HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Debo irme. Sólo tengo mis huellas dactilares para pagar el humo y el billete. Estoy cansada de dar vueltas a la vereda de la ceniza. Lavar mirlos en las ventanas que me hablan del suicidio y dicen tu nombre en ese lugar donde mis tímpanos son pozos llenos de dinamita.
La cerveza que sigue a la cerveza, y esas dos sillas, siempre vacías, brindando junto a los muertos por mí y por la puta madre de la tierra y la cicuta.
Alguna vez se volvió una pesadilla todo eso. Pero tu guitarra seguía picando hierba en la cachimba de los desheredados. No es tan malo. Es ese atajo a ninguna parte, conocer ciertos sitios que son error y sangre. Acumular, de mala manera, notas en el blues. Porque así, se hace bonito, el salto del ángel y no volver a sacar la cabeza de la mar.

Estoy jodida, porque he pensado en él. Tal vez en el fondo es mejor pensar en él que en el suicidio o en la nada. Sólo es una trampa más.

Tan cerca siempre de la desesperación y de la sal. Tanto fuego en el barco.
Pronto volveré a la montaña. La montaña me da una paz, que se vuelve en locura y aullido cuando la abandono. Todo es muy raro. El sin sentido es una explosión que se hace también noche estrellada sobre el lago cuando la música brota en tus ojos. Es sepelio y motivo. Es fuente y adiós, no limpies la sangre del cristal, déjalo todo así, otro réquiem detrás usará tu memoria.

A veces creo que me estoy volviendo loca. A veces creo que más imposible, que peor ya nunca puede ser.  Sino al último vals de la muerte, un beso de la noche´. Cúbreme de tu frío. Allá, tan lejos para siempre, un pedazo de tu olvido, bastaría, no para salvarme, pero al menos para que la cadera no quede bien encajada y se cuele una canción.
He ido al río, buscando el equilibrio... el sosiego entre los árboles, el amor de la invisibilidad del viento y la respiración de la fotosíntesis. He ido haciéndome psicomagia, diván de sapitos, mano de mar. Y ha funcionado..... mirando el río, jugando con el perro, caminando en saltos de música, por un instante sentí alegría o algo parecido en ésta constante indigencia.
No sé si el aislamiento y la ausencia de la urbe y de toda persona, me han hecho daño en la capacidad de adaptación. Llevaba días muy nerviosa, donde a la mínima me sentía llena de estrés, de invasión, de ataque-defensa de todo eso, en alaridos de rabia y de insoportabilidad. Y eso no es bueno, sentía que me iba a explotar el corazón y a derramarse mi vida en la pólvora. Tengo que ser capaz de transformar esa rabia en el alambique de la distancia y del humor negro. Tengo que ser menos sensible, no poner el radar en busca de matar a la avispa y al rey. No hacerme tanto caso. No tomarme tan en cuenta. No psicoanalizándome en busca de ese supuesto conocimiento de la salvación que nunca llega ni está cuando lo buscas, porque no existe, sólo es jugar y vivir, sin estar atados a la insaciable ausencia generadora de la palabra. 

Al haber dejado las drogas psiquiátricas, mi animal es más salvaje. Las drogas psiquiátricas, las usan como represores, por eso dan antipsicóticos a presos y a los ancianos de las residencias, porque así molestan menos, son menos intensos, no sacan la mala ostia, son más adaptables a recibir bofetadas del sistema y a no defender su voz porque esas drogas la castran, te meten dentro la ausencia y la muerte.  Las drogas psiquiátricas ayudan a tragar mierda y agachar la cabeza, como hacen los buenos ciudadanos.. Por eso cada vez interesa más medicar a los niños y a los adolescentes, en EEUU ya es lo normal.

Yo las vine tomando, por algo que empezó contra mi voluntad y a la fuerza, con una cantidad de ellas realmente nociva y destructora, cuando acabé completamente deprimida y medio muerta, decidí tomarlas, porque sentía que había estado como una puta cabra y me era muy doloroso el recuerdo.  Pero no tomaba la cantidad que ellos me querían dar. Yo quería lo mínimo. Y tomé una pastilla de 3mg, durante unos 8 años. Ellos al principio me daban como 20mg.  Mi cuerpo compulsionaba por la noche, sudaba hielo, perdí la menstruación durante meses, tenía pesadillas, me costaba hablar y pensar. Aquellas drogas eran mucho peores que mi locura. Porque perdí del todo la vida, las emociones. Pero cuando bajé a 3mg, y por otras circunstancias también favorables en mi escritura y en mi ambiente, fui cosiendo los agujeros negros de mi cabeza, y me reconcilié con la vida, con el amor y la alegría, y aquella que alguna vez fui y creía muerta, volvió. 

Hace un año, decidí dejar esa pastilla, y la he ido quitando despacio, porque su síndrome de abstinencia puede ser peligroso y provocar mucha angustia, y la angustia puede cortar los cables, como el mono de cualquier otra droga.  Ahora ya no tomo nada. Y vuelvo a encontrarme con mi naturaleza. Y mi naturaleza tiene también un fuego que no se deja domesticar y a veces me desborda y me saca las costillas en un papel quemado y en el deseo del apocalipsis.  Y ahora, me toca a mí, llevar esa catarata, hacia un lugar que me sea creativo y que no me lleve, ni a la violencia, ni al alcohol y otros vicios, ni otras alcantarillas y mundos imposibles que tomé en mi pasado. 

