HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO
esa manera de perder a patadas, en tus muecas de ave, en el poso de tu vaso y de tu arrancado libro en mis costillas, flotar como sombra y como vagón, la letra que te sigue... y seguir los puntos suspensivos de tu epílogo, con coraza de plomo y cuerpo de mariposa

tú nunca distingues mi tristeza de la ginebra, porque mis disfraces, bailaron el tango, apretados por la estación de tren y póker y es fácil, abocarse a nadie y sobre nadie caer, me quita muchos problemas sintáxicos y de espacio en el sótano

muchas veces es literatura, la yo que te arrastro en los labios y en el vacío de tu cartera, hoy no teníamos casi monedas, pero le dimos dos euros a aquella vagabunda con la que una vez cantamos hachís en el jardín del manicomio, tenía la sonrisa y la altivez igual de bella, aunque su vestido estuviera sucio y oliera a vino y a insomnio, sus ojos azulados y ese otro mundo al que pertenecía y embriaga de música lo que tocaba... con lo que sobró, compramos dos botellas de sidra y manchamos una plaza... a veces todo lo que ofrezco, es derrota y es lo que saco de ti y me basta, me consuela esas otras fechas que no conociste y me devuelve a veces, el futuro que no enjuagará estas noches pero es de barcos y de lunas
ese olor de grillos tostados
en lo que se mete el mechero para adentro
y roba de tu chaqueta con zorra adjetivización de mis fracasos

y esas ganas de las ganas
caotizadas contra el sujeto y la hegemonía
abiertas y musicales y putas , sólo entiendo esa clase de deseo, para osar y manchar el amor

ya no me seducen las flores en la mesita
ni estaré a tu lado, ni déjate caer... yo te sujeto, yo te traeré la luna

ni el tiempo orilla, balsas y doradas lluvias a la sombra del girasol, ni mi lágrima es un libro en tus dedos, ni tu voz, mata a la muerte
no sé si me hice arisca por insistencia de la noche en aquellos muñecos de la nieve o fue la cristalización de la mar en los puños del viento...

pero ya no me parece honrado otorgarle a nadie, ni los poemas, ni los insomnios, ni necesitarme en esa segunda persona del singular, me sabe a asfixia, me da pérdida y jaula y quimera que ya pasada por tequila y por sangre, no vuelve al tango ni a la primera rosa
llego ahora a casa a la sombra de ésta casa alquilada por la sombra de un ratón
y esas cervezas y esa sidra
sexto punto cardinal de tu inmemoria y mi legado
perdiendo de ti, también la caligrafía de la ruina
en el magreo de etcéteras que prescindí de tu final
y acoplé a esa tendencia de mi vicio y de mi virtud
orfandada del porqué del poema y de la carne

te usé, lo reconozco, para hablar con la luna y cantar la sangre, y  no me importó mucho tu historia, ni tu lágrima, ni supieron mis brazos contenerte, porque eran brazos de vigilia y de humo y amputaban también en mí, el nombre y el equilibrio, y no eres tú ni lo que no quise de ti, era esa otra abrasión de la música en los coladores de tierra y de vino, esculpiendo, mis propios escombros, con hilvanadora esperanza en fuga, tantear lo insolvente de los pronombres y tomar su parte blanda y mutante, desengañada y abandonada, un poco puta y ambulante.....

tal vez me vaya a ocurrir siempre algo parecido, desde que mis rezos son de gorrión y de cicuta, desde que sólo se queda en mí la renuncia de Itaca y el sabotaje....
ahora ya remendar la vid
y ponerme por sombrero
esa huidiza ave y templanza
y soñar con branquias rasgando el asfalto
y corrompiendo edificios y cipreses
mancillando escaparates y buenos modales entre las reses

perjurar y ofrecer
el PI de un licor
y un baile de agujereados calcetines
flotándonos como azoteas y como peces espada

y jugar al amar eterno
y a las sietes caras de mi sota de bastos

crucar las calles
y acabar la vuelta de la esquina en tus labios
y en tu promesa de tirador de cartas

buscar ese motín del diccionario
en ese ave de paso con vistas al infinito y a la muerte

y dejarle al vino y al viento
el siguiente paso
ya me dio lo viantao
por otro destierro y blues
de ojos de coral
y portazos de suciedad verde de bares verdes
todos al monte y ninguno a hacer caja ni a vender putos honorarios cívicos de la vehemencia
ya me dio esa alergia púrpura
y reciprocridad de pájaros
al motín y a la evanescencia de mi propio abandono y bocetos de Itaca, todos acuchillados en la mesa del esquizopintor que hizo con mi ausencia, un cajón de urracas y me invitó a entrar
rodar
tu ingratitud
en el hielo que le pido
que me quite el camarero

y que evoque la nieve
las huellas de vino en los fueros del lobo

si te intrometes
con tu ética atascada
en el aullido del pájaro
el pájaro caga sus huevos
contra tu civismo y tu sacramental idea de la posesión y del nirvana

y amanece
entre sarpullidos de belladona

como la legítima defensa del surrealismo

con una alergia
al nido y a la tierra
convertida en hash y en navaja

no sé por qué 
me haces dar cientos de explicaciones
a lo explicado a través de la música
a lo insobornable  e incorruptible del jugo de la luna
a lo que no necesita, para nada, ni las palabras, ni los teoremas, ni la praxis, ni el axioma, ni el tiempo, ni el realismo, ni la filosofía, ni ninguna ciencia ni gravedad ni siquiera la muerte, ningún destino, ninguna credencial, ni espejo, ni reciprocridad, ni testaferro, ni mapa, ni testamento, ni herencia genética, ni eco, ni pagos, ni en los bares ni en las taquillas

y es una ALArido
un fulgor
el jugo de la vida

sin rollos
ni pergaminos
ni por qué

es, lo que es
y es anarquista
y es de la osa mayor
hoy mojar el pico
en el cualquiera
de los cualquieras
ademanes y tropiezos
guitarras e intemperies
de un licor
o un desfallecimiento caduco
de la idea por la avalancha
y del destino, por la piedra de hachís
desatascándote la tráquea

pongamos que tengo 7 almas y media
una y un cuarto te aman con eternidad y fidelidad

y las otras
henchidas de sus designios
florecen y perpetran sus oblicuos horizontes

y danzan

¡todas quieren bailar sin renuncia ni ley!
¡todas quieren su vestido nuevo para desnudarse en la abrasión y galopar el viento y el infinito!

