Si dices amor y no te sale una lagartija del culo, estás mintiendo.  A ti. A mí. A los dedos de las nubes. Si dices amor y no te muerde un pez la lengua ni te clava un agujero submarino, eres siervo de un engaño, propulsor de la retórica del delirio de la luna.  Si me dices amor y no me dices, larva, rata verde henchida de peonzas o savia de tejo o, me estás contando cuentos o es que quieres la poética lasciva?
Te quiero farsa. Como farsa es lo que eyacula el cielo. Lo que cae en mis manos moldeadoras de un destino que es farsa, como farsa la canción que se grabó en mi pecho. No quiero distinguir tus mentiras. Quiero devorarlas y poseer en ellas, ese otro verso que empieza y quiere a tu noche, como a su papel. Acúsame de lo mismo que tiembla en tus condones. De lo demás, estoy absuelta. Cien veces más en tus ojos.
El escondite. La ética sólo vive en pechos prisioneros. Todo lo que salga de ti, es néctar cósmico. Dame tu maldad como yo canto esas piedras. Como el lobo se recuesta en lo insomne, encharquémonos panza arriba de las estrellas. Juguemos. Nuestras ambiciones ya han sido pervertidas. Nuestro destino ya se lo llevó el tragador de fuego. Si sumas te saldrán números rojos. Si me pretendes cierta, serás pretendido por la heroina. Ya está todo del revés. Empecemos por los colchones de salvia.  Si aún hay algo que perder, aráñalo en mi espalda, exhálalo en mi boca. Toca esa canción.  Y volvamos a empezar, contra otro cielo.
Hemos olvidado escribir poemas de amor sino nos hace el cunnilingüis la amapola. Decimos infinito y la trascendencia de la saliva encinta de bosques, cuando lo que queremos es la locura del placer.  Nombramos los pasacalles de luz, cuando esperamos que la tercera copa empiece a hacer efecto en los cementerios. Me dices amor postcoital, cuando me quieres decir, empecemos otra vez a perder las riendas y a maldecir lo que no se ha llevado nuestra palabra a la erección de los truenos.  Juegas conmigo mientras mis juegos juegan a que creo que no lo haces y que mis cartas están limpias. Nuestro amor es la taciturna eyaculación de un embrujo de algo indistinguible que escurre en nuestras pieles. Allá el resplandor nos invoca, insaciablemente.
Somos la múltiple cara de una decepción y de ese baile de claquét.  Déjame anexarme a tu malherida tierra como las raíces de los chopos penetran y mutilan las cuencas que el río fecunda. Descúbreme a cuchilla una vena de fuego entre mis perdiciones que pueda permanecer cuando en tus ojos los bares sean esa autopsia que le hicimos al teorema. Háblame de las ánimas que acompañan tu manera de morder mis labios, para que te hagan la paz y el fuego, mis vudús de olvido. Enséñame el proceso de descomposición que los eclipses atormentan en esa estación que había antes, para que pueda en tu sexo no mentir la caligrafía de mis túneles.  Somos esos emigrantes. Los papeles nunca estarán en regla. De entre las intenciones, no podremos librarnos de la perra. Embrújame de gozo. El socavón lo arreglarán las aves que desoyeron nuestros nombres. Atorméntame el cielo, las ambulancias, la pelea de esos paramecios de LSD entre nuestras colchas. Te lo daré todo. Nada es nuestro.
ayer maté una mosca y sus tripas fuera y ella aún se movía, sentí espanto, me sentí despreciable y el río de los alfabetos del noctambulario de la tierra de los perdidos, me hizo ponerme del lado de su cuerpo desparramado, ellas no piden permiso, ellas no respetan la puta propiedad privada, saben de quién es el viento, ellas no sirven a, ellas molestan con alevosía y música, poseen las alas y la suficiente fealdad para ser dueñas de la noche,  no volveré a matar ningún animal, es digno, poner dinamita en el congreso y en todos esos cuerpos del poder y la usura, pero es infame arrebatar la vida a una mosca.