Tengo que ser yo mi cura, mi amiga, mi amor, la defensa de la vida, de mi noción de lucidez, que sólo es la felicidad y la libertad. Debo ser mi cortafuegos, mi botella de vino en el parque, y che tranquila, todo esto que ves algún día será ceniza, la muerte lo llenará todo con sus pianos, ríe y vuela ahora. Pero también debo cortar mis alas, si me llevan a la alucinación y a la quimera. Debo ser la mano que me saque del agujero y la pala del fondo por si hay que cavar más abajo. Debo ser mi esperanza. Mi espada y mi pared, mientras me voy por la ventana. El frío que pone a punto la cerveza. Y la hierba que fuma la angustia y nos duerme al lado de las caracolas. Debo ser yo el trabajo que nadie me dará jamás y sus putas monedas para pagar mi billete y mi trago. Debo ser mi país y mi gobierno destruido y mis fronteras sólo de mariposa y serpiente. Mi taberna, mi teatro, mi entierro gitano ebrio de vino. Debo marcar mi teléfono cuando necesito ayuda porque me ha dado un ataque de nervios. Debo llamarme a mí cuando echo de menos un amigo... y debatirnos qué haremos hoy para no matar a nadie y poder amar todavía. Debo ser yo el mechero que enciende el cigarrillo y la voz que dice "no debías, fumar mata" y la otra voz que dice "lo que más mata es estar vivo, no te apures, sino la hipocondría te hará vieja y amarga, pon esa canción, y olvídate y vámonos"
Debo escribir yo la carta que siempre soñé que llegará a mi buzón. Y decirme esas palabras que soñaba que dijera (....). 
Debo ser yo mi comuna. Y la gente que tanto quise y nunca supe quedarme a su lado. Mi no te pongas sentimental, ni nostálgica, la nostalgia nos ahoga el pecho. Cada noche rompen miles de olas en la mar. Debo ser yo, esa persona que soñé que algún día iba a encontrarme para llevarme a la isla y volver con las ballenas.
He perdido mucha sangre y papeles, en buscar una explicación a muchas historias que me llegaron como mi casa volada por dinamita y sin poder cobrar el seguro. He generado axiomas a través de esos muertos. Una metafísica vivencial a través del error de mi cuerpo partido en cachos de mendrugo para los pájaros de la noche. He fozado la grieta, para hablar desde mi alcantarilla del universo.  He dicho el todo, por los moratones de mis piernas, por la jeringa en tu mano congelada. He afirmado versos y piedras, a través del cúmulo de mis negaciones y pérdidas...y de mi nostalgia por el mundo que no existió. 
Y todos hacen eso. Todas las verdades que proclaman por ahí, han nacido de sus gusanos. Todos los libros están llenos de esas liendres. Porque todos caminamos con la sombra y el corazón, atragantado en las botas. Con el cordón ubilical, haciéndonos de soga y de altavoz. Apretando en el cuello, el hedor del hueso y del ego, del aullido, de nuestra miseria buscando trascender la herida de la tierra y de nuestro estómago. Y la muerte nos hace hablar. La inestabilidad y la inevitable deriva y rizoma, escribe la mentira de un lugar, de un sitio al que dirigirse, de un motivo trascendente, de una arquitectura, la gente en esa frustación se hacen patrios, creyentes, apólogos de algo, oficiantes, ciudadanos y votantes, padres de familia, seguidores, borregos de, escritores, maestros, alcaldes o policías y verdugos.  Porque la gente tiene mucho miedo a no ser nadie e ir hacia la nada, y tienen miedo, porque eso precisamente es lo que vive en la entraña a fuego y yunque.
nunca ha sido fácil... pero como tampoco vamos hacia ningún sitio, la complejidad al final sólo es el obseso-compulsivo, la hiel y el amargor, tu crucifijo rodando por el suelo roto...
el pensamiento quiere clasificar, el pasado, la gracia y la derrota, el conocimiento adquirido por el pozo y el fango, por la nube y el beso, quiere el pobre desgraciado, abarcar en sus tablas de náufrago lo que nunca ha sido nuestro... quiere hallarse un destino, una dirección razonable... filtrar la memoria para salvar una estampita de vírgen, lavar las cunetas del camino, poner flores en los descampados de sus muertos, abrillantar el doblar de las campanas y preñar la cigüeña que caga encima en el momento preciso
toda la civilización se basa en esas terribles cuadraturas de celda, clasifican temáticas que castran al hacerlo, elaboran arquitecturas quiméricas que las toman como la carne y el verbo, clasifican el arte, por generaciones y movimientos, la economía, la historia, a base de mentiras y tumbas serradas para que no hable el muerto
y todo eso, destruye la verdad y genera represión-frustración en nuestra naturaleza

porque somos viento de vagabundos
porque somos aquello que no saben decir las palabras
porque no hay órden que pueda abarcar la condición humana
Mis problemas han surgido por buscar mi ideal. Por querer ajustar ese mundo exterior, a la necesidad interna del poema y la danza de sal. Cuando esto no funciona así. Aquí todos arrastramos el cadáver de nuestro primer sueño, y paso de mil derrotas. Y hacemos, lo que podemos, para reir, y tener una cerveza y un cacho de queso en la nevera, para no abrir nuestra tumba, para no entregarnos del todo al terrorismo y a la pólvora y morir junto a las estrellas, todavía, porque de momento, es todavía. 
No se ha de luchar contra el esperpento, a nivel político sí, a nivel político se deben quemar todas sus instituciones.... Hablo del andar por casa y su carcoma. El esperpento es innato. Luchar contra el esperpento, es romperse la cabeza en la pared para abrir una puerta de la alucinación por la que sólo entra y sale un brazo y no llega nunca a la marihuana ni a alcanzar la llave... se queda ahí luchando contra el viento y atascado por su propia espalda...  llenándose de telarañas. Esto he tardado mucho en aceptarlo. Pero saberlo me ahorrará mucha angustia. 
Lo único honesto y vital es buscarle la gracia.
Es un problema abstracto, rizomático, de ambiente de escenario de murciélagos, miel y vodka. De detrás de esa ventana, sube un andamio de puerta en chimenea y has de encontrar a la tortuga. De tómatelo por la tangente y con risa de lagarto. De esto no hay dios que lo arregle, sólo el dadaismo puede salvarte el corazón.
Es una historia de indigentes haciendo formas de música a los palos, con navajas y gritos.
De mi soledad es un DIU para evitar problemas. Y yo siempre quise darle un hijo a tus manos. La contradicción aunque te parezca un vicio, es el único rezo que he sabido cantar para que no se vaya lejos la luna.
De yo te quiero en la mesa, junto a café recien hecho y los tordos en la ventana. Pero no te soporto en la mesa cuando las patas cojean la lluvia que me aleja de ti junto a los tordos.
De me gusta llorar cuando sólo me escucha el río... la mar que lo aguarda, como ese descanso que hará galerna cuando al otro lado de tus papeles, mis lapiceros se echen a la hoguera, para lamer tus heridas y las mías, sin filtrar en mi espanto, lo díficil que me ha sido vivir sin ti.
Es una historia de mil historias del fracaso, de la mandíbula postiza de la muerta, en el vaso de la mesita que riega a los geranios que aún quieren hablar del crepúsculo. De huesos rotos en la pizarra. De la pared de León Felipe y su retrato del abuelo que perdió todas las batallas. Y el morado que se ha vuelto un charco de sangre roja de muerte en la puta bandera del país de los gusanos que siguen comiendo cadáveres.
Me despierto... pensando en arreglarlo. Esas vueltas de campana, la inestabilidad, los giros de 180º, la desesperanza. Creo que he puesto mi atención en la brecha y he andado cavando en ella, el motivo del delirio y del hachazo. He mirado demasiado lo que no anda bien, lo que me falta, mis motivos de la inadaptación. Y se han roto en algún momento mis nervios. Como no ha estado el poema, la prosa ha desarrollado mucho más las razones de la angustia hasta esos lugares extremos. Creo que he de colocar encima de todo esto el silencio. Un hueco literario. Aquella metonimia que había sido capaz a cumplir en mi soledad y que aquí se me había averiado. Excluirme en el sonido de una guitarra. Apaciguarme a través del vacío que no pregunta ni anhela. Dejarlo estar junto a la canción. Volver con los pájaros. 
Ayer ha sido un día infernal. Perdí mi alegría y mis ganas de vivir, en algún radicalismo, medio esperpentoso del poema que salta por la ventana.  Y alguna parte de mí, les culpó a ellos. Y no he de hacer eso, porque eso me vuelve incapaz a encontrar una salida personal y me vuelve violenta. Debo ser sólo yo la responsable. Aceptar lo que me rodea, como un cuadro del Bosco, como un cabaret desvelado en el espejo de manos de esa suicida a la medianoche. Como lo que coño sea, pero sin afectación de mis anhelos, ni de mis vicios personales. Porque eso provoca la amargura. Cuando no depende de ti algo y no lo puedes cambiar, que sea del todo libre de su callejón y de su piano.
Estoy escuchando un montón de canciones. Y putas que todas me embriagan la nostalgia, y no es el alcohol. Si sólo fuera el alcohol, aún podría pagarte aquél billete de tren que te debo. Lloro papel de lija y mandarina. Lloro riendo a carcajadas mi puta locura de pared que se cae a cachos. De cantina de la que nos echan a patadas. Del único verdugo que tenía y que ya se ha muerto el cabrón y su triste cuchillo, ahora sólo es arena y ya no puedo acabar el pago ni ese nombre.
Ya sólo quiero morir cantando. Ya no quiero abrir más persianas, ni echar la basura al contenedor, ni reciclar el vídrio. Ya sólo aguardo una hoguera que haga música con todos esos pozos y ardamos de fiebre, por un segundo de reposo, al fuego de la mar.
De veras que no soportaré verte morir.  Que acá ya no hay nada sólo tú como la excusa de seguir.. Que mis poemas pasan hambre. Que yo nunca quise servir para nada ni a nadie. Que yo nací de un anacoluto. Que yo sólo quiero que éste vino te diga lo que yo ya no sé decir. Que las lágrimas sean sólo de etanol. Que el cielo se muera. Que ese servicio sucio del bar, donde perdimos el conocimiento fue él único que comprendió.

