HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO
ahora ya me voy de la escritura y del tiempo y de la ciudad, me voy rasguñando en la lentitud de tu extinción y abriendo mis venas para nutrir esos fantasmas que por las noches buscan en mi piel, el recuerdo de una ruta, ellos y yo alguna vez la caminamos siendo la misma persona, luego ellos tuvieron que volverse la metáfora de una mancha de sangre de un existencialismo invicto y desterrado y hablar esa otra lengua que habla lo que no pudo conservarse, aunque no me desprendí del todo de su alma y todavía poblan aquellos corrales con veneno de tejo y hambre de luna, a veces me hacen daño, pero a veces tocamos juntas la misma canción.. y a éstas horas vienen haciéndose hueco aquí dentro y ahí afuera, y vivimos atemporalmente un fado y un vino.. con la escarcha como fractales de lo que no cuidará de tu casa, aquí, pigmento y empuje, del calendario que mañana nos encargaremos en matar.

escalafrío

una tienda de campaña la puedo preparar como una casa.. sin cerrojos ni llaves ni paredes sólidas, pero una verdadera casa.... voy a negociar con el tipo del camping alquilarle todo el año un cacho de prado... yo quería hacerme con un viejo remolque de caravana, pero ya está cubierto el cupo de caravanas fijas, y me gusta ese lugar, sé que me lo dejaría gratis, pero no quiero deberle nada a él, porque a veces él quiere algo más que yo no pienso darle...  quiero una tienda de esas con dos habitaciones, meter dos colchones grandes por si vienen amigxs de vez en vez, y en otro lugar meter la mesa para escribir y unas cajas de pescado apiladas como armarios.. o buscar algún mueble precario que me sirva para guardar lo que tenga y que sea poco.... y una cocina de butano y algún tipo de luz de camping para las noches en las que no pueda dormir.. y ya seré del todo feliz...
del añico del cubismo en el enjuague de tu éxodo, lloraron sal y maiz, los hombres de hojalata que como tambores gritaron en tu vino lo que perdió el verano en el romper de los puentes entre nos y el sumidero de sangre placentaria de cuerpos de gorrión, al portazo de tu destino... 
les digo cada poco, florecida por los rayos "moriréis" les señalo con el dedo, como si mi brazo fuera un flamenco  y su mirada se torna más grave y siento que por fin pueden comprenderme... 
desde que murió el abuelo veo la muerte en todos los sitios y veo lo efímero de todo, y siento que no hay tiempo para cumplir con ninguna agenda, con ningún elogio, tampoco para construir una casa, ni para servir al materialismo, ni tener, ni guardar nada, no hay tiempo para llorar por los que se han muerto, porque nosotros seremos los siguientes,  es estúpido amargarse la vida entre el cemento y las paredes y fábricas... sólo podemos escanciar la intensidad y echarla al vuelo junto a nuestro calcinado futuro, por el amor y la mar, por el cóctel molotov dentro del ayuntamiento y por el fervor de los peces y de los lobos.....
han cambiado mis prioridades y mis secundariadades... incluso veo a mi escritura como un enjambre de fantasmas, un metamundo que me mantiene lejos del fuego de la mar, y del que no sé irme, y el ardor de la vida, nunca se escribe, se vive, se quema del cielo y se hace remos con sus cenizas y mares con su sangre.... 
he perdido del todo la necesidad de lavar los platos y de hacer la cama, de comprarme vestidos, de buscar trabajo, de buscar un dónde y un quién, de pagar los impuestos, de cruzar por los escaparates y de hacer caso a las señales y a los semáforos.... de peinarme, de buscar un futuro, de ordenar los papeles y de barrer, todo eso me parece vacuo y futil, al ver la explosión poética que me señala la muerte... me da igual que empiece a arder la casa, siento que la única casa es la mar...  y siento que viviré muy poco y que tengo que crotarar la música y las espigas, el blues y las noches estrelladas, la ternura de los pinchos de lxs locxs al fuego de los esquimales y los trapecistas... siento que todo lo otro es perder el tiempo, es engañar a la vida, manipular con ancianidad el escalofrío...
algo me retuvo mucho tiempo al vapor de tu boca taxidermiado en mi ventana por la oblicuidad de una salida pulverizada en los cuervos de carboncillo, luego me fui pero no lo elegí ni fue sólo por cansancio o desesperanza, creo que la mirada de la ventana, pestañeó sobre las ruinas y se agasajó a mi esqueleto como la vehemencia del otoño y me llevó consigo, sin preguntas ni marcas de regreso, sin tirar demasiado de mi brazo ni de mi olvido... y sigo en la humedad de las hiedras, marchándote en el horizonte y en la pisada......
me duele la cabeza, desde hace unos días que me pasa, tengo mucho estrés y naufragio acumulado y tal vez no me alimento demasiado bien... cuando me vaya no solucionaré todo, de hecho no solucionaré nada, lo único que haré es vivir encima de una canción, ermitarme en la mar y recobrar fuerzas y esperanza en la vida, crepitarme hacia lo desconocido y lo trashumante y dejarme llevar por la vida.... ensuciar unas raices con la abrasión del oleaje y espejarlas en la luna...  me buscaré la vida allí vendiendo artesanías y poemas...  y me daré a la mar, es lo que necesito, necesito sentirme los grillos alrededor de la hoguera de san juan.. sentirme el quizás y el zaparrastroso e insolubre canto de las pozas.... todavía tengo mucho que coser en mi interior, pero tampoco siento que tenga que hacerlo hacia la obra, sino hacia la vida y el viento... el movimiento, la regeneración de horizontes al alzar y arder de las barcas... quiero dejar el tabaco y esa forma de vida que  a veces ejerzo de exilio y agujeros, necesito la intemperie y la danza.... necesito curarme...
tendré que estar por aquí un mes y medio... tendré que defender mientras los lirios y esos túneles que salieron de tu boca como grapas de whisky matando el tiempo en tangos que no pudieron recordarte... luego ya veré, no puedo abarcar la neurosis y sueño de la deriva....  no sé de las puertas ni de las estancias.. me manipula esa ausencia la aprensión de las polillas y yo me encharco de su deuda semántica al doblar de la queimada en tu insomnio... y digo tú pero es mentira, soy yo, soy la viuda que rasuró sepultos cuando la luna tenía hambre y deshuesaba tu esqueleto en la pintura que chupaban los pinceles de esa sádica melancolía.....

necesito hallarme, y creo que encontrarme a mí misma, también es perderme de mí y serme en la mar y en la distancia... he vivido los últimos meses en el estrafalario desdén del hacha y del blues, con cadáveres en el frío de mi piel, aullando tempestad y destierro, y me he manchado demasiado por las grietas y la angustia, y ahora necesito ir con balas hacia la vida, hacia la guitarra y vino de mis 15, hacia el sueño de la primera piedra que tiré hacia el cielo.... necesito sanar y volver intacta a cantar el amor y el horizonte y para eso sólo puedo huir de todo esto y crepitarme de algas nómadas, sembrar en el éter canciones, arrullarme en la mística del agua, en la intemperie y el silencio, en la ausencia que flota y no que ata, en el fervor y no en el ensilamiento y la puta escritura de mi drácula...

