis cunetas
aquí estoy inquieta porque estoy lejos de él, aunque aqui me conecto con la poesía, me da miedo la conexión que tengo con la poesía y la que tengo con el infinito de él, y a la vez, brindo, acá, los vasos y las piedras y las lunas por ello
cuando estoy un poco ebria, nunca reflexiono, no uso la forma común de levantar un enunciado, voy vomitando, voy perdiendo, voy sangrando, y seguramente a veces lo manche todo, sin querer, con la decadencia ¿y cómo voy a guardarla? si ella me ama, si ella me dio una silla cuando nadie me la daba y se juntó a mí, sin pesar, sin resguardo...
Me censuro. No quiero escribir ciertas cosas. Temo darle palabras a algunas onomatopeyas. Cuando acabe ésta cerveza me iré a dormir. Necesito anestesiarme un poco antes de la máquina de escribir agujeros. Y no conozco ninguna otra manera.  Sé que hay una metáfora. Sé que siempre estamos solos para descubrir las bragas de la noche. Nada se llegará hasta allí. Yo tengo un tren en llamas que cruza mis suburbios. Y un lirio inmortal que clavaré con todos los mundos por ese canto. Con hachas, con sangre, con las montañas en sus pupilas. Por otro lado, soy jodidamente pobre. Y estoy sometida a la deriva. Por otro lado, mi poesía nunca tuvo ni puta idea. Sujeto el trago, con esos huesos incendiados. Sujeto mi insomnio con sus lágrimas de madre. Tengo un socavón en mi vientre. Y es lo único que tengo para conocer las palabras. Soy vértigo. Soy petricor.  Nadie me ayudará a dormir. Nunca hay nadie. Lo único que hay son intentos de hacer música.
Cuando estaba allí, crucé por la esquina en la que fumé un cigarrillo, unos minutos después de que la abuela se muriera y vi al abuelo a mi lado, pasando tanto frío a mi lado. Pero supe que todo era distinto. Allí yo era un espantapájaros de poemas y sangre, era una excusa, un fervor de teatro y agujero, de corazón abierto al humus y a la venas. Pero mi padre, es parte de mi esqueleto y del incendio del cielo, no es una metáfora. Yo acudo pobre y abierta de costilla a costilla, ensangrentada. No me ayuda el hachís ni su humor negro. No soy una cínica rara y oblicua. Soy la enervante pobreza, la tundra, mi tripa borboteada y nombrando la mar y el todo. Soy el cuchillo. Soy la vergüenza de dios y su culpa.
Mañana pondré el despertador, escribiré un rato e iré allí. En ningún otro sitio sabría estar. En ningún otro comprendería la mar y mis venas y su hollín y su lava.  Ahora se acumulan sobre mis labios, esqueletos de colibri y escaleras de barro y elefante. Yo sólo soy fotosíntesis. Sólo tengo al viento. Está mal del corazón, le dije "eso te pasa por haber amado y vivido tan intensamente, yo cuando muera, también moriré por haber amado" Y se rió. Y en su risa volé. 
Tengo tanta sed ahora. Y es tan pequeña y tan putamente grande mi habitación. Y aquella ola no mandó marihuana. Todos tenemos mucha prisa. Todos tenemos que matar demonios y casi no hay tiempo para más. Si acaso, hacer una canción, perder unas monedas, ganar un sol de dinamita y fastidiar el hígado y a los vecinos. Y estar con el amor.
No sé dónde meterme ahora. Mi escritura no me acoge demasiado. Tengo un boquete en la tripa. El río sólo habla de ti. Tengo ganas de dormir.... como si la mar estuviera al cerrar los párpados. Pero algo me mantiene jodidamente despierta. Mañana tengo que escribir mucho más, para hallar el tránsito a estos incendios. Ahora no puedo temblar, no puedo cansarme, no puedo soltar el sueño que arde ni la vida. Tengo que ser cada pájaro. Cada caricia de lluvia. Tengo que ser yo la fortaleza, yo velar por su isla, con mis huesos y con la voz. Con lo que no tengo. Con lo que nunca tendré. Tengo que ser el faro, con el vino cantándote su morada infinita, y el oleaje y la estrella negra y la otra.  No puedo mostrar el desequilibrio aunque no tenga suelo. Nunca llorar. Nunca decirle una puta mierda a la ausencia ni al réquiem. Todo a la vida. Todo al fuego. Todo a la música.
Al volver, paré en el carrefour, le compré unas zapatillas y ropa, me compré una caja de cervezas.Tuve tantos recuerdos de beleño, abriéndome balcones de mares imposibles. Ahora todo es raro. El pólen centellea tiza y hollín. Mi corazón es nitroglicerina, el vacío de mis manos podría dar cien vueltas al sol y no haber soltado ese lirio.
Allí bajé varias veces al bar. Era un instante de la conexión con el éter. Con la soledad del cosmos. Un reencuentro de metáforas. La cerveza, el cigarrillo, en esa terraza. Y sentir tan penetrante el cielo y las palabras. Y mirar tan punzadamente los ojos de los desconocidos. Y sentirnos a todos en una barca que arde. Todos los que están en el hospital, están sobre algún tipo de abismo, aunque a veces se muestre callado, se siente, como mandrágora. Sobretodo en aquellos que fuman apresuradamente el cigarro al lado de la puerta y miran todos los rostros y no ven ninguno.  También lo noté en una mujer que tomaba un café en la mesa de al lado, y en su mirada, vi mi mirada. Y en su temblor de piernas escuche la deriva aullando.
Llego ahora a casa. Ha sido un día muy extraño. He sentido abismos mordisqueados de luna. Y una rara mística rodeándome. Yo quería quedarme allí, pero él no me dejó. Estoy preocupada. Escribí algo de poesía en un cuaderno pero todo era exaltante. A ratos salí al bar que hay fuera del hospital y bebí cerveza y traté de conectar con la mar. En algún momento busqué en la agenda del teléfono alguien a quién llamar, y me di cuenta que no tengo ese número que no sé dónde coño puede estar pero que nunca ha sido mío. Y una no puede mostrar nunca la tristeza o nerviosismo cuando se toman unas manos que tiemblan. Hay que ser un carro de combate de alegría. A ratos nos carcajeamos juntos y eso fue lo más bello de todo. Cuando lo veo reír, no tengo miedo a nada. Creo que tiene algo grave, pero no quiero evocar nada de eso. Quiero que sean los cangrejos, la sal, el vino que cantaron los puertos. Siento un agujero por estar lejos de él, él me dijo "aquí no haces nada, allí escribirás" Insistió con violencia en que me fuera. Él es de los que lloran hacia dentro. Nunca he oido que se quejara de nada. Ayer fue él sólo caminando al centro médico sin poder respirar. No quiso despertar a nadie.  Le dije "yo no quiero estar en ningún otro sitio, contigo aunque estuviéramos en un campo de esterminio, estaría la mar si tú estás". Mañana no le haré caso, me quedaré allí. Él dijo "será lo que tenga que ser". Y su mirada se tornó agua y algas. Y en su mueca una sonrisa de manantial. 
Estoy escuchando a Paco Ibañez y me hace llorar. Hoy es luna llena. No hay dónde esconderse de nada, todo se abre con cañones entre mi pecho y la noche. No hay ni un sólo techo. Al entrar a casa di de comer al gato. Y sentí tan honda su ausencia. Pero no es momento de custodiar lágrimas sino echar alambique de astro y ganas. 
Me dieron ganas de ir a buscar al médico que lo atendió el otro día y quemarle su casa, despellejar todas sus pertenencias y hacérselas tragar. ¿por qué habría de quedarse en silencio en su casa lo que en mi casa desangra hogueras?
Ahora no tengo tiempo a escribir, tengo que ir al hospital. Yo no me enteré de nada, estaba dormida, y él no quiso avisarme.  Él tiene esa ferocidad épica de los que andan solos. Ahora ya me voy a verle. Como se va al ocaso y al mar. Como se va de puntillas de pájaro y de vino. Con brazos de viento y ojos de salitre.
me dice ella"¿qué te pasa? te encuentro rara ¿cuándo vas a dejar las cerveza?" y le digo "nunca" y sí que me pasa algo raro, y es él, y la luna que vi allí, y la calle que se abría y ya no tenía esquina para doblarla ni pecho contra el que callar sus heridas.. o otra cosa, una intuición lejana y oblicua, un desgarro, una pasión que no te esperó en el cuarto de baño y me invadió en el vino un espía, una visceralidad que borraba una a una las palabras que yo escribí y las taladraba con árboles y alcohol en mi mueca de he llegado tarde y ya no encontré ni la puerta..  y algo me inhala y tira, un verso, un camino... yo tiemblo glaciares y tomillo y anís... desencuentro y me caigo, enamorada.. tal vez hay que sentir primero el dolor, para poder tener la voz y el fervor del camino, primero viene la herida y luego el canto... y tal vez por eso él entró así acá
me siento flotar, de humus de valle, vértebra de vino, ausencia repartida y ecuánime.. bebo despacio la última cerveza, mañana no iremos muy lejos, pero nos iremos como si fuera a Marte.. me pasa algo distinto, ese hombre enloquece lo que sabía del hambre, lo que yo le daba al viento.. me clava algo extraño en el corazón, algo que me escarba con palas y lirio, con peces y palas, la indiscrección de la sangre y del portazo y la estrella, la voz de la continuidad y lo que no esperará a que estemos allí.. yo me someto a su voz y algo me punza desde allí, como un volcán del que no controlo el cauce ni la palabra.. miro ahora distinto los escombros de la mesa, como si ya nunca pudieran volver a ser los mismos, porque él hubiera hecho algo con mis ojos y con mi vacío, éstas paredes que me rodean alguna vez pusieron nombre a pájaros.. luego los devoraron, los hicieron fetiches de ultratumba, tormento de que sean las menos cuarto de algún mayo y la memoria no pueda digerir... y no sé qué hizo él que ahora también tiene qué ver con esto, con el frío con el que me cubro en mis sábanas y ese cubista cuchillo que las raja en nombre de la luna...
¿una se acostumbra a la decadencia? no sé en medida de qué cielo o de qué vaso, o tu sed repartida o mi flor muerta...  todavía el gato me lame la nariz y sueño vivir encima de un mástil... morir de placer sobre la mesa de un bar con un licor que no pueda agotar mi cuerpo, que no pueda vomitar mi vagina ni recoger tu cielo ni tu imperturbable hacha sin pulverizar lo que esperan las palabras para luego
tatué sobre un papel un cuchillo y una escalera cosida a balazos sobre tu alma, y me condené allí, enloquecida, creyendo que era la única salida, la última bala para defender el amor
y nos comieron las brechas, lo que quedaba de hueso para rayar mares y leones en el techo