Quiero tu espectro.
No quiero su carne. No quiero su esperanza. Pero quiero su densidad de mercurio.
Es mejor tener un indisoluto espectro. Que tener sólo cuervos cantando la de las mañanitas.
Quiero su fuego en lo que no se borra de mis uñas. Asirme a él, como al blues. Como a un lejano faro del veneno. Como lo que me hizo llorar entre los maizales y reconocer la música del imposible. Los espectros no se quejan de los desagües atascados ni de la decadencia del ronquido de los cipreses. Conservan la belleza. Conservan los volcanes.
A veces creo que aún te escribo. Que al despertar tomo la página de agua. Me limpio con hiel los ojos. Juego a que soy un bodegón dibujando los ojos de la vieja vestida de negro con amor de glaciares en sus manos. Y te susurro, como entonces. Te hablo de los balcones y el declive de las tardes de lluvia en el sudor que la cicuta empuja hacia las piedras. Y me visto de trigo las cicatrices y lo oyes. Y nuestro idioma no necesita explicaciones. Llegan las migraciones. La hoz de la noche y el tiritar de los jabalies. Las alpacas duermen. Las paredes lo recuerdan todo.
Nos tuvimos que tragar esos sentimientos como esas tiras de veneno en las que se pegan las moscas y mueren lentamente. Tuvimos que decir, no fue mío. Escupirlo con la manipulación de la tormenta. Meternos cal en el pecho. Y dejar un agujero flotante sobre la cabeza. Jugar a que éramos los desheredados del viento, del polvo y de los valles. Tirarnos contra los tejados como gas benceno. Volvernos unos farsantes. Para no morir de pena. Para que no nos succionara el sol. Tuvimos que mezclar esa resina con petróleo y darle de fumar a nuestras ánimas. Tuvimos que traicionar la belleza.
Espera a la usura y locura del champán. No esperes mientras ni la flor, ni el porno. Soy una especie de animal que se ha perdido y que no se quiere hallar. Con las pezuñas llenas del pólen de los mapas desintegrados. Con la herida abierta del insaciable camino contrario. La incandescencia ha manipulado a mis constancias.  El dolor es un tendal de pájaros ahorcados y entre ellos soy la presunción de algo que no existe.
En ese lugar eres traicionado. Hay una verdad que nadie quiere oír cuando se ponen en peligro los balcones. La atracción de la saliva de un monte que nadie quiere que le cuentes. Hay una página del asesinato que oculto en mis cajones. Hay una serpiente entre la ropa sucia que parpadea una ciudad en ruinas y se parece a ti. Si voy hacia mí, necesito tu sangre salpicada en los retrovisores. Necesito cortar las cuerdas. Mi dolor ya no es de fiar. He mancillado sus campos semánticos. He malgastado el frío. No sé qué debo de fumar para que algo se quede.  "Ha llegado el chatarrero señora, compramos toda clase de chatarra, también limpiamos lonjas y bla bla, el chatarrero ha llegado señora" Suena ahí afuera. Bajo una bella voz de beleño. Una voz que me sostiene. Una voz que toca mis sótanos. Una voz que acaba con mi crisis existencialista.
El silencio de esa distancia que hace interjección hacia otro camino. Lo toco con la piel que pedí prestada a los girasoles. No quiero escribir de amor. No quiero escribir de muerte. Necesito la liturgia de mi tristeza. Huir conmigo misma al procrear de una sombra que no ha dejado de mirarnos desde entonces.  Algo le ocurre a la sed que se labró en el valle. No me reconozco. No reconozco lo que escribo. Mi interés no es palpable. Hay una rendija que hace de guadaña tras ese viento de arena y hojas. No puedo lavar las ciudades contra las que huí. Tú eres la voz de los ciervos. Pero no te conservas cuando los suelos tambalean la angustia. Me siento una herramienta de tempestad que desdobla el crujir de mis huesos.