aquí se están acumulando metafísicas de protozoo loco y suicida, aquí oigo demasiadas veces la guadaña de la putrefacción y la codicia del naufragio... y he ido coleccionando todo lo que acumulaba la pérdida en mi pecho, y son demasiadas cosas ya, demasiados temores y casas arruinadas para poder hacer canciones que no espanten a los niños... por eso tengo que irme, sin equipaje ni calendario, a la mar, asentarme allí como un ornitorrinco y un mástil, y volver a estar del todo, con la vida y con el viento...  la mar me dirá dónde ir luego y qué hacer con los agujeros y lo que no existe.
del abrir la mano, con tu nombre en la luna
me crecieron agujeros de gusano entre los dedos y el trazo de hollín del espantapájaros
sumidero de los escombros del óleo y del rosal, persiguiendo caminos que ardieron sobre los caminos y succionaron la tramontana con la que cubrir el alfabeto de la puerta hecha astillas 
y yo también me fui de tu cobijo y de tu salvación, porque éramos boquetes, porque tenías tanto miedo a la felicidad compartida como yo, tal vez esa gota de lluvia, cuando teníamos 15 que incendió en nuestras pieles montañas de cal y de esparto para separarnos, para ser exasperantemente una enamorada despedida, ya sabía entonces que aquél perro podría escribir la antagonia de la caligrafía de nuestros sepultos pero nunca unir una lágrima plural en la misma piedra
De la sombra y el crotorar sepia del blues que te separa, se acerca el golpe del viento que desordena mis cajones y saca tu mano cadáver y la recorre con hielo por mi cuerpo. Sólo la mar puede detenerla y agotar tu nombre de las simas. He vuelto a ti cada noche desde esa noche, sabiendo oscuramente que nunca volvería a encontrarte. Y hoy sé que sólo la literatura puede calmarte de los despeñaderos, porque fue ella la que quiso perpetrarte en mi pérdida. Ella la que insistió cuando ya nada daban la calle ni los bares. Ella la que enloquecida siguió sacando paladas de tierra del agujero y del olvido. Y no hallaré la salida fuera de ella. Ella tendrá que retorcete en sus brazos de polvo y de helio, hasta que te convierta en la belleza y en un paisaje más mordiendo el océano y no la herida, ni el quebranto. Para nunca más llorar por ti ni maldecirte. Para sólo haber sido viento y seguir amando.
sólo estuve tres días en la mar, pero fueron suficientes para saber todo lo que no quiero en mi vida, y el canto que quiero exorcizar y velar entre mis ruinas... en aquél lugar, crece un camping sui generis y pagano, donde se reunen los antipátridas.. y después se extienden pinares y maizales, y hay muy cerca dos playas, a las que van niños y familias y sombrillas, pero luego hay otra  playa que en marea baja bordea un par de kilómetros de playas inaccesibles, a las que algunas sólo se llega nadando, y es un lugar al que sólo  van algunos pescadores, algunos perdidos nudistas y gente que quiere estar sola... allí hay muchas algas y pozas... allí podría ser muy feliz, aunque no me moviera de ese lugar, sería para mí un infinito... el tipo del camping me deja muy barata la parcela, y lo de comer, podría arreglarme, dejaría de fumar.... y haría dieta de arroz y de frutos y pures de verdura.... la mar cubriría lo que me falta
quiero dedicarme al amor y a salvar la ternura, dedicarme con furor lo que me quede de vida, cada segundo, cada paso y camino torcido, debajo de las piedras, entre las alcantarillas, en los faros, en los metros, en las tascas sucias y en ruina y en las playas..... ya no tengo fuerzas para hacer ninguna otra cosa que defender la risa y el fervor, con los treinta años de atrás metidos en el equipaje del cangrejo y las babas del caracol, volver a ser niña y árbol y perro y puercoespín, morir mientras esté distraida con las cochinillas de mar, pero sobretodo VIVIR, aprender de los ciervos y de los líquenes, de las algas y de las hogueras, vivir en un constante éxtasis de salmuera y de vino, vivir como la sinergia, la deriva y los saltamontes, vivir terriblemente ocupada con no hacer absolutamente nada productivo, sólo chascar olas y hacer esculturas con palos y pecios... sólo amar, tener aventuras,  no saber dónde me despertaré ni qué cielo se caerá sobre mi cabeza, desde que pienso tanto en la muerte, me doy cuenta que lo único que merece la pena es el escalofrío, que todo se irá a tomar por el culo y sólo tendremos lo que hayamos bailado y orgasmado de infinito y guitarras, no hay tiempo para hacer una casa, no hay tiempo para conseguir ni tener nada, la muerte ya está bajando la colina, hay que apurar el éxtasis.
he estado jodida éste invierno, como una neurótica ortiga pidiendo limosna al tragador de fuego... ahora me primaveriza la salvajidad del irme y del esnifar saltos de juncos contra la propiedad y el sedentarismo.... me dijo él "no tienes dinero para irte" le dije "venderé poemas y collares a los peregrinos y campistas" y dijo "sí sí cuando salgas de la tienda de campaña tendrás una fila de la ostia esperando para comprarte poemas" y le dije "traeré a mí la montaña".... no me gustan los realistas trágicos, no me gusta oir "no se puede" "nos falta esto para" "tendríamos que tener blabla" hay que arrojarse y abandonarse a la mar, una vez dentro de la efervescencia, las estrellas nos protegen, ningún trashumante es abandonado en el naufragio, el dadá y el cosmos, está con los oblicuos y los avasalladxs..... sólo hay que amar y soñar, sólo hay que querer poseer la luna con una voluntad infante y escudera, con una inocencia andrajosa que no da concesiones
ya no tengo tanto miedo, vuelvo a creer en la mochilla llena de almas de cangrejo y de lucernas de blues y de bar, de apasionados vinos a la salida del callejón y a la entrada al callejón, con un amor eterno en las aspas de molino y en las hachas
de tan bella que es la vida, a veces necesitamos torturarla, de tan abrasiva que puede ser la belleza, a veces suplicamos a la muerte un trago para dormir.... del fervor que a veces, vuelve de los que se marchan con iluminadas vides en la tripa de la noche, placentándonos como poemas invictos y como carros y trenes....
de tan extraordinaria que es la ruta, a veces, volvemos atrás como réquiems y como la sangre de mamá entre los topos, para llorar la hierba ensilada, para salvar a los espantapájaros
porque sino nos volveríamos locos, del éxtasis y del infinito, nos pulverizaríamos en un arrebato esquizofrénico hasta ser Mercurio y el mar....
el crujir de la amanita y de la deconstrucción de los hechos en tu casa de pólvora, en el allanamiento de mi romanticismo al enjambre de payasos carniceros, del arco y la flecha del ámbar y de la indigencia que promiscuó en tu pronombre mis escombros y le dimos de comer a las moscas el tango y el buzón, para volver como vuelven los buitres desnutridos, al doblar de los trenes hacia nuestra aurora, de olvidarte, los siglos, cavaron fosas en mi lapicera y todo fue en balde de guardar truchas muertas y nuevas esperanzas que suicidas salieron de la cicatriz de tus brazos para coserme el mar y poder dormir, y dormí en las arenas movedizas con la taxidermia de tus poemas como un mástil lleno de mi sangre y de tu horizonte
el otro día le dije "yo tengo que andar con gente que no haya perdido del todo la esperanza, vosotros sois unos estrepitosos fracasados, sin fuego para matar la mano que nos mata y me echáis encima vuestra red de muerte para que pertenezca a vuestro velatorio que es muy aburrido terriblemente aburrido" a mí me gustan los fracasados, pero los que no temen el fracaso, los que lo cuidan y lo cantan, los que creen en el dadá y en la aventura, los que queman su propia casa borrachos de infinito y de abordaje....  cuando le dije eso, se entristeció, a veces les hablo raro, porque me arde en la boca la barca de mis sueños y a ellos los veo como una pared placentaria de laberínticas paredes del hastío y de la vejez, yo no quiero cargar con sus espectros, podría hacerlo contenta con sus suicidas, pero su manera de llorar la tragedia me saca de quicio y me envenena dentro una culebra... yo quiero irme de ellos, quiero irme con los trashumantes y los olvidados, con los ebrios trapecistas y kamikazes oceánicos.
aquella casa se fue para siempre, ya lo sabían los gatos y la luna... pero cuando el abuelo fue a morirse, amarrado a mis manos, como la memoria de un cocodrilo cantando peces, se cayó una pared y un andrajo de hiedras y de porcelanas, de la casa al agujero negro, inhalando de los campos de cultivo tierra removida y sustituyéndola por nuestras lágrimas.... ahora soy una intrusa en todos los sitios, tengo una infantil necesidad de volver y acabar la frase de su pizarra de barro y lluvia, pero algo mío también se marcha, también a cresta de naufragio expía el blues y se lo vende al vino.... aquella casa para mí, es la materia abstracta de un pintor de éter y de distancias, es un cúmulo de fotografías sepias en la respiración de las marmotas y una pena de sidra y de mástiles, trayéndome una caja de cerillas y un billete de autobús hacia ninguna parte.... siento que si vuelvo a asentarme allí, perderé para siempre la tierra y la melancolía se hará un ejército vanidoso de fantasmas y me enloqueceré de ruina y de andrajo y me entrará el síndrome de brotar escombros a escopetazos allá dónde vaya..... aunque están allí los chopos y los chopos siempre han empujado los barcos...
me causaría mucha angustia vivir contando con el mañana, se me arruinaría la frágil y espantadiza esperanza que tengo ahora... si algo me saca del instante del rocío sobre la hiedra y de la pisada en el barro, se pulveriza mi equilibrio y mi pasión y soy presa por el minotauro... tengo que vivir como las ancianitas, con su cesta de manzanas, sus zapatillas viejas y un reloj que nunca da las 12, un pasado que es literatura y un futuro que es dinamita, muy pegada al cantar de los caracoles y de las nubes de tormenta, pelando garbanzos y separando lentejas, bailando vino tinto a la muerte que acecha y muriéndome de amor, al ver a los niños y a los perros llenarse de cieno
aquellas mudanzas prescribieron en el ermitar de los cangrejos a la nostalgia de la espada del quijote
me fui desnudando a través de la sangre que caía y desgraciaba tus epístolas con hambre de hoguera
me vestí a pedradas, la lumbre del gorrión sobre la apología del absurdo, y me hice antifuncional por amor y no sólo por tristeza... crecí escuchando muy cerca el círculo vicioso de los suicidas sin cuchillo, difamándome espirales en el licor que malpagamos a las menos cuarto de un futuro perdido... y la tijera de tu ausencia, fue la semilla que persiguió el canto de la luna, al brotar de los mares entre los cadáveres de los carneros
luego el fetichismo de la ruina y de lo perdido, embrujándome despedidas y promesas que nadie cumpliría y nadie esperaría a que fueran y abrieran su casa... 
yo soy fea, y lo digo con alegría, no pertenezco a los que les prometen el sol y el paraiso ni a los que les ofrecen sonrisas y vino, los que nacemos y nos armamos en la fealdad, caminamos con el favor de los perros y el pis del callejón, pero lejos de la ternura y de la casa.. no levantamos rosas ni tabernas con el paso, levantamos polvo y grietas y azotamos de mandrágora y de perdición, aunque a veces, en la alegría de la vagabundia, también somos amados por la luna y por otrxs desvencijados, sin patria ni futuro
acabo de llamar al tipo del camping y me ha dicho que las parcelas tienen enchufe y que ya me buscaría la parcela más bonita para mí,  es un poco pesado porque siempre quiere ligar y acostarse con todas las mujeres que pasan por allí, yo le he dicho que soy hermafrodita, que soy lesbiana, que no me atraen los seres humanos sino los paramecios, le he dicho que el amor que se puede tocar es muy triste que el único que merece la pena es el Imposible... pero él insiste, pero no será un problema eso... con sacar las púas será suficiente... ahora tengo que comprar una tienda de segunda o tercera mano, grande..  no necesitaré agua caliente porque me bañaré en la mar, no necesitaré nevera, y puedo comer otras cosas que no haya que cocinar o hacerme con una pequeña cocina de butano... estoy emocionada
debería dejar de fumar, pero sólo con pensarlo me entran más ganas de fumar, me siento ahora incapaz, porque fraguan barcos en la fragilidad del equilibrio y rompen los remos sobre tu cabeza, yo sólo sé expiar ranas y coágulos de nube y tierra removida, a la erosión de la hoguera que trató inútilmente de desaparecerte de mi sombra y de mi muerte...

mañana volveré al pueblo, las flores se están muriendo... alguien tiene que cuidar la reproducción de los crisantemos y las lagunas de moho de gorrión y cadalso de nieve, alguien tiene que volver amar allí aunque luego quememos la casa.... amo todavía esa casa, aunque ya no quiero quedarme allí y tampoco aquí, quiero irme a la mar.... vivir aunque sea en un camping.. si consigo una tienda de esas grandes y añadirle una pequeña carpa, le meto una mesa para escribir ya no necesitaré más.... luego voy a llamar al dueño de ese camping pagano a ver qué precio me hace, y si es posible que me alquile una parcela con enchufe para trabajar con el ordenador y con los videos.... es un tipo distinto el de ese camping, le preocupa más la canción que el dinero... y ese lugar es como un bosque, es caótico y natural, irregular y reune a trashumantes y gente que huye de algo... allí podría tener pasiones peregrinas sin la problemática de la continuidad y el apego, allí podría vincularme porque nada se quedaría quieto ni querría volver... y sería tan feliz en la mar... podría vender collares y poemas a los campistas, o ir a Muxia y Camariñas, a vender si no tengo dinero, un cacho de blues, podría hacerme con una motocicleta... e igual si me hago amiga de un pescador, podría aprender o buscar algún trabajo en un puerto... aunque sea en las cloacas de un puerto
me pegué a los escombros de ese fantasma, porque era más fácil que buscar el futuro.. no por sentimentalismo,  el sentimentalismo fue devorado por un cocodrilo, un mes antes del naufragio, y del amor crecieron ramas de tejo y aspas de molino, y fuimos la barca y la ausencia de la barca, al robo de la sombra que fue testigo y matrona del canto maldito que lloré sobre tu tumba para revivirte en el mojo del cielo y culparte a ti y no al Imposible de la lágrima de los olvidados

y las palabras siguieron a las palabras y las goteras a los cacharros de metal, y de tu mano, mi espía ahorcó a los gorriones, para escanciar del vino, una marioneta que siguiera el camino que tú y yo perdimos