pongamos que lo puesto
ama el exibicionismo
en las orgías cósmicas y oceánicas

un perro verde
agita mi redundancia
y Diógenes se mea de risa en la entrega de mi amor
ayer me llamó X. a la medianoche
para contarme una rayadura de hachís
y ardides maniacos varios, de no sé que cordón, haciendo cachos del cordón y atando al cuello el cuello de un marsupial con dos alas, y yo que tengo paciencia de datura en ebullición, me gorjeé y fumé, el mismo desvarío, como si mi carne fuera su carne y el suicidio de la lógica mi única casa
cuando olvide el nºPIN, otras dos veces, y no recuerde el PUK
ya estaré lista, para darle todas tus propiedades a los feriantes
e irme, con la estrella que más caliente a mis obstinaciones

muy lejos, de lo que está cerca, de lo que estará cerca, de lo que se cree, una cosa, un ente, una puta bandera
y de flor en flor, los licores tendrán dentro el arcoiris, dentro, tu alma, y todas las almas que los pájaros apostrofan en el poeta suicida que renuncia a la belleza por el fuego, a la tierra, por los astros que muertos centellean mi primer sueño

yo no me caso
no recibiré testamento alguno
y lo que tengo, es etéreo
lo que busco, es imposible
lo que me mata ya está muerto
sólo me pego
a lo que me despega
y desplega
e invoca y desboca

jamás a un hombre
no sé qué puedo hacer para que me incomprendas y incomprenderte, con jugo de colibri y de metamorfosis... escucha un piano en el callejón, nunca se ha sabido la tonada de memoria, nunca ha sabido tocar dos veces la misma canción, pero su teclado vehemente siempre se pegó a la luna.... algunos se embriagan al oirlo, se salpican de su éter y pierden el suelo... gozan su etéreo amor y aullan algo casi incomprensible, el amor no es una mano que nos salva, es una mano que nos empuja al abismo del fuego y de las estrellas y que no quiere conservar el nombre ni el significado
le digo a X. "ahora ya sí, estamos llegando a la plenitud" e ironiza, con el vacío de la nevera, la deriva, las grietas de la casa, y el no trabajo que nos dieron a jornada completa más los festivos y otros gastos de esperanza, y luego dice aquello de Groucho de "desde las cumbres de la derrota hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria" y me carcajeo y me siento más vehemente-mentemente cercana a la felicidad perpetua.
pecar
mi huella errada
en ese escenario de cartón y cloroformo
y estallarme en tu cara
como saliva de gorrión y verso tachado
usar tu gota de sangre, como faro y talonario

y volver como liebre en estampida
con la soledad como un buque y como un disfraz

otros vendrán a barrerme la ingloria de la letra, como salvarratas
y estará al fin, limpio y brillante, el reposo donde desnudo tu sombra y mi cuerpo y de la vida convergentes placentas darán otro nombre al fósil del coral y habrá sido mi primera palabra y la única tierra

introduce ahí* el nº PIN
y sálvame de la obra
ésta hora
de mirar los palos y las piedras
y averiguar las ranas en el testaferro de tu olvido al portador
mencionar la sidra y la humedad de la sombra en el vals, un desconocido descolocando los papeles o esa pesquisa que mató al testigo y salvó nuestra dudosa coartada
ese cuento
del naufragio
en los grumos que la prosa dejó en tu estéril cuchillo
no me conmovió, ni siquiera el asco, ni la miseria, ni la ruina

fue todo lo seco y viejo de tus mundos
matando al sueño por hastío y por cobardía, por abandono y por enfermedad, ni siquiera con sadismo, ni pasión, ni sangre, ni la legitimidad de la violencia en el desamparo o en el despecho de tangos y ortigas, ni un llevaba demasiadas copas y me traicionó la guitarra y la tumba o fue porque no lo hizo

no hubo nada de eso, ninguna vehemencia, sólo tus momias y tus agujeros negros, sólo el olvido y la muerte de las palabras, de los gruñidos, de los cristales que se parten y del mármol, sólo tu cabeza enterrada en el sótano del fango

y yo, que amé con delirio, para salvar tu dignidad, mentí un poema, mentí un aquelarre, para salvar tu canción, te convertí en otro hombre
no comprendo mi vida
en el destino de otra vida
sino en la luna y en la deriva, trashumancia y escalofrío etéreo y callejero
por eso no busco en un amante, un quédate a mi lado, ni embriágame de necesidad y fuego, ni de constancia, ni de pluralidad, ni llegada, ni vuelve, ni eco, ni di mi nombre para que mi nombre sea también calima, ni conoce mis grietas ni mi insomnio, ni dame el vino, ni la paz
para mí un amante, es un error poético, un capricho, una canción, un desliz de estrellas, vicio de calles que arden o horizontes, que mienten en una noche todos los mundos
el martes me voy
me han pasado extrañas y evanescentes, las últimas páginas del calendario
el martes la mochila y la mar
y todavía mi piel no llama a sus playas aisladas ni al salitre penetrándome, no me percibo del todo en el espacio, ni en la convocatoria de la canción y la incertidumbre, es como si algo de mí no estuviera todavía, no lo hubiera llegado y flotara, como si una noción se hubiera ido con oblicuas aves y mis suelos fueran también el canto de la carcoma y el serrín...
siempre me muevo
entre mi eco y mi califrafía y el portazo de lo inexplicable, el vaso sucio y el pomo de la puerta, mis sandalias en el fango y un cacho de mi corazón en tu sepultura y otro en tu esperanza de vida con ese harapiento cinismo que usamos como espada de cartón, me muevo cuando me quiero quedar quieta, de la vocal a la vocal de mi nombre y de mi despedida, de mi teclado a las pulgas del perro, de tu sí al no de la luna, de mi ventana a un escenario roto, al útero de la mar, a un mechero, a una peluca de gasolina, a mi infancia como un tirachinas o una lágrima de cacuy, al musgo del tejado y a las cagadas de paloma, me muevo lunática y abandonada y naciente o mortecina, cada vez, irreductiblemente, porque mi yo es éter, porque mi centro es también una enana blanca y un calambre volcánico, porque pierdo todas las palabras que quiero conservar y soy poseida por la deriva y el fracaso, por las luciérnagas y las vueltas de campana, por el insacible vértigo de estar viva, me licencié en el manicomio, con las metamorfosis y con todas las taras de los astros y los gusanos, soy mi grieta y mi pentagrama, algo me muerde siempre en el cuello, el opio y la contraadicción y axioma de la serpiente
cuando pienso en la plenitud, en lo más parecido a la paz y a la salvación
me hallo sola, en la intemperie de la mar y su arrebato, en esa catarsis del éter y la eternidad, despoblada del civismo, de mi yo y del futuro entre los futuros de mi especie y del idioma entre los idiomas

no pienso en el amor
no codicio ni siquiera el orgasmo y las calles incendiadas de etílicos y abrasivos y anarcos bailes

mi idea del nirvana
es un abandono y una entrega, a la materia inerte de la mar y esa soledad, altiva, que de tan sola, ya no tiene historia ni identidad ni tiempo ni arquitectura, y fluye como algas y oleajes, y se combustiona y se pierde y se pertenece a lo impertenecible, y es entera y es todo, porque es esa inefabilidad enamorada que poseé todos los mundos, en un grano de arena sumergida en el fondo del océano
necesito a los gatos
y a su ronco blues en mis zapatos rotos
el pertrecho y obstinación del dadá y del humo
y la ternura de las manzanas en tus manos y en el bodegón
trayéndome la voz de la mar y de la nada

he jurado
a mi primera derrota
la erección del abstracto y de los rizomas
como mi hambre y como mi compra

he obstinado
también con la que suicidé
mi pobre página
y su puño americano, su sidra y su pan

perdí amando
un sueño
que no se fue del todo
y pronunció en mi bolígrafo
su urdimbre de leña y salvia y fantasmas e islas levitadas sobre lo inalcanzable