Soñaba hace unos minutos, un tipo de pensar en mí, del pasado, había un tipo de arena luminosa, una guerra interna, hacia otras bocas del viento. Me desperté con el exalto de cambiar, de acabar con éste despropósito de los puntos cardinales. Desde qué, me he vuelto eléctricidad. Una herida verde. La ausencia de toda dirección. Me siento fraudulenta.
la intermitencia de tu cuaderno torturado en tus manos, verdugas de los cuadernos de mis manos, dilata la idea de la luz entre los sepelios que se traga el campo, era de noche cuando ocurrió, no volvimos a hablar de lo que se tragaron esas paredes, acostumbrados por aquellas venenosas flores a las cosas que nunca debieron ocurrir, colocamos un poco la mesa, tus no maletas en tus bolsillos y las mías en el vaso que dejamos en la mesita, parricida y opiáceo adiós, esa paloma en el edificio, mis pies pesan al alejarme, como una página vacía, como el champán en tus ardides de salir ganando, luego el transporte urbano, una intuición de jabalies cerca, de cantos rodados cubiertos por líquenes, otro agujero, para que mojen los aullidos otros nombres para tocar la luna y la misma canción de los perdidos
el vértigo, cae un vencejo en el patio, el perro lo zarandea, llamo al perro, pero no lo tomo como otras veces ni lo pongo en alguna altura para ver si aún puede alzar el vuelo, me quedo paralizada, mirándolo, exaltada como si la calada púrpura me tendiera trampa en la trampa de la gravedad, en el diluvio de la muerte, siento angustia, asfixia y a la vez su plumaje negro, y esos ojos, y esa cara de anzuelo volador custodiador contra los suelos, enviaran guitarras, enviaran algo de ti, haciendo trampas en mis patios, algo de nuestra muerte, acuchillando brechas de luz en el aire, lo dejo morir y tiembla en mi tráquea un chillido y mi pecho inflama una plegaria de no sé qué trueno y me arden los ojos y no puedo dejar de mirar, ese pájaro que se atraviesa en mi sangre como un silbido de pedradas ingrávidas y agujeros
es intrasferible
el ambulancia que cavaste en mi intención de reinsertarme
cuando Madrid lloraba su mar de hormigón en el rencor que tus labios silenciaron en mi boca
esa ambulancia de pasajeros sin ojos, ni costillas, ni sombra, esa ambulancia de ruedas de opio con los bares quemando relicarios en forma de ofensas que tus manos pobres recogían para la suciedad de mis manos
es insobornable el agujero negro de tus ojos en mis ojos, volviéndonos dos animales en busca de muertos y creías que era un cementerio la canción que mis zorras noches atormentaban para la delicadeza de tus oidos de brechas de luz y nidos de pájaros polideformados por un vuelo inalcanzable
es imborrable la sangre que dejamos en el alarido de los ciervos que aún recuerdan, aquella historia
antes teníamos una manzana para decir: he aquí mi triunfo, la colada y lo que saqué de la escuela, aquí podrás amarme y descubrir mi flaqueza, mis gusanos y mi patria, mi trigonometría, intención y el taxi pagado en la puerta
ahora sólo tenemos la idea de una manzana, en el cuerno de un rinoceronte que ha dibujado un niño ciego cuando era devorado por una luciérnaga
úsame a bandarra en los juegos de azar, pon un color imposible en mi cuerpo, un nombre impronunciable en mi nombre, una intención intransitable entre nuestros dedos, quiéreme juego y eléctricidad y no mujer, ámame gas y no reflejos y no tangible, pídeme lo que no existe y no lo que pueda darte, espera de mí lo que no me pertenezca y no perderemos la canción, seremos su gasolina, su insaciabilidad, el orgasmo interminable
no hay nada a lo que sujetarse
me lo dijo una vez mamá cuando era niña, ¿dónde está el abuelo? y en su voz la mentira y en sus manos el temblor, de decir un cielo que se desdecía en sus lágrimas y sabía a sosa cáustica y a cuento y lo supe, ellos me engañan
me lo dijo una vez diciendo las ortigas pican pero tendrás que comprobarlo

la sujección es la enfermedad que nos hace domesticables
la necesidad de la sujección es lo que nos hace una civilización mucha más baja que las lombrices
la que nos hace siervos, compradores de basura en el mercado de los engaños y la indecencia, la que hace que toleremos que existan los paises y los gobiernos de buitres arbolen sus banderas y sus policías en busca de los cadáveres con tallaje para sus cementerios

la necesidad de la necesidad de ser necesitados, es lo que nos vuelve cucarachas
la necesidad del sentido, de la gloria, de la aprobación y de tener el control de las cosas, es lo que nos vuelve carne de rebaño para ser en éste mundo la continuación de la mierda.