y así, a escalada y hoz, horadamos el volver que no cantó más el tango y fueron las piedras y el fuego, al primer sueño, al primer olvido, persignando la incertidumbre que galopamos como nuestra única moral
he hecho dos collares con pedazos de bígaro, lapa y caracola... y he pensado que cuando tenga más puedo ir a venderlos por los bares, a cambio de cervezas y de un sueño de quita y pon, no son simétricos, no son meticulosos, son adversos como la orilla del mar donde recogí los pecios, a mí me parecen muy hermosos.. los he hecho con piezas pequeñas... en el pueblo tengo más esqueletos del mar que pueden servirme para hacerlos más grandes y de otro estilo, y cuando me vaya al mar, espero que en junio, voy a recoger muchos, para hacer más collares, para salvar mi deriva y mi desencanto..
andamos a lo que no está, con crisálidas de océano dictando a tu sombra, el frío de mis manos recorriéndote con whisky y con fosas, no he olvidado, porque el olvido no cubría el fin del canto, ni podía encargarse de los cadáveres del lobo velando por los avasallados y el recuerdo se hizo una maldición y una necesidad telúrica, de mí y de la que nunca fui ni pude atormentarte en la página vacía
ahora los notarios tienen que robar para quitarse el hambre, yo dejo abierta la puerta esperando que alguien se lleve ese abril, pero nadie lo quiere y acaba acurrucándose congelado en mi pecho por las noches
todo es precario y frágil, el amor y la muerte, la esperanza y lo que sigue y lo que se marcha,  piojosamente le otorgamos un destino al sol, y la literatura juega sucio para cumplir con el canto, y lo dejamos así, algo torcido e ilícito, no se queja el vino ni el tiempo, nosotras somos las que dolemos, pero tampoco lo hacemos con la necesidad de la obra ni del porvenir
Hace un mes que murió el abuelo. Hace un mes que la casa del pueblo está cerrada. Y tengo que volver allí. Allí está el corazón de tiza y sidra, de mi fauno y del sadismo de la muñeca de cartón que protege mi exilio. Tengo que regresar pronto y reecolocar el réquiem al fervor de la hiedra y de la tierra removida, darle vino e infinito, abrir sus ventanas a patadas y crujidos blues y ventilar mi óxido y mi soledad con la sangre de los chopos. Además la soledad me cura. Me enfrenta a lo desconocido pero me ofrece el bálsamo de la múltiple identidad del cangrejo y los jabalíes. 
Después de haber sido feliz en la mar, no soporto el asfalto y el horizonte de cemento y escaparates. No soporto la claustrofobia de las paredes rasurándome más paredes y placentando sólo paredes.
Vuelvo a la sinergia de lo perdido y de lo recuperado, en el mismo agujero de la aguja, al cielo de ámbar y de grietas. A la pasión abstracta de lo invicto y de lo distante. Llevo unos días con dolores de cabeza y mareos, y anoche un instante me dio la hipocondría de pensar si tendré algo malo, y luego pensé, que no sería tan terrible, que sería una catarsis de abrasión de vida y arrojo, de explosión y jazz... y se me pasó el miedo, sentí un beleño pronunciado la levedad con barcos y espadas. Esa pasión de beber de la vida y del abordaje. Del escanciar la bala que dista tu mirada de mi cubismo, y hacer algo con la luna y con el olvido.
Busco las palabras. Todavía hay una mugre de hollín y pasiones oblicuas en el distanciamiento que agita la deconstrucción de tu alma en la arrugada fe de nuestros motines. Cuando despertaba al lado del mar el rito era distinto, el paisaje se intrometía en el verbo y se balanceaba hacia la fiereza de la vida, se oía un canto intenso de distintos pájaros y salía a escribir afuera, con la emoción de la mar y de la vida. Aquí me confino y me lleno de ceniza. Aunque mañana volveré al pueblo. En el pueblo tengo muchas deudas con mis espantapájaros y con los fantasmas de la casa que se agujerea en el grito de los rosales. Allí tengo mi soledad y el monte. Allí tengo mi juego de tizas y tijeras. Hay muchos recuerdos de muertos que bajan y suben las escaleras. Tengo que enfrentarme a su amor y a su olvido.
Quiero primaverarme del porqué y del bolsillo vacío. A chispas de la carretera que arde en los pechos de la mar. Ya soy muy vieja para tener futuro y oficio. Muy vieja para que alguien me compre y me venda algo. Sólo me engañan las cigarras y los perros me sobornan. Sólo me debo a una canción que aún no he oido.  Haremos milicia desde acá abajo. Acá abajo ellos se morirían de frío. No asi, nos, que somos carámbanos enardecidos por galerna y por nada.
No tengo ni una moneda para cerveza. Me apetecía mucho. Me armoniza la violencia del caos, en regurgitar de algas y rutas oblicuas que se suben al pájaro y a la escopeta de peter pan sin tantos espejismos de fetichista derrota....
del desorden patológico y endémico de tu ausencia en mi piel y en mi grito, ya se ha inscrito el puñal y el maíz, sobre todos nosotros, los que no volveremos al pie de página ni al sentido...
me doy cuenta que en estos 30años, no me he dedicado hacer ni a conseguir, sino a quitarme de encima, porque desde que somos niñxs, nos pesan sobre la cabeza un cielo de viejos y sus fábricas y sus quimeras y un mundo demasiado castigado por el artificio y el poder y el dinero... donde el bien es condenado por terrorismo, donde la bondad es censurada y encerrados sus locxs defensores... y he buscado desnudarme contra esas cadenas, y he perdido algo de hueso en ello, y he perdido los caminos, ya no hay retorno para mi futuro en el futuro del sistema, ni para mi casa entre sus casas, ni mi corazón en su abrigo... vivo como una parásita de éter y perdigón... voy hacia la tormenta, porque la tormenta es lo más honesto con su enamorado naufragio, sólo me importa la mar y la trashumancia
el absurdo, boqueando detrás de ti la rasura del ocaso, hablándome de lo lejos y de lo cerca, con la antagonia de tu pupila dilatando el mundo que he perdido..  y bordear lo impensable con la taberna desnutrida en tu canto, cabizbaja de la abrasión de ese encuentro que sólo fue despedida... ya ha pasado el suficiente tiempo para que la literatura haya perdido.... y el personaje terciario en tu escritorio hace astillas con tus diarios y da a la hoguera el desencanto y el billete de tren que mañana me espera...
no aprendo nunca nada de la ausencia.... el tiempo me ha hecho más primitiva y deslenguada, más roca y polvo y moho de alga... más pobre abierta de costilla en costilla si todavía me hace llorar esa canción de la guerra...  y sólo del vino y del baile, porque no sé, porque sólo los que no saben viven la luna...  y de andar a zaparrastras, salto de mata y duda, si invitan a vino, si alguien trae ternura o velorios, y nosotras vamos, ya es tarde para hablar de presentaciones y acuerdos, para incluir una intención y la salvación de un poema... cuando llora la carcoma, crujimos su quebranto, y si ríe la lluvia, reimos la barca y el cuchillo ¿y qué? nadie llega, nadie quiere quedarse aquí, nadie querrá llevarnos para siempre...

paco ibañez -para mi corazón basta tu pecho- loam

He estado haciendo un collar, con caracolitas y bígaros y lapas y he sido muy feliz, evocando el alma del mar y sustrayendo un perfume, un hálito, una razón para seguir. Me ha gustado mucho cómo quedó. Es más irregular y apasionado que los otros que tengo y que compré o me regalaron, los otros buscan la armonía y tienen un aire más artificial y simétrico, tratan de simular una joya, el que yo he hecho se parece más a la orilla del mar donde guardé puñados de arena y pecios, se parece más a la mar.  Quiero hacer muchos. Quiero vestirme con la mar, mientras la mar no está.
Fui a comprar tanza a una ferretería. El hombre que me la vendió parecía un personaje de Alex de la Iglesia. Me gustó. Olía a otro siglo en el que todavía había esperanza. En éste siglo ya no queda nada. Me tomó por pobre. Me dijo "son tres cincuenta, ¿tendrás para pagar?" Puso voz de que sino me lo regalaba y me lo dejó en 3. Le dije "tendré 100 metros de collares" y dijo "tendrás la de mi madre". Un día de estos le regalaré un collar.
Hay cierto desorden boqueado junto al desdén de tu esperanza y las simas de barro y nombres impropios que fueron desarrapados en nuestra boca. Estoy aquí de paso, coleccionando ojos cerrados en el rosal. No llenaré con artilugios ni poemas, la incertidumbre. Sólo el viaje puede calmar mis cicatrices. Da igual cuánto afirme o manche con la necesidad. Se hechiza la trashumancia del dadá y de la pérdida, cada vez en mi vida. Y picoteo la nocturnidad de tu vino en cromáticas de algas y de preguntas que esquivas entraron en tu alma para dormir mi ginebra y poder huir. Estoy cansada también de mi escritura aquí. Aunque la necesito para no enloquecer. Pero mi interés es la mar. Vivir con trashumantes. Esnifar la vida y que todo lo demás se pierda. La escritura siempre es una pérdida. Soy más feliz dentro del agua que escribiendo. Soy más feliz cuando no necesito escribir. 
Aqui cada vez comprendo menos. Quiero entregarme al viaje y al amor pagano. Al hermafrodistismo de lo antipátrida y al moho de caracola como buzón. Aquí ya no sirvo para nada. Tampoco me aguarda una canción. Nada qué hacer. Nada por lo qué morir. Aquí soy un bodegón y la neurosis de la amanita. Soy cerveza taciturna y tramontana.
Siento lo mismo que sentía a los 15. El mismo aullido por largarme. Quemar la vida cerca de las olas. No poder abarcar la belleza ni la despedida. Morir de amor y de luna. Sentirme tan intensa que convertirme también en una sombra y en un hueco. 
Dedicaré mis esfuerzos sólo en irme. Mientras buscaré la música. No haré aquí ninguna madriguera. No me conviene.
tengo que hacerme con hilo de tanza, para los collares.... el gatito duerme en el escritorio, su aliento son muchas vidas, los latidos de su corazón, son mares y selvas... el mundo es más hermoso cerca del gato...  pienso sólo en irme... a finales de junio tendré algo de dinero... aprovecharé éste mes para ventilar las mandrágoras, para atizar las ruinas de los espantapájaros en el nacimiento de otros, he sido algo oscura en invierno.. ahora tengo que volver al viento, a la alfarería del vino y de las calles, desanudar el andén en el que lloré tu ausencia y flotar bajo tus suburbios el alzar del fuego y de lo que se marcha, sólo estaré bien no quedándome en ningún sitio, no salvando una verdad, no aguardando el huerto ni la reciprocridad del silencio...