Ya no me alcanza la compostura, ni para quitarme los piojos, ni la tierra entre las uñas, ni fingir que me queda algún motivo.
Yo quiero quedarme donde se quedaron los fusilados, las mujeres pobres violadas y muertas a las que nadie buscó. Los hijos olvidados de las guerras que nadie evita ni mira allá, porque ponen contento al Tio Sam. Quiero morir junto a los analfabetos que sólo conocían el idioma del campo de cultivo y de la escasez y nunca aparecieron en ningún cuadro, en ninguna lista. Yo quiero salir por la ventana, cuando ya no quede en pie ni la pared ni ninguna memoria.
He puesto esa canción "en el último trago" Y me entraron unas ganas rabiosas de llorar y le mandé un poema. Esa canción la bailamos borrachos pegándonos los cuerpos, metiéndonos la mano y la pierna, cambiando la botella de boca... y la cantamos ebrios de muerte por esas calles de la ciudad que los dos odiábamos. Él se marchó muy lejos hace más de un año. Yo me fui mucho más lejos y abajo en la cortante soledad.... y siento que ya sólo me espera la muerte. Nunca fui capaz hasta ésta noche a decirle cuánto le echo de menos. Me costaba llamar. me costaba estar triste y me hice piedra. Me costaba estar al otro lado de la nada. Hoy sé, que sólo su risa, su abrazo, su iré contigo donde sea hasta que nos devoren las estrellas, su siempre "bueno échame otra, pero pequeña" y luego "bueno otra, vale, pero ya llevas muchas no quiero que te pase nada malo". Él fue mi único amigo real, en estos 10 años.  Y yo que soy un bicho hija de los desheradados, no contesté a sus poemas cuando me necesitaba. Puta vida.
Ahora esas viejas canciones. Oirlo cantar. Reir. Abrir otra cerveza. Soñar por un instante que podremos salir de aquí. Que nada fue inútil. Que el amor que fue sigue siendo en algún sitio, aunque no nos lleve de su mano. 
Y de patada al callejón. Porque estamos locos y ninguna razón iba a convencernos del ataúd ni del ruego. Porque de pura casualidad seguimos en pie. Porque aunque duela sólo será de pura vida, de pobreza, porque sólo pagué por humo y sólo quise de ti un poema, si engañé, fue sólo para que no supieran demasiado tristes mis payasos. No fue jamás para ganar algo. Ni siquiera supe hacerlo para que no te fueras.
Saber que aún te amo, es peor que fingir que yo también olvidé. Si a veces quiere hablar el alcohol, tira tú por mí de esa cuerda al cuello de la criatura de paja y gasolina. Que nadie te vea cruzar la calle.

Siempre estará esa bala ahí por si la necesito. La llevamos puesta. De momento no tengo prisa por morir. La muerte tendrá más ganas que yo, cuando suene esa guitarra. Será más precisa, no dudará en ofrecer el poema como toda una vida.

Voy de moratón a botella de vino. De piedra y cuchillo, a la raja de tu pared. De qué largo se hace todo, a qué poco tiempo para no tenerte durante tantos siglos. De ya no tengo norte, de no te pude pisar la sombra ni los zapatos, cuando se caían a pedazos mis ojos en tu papel. De baile de brujos y suicidas, de qué asco de ciudad, de qué sola duermo soñando con el fin de todo y al abrir mi mano, tus pestañas encienden un mechero en medio del vacío.

De vamos a pique, sin contar las monedas que nos quedan ni las que nos faltan, para poder decir adiós. De nunca sabrás qué restos de ti revivo en mi abismo ni azuzo a la hoguera y a los pájaros.
De me empiezo a encontrar mal. Vomito cachos de mapas de carretera como si tu dirección aún pudiera escuchar. De todo milonga. De "qué desgraciadita soy teniéndolo to" De ya no junto dos frases. De debería irme a dormir. De vuelvo a escuchar fea a la muerte en lo que dejaste en mi mesita. De ya no lo diría, porque ningún cielo guardaría la palabra. De.no me dejará la mar. No hay paz para nosotros. El camino lo llevamos como ceniza en el bolsillo roto.
He puesto a Nacho Vegas. He llorado oscura y rabiosa y suicidamente.. Y todo se hizo un infierno. Un deseo del salto del ángel y de nunca más querido cuervo. Vino el perro a tocar con las patas en la puerta, lo abrí, me lamió las lágrimas. Me abracé a él. Me quedé sobre la cama, sintiendo que el cielo se arrancaba de cuajo de mi corazón, ausente, mirando algo que ya no existe. Luego llegó él, y me dijo "te traigo la cerveza más cara que había en el bar". Le dije "me estoy volviendo rabiosa y medio loca". Y me dijo "hombre es lógico, te habían quitado la cerveza" y me cantó una canción muy hermosa de borrachos de hace taitantos años sobre la cerveza. Y me hizo reír. Y al reír todo se me olvidó.
Me siento llena de rabia. Me he puesto a dar gritos como se dan patadas porque me bebieron la cerveza que me quedaba. He bajado en zapatillas al bar a por cervezas. Les he dicho "vosotros sólo necesitáis 3 días para joder del todo la cabeza hacia la desgracia, vosotros pilláis al santo ese de la paciencia cómo coño se llame y se ahorca y escribe en su frente antes "dios jódete y olvídame para siempre"


Siento dentro de mí nitroglicerina. Muchas ganas de alcohol, de romperlo todo, de quemar las naves, la casa y todos los futuros.
Antes de que llegara aquí, hace ya no sé cuánto...creía que había encontrado la poesía, un lugar para no cortarme las venas. Ahora me siento a 500 cementerios de distancia de aquella paz, de aquellos pájaros sobre la música de la soledad. Tengo ganas de mandarlo todo a la mierda. De desaparecer del todo junto a los peces.