nunca entendí el olvido ni pude encenderle velas ni quemarle santos
sólo olvidé lo que no acuchilló mi alma ni lo que no me dio pájaros, lo que nunca insistió en mi memoria

le he dado a la escritura muchas otras vidas
y he jurado al poema, antes y después, y encima y debajo, a ese poema que nunca escribí, que es insolvente y que nunca dejará ni patria ni saciabilidad

y sigue llamándome
con mucha más saña y profundidad
que mi propio destino

he estado sola y dentro de un pozo
muchos años y sólo la escritura, era mi cuerpo y mi casa y la ausencia de mi casa y de mi cuerpo

cuando decían  que yo era una esquizofrénica
sólo la escritura sabía mis razones y mi lucidez y nombraba en mi la realidad y la muerte y comprendía los tuétanos de las alucinaciones y los astros en llamas, el olvido y mis pérdidas

y todo aquello, me dio, otra idea de mi yo social y de mi lenguaje, en mi espejo y en los otros, en la civilización y en la amada cloaca, en los perros y en la inocencia, en el baile y en el amor
no es una distancia personal
ni un transgénico sentimiento contigo
ni mercenario vínculo o oblicua intención para tu noche

es algo que ocurre con fuego en mi instrospección y en la combustión de mi ruta
y que me desplega junto a libélulas y charcas y sombras de nube en la noche

¿qué puedo hacer si sientes como afrenta y distancia lo que a mí me llama como destino?

digamos que hay cientos de personalidades flotando sobre el etéreo yo
algunas mojan el champán en tu cuerpo
y otras nunca te han conocido
y navegan su hambre y su blues, sobre crujidos cielos y quillas de barca

no puedo ni quiero, dar cuentas de ellas contigo ni con nadie, son a mí, como un volcán y como la melancolía, como tierra escarbada y alpacas bajo la lluvia

salgo de mi evanescencia
como peregrina y vendedora de aviones de papel
y en el desliz y abandono, de mi fotosíntesis, puedo compartir contigo y con los otros, el vino y la canción
pero sólo en esa fugacidad y noches de paso y abrasión, azar y vicio
ayer cuando iba a dormirme
en esas alucinaciones del ensueño
había un callejón y era de noche y una sucia luz de farola, y del muro, salía una puerta-muro, y estabas tú allí, riendo y gesticulando, como si hablaras conmigo, tu boca se movía, pero no llegaba tu voz, como una película muda, aunque ese lenguaje, caía en el escenario y en los agujeros de mi corazón, eras tú, pero era otro tu cuerpo y otro tu rostro, tenías la barba larga y negra, y otra nariz y otros ojos, eras violento e incandescente y algo de tu risa, me daba como espanto....

tal vez sea un avance en mi obseso poema
la pérdida de tu imagen
y esa transliteración de vagabundos
la vértebra de esa margarita
hundida y desamparada por tu eco y tu retorno

eres humo
eres el poema que perdí en el poema que empezó como sacrilegio y como imposible
y no calzó tu cuerpo en mi muerte una estrella, ni en mi vida, la continuidad

te siento, escarbado cada vez
en el etílico horizonte
de los pozos y laberintos de opio y de cuervos

y es un engaño, lo que ha quedado de la palabra, para simular tu nombre o tu olvido

tal vez, en el peremne trago del carnaval esquívo
te perpetré, monstruosamente, como un exilio y como un puñal, en el encontrado paraiso de los innombrables

y ya no queda de tu hombre, ni el gusano que te descompone de mi pecho, ni la guitarra que te brota en mi mar

pero tampoco eres sólo un fantasma, ni sólo alegoría, o metáfora o réquiem

no sé qué coño de la noche te ofreció mi eternidad que no pude volver para robarte ni agotarte del parasitismo del sol y de los puertos con los marineros borrachos haciendo barcas de mis cicatrices

y eres también la desviada excusa, de mis misántropas y ermitañas formas de alejarme de las otras vidas y tenderme a los lobos

pero no es tu memoria, la memoria que se salva, ya ni siquiera recuerdo tu voz ni tu rostro, es otra cosa, tal vez tiene qué ver con el cielo en el que nunca creí y con la hegemonía de la luna
había decenas de platos sucios en la cocina, creo que no quedaba en el armario ni un vaso ni una cucharilla ni el espectro de una flor, les grité, "sois tres tipos acá adultos y desamparados y no tenéis cojones a lavar los trapos sucios" y me dieron excusas y vi, en esa deriva, también mis primeros zapatos rotos con verticales de hiedra
tal vez voy a ti cuando te alejas como amapola y sed de pájaro
y cuando te acercas, me voy desde ti, a cualquier otro y blues pinchado por Babel y por whisky

tal vez es la atracción de los perdidos encamados de luna y de fandango

o sin ti, no me prevarica el vino y contigo si sólo contigo, los barcos piratas me llevan a otra derrota y amor
ese arrojo
de una negativa y su envés
que levita en la insinuación de un paraiso
que no sé si es una taberna sucia y pobre, chorreando en tus labios, como mi patria o como mi adiós
o tal vez, está cerca, de esa felicidad que tiene también que ser triste, para poder serlo y acoger a los pájaros en el temblor de su vacío
o esos 15minutos, esperando al autobús y despidiéndote, peleando, el alcance de las palabras que tu sexo dejó en el diario de la oblicuidad de mis horizontes, mirándote, como a un extranjero y como a la complicidad de la lava donde esconderte era atarse al placer y al vino, desnudos y goteantes, de otro idioma y  otra forma de morir
esa búsqueda de las mandíbulas de las algas
y un silencio amotinado en tus párpados al cerrarse
dándome el soliloquio del viento y del olvido

no tengo ni idea
cuántas orillas y destierros, me trae ese poema
ni qué hace mi sombra con mis patios y con la basura, en las aceras que frotan, penínsulas de luna y de fuego
ni qué nombre vino antes que el alarido y cuál quedó o no quedó, tras el beso y el puñal de rosas

y tengo que partir del embrujo de mi desorientación
y esa metamorfosis obstinada por la duda y el arrojo

sujetarme a esa volatilidad
como principio para traer la letra y manchar mis manos

tal vez es el romper el cascarón
o haber conocido otra aurora sangrante en las alpacas

algo que me dispone, en una semántica entrópica y endémica de gaviotas y polvo

aprovechar la deriva, es reír como neumáticos que se pinchan al romper contra el cristal de una sucursal y tomar la velocidad de la inercia de lo desconocido y húmedo