es el miedo el que ha inventado la filosofía, sólo la cobardía ha levantado teoremas y libros muertos escritos por pechos muertos para oidos muertos, no necesitamos sintáxis, para bailar jabalíes el gozo, para retozar barro y viento, para tomar el fuego entre los dientes y cavar túneles de gas,  pensar es de cobardes, pensar es de decrépitos falsificadores de la velocidad,  atormentados por sus redondas cabezas, toma el acto, como el lobo aulla el placer, como la pulga deja la picadura en su canto de que ha comido y que se va satisfecha y en dicha y ardimiento, que no te engañen, si piensas en el bien o en el mal en medida que tus desgraciados y enfermos padres te enseñaron, hijos de una enferma cultura de enfermos protozoos con chaqueta que piensan y piensan y sólo levantan la civilización del asco y la decadencia, si te paras a medir en la medida, te comerán las chinches de tu ovejuna tentación de poner un mapa y asirte a un suelo, guíate del surrealismo del impulso que sale a metralleta! o serás hedor y serás tan viejo y tan seco y tan estéril, que no te querrá ni morder la bella rata
no mates los mosquitos,  no barras la escalera, no quieras nunca comprender que le está pasando a nuestra droga, que le sangran los labios y nos mira entre llamas, que pide algo que no entendemos y nos soborna hoz y vino fresco de noches imposibles
yo antes de, quería un salmo que se quedara, para la canción de las cuatro esquinitas de mi cama y su quinta en la entropía de tu cuerpo,  pero ha muerto cualquier ardid de deidad, sobórname las flores, pónle un precio desorbitado a nuestros cadáveres y dame amor de gusanos y amor de violentos creyentes, quiero una fe, como una bomba nuclear en las manos del Quijote, bañando nuestros cuerpos enrededados del monte de los jabalies a la luna
el embrujo de la tarde, las señales de humo de tus océanos de hachís, haciendo polvo los parquímetros, perderé la razón en tu cuerpo y ya nunca te daré explicaciones, vamos suicidas al resplandor, tira los jabones y las llaves antes de tocar la puerta, nuestro pasado es la pistola que salvará a los zorros, quieres mi daño como yo quiero tus gotitas de sangre, como yo quiero tu enfermedad rociándome estrellas en las piernas y asirme a ti en busca de la deriva contra todos los diccionarios, vamos sin licencia hacia la liturgia, llévate los puntos de retorno al fuego que haga que tu erección sea la caligrafista del sabotaje y el fulgor, en mi G, ya no hay mapas, bandera negra con tu calavera y la mía, cantando rock en el infinito.