No entiendo bien porqué ha entrado éste fuego aquí. Ya no sé cómo apagarlo. Sólo puedo seguir el curso de la noche. Esto que siento ahora, era lo que debía sentir cuando tenía 17 y buscaba en las drogas un reposo. 

Siento que sólo puedo hablar con los árboles y con la muerte para calmarme.
Son tiempos díficiles. He ido al río, al principio me sentía abisal, con un deseo de llorar alcohol, pero no pude llorar, me quedé mirando el agua y los árboles. Puse música que no me decía nada, no me conmovía, yo estaba en otro sitio, al lado de la ausencia. Luego me tumbé, con los ojos hacia el río, y me dormí por momentos, y allí encontré un sentido a todo esto. En un instante, al mirar un chopo a lo lejos, y el brillo blanco y resplandeciente del sol en el agua, y unas flores amarillas y el movimiento del viento sobre todo, sentí un rato, la belleza, la vida, el descanso y su dulce movimiento de semilla, volví a sentir mi corazón. 
Luego me encontré con una gente que tiene un perro amigo de Kavka, y no tenía ganas de hablar ni una palabra, pero como me hablaron de buena vibra.. hablé alguna cosa, estúpida. A la vuelta me empecé a marear, a través de ciertos objetos, del semáforo, de los coches, de la idea de tener que esperar al color verde y toda esa mierda de edificios y de tubos de escape, empecé a tener mucho calor y sudores fríos, la sensación de que iba a perder el conocimiento, de que estaba a punto de incendiarme para siempre y morir. Luego sonó una canción que decía algo así "y todo es la repeteción permanente" Lo decía con voz punki de metales. Y eso me hizo reír. Al sentir el laberinto. Al ver todo como un desquiciado reloj que nunca da la hora porque el tiempo ha muerto pero no nos deja dormir y la gente tiene prisa, pierde todo a cambio de monedas. Y mientras me reí, me reí de mí, de mi volver siempre a esa tumba a sangrar flores robadas. Y sentí que el mareo se fue, me empecé a sentir algo mejor.
Me preocupa lo que me está pasando. Los cambios violentos de la esperanza. De la empatía. De las ganas de compartir una armónica y una botella vino, por la vuelta de las ganas de compartir sólo una tumba.
Me preocupa éste tormento. Ésta forma de la que huyo. Ayer por la tarde, vino un hombre que yo quiero mucho.. y que otras veces siempre me quedaba pegada a su vera, porque me hacía reir y adoraba escuchar todas las palabras que él decía. Sus historias de marinos locos. Su nómada barca de hachís que me hacía soñar. Pero ayer sólo saludé medio segundo. Me encerré en mi cuarto. Y no me soportaba a mí misma. Me metí en la bañera y hundí allí mi cabeza como si fuera a ahogarme.
Cuando suena mi teléfono mi primera reacción es pensar "malditos hijos de perra" Y a veces siento esa maldición tan dentro... que no miro ni a ver quién es ni puedo descolgar.
No sé qué he de hacer. Pero he de hacer algo para reconciliarme con la vida. Ahora voy al río.
Sólo me calma el perro y el gato. Creo que en estos momentos tan raros de mi vida, usar las palabras con seres humanos, me implica violencia. Un fantasma presidiario aguardando entre los huesos a tejer su emboscada. Una mentira. Tal vez es esto lo que soñé. Las palabras me obligan a mentir. A matar a alguien dentro de mí. Una zona de mi corazón está clavada en un cuchillo, y las personas me lo recuerdan y obligan a mi fuego a tomarlo en alguna noción del expresionismo. Cuando yo echo mi carga, sobre la idea del amor, la ausencia insolubre de mi ser entre los humanos, hace todo lo contrario dentro de mí. Y ese amor me sabe a óxido como me ponga a pensar. Me es muro, me es una bañera con hielos.

Por este motivo debo vivir lejos de las personas.
Porque me hacen ser alguien oscura. Alguien que yo no quiero ser. Y cuando les amo, ese amor se hace una función y un circo, si tengo que seguir amándoles más de 20 minutos.
Me vuelvo una suicida.

Todo esto no lo hubiera escrito nunca, si hubiera permanecido en la montaña con la soledad.
Porque no hubiera sentido de esa forma el sepelio de mi hueso en la deriva.
Quiero irme de aquí. Estoy cansada. Tengo fuego entre las costillas que sólo puede calmar la soledad y la naturaleza. Es tan complicado lo que me hace venir aquí y no tiene nada qué ver con mis poemas... que me es casi imposible hallarle una frase con sentido.
Ha venido ella a la habitación. Cuando la vi entrar sentí rabia por la invasión a mí espacio. Y en un intento de comunicación y de amor por mi parte y quitarme la mala ostia, le he dicho con voz de juego "tengo mucha rabia y violencia dentro, deseos de pelear con la policía el 1 de mayo" Ella dijo "bastante daño ya te hicieron los policías descárgala conmigo, olvídate de las manifestaciones" me reí y le dije, contigo no puedo porque te quiero y se me queda dentro más fuerte, pero hay que descargarla porque sino crecen enfermedades. Y luego empezó a incordiar y a sacar un tema del que yo no quería hablar. Y le dije "para, deja eso ya, me estás acumulando más rabia dentro" Y erre que erre con la historia. Le dije más seria "no me hables más de eso por favor" Y volvió otra vez. Hasta que me enfadé y le dije a gritos "puta degracia de gente que no han comprendido nada, que nunca me conocieron, sordos idiotas que no oyen nada hasta que no se les rompen los tímpanos" Y entonces se fue llorando de mi cuarto.

Yo debo irme de aquí. Necesito estar con las montañas y el río y la soledad. Creo que ellos están más locos que yo. Prefiero hablar con los árboles.
Ella nunca sabe, cuando la hablo para demostrarla mi cariño y buscar el suyo. No distinguen mi ironía, ni mi juego, ni mi forma de perder para que ella ría. Vivo con extraños. Soy una extraña eterna.
El otro día escuché en una entrevista a Rulfo, la entrevista daba algo de asco por culpa del afán protagonista del entrevistador y de hablar en nombre de Rulfo y suponer y afirmar en sus preguntas lo que no tenía ni puta idea. Pero amé de Rulfo,  su fascinante distancia con las palabras que él mismo decía. Su silencio. Su silencio en la sonoridad de la palabra. Me enamoró su rostro, la forma curva y rota de apretar sus labios al hablar, de fumar el cigarro, de callar, de parpadear, su expresión, el sonido de su voz. Lo que no contaba. Como si él no estuviera sentado allí.. y le importara en realidad una mierda.....Hay una parte en la que hablaba de esa gente que parece amable, pacífica, pero que detrás de ellos hay asesinos. Eso se me quedó dentro como una sierra rompiendo el cielo. Y otra parte que me gustó mucho, fue cuando el pedante entrevistador le dijo algo así "qué siente tras Pedro Páramo, usted está completamente satisfecho por Pedro Páramo, ha de pensar que blabla" y él dijo "pues la verdad ya lo he olvidado".