pienso en esa habitación y la vehemencia de X. en mi pobreza y en mis pájaros, dándome alas de queroseno y amnesias de sumergidas ciudades, en sus labios, alfabetizadores, de mi fuego y de las ganas indeterminante de no sé qué canción que en su cuerpo brotó sin preguntas ni destino... no importa el participio ni el sujeto, cuando el vals, destruye las paredes
Me dice X. "nos matas a plazos" que es una frase que se sacó del abuelo y que siempre nos carcajeábamos como perros cuando él la decía, y me reprocha algo de las noches que suelo ir a buscar ahora, pero apretujándonos un pájaro en un abrazo de sal y una risa de erizos y de charcas. Me hace feliz su presencia, y esos pasillos abiertos y volubles de ésta casa. Como que aquí todo se empuja hacia un afuera y un calambre de luz, y no tanto hacia la isla y su exilio. Yo me siento, paladas de arena y posibilidades manchadas por aviones de papel y gritos melancólicos entrelazos a un puño de salitre. He estado últimamente algo oblicua y tal vez perdida entre humo y perros. Caótica de un amor y sus agujeros y tijeras de viento indeterminante. Y todo lo tengo que volver a nombrar, como si las palabras fueran una violenta despedida y no se quedara lo cierto, en mi piel ni en mi búsqueda.
Me despierto. Soñaba algo existencialista y de la expresión a llamaradas de lo cierto. Ahora se deshollinan ciertas palabras en esa sombra líquida de los escenarios y empiezo a amar y a perder. Es algo tarde. Mi sueño es una mancha. Los pasos claudican picos de gorrión. Y esa melancolía turbia y despoblada. Tal vez empezó en ti lo que luego rasgó en mis papeles un grito huérfano y húmedo.
se ha torcido la quedada de la noche y no tengo ni una moneda, aunque en el viaje esa inquietud del amor y las ciudades abiertas al tajo de un lirio en tu tenedor, sangrando mi memoria y tu exilio... ese olor y esas ganas, la luna casi llena, los gorriones que negaron tu retorno. y esa manera de bostezar champan en los ojos que nos recojan, da igual la semántica y el porqué
ahora me voy a la ciudad, con la transacción de esa vagabundia y tus ojos cenizos en la carretera que arde, con un sueño de amapola y abandono y ese todavía cortado y húmedo, de las ruinas que dejaste en un cuaderno y se hicieron pájaros y manotazos en el boicot del tiempo y de tu muerte

tengo ganas de la intemperie y de rozar contra otros horizontes, el juego y la lluvia
he estado merendando con el  el abuelo, manzanas y ciruelas, y recordé a mi abuela, entre los árboles y los cuchillos y esas pieles de manzana, cuando ella vivía y todavía podía caminar, pelábamos las manzanas, en el patio, de aquellos sacos que nos traían, quitando las zonas marchitas, y con esa calidez y olvido, con esa muerte de las palabras y sólo viento... y todo aquello ahora pertenece a un poema de abedules y a una mandíbula de viento en la mar y en lo que no existe, también recordé esa absurda broma que repetía y repetía y que a ella le enfadaba y me hacía reír surrealista y abandonadamente, cuando había algún desecho orgánico y ella decía que lo tirara a la basura, yo le decía "no se puede tirar a la basura ¡es para las gallinas! y ella gruñía "¿pero qué gallinas?, estás tonta, si ya no tenemos gallinas",  y yo insistía "lo que es de las gallinas es de las gallinas y no de la basura", en mi subconsciente de marihuana, imaginaba ejércitos de gallinas con espadas y escudos, ocupándose de nuestras ruinas, la abuela me hacía reir, me ofrecía algo, que no he vuelto a escuchar de ese modo desde que está muerta, aunque hoy un instante, me carcajeé al recordar, como si su voz, cayera sobre nosotros
esa fotografía sepia
y las anguilas

en esa bar proscrito
de tu fracaso dándome el romanticismo que perdí en tu cuerpo

somos unos impostores
o es que siempre hacemos lo correcto
que sabe a suela despegada de bota, con gasolina y lirios
manchas de vino en el pago en recepción
y era un nombre falso como todos los nombres

aunque ya ni yo misma me lo suela creer
quiero la abrasiva pureza y un amor incorruptible, capaz de convertirme en pájaro al soplarme

el único territorio es el teatro
y las butacas del fondo en llamas
escupiendo chimeneas de urraca y malpago de blues

si me hablas de sentimientos me crece un puercoespín de la bombilla y se me saltan los plomos en el suicidio del puto alcalde

es raro, pero siento más sucio el afecto que el boicot de amanitas en pornógrafas noches del arrebato y la mala tierra de una tráquea-puente colgante que te llevó rosas al sanatorio con un mensaje escrito por mis heces y mi esperanza

para sentirme limpia e inocente, necesito tener mi ética y mi patria en la luna, con antenas de cucaracha y alas de libélula en celo de hacer agujeros de gusano entre mi muerte y la eternidad

no me gusta que las personas me hablen desde el materialismo ni pactar con ellas, putos trozos del realismo, ni sus alcobas ni sus cementerios, ni sus solvencias ni sus resonancias, ni ningún futuro de sus alcanzables ni cotizables, ni puto hogar, ni volveré mañana, ni nada que enjaule a mi incandescente huida escópica y lisérgica en la multiplicación irregular y oblicua, de la identidad y del jugo cósmico

me miro vagabunda y creo que nunca nadie entro hasta ahí, y que tal vez ese nadie, es todo cuánto necesito para volar y haber amado.
busco otra expropiación y desterritorialización
para mi puta casa y la canción de espina de salmones y sacristía de estrellas
algo transversalmente inconocido e impredecible, para el hollín de la tinta y el quemarropa de mi sueño, no sé qué, pero no me sacia lo que he tenido ni lo que he quemado, ni ese barquito de papel que el vendedor de humo me cambió por la pintura de una chimenea, si ese amor de 8horas y la luna suicida y el orgasmo de los trashumantes y los perdidos
ni mi espantapájaros quemando el televisor o enganchando la luz al cable de los vecinos, no sé qué mar que recoja la mar con pinzas de opio en mis empapados huesos, otra presencia que me aguante el espanto en el mano a mano de las tabernas y el autostop y otro nombre que robar a los árboles y al olvido
la vigilia
de la tierra mojada
en esa harapo
de descosidas endémicas del gozo del vino y la incertidumbre
atraco de estrellas fugaces al impar verbo de la conjugación de distancias

todavía me siento vapor
y ese rasguño de la carretera en tu paquete de cigarrillos
temblándote una fractura en el calendario y ofreciéndote un amor intransitable

me acostumbré a cierto destierro
a quedar mal a voces y a volver sola a buscar gorriones

el otro día X. decepcionó a mi luna
me confesó que cuando me embriago y empiezo a aclamar a voces, se siente incómodo y teme que nos detengan, que le meta en líos, que me pongo impredecible e insoportable, que blablabla
de lo que deducí que X. no es buena compañía para el baile ni para las risas de perros y que no entiende el aullido del poema ni de la cloaca, que es un fantasma y que yo soy viuda
me apetece mucho ese viaje
volver a la mar y a la desnudez dentro de sus fueros
y a la soledad y sus carros de combate, sumergidos y despoblados, en sus aristas y en sus calendarios muertos
y porbar quién sabe qué vino
y qué latitud de tus ausencias en las queimadas y en los aquelarres

quiero largarme pronto y que sea para siempre

aunque sé que todavía me debo al invierno del espantapájaros
y a éste maleable éxodo de huidas y amnesias mal-logradas y desvestidas en esa danza de parias, a veces me siento sola caminando sobre lodo el escalofrío de las distancias, sin semejantes en mis gritos ni en mis aviones y un hueco alquilado sobre tu porta-minas y el crisantemo, pero es también el desequilibrismo de esa sombra mi salmo y lo que erosiona de mis caminos las canciones