ahora lo sé, vuelvo a ti
aunque seas la polución de los virus
y de los cementerios sin nombres

porque en ti vivió la última noche en la que creí (estúpidamente) en el sentido

vuelvo a ti para lubricar mi conciencia con polimonios irregulares
vuelvo con retórica, túneles oblicuos, transportes prosaicos y con lujuria, caladas de tango entangadas de excesos que se fueron con otros, vuelvo con la página, la mano negra, el lamento del vinagre, la expresión de un tercer acto que me excite la muerte y con ese pincel de los cielos de azufre con ríos llenos de amantes en celo y momificados por el delirio de la luna, vuelvo como se busca un verso o un cuchillo que aguante la desintegración, vuelvo como la que se va en la dirección contraria, como a una alucinación de setas, literatura, arenas movedizas, distancia, ardor de los avasallados
cuando tiemblo
tiemblo como la que no ha nacido
cuando lloro
lloro como si fuera una rata que cayó en la trampa para ratas mientras piensa en su camada que la espera y la necesita y con fe en la peste evoca la venganza de su estirpe
y cuando digo mi destino lo digo desdiciéndome para que los batiscafos destruyan los restos de Itaca que infectaron a mi cuerpo
Ya no tengo norte, ni cuando persigo el nacimiento de la nieve. Sólo dime que harás que olvide que la física nos jode nuestra posesa obsesión. Quítame el nombre y dáselo a los gusanos de mar. Mete tu anillo en el vientre del gran pez y despósemonos como dos locos con una locura más sádica.
Con A. en ese museo de la ruina de la ruina que eyaculó la evolución del palo en las fregonas. Una cartel en la puerta. Tenemos desfribilador. Ni un alma allí. Excepto un guardia de seguridad con cara de estar viendo porno en su ordenador y de que le somos una molestia. Hoy no hay visitas guiadas ni hay que pagar, tirar por allí y vais viendo. Y el desfribilador? Sólo venimos por eso. Temblorosos como somos del romanticismo y el espanto de reconocer a través de los cadáveres ascentrales el ardid de nuestros sexos y su ardor ciudadano. ¿dónde está el desfribilador? y sus velas y sus altares con camara de suguridad y solemnes vayas!
no necesito no estar equivocada
si hago sumas y todo se resta cuando me metes la lengua en mi idioma obsoleto y defensor de los dinosaurios y caen ranas del tejado a la apología de tus criaturas analfabetas
no necesito no meter la pata
cuando me tocas el camino y se me promete el dada con los espectros de la milicia comunista entre infinitos agujeros insaciables para jugar con las piernas como tijera de LSD
tus labradores de mi sed, han sido caídos en el escorbuto que tanto mar adentro y sin compuertas, tantas pilas de peces en descomposición de una luna que haga fuegos fatuos de espinas e imprudencias, ya no tocas en mi clitorix, ni el espanto ni la decadencia, ni tus enterradores son capaces a empalmar ni metáfora ni anacoluto, te me caes niño de mi cuerpo, como una carta en la hoguera, de mi vida como equipaje de alguna otra mujer adicta al anís y la cocaína...

la llamada de la que organiza tributos de amas de casa que se masturban en misa.

- soy Encarnita la de Julián,  una amiga de tu madre, habrás oido seguro hablar de mí (!!!!!!!???), yo vengo de la costilla de un tiburón!! sí claro, como se oye hablar del sol, en las noches sin luna, como lo que comen los delfines y la reproducción de los corales, -pues ya sabrás entonces, que soy ese tipo de sombra mojada de las iglesias en celo, - justo mi corazón esperaba una voz capaz como la tuya, de aplacar la ovulación de las tormentas! te daré lo que me pidas!