hoy ya no tengo nada de la que fui
esa canción, el trigo de sangre, las gotas de alcohol,  todo lo que hoy no haré, si cae la noche y te rompe de acá y vuelvo a oir, esa cuchilla temblando en el cajón... pareciéndose otra vez a ti y a la muerte.. 
a veces levanto una cárcel y la habito junto a ti, descompuestamente de un paisaje ardido, y fado la belleza crucificada sobre lo que no tengo en el futuro... yo quiero irme de aquí, hacer sólo cosas de grillo y caravana, de mar y de vino, de amor sin justificar ni cuchillo ni olvido, ni retar ausencia a la retama de ese hachís que colgó contra tus recuerdos cachos de mi vida...
ya estuve mucho tiempo triste... ya no quedan palabras para más óxido, si todo es sepelio, seré traidora y culpable de lo que abandona... me iré... al ocaso que te empañe de selva y me lleve, aunque sea arrastras, aunque sea con agujeros...
escribir es muerte y no sé qué firmé yo con ella, hoy me veo tapiada por montañas y desguaces de tinta, escribiendo un sol de papel de plata y benceno, a mi exilio y al hacha que lo acabe... no hay amor aquí
mañana tal vez... con el vino, en la intemperie, con una risa que asir, que cavar en el hueso, que explotar en la luna, con gente que querer, que tocar, que aviantar de blues... he escrito tanto rasguños que yo misma dejé desaparecer en el extremo de sus metáforas, y durante mucho tiempo quise que fuera así, que nada me tocara, que nada rompiera mi pared, que no oyera mi nombre en una borracha voz que flota y rompe tundra en mi piel.... quería que fuera todo Imposible y que mis espantapájaros lo supieran antes que yo, y me amotiné en la lágrima del marinero suicida, que se iba a la mar y no volvería y la mar se hacía púrpura y gritaba absenta y diez lunas.. y yo no pasaba nunca por la m30 para llegar a ti, ni para irme de ti
pero hoy tengo frío de mí misma, de mis poemas, del cielo que hay encima de mí y los litros de fango, cortando crisantemos sobre lo que no existe... todavía no sé si sabré salir
tengo ganas de intemperie... que mañana la fotosíntesis me devore la semántica y el futuro, y bailar enloquecida el vino que derramamos sobre la luna y la bala.. y que todo lo inútil abra en canal sus tripas sobre nuestro vals y nos carcajeé cielos que se matan... mientras mancho papeles... trato de separar las paredes de mi piel y de mi grito, de engañar al olvido y a la ausencia...  hemos evolucionado al escéptico hedonismo de los parias, hemos crecido hacia el hartazgo de la dinamita, dejamos atrás con escupitajos la escuela, el oficio y el futuro... y nos posicionamos encima de la osa mayor y debajo del infierno... con una guitarra torcida, con un papel firmado que no entendíamos, con el quizás del LSD y nada de las salidas.... la desesperanza maduró con una botella de vino en un parque, con un amor de 45 minutos y no supimos ni el nombre....
mañana tengo una especie de fiesta en un pueblo...  luego iré a comprar vino, aunque lo que tenemos es hambre de estrella y qué díficil es saciarla, que pequeña y qué redonda es la tierra, qué de inútiles montañas de basura que nace la urbe y no acaban de destruir a la urbe... y andamos con desnutrición de urracas amotinando una esdrújula rebeldía que nos hace protozoos y aire, parias y mundanos, caidos y evaporados sinestésicos, y no nos levanta carro de combate, sino ensangrentado verso, y así no se matan países, así no se tiran gobiernos, no se hace escuela... así nos hacemos vino peleón a deshora, en la tierra equivocada, con una abrupta guitarra y brecha.
a veces masticar hasta atragantarse, algo que se fue ayer cuando rondabas tragos y tumbas y no tenías acá, ni cuchillo ni mies y yo no sabía, porque había llovido tundra en mi ausencia... y las palabras no juntaban los agujeros, llorábamos por vicio de ser peces y no serlo, nunca supe quitarme esa pena... y a veces voy como la putrefacción con lo poco que tengo en el bolsillo comprando canciones al mundo que aún no ha llegado... si pudiera estar amándole todo el rato y ya no dedicarme a nada más... y ya nunca más escuchar a mis paredes contarme esos enfermos cuentos de la cucaracha coleccionista de mi vida... si sólo echarme a su mar y comer y beber y respirar, de su canto, y sufrir y gritar y extasiar, sólo su fuego... y que me coman las termitas, los otros quizás, las otras espadas y sus moratorias.....