me han invitado a una fiesta para el 23de septiembre y me han dicho que ese día celebran la bisexualidad, e iré a esa ciudad, cargada de ausentes maletas y trenes, ansiosa por un pentagrama que arda y una posible sacudida y despecho de la luna en los horizontes, creo que lo que busco todavía no ha aterrizado en la tierra y yo he sido mil veces desahuacida por el infortunio de los camareros y de los coplistas, huyo de mis orígenes, aunque ya queda poco de ellos, pero meter 20años, en un tango y dedicarme a la lavandería de trajes de payaso y sus pasiones en la cotización de mis haciendas, irme de León, irme de los lugares que me han conocido, incluso de las personas y los escasos vínculos que refriegan a veces los pianos

siento que necesito empezar
con el corazón chorreante en la pobreza de mis manos
muy lejos de aquí, muy lejos incluso de mi escritura y de la sombra de los abedules y las espadas que cavamos en el huerto y en las tumbas
juego con el gato
y se echa sobre mí y ronronea y se duerme con sus 5kg de peso sobre mí
y pienso que de la tierra, sólo yo pienso en éste gato, sólo para mí existe con abrasión y con música y me taladra esa estrella y ese rugido de mar y de tierra removida y por un instante, nos siento a los dos, flotar muy lejos, exiliados y rotos y libres y henchidos, a veces creo que Hierro vela por mi alma

me dice X. bromeando, que le puso atropina el oculista para dilatar las pupilas
y que era lo que yo tomaba para dilatar la cabeza en aquellos viajes, que en su ojo está focalizado y no como(...) y me sonríe lejanamente, como si aquellos recuerdos ya estuvieran del todo cicatrizados, recordé del estramonio, esas pupilas que ocupaban todo mi ojo, y durante tres o cuatro días, no veía casi nada, recuerdo que escribía en un papel en aquél hospital, y no veía mis palabras, como si 30cm mágicos y macabros, llevaran mi cuaderno a otro mundo y yo fuera a la mitad fantasma y también la tierra, entre alguna vértebra de alce y de cacuy.
en unas tres horas me voy
con ese ansia custodiada
en lo que perdieron en las calles en el agujero de tus bolsillos
y esas ganas de emigrar en una botella de vino
lunas de cloroformo y plata de inmersión al grito de tu abismo
un todavía que no reconozca tu nombre ni mis epígrafes

no tengo ni una sola moneda
y le debo todavía 20euros de tragos a X.
de aquella noche que tan larga noche
que duró mucho más la sed que el recaudo y que la fecha

hoy me apetce alargar el último viernes de agosto
en la utopía de algún amor que pase muy lejos de aquí

aunque no sé si el realismo me hará favores

llevo enclaustrada más de 10días
hablando con la cornamenta de los ciervos y con las margaritas de hollín

y necesito algún exorcismo
que devuelva las bicicletas a mi suicida
y las armónicas a su frígida esperanza
cerré los ojos
un rato para descansar
y tuve la visión, de una mujer de piedra y de barro, con una atmósfera de piedra y de barro, que sonreía y corría y tenía el pelo largo y suelto y movía su boca como si clamara algo, todo era de color tierra, con ronchas de amarillo

me gusta mucho tener esa especie de alucinaciones
porque me navegan y me tiritan un arte visceral e inatrapable y porque llegan, como si cayeran del imposible y de la lejanía y no fuera yo la que las construyera

a veces me conectan
con la esencia de mi búsqueda y mi sed
con el grito de mis sueños y lo que me falta
no sé qué poemas
o qué errores
volverán a galopar la noche entre nuestros cuerpos

y no importa qué amanecer o qué cuervo nos mire

tal vez es el orificio y combustión del gozo
y la dramaturgia de un cielo que rescatar del robo
o un robo que perpetrar del cubismo

y mientras
cienes de historias
crujen en los suelos
alcobas de gas y trashumancia

destierros que apretar contra mi pecho y como cuchillo

y embudos de anonimato
haciendo con el pronombre una orgia y un abandono

otra mar en la mar
dictó la barca y el naufragio

y allá no estábamos nosotros

yo vuelo suicida el escalofrío que acuna mi horfandad

dejo lejos de mi alcance lo que persigo y mi patria

tal vez sucumbo a esa placer
como gota de rocío
como charca que se evapora

no quiero su literatura ni su destino

sólo jadear un paraiso fugaz y amnésico

no defender su recuerdo ni su ruta

otro horizonte nace en mi vagina cada noche
y tiene sus huesos calados de salitre y de pájaros de fuego
tengo todavía que despertarme
mojarme los pies con cabezas de polilla
cerrar ese equipaje en la grieta semántica y correr

a veces ocupo un voluble lugar
que acomete el olvido y la evaporación
y me siento leña mojada cerca de la madreselva
y ese grito desligado de tus noches etílicas y la suciedad de tus uñas

y me retecho en alguna carretera de la huida
com sombras amparas en la cuchilla de afeitar clavada en tu espalda desdibujando mis pinturas
ese viento
y los empujones de la carcoma
en el cartón y en el ocaso
que usamos como residuos del amor
para salpicar las sabandijas del espejo
e incendiar los retratos de las sombras
con un rostro alquilado en el perdón que no escribimos

los poemas ya escritos
son saliva de ciervo en un charco y en una hoz
son olvido y vagón de tren en tu cerilla

sólo aquellos
que en la noche que aún no ha llegado
nos den el gozo y la trinchera
buscarán los ojos en nuestros ojos

y osen la palabra en tus labios
como una estampida de mi derrota
ésta hora
en la que hacen ceniza los tejados
y caigo un poco en el olvido
y bostezo escenarios vencidos y ausencia

y tengo que volver a empezar
con tu equipaje roto en mi vacío

al principio de la tarde
se borran las palabras con las tizas
y una canción de hojalata habla de la lluvia en esa pisada incierta
y estoy a la mitad dormida en el ensueño de la nieve

quiero irme pronto
y mandar a tomar por el culo
el lugar del regreso de la urraca y los trenes

poseer ese viaje
e irme desde sus cumbres
al continuo irme
ese ovillo
y agujero
de la taberna
en la ingravidez contra la hegemonía de la carne y de la palabra

a veces sólo soy viento
incapaz a tener lo que me tiene
ni a desear un regazo ni un retorno

y me vuelvo la apología a una pasión inefable
y todo es caos en la idea de los objetos y de los destino

cambio extremamente de parecer y de cielo
por la subordinación de un fuego y de las piedras
y soy, esa neurosis del candor, rezando perros a las noches
llorando y amando perros, del vacío y del paraiso

y soy infiel
a todo lo que prometo
y a mí misma
como lava y como tejo

a veces creo que la etereidad
convenció a mi pensamiento y a mi idea de la riqueza
y andrajó dentro de mí miles de kilómetros de proposiciones de whisky y de pájaros

eso a veces me hace caer en el abismo y a veces me da el arrebato y el éxtasis
y me siento segura y armada, en el vaho y en la deriva