Me pregunté.... si yo tengo una asesina dentro. Algo en la voz y en la mirada de Rulfo, durante ese pasaje se me quedó como flor de fuego. Y me vino a la mente, una escena, donde unos guardias y unas enfermeras me estaban atando contra mi voluntad en una cama y yo les dije después del forcejeo y de ya no poder hacer nada para evitarlo, les dije algo asi "atarme bien sí, porque como me suelte os voy a matar, os voy a quitar esa risa y traje y cara a puñaladas" Y lo dije de verdad. En ese momento sentía tanta rabia y odio, tanto dolor e injusticia, que tal vez lo hubiera hecho.
Quiero ir a la mar. Estoy nerviosa. Tengo ganas de pelear. Hacía muchos años que no sentía esto de ésta manera.. Ésta radicalidad del ácaro de polvo, comprando bidones de gasolina, en la soledad de mi rincón. Éste deseo de exorcismo y explosión. De beber diez botellas de whisky y quemar algo en un arrebato de duendes de peyote. Temo a ese animal que se ha despertado. Otras veces me llevó a lugares muy peligrosos, donde la vida y la muerte, jugaban al póker con mi carne y con mi aullido. No es bueno reprimir la violencia. Hay que darle un cauce. La represión causa monstruos y enfermedad. Ha de salir. Ha de ser dueña de sus palabras.
Tengo que sacar ésta violencia. Sino me enfermará. Tengo que liberarla. Tengo que hacerla un pájaro que vuela. 
Ésta violencia, esa pasión, está en mí desde los 13 años. Alguna vez, busqué grandes enemigos, para que no me ahogara. En el instituto la saqué, contra el sistema educativo, contra todos los profesores y la política de detrás, en algún momento se me cruzaron los cables, y yo ya no iba allí a estudiar, yo iba allí, a elaborar un boicot. Me expulsaron un montón de veces. Me pusieron apercibimientos a punta pala. Me abrieron un expediente. Y yo me dedicaba, en mi casa, a preparar mi defensa porque además formaba parte del consejo escolar.. Yo no leía los libros de historia, ni de matemáticas. Yo leía "el reglamento de régimen interno" Les buscaba los errores, los puntos negros. Sus contradiciones, sus castigos subjetivos basados en las emociones personales y en el ego del ofendido profesor y no de la justicia. Busqué un abogado.  Les envié cartas de lo que debería ser la educación. Yo iba allí de maestra no de alumna. Los profesores tenían un trato diferente conmigo. Había una que me trataba de usted, con mis dos nombres y mis dos apellidos. No me dejaba entrar en sus clases al principio... quería que jamás volviera a su clase. Pero eso no era legal. Así que me echó durante dos semanas. Mientras yo preparaba mi defensa contra eso.. y el prejuicio que me supondría y la contradicción y moral enferma de detrás de todo eso. Recuerdo que una vez me dijo el director, cuando le llegó la carta de mi abogado que les hizo detener mi expulsión del expediente.. que era de dos meses, ya que era ilegal por los plazos de tiempo, y como acababa el curso, no pudieron aplicarla. Me dijo muy rabioso y desencajado "el instituto tiene cientos de alumnos, no sólo eres tú, tenemos mucho qué hacer y no nos dejas en paz" Yo le dije "pues eso mismo digo yo, dedicaros a vuestros alumnos, sois vosotros los que estáis siguiéndome allá donde voy y metiéndome en vuestro despacho todos los recreos y a todas horas, dejarme en paz a mí"
Creo que fue en esa época donde desarrollé cierta pasión psicótica y paranoide.
La mayor parte de los profesores me odiaban. Me buscaban todas las tuercas. Estaban esperando a la mínima para expulsarme. Cuando había nieve yo no iba, porque amaba la nieve. Y una vez me llamó el director al despacho, y me dijo, que por qué no fui a clase todos esos días, le dije, porque había nieve, y él dijo "todo el resto del instituto ha venido, todos han subido en ese autobús menos tú, esto te queda como faltas sin justificar, te quedan otras dos y se te aplicará el régimen" Yo le dije "ay que me echaste de menos? ay que ilusión no me lo esperaba, me estoy ruborizando de pura alegría y amor" Y él me echó de allí rabiando por la boca.
Antes, hace unos años. Iba a todas las manifestaciones de las que me enteraba.  Sacaba mi desesperanza frente a la humanidad, convertida en un alarido. Iba siempre sola, y me eran terriblemente extraños los compañeros, esa gente tan hermosa que reía y aullaba, y se querían entre ellos y cantaban todos a la vez, una canción que yo nunca cantaba ni conocía el ritmo, estaba profundamente muerta en mis entrañas.. Yo sólo iba a pelear con la policía y a cruzar la línea que habían puesto para que no pasáramos. A bailar un discurso incendiario en las narices de esos policías y a jugar que yo era un perro y ponía las patas encima de ellos mientras sangraban poemas por mis ojos. Tenía deseos de morir. Tenía deseos de que explotara la ciudad. Y cuando acababa detenida, durante ese rato, sentía que por fin, había alejado, aunque fueran sólo durante tres canciones la enfermedad y el suicidio.
Estoy rabiosa. Tengo violencia sin fruto, violencia sin baile.
Caminé junto a él y el perro, enfrente del cuartel de la guardia civil, e iba a salir un coche de cerdos de ese fango, y él, llamó a mi perro para que nos diéramos prisa y no tuvieran que esperarnos. Y yo me paré y tiré del perro hacia mí...empecé a decir en voz alta "si no fueran unos asquerosos policías, si acaso caminaríamos fingiendo prisa y educación, pero ésta acera es nuestra, ya se pueden ir a tomar por el culo"
Luego él se fue por ahí y yo al volver a casa, llamé 15 veces al timbre. Ella estaba dormida. Eran casi las 12 y ella apuraba la muerte en una cama. Empecé a oir en mi cabeza "qué puta gentuza, sólo defienden la muerte, ya ni oyen que ha salido hace 5 horas el sol, ni que es primavera, ya nadie recuerda que aún estábamos vivos" Me senté en el escalón del portal y recordé que hace ya varios años que yo no tengo llave de ésta casa y eso me hizo reir por no sé qué asociación de ideas y un recuerdo de una borrachera muy borrachera en la que no sé cómo alguna llave y cuerpo con vida entró por esa puerta.
Luego la llamé al teléfono, otras 5 veces. Hasta que por fin me oyó. Y me abrió la puta puerta. Y mientras entré, pensé que iba justo en dirección contraria. Y que la puerta por la que yo quiero entrar debe quedar a 3000km al sur de todos los sures.
La soledad... que devuelve y que agita, mi extrañeza, en los ojos que me miran. El vuelco del reloj roto, cuando rebusteces la miseria en el añico del espejo.
Aprendimos esas horribles palabras rompiendo la pared con la cabeza... cuando para ir hacia delante había que purgar marihuana de las tumbas.
De tantos cuentos que no nos creimos, el que se quedó, era feo y triste, de lo que nadie quiso decir, ni llevar en su pecho, como carcoma escrita, para liberar la mano del hueco de la mano que conoció ese esperpento llorado en la semilla que llevabas de tierra en tierra, cuando tan seco el suelo en tu boca, andar, era manipular una esquela.
Voy a irme ahora. Creo que todo esto, en el fondo, sólo es el reclamo del humor negro. Mi propia afectación trágica al sueño, a sentirme un monstruo, un brazo de hojalata removiendo calderos de piedras con palas de madera quemada y creer que voy a morir cuando menos me lo espere y que me está creciendo en el cerebro un tubérculo de cicuta y de rascacielos volado por los aires, es parte indispensable, para la médula del humor negro. Creo que mi sueño, me está enseñando tan sólo, a reirme de mí misma y a no tomarme en serio nada. Me está ofreciendo el cauce, para mear mis huesos en un orgiástico ataque de risa, sobre todas las tumbas.
Voy a irme dentro de un café y dos cigarrillos por ahí con Kavka. Todo se ha vuelto una broma de noche insomne y pulgarcitos con heroina asaltando las calles y la soledad de los cementerios.
Ya no tengo las nociones de mi existencia respecto a ninguna constancia ni camino de retorno.
Creo que camino hacia la flor prohibida de la oscuridad. A un proceso de destrucción bajo los órganos del poema de todas las despedidas que abren esa ventana donde tu cuerpo duerme desnudo en la playa y una gota de mi sangre disuelta en el océano te escribe canciones que ninguno de los dos oirá.
Me siento extraña. A miles de kilómetros de aquél pincel con hollín y los sueños del crepúsculo. Estoy en el otro lado de la jaula. Hay una grieta en el tiempo que me impide agitar las espigas y devolver la arena mojada a tus manos.
He ido como una niña a hablar con él, le he dicho "me estoy volviendo un monstruo". Le he contado mi sueño, y me dijo bromeando "te quieren dejar sin trabajo" Le dije "¿tú crees que será verdad que he perdido todos los sentimientos?" me dijo "eso a ti nunca te pasará". Y quise creerlo tanto y quedarme sólo en su mirada.
También fui a jugar con el perro y le dije "a que los sentimientos si existen Kavka" y él me lamió el morro y la nariz.