algo le pasó a abril... y ahora andamos siempre tomando cerveza para que no sufra y la vida pasa como el filo de una hoja de afeitar y sentimos hogueras y ruinas, como si sólo hubiéramos sido ellas, y hay tantas acá dentro clandestinas y pobres, buscando una casa que nunca existió...  y la sed existencialista nunca se sacia... se hace algo inevitable.. nunca me calmó una verdad, no me acogió una tierra...  y vamos siempre encima del síndrome y del hacha... robándole algo a las estrellas para no morir... no sé cuánto tiempo nos dejarán todavía ellas.
no hay dónde ir, sólo ir
los ventarrones no conservan las líneas de tu mano ni el puño del vino que aquella noche arañó las calles como velorios al pestañear de tu tormenta en mi herida.. he escrito demasiado a los muertos, pasiones clandestinas, cada vez más encerradas.. cada vez más farsantes.. y hoy la lluvia está desnuda, no pregunta cuántos estamos dentro, te abre la tráquea y grita el fondo de mi vaso... no vendrán los ángeles, vendrá sólo el fuego.. si te seguiré todavía... si lloraré pozos a lo que me roban los bares, si otra vez porquiosera alzaré un esperpento borracho y sólo comprenderán los locos, y caeré, como sueño de niña, al barro de tu bañera, aviantaré en tus labios, cuerpos de cordero, y hambrienta te pediré algo que no podrías darme
Me ensangrenta esa metáfora, mapas quemados que recojo, para echar mi paso al mar, para sacar de ahí abajo el vino, subirlo por tu piel, abandonarlo al pájaro y a mi enervante olvido. Y amo. Y no entiendo. Se ama en mí con éste trago, con la música del callejón, de esos juncos ensangrentados en tu bañera y mi nombre tan roto en tu luna. No lo he elegido. Me lo impuso el fulgor. Escondo mis párrafos en la calle que te acoge, cuando te vas, solo con tu guerra y con tus bestias, al arrugar de la ciudad abisal que atormenta lirios que tú sacas del fango con zarpas. 
Tan abajo estaba. Y los carámbanos eran el reloj de mi corazón. No sabía yo nada del llegar. ¿y qué?. Hoy esa enloquecida canción, aunque nunca sea mía. Abre paredes. Avianta rajas a la noche. Me mete un gato por el sepulto y me habla de un lugar lejano y hermoso, donde los bares todavía escupen amor.
para esto no hay qué pedir permiso
no hay que esperar al notario ni para tirarle piedras
no tiene por qué llegar un sentido ni destino
no tiene por qué traer esperanza ni ser sólo suicida
no hace falta que sirva a las pinturas ni a los fantasmas
y no le pregunto nada al agujero por si se me hace matarratas o me crece hasta Marte
ni si me va a doler
o voy a llorar guadañas sobre la flor que se olvidó de vivir

si tal vez me convierta en un paramecio o en una botella de vino peleón naciendo aspas de molino
y haciéndome más paria y maldita

todo puede ser... porque es a carne viva y desde el surrealismo que tiró paredes, violó poemas, se ensañó con los finales y con los principios, vino etílico, soplando tejados y naciendo setas alucinógenas, guitarras locas y escacharrados cielos que relinchó estampidas salvajes avanzando tundra y hoguera