cal

inadaptada

Tengo ansiosas ganas de vivir y de ser libre. De vomitar los 30años de atrás y colgarme de una nutria al bucear del retorno de los salmones. Allá fui feliz, en la intemperie todo el rato. Los maizales estaban recien nacidos. Las algas despeinaban las orillas con sus cantos de amor. El agua fría sujetaba el abismo para arbolar su infinito y su sinestesia. Cuando estás dentro de la mar, la ingravidez da la sensación del vuelo y del deshollinar de los tuétanos de la alegría al aullido de barcos piratas y explosiones de vida, inabarcable para las palabras y el destino. Los toxos, las hiedras, las zalas, la fe de las gaviotas y el fervor de lo que nunca se detiene. Todo parecía hervir en su levedad y saborearlo todo telúricamente antes de agotarse en la enana blanca. Allí todo galopaba con fuego. Y fui tan intensamente feliz, que ahora no puedo soportar la palidez de la belleza. No puedo soportar su menguar y entristecerse, en ésta puta ciudad. Yo no quiero vivir creyendo que mañana arreglaré las cosas, no quiero creer que mañana habrá tiempo. Sólo existe el presente. ¿por qué renunciar a la mar? ¿por qué renunciar a la libertad?. Ese es el cuento de muchos movimientos políticos, un cambio lento y comedido, la revuelta no será sino es AHORA. Hay miles de motivos ahora mismo. Los que le dan cosas al futuro, las asesinan de sus almas, las venden, las pierden.
Ya huele a verano. A esos viajes de mochila en busca del Imposible, al amor sin cuerdas ni demasiadas preguntas. A pobreza enamorada. Me tengo que ir, hacia la vida. Aquí no tengo nada. Sólo notarios de la muerte. Estatuas de mimbre y arañas custodiando fantasmas. Aquí gritos de absenta asustando a los niños. Aquí me estoy asfixiando por la vejez ajena. Llevo mucho tiempo escribiendo desde un agujero. Y ahora ya no hay agua dentro. Me tengo que marchar. Con las cigarras. Con las olas. Mejor morir como una vagabunda libre, que en una sala de estar entre putos relojes y calendarios.  Cada vez me siento más lejos de la gente y de la supuesta certeza de los enunciados. Éste no es mi hábitat natural. Éste no es mi mundo.  Lo sé mucho más ahora que estuve en la mar y sentí su salvaje amor. Yo no quiero vivir mucho tiempo, pero quiero vivir verdaderamente cada segundo que tenga. La poesía me ayuda, pero también me encaya. Me mantengo en su oscuridad y en su abstracto. Atada al sótano de Kafka. En un mundo etéreo. Pero triste. Siempre sola. Siempre entre expresionismos. Y quiero desatarme oceánicamente. Vivir en un bosque, en un acantilado, vivir con las cochinillas de mar y con las procesionarias. No quiero ser cómplice de éste naufragio, no quiero ser matrona de la letanía. Mis sueños me taladran en la tripa una cascada a la vertical y a la luna. El calor embriaga mis sueños. El crotorar del nudismo y de los trashumantes. No tengo ya nada qué hacer entre los números ni la productividad. Sólo puedo ardillearme a la resina de los bosques y aullar el infinito, aunque estemos abrigados por la nada.
Sólo la vida. Oradar bajo tus estatuas de residuos de ocaso y puñal, el ámbar, la guitarra, el viaje que se marcha sin esperar por todos, sin negociar axioma ni cerrojo. Viviré en el éter. Y el éter será en todo lo que sueñe y pueda amar y sufrir. La composición de la deconstrucción semántica y la alfarería de sombras etílicas detrás del pianista que mató su nombre en tu cuerpo. 
Tendré que romper ésta jaula con la siderurgia de lo que aún no existe. Estoy cansada para esperar al mañana. Sólo tengo el absolutismo del instante, no tengo futuro, ni una casa detrás. Arderme de cigarras y de puertos. Amar como el viento, como los charcos. Hace ya mucho tiempo que no hay nada más. No quiero volver a llorar. Fraguar la alegría del vino y de la montaña. Vivir sin todavía, sin explicaciones, ni retornos, ni funcionalidades. Da igual que cuando busque otros ojos, halle sólo una raddiografía del fuego en el espantapájaros.
De tu otoñar de mi máquina de escribir y mi despojo de alga. Tranversal y cicuta que atizó en tu nunca más, el verso desnutrido. Y correr. Que no te halle mi palabra vencido, ni abarcable. Que mi amor nunca te toque. Que no te nombre mi fuego ni mi muerte. Que seas como es la mar y el olvido. Que no te roce mi vino en los bares ni mis dedos. Que mi letanía nunca conozca la medida de tu cuerpo ni de tu tumba. Que te marches cada día. Que seas éter y ausencia. Y yo te ame así. Como se ama lo que no existe. 
Ya no gastaré poemas por encontrarte. Desencontrado bailaré contigo y con nadie, lo mismo que haría en una plaza en armas con blues de hoguera.
Al final sólo es el escalofrío y no lo llegado. Lo que se mantiene lejos telúricamente. Lo tenido siempre es tan pobre, tan mortal, tan viejo. 
No necesito ya mi nombre en tu página. Ni nuestros cuerpos amarrados a los mástiles. Ni ninguna clase de futuro. Busco lo imposible y el fervor de la naturaleza, con su anti-idioma. 
Camino como camina la carcoma y el viento. Lo material es un velorio. Son fuegos fatuos en el lapicero. Miro oblicuamente al horizonte y bifurco con cubismo, mi identidad contra la llegada. 
Quiero a los saltamontes mordiéndome con hachas el corazón. Y arder. Ya no quiero para nada un destino ni un trabajo. Ni cerrar un círculo ni cuidar una casa.
Éste finde iré al pueblo. Y me gustaría preparar un viaje para junio.. de unos tres meses. El sentido no lo hallaré en la palabra que lo nombre. Ni sobre el almanaque ni en la ruta. Será sólo ese escalofrío de vida y belleza, nómada y proletario, desnudo, sin pretensión ni casa. Sin mañana volveré a buscarte. Como esas acampadas al lado del río y una hoguera. Cuando teníamos 15. Cuando empezábamos a descubrir el vino y la luna. Sin las heridas de la vejez. Con fogatas contra las jaulas que quisieron inocularnos en la escuela. Sin las responsabilidades que quisieron envejecer sobre nosotrxs nuestros padres, el futuro. Ahora busco y tengo lo mismo que entonces.  Tal vez ya no acudo igual de inocente al amor ni al olvido. Soy más taciturna y escéptica. Pero sólo me interesa la mar y ser libre. No encajo entre las personas. A no ser que nos seamos cigarras y cerveza. Que nadie cuente conmigo para armar la vejez y la tragedia. No cuidaré de la casa. Todo es de la muerte. Y a la muerte le gusta que sepamos bailar.  Mascar la vida, como alfarera y vendedora de rosas en los bares. Ya no sé hacer nada más.
Ella lloraba. No me acerqué a consolarla. Le dije sólo que de la sal no crece la hierba. Si se nutren lágrimas al camino, se recogen agujeros. Si se nutre guitarra, se encuentran barcos, selvas y mares. 
De ésta desnutrición existencialista a la que estamos condenados, todos, por tener aparato digestivo, sólo podemos, como suicidas y niñxs pirómanos, asaltar el vino y el infinito. Del lamento, nunca ha nacido ninguna revuelta. Nunca se tiraron muros. 
Hoy amo la vida. Ya no soy esa triste y kamikace pobladora de escombros y de cielos que me maten para siempre. Y hay a mi alrededor demasiada vejez y agonía. Demasiados escaparates y cajas registradoras, demasiadas personas que viven atadas al dinero, a la miseria y al carcelero. Yo no quiero nada de una civilización que se olvidó del 36 y de los buenos. No quiero nada de lo que no ponga rock en los velatorios y beba de la vida, como un bebé de los pechos de su madre.  Quiero ir vestida como los erizos y como los monos. Ya que no tengo ni puta idea del tiempo ni del horizonte, lo único a lo que he venido aquí es a bailar a exasperarme de vida y de fulgor. Y el fulgor no pasa por el aro. Mejor ser vagabundo dueño de estrellas, que oficinista con chalet y ahorcada libertad. 
De pérdidas y estampitas de tu esqueleto. Ya llené el cupo de la ausencia y su esperpento agraciado por el humor de las ranas y de los calderazos de lluvia. Y de allí sólo creció el cubismo multiplicado de todo lo que no está ni tiene valor para ensangrentar el blues del cielo. Ahora, que tan  frágil es la guitarra, tendré que remar absenta y sapos, para arbolar la música. Que sean ellos los que lloren, ellos los que cumplan el luto y la misericordia. Yo, con la fe en el imposible, sólo cuidaré de los saltamontes. Y cuando me ponga suicida y esperpéntica, haré exorcismos de barro y cangrejos. Mentiré. Mentiré ensangrentadamente por el amor de la vida. Aunque deseé el apocalipsis, cantaré dialéctica de bichos y tormentas, enjambres de payaso y de hachas, sangre y semen de tiburón, por defender el fervor de la vida. Me haré una impostora. Pero nadie, nunca más, verá mi lágrima.
Tengo que defender la vida. Con cubismo y palas de partir fosas. También aquí. También en los basureros. Escanciar de los bodegones el fervor de la cromática del verde. Que mis ojos sean radiografías de la sangre del colibrí y del vapor del valle. Sembrar ocasos y rosas, en los andenes. Aunque sea de forma ilícita y literaria. Aunque sea a pedradas contra el cielo y los cristales. Aunque utilice la manipulación poética y del vino. No quiero ser yo la que cante la tragedia y el esperpento. No quiero darle gravedad a mis muertos ni a los huesos roidos. Sólo me dedicaré a eso. A buscar la belleza y el fulgor. Aunque sea un pequeño gorrión agonizante. Aunque yo misma le ahorcaría entre mis manos. Lo que yo evoque, será lo que suceda. Lo que cante, será el eco de mis pasos. No quiero estar triste nunca más. Y a partir de ahora, cuando lo esté, haré la antagonia en poemas y collage. Lo que ahora es horrible y pestilente, dentro de un mes, escribiéndole canciones de amor, se volverá un enardecido lirio. Si la realidad no se pone de mi lado, yo taladraré la poesía que la convierta en un barco de ron y aves peregrinas.
Luego iré al coche a por las caracolas que recogí y empezaré a hilar colgantes. Allí en la mar escribí algo sobre la METAFORIZACIÓN. Volveré a encriptar ciertos espacios en mi escritura. Haré desaparecer los pronombres, las iniciales, la hechura-social. Haré más compleja la metáfora en todo lo que tenga que ver con el quién. Mis inicios en la poesía, eran exclusivamente, la codificación, de aquellas heridas que entonces eran como éter suicida. En los últimos tres años, he escrito mucho sobre lo cotidiano y he desvestido mucho de aquello. Ahora quiero volver a perpetrarme el cubismo. Para sinergiar en mi interior la espada y la pared y la cascada de la luna. Así bajaré un estado de conciencia más profundo en la metáfora y ganaré otra mano para espalar y recoger lirios.
Echo de menos la mar. Allí era feliz. Aquí me siento encerrada. Allí había recuperado el fervor de la vida y mi escritura también era más luminosa. Ahora siento que todo empieza muy abajo. La ciudad me cautiva. Las palabras son todavía la suspensión de un recuerdo desenterrado al cavar los cuerpos de la mariposa. Trataré de irme a la mar definitivamente. 
Tengo que defender la vida, también aquí.  Encontrar el poema. Abrir camino donde se libere mi intemperie e ir hacia ella. Al pensar en la muerte, la vida se vuelve mucho más explosiva y extraordinaria. No debería haber tiempo para forjar cadenas y purgatorios, ni ser esclavos de nada y nadie. Cada segundo, cada paso, cada intento, tiene que ir hacia el fervor de la libertad. Todo es frágil y pasajero. Todo se irá. Acabará en el vacío. En la carcajada de la muerte. Todo lo que tenemos es el escalofrío y el gozar de todo, con apasionado viaje y abandono.
Creo que mi camino está cerca de la vagabundia. Y yo me tengo que largar. 
No tengo ya significados en la civilización. 
Estos días en la mar, recogiendo conchas, nadando, rodando por la arena desnuda y feliz. Bajando por la noche a la playa... crotorándome con los pájaros y con el olvido. Hallé la plenitud. Me sentí sana, sin carga, sin sombra, sin quimera. Sentí que el mundo era hermoso y que todo merecía la pena. Y la vida sólo es, vivir, como viven los mástiles y los peces, las hierbas y los osos.  La mar se mostraba exasperante, tan libre y grandiosa, con cromáticas verdes y púrpuras. Con abordajes de los paises muertos para siempre.
Ha sido un día cansado. De despedida y doblar polvo en matorrales. Un viaje deconstruido hacia algún tipo de pérdida y bala. Con la mar cada vez más lejos. No he tenido mucho tiempo para sinergiarme allí. Aunque he volado en la intimidad del agua. Allí estaba contenta. Aquí me siento un sumidero de grietas de vino. Todo vuelve a ser mohoso del almanaque partido con hachas.  También me he dado cuenta que nadie esperaba mi regreso y yo era la que menos lo esperaba.  Voy a irme pronto. Un día no volveré.