Me preocupa esa parte de mí que ya ha salido en tres sueños diferentes usando la misma táctica. Defendiendo la muerte. Convenciéndome sádica, y filosófica y científica, y poéticamente de que todo es mentira y una gran mierda. Elaborando tan precisa, las palabras que nunca creí tener ni quise conocer de ese modo. Y obligándome a vivirlas y a saberlas con el hueso y la tumba. Tragándose y destruyendo, todos mis argumentos a la contra. Y lo raro... es que esa voz, habla como un pensamiento-axioma, no hay imágenes, no hay sueños, sólo esa voz que parece conocerlo todo mucho mejor que yo. Y durante horas en el sueño, va inoculando todo mi inconsciente y mi conocimiento vital y chupándolo para su terrible discurso. Que ha de ser el mío en algún nivel.
Creo que mis sueños se burlan de mí. Tal vez se me está metiendo el corazón de las piedras dentro. El aislamiento emocional es cada vez más fuerte. El otro día me llegó un comentario a un video de youtube destinado a K, con el nombre de K. en el título.... Era una especie de poema de amor-desamor. Venía con un pseudónimo, durante un segundo pensé que era K. Cuando supe que no era él, ya no me importaron las palabras ni los sentimientos. Apagué el ordenador y me fui a dormir con los ojos abiertos como guillotinas. Pensando en ese agujero que volvió a abrirse en ese segundo donde pensé que era él. Pensando que esas bellas palabras las hubiera tanto deseado leer en K. que ya no me decían nada en el rubor de otros. Sólo me eran bellas si hubiera sido él. Me jodió mucho descubrir que no se había cerrado esa herida. Descubrir que algo de mí seguía deseando y amando a K. Luego me dije que debería llamar un día de estos al chico que me escribió. Esperando un buen estado de ánimo para hacerlo. Y sabiendo de algún modo que ese "buen estado de ánimo" ya no vive en mí desde hace meses.
Soñé algo muy extraño... era una continua conversación que me convencía de que los sentimientos no existen, de que no existe el amor, de que todo milonga, pero lo hacía a un nivel tan profundo de las palabras y los motivos.. que me desperté pensando que muy pronto voy a morir, que debo estar enferma para conocer las palabras de ese sueño. No sé porqué sueño con discursos tan elaborados en contra de la vida. Cuando yo trataba de protestar, el discurso tomaba mis motivos a su favor y se ensanchaban sus razones, destrozaba todas mis objeciones. También en ese raro diálago, yo le decía que entonces no podría haber poesía. Y el discurso me decía que la poesía también morirá que nunca más la escribiré. Y en una parte decía "no te preocupes, pero cuando te digan que no te preocupes es cuando de verdad es para preocuparse" Esa parte al menos era chistosa.
Dentro de un rato iré por ahí. Necesito introspección. Hoy estoy en un extraño lugar. Todo se ha ido de mi nervio, de la gravedad de la palabra. No hay nostalgia. No hay tristeza. No hay búsqueda. No hay elaboración de lienzos de aire ni de carcoma.
Lo social... la urbe, me afecta mucho en la caja de pinturas quemadas.
Me distraigo, con los zapatos de cartón volando por los tejados, el despecho del fondo de tu cerveza, rasgando mi ventana.
Me pongo en fuga. Nada me hace la necesidad del poema. Se desprenden los rubores de mi inconsciente. Se columpian en el retrato de tordos y huyen. Soy como ese olor de pan recien hecho buscando truchas en el río. O la nada para aseverar el motivo de los ojos.
Recuerdo que una vez, cuando éramos niños, e íbamos con mis padres por la ciudad. Mi hermano había preparado alguna perrería y mi padre le dio una patada en el culo. Y mi hermano, se tiró al suelo y empezó a pedir ayuda y a fingir que era un hijo maltratado por gente sádica y violenta.. y gritaba que le habían roto los huesos de las costillas que no le dejaron solo con esa horrible gente. Y armó un espectáculo de la ostia y  vino un montón de gente a olisquear y meter el hocico. Y dejó en ridículo a mis padres.
No tengo cerveza. Ella la traerá pero no llega a casa hasta las 11 de la noche.  Todo flota. Todo es un espejismo. Mis sentimientos son de hachís y postales de tren descarrilado haciendo una pirámide de cartas de juego quemadas en tus labios culo de botella de whisky.
Por alguna razón, mi hermano y yo, siempre tuvimos, un sentimiento macabro en el mismo lugar del sentimiento de amor.
Mi hermano y yo, no podíamos ir a los entierros, porque nos entraban ataques de risa.
Mamá nos obligaba a ir a misa los domingos, pero cuando cumplimos 7 años o por ahí, dejó de hacerlo porque la dejábamos en rídiculo... nos reíamos, cambiábamos de asiento cada poco, corríamos, íbamos agachados como serpientes y asomábamos la cabeza en los pies de la gente... y les tirábamos papeles y piedritas a todos los que había delante...cuando había que darse la paz, mi hermano metía la mano en el culo e iba a dársela a todos los presentes... echábamos porquerías al cesto de la limosnas, le poníamos chinchetas al cura en la silla y una vez mi hermano meó en la botella de vino, antes de que empezara la función,......
Creo que esto surgió en nosotros de muy pequeños, como un método de defensa-ataque, contra el esperpento y tragedia y sufrimiento de la familia materna y las peleas constantes entre nuestros padres. Encontramos la risa, en el enfado y dolor de los otros. De algún modo crecimos sin ley. Mi hermano era mucho más salvaje que yo, no tenía compasión, era más sádico y vivo, ingeniaba cada vez bromas más descabelladas y con consecuencias más peligrosas, además tenía dotes de actor y las usaba para atraer a la víctima de su broma a la trampa o para convencerle de que nosotros no habíamos sido..... Yo era más empática y tímida y trataba a veces de coartarle ciertas de sus ideas.  Tal vez por eso mi hermano recibió muchas ostias de la vida, y se ha vuelto muy pacífico y bonachón con todo el mundo. A mí me pasó del revés... y en la adolescencia me volví más salvaje.
Me es dificil hallar hoy el poema, ni ninguna seriedad, del aquí, ni de ningún otro lugar que busque un verbo.
Hoy todo me parece bañado con cerveza y marihuana. Con persianas tartamudas, con sol pasado de alcohol hacia espigas-pelo atascado en esa boca que nunca halló mi punto g.
Antes, les dije, he recuperado el humor negro dadaista. Y les conté entusiasmada el sueño que tuve y escribí ésta mañana, como un ejemplo claro y nítido,  de ese humor. Pero ellos no se rieron. Mi madre puso una cara de horror total al narrarles la última parte "Luego el jefe se iba a morir de forma inminente y quería llevar a la tumba, a dos mujeres vivas para que murieran lentamente mientras así se salvaba su cadáver... y ellas protestaban y él decía "yo os ofrezco el descanso eterno, no tenéis nada de lo que quejaros, vuestra vida es miserable, yo os daré reposo" y repetía varias veces lo del descanso eterno. Yo pensaba que ahora lo lógico era que esas mujeres deberían de matarlo antes y me quedé esperando con curiosidad a ver el asunto, aunque en ese momento me desperté"
Mi padre mientras se lo contaba dijo ¿te queda mucho? voy a mear y ya te escucho si eso desde allí" 
En la cara de espanto de mi madre, sentí que ese humor cobraba mucha más intensidad.
Pero me jodió que no se rieran ni que entendieran una mierda. Siempre me rio sola.
Fui a decirle muy contenta antes a él "mi hipocondría ahora ha pasado a un nivel evolutivo mucho más bonito, ya no me duele el corazón, ni respiro mal, ni pienso que va a dar un infarto cerebral, ahora me pica todo el cuerpo, como si tuviera piojos y pulgas invisibles" y él dijo "la hipocondría y la mierda y parásitos que tendrás encima" Mientras yo azuzaba a mi madre diciéndola que su maldito legado genético de hipocondriacos no se quedará en mí sino todo lo más como una picadura de avisporro.
Ésta es una casa de arlequines. Ella habla todo el rato con los animales. Él fue a dormir la siesta y me dijo "diles a ver si les es posible no dar voces, tu madre mantiene todo el día conversaciones trascendentales a voces con los bichos... y se puso a imitarla "ay mi perrin bonitín pobrecín qué te ha pasado, ay mi gatín chiquitín dónde te has metido..., cualquier día se pone a hablar con el ladrillo "ay mi ladrillin guapitin pero qué es lo que te hicieron esos maltidos romanos" jaja es un ladrillo que encontramos el otro día en un descampado y que es de hace 2000 años y está escrito con volumen "legVII gemina y no sé qué"