como si lo único que tuviera que hacer fuera sangrar y correr, no quedarme quieta, estremecerme, soñar la luna, y todo lo otro fuera vicio y azar, paisanaje y un billete de autobús, yo me mantengo en el lugar perfecto, si soy mariposa y ruina, si me devoran las canciones y llueven amapolas del desfiladero.........
ese humo
y carbón de tu diario
clandestino de mi porvenir
arrodillando al cinismo a esa sádica entrega de mi desencuentro

hay vidas, pocas, que dejan un temblor irreductible en la caligrafía
una decisión sobre el viento y entre los huesos de los pájaros
y tú eras una de ellas

el daño y tu belleza no fueron inútiles
tus labios y tu fosa, no pasaron en vano por mi cuerpo ni por mi literatura

aunque ahora sean nada
sus espectros rodean las metáforas y la manera de desnudarse en la mar

aunque ningún futuro pueda encontrarte ni te busque
ni quede ni una gota de fe, para evocarte o dolerte

mi nombre desaparece cuando digo el tuyo
y me abandonan los pájaros cuando recuerdo los que me diste
el cielo se suicida si te vuelvo a desear
y la inexistencia descompone a los negrillos
si te amo algo en mí se mata y se extingue

por eso es otro el licor que zarandea aquellos puertos y antros

pero algo de todo aquello perpetró en mi un poema que persiste aunque sea dentro de la hoguera

no te guardé luto y fui bastante feliz con la abrasión de esa quema de mundos y puntos cardinales, con el retorno a los lobos con tu cadáver como escopeta, tal vez incluso se dilató y armó mi utopía y ahora estoy más cerca... pero tú estarás siempre en algún lugar de la mar.
llevo aquí más de 10 días
y se empiezan a pegar las montañas
a tu tijera de impostor repartidor de la equidad del espanto
y esas reses, levitan, la metamorfosis del agujero de la tierra en la polilla de polvo

cuando me aislo
en ésta cautividad de intemperies
y vinos verdes que despoblan tu nombre de las tumbas

la introspección
acaba defraudando en la ley de la gravedad la suciedad de mi esperanza

no soy un animal sociable por naturaleza
lo soy más por alcoholismo y atracción de exorcismos de pescado y trenes

aún así sé que me hace bien
sucumbir a la lumbre de otras criaturas
y hablar gilipolleces con desapego y entusiasmo

a veces me salva que ella me hable de lo que oyó en la radio o del nuevo pegamento que estaba en oferta en el mercadona, que me hable de meter en la horna, los zapatos rojos o de cuándo le va a venir la regla y qué no podrá hacer conmigo, que alguien me cuente, como si no hubiera otros mundos, la reproducción de los caracoles, o cómo lavar los cristales con papel de periódico, que me diga él lo que le dijo el veterinario y qué pasó con la esperanza en la piscina fluvial llena de mosquitos, a veces me calma el abismo, escuchar conversaciones sobre la leña y las alpacas, sobre el sí, ya duran menos los días y yo he puesto a lavar el pañuelo bordado por mi inmemoria
el olor a plástico quemado
de esa esperanza que has parido
en el blues verde de la amante-cloaca

soñaba con tu sangre
como vestido de boda
como el plato a la mesa y el reloj de pared escarbado en mi no-corazón cargando las pilas del consolador que cambiaste en el patio, por una cuchilla de afeitar

soñaba con un perdón de ácido debajo de la lengua
escupiendo arlequines a la sombra que acuna el suicidio de los ciervos

y todo era esa manera
de atormentarme con ilegítimo gozo
y crujir dos alas, al cierzo y a la nieve

mentir tu rostro
en el sacapuntas
y en la órbita de un crematorio

aferrarme con fuego a la autopsia de ese delirio
y voltear tu casa en ruinas sobre la belleza de los murciélagos

y sólo el poema se quedó al festín y al matadero

soy muy fantasiosa
ya me lo decía mamá cuando de niña trataba de hacer música con la basura que escondían debajo de mi cama y en mi cuerpo

la fantasía siempre acaba tomando las decisiones que no tuvo el valor de tomar tu muerte
se deshace
al crujir
de la manzana que encierra
tu voz, de mis intenciones
y esa patria mil veces muerta
cuando las palomas cantan el fuego
encima de tus escombros y mi olvido

ya no eres memoria
ni sus armisticios ni armas
ni un lugar para la paz ni para el pecado
ni cierto océano ni sepultura

los grillos comieron de tu cadáver
el túnel que me unía a tu muerte y a tu canción

ya no manchas con sangre la sombra de mi bolígrafo
ni conmueves a mi derrota ni haces llorar a mis sueños

fuiste el usurpador
de algo que nunca fue mío

te amé cuando el amor era esa Obra
y aun después entre las cloacas
y aun, en lo que nunca existió

luego el tiempo hizo cinismo y andrajo
con aquello que mis venas abrieron
y lo que los pájaros comieron en mis ojos

y tú fuiste borrándote
como vino insolubre en una ruinas
y quedándote como metáfora de una metáfora vagabunda
fantasía macabra y combustible, de otra vida, ya demasiado lejana, para distinguirla de la destrucción de los espejos
me largo en unos días
a la intemperie de la mar
y su barco de helio
en tu fosa como mi amado tenedor
capaz de clavarse en mi hambre
y dar de comer a mis muertos

se acaba el verano
y tendremos que hacer carros de combate
con la desesperanza miope de los cipreses

para soportar el frío
para velar en el mármol
como tiradoras de cartas y pitonisas
mucho antes que el tiempo y que la palabra
adelantarnos a la tragedia, como luciérnagas de heroina
y dejar a secar dentro del vino
el incendio percusor de todo lo que perderé

se acaba el verano
y nuevas tormentas
bruñirán en el participio del anacoluto
un andrajo de poemas e infortunios
que se harán gozo si aciertas con el blues y con la navaja

tal vez no nos hicimos pájaros, ni mariposas, ni la ternura nos derritió como estatua de cera, en un puto cuerpo que acabara el problema de la metafísica

no llegamos al cielo, aunque jadeamos sus orgasmos

¡no nos salvamos! ¡no acabamos el drama! ¡no bombardeamos el parlamento! ¡no resucitamos al Quijote! no encontramos todavía una razón para morir o para estallarnos océano

todavía habrá que perder hasta el delirio, todavía la vida tendrá que cortejarnos, la  pólvora y las alas...
el invierno susurrará en la quema de los mapas, la espada de benceno y afilará la piedra, en el cuervo que ama
andar con un pie
siempre metido al pozo y a las algas
y con el otro, fingirte la esperanza de mi ética

dijeron que había un camino
los que nunca se incendiaron de tierra

dijeron "encuentra tu camino"
los que nunca entendieron nada

lo único que existe es el fuego
esa evanescencia vehemente y mísera
del tacto de las manos apretando en sus puños el vacio como si poder hacer una bola de papel con el cielo y con ella bañada en gasolina quemar todas las ciudades
el amor
antes era medio definible
era la tripa de un ciervo en tu tenedor
tú y tu tropa de fantasmas
esa obsesión de la fotosíntesis y tu semen
esa manera de matarme en tu gozo
de quemar mis escritos en tus labios
de abocarlo todo a tus vísceras y a tus mecheros
de flotar, como un ave y como un ánima, con tu voz, como el universo y como la muerte