Llego ahora del mar. En realidad no llego a ningún sitio.  Algo importante se quedó allí y sólo pertenece a la mar. Lo que yo escribo sólo es importante para mí y ni tan siquiera mi noche lo recuerda. Necesito su latido pero no su puerta ni su estancia ni su llegada. No hay ninguna puerta en lo que escribo. Un día me desharé de éste blog, en el fondo sólo es un fantasma que vela por mí mientras vivo bajo simas y grietas. Cuando viva en la intemperie no lo necesitaré. Cuando viva cerca del mar, sustituiré los enchufes por cangrejos. Nadie vendrá a buscarme. Sólo me echarán de menos dos personas. Y la poesía se muere entre paredes, pantallas y papeles. Me voy a morir. No tengo ya fe, para hacerme una casa. No creo que pueda vivir en paz. Lo único que queda es el hervor de la vida. Irme. Deshacerme de todo lo que creí necesario y vivir naturaleza en la naturaleza. 
Estoy harta de convivir con depresivos, con civicos, con cautelosos, con trágicos, con comedidos. Con los que van pagándose a plazos la tumba. Yo no quiero ni trabajo, ni nombre, ni futuro. No quiero un lugar al que volver. No quiero nada. Sólo nadar en la mar.
ahora ya tengo que ir separándome del blog.... estos días escribiré en los cuadernos y en la arena... tengo que ducharme y vestirme, ir a comprar algunas cosas.... e ir hacia el atlántico... necesito desconectar también de hoguera, usar otros soporte para la metáfora, incluirme en otro olvido... entregarme a la intemperie, al vino del puerto, a los extraños... olvidar durante unos días, ese volcán que hiere en mi interior y llegarlo desde la mar y no desde mi cuneta... sueño ya con las algas y la memoria que en ellas me regresa de mi memoria y de la luna, ese olor del mar y de las ruinas que la mar acaricia y salva...  las flores y hierbas del acantilado, saltar en las pozas, buscar estrellas de mar... dar volteretas en la arena y bailar desnuda, mirar el horizonte y redescubrir allí, dentro del agua, mi angustia y mi destino... sólo he sido verdaderamente feliz cuando nadaba a solas en el mar y me sentía libre e inmortal, abrazada por el cosmos, sin contradicción ni pérdida ni miedo ni herida... jugando otra vez como los niños y las nutrias, recobrando la mística y la promesa del éter... recobrando la esperanza y el amor.... para mi la mar es mi templo y mi umbral...  me conecta con la inocencia y con el infinito, con la sinergia y con el amor y el motivo del Ir.. y ahora es cuando más la necesito.
Esa preocupación brota en mí, como escafandra de fuego. Por eso a veces vuelvo a él, para orillar los esqueletos de mariposa y creer que hay un leitmotiv, aunque es mentira, sólo ocurre en mi literatura, en la herida de mandrágora que me mordisqueó una bruja cuando los carámbanos crecían del pasillo. Debería dejar de fumar, pero son tan malos tiempos para eso. Viene a llorar en mi corazón todas las noches el hombre de hojalata y yo sólo tengo moho de vino para consolarle. Cuando sufro su cielo de etanol, mis pies y mi futuro se van de la tierra, me hago como capas de cebolla recubiertas por ácido, y sufro una nostalgia efervescente e imposible. Pierdo mi vestitura y mi casco de metal. Y lloro rayos y cuadernos, sobre la lágrima del pianista del olvido. No me deja en paz esa angustia, no me da tregua, brota como parte de mi identidad, como casa del universo. Por eso a veces noto el violín del abismo oxidarme las palabras. Y mis nervios se vuelven whisky y grietas. A veces tengo miedo, pero sólo la página en blanco lo sostiene y lo camina. Necesito un Sueño fractálico más ancho que todo esto. Necesito mi isla. Me preocupa entrar en ese bucle de alcohol y escombros, de desencanto e indigencia. Me preocupa estar abandonándome al abismo. Necesito una flor que defender con mi vida y con la vida de todos los demás. Algo mucho más profundo que la ausencia y el olvido. Algo más tempestivo que el abandono. Y sé que algo de mí, cuando los tiempos son díficiles me vuelve arenas movedizas y andrajo y vanidosa ruina. Me defiendo polarizando la perdición.  Pero tengo que hacer algo diferente. Necesito salvar la ternura.
He recogido un poco, muy poco, pero ya se oye menos los crujidos del armadillo clandestino. Tendré que ir a comprar algunos víveres para el viaje... cerveza y fruta y galletas.. X. es como el monstruo de las galletas, se duerme comiendo galletas, y por la mañana en su colchón hay cachos de galletas mordisqueadas a diente de ratón. Dice que si no come galletas no puede dormir.  Yo para dormir me invento historias, y empiezo a verlas como en una película yo soy la directora y los personajes y la desgracia de los personajes, los escombros y las cuencas. Y me duermo dentro de mis historias, a veces luego vuelvo a soñar con ellas, aunque suelen nacer nuevos sueños. Mis historias suelen ser tristes. Y muchas de ellas, empiezan en un mundo onírico y de teatro del absurdo, y es indispensable de que todos ya hayamos muerto. Esas historias que empiezan como un juego, a veces cobran la coacción de la realidad, y entre ellas van tejiendo una especie de vida paralela, de ley cubista en mi interior que me provocan sólidos sentimientos. Cuando era niña también hacia eso. Todxs lxs niñxs lo hacen. Luego muchxs dejan de hacerlo. Se olvidan de jugar. Olvidan la sangre verde de su araña. 
Ahora voy a provechar mi entusiasmo del viaje. Para recoger un poco ésta habitación. Quitar las ebras de tabaco de la mesa. Pasar una balleta. Hace meses que ésta mesa acumula mi desesperanza y mi caos. Tratar de que en el suelo sólo esté el suelo y los muebles apoyados y no todas las cosas que hay ahora en el suelo, parece un cajón.  Siempre me cuesta irme de mis ganas de escribir. Me cuesta salir de la página en blanco y pertenecer al mundo en el que no hay escritura. En mi pasado no era así. En mi pasado la escritura era mi puerta de emergencia. Y yo tenía mucho vida exterior, tenía varios grupos de amigxs, siempre un autobús que tomar, una fiesta a la que ir, un sueño de comuna y bandera negra. También tenía algunas responsabilidades, cuando estudiaba, o cuando trabajé.  Luego todo eso cambió. La escritura empezó a hacerse más importante que la vida de afuera. Creo que fue porque no encontraba mi casa afuera, ni mi eco, ni un verdadero cómplice, ni destino. Hubo un tiempo en que me hacía sufrir tanto ese exterior, en el que perdieron los buenos y los buitres llenaron los ayuntamientos y las comisarías, yo no me adaptaba ni a la escuela ni al destino de los otros, a ninguno de sus futuros. Y me pasé con algunas drogas y peleas..  y a los 18 tuve un brote psicótico. Desde aquella fecha, desde el abril del 2004, destruí mi identidad social y me convertí en abstracción y éter. Y la escritura empezó a ser mi pensamiento, mi casa, mi ventana, mi cuchillo y mi despedida. Y yo empecé a darle todo a ella y a tomar de ella lo que no tenía, lo que necesitaba. Ahora para mí no es fácil tener un mundo palpable, ni tener un amigx, ni tener futuro. Para mí la utopía, es exteriorizar mis metáforas y tomarlas cada segundo y milímetro de tierra y de viento. Busco que la poesía lo ocupe todo. También el espanto y la maldición. Y puede ayudarme a esto la mar y los perros.
me dan ganas de quemar la casa.... a veces sufro la posesión antagónica de la nostalgia de los objetos, y siento una energía poderosa entrar dentro de mí, a través del sentimentalismo de la materia inerte, como si tuviera una bolsa-kanguro en el nudo de mi cordón umbilical y me perforan los 30años anteriores a través del abstracto taladrante del polvo y de la deconstrucciónn, y miro una puta grapadora y en lugar de ver una grapadora, veo el verano del 2004 llorar piedras de hachís sobre el cadáver de una salamandra,  y veo ahora ese paquete de incienso y me poseé la tristeza de mi perro cuando debajo de la lluvia estábamos arruinando un siglo a la espada del ciprés... siempre he tenido una hipersensibilidad neurótica de la sinestesia y del dadá, siempre he sido sometida por un fervor abstracto y en gran parte enfermizo, mi mente es absorbente, divergente y pictórica, es cubista, es como el jugo gástrico del buitre y de la hoguera, casi nunca puedo descansar de mí misma, y cuando más descanso es cuando escribo y exorcizo, pero en los espacios vacíos, entre las metáforas, en esos espacios en que obligatoriamente me expongo a lo desconocido, vulnerable y hambrienta, se me meten dentro ametralladoras de cineasta esquizofrénico... y sufro algo muy denso y a la vez etéreo, que me agita como el LSD y como su mal viaje...
nadie vendrá a socorrerme, nadie vendrá a darme el amor que necesito, porque el amor que necesito no es de éste mundo... y las veces que he sentido que alguien me lo dio, K. sobretodo, no fue por él, fue por la obstinación de mi éter y de mis poemas, fue por mi datura, fue por mi Sueño y mi fantasía, la droga del vaso de Alicia y la luna llena, mi propia brujería de abstractos y atardeceres, pero no fue nunca el otro, el otro no sabe ni sabrá nunca, lo que necesitan mis amanitas..... y ahora tengo que cruzar éste lodo a solas... tengo que ser yo mi fuente y mi espada, mi estiércol y mi valle, el carro y la hoz, la urraca y la lluvia, yo y mi tropa de fantasmas, yo y mi entrega absoluta al mar, yo y mi no-yo... ya no quiero buscar fuera la absenta y el blues, ni llorar su ausencia, tendré que hacerme un zafarrancho, la puerta y la motosierra, tendré que entregarme al fervor de los hermafroditas y levantar yo mi prole de estrellas y naufragios
el éter puede ser mi casa, para el poema y para el olvido, para la espada y para el susurro de setas sobre la sed de tu fauno
pero necesito un refugio que hoy no tengo, lo devoró Alicia en el sudor de su fiebre, cuando los 40º eran la puta obtusidad de mi lágrima sin raíces
siento que ésta casa es serrada por la noche y me despierto entre escombros y me hago coleccionista de deshechos, siento que se me pega un hipnotizante perfume del derrumbamiento y mis grillos pasan mucha hambre y mis guitarras de whisky se me derriten en charcos de lodo y huesos de urraca
y yo vivo en el alzar del chirriar de una puerta y me hacen astillas las luces en mi vientre y me salen despavoridas hogueras en busca del apocalipsis
todo esto está rompiendo mis nervios, no encuentro en ningún lugar, las manos de mi abuela, modelando conmigo la arcilla y la lluvia, no encuentro, un sueño al que arrojarme kamikace y ciega, ni una cama que me resguarde de mi abismo y de mi insomnio, ni la luz convexa del abedul cuidando de mis sombras
y esto me está provocando una rara y animal tristeza... un aullido que busca la destrucción... no encuentro una mirada en la que proyectar el vacío de mi mirada, no encuentro un amor que caiga como cera derrita en la vulcanización de mis raíces y de mis guerras
siento que vivo en un sótano junto a la cucaracha de kafka, y por alguna razón me estoy entregando al caos, al alcohol, al desorden y a ese tipo de depresión eufórica y enfermiza de mi hash y de mi canto...... me estoy horfanando del mundo..
y me conozco, se que si dejo acumularse estos alaridos en mí, acabaré quemándolo todo, lo he hecho otras veces, ha salido mi bestia-psicótica a lavar con sus zarpas de nitroglicerina lo que no pudo lavar mi corazón, a llorar con su marte, lo que no pudo llorar mi historia... yo vivo pegada a una exasperante pasión, y cuando ella no puede vivir la intemperie ni soñar, mis fantasmas empiezan a armarse de sinestesias de opio y espada y yo empiezo a transformarme, yo no soy como la mayor parte de la gente, yo tengo dentro un remo psicótico, mi lenguaje no es la razón, ni el territorio, ni los puntos cardinales, yo tengo como los vampiros que alimentar a los poemas y si los poemas se desnutren, me empiezo a convertir en animal y en la agitación de la penumbra, en la solidificación del perfume del estiércol, y en los ojos de buey dentro de la metralleta... si vivo demasiado tiempo en los grumos de la pólvora, sin el favor del bosque, empiezo a hacerme un agujero, empiezo a supurar el apocalipsis y mis verbos empiezan a formularse en la piromania y el exorcismo....
y ya llevo tres meses sin mi espantapájaros y su valle... y el desasosiego ha empezado a quemar los discos de vinilo y a hacer con los tenedores grotescas esculturas para comer en tu mesa tu cerebro y la soberanía de mi ausencia......
yo sólo puedo vivir sin atentarme de la enana blanca, cuando Alicia me peina mientras duermo.... y ahora ella se ha hecho el cuerno de un rinoceronte escanciandome la sangre de lo que no existe... no tengo mi madriguera, no tengo el eco de mi sueño en el tótem de las algas... 
y tengo que buscar mi isla, antes de que mis animales salgan a cazar y vuelva a resurgir esa ebria destrucción en mis sentimientos y en todo lo que toco
salió mal
por cresta del hueco
y 200 agujeros por hora
en tu copa de vino
en tu tráquea del cuervo y la ballena