Yo ayer me metí con la intención de bañarme al servicio.. Y vino A. a mamporrear la puerta para que lo dejara entrar que él había pensado mucho antes que yo entrara al servicio ir él antes. Le dije "te jodes que ahora ya estoy yo, vete al otro baño como tenemos que ir todos cuando te metes aquí como si esto fuera el salón y estás aquí 3 horas" (el otro baño no tiene luz porque se jodió el cable y es muy chiquito y hay que estar allí a oscuras o dejar la puerta abierta).. él siguió mamporreando y exigiéndome que saliera, apagándome las luces y sobornándome "como no salgas voy a ir a darle patadas a tu perro" Yo le dije que se fuera a tomar por el culo.
Mi tio debe dinero a mi hermano por no sé qué historia. Y mi hermano hablaba con mi viejo seriamente de la necesidad de recuperar ese dinero. Y él le dijo "veo muy mal el asunto de que cobres eso, lo más que se me ocurre, es que aproveches ahora que ha dejado aquí aparcado el coche, le quitas las 4 ruedas, y dentro de un mes cuando venga del trabajo te dará las cuatro monedas que traiga encima a cambio que le devuelvas las ruedas" Yo azuzeaba de que se olvide de ese dinero ya para siempre.. qué bastante tiene el tio ya con no pagar a sus otros deudores, que lo deje en paz... y le decía de paso, que lo que yo le debo también borrón y cuenta nueva. Mi hermano se pone cómo loco y rabioso, cuando huele que va a perder dinero.
He ido al río, feliz, riéndome todo el rato de algo incomprensible y que no me ocurrió a mí sino a otra. De camino había dos mujeres y una hablaba por teléfono y dijo "no puedo apuntarlo, no tengo boli" Llevaban carpetas y supuse que estaban vendiendo lavadoras de puerta en puerta. Como pude haber supuesto cualquier otra cosa. Les presté mi boli. Y anotaron la dirección de alguien, y supuse que por culpa de mi boli iban a ir a tocar los huevos a ese pobre hombre para venderle sus lavadoras, lavadoras que ese hombre no quería para nada y que iba a mirar en sus folletos, 100 lavadoras diferentes con las características de las revoluciones del motor de cada una y blabla.. porque no se podría resistir a la risa de esas mujeres. La verdad tenían una risa muy hermosa, una de ellas tenía un deje argentino y cálido en el habla. Me tocaron el hombro con esa risa y me dieron las gracias, mientras yo agarraba el perro para evitar que se avalanzara sobre ellas. 
Luego seguí mi camino con el perro. Ya en el río me senté un rato en la hierba. Contenta. Vi a un hombre a lo lejos meterse hacia la orilla y pensé que habría ido a mear. Luego se paró donde yo estaba. Y me dijo "ves ese nogal, está noche lo ha jodido la helada" Yo me levanté del suelo para verlo. No me puedo resistir cuando una persona, me señala un árbol, una planta, un animal, la forma de una nube, o una piedra. Me cayó muy bien ese hombre, me dijo que él había plantado esos nogales.  Le dije "la humanidad es mucho peor para las hierbas que las heladas, ojalá fuéramos una helada solamente" Y él se rió carcajeadamente. Yo luego cómo si fuera una niña le pregunté los nombres de los otros árboles que había por allí, le dije "ésto son las salgueiras ¿ a qué sí?, y él dijo, sí las salgueras. Y ¿aquello qué es? Y blabla.  Luego le dije "debériamos plantar árboles en todos los sitios, debajo de todos esos kilómetros de asfalto, señalando a la ciudad, no viven ni los gusanos, estamos destruyendo la vida de la tierra" Él dijo "destruimos nuestra propia vida" Y yo luego me fui repitiéndome esa frase como un mantra, nuestra propia vida, nuestra propia vida. 
Y ya cuando me iba del río a la urbe.... y amarré al perro. El perro se quedó olisqueando... y no quería avanzar, así que fui a por él y lo tomé en mis brazos por sus dos patas delanteras, lo espanzurré en el suelo y lo vapuleé jugando, para tentarlo a seguirme. Y vi a un hombre que nos miraba y dijo algo, y me quité los cascos y le dije ¿qué? y dijo "así es es lo que hay que hacer con los perros" Iba con una bicicleta a su lado... y empezó a ordenarme de forma muy chistosa y amorosa que soltara al perro que a ellos les gusta correr y estar sueltos.. y lo solté, y le dije "sí, los perros como nosotros necesitamos sólo libertad" Y me habló de sus perros. Yo le hablé de mi pueblo y de los prados y de la cabra tira al monte y del buey suelto bien se lame. Me preguntó que entonces cómo estaba aquí. Y le dije que aquí vive mi familia y qué putas y remedio que hay que venir a verles de vez en cuando. Él dijo, "sí sí hay que venir a verles" Y me hizo otras muchas preguntas.Luego yo le hablé del truño de edificios que veo desde la ventana y le describí la galería y las ventanas y paisaje de la casa del pueblo.  Le dije que en la ciudad todo es ruido y tubos de escape y contaminación Y él dijo "tú estáte mejor en el pueblo que es dónde debes estar y el perro también, aquí en la ciudad todos molestan, todos son unos desgraciados" Y eso me hizo reir a carcajadas. Y hablamos así un rato. Y ese hombre quería que siguiera caminando con él. Pero ya me quise marchar y me despedí alegremente y él también. Era un hombre muy tierno, todo lo decía con imperativos... pero de un modo muy gracioso. Se notaba que era de pueblo...de otra tirada, de casa pobre y pan contento., tal vez también soledad.
Acá lo primero que siento al despertarme. Es la presencia de ella y sus ronquidos. Y entonces me pongo de mala ostia. Porque siento que un horrible pajarraco de la fiebre vuela por la habitación afilando piedras en mi mano rabiosa... y su presencia abstracta suena tan fuerte que mi entraña empieza a aullar y a romper vasos y cristales. No hay suficientes habitaciones para tanta ruina. Yo duermo en un colchón tirado en el suelo. La tengo dicho que por la noche no entre hasta que yo no esté dormida... porque esa presencia sino me desvelará hasta el espanto. No me gusta dormir con nadie por ahí, excepto el perro y el gato. No me gusta despertarme con nadie. 
Ayer por la mañana cuando escribí sonó un estruendo. Y dije ¿qué fue eso? Y ella dijo medio dormida "me tiré un pedo" y yo dije "joder creía que una manada de camellos que se había caido muerto al suelo por efecto dominó, eso no es un pedo humano, es un pedo si acaso de rinoceronte"
Acá escribo estupideces. Porque hay tanto ruido a mí alrededor, que sólo se puede profundizar en la evitación de no volverse del todo majaras, robando cartas, al manco impostor del LSD sobre la sota de espadas, chupando, como se tiran a mazazos las paredes.
Acá no tengo el mismo silencio.
Por eso el poema, es un ticket en la puerta que se mueve macabramente en el pomo y pone "todavía el muerto no recuerda espera un poco antes de llamar".
Una parte de mí mientras escribo está asomándose al pasillo para avisarme de que van a venir a joderme el texto. De que va a sonar el teléfono. De que el butanero harto de su vida va a estallar el camión y a explosionarlo contra la catedral.
Está ahí, soplándome el peso de la quimeras con cuerdas en mi espalda. Acechándome para que no lo olvide.
Ayer fue un día absurdo. Yo había llevado un libro de Kafka, para leer a la orilla del río junto a mi perro.... Pero me llamó una colega...  y se cambió mi dirección.... me habló de su vida y de sus historias, yo le di consejos y ánimos entre cerveza y cerveza. Cuando ella me preguntó por mis cosas, me vi incapaz a hablar de lo que verdaderamente formaba mi vida, así que hice como siempre, banalicé y mentí sin mentir.. sesgando una mirada comprensible para su mirada.... Con el disfraz, con la insolubre distancia en mi distancia, pero sin problemas metafísicos ni del espejo, ni del yo y sus peleas entre sí. Estoy tan acostumbrada a ocultarme tomando la forma de la absoluta sinceridad y humildad y pseudoestupidez.. y disposición al verbo y al vino, que sólo mi desgracia se da cuenta. 