y en tus ojos, vi la muerte, y ya no pude dejar de buscarte

para esto no hay que esperar que algo venga de vuelta.... ni esquela, ni Isla... ni si se irá, volando, callejón, despedida hoguera de san juan, migas de ganster, prisa de migrante, de oblicua barca, extranjero de miles de estrellas, vampiro del mundo que aún no ha llegado, si se aleja nitroglicerina, o hacha, si rosa en la pólvora, si cicatriz de niño al alzar de los elefantes, si mi más seria pena, si mi tormento enamorado, si otro nunca jamás, si de caer, coser el órden de la luna y el yin y yan, en la periferia del opio, levantando ladrones, soliviantando allanamiento y atraco, si violín de humo, cavándome lágrima de lago y dejándome morir..... acá no hay seguro, no hay pronóstico, no hay pecho a salvo, ni deriva que se calme, ni flor que haga casa, o cielo que cubra los desordenes del alcohol, acá, terremoto, sentir y arder, y al fuego nada se le pregunta.

no importa que nada vuelva de ahí
casi nada volvió de ningún sitio
y eso no quitó que nos tiraramos de cabeza
con el paracaidas bañado con ácido
y tu mamá esperándonos en el hospital con un proyecto de rehabilitación que no nos incluiría ni en el espanto ni en el amor
nada habría qué hacer
ninguna palabra sabría
y la tristeza de todas formas, con su carne fresca, dentro de los pájaros, dando de comer al hacha del cielo, vendría a profanar lo que salvaríamos del incendio y del clavo y la soga, al hash 
y sólo su poema quedaría
y yo nunca tendría manos ni historia
y no sería mujer

pero eso no evita
que el fuego queme mis labios
que el polvo dé patadas en su nombre hacia la mar y la muerte, y pliegue el bosque, mi vaso, mi vals

él es tan alto que no hay pozo que lo sujete, porque es todos los pozos
y sin embargo yo que nací sima no tendría ninguna canción

pero eso no quita que no me muera de su música
hoy ando aquí, perdida y convexa, qué raro es el mundo sin ti a todas horas, sin ti a la ginebra, al fuego y a la tumba, sin ti, muerte y vino, tic tac y el principio y el fin de la palabra, el túnel que juraron llevaría al mar o la hoguera, la tasca, la cisterna y la rosa, mi porqué, mi no tengo ni idea, me quiero morir para ser pájaro y ser pájaro para no morir....

podría cortarte cachos de hoja amarillenta
y escribirte una luna que te devuelva un puerto para salvar peces o matar ciudades

a qué pocas cosas me dedico, cuando no estás
atreverse a arder
a perderlo otra vez todo
a que nos hiera la luna, de hueso a hueso, estertor del cosmos, el primer pájaro, su muerte escabrosa e incendiaria, su voz de ejército y puñal, su poema de multitud crucificando en el mar a todos los hombres
atreverse otra vez, a naufragar
atravesando todos los mares
y viéndolos ahorcarse en el puño que cierra el nombre del cielo
otra vez a piel intacta, hundirse de todas las cuchillas
sin temer que vuelva la tundra a llorar
atreverse a amar, aunque sea otra vez morir

y que no digan nada los espantapájaros de ayer
y que la vagina, como un corazón acuchillado, vuelva a buscar el humus, de lo que nadie nunca tocó, de lo que todavía no supo del réquiem ni de la eternidad

otra vez, como huevas de rana
como hachís en el bolsillo del muchacho de 15 años de abismo, sin escuela y sin mamá, al rock, al fuego del tejado, al proletario cuchillo de los que nunca envejecerán

atreverse a apostar otra vez la vida del mar, la muerte de la tierra
y acudir, como disparo y amapola

y que no diga nada ninguna palabra, ninguna carretera

porque volver a amar es también un suicidio
y hay que hacerlo como la nitroglicerina
del vals de las musarañas
tu carta de sordo derretida en mis pechos
naufragándome aspas de molino
metiéndome anémonas y sal
donde mi tinta ya ha olvidado