ojalá hubiera podido llorar
como lloran las páginas vacías el olvido del otro lado de la calle
donde cruzó Carmen y te dejó morir
porque era más dulce una tonelada de piedras sobre piedras
que regurgitar esa canción de carne y espina y salvar al gorrión
aquél gorrión era un infierno en la madreselva de la nostalgia

yo tampoco pude traducir su sangre en tu cama de huesos ni en tu diario
también elegí, el sadismo de la derrota, porque aflojaba las estrellas y desvestía el ron de las barcas de mi vagabundia

y ahora, desde el suburbio de tu mies, lloro palabras que sólo comprendieron los cangrejos y hiero en el vacío de mis manos, unas manos que sólo tocó la luna y la muerte

y tú que podrías entender, eres la multiplicación de la enana blanca y de mi rencor de monte y zorros
sin ningún bautismo en el que cerrar la letanía, sin ningún verso en el que calmar la galerna
Luego prepararé el viaje. Una mochila con algo de ropa y toallas. Mi cuaderno. La cámara para hacer videopoemas. Y todo lo demás será la mar. Vamos casi sin dinero. Tendremos que destinarnos al azar del pliegue del puerto. Comer de bocadillos y árboles. Se me va a hacer muy corto el viaje. Pero a finales de primavera tendré más dinero y podré hacer ese viaje con la mochila por el camino del norte. 
Aquí a veces noto una tiniebla acuchillando mis pinturas. Un hervor del caos, amotinándote tan lejos de mi ausencia y de mi vino, que los tejados se hacen lava y un hollinador inhala tus huesos roidos por la entelequia de mi afecto y de mi perdición. 
Por la noche, sobre las 12, ya estaremos cerca de la mar. Y quiero beber una cerveza fría en algún puerto, perderme en los sonidos de la mar y en la ferocidad de su presencia cuando no se la ve. Quiero solidificar sus sonidos, en el vacío de mis manos. Aspirar cada milímetro de su éter. Asalvajarla en mí y darme a ella suicida y niña, líquida y abierta de par en par. Quiero recoger arena y conchas. Voy a hacer collares, con esqueletos de caracol. 
Tengo que arrancarme ésta tristeza de la oscuridad de la deriva y el escombro. Aquí a veces se me llenan las cuencas de los ojos con moho de bodegones y me siento todas las ausencias, sin nombre y sin cuaderno. Me penetra una sinestesia de casas abandonadas y de olvido entre avasalladxs y se rompe el blues en mil cachos sobre la clandestinidad de mis lágrimas.
Y tengo que recobrar mis sueños. Volver intacto el poema, a la boca de la espada y del mar. Como si nunca hubiera salido herida ni hubiera perdido nada. Quiero volver al zafarrancho de mi infancia, con la saliva de los perros tostándome la luna. Con el delirio del optimismo y de una prometida irresponsabilidad. Porque la alegría siempre es pagana y no se toma en serio a la muerte. Porque la alegría no teme que se ahorquen todos los países y que ardan las fábricas y nos quedemos todos sin casa y sin futuro. Porque la alegría no teme el lunatismo de los vagabundos ni los gritos de lava y cuchillo de los borrachos del puerto.
me digo de olvidarlo... seguir con mis sandalias de polvo y resina la bifurcación lunar de la senda, empujando tu literatura como colchón de trigo y como puñal, pero no lo olvido, vivo con su ausencia persistente y harapienta, en la cacofonía de los bares y del puerto, en el escepticismo perruno que pasa las páginas de mi almanaque y de tus esquelas, con la entelequia de las amanitas azotando una tempestad y un destierro... y creo que estoy enfermando mi vida, en el vientre de una metáfora que no puede pronunciar el amor ni el umbral y que insiste en poner patas arriba mis noches y mis cicatrices.... 

y tengo que arreglar esto aunque sea con gasolina, brotar un nuevo sentimiento que hacer mil pedazos, imponer la memoria del ciempiés a mi memoria y lavarme con algas el antifuturo
el destinar del poema es oblicuo y va a beber sobre la agricultura de tus espantapájaros el fervor de su destierro... yo a veces soy su sombra y a veces su vinocultora, al enhambre de la subdivisión de su metáfora y de su sed
tengo una puerta irreversible en el temblor del tango sobre las cicutas... despiada en mi interior la muerte de tu casa y me ofrece como una limosna a la mar anochecida
la soberanía del dadá disfruta del tormento del suicidio de los paises y de mi porvenir.. y yo soy su oruga y su radiografía entre la sangre de los negrillos
más tarde no nos encontraremos, pasó sin pararse el amor y su quizás, hay blues que sólo son si primero aceptas su cadáver y te atreves a amarlo... si aguardas la belleza o un destino, lo perderás para siempre
hoy siento la alegría del viaje, el centellear de la sal en algún lugar alcanzable al abrir los dedos y tocar la guitarra de las algas....  he estado nerviosa y turbia estos días, con una herida que venía del incendio del absurdo y de una memoria imposible, con un boquete del abismo y la deconstrucción en mis sentimientos, en mi piel desnuda sobre las horcas de la noche.. y quiero cambiar la inclinación y el eje de esa angustia y regresar a la vida y la mar podrá ayudarme, ella siempre me ha prestado otra mirada y el fuego de un nacimiento.. y aunque sólo sean tres días... el tiempo dentro de la mar, es un rizoma que no pesa la huella sobre el asfalto ni muda equipajes ni nostalgias, la mar translitera en el olvido, el vals de la sal y del vino de los puertos.....


No todo está perdido. Sólo son malos y torcidos tiempos. Los enunciados se bifurcan y se escarban. Hay una tristeza epistolar que evoca una vieja caligrafía de vides y nudos, con un remitente ahorcado en mis brazos. Pero también la luna llena empapa tus ojos con el coñac que el maiz recuerda sobre esa historia que no dependía de ti y de mí.

Hoy sobre las 8 me iré hacia la mar. No quiero llevar el ordenador ni la cobertura. Quiero que sea la mar y los cuadernos. La intemperie y el nudismo. Los juegos de soledad y salitre. La introspección y las algas. 

Vivo sobre una efervescencia de calima y grietas. Éste abril ha sido muy ensangrentado y vertical, grumoso de una metafísica de hachas y desencanto. He vuelto a sentir la desesperación y el grito. Lo que se pega con fuego a unas raíces que se han desnombrado de sus sueños. Y he visto en mí, una perspectiva herida, de mis yoes y vivencias, como la cumbre de un naufragio y un sentimiento hecho trizas sobre una hoz de lluvia. Por eso la mar me es tan importante. Tengo que exorcizar todo esto y volar una canción de vida que vuelva a acariciar mis tuétanos y a soñar.
Tengo que organizar mi vida. Encontrar otra vez mi isla. Este caos y desesperanza está enturbiando mis sueños. La ciudad está demacrando mis paisajes. Algo de todo esto se me muestra como un piano roto acariciando un desfiladero en mi interior. Y tengo que recuperar mi alegría, un lugar donde dejarme caer y pacer la luna y los lagos. Hallar el soliloquio del espantapájaros.
me siento encarcelada en esa palabra que nunca dijiste
y no se puede escapar tan fácil de lo que nunca tuvimos
no sé cuándo volveré, llevo muchas noches lejos, se me contagia esa canción del fracaso, se me mugren los papeles en un sueño sin manos, en una voz sin nombres... y él sigue tan cerca de la muerte susurrándome canciones imposibles con hachas y cuervos y yo que ya no tengo nada todo lo tomo como se toma un camino equivocado y se sigue hacia delante...

soy testigo del derrumbamiento de la casa... y ya no me da pena, yo también tejo mi complicidad de ruina, mi amor de crisálida, mi lágrima de cáñamo, pido mi vino, espero que empiece a arder el salón, trato de recordar esa canción y de darle forma a los palos con un cuchillo....  no miro nunca las fotografías, no busco al que amo y se fue...

se acercan todavía los limoneros a mis patios, "un día pasará algo extraordinario" y acá abajo esperamos con vestidos de whisky y gramófonos de ciprés, acumulamos hojas de otoño y epístolas que nunca salieron de la grieta....