Todo esto.... me dejó algo cansada. Y ya no quise escribir.

Empecé otra vez a desear largarme al pueblo y a la soledad, porque les culpé a todos de joderme la inspiración. A los edificios de enfrente de mi ventana. A mi suelo barriobajado de navaja rota, de mano vacía. A mi nombre en la voz de la otredad.
Hoy soñé algo muy raro. Lleno de ruido. Había una especie de casa donde todos se iban a ir por la ruina. Todos tenían problemas. Pero yo sólo miraba. Era un sitio muy grande, donde debajo había un bar. Y el dueño era un hombre vil. Antes de la escena de la ruina, un salón había sido convertido en el congelador, y se veía el hielo en las mesas, en las sillas, en los restos de los objetos personales, de los libros y lienzos en la pared.... yo me quedé enamorada mirando las estrellas del hielo y pensé que qué lástima que no hubiera traido la cámara de vidio porque era una belleza espeluznante...., y los camareros iban allí a buscar cosas para el restaurante.. y se quejaban del frío y de la puta madre del jefe y que así no podrían vivir mucho tiempo... pero yo no vi ningún alimento para el restaurante, estaban allí con unos cuchillos, abriendo y cerrando cajones y haciendo cosas raras.
 Luego había otra sala, donde todo se empezó a llenar de agua sucia y embarrada y cada vez subía más el nivel del agua. Recuerdo la única escena en que yo participé era en un lugar que sacaba un helado, había cientos de helados, pero eran muy grandes y yo quería uno más chico y anduve rebuscando allí hasta que encontré el que me gustó que era de sabor naranja y limón y de hielo y se llamaba "twuist".... Mientras todos estaban en estado de guerra y de largarse cuánto antes. Luego el jefe se iba a morir de forma inminente y quería llevar a la tumba, a dos mujeres vivas para que murieran lentamente mientras así se salvaba su cadáver... y ellas protestaban y él decía "yo os ofrezco el descanso eterno, no tenéis nada de lo que quejaros, vuestra vida es miserable, yo os daré reposo" y repetía varias veces lo del descanso eterno. Yo pensaba que ahora lo lógico era que esas mujeres deberían de matarlo antes y me quedé esperando con curiosidad a ver el asunto, aunque en ese momento me desperté.