creo que me enamoraría de él hasta el apocalipsis
me comerían los peces desde su  boca todo lo que supe, lo que vi, lo que quise conseguir
y dejaría de ser mujer
para ser el eco cortante de la mar
y ser la muerte... y hundirme en su brecha
y ya no salir nunca más
Fracasaron cristalina y cortantemente, todas tus rosas. Y sin embargo la canción siguió cantándolas y mi amor amándolas sobre ese lugar en el que nunca estuvimos ni sobreviviríamos. Yo casi ya no existo, lo que escribo me des-existe, me borra al lápiz que empieza en la mar y en el olvido. Me arranca de mis brazos esos brazos y me da niebla que bracea en el lago la neurosis de la luna al alzar de la espada. 
Hoy buscamos el expresionismo que multiplique el vino en tu sepultura y nos aviante la humedad con barcos y desvelo que no te suba la mangas otra vez en el infierno y nos anegue melancolía y madeja de ruina.
Hoy vamos como orugas y vaho. Como lo que se borró en tu escritorio y lo que fue a crecer y amotinarse en el sucio bar que nos habló del amor y fue lo único que quedaba para cicatrizar piedras.
pienso mucho en la abuela y nuestra patria de ardillas y agujeros, nuestros disfraces de luto de perros, de breva y de discurso de sidra, nuestros corderos desangrados en el nacimiento de los lirios, y me parece todo una fantasía que persiste y sigue escarbando su carne y su pasión, ¿por qué habría de ser verdad alguna despedida si nunca fue verdad ninguna estancia y nunca fuimos transitables ni pudimos salvar una casa, ¿por qué coño habría de ser un final y una ausencia? ¿por qué K. iba a acabarse, si  nunca detuvo la muerte?
por qué si sumamos los agujeros y nos salió vino
¿iba a vaciarnos algo?
¿qué coño nos va a vaciar si nacimos vacío?
¿qué nos habría de doler si fuimos helio y teatro?
¿qué hachazo terminaría una palabra? si todas las palabras fueron la ausencia de otras palabras
Tenía pavor a ser feliz. Por eso te di alambique de fango. Polilla acuchillada con un alfiler sobre tus labios. Porque te amaba demasiado, sólo pude enardecidamente perderte y convertirte en el aullido de la luna, en mi sangre y en mis huesos roidos al piano y al final.  Porque tú eras mi utopía, tuve que darte cadáveres de ñú y llorarte guitarra torcida y anegada de sangre de mar y putrefacción. 
Porque había vivido tantos años en un sótano al lado de locos espantapájaros y amigas-hachas, ruinas y fracaso. Que no sabía yo, sujetar una rosa sin pulverizarme. Y no sabía cantar sin perder costillas y sin que ardieran los barcos. Porque tenía pánico al amor y lo soñaba con todos mis mundos. No sabía yo nombrarlo, sin echar paladas de tierra y arpones de ciprés. Porque había aceptado que lo bueno no sería para mí, que no me sujetaría el corazón ajeno, que no sabría quedarme en una vida, ni salvarme, ni salir volando, aunque el vuelo fue lo único que busqué.
Me daba vértigo llegar a lo soñado y perderlo. Lo soñado cuando vivía en la soledad de mi luna y mis escombros, me era mandrágora. Pero cuando yo tendría que serlo, me volvía la antagonia y la penumbra me vestía. No me dejaba el éter. No me dejaba mi muñeca de trapo ensangrentada. 
Estudiaré el carnet de conducir, cuando esté en el camping. Me haré con una furgoneta, viviré de la venta ambulante. Dormiré al lado de los acantilados, apisonando cementerios con las luces del hachís y de los olvidados. No quiero quedarme. No quiero pararme. No quiero tener buzón, ni dirección y toda la muerte que nace de lo que tiene puerta y nombre. Ya no me alcanza ni el pensamiento ni lo que sé, para dar ni agua a la azalea ni para abrazar a los abedules. Si tú supieras viejo lo que está creciendo de nuestro rosal, te morirías otra vez. Ya sólo me alcanza la esperanza a pegarme a un asteroide y que me destruya todo lo que sé y me tire evanescencia a la duda y a la deriva. Soñar amores de verano bisiesto dando vueltas de tequila a una hoguera... soñar que algo todavía nos pulverizará de felicidad y de alas. Y ya no recoger cachos de papel arrugados que encuentro en las cunetas para darle de comer a tu mortuoria ausencia y amor de momias y agujeros en el cielo. 
Sólo me queda tirarme a la vida, suicida y enamorada.. y que ella se lo lleve todo.
empezar desde el 0 con su boca pegada al suelo que acunó el hachís
y con cinturas de fuego boqueó el twist y nos solapó luna y muerte, para decir adiós, para un día volver
ya no me sirven las medidas de tus sarcófagos finiquitando las historias
y aunque ganó el vino y perdimos todos los demás
no se sació el boquete
no se hundió la palabra
no dejó de herir la destrucción del equilibrio

y a zarpas de mariposa
tu silencio preñó el tren que se iba sin nosotros
y en su camino dejé mi diario y mis cajas de cartón

hoy somos unos miserables enamorados de las estrellas

sólo perseguí el amor
sólo lo sufrí a él cuando se hacía mil cachos, en el 36, en el grito del suicida del quinto, del hambriento de la otra calle, de ésta calle rota en mis brazos, de tu lágrima desahuciada de mis ojos, de tu soledad tan sola de la mía... y de amarte y no tener de ti nada más que la ausencia, y no haber olvidado, y esos autobuses que se llevaban a los borrachos al atardecer y de corazón sólo teníamos su corazón enloquecido, y de futuro, su vómito y su sudor, haciendo hogueras en el valle, ahorcando ciudades y amontonándonos, a los malditos y parias, al arcoiris que no trajo una salvación ni para el poema ni para el pueblo
Salí a comprar pan. Y olía tan rico el sol, ese viento que a veces traen las garzas y no se contamina del todo por la urbe. Y me doy cuenta que quiero estar en la intemperie. He pasado demasiadas horas sobre un escritorio escribiendo sed. Tengo que hacer como las hierbas y los lagartos. Tengo que largarme de aquí. Acá se me enferma la vida, en el confinamiento, en ese olvido dictatorial que bebe de mis ojos y succiona mi alma. 
Fue muy largo el invierno, me invernalicé desquiciadamente. Cuando tenga un poco de dinero, tal vez en 15 días, compraré la tienda de campaña. Y me iré.  Allí viviré desapegadamente. Necesito dormir al raso, amanecer al raso y la clorofila, bailar, amar, matar mis poemas también. Destruir también lo que me dio cobijo en ese subsuelo. Reconciliarme con la vida. Radicalizar la mar contra mis certezas. Y sé que también necesitaré escribir, pero quiero hacerlo desde el interior de otro agujero. Desde la fractura de un olvido que no tenga nada qué ver con esa melancolía harapienta que tantas veces inútilmente descorrió los mismos escenarios que acabaron con un vómito en un callejón y un suelo sujetando una borrachera que nada recordaba de las canciones de amor.
Mi vida es una farsa. La literatura ha extremizado el Teatro, el teatro ha comido parte de mi historia y la ha convertido en cebo de sardinas. Mi mamá siempre me decía "tienes que quererte a ti misma". Y tal vez nunca lo hice. Por eso escribí ansiosamente contra lo que decía el pensamiento y la realidad. Contra lo que el espanto amamantaba en la escarcha de mi piel. 
Ahora ya es demasiado tarde. Todo lo que me es, me conmueve y a lo que voy, es una farsa, de la apología de la verdad de los paramecios.
Porque elegí escribir y destruir mi rostro. Porque no soportaba el mundo. Y también fui suicida a los 20.  Desarrollé la escritura y me olvidé de mi yo-social. Y ahora él, irracional, promiscuo e infiel, es, desde los espectros de la escritura y un Sueño, y no desde ningún otro sitio. 
No sé si la soledad es un destino. No puedo escapar del cubismo y de la desnutrición que a veces perpetra contra lo tangible. 
Mi yo humano, es el de una niña de 5años cantándole nanas a los cocodrilos y tocando un tambor con rajas del cielo y un mal viaje de maría.
Yo nunca la ayudé a crecer. Nunca la hice madurar ni del fracaso ni de la ruina. La dejé allí, balanceándose, gritando serruchos y golondrinas, llorando salmuera y ranas, riendo perros. 
Yo sólo desarrollé la escritura. A lo otro fui, herida y nacida, de un teatro, a veces decadente, roto, esperpentoso del aullido de la tierra con tus huellas dactilares en mi ventana suicida.
Hay una brecha entre mi vida y los verbos que ya no es reparable, porque me impone el cubismo. Una oligarquía de humo separa en el horizonte el hueso y la carne de los pronombres y entrega a la deriva, mi amor y mi sed. Yo vivo como las arañas y como esa epístola en tu cajón de polvo y recuerdos que nunca debíamos haber tenido. Por alguna razón, cada cierto tiempo, huyo neuróticamente hacia la destrucción de la realidad. Y me embosco en el cerebro de un espantapájaros. Hay varios yoes en la voz y en la ausencia. No se juntan demasiado cuando el Sena escupe tus muertos.  Y yo voy mordida de esas promiscuas polaridades sobre la cresta de la irresponsabilidad. A veces soy sórdidamente tímida y huidiza, del porqué, de la mano en la mano, del batiscafo de la ginebra. Y entonces me atormento en la tundra y allí me regocijo y me regreso. Siempre debo un álbum de cromos a la fecha que pagó el vino. Y le doy de comer tus tangos y tus agujeros. Escribo  desde mi puto soliloquio, y en el fondo estoy cansada de mí misma. Yo quiero ser mar. Que la mar devore la historia, mi noción humana y espacial y temporal. Pero como no lo consigo radicalizo mi pobreza.
Hoy soñaba algo luminoso. Yo flotaba y había conceptos que se conectaban y ocurrían como una liberación. No los recuerdo todos, una era expresionismo, otro era poesía.
Ahora empieza el día, todavía algo absurdo. Hoy volveré al pueblo. Necesito la montaña, ese éxodo con abrasiva intemperie recorriendo recuerdos que fueron amor e infinito. Huir sobre los vocablos que el viento perpetró donde tu distancia ya no era un inconveniente. Porque crecimos separándonos. Alejando el verbo y el destino. 
Hoy masticamos también el absurdo. Los cestos de mimbre ensangrentados por manzanas de coñac. Y ese aviantar de brazos que someten tu ternura al desequilibrio. El sabor de la hierba doblándose como pértigas en el incendio de tu olvido. Tantas veces fuiste negado bajo el licor de mi noche que tu rostro es también el agujerear de la carcoma en la angustia del piano. Y tu patria, es una herida que sangran las urracas que se acercan en busca de la destrucción de la casa.
La primavera ya abre sus vinos. Saco los vestidos del armario. Escondo allí tus huesos. Vuelvo a creer que todo puede empezar de nuevo y perder para siempre la semántica y los nexos de mi historia. Todo está rodeado de caos. De almanaques incendiados sobre la pólvora de un beso que desahució nuestros nombres. Dentro de un mes, estaré viviendo en un camping.  Luego chi lo sá, no tengo ni idea del porqué del camino y de la raja del cielo aseverada en mis ojos. He perdido la lógica del amanecer y los patios. Incluso la de mi escritura. Soy escéptica a mi escritura. Antes no lo era. Antes ella me incendiaba un sentido radical. Ahora ella es también vagabunda. Vamos picoteando cachos del viento, del regurgitar de la tierra. De la reciprocridad del olvido en lo que cubre nuestras noches.

estoy hasta las tetas

le digo "yo quiero dejar de escribir como Rimbaud y dedicarme a la merca ambulante" y me dijo "pues empieza a vender esos collares qué haces y ya verás cómo viene el hambre y vuelves pronto a escribir" pero escribir es el hambre
estoy cansada de las palabras que conozco y de que el sol caiga por el oeste, de que tú siempre vayas a pudrirte sobre el mismo pescado y de que el amor sólo me dure tres minutos, estoy harta de tener nombre y una suposición en la esperanza de vida, de que no ardan las plazas ni rueden las cabezas de la policía, de que la página en blanco me contenga y me busque, estoy harta de la redondez de la tierra y de que la mar no me dé branquias o barcos con cañones y dinamita, de que sirvan para algo los códigos de barras, de que quieran comprar o vender siempre algo, de que haya oficios y fábricas y de esas naranjas a las que le pegan una pegatina, me joden los escaparates, el champú para cabellos rizados, que haya cremas contra las arrugas y no contra la derecha y su patólogica vejez virulenta, me aburre mirar edificios apilados, con antenas encima, con puertas con putas llaves, me envenenan las llaves, ¿quién necesita cerrar algo? ¿qué enfermedad en el mundo nos hizo levantar paredes? 
estoy aburrida  del deja a remojo los garbanzos, del quita las telarañas, del déjame una señal, del deberías ir al médico, del espera a que te llamemos, del contén tu escupitajo y tu navaja, de que no roben los bancos, de que esté vivo el alcalde, el papa, el presidente, de que suban el IVA y no haya anarquismo y de los poemas que se quedan en un papel, en un callejón, en los labios del muerto
estoy hasta las tetas de estar viva y no tener un volcán de LSD con el que quemar el mundo y revivir a los mamut.
no olvidamos una mierda, ni una sola página pasamos, todo lo hicimos hueso, epílogo y desguace, todo lo tragamos con la desnutrición del sol y los trapos sucios del viento que nos encontró durmiendo borrachos en el parque con un aurora ahorcada en una canción de amor que se perdió a la medianoche y se hizo carne de paloma... y hoy aquí, al borde del naufragio, amamantamos marea y expresionismo.. otros vendrán y tomarán las ruinas, otros amarán lo que no supimos... yo tengo frío, yo quiero irme donde nunca más lleguen las palabras

contra yo

los desgraciadxs

pandemia

para mí no

ya no tengo mucha esperanza en la tierra, pero todavía me queda algo en el proceso de descomposición de las uvas y en el vudú de tu tango alcohólico y harapiento.... un día vivir como postes de la luz fosilificados en la pasión de la carcoma, un día ser enervante grieta dejándote en mal lugar y salvando el sueño de los esquizofrénicos, vivir como un tejado que se parte en cien cachos y alimenta a la lluvia, como la merca ambulante en busca de mamá, como el chicle pegado a la bala y al suicidio de tu nombre... me he dado cuenta que yo no me puedo adaptar nunca a la vejez ni al mundo de los cuerdos y que tendré que morir cuando vaya a acercarse el cansancio, porque sino me convertiré en la traición... me he dado cuenta que da igual dónde lleguen los mensajes, lo único que importa es la música que atraviesa mientras los perdemos de la boca al mar y al bar del puerto.... ya soy muy vieja para ser productiva y para tener futuro...  aunque todavía creo en un amor neurótico y despojado, en un amor que triture todas las palabras y destinos y me sea guerra y extremo y apocalipsis, todavía creo en hallar a ese héroe pirómano y vagabundo que me destruya para siempre en pensamiento y el corazón y me convierta en mar y dinamita... todavía sueño ese exorcismo último contra mi yo humano
Ya no tengo tanto miedo a la muerte. La veo ahí revolcando cajones, echándole vino al alcohólico, cajas de cartón y liebres, al obsesivo compulsivo, tu amor a mi culebra, tu culebra a mi futuro, el tic tac al desorden de la entidad múltiple del disparo y suicidio de la gravedad. Y tú que quieres dejar los ansiolíticos, te bombardea la ciudad, con montañas de basura televisadas, echándole gusano a tu fe, y facturas a tus bolsillos. No sé quién se salvará. Nunca fueron conmigo las historias que acababan bien.Cuando supe donde fue el 36 me hice vanidosa apología al fracaso. Todo lo bueno, todos los héroes, perdieron ensangrentadamente, perdieron como volcanes y perros. Todo lo bonito quedó en una cuneta, cantando un incendiado olvido que sólo entendieron los lobos.
No sé para quién coño es la resolución, lo que sale bien, lo que se queda en el cielo, lo que te ama y te protege. Pero no es para mí.
de ésta perdición no nos saca el pensamiento, ni el axioma, ni la decencia
ninguna promesa de esas blancas inocentes, que hacíamos de mentira, con los dedos cruzados, al jazz de la niebla, como si buscáramos un amor eterno y nos bastara el engaño para creernos la luz y el bien que no fuimos y nos acogieran las ancianas en sus brazos de hiedra y anís
ahora ya no valen aquellos álbunes de cromos.. ya no cubrimos descosidos con la absolución de la vieja creyente a la que asir sobre sus pechos rosas y credos de caracol
ahora tenemos que remar fango al vino, (se murió la abuela) carrusel al verbo giratorio e insaciable, con las uñas llenas de tierra, con el amor crucificado al humor del hachís
si te duele la duda, multiplícala y échale pólen, si te duele haber perdido el futuro, hazte romero y puercoespín, barco de papel y papelina, yin y yan de la puerta de emergencia entre tu cama y el cabaret, no malgastes neuronas para levantar una casa, nosotros nacimos desahuaciados de esa suerte, no gastes papeles ni la vergüenza ajena en labrarte algo útil para darle al sol, échate a la marea y al coñac, enamorado, nada perderás, tuya la música y la desesperanza, tuya la metralleta y la ausencia... ya estamos muy averiados como para volver a ser de la ciudadanía, de ahí sólo te saldrán castillos de arena meado por los perros, no juntarás ni dos granos de arroz
de ésta deriva sólo nos saca la pasión de los borrachos piratas, de los desgraciados, como tú y como yo
Con los veranos que perdimos, matando neuronas, futuros y amarras. Subiré por tu opio y hundiré raíces con la que despojar mi casa. Echarla a la corriente. Que sumen los disparos y no las frases acabadas y no los almanaques ni puedes quedarte aquí. Un día dejaré agujereadamente de escribir. Y me dedicaré sólo al vino y las cigarras. Tendré que matar a una decena de yoes y echarles otra cosa en su cerveza. Yo no lo sabía antes. Pero escribir es perpetrar fantasmas. La poesía se muere en un papel. El escritorio es un sepelio. La soledad es la puta notaria y la que paga y endeuda el trago. No hay vida dentro. Hay humo y subterráneos de éter y mariposas envenenadas. Y lo peor es que ahora lo sé y me sabe a tormento y tengo qué comprar muchas más cervezas en la sucia tienda que nunca sirvió para la revuelta ni para la solidaridad. Y yo fotomatón y radiografía, de un cuchillo y un conejo. Hasta los piojos de mi pelo están hartos de vivir conmigo tan lejos del mar.
tengo que huir del embosque de mi escritura, de su fiebre y de su tijera, de su círculo vicioso atrancado en la garganta de mi espantapájaros y su ruina amotinada de cadáveres de golondrinas cantándote las nupcias, por no echarte encima paladas de tierra y hueso....
tengo que largarme contra mí, radicalmente, volver a la tierra del vino y las noches de san juan, el hash y el amor libre entre sinestésicos parias con tendencia a júpiter... y aletargarme al opio del rio y la tundra, como culebra en muda, como máquina de escribir el roer de la lluvia, al cieno, al canto

y no tengo ni puta idea de cómo hacerlo

porque para que empiece a ocurrir me busco en la metáfora
y entonces los perros se me acercan, me prestan su paganismo, su vehemencia de monte y asalto, su nihilismo...

si llegara de verdad a mi sueño, nunca más escribiría, no me daría tiempo a detener la voz en una página, ni encerrar el grito en el envés del cristal...

estoy harta del vicio de la sombra, del vino obligado a un soliloquio, de la atmósfera de éter y sus yonkis, del cuántas manos sujetando el filo de la espada y soltando el cielo y el amor, sin territorio, sin porqué, sin moriría por ti y todo fuera mar e infinito

he dedicado la mayor parte de mi vida al mundo que no existía, no alimenté amistades, no nutrí comuna ni mano en mi mano, ni extensión del piano en tu sangre, ni sangre hervida en la soledad que espera....  me obligué al síndrome de la metáfora, a la madriguera del chapistero loco, del enterrador antagónico de las libélulas y de tus tangos... y hoy estoy hasta las tetas del canto de mi desierto, de esa impenetrable soledad que viene como carne en mi carne...  quiero irme, quiero volver a la selva
volver a los 15
restaurar el hedor de los cementerios
con el alambique de la ayahuasca quemándote libros y futuros
y respirar con pulmones de plenilunio la galerna que destazará tus conclusiones y destinos

ya no se me ocurre nada qué hacer con las líneas ni los acabados
ni estatuas, ni letreros, ni nombres, ni era por aquí y tu corazón se parecía a un país
ni puntos suspensivos, ni graparé grietas, ni me dedicaré algo, no espantaré ni a la melancolía ni a la precariedad, no saldrá semilla de mi grito ni surco de la lágrima y tampoco será inútil, ni sólo absurdo, ni sólo tango

será putamente combustible e infiel todo lo que quede
será enamorado, de una promiscua pronunciación del amor y de la muerte
vagabundo y torcido, seguramente sucio y subterráneo, a veces incapaz, del todo antiproductivo, barroco y etílico, andrajo y ansia de puertos en llama

y así, iremos del cansancio al vals del vino
del olvido al doblar de la esquina y tragar coñac y rosa
del humo al ardor del barco, persignada perdición, azote de hoguera y vagabundia.... sin tener ni puta idea, ni certeza que cruce la obra ni salve a sus personajes ni a sus retractores... 

tal vez un día me enamore otra vez, tal vez ya estoy enamorada lo que pasa que soy escéptica del obligatorio helio que también nos separa y ahoga en cubismo y bala... tal vez sólo sea esto, tocar el rock, la pedrada, creer de vez en cuando en Marte y en los esquizos electricistas de tus desarreglos hormonales... tal vez lo esteos haciendo todo bien y lo torcido y arruinado viene de fuera y lo único que quiere es vino y que le eches ganas y prisa
a veces me duele esa humedad de madera cortando en tus brazos, la orilla que se hundió ayer y me cava heridas que exteriorizadas tomaron de tu soliloquio mi exilio... y me mugro del tictac de la luciérnaga, como hachís en tus labios, masticándome el futuro y dándoselo a las reses y a la sed... y siento que vuelvo inacabadamente al mismo poema que nunca escribí...  y me rodean demasiadas paredes sin hacha... tengo que partir hacia la mar... paso demasiado tiempo conmigo y con el vacío de la página...  paso demasiado en esa frontera de dinamita que arranca el horizonte y agita sobre el bucle de una hoguera la soledad ahorcada al canto subterráneo que delinquiste en mis cuencas.... me estoy dando cuenta, espantamente, que es terrible escribir... que nunca debería haberle dado tanto a ese lugar que no existe...
he comido una hamburguesa de espinacas... y ahora suena Paco Ibañez.. yo quiero huir, despertarme junto a las caracolas y los carámbanos de hash y trashumancia, no tener que aviantar rajas al calendario, no sumar agujeros, no engordar la melancolía, no aprender ningún réquiem, no deberle pronombre ni al cielo ni al infierno... he comprado cervezas y fresas, había un hombre en el supermercado dando vueltas por los estantes y al final sólo llevó una barra de pan, yo me sentí culpable y sucia de los estantes llenos, me supieron a veneno las fresas de mi bolsa, el pavor del anonimato, del hambre silenciada, el grito ajeno separado de nuestra palabra, debería haberme acuchillado el pecho, la historia de ese hombre.
voy a ir a comprar cervezas...  tengo tanto pavor a la muerte de él, que sólo se me ocurre anegar las canciones con algo suspicaz a enloquecerse de baile y de vómito, de vehemencia de esdrújulos y pobres y trashumantes, y si es que la vida habrá de matarnos a todos, tratar de emborracharla y someterla  al piano de cráneos y hogueras, apresurarla del candor, agotarla antes a ella por si viene la muerte que nos pille con la tripa y el corazón llenos, que nos pille abiertos de piernas y costillas, al barco roji negro... 
además hoy quiero escribir con la voz algo que se parezca a un poema de amor, algo que se parezca a una lluvia de sapos del revés de la tráquea y la horca del cielo, y le llegue a él, como si fuéramos una multitud de guitarras y hash, vencidas y alzas, a la misma mueca de la incertidumbre, devenir de los poseidos por vete a saber qué axioma que nunca nadie pudo descifrar
acá duermo en un colchón tirado en el suelo... y a veces siento que estoy rodeada por botellas de verdes de vídrio con mucha sangre de tortuga... siento que me tiro a dormir sobre una raja del cielo y me come el centro de la tierra el vuelo de la mosca....  antes yo tenía una cama que por las noches se hacía un batiscafo.. ahora duermo sólo en el punto álgido del naufragio y los escombros.. y vienen los gusanos a mis sueños a destazarme cachos del blues y encharcarme de sangre y de oblicuas guitarras... ya no me abrazo a los osos por la noche, ya no me canta nanas el pasado, y el futuro no quiere conocerme....
él siempre fue suicida del amor que estallaba sin acogerle, sobre su cabeza, en la comisura del incendio que lo atrapó guitarra y grito
él fue autodestructivo y se pasó con el trago y con las hachas, con la vehemencia y con la sed, con el amor, y nunca supo nada del olvido y perdió muchas cosas y sin embargo siempre dejaron su canción en su pecho, como fantasmas, como amores de Mercurio... 
él rió, kamikace y vagabundo y se dió a la vida, como gota de sangre, como piromanía, como si un olvido inmenso no nos dejara en paz y hubiera que ir a por gasolina
y yo también fui así, cuando ardía mi casa, cuando los tambores traían hachís y barcos, y como él, usé el mismo agujero de la tierra, para enhebrar zanjas y cantos
y él ahora está enfermo, del exceso, del demasiada pasión e intemperie.. y yo, temo tanto que se vaya, que lleno de vino mi vaso y de tabaco el mugido del trigo y la luna que se esconde, y me pongo también radical de la angustia de las alas y busco en las flores de lsd, un ventura que cubra ésta sórdida vagabundia que me acomete... y se me olvida cómo a él, cuidar del futuro, de la salud, de los diccionarios.. y grito la misma lava, a la pandemia de mariposas y cielos de etanol.