a veces me entran ganas de llorar, pero ya no sé llorar, creo que cuando perdí mis lágrimas, todo esto se hizo más complicado y zaparrastroso, me confunden con una mendiga yo les confundo con cajas de cartón apiladas, nada pueden ofrecerme, nada de lo que yo necesite, cuando camino entre ellos, me subo a mi tren de datura y de perdición y me voy cavando fosas con los ojos y nutriendo a los olivos con los escombros


siento un desarraigo de tierra removida, de caminos que no se cumplieron, me siento en la cima de un naufragio... escéptica de salir de aquí algún día... pero suena música, queda cerveza, queda piel intacta de heridas y sueños que no te conocieron... tengo que largarme pronto de aquí, mientras me anestesio con esa canción, e imagino la luna allí arriba... siento el verde del desencanto teñir mis sentimientos con un exceso de pasiones que acabaron en el manicomio o en el olvido... y sin embargo, ese barco sigue dentro de la mar.. no me cansaré todavía, todavía la vagabundia tiene guitarras que no conozco ni he llorado.. no se está tan mal en ninguna parte... sólo tengo que dormir muy profundamente ésta noche, cortarme las sábanas donde tu sangre cosió esos diarios y volar, acabar la cerveza, que mi pensamiento se agote de sí y de recordar aquél puerto sin salida y sin dinero, sin futuro y sin quién.... las espigas se doblan por el viento, después de la esquina nunca estaba tu casa, si tengo frío puedo poner más alto el altavoz y cerrar mi ventana con pértigas y con espadas y arroparme junto a la dulce carcoma que nunca me pidió nada ni se quejó del entusiasmo
hoy no me apetece demasiado escribir, suena Tom Waits, me emborracho despacio y desencantadamente, pienso en la lejanía, me pongo triste como el agujero del erizo, como la pisada que no pudieron sorber tus pasos ni en mi vida ni en mi ausencia y yo no supe nada de las vides para contarte, nada de los que rotos entran y salen de mi casa y mi casa ya no sabe ni tiene un abedul que crotore el llanto de la hierba ni ofrezca su mano... no sé cómo hemos llegado a ésta violencia antipátrida de la calima.. ningún camino sabe mi nombre...

hoy sólo pienso que mañana iré al mar, lo veré al amanecer del sábado....  todos mis caminos me llevan lejos de ti, todas las páginas que escribo aseveran tu muerte, y mi esperanza ya no es generosa ni sabe regatear con el dadaismo... sólo quiero hacer glup glup entre los peces y el whisky, andar desnuda por lugares deshabitados y vestirme el pelo con algas

he ido a comprar litronas, a éstas horas siempre me apetece...  he recordado mientras caminaba por la calle, la soledad de mi niñez.. y oi cascanueces crujir entre los gorriones, y sueños que las hogueras de san juan retuvieron en algún lugar que ni nosotras podríamos volver... estoy triste, de esa marioneta de papel y pieles de manzana, con esa mirada cortada en los cachos que bebimos saltando por el río, sin futuro y sin amor...  últimamente tengo una sed que no me la quita el vino ni la muerte... y deambulo sobre tus pieles rotas el recortar que deconstruyó sobre tu histeria mi renuncia, y negué, como brazos que se abren, todo lo que podría salvarme desde ti y desde el cielo

seremos todavía felices

alicia y la motosierra

bodegón oceánico


ya nada me sujeta aquí, lo que me empuja, es una vuelta de campana, un calambre, un disparo, la verdad del vino cuando hay demasiado vino dentro y demasiada lluvia en las cunetas del afuera, ya no soy racional, ni pragmática, ya no defiendo la mies ni las pisadas de escarcha sobre tus negrillos, soy vapor y llanto de vapor, en el Ir... sólo me interesa el escalofrío del mar, ese instante etéreo de conexión y de amor que no será en la tierra ni podrá nunca decir mi nombre ni llevarme del todo a su inexistencia...
todo se ha puesto patas arriba, porque el piano se colgó del techo, no vale de nada llorar ni echar de menos la paz del pasado, nada del pasado volverá, nada encajará bajo la nueva ley del fuego, todo necesita la transformación de la violencia de las estrellas.. y yo ya no guardo señales ni caminos de retorno, vivo sobre la fiebre del absenta, he perdido mi casa y mi porvenir, voy hacia las cigarras y los peces, voy hacia una hoz de lava que lave las cicatrices en el petricor...  cuando sufro demasiado voy a por cerveza y la cerveza me devuelve la sinuosidad de la deriva en su amor de música.... mi alrededor se resquebraja bajo la atracción del cubismo, tenemos más historias al lado de los muertos que en la tierra, así que funcionamos como la reproducción de las polillas y como los estertores de los rayos y de las bibliotecas que arden 
a veces tengo miedo y quiero ir a un lugar seguro, pero mi cuerpo no habita el espacio terrestre, habita las metáforas, y ese lugar sólo viene en el arrebato de la ruina sobre el hash y la alegria de la luna, y luego se va...  yo vuelvo a coserme al abismo y nado hacia la mar, voy de un lado a otro, a veces sobre las espinas del insomnio, a veces a la caricia de los cangrejos.... no soy capaz a guardar el equilibrio sobre una constancia ni una certeza, ya no me quedan esas cosas, así que tengo que hacer como los feriantes y como las piedrecitas de hachís...

antes pensé un rato en esa historia y me sentí flotar sobre el no-mundo, algo que hería en su inefabilidad y pasaba páginas a tijera de carnicero y de mata-pájaros... y yo me hacía salmuera y la caja-b de los agujeros... otra vez y otra vez, al violín que quiso cubrir tu entierra pero se perdió con las sádicas palomas donde volvía a crecer del trigo esqueletos de cordero y volvíamos tú y yo, a sangrar el abril del 2013, sin techo bajo el que escondernos ni intemperie en la que morir...  y me sé, irracional cuando entro ahí, me pulverizo, me poseé la alucinación de la lluvia y del olvido, y me introspecto en las anguilas y en la carcoma, con el recuerdo de un amor, como navaja y como pared... y no me hace bien eso, me hace más fetichista de tumbas y de arenas movedizas, de bucles metafóricos y de la cucaracha de Kafka, me hace un laberínto de cuántica y óxido de coñac, y sin embargo sé qué volveré, que algo se me perdió ahí, y aunque lo haya dado por perdido para siempre, volveré, porque amaba
busco la conciencia del colibrí para gestionar mi tiempo y mis escombros, el tambor del feriante, para cicatrizar tus lágrimas lejos de mi necesidad y de mi cuaderno de sangre, busco la irresponsabilidad, para seguir el rubor del mar y nungún otro destino, mi isla de zaparrastros y huellas de lobo, ámbar y vino, nada de lo otro puede calmarme ni cuidar de mí,  si me dejo preocupar por la tragedia, perderé mi vida, además la tragedia no depende de mí, yo sólo me perpetraré sobre la música del éter, tomaré la vida exterior como se toma una tabla cromática para desteñir vencejos en sepulturas
 ya que no puedo arreglar la cacofonía de la ausencia, lo que haré será no preocuparme por ella, ni por nada nunca más de la tierra, yo vivo dentro de un tambor, la tormenta me trae anguilas, los caracoles me dejan vino ensilado en cuadernos malditos, y esa traviesa está apuntalada, en el hueco por el que se te oía cantar.... yo no voy a poner aquí orden, ni destino, ni levantar ninguna obra ni motivo solemne, lo único que haré será navegar y escribir y atormentarme y renacer en metáforas.... la realidad fuera del tambor, es muy fría y ensangrentada, nunca me quiso con vida, nunca cuidó de mi música...  yo sólo seré el testigo de un naufragio y la que echó gasolina, paso de todo lo demás, no podré evitar la tragedia, no podré evitar perder lo que yo amo, no podré devolverme el canto que nace afuera, tendré que robar y sembrar mis propios cantos.... 
ahora ésta hora rara, con tus hilachos de vino en el granero asustándome a los jabalíes y ese canto que amamantaste en la canción que desnutrida no ha dejado de volver con el cubismo horfandado donde tu compás y tus sepultos, trataron de enverdecer el cuchillo del final, en vano

para nosotras, las que no causamos ternura ni belleza, la noche y el vino, va a rugir muy lejos del amor y de la casa, crecimos en el suburbio, crecimos sin los favores del amor ni del encuentro y aprendimos así a cantar la mar, y a irnos de bar a desguace, de los bosques hacia los perros

a mi nunca me regalaron flores... siempre escuché el crotorar del frío entre mis semejantes y me hice la metafísica de la amanita y del adiós...  no he sido amada, y ese hueco, se hizo mi mejor compañía, se volvió un destino, un ocasar de tabernas en el cielo de los trashumantes y una belicosa viudedad que canta el amor de la mandrágora y su noche estrellada al incendio del éter

nadie ha atravesado con la suficiente insistencia, mi dolor de espantapájaros... y el tiempo y el camino me ha ido llevando al aliento de los lobos, a mi Alicia y su motosierra, al efervescente desdén de los que no se quedarán ni tomarán nada de la tierra
no hay pronombre, hay huertos de muñecas de cristal y de salvia divinorium, al acecho y a la cortante, del poema de las puntas
con tu rostro apolillado en el piano como ese veneno que bebí de lo ausente y se intromete en la música de mis cajas de cartón y conchas, como el ensilar de la primavera, en boquetes de pájaro robándote los papeles y el norte
ahora vivimos así, con un pie en la luna y otro en la muerte, con un constante desabrigo de relojes de arena haciendo añicos en nuestros sentimientos, y un refugio de cangrejos levitando entre el vino y lo que no volverá
antes dijo X "os voy a dar una moneda, y cuando os perdáis en el viaje lo echáis a cara o cruz y la dirección que os salga tiráis por allí, la moneda es mucho más lista que vosotras" y me hizo reír, a mi lo que me gusta de los viajes precisamente es perderme... recuerdo con alegría e intensidad, esos viajes en los que estaba a punto de acabarse la gasolina, y nos metíamos por carreteras de montaña que subían a pueblos fantasmagóricos y se generaba un ardor de la fantasía y el éxtasis... sobre una penumbra y una risa de anémonas.... esos kilómetros andando y haciendo autostop con un bidón en las manos para llenar en la gasolinera... esas montañas dónde la nieve no nos dejaba continuar y siempre era demasiado tarde... ese no tener ni puta idea de cómo se regresa y dar vueltas de fractal enloquecido.... cuando el camino te pierde, se provoca la magia, cambia la perspectiva de los bosques y de los pueblos, y todo se intensifica y se llena de belleza...
yo también echo de menos a mi abuela, ella me hacía sentir inmortal y me hacía reirme de la tragedia y del espanto, sus manos, eran la enervante inocencia tejedora de islas y su presencia me conectaba con el amor de los peces y la imposibilidad a que algo saliera mal, aunque todo estuviera saliendo mal, hasta cuando se murió, parecía que se había llenado la habitación de pájaros, en la abuela nada podía ser oscuro ni dar miedo
estoy atravesando una metamorfosis.. y están en crisis las madreselvas y los mirlos, en las cuadras de mi corazón y el agua estanca que robé inútilmente de tu cadáver, veo a la muerte en todos los sitios... y eso hace que la vida sea mucho más frágil e intensa, mi capacidad de hacer un plan, se reduce a ir a la tienda a por una cerveza y a apretar la tierra entre mis manos y llorar por lo bello que es el petricor...
vivo sobre un constante exalto, que intensifica la belleza pero también la angustia, y se mezclan en mí cantos de desesperanza con dicha vagabunda, con ansia de poseer la mar y la belleza, pero también el olvido y la muerte... y ahora sólo se caminar sobre la cresta de la deriva y el exceso de vino de los callejones y las ruinas, como un poema despojado que bebe de la noche y de una orilla trashumante, como una gota de sangre que escala grietas y cuerpos, y crece y crece en mí y fuera de mí
y es poderoso el escalofrío, aunque a veces estalla sobre la pérdida de todo... y creo que mi manera de navegar sólo es la armonía del caos y justo lo que estoy haciendo, lo que siempre he hecho, porque nunca he sabido vivir de otra manera que sobre el extremismo de mi grito y de mi amor... y como me da igual todo lo que tenga qué ver con el materialismo y yo no quiero ni sé pertenecer a la sociedad, mi territorio es el éter y mi pesadilla y mi espanto también es el éter....
el otro día no sé qué me dijo mi hermano de las ruinas que están creciendo y le dije "tú tranquilo que a partir de ahora todo irá a peor" y él puso cara de niño asustado y dijo ¿por qué? y le dije, "ya no tendremos ese lugar de la infancia donde nos daba lo mismo que todos se murieran, ni nos preocupábamos de la enfermedad o de la pobreza, ahora estamos en la guerra y de ésta guerra nunca se sale" y dijo X. por detrás "mareva tú no has perdido ese lugar vives con la misma inconsciencia que los pájaros e igual que cuando tenías 5años"
me he sentido ebria por la hervidera de calendarios que comen mis ortigas sin preguntar cuándo alguien pagará de una vez al payaso lo que es suyo