a veces se necesita, cierta afirmación de que vamos bien y ha quedado el control policial envuelto en llamas y gasolina, el depósito lleno y la promesa de la mar en el volante
y yo lo hallo, en esa absolución que el surrealismo florece cuando las montañas, son fortalezas flotantes
en tu boca cuando tu boca quema los mapas y me ofrece un pájaro que es como un ejército
en ese diástole de las casas en ruinas y esa tumba que dice mi nombre cuando diluvia guerra el olvido
en los ladridos de los perros cuando es un colador la tierra y tirita la luna el temblor de haber nacido y en ese amor que es una trinchera con el alfabeto del océano y el orgasmo de la libertación
el día me ofrece
la traición de mi propia voz
dilatada hacia las huellas del jabalí al que destruyen su habitat
necesito vivir sobre el límite, para no pararme a preguntar, qué ha sido de aquél verano en los agujeros de la amapola 
a un parpadeo de perder los puntos cardinales, para que no me encuentre esa sombra vencida
si pongo sobre la mesa los campos semánticos y quiero medir o obtener algún beneficio, se hacen mis manos pólen, todo al cartucho del escalofrío
desde hace tanto que ya.. sólo reflexiono con la lengua muerta de los girasoles, escarbando civilizaciones extintas en mi espalda
si me tomas por alguien capaz a ofrecerte sensatez, paz o patria, me tomarás por una alucinación y me hipnotizarás hacia la sangre del duende verde y ya no podré detener la endiablada ficción de cortar mis muñecas en tu boca para darte de beber la misma ingravidez que me atormentas
miro los chopos
miro la sombra polvorienta y plateada, del espectro de una deidad
no puedes agarrarte! sólo escúrrete pez a la yugular del que lleva la caña y en su sangre hallarás la tumba de los que dejan huella al moverse
mi dios en una orgía, quiero su mejunge de barro y néctar en tu piel, quiero su promesa de que la última palabra del punto G, es la incandescencia del agujero negro, en el perfilar de tu cadáver y mi cadáver

tu soplo de ácaros en mis manos de la labranza y tortura de los rincones
me perpetra un arco iris, donde mis huellas, sueltan las guadañas
la cordura contigo, es una trepadora en el patio
la cordura contigo, es una puerta con serruchos tocando ópera
la cordura contigo, sólo se dilucita en lo que me exhalas por la boca


contigo olvido el problema de las tuberias de mi casa desposada con el río de los peces enfermos por la energía nuclear
y las averías se hacen, una excusa, para quedar contigo, cuando los vecinos duermen y los perros ladran
y toda la entropía, se vuelve un lubricante, que pulveriza los relojes, para que dure una eternidad, la pérdida del mundo en tu cuerpo
Me robas la ética. Mi ética oblicua. Mi ética estrecha de sombras de abedul. Me la succionas y me la dilatas, en las alas del mirlo, el mirlo que huye para que ningún ojo alcance a dibujarlo. Me la follas con idiomas secretos y ella se encinta, del LSD de tus creyentes y tus retractores.
Tu droga.
Es el camino que sustituirá mi pena de escuela, el camino sin raíces ni más destino que la perversión de todos los diccionarios, es la eléctricidad, que calmará el odio de mi ciudadanía, se tragará, mi lágrima de casa, mi lágrima de tener sólo un cuerpo que se comerán los peces.
Tu droga. A precisión de cocina de brugmansias y paladares hedónicos de los pasados de vuelta por el expresionismo.  Es mi religión que le ofrece múltiplos falos al dios que se mete entre nuestras camas. Y nos propulsa, gas, y vals de los que eligen el verde, para que la calada de tierra nos lleve arcángeles malditos a chupar estrellas.
despertar con las madreselvas en ese otro lado de la calle en la que los tratos se hacen del revés y arden tus ojos como el vino francotira la sed que flota entre dos como el temblor de quedarse, no preguntar, sino mancharme, de esa glaciar derretido por tu verano que comen los rastrojos envenando mis balcones con la exclamación que me lascivas cuando están esquivas las nubes ¿dónde?, donde te duela amor, donde no puedas retractarte, donde no se quite esa suciedad en la boca, ni con besos, ni con excusas, ni cielos, ni protozoos.
necesitamos una crisis de semántica
sueño de las cuerdas vocales de ese soprano alcanzando el tono del cuervo
devorar las palabras ya masticadas contra sus estériles tributos de fuego
ser succionados por lo que decimos como la gata se come su placenta y a sus gatos muertos
ser exprimidos entre lo que callamos por el speed de la angustia de los recien nacidos

no saber hablar, sino crujidos, esquinas binomias de paramecios en celo de un techo que les cave un agujero de lombriