HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO
ya se oyen cantar a los sapos, y una palidez, una mortaja, expresa la palabra vencida de tus gotas de sangre, desmemoriadas en el cáliz de mi insomnio contándote, trece noches, a la cuneta, de tu voz dormida en mis cicatrices
empiezo a impacientarme, de un pleito de escayolas o momificaciones de flor sin labio ni sepultura, me noto eufórica de una alegría negra y agujereada, aunque me atribuyo también ausente, ceniza de la comprensión de tus espectros pegados a mi ventana y el suicidio de los pronombres, utilizando también tu desbandado cobijo para limosnar estrellas en la lágrima del adiós

no puedo quedarme escribiendo ni puedo ser digerida por los balcones

me tengo que mecer, también mi persecución en una garganta de humo y acecharme del reloj con pilas de veneno para que la fotosíntesis se ocupe de tu casa abandonada
ya se pone un poco roja la luz, yo me siento intrusa de otro cuaderno, precipitado en manos de humo... como si se abriera un silencio, debajo de los carros que no alfabetizaron el insomnio que derrochó tu noche en mis patios, con zarpas de speed probando el cinismo de la arena en las faltas que perjuramos para no obedecer ni ser lógicos con el hastío
me siento febril de una postal de carbón, en forma de un pájaro muerto, ahora voy a meterme en la bañera, necesito agua casi fría, pétalos de exilio, vértebras de arena en ojos de polilla pasando páginas para no salvar la prosa, flotar, tal vez cantar algo roto y casi olvidado, meter mis dedos en esas manchas y delimitar la rabia del olvido con el amor de los ladrones, volver al no lugar y derretir mis barcos
he hecho un espantapájaros que me da espanto, le falta un corazón, le falta un cerebro, un nombre o una tierra o la disposición de una letanía, he puesto trigo en su cabeza como pelo y viejas ropas que estuvieron conmigo cuando no tenía casa, pero algo me desasosiega de esa obra, le colgué una mazorca de maiz de su mano, le dibujé un rostro, pero está helado de las madreselvas, como una lágrima de mi abuela debajo de su tumba, como una gota de mi sangre en tu vino, le tengo miedo, le tengo pena, tengo que hacer algo distinto, descubrir qué puedo darle, qué necesita o destruirlo
al mirarlo sentado en esa silla, sentí todas las melancolías en el filo de una guadaña y un sueño con muertos
voy a hacer un esspantapájaros, una criatura que triture tu rosa de polvo y la eche a volar en forma de la convexidad del infinito cuervo, algo que se vuelva la materia orgánica del desfalco de la melancolía y un juego de brujas, para dialogar con la luna, el tú a tú de los exiliados,  algo que te exorcice hacia el amor eterno del trigo oceánico y despechos de vino en el tubo de escape que nunca vuelva a cantar tango sin dinamita....ni a preguntar las ciudades, sin los fuegos primitivos, de las marabuntas.... una criatura que me conmueva la muerte y me haga estampidas de la soledad y en el hollín y vuelva debajo de tus ropas a promulgar los relicarios del opio y de los indigentes, como si un nuevo horizonte, escupiera tizas, a la mortaja contra los suelos y de tus labios, sortijas de heroina, prendieran a mi olvido, cuando un nuevo gozo, da a luz barcos
franquean aviones de cartón los licores embrujados de tu descomposición entre lo marchito de los abedules y se adueña del espacio un espacio de vapor que conoció a tu máquina de escribir mentir las fechas.... cae algo cenizo sobre la tarde, el sol se oculta en el ansia de lluvia de las nubes.... vuelve ese otro pronombre, a jugar en el hexágono, tal vez era una amanita, tal vez alguna metáfora, había hecho fractales, entre esos cuerpos, y necesitaba tu muerte flotar en su falo, o su boca morder en mi boca, tu crematorio y las hortensias y todo para las aves
el otro día cuando X. narró esa tragedia de su pasado, puso un gesto de empezar a llorar, como de regocijamiento en la situación de víctima y senti algo impiadoso dentro de mí, y exalté la conversación, hacia el fuego que ha quedado en los puños, también siento esa frialdad hacia mis propias lágrimas, creo que las heridas sólo tienen un camino y es la pólvora, hay veces que hay que comprenderlas y abrirlas en canal, que hay que esculpirlas, llanearlas, ultrajarlas, devorarlas, dejarse mancillar por ellas y prostituirlas y  reconocer también el legítimo odio, la acción contra, el espiritu animal y ebrio.....
en realidad la pérdida siempre estuvo ahí
la tristeza de lo que huye de mí cuando yo lo persigo...
recuerdo mi primera tristeza de esas, tendría 6 o 7 años, yo quería mucho a una persona, mayor que yo, y cuando empezó a sentir la necesidad de otros amigos de su edad o lo que fuera, dejó de verme, pero nunca me dijo porqué, yo picaba a su puerta y no abría o su familia me daba una excusa, yo no lo entendía, porque no lo explicó nunca y volvía e insistía y fue el silencio y fue la ausencia y la indiferencia y, lo que vino a explicarme, nunca él, yo veía desde mi ventana su casa, y lloraba a veces mirando su ventana... hasta que luego olvidé, eso me ha ocurrido más veces, con otras personas... creo que en la pérdida vive el fruto de las antorchas para asaltar los vacíos e ir a las trincheras
me había mandado un sms, él, esa noche para quedar, esa noche del vino y la luna convexa y el ansia y la mecha de espantapájaros, pero lo leí al día siguiente, me gustó saber que a la misma hora, estábamos bajo la misma ciudad, con licor en las manos y ganas, aunque no nos uniera la angustia de las vides y las carcajadas de los trenes
a veces lo escribo ahí, porque no tengo a quién contarle y se hace soliloquio de aguarrás y manchas de pintura, de soledad jugando al cascajo, de agujerito de carcoma, en medio de una barca, desgajando un ocaso de vagabundos, no es poesía, no es arte, no tiene destino, son sólo garabatos para que no me coman las chinches, para que no me devore el silencio, para que no se pare la piedra que flota
ha vuelto el burro, cuando lo conocí era un cachorro y jugaba con las gallinas, las perseguía, las espantaba, tiene unas cuerdas vocales, abrasivas, como el altavoz de una estrella y cuando cruje, retumban todas las montañas, siempre está solo, lo traen en primevera y verano, es un animal muy bello, parece que es un burro que sueña y que baila, que es un  burro que habita las islas, un animal cautivo pero a la vez, indomable, recuerdo a la abuela, porque a ella le hablaba de ese burro, cuando ya no se movía de la cama, le hablaba de su pelo, de sus patas, y utilizaba literatura, para que ella visualizara la emoción-burro del amor a la lluvia, a ella le gustaba mucho oir del burro y a veces era ella la que me preguntaba
todas las veces que lo deseé y que no ocurrió
me dejaron un soplete de estrellas en los arcenes de la venganza de las amapolas
o un síndrome de vueltas de campana en el escanciado de los ciervos

moví ficha, insomnio y marihuana, por ese sueño
me manché la boca, el malherido porvenir y las heridas y..
pero ya no volvió a mí
ya no me pertenecía
ya no me recordaba

ahora lo asimila un piano de humo
lo embriaga una ciudad que hace nido, dentro de un barco de fuego
o una postal puta de la letra del vino y de la distancia
enamorada de pendientes insolventes y sin destino

mamá me decía que yo no toleraba la frustración
y que tenía que aprender a controlar la cólera
me decía que tenía que pensar, antes de actuar, contar hasta diez

y tal vez tenía razón, tal vez tampoco acepté tu muerte, tal vez una rara voluntad deliró todas las fiebres, embrujó inquebrantables páginas o bares o burdeles
a veces te tengo vacío
te ansia o vencejos
o añicos de vino en la rayuela
o suelas de zapato de manzana
o zanahorias de muñeco de nieve
haciendo de arpón a un pez de fuego
o rencor de pólvora por rencor de luna
y qué largo se ha vuelto el camino
y anchas las cunetas en la palabra que no existió
y más lejos la isla, desde que tu sangre, sólo es un verso
De joven robaba en el corte inglés. Para mí era un deporte. Me daba adrenalina y gozo. Y no tenía miedo porque tenía preparado mi discurso y salida transversal, si me pillaban. Sentía que era justicia. Sentía casi que era mi obligación. Robaba también para mis amigos, para los regalitos de la festividad del consumismo y fechas señaladas que anunciaban "en el corte inglés todo es posible". Recuerdo una vez que me acompañó X. y le dije bromeando en voz baja, tú actua con normalidad pero nos están siguiendo dos guardias y ella echó a correr como alma que lleva el diablo y me meé de risa, literalmente.
Ayer hablé con él, de. Y vi los monstruos de ese pasado. Esos yonkis fantasmas, dando portazos lisérgicos. La legítima rabia y aullido. El desmoronar de las fuentes de salvia y el alzar de los cuervos. Y sentí, cómplice odio en su odio. Cómplice lágrima, en la rosa de arena. Y vi todas las perspectivas también de, en pieles de manzana, en sombreado cubismo. Y entendí porque llegué a ser, tan violentamente esquizofrénica y evanescente, lo entendí otra vez, y me vi, con mi vaso de whisky, con quince años, buscando a los perros del abismo.  Pero no quería escarbar los agujeros de carcoma de los cadáveres. Sino dar una patada y despertar en la luna. Amar como se aman dos desconocidos, que comparten el oficio de estafar a los seguros y la dignidad y justicia que ello implica.  Y ya que no cuaja con palabras y fechas, escupir un poema, agarrarse a él, como a clavo ardiendo, como a muñeca de cera derretida.
Soy suspicaz a tus cuchillos porque una vez fueron mi rosario. O tal vez se trata de una excitación y valga la múltiple interpretación, para albergar siete cabezas al cuerpo, planchadas de mandrágora y humedecidas por el gozo, de los poseidos.  Algo me atrae de ti. Sé que es algo erótico, aunque no pueda definirlo, con la carne, o no sólo con la carne, ni con el destino. Tal vez tengo, una bolsa de pólvora, al síndrome, de tu aliento.  O una flor flotante que fue sobornada, en tus afrentas y perdonada en tus licores. Algo irracional. Algo adolescente. Y a la vez la madurez de las manzanas dentro del armario, o metidas entre las mantas, perfumando el olvido y las brechas. Desconoces hasta cuánto sería capaz de, y yo fui cínica, porque bebí la amnesia, del rencor de las golondrinas. Porque mi orgullo y tu orgullo, negociaron mercadillos, en las ropas del vendedor de humo y ganaron las cabras que tiraron para el monte.
Siempre te leo con dobles intenciones que vienen a agravarme los golpes de Diógenes contra el cielo. Me siento dulcemente culpable en tus ojos, señalada y exorcizada, por el mismo temblor que tu whisky acuna en el exilio.
Me llama X. por teléfono, él no suele llamar, se mantiene en sus universos, lejos, siempre hacia otro sitio, pero a veces le da una especie de ebriedad, y me conmueve oir su voz y la gana de reir, de cruzar, de correr. Hablamos cosas muy simples que a la vez siempre me tienen una carga profunda, un fuego de alma. Hay algunas personas, que empujan a lo cierto. Que engarzan en el derretir de la sinceridad, de lo más desnudo, como que nunca te puedes ocultar de ellas. Y él hace eso conmigo.
Me siento algo lejos. Con muchos recuerdos flotantes. Aunque ahora ya no me atormentan mis recuerdos. Hubo un tiempo que los vivía, con la misma intensidad que en su presente. Muy pegados a mí, con su sangre fresca goteando por mi boca. A veces me venían en el mismo tiempo, muchas escenas, de esas noches rotas, de las correas del psiquiátrico, de ese guardia de seguridad que me pegó, ese calabozo, esos lugares del espanto de la alucinación o cosas raras que hacía y gritaba en las calles, traiciones, odio, y sádico surrealismo. Como si todo en mi tripa estuviera abierto, hacia la letra de las hogueras, lleno de carne y de cuchillos. Fue el exorcismo de la página el que cerró las heridas, fue el poema. Tal vez tu amor. Tu amor me llenó de ganas y de canciones, de magia y de encuentro. Y ha sobrevivido un piano, aunque los caminos se fueran con otros.


Hierro come flores y hierbas y se mueve de aquí para allá, recuerdo el primer día que lo conocí, estaba esquelético, con sangre reseca y muy sucio, miagaba intensamente, en ese andén de la carretera, a las afueras de la ciudad donde trabajaba, lo vi al salir del autobús, yo había soñado con un gato naranja y que debía hacerme con un gato naranja, y al verlo sentí una estrella, él me dejó tomarlo en los brazos, era muy chiquito, estaba lleno de vida, lo llevé al taller en el que curraba, le di un poco de leche y le lavé, con un paño húmedo, despacio, simulando, a la lengua de su madre y él no paraba quieto y desde el primer día empezó a jugar y a avalancharse, fue el 1 de junio del 2012.
Hierro me lame las manos y me miaga con sus ojos amarillos y parece que flota sólo alrededor de la luz y de lo bello, de lo libre. Se me sonríen los granitos y corales con su presencia. Ahora teclean tiempos de nube. Desparpajos de selva. Crujidos animales el expresionismo contra lo cívico. Parece que la primavera se alza contra la casa y violentamente intrusa menstrua sus pistolas y nos sangra, arrebatos del dadá y del olvido. A veces puedo quedarme, todas las vidas, en la caricia del bosque. Aunque no estés.
Llego ahora a casa, juego con el gato, miro las diferencias que han emergido de los árboles y de las flores y me siento feliz, dispuesta, sentí un profundo deseo de vida y de hedonismo en el viaje, una risa goteada de mis huesos, una reconciliación con los cadáveres sin enterrar de vino y de viajes.Me iba acordando de algo cuando subí al autobús y sonreía, el conductor me miró extrovertido y me dijo cuánto tiempo como con deseo, pero yo estaba ausente y no lo reconocí, no lo recordé, su rostro era bello, tenía algo pícaro, algo bohemio y unos ojos penetrantes, del todo desconocidos para mí, tal vez nos conocimos cuando yo era adolescente, no lo sé... tal vez debí haber hablado algo, pero estaba poseida por una nube.... muchos árboles ya están verdes y frondosos... a lo lejos todavía montañas nevadas y sentí deseo y sentí vida y amor, aunque no haya nombres... pensé otra vez en mi sueño, pensé que la escena de los años 40 en la que aparecía mi abuela asustada y había un desfile de franquistas, había ocurrido algo, pensé que tal vez era real y que el espectro de mi tía se removía desde la nada, para gritar aquello, la familia de mi abuela, sufrió el franquismo, fusilaron a su padre y pasaron hambre, fueron excluidos, fueron robados, avasallados, mi abuela y mi tia, tuvieron que trabajar de criadas para esos hijos de puta, tal vez, mi sueño, veía algo allí.
ahora ya tengo que irme, cruzar la ciudad, con la primavera, en un sueño que te recuerde, que te traiga hasta aquí, aunque una enana blanca nos separe para siempre, tengo muchas ganas de ver a Hierro, tal vez porque ayer soñé con él, tengo ganas de ternura, de algo cómplice, de algo que traiga cráteres de luna, por la ruta escogida, que es siempre la única ruta, aunque a veces esa sensación de un dedo de dios en la vagina, sólo la traen los poemas vagabundos del horizonte, los ladridos de perro dentro del mar... tengo síndrome de la belleza expresionista de los paisajes, me gusta mucho volar por la ventanilla del autobús, entro en trance, como si hubiera comido LSD, siento que soy capaz a volar y que el mundo es una dama de heroina, que todo me bendice, que todo me ama y que mi tormento escribe blues y mi soledad siega estrellas, me siento poseida, por un vapor de colores, alegre, como en un mundo de sueños, invencible, aunque no haya destino ni suelo, aunque no haya nada qué hacer, desde que era niña, cuando viajaba, me pegaba a la ventana y echaba a volar, siempre necesité los mundos del opio para que el mundo no me matara
una vez, en un pueblo que estábamos de paso, un verano de cigarras nómadas, había una fiestas, y era costumbre allí, que algunos habitantes, abrieran sus bodegas de vino, y ofrecieran para todos, vino y tortillas, y la gente iba de una bodega a otra, yo tendría 17años,  de aquella quería irme a vivir a una comuna, y entramos a una bodega, de un tipo que tenía cabezas de toro y fotos de torero y piezas de caza y era ese tipo de hombre, medio rico y facha, yo bebí alegremente del vino, pero en algún momento empecé a sentir una urgente necesidad de romper lo que me era sucio e hipócrita, y empecé un agresivo discurso, contra la caza, contra los toreros, contra el paisaje deshumanizado y la decoración de ratas, todos se pusieron en mi contra, hasta los que venían conmigo, y cuánto más me atacaban, más convencida me sentía de mis razones y más seguía, hambrientamente, defendiendo mis motivos, hasta que me echaron de allí
creo que yo tenía un puto afán de protagonismo, de exibicionismo, que me dio problemas, me gustaba que todo estuviera pendiente de mí en mi adolescencia, me gustaba armar jaleo e ir a la contra y gotear mi alma como lluvia dorada, sobre la multitud, me gustaba ser diferencialmente delirante, por eso cuando me embriagaba hacia espectáculos, me subía al escenario de los músicos del pueblo y hacía discursos anarquistas, en el instituto, tenía que gritar siempre más fuerte, romper la verdad que defendía el profesor y escupir mi filosofía, no sé por qué, pero siempre sentí ese latido, me subía la adrenalina, disfrutaba escandalizando, disfrutaba orgasmando mi nocturnidad y prevaricación, luego me hice alguien solitaria, pero todavía a veces noto ese alarido
en un rato tengo que recoger para ir a la estación de autobuses, creo que tengo algo abierto en el subconsciente, una intuición de trenes de madera bajo la gasolina, una legaña de árbol o el boicot de un reloj de tripas de pez, muchas veces, soy poseida por mis intuiciones, actuo y hablo, por la percepción dadaista que se derrite en mí, sin contar con la lógica ni con los verbos, me enfrasco en la verdad del humo y la persigo, contigo me ocurría tanto, que a veces, eras un teatro abierto y ardido, en mi teatro, y era incapaz a mirarte desde otro lugar ajeno a la metáfora, te sufría, te gritaba, te deseaba, con la abstracción,tal vez por eso te fui tantas veces irracional y extraña, tal vez por eso, metí mis patas en tu fango
ayer descubrí algo seductor de tus ojos, te sentí luminoso, más alto desde el abajo, más libre desde la pobreza, más punk desde el desparpajo de las guitarras del olvido, creo que te deseé, cuando dijiste que todas las noches vuelves roto a casa y esa manera de beber de la copa, como si una mano de muerto te cantara canciones y la manera en la que me dijiste que tal vez quiero vengarme y que por eso mi pasado no da concesiones... tus ojos clavados en mis ojos, el recuerdo de esa noche contigo en la ebriedad volviendo a mi piel...
ayer le dije eso a él y se carcajeó, amo tanto ese tipo de risa que a veces le sale, es como una risa invencible que llena de armas y de rutas el horizonte, como si hiciera bailar al quebranto de mis huesos, y me trajera una estrella para aullar, antes me gustaba tomar el rol de los arlequines y hacer reír a los otros, me gustaba contar mis quebrantos, de forma surrealista y con humor negro sobre mí y escuchar las risas de mis amigos y reirme yo también de la tragedia, me gustaba sacar mis cotidianos a la autopsia de los bichos indomesticables y exagerar la obra y la lágrima del muerto, para descorchar la ginebra
no sé qué poema
ha vuelto desde ti
yo no lo escribo
lo escribe la brecha de la noche
un íntimo gozo elocubra la mortaja de tu nombre entre mis piernas
un portazo de LSD vuelve con tu sudor al desierto

la ecuación de la razón ya no sabe de rosas ni de compromisos

es algo más allá y más acá, algo de ranas y amanitas, de un premeditado desconsuelo afilado a la erótica de los exorcismos, algo como frío coñac en los labios de la perdida, trayendo el arco-iris y el libar de las abejas

el amor no sabe escribir ni ofrecer un destino, no sé qué es, si una atracción sexual, si el G de la melancolía, si el baile del delirio, si una intimidad que sobornó tu cuerpo, o el celo de un verso
X. espera una llamada. Y yo no quiero hacerla. Me siento mejor cuando estoy lejos. Cuando una cerveza cínica y de salamandras, expía las ciudades. Ella me lleva a algo viejo. A algo agotado. Me gusta a veces quedar mal. Me protege. Protege a la alegría de mis ranas. Al desparpajo de las rayuelas dentro de caligrafías de vino y de salitre.
A veces me gusta echarte de menos. A veces, alas de polilla, en las ventanas. Sernos todo lo extraños qué. Con el blues pendiente de la última curva. A veces me acaricia una brecha incandescente, el espanto, y mi vida, cuelga de un abismo. Ayer le dije a X. que soñaba morir en una explosión de dinamita, cuando ya estuviera harta. Y él dijo, pero que sea dentro de mucho, antes nos haremos los dos vagabundos. Y se me sonrió, una estrella. La ciudad parecía bombear un bosque. Apartarme de ella, para unirme a otra canción.
Abrir los ojos, en dos horas tengo que irme. No tengo mucho tiempo. Anoche tardé mucho en dormir, me volvían las escenas de esa pesadilla. Pensé que tal vez el alcohol había despertado algo en mi subconsciente. Todavía tenía la sensación de la sangre cayendo sobre mi frente y mi boca. Luego soñé algo bonito, aunque no lo recuerdo, sino la sensación de mar. El día empieza cínico de otras fechas. Alegre de algo pulverizado. Con tiznas de fe y lava. Tengo ganas de ver al gato.  A las rosas de jericó, ayer pensé en ellas. Creo que esas pesadillas se hacen tan cortantes, porque creo que son realidad, las vivo de forma muy nítida, sin la sensación del sueño. El recuerdo del rostro perfecto del cadáver de mi tía se me penetró en una percepción absorvente. Su manera de caminar y de querer algo de nosotros, como si tuviera angustia y una sed taladrante de quién sabe qué palabras. Y la idea dentro del sueño, de que era una muerta, también recuerdo el rostro de espanto de mi hermano.
me despertó una pesadilla, un hombre saltaba de un paracaidas, no sé porqué yo lo había llamado, pero luego se volvía otro hombre y tenía un perro, estaba en mi casa, pero también había ruinas de otra casa, estaba mi familia, el perro hablaba, yo me asusté de que le hiciera daño a mi gato o a mi perro, mi perro muerto estaba allí, durmiendo con el gato, no me pareció extraño que ese perro hablara ni ver a mi perro, y el perro decía algo de matar, el otro hombre dormía en la cama, yo fui a guardar a mi gato a otra habitación y el perro seguía hablando cosas que me daban miedo, yo le pregunté que qué coño le pasaba y el otro hombre dijo que tenía ganas de matar, mientras echaba una especie de sangre y maldición a uno de mis libros, el Innombrable de Samuel Becket, dijo que venían de parte del demonio, yo les eché de allí y me golpearon con algo en la cabeza y sangraba y bajé a avisar a mi hermano, luego mi abuelo y él se peleaban con ellos, les golpearon con palos, y se fueron, y luego apareció en la ventana una pantalla de cine-máquina del tiempo, que me llevaba a una pasaje de los años 40 en los que aparecía mi abuela y ocurría algo, todos mirábamos atónitos y al entrar ya hacia dentro, vi al cadáver de mi tia, salir de una habitación, en camisón, caminando extrañamente, la tenía miedo a la vez que algo extraño y la besé en la cara y soplé y desapareció pulverizándose y quedó su camisón en el suelo, luego estaba preocupada que ese hombre y ese perro hubieran dejado algo en la casa
Llego ahora. Me duelen los pies de caminar. Las cervezas, luego ir al río, premeditar un ocaso entre la ropa. Me duele en los huesos tu risa, tu insomnio, tus pasiones. Hoy estaba feliz, extrovertida, ansiosa. Con las ganas de las ganas que quemen las ciudades. Hablé de que a veces una venganza abstracta contra ciertos significados y puse de ejemplo, fechas y sudores. Con ellos es fácil la empatía y el licor, porque ellos conocen el Leteo, porque ellos una vez, saltaron al vacío. Me sentí sensual, embaucadora, capaz a convencer de cualquier cosa, y a la vez, harapienta de todos esos otros mundos. Me supieron a paraiso las cervezas. A paraiso sus pupilas en mis pupilas. Nos carcajeamos. Flotamos. Somos un gueto. Tenemos vivencias que nos separan de los otros y que nos unen a la luna. Hablé un poco de él, sin mancharme el ojo, para justificar, la antípoda de mis argumentos, y me manché los tambores de Mercurio. Parecía que acabábamos de nacer y que el mundo bebía de nuestras manos. Les dije, que necesitamos, una borrachera de exorcismos, algo con dinamita. Algo que libere y llene de sudor de opio a nuestros fantasmas. Y me derretí de futuro gozo, en la canción que planeaba en nuestras sombras. Al volver ya sola por la ciudad, crucé la carretera lejos del paso de cebra y cruzó un coche de la policía y empecé a andar muy despacio y ellos frenaron y me miraron y clavé con rabia mis ojos en sus ojos y se fueron y me sentí exaltada y a la vez abstinente de algo bélico.
Tengo que salir, sucumbí al final a la seducción de la prosa cuando se va. Me voy a duchar para quitarme las cicatrices del vino. Ellos están en no sé qué parque y esperan mi llamada. Hoy voy temblada de misticismo, sin intenciones, sin arquitecturas. Recordé las extrañas situaciones que se daban en mi "hogar", mi legítima rabia, mi legítimo destierro, mi ansia, la gota de sangre en el buzón. Era un hogar sin casa. Absorvido por las amanitas y sus ofensas.  Había una versátil puerta. Un insomnio de fuego. Demasiadas fracturas y gritos. Yo siempre quería irme. Desde que tenía 7años, soñaba vivir muy lejos. Y lo miraba todo con suspicacia y letanías. Tal vez por eso se abrieron las ruletas rusas. Tal vez por eso, asalté esa línea y quemé la sombra y me precipité con ácidos y gasolinas. Hoy lo miro desde la lejanía. Con el perdón de las daturas. Hoy brindo por la vida.
ya no quiero recordar más, todo son canciones perdidas, mundos que ya no existen, hálitos que ya no conmueven a las amapolas.... garabatos de palabras exiliadas, mis otras vidas, se fueron, ahora hay una metáfora y una nana de opio y de nube, tal vez cometí muchos errores, pero nunca albergué su remordimiento, porque respetaba la ley de las salamandras, tal vez por todos esos aullidos sin cauce, tuve que conocer el desierto de la locura y sentír mis zarpas suicidas a travesarme el pecho, todo ha sido, ebriamente, esencia de la canción, tuve que bajar al fondo de los fondos y perderlo todo, para redescubrir las ganas de las estrellas, tuve que perder los papeles, las estaciones y los destinos, para llegar a mí misma y a la vagabundia de la materia y de los hechos.... creo en el sueño y en el amor
una vez tiré a un hombre de una silla y se hizo una brecha en la cabeza, uno de sus amigos quiso pegarme y se armó mucho jaleo en el bar y nos echaron a todos de allí, ese hombre me había insultado.... aunque luego me sentí mal, cuando vi su sangre, su derribo, su ebriedad agotada, silenciada, una amiga se enfadó mucho conmigo y dijo que no iba a volver a salir cuando yo saliera, era un día de carnaval, yo tenía una máscara y me fui de allí, lejos de todos los bares y las calles, a la estación de trenes, me gustaba mirar las vías por la noche, luego deambulé y deambulé, hasta que me encontré con ese chico de las cerillas y volví a sonreír
hoy tengo recuerdos de mi adolescencia, de esas noches embrujadas, me ocurría algo, tenía una sed, un grito, que me empujaba al radicalismo, que me empujaba al manicomio, experimentaba con todas las ilegítimas flores que vendían en el callejón, con setas, con ácidos, con coca, siempre cruzaba la línea, no quería el mundo que me habian contado los viejos, tenía ansias por volar, me iba los viernes y no volvía hasta el lunes, tenía muchas peleas y desencuentros en mi casa y cuando me embriagaba era soez con la gente, bailaba esos bailes de empujones-rock, con todos los que veía quietos y los que consideraba pijos, me metí en muchos líos, cuando veía a un policía acudía belicosa y suicidamente atraida hacia él, en busca del escupitajo de las banderas negras, perdía el control, siempre perdía el control, me echaban de las discotecas y de los bares, una vez me pegué con unos porteros y acabé detenida, ya no quería estudiar en esos moldes, ni vivir en esos moldes, buscaba un constante aliento de éxtasis, un vivir siempre en la catarsis, creo que entonces también era profundamente infeliz, mi familia quería llevarme a un psicólogo, me expulsaron muchas veces del instituto, me abrieron expediente, yo entonces era muy sociable y tenía amigos, aunque me sentía sola, no sentía que ellos comprendieran muchas cosas de mí, a veces cuando me embriagaba, era cínica y utilizaba humor negro y raro contra ellos, o me iba yo sola a deambular las calles con mi ebriedad y me dedicaba a quemar frutos en los desconocidos, aunque ellos estaban allí, me salvaron muchas veces del fango y de la comisaría y de las peleas
Mi resaca más rara, fue la del entierro de mi tio Laudelino, era verano, yo tendría 15 o 16 años. Me sentía rota y violenta, la noche anterior, abrasivamente vital de algo desgarrado. Y esa muerte, y la situación partida en mi familia y ese dolor, me empujaron a la urgencia de una catarsis. Eran las fiestas de un pueblo cercano y yo bebí kamikazemente y escandalicé e hice discursos y gritos y, poseida por un abrasivo delirio y baile y una extraña e incandescente alegría de lobos. En el entierro, mi abuelo se tiraba a la fosa de su hermano. Y yo tenía una abrasiva resaca y polonización surrealista. Una amiga había venido conmigo y me abrazó llorando. Yo lloré pólen y flores emigrantes pero no por los ojos. No recordaba nada de la noche anterior y no quería recordar. Luego me encontré con unos chicos que me hablaron de esa noche entre risas y yo les miré con odio y me fui.
me llama X. para quedar, yo lo dejo en el aire, del quizás del atardecer, hoy me siento goteante y vapor y fatiga de prosa prófuga, tal vez luego me apetezca, tal vez luego me despierte de amapolas, aunque las resacas tiene algo más unido a la lengua inefable y al paisaje surrealista, algo leve y en ebullición, como si un pie dentro de un sueño, recuerdo esas resacas del despertar en casa ajena, del todos sucumbidos por la amanita, y esas conversaciones, cortadas y envueltas por humo, a la vez que esa mística y erótica de las huellas sin cuerpo... recuerdo una vez que me desperté en Gijón y yo creía que estaba en Astorga y las risas y el descubrimiento de los recuerdos y, y fuimos a ver la mar y fue la mar más salvaje y mística que yo había sentido.
miré en los bolsillos de la chaqueta y tenía 1€ con 20cnt, no me salen las cuentas, nunca me salen las cuentas cuando aullan los bares...  pienso ahora en ti, en todo lo lejos que están nuestras ventanas y sudores, en todo lo imposible que en medio derrite epifanías entre las mandrágoras, voy a la deriva, y tú permaneces como un espejismo de campos de maizales y trenes de madera, todavía te quiero, pero ya no hay ninguna clase de destino para ese amor, ni siquiera tiene caligrafía
Antes de dormirme, había recordado un poema que escribí y la urgencia de cambiar un verso, sentí una metáfora taladradora de un nuevo significado, pero al abrir los ojos lo olvidé. No me suele pasar eso, porque no suelo hacer ningún caso a las cosas ya escritas, creo que tenía una extraña lucidez etílica anoche...Si reescribiera, seguramente cambiaría muchas cosas, cortaría, condensaría y. Pero ese no es mi interés, se me hastía la idea del poema, si se convirtiera en algo burgués.
ayer les confesé a ellos, que había utilizado una premeditada mentira con X. porque me parece más creativa la ficción, la ficción protege más a la pureza y al intimo gozo y secreto de aguardiente, a la esencia de las palabras y al fuego de los hechos en el dadá de los bailes. Ellos no lo veían como yo y me acusaron de una dudosa ética, aunque entre ellos hay una complicidad de cantos de osos.
ayer le devolví a X. una cartera que ponía Rainbow que se había dejado en mi mesita. Y me dijo, pero te la había regalado, no recuerdas? Y le dije que esas noches y sus bolsillos me robaban la memoria. Y salimos los dos a favor del viento.
anoche al llegar leí tu mensaje y me decía, porque te entiendo, no te entiendo, si no te entendiera, tal vez podría oir la noche en tus ojos y acabar la canción en tu cuerpo....
ahora me vino un recuerdo, cuando llegué a casa y me senté a hablar con X. estaba convencida de que no estaba borracha y de que hablaba completamente racional y entera, pero él se puteó y me dijo que me fuera a dormir...  es curiosa la versatilidad en lo etílico y la anti-hegemonía de los significados, me desperté con la falda y la chaqueta puesta... con una pena relativa a otra dicha escaldada y goteante
no sé qué decirte todavía
si fueras el vapor del vino
sería más fácil perpetrar el verbo
y sorberlo desde tu cuerpo al gozo de las ánimas
ayer un camarero me dijo que me conocía de otra vez que estuve allí y que también había comprado una botella, y yo le dije que al vino siempre se vuelve, que a la luna siempre se vuelve, me llevó la copa a la terraza, creo que pensó que se me podría caer y se ofreció para lo que quisiera.. y luego ese humo y ese olor a musgo y las calles empedradas y X tenía frío y quería que le acompañaramos a por una chaqueta, yo lo último que quería era irme del bar y le di la mía y luego me entró una risa lejana, críptica, como si estuviera y no estuviera, entre las conversaciones, como si una atmósfera de migraciones me sobornara y dejé de estar, durante unas canciones, hasta que el vino volvió a subirme y empecé a compartirlos las lavas que me chantajeaban los trenes de licor y sin destino
ha sonado el teléfono cuando dormía y era X, yo todavía no estoy en la tierra para comprender las palabras, me jode embriagarme con sobrios, no es igual el baile, no es igual el fuego, me mantengo más solitaria o cínica, no se anexa en el ritual la necesaria irresponsabilidad del surrealismo ni la complicidad de las hogueras flotantes,  como si no fuéramos los mismos animales y la luna da bocados convexos sin la sensación de aquelarre grupal
me despierto ahora, después de muchas horas soñando, más descansada que antes, soñé algo de que venía el ejército a unas piscinas en las que trabajaba y me puse a decirles lo que pensaba del ejército y a ofenderlos y a quemar una bandera española, luego me perseguían y querían vengarse
luego soñé, algo muy surrealista, había una niña, que había nacido de un muerto, yo decía pero a lo mejor no es mala, y alguien decía cómo no va a serlo si ha nacido de un muerto, ese muerto lo había tirado una pareja que estaba conmigo al mar, para evitar el entierro, y creo que era un niño más pequeño, ella aparecía y desaparecía como un fantasma y se quedaba pegada a la ventana, yo la cogí de los hombros y la envié como energia de brujas, provocando sólo la luz y el bien, y sentía que algo de ella se frenaba y algo dulce en ella y luego apareció una imagen de hadas y lunas, pero luego se convirtió en una pantalla cinematográfica y había una película de dos presos que iban a ser juzgados y bromeaban contra el tribunal con humor negro porque sabían que ya no podían hacer nada,  yo luego dije que me iba, que estaba perdiendo mi tiempo en ese sitio tan raro y que no me fiaba de otra mujer que había allí que me acusó a la vez de un delito y una chica lloraba y me hacía chantaje emocional para que me quedara
y luego había otro sueño, en el que aparecía el mar en una ciudad futurista y personajes de mi adolescencia
y también soñé, con que iba con dos o tres familiares, en una especie de carro, pegado al suelo y sin ruedas pero que se movía muy rápido, y yo iba encontrando un montón de monedas, que luego eran muy antiguas, y cabezas de esculturas, y una especie de concha-corazón, que se abría y dentro había escrito un verso

siempre que tengo algo etílico todavía en mi, sueño con mucha nitidez, no he escrito todo lo que soñé porque sería imposible, tampoco en órden ni todos los nexos, aunque aún recuerdo muchos paisajes concretos de esos sueños
hoy me siento ausente, como si el centro de los enunciados se fuera a pastar con los huesos de los ciervos, esa resaca cóncava del crepitar de la flor de humo y abono de lejanas estrellas, tengo mucho sueño, voy a dormir un poco otra vez
me despierto con un grito sed, a la vez que un dulce torbellino, acaricia los gestos perdidos de las palabras... como si una levedad, mullera detrás del vértigo, una amapola y arrancara con los dientes, la profundidad de la música goteada en la piel...

tengo extraños recuerdos de anoche, ellos no querían beber y cuando bebo sola, la ebriedad es boicoteada por otro pájaro de fuego y plomo, una risa escapada, al derretimiento de los suelos, llovía y fuimos debajo de un soportal, con una botella de vino, tenía sed y prisa, y una criatura de vapor iba sentándose allí conmigo, dentro de mí, flotando entre las palabras, extendiéndose hacia la seducción de los fantasmas que conocieron el amor eterno,  hablamos de sexo y de la destrucción de los roles, del género y hasta del nombre, como si la única frontera fuera un colmillo de opio, yo me puse a confesar pasajes de forma exorcista y hambrienta, con el favor de la ética del benceno y luego todo se me convirtió en gas... la ciudad parecía entrar y salir de un cuenco de óleos, y luego todo me es más borroso y expresionado... ese otro bar, ese tambaleo del verbo en la hacienda de los perdidos
ahora ya me disfrazo para que me velen tus insomnios, me llevo esa gota de hiel, para que los hielos canten ranas y barcos y lo soez, sea lo único aceptable, a la hora de hablar de los mercados y vomitar en las sucursales, ya no necesitamos que nos amen, necesitamos su pudor y su desprecio, el vino te ama si lo amas, el vino te vuela si te vino,  yo tengo un gnomo con síndrome de abstinencia y una mariposa suicida, yo tengo toneladas de asco que quieren vestirse con carmín y licor, para franquear lo infranqueabla a patada de luciérnaga

sólo te pido, que si el vino me tira al suelo
traigas más vino
que si me enmudezco y meto los ojos a las hogueras
traigas más vino y enciendas las cerillas

hoy quiero quedar mal
hoy quiero perder la memoria en la memoria de las autopistas en llamas
y tener de equilibrio sólo tu fuego y delirio
recuerdo esa escena, cuando estábamos borrachos en esa casa... tú vomitabas, te caías, te tragaba la tierra, el servicio, traía noticias del imposible a través de espinas de pescado, y yo te suplicaba con whisky al whisky y te aseguraba que lo que necesitabas, era otro trago amante en el trago, y ella, te abrazaba y te sostenía y hacía una canción para alzar el vuelo
pongo un poco de música, para echar leños al vacío de mi mano que sostenga la copa, la melancolía, fue el broche de la amanita que salvamos del cielo roto, fue la coraza y armadura, para escanciar el canto y la metralla, fue ese todavía que justificar en los malos modales y el que la sude todo, pieles de manzana y zapatos de helio, fue ese amor de la muerte, cuando teníamos frío y un suicida bajaba las escaleras...
luego lo llamaré también a él por si está por la ciudad, hace ya meses que no sé de él, no soy buena conservando las relaciones, como si siempre debajo de un vagabundo humillando el camino y la mies...
hoy tengo ganas de fuego a la vez que un mundo de niebla me deja sus dedos.... no tengo ganas de la educación en los bares, quiero comprar una botella, ir al parque y cuando se liberen los cuervos volver a las tabernas.... volver de tus brazos a la canción, de tus ojos rotos, al pliegue de la luna.... ser secuestrada por la golondrina que nunca volvió y llorar con sus alas, aquella voz que ya no rozará mi cuerpo...
Me dio un mareo. Creo que me dan cuando no he comido, o por exceso de café y tabaco. Es como si una atracción de salvia me succionara desde mi ombligo y me siento débil y a punto de caerme. He comido un poco. Y trato ahora de recuperarme porque en una hora o así al final quedé con X. y quiero gastar en vino y en suburbios. Llorar pájaros de papel. Y mancharme el tacto con olas. Olvidarme de todas las metáforas y papeles y que las onomatopeyas sean mugidos que caigan como resina de flor entre los cuerpos y los bailes.  Me llamó él y al descolgar, grité su nombre, y él se carcajeó y me quise quedar para siempre en su risa. Me iba a contar algo que al final se quedó para luego, a la luz de los parques-taberna.
Tal vez quise, prevaricarte un coñac. Tal vez soy una malnacida en alguna semilla de la farsa de las mandrágoras. Tal vez quiere vengarse mi otro-yo de la deshacienda del cielo ahorcado. O es que ya nunca me llega la ternura. Recuerdo ese profesor que me dijo, a ti qué te pasa, que eres rebelde porque nadie te trató con amor y cantó esa canción. Yo le tenía cariño. Aunque en mi expediente propusiera que me cambiaran de centro escolar. Creo que nunca he sentido el amor. He sentido el carnaval, la dramaturgia, y la pornografía. El amor sólo lo he sentido en libros y en mundos imposibles. En la tierra de ahí afuera me pulverizo. Me hago un hueso. Un escupitajo. Un ansia de rencor o niebla. Como si la atracción de una flor de cristal me llevara muy lejos. A no ser con mis amigos los lunatizados. A veces siento, cuando hablo con desconocidos, que excitan a mis bibliotecas, una linea maginot inquebrantable. No sé entregarme. No sé ser humana. Aunque me muera por dentro, por una caricia nihilista, por whisky. Me siento animalizada por lobos. Extremadamente timida o exibicionistamente a la contra. Y me pongo a hablar raro. Como si tuviera algo muy distinto. Recuerdo cuando fui a ese taller, que en mi presentación, dije que había ido allí a practicar lo humano y sus carnavales. Tal vez paso mucho tiempo sola. Aunque he hallado así mi felicidad. Con las salidas esporádicas al opio. Y la combustión de las islas.
Cuando el otro día me encontré con ese chico, que fue mi amigo desde la niñez hasta la adolescencia, me sentí temblorosa y percibí también su temblor, a veces ese tipo de silencios subconscientes, suenan en mí, como volcanes, esas percepciones de esquina, se me vuelven sabana. Le dije que vivo aislada pero que lo prefiero que en éste pueblo hay gente de muy corta mira, y bromeó con si no me resultan ya interesantes y que anda, que me acuerde un poco de ellos. Y se me cayó un trozo de amapola encima. Una nostalgia y una alegría y. Con ellos bebí las primeras cervezas y soñé las primeras pistolas. Pasamos muchas noches sobre los prados mirando las estrellas, tirábamos petardos y quemábamos ciertos timbres, hacíamos horas para no volver a casa, para no entrar en casa y reíamos y jugábamos. Y por alguna razón me siento arrancada de eso, muy lejos. Tal vez porque crucé la locura o algún Leteo que me despertó en un meta-lugar o no sé. No me suelo sentir agarrada por las otras personas, a no ser por los enlunatizados.
El abuelo mandó a tomar por el culo a X. y a Y. sin motivo aparente, y dijo que sólo iban allí a fastidiarle. A mi me miró con complicidad y dijo, en cambio tú y yo, somos aquí muy felices. El abuelo cuando se enfada, es inquebrantable entre las pulgas. Profiere maldiciones y desparpajos de metralla. A mi la situación me hizo sonreír. Yo me sentí, la salvada, la perruna entre los perros.
Me quito las viejas botas y me quedo descalza. Miro con extrañeza mi habitación. Hace tal vez un mes que no estoy en ella. Y ahora es una habitación de reciclaje de los desvelos de otras personas. En ésta casa entra y sale gente. Mudamos y permutamos el techo y la salvia. Hay objetos que no son mis objetos y se mueven entre la intimidad anónima de los que ya no tienen casa. Escribo en una mesa que le compré a un amigo y que la hizo a mi gusto, es negra y muy larga y tiene unas tablas debajo donde oculto los papeles que me han ocultado. Tengo un cenicero de barro que hizo X. y que siempre me pareció artístico, cavernoso, fascinante y estuve detrás de él, durante semanas hasta que me lo vendió, X. me dijo que no era un cenicero que era un experimento de partículas de piedra y otros materiales en la cocción del barro. Yo lo veo como un cuenco para las hogueras que viven muy lejos de aquí.
Tal vez luego le llamé a él. Hoy estoy receptiva al vino. A la urgencia de ladrar y mancharme la boca y la piel, de menstruar una luna, donde ya no se bajan las palabras a atestiguar. Aunque él últimamente parece estar convirtiéndose en el escarabajo de Kafka y cualquier día voy a su casa y me crecen antenas a mí también. Me recuerda a pasajes de mi pasado. Esa obsesión por los humos y la fotosíntesis. Ese aislamiento entre verdes paredes y  ventanas. Ese desmembrarse entre la música y el inexistencialismo. No sé si cederá a mis pasiones.
Llego del viaje. X. me dio una calada de flor. Trato de cuidarme de ellas porque a veces me vuelven un vaho proscrito. Pero sentí que iban directamente de mis pulmones al cielo, y caían en esa lluvia-granizo como el amor de tus alternes, desenroscándo las tapas de mi olvido. Y sentí una sonora e hipnotizante belleza en cada poro de lo mirado y lo sentido y adentrasentido. Y floté todo el viaje, entre los recuerdos y los antirrecuerdos de los faros y el amor y  los cementerios. Y todo parecía ser devorado por el piano de la canción del hombre del piano y encriptado en un licor ingrávido que una vez fue tu nombre y fue tu cuerpo.
en una hora, el viaje y la carretera
y ahora abuhardillan cáliz indigentes la materia del poema del vaho
y se usan y se desusan en tu boca, y en la indisposición del amor en la cuneta
o subido a las flores que la rabia embarazó en márgenes tachados del cuaderno
y valieron por tu corazón cuando tú eras un sanatorio de ácido
y yo sólo, un pretexto, de otra mujer

el pronombre nunca tuvo la suficiente ética ni fuerza, para quedarse, ni para solemnizar la sangre o el abismo

fue de todos y de nadie
como cada centímetro del cuerpo