mi madre lloraba hace un rato, al recordar a su madre... y andaba por la casa como el pio-pio de la lluvia cuando se embarra y nos anega los sueloss y el futuro, y yo me sentía una gallina clueca buscando una hoz y un martillo

y ella decía "¿por qué tuviste que morirte?" y yo le grité "porque todos moriremos.. ahora nos vemos aquí, pero moriremos, siempre se arranca lo que hemos amado, todo es de la muerte" y mientras se lo decía pensaba en la muerte de mis padres, en la mía, en la de la luna llena
porque la herida siguió sangrando
miles de vueltas alrededor del sol y del cuchillo
como un nuevo diario de alicia entre el trigo y la hojalata
de su infancia podrida entre el semen del tragador de fuego
porque las cigüeñas nunca devolvieron al espectro de verlaine a tus pesadillas
y no dejaste de gritar lo que el rio se llevó sin volverte ni sangre ni piedras
porque del frío, se ensancharon los amaneceres sobre los desguaces en los que prostituimos el futuro
y no vino el barquero con tu pañuelo bordado entre mis esquelas, ni yo supe sacar la mano del bolsillo y darte el ámbar de mi ausencia
porque te busqué siempre dónde tú te morirías al recordar y al pagar ese vino con las monedas prestadas de la tierra que nos expulsó

y me he hecho patológica y cautiva, de una metáfora compleja que come como comen las bacterias y la belleza, mi precaria esperanza de vida y tu amor, con tantos huesos fuera de la carne, sujetando un búfalo y una grieta

porque los que no sabemos olvidar ni irnos nunca a algún sitio, ni levantar una casa, ni morirnos del todo en los puertos
sufrimos la maldición del éter y de las puertas en llamas

y yo acumulo, tus huesos en mi buzón y en la mano que abro debajo de la lluvia
y se me hacen astillas cuando no hay leña y hace frío
y se me hacen plenilunium cuando el suicidio pregunta por los chopos
la melancolía se ha hecho una tabla cromática en mi cotidiano y en mis zarpas de barro y trigo... hay demasiados recuerdos que fueron amortajados en la lluvia y pertenecieron sobre el infinito a la imposibilidad y a la mandrágora de los muertos...  ese amor precipitado sobre la contienda de las algas sobre la página que no escribo, ensilando vino en el eco del arroyo que despierta pedregales en el hueco de tu mano sujetando un planeta y disponiendo de mis sentimiendo como ahorcado cordón umbilicar de una pasión que no pudo sobrevivirnos... y cada vez soy más consciente de esa hoquedad que ensancha en la punta de mi lapicero una sinergia que lo ocupa todo y a la que me entrego como pájaro desorientado, y me oigo en ese mordisquear de orugas sobre la ausencia, con la fotosíntesis de lo que se me escapa enverdeciendo mi tristeza, al alzar del coñac que no pudo conservarte ni en el mundo de los muertos
esa constante sed que llora los olivos en el agujero del topo que tu blues clavó en mi pecho y del que no me he ido, porque te culpo a ti de la redondez de la tierra y no recuerdo el color de tus ojos, porque estás tú cuando cortan los maizales y lloran los charcos y los cuervos y a ti culpo el dolor del ocre de la tierra y la lluvia, aunque no recuerdo ni mi nombre en tu voz, ni mi olvido en tus heridas
a la vertical de ese collage que se descompuso en el moho de tus canciones, vi cristalizarse las lágrimas del espantapájaros y romper entre nuestras bocas un otoño que perforó esos libros en la hoguera...
hoy sufro el LSD de una nostalgia que no me amó y soy también el rasguño de las ruinas, enhebrando bares sobre los añicos de ese sentimiento
no evito la mirada abrupta de la ausencia... y vago, tantas razones pulverizadas por el fuego como jabón sobre tu sangre... siento la gravedad de la distancia sembrar en tus patios mis esqueletos de olvido y soy la enervante vid del polvo clavando sus raíces en la palabra que no te volveré a escuchar
el desasosiego de esa ausencia repetida, taladrante que no halló final en tu final, que no sació sus motivos cuando todo se arrancó y se hizo viento y migración y nada, tal vez porque amó un poema demasiado y aunque perdiera su carne y su tierra, su mar y su vino, se afianzó sobre su fuego y perduró condenado al éter y a lo que nunca volvería a ser asible ni besable
mañana por la noche cruzaremos  hacia la zona de Oporto y luego no sé si nos quedaremos en Portugal e iremos hacia el sur o subiremos hacia Galicia.... será un viaje al lado de la mar, a mí no me interesan ni monumentos ni museos ni ninguna ciudad, me interesan acantilados y playas y pedruscales y bosques, cruzar por las carreteras más próximas al agua, y desviarnos para nadar y robar poemas al olvido... me emociona éste viaje, aunque será corto... sorber algo de la trashumancia y de la sal y el viento.. crotorar ese aullido que a veces me ha hecho sentir renuncia hacia la vida y plegarlo en los sueños de la mar
ahora busco las palabras, todavía estoy medio dormida y preocupada... el día comienza sobre una fractura de coñac y la siembra de un grito en una distancia, me siento inquieta y roida por un abstracto... lejos, todo es muy extraño desde hace unas semanas, a veces me siento contraida por una guerra del espacio y de los bodegones, adueñada por una angustia y una deconstrucción... la escritura mientras es una suspensión de una herida de mandrágora y hay un ocaso que empuja tu silencio como llagas sobre mi piel y escarba en mis cuadernos la música del humo
hoy soñé algo muy complejo.... estaba la mar y él, y un mundo paralelo que primero se veía como cine pero luego lo ocupaba todo, pero no recuerdo los detalles para escribirlos, sólo que en algún momento se solidificaba el olor de tierra mojada y lo usábamos como piedra que lanzábamos contra alguien
se hace ya de noche, aún no he encendido la luz, tengo miedo a encender la luz, siento que pierdo algo cuando crujo el interruptor... cuando la despensa de tu mendrugo deja con hambre a mi tango.... debería ponerme a pelar y hervir patatas, para hacer una ensaladilla, pero estoy un poco ebria y expresionada de la ternura de la luna en los agujeros de polilla de mi vestido... tantos carretes rebelé de mis heridas sobre el recuerdo de tu música que se me hicieron sepias todos los bodegones, los alimenté con mis puertas pintadas y corroidas de azul, los nutrí con los poemas que me dejaron sola y partida, pero nunca pude consolarme... me hice un arco y una flecha de tu ausencia, tan verde y sal, tan separada de la mecedora de tiniebla que tu insomnio había contenido en mi vagina y había dejado a la canción de los rosales cubrir las deudas del blues.
quiero amar
como aman las babas de los caracoles
y entregarme bala irreversible al antifuturo de mi amor
y escalar esqueletos de mariposa en tu nombre-sarcófago de mi nombre
pero mi amor no está aquí, me dejó a solas, con las ruinas de mi amor, para ver si era verdad la mandrágora
y ahora soy la lengua de la rosa de jericó
regalándote cactus y sacos de arena
en la calle que perdí por amarte
me gusta emborracharme cuando el blues baja por los edificios del cementerio de la urbe y ahorca a los vecinos en la lámpara del peyote, me gusta entonces pensar en él y ser su cacofonía y su vudú, y ser el pasto que le sigue los pasos y la huella que lo entierra en la mar
el alcohol me devuelva la armonía, el alcohol me devuelve el tictac del hacha y del amor.... y tampoco tengo nada mejor qué hacer.... ya no me preparo para la orquesta, desterré cuando conocí el lenguaje de los sapos y de los colibríes.. y ésta noche estoy tan lejos de la noche estrellada de tu casa que sólo el fervor del vino puedo envolverte a cobrorevertido sin cicatricess
seremos todavía felices
como los puercoespín cuando se reproducen debajo de la luna llena
todavía las algas de los bares nos abrazaran contra su corazón de fuego
¡no te canses! ¡que no te haga sufrir esa montaña de muertos que pasan por códigos de barras y pretenden cobrarte! ¡que no te oscurezca esa piara de mierda que han puesto en el gobierno y en la comisaría! ¡que no te depriman las historias de domesticación de tus padres y de sus padres y de tus primos y de tus vecinos! ¡eso no tiene qué ver con nosotrxs! nosotrxs crecimos en la estrella que se iba y ella todavía tienes historias y amor que contarnos, ella todavía luce tenebrosa contra las ciudades y empuña en su desnudez la ferocidad de la mar.
hemos pensado tal vez ir al mar que azota Portugal y luego subir.. yo quiero irme muy lejos, tan lejos como se fue K. tan lejos como tus pinturas en mis escombros, a tijera y ardor de rana, ya sólo me fío de los borrachos y de los locos, de los vagabundos y de los que roban bancos... mi pequeño corazón, se volvió polvo y caracolas, en una vieja canción que perdí en sus ojos y conservó la mar en el incendio de sus algas....mi sueño ya no para en la tierra y me empuja suicidamente al ardor de ciervos que lo pulvericen todo y revivan al fauno vengador de la anarquía... he estado, tantos miles de kilómetros sola y con frío, que me he hecho un fractal del sueño de Léolo y de las libélulas.... a veces tengo miedo y me devoran los violines, y me hago todas las lágrimas dentro de una cubeta de nitroglicerina en manos del monje loco, y necesito tanto amor, que me olvido durante siglos del amor y me cubren cangrejos y marañas de luz convexa de mercurio sin patria y sin futuro.... y lloro balas y libros quemados, y lloro, marmóreamente a K. en las monedas que pagan al camarero y al enterrador, y nunca tengo nada, los buitres me abren los cajones y me quieren con ellos, sobrevolando la ganadería de los malditos y yo no digo que no.... tal vez me volví una desarrapada cuando la luna se hizo el ámbar de la cristalización de un amor eterno que tuvo que pudrirse en los ojos de los gatos.... y busco un alquimista y un vinacultor, pero sólo encuentro espantapájaros.
tengo muchas ganas de el viaje que empezaremos el viernes en la noche, porque no hay planes, sólo la mar.... me emociona el furor de la vagabundia, el ir como van los chimpancés entre las ramas y como se van los charcos cuando se evaporan, el dormir, en el coche, en la playa, en la casa del asesino, el perdernos y no importar, porque no vamos a ningún sitio.. el meternos con el coche por caminos que acaban en una rara fábrica abandonada, con olor a algas y a peces, y detrás, aguas misteriosas de rocas que te vieron alejarte para siempre donde el carámbano me parte el corazón... me siento niña de nuevo, sin heridas, cuando crepitamos sobre la incertidumbre y la aventura... sin prisa, sin piedra en la que escribir nada importante.. y meternos en bares mugrientos y hablar y reír con hombres mugrientos y sentirnos la salmuera