ahora el amor
es la hoguera de fuga
de los abalorios de los cuervos
en esa espalda, como escudo y como suicidio
tomando de mi vagina el teatro y los trenes
y acuchillando escaleras en la amapola

ahora el amor
nunca es el mismo
al acabar la noche

y ha olvidado
de los pronombres, la isla
de mi cuerpo, su casa

no sé si mi corazón se ha hecho una polilla
o un tratado surrealista de la inquisición de la luna y de los réquiem
usé a tu favor
la materia negativa
de ese pincel quitándole las puntas al cuadro
y el poso de la copa
que eran también unos dientes
y un tren de madera rompiendo la cabeza del apuntador

lo que creo, es una alucinación
o un recurso poético
un crisantemo en la boca del cadáver
o un impulso para llegar a la luna

nada del realismo
nada de lo demostrable
ni filosofía, ni yo he sangrado, ni cómo puedo dártelo

y yo soy la insaciable multiplicación y perdición
de la naturaleza de mi rostro
y de la voluble y vagabunda identidad

ya estamos demasiado locos
como para quedar bien con hacienda, con mamá, con el testamento
me garcea
también tu mentira
el epígrafe de mi desventuranza
y me cruje risa de sapo y ventanal

porque era necesario
derretir un cuento
para que la carne siguiera fresca y cotizara aún el verso

puedes poner encima, las obstinaciones qué
supuestos horizontes y oficios que justifiquen el desfalco y la vanidad de ese gozo

pero detrás
donde tu sombra baila el twist con los fantasmas

los dos lo sabemos
¡es teatro!

de lo otro querido ya no nos queda

por eso no pretendo tu amor
sino tu vino
ese broche del motín
y de la desbandada
en la herida de tus labios
que cierran en mi página
una fecha corrompida

no volveré nunca allí

la metamorfosis se alzó desde su cadáver

y es literatura y no puede ser ninguna otra cosa
el ardid de aquella felicidad y los licores de su gozo e infinito

una manera tropezada de llegar al verso, pisoteada del pronombre que hurgó en mi tumba, el ocaso y la letanía
un pacto de invisibilidades que corroe en la lírica y en el sueño, una nueva dramaturgia
me despierto, algo tarde, estaba profundamente dormida, sin pensamientos, sin sueños, en una incubadora de hórreos y olvido,  ahora empiezo a abrir los ojos y a palpar ese reguero de montañas en el pestañear de la lejanía.... últimamente no abarco lo que caldea y arde, debajo de mis pies, y siempre ocurre algo que expresiona y llena de vaho, también la letra... tal vez una perdición de la idea del poema o de mi casa... creo que llevo muchos días, acá encerrada y un empuje de paisajes ha hecho algo con la sombra del ciprés...  tengo que despertarme al acto y a esa alegría que tal vez bostezó en esos labios un insomnio...

maquinan trapecios y arlequines, el voltear de los despeñados gestos, de tu incongruente vino, en mi carne y en el polvo... 
a veces me ocupo de la lágrima en motines y en exaltos que deajn impares los cuerpos que tiritaron en mis brazos el abandono, a veces la tristeza y el canto, se mezclan bélicas y unidas por una erótica de desiertos y salvia... y lo qué, se alza, debajo de todo, como un poema que ha tenido y perdido tu nombre
Lo recuerdo todavía. Ya no tiene la cálida humedad de la sangre ni la oscura ronquera del opio y la clandestina luz y cementerio. Es mucho más inerte y desértico y cubista. Pero sigue acá. Porque lo quiero, porque lo invoco, porque es también mi vanidad. Y esa acá no está en mi cuerpo ni lo roza mi muerte ni mi hoguera, no es mi nombre, no es mi eco, no es habitable, no me dará ni una canción. Pero es mi certeza.
hoy he vuelto a leer ésta carta que tiene un año y medio o por ahí..y aunque ya aquella historia haya despoblado en mis venas demasiados campos semánticos y pertenezca a fantasmas sin sangre, creo que lo que sentí aquél invierno, lo que elegí al regazo de los perros, sigue percutiendo en mí y enjambrando el estirar del vino y de la noche, éste es un fragmento;

" Te leo y revuelca el suelo una tempestad hirviendo todo éste invierno, invirtiendo el orden que creía de los copos de nieve, de la hoja que arranca el ciprés, sobre las bocas de un vino enloquecedor. Algo en mí, que aún no verbaliza el alcance de su enunciado, ardió en gozo al leerte. Después la angustia. La inmovilidad. Arroyos cubriendo todo lo que hasta aquí.  Volviéndome, sobre algún lugar que no es medible ni renunciable ni encaja en una noción de tiempo ni de espacio.
Estos cinco meses. Lo qué. Han vuelto sobre mí, el cinismo. El surrealismo impositor sobre lo que siento. La lujuría o perversión del vino.  Te he pensado cada día,  con macabra y sádica obsesión. A veces en el silencio de la naturaleza, con lo inefable. Con la ultratumba. Con palabras que no había papel que las soportara. Porque tu ausencia arrancó de mí, el campo semántico de, la sangre, como si por mis venas la ceniza, un agujero negro. Llenando de corazas que se volvían rostro. Juegos de canicas de rostros. Con un nexo volátil. Múltiplo de la expropiación. Sólo, esa vuelta, a ti, como constante, una constante ambigua, con una enervante cadencia. Te odié por no escribir.  Y el odio me envenenó poemas. Como pasión del filo. Que se mezclaba con un eje, de lo infinito qué, la búsqueda de arrancarte de mí y de quedarme en nuestro valle, en paz, en evanescencia, en, con tus ojos. El dolor vuelve bucles e impone el cinismo. Cierto delirio andrajoso.  Y ese fondo, donde es igual el mercurio que la nube. Y se trata de jugar, de cerrar los ojos con placer de la locura. Ya no hay nada cierto. Ni en los orígenes ni entre los huesos. Sino un algo, infinitamente abierto, que éramos, como la última vez, perteneciente a una especie de mundo de los muertos que a veces lo único, para decir existo.
Luego la sangre del espantapájaros o del narciso. Lo desértico o las norias de un jodido parque de atracciones. El hachís. Las emociones putas.  Volviendo el rostro de detrás, un recurso literario.
Ahora soy una puta cínica que a veces muero por no serlo, pero viene de fondo. A veces como utopía. Como ese vínculo abstracto, con el poema y ser de los bichos. Nada de ahí.
Te he escrito una carta, larga, envenenada de mí y corazas que a veces son el pecho. Y vueltas de rizomas. Una carta que no pensaba enviarte. Y a veces me abría los techos. Y era caer, caer donde ya no hay tierra, ni aire, y a veces, me cosía, los anacolutos qué. Porque tu sangre, tus ojos, de algún modo ahí, y así la mía. También mi odio y mi dolor y la lucha contra ello. La búsqueda de sacarte. Metaforizada en la turbia paradoja de hacerlo escribiéndote.

Hace unos días por la noche, sentí como el armario de Léolo, un trance delirante que ocupó todo mi cuarto, en el que nos imaginaba, llenos de motivos a cada uno y a pesar de, como el fondo de nosotros, eso que detrás, abrazados, y yo sólo quería oir que..... y en ese ensueño, sentí recobrar "el alma", como flotar,  como una música de.... catarsis que me sumió al sueño.  A la mañana siguiente me desperté como drogada, con un extraño sueño de un manicomio. Poseída por huellas líquidas. Y pensé también que tengo que olvidarte, que te jodieran, que me era muerte.  Creo que mis seres, ahora son del múltiplo. Mi utopía de polillas. El único nexo es sobre algo inexistente. Mi capacidad de sinceridad pende de una metáfora que muta. No se queda en mi garganta.


Recuerdo a Berenice aullando en israel lo perro y sucio, que se había el vuelto el beber de las cosas, de los otros, lo bajo que,  sin Constance y Cristian.
El dolor vuelve literatura a los desiertos.  Mancillé nuestra historia. Nuestras palabras. A ti insaciablemente. A las pasiones putas. Y tornaba. Y vivía como un veneno, intacta, contra mis ojos.Y con los perros vagabundos que encontré en las pinturas. No sé si recuerdo hablar contigo, si sé ahora  escribirte.  Estos meses, has mutado en las hojas. Entre los poemas.  A través de ojos, válidos por un instante, del mientras la tinta, y luego la ceguera y el rugir de lo inerte, enredado a ese mundo que me he venido formando y que cuelga al vacío y que no es hacia, ni viene de. Ni ha estado nunca.
 Tu carta ha sido una explosión. Estaba un amigo conmigo en el pueblo. Lo odié por no poder estar sola. Por no poder escribir. Cedí al espacio, a través de vino.  Y manar de ensimismamiento. Vueltas por la casa en la que emergen casas perdidas. 

No elegí matarme. Ni elegí lo qué en costa da morte.
 Sólo tomé tinta. Te quise recurso literario. Te quise como lo último cierto. Elegí la lascivia. Jugar con otros. Tú como mi inacabable excepción flotando entre mis versos y entre lo que digo a los árboles y ya sólo escucha algún idioma que aún no existe. El amor libre. Que me enciendan poemas. Que quieran bajarme la ropa. Y que se lleven y fumen, la falsía. Todo está justificado en los papeles.
Todo en el absurdo.  Sólo el gozo y será fugaz y necesitará de los espectros para masturbarse.
Ya a nada, sino a lo que dignifica el delirio y lo engrandece.
El horizonte es del fuego,K. los dos poseemos el don del crematorio.

La poesía sólo es una vez en la sangre y o exhuma la tierra o se enclava en el hueso. Saberte entre mis costillas y útero y monstruos del techo y hervir de mi huella y fusión de tumbas y pianos y zarzas y asfixia y quizás del primer cuadro, una y otra vez en mis ojos, de mí contra las paredes, por el incendio sobre el espacio, también me justifica el firmamento. Y todas las mentiras que me jure cumplir sobre los espantapájaros.
(...)
Escupámonos. Crucemos el leteo. Ya no necesitamos la fe. Lo qué. Es opaco y denso. Y está dentro de nosotros, como el antes del idioma, como el después de la vida. Probemos el límite del antagonismo, sombra contra sombra. En algún lugar de tus fangos, vive mi pecho.  En algún lugar, aquella que fui. Sólo tú estás en mi muerte. Sólo a ti. Aunque me seas veneno. Será el de la placenta, el de la tierra y el de los astros.  Desvistamos a las zorras pasiones y bañémonos con su líbido. Donde hablan las distancias como las pedradas y los partos de los árboles. Aunque ya no sobreviva ninguna promesa. Déjame mirar. Envíame fotos de tu sótano, como dardos, como silbidos o como trenes que olvidan. Envename de ti. No lloraremos. Hablaremos como babel y como la pólvora y como los muertos.(...)"
quiero seguir escribiendo esa meta-correspondencia

tal vez desvirtué su infortunio, que el tuyo, que tu fondo de ginebra adulterado en el alquiler del ambulancia, con quince minutos de erección-espacial, velando el olvido que caería, como cordillera, como hueso despeñado

del decirte a ti ¿el qué? si el ácaro, cedió la belleza a la guitarra hundida y no pude contener en el vacío de mis manos tu tristeza, ni asimilarme en tu patria ni en tu derrota

cuando surgió su necesidad
la soledad era puta y hambrienta

no sabíamos nada del polvo de farolas en esas gargantas etílicas que giraban las calles en tu espalda, como arañazos y como droga, yo pagué, pero no tenía nada en el cambio ni a la llegada, nada que apedrear al cartero ni al vendedor de flores, ni alquiler que poder cubrir de ese hueco incandente que preguntó en tus ojos mi propio olvido


me dice el abuelo "no tenemos vecinos ¿eh mareva? estos enfadaos, pepe enfadao, jose enfadao y aquél otro hijo puta también, que les den por el culo a todos" me sonríe su forma de hablarme, mientras miramos la montaña desde la galería y rugen allá las vacas, agitadas por algún viento, me ronca ese sonido algo que me sabe a tormenta y a electricidad cósmica... hoy estoy algo ausente, manchada por portazos de madera y de tierra mojada... tal vez, algo crujió en ese silencio, que cortó en tus labios, una tristeza hosca y afilada que luego cayó a las manos de la sidra y despobló tus huellas y tu memoria de mi costura y de mi vicio...

hay un cotidiano de autopistas pegadas a la fecha que no pasa por aquí, ese trago de vino y ese soliloquio de ventanas y ocupaciones, te doy por perdido cada noche y los batiscafos devoran de tus escaleras los trapos sucios de mi permisividad

me asumo en lo quieto
y me extorsiono en su imposibilidad a quedarse

tal vez un dia, deje otra vez de escribir cotidianos, y sea sólo ese abstracto que cuelga las vértebras de mis fueros y el olvido, esa otra búsqueda del poema y su hotel de paso, e las ruedas pinchadas de un escalofrío que con sangre en los nudillos zanjó el pago de las multas, antes nunca escribía sobre la hechura, y era esa mordaza y empujón de opio, tal vez ahora lo necesito, para moverme y desnudar al pajarraco y a la piedra que me mira desde el espejo, y también para jugar a abarcar lo que me soborna y me quema y discernir su sombra del campanario en llamas, de esa legaña de humo y de tu pena....
esa ausencia
dentro también como el libro que mataste
cuando pagaste al camarero la putrefacción de ese canto en nuestras bocas
y luego no quedó nada para comprar el billete, y caminando con la carcoma, puertas echas astillas en el grito, no suelo comprender nada de las ciudades, ni qué de esas miradas caidas de cemento, por alguna razón que me evoca antes que la noción de mi espacio, siempre acabo yéndome a un lugar que no da su presencia, ni porta sujeto...

soy fantasiosa también del primer cuchillo y vuelvo a meterlo a madurar, entre cocinas de carbón y sangre de cordero, a veces tú me vales, como ticket de descuento a la hora de la culpa y del insomnio, y atajo desde tu naufragio mi propia congoja y desengaño y gana sidra ese paso en falso de la prosa, el cielo siempre está en el mismo sitio y nunca bebió de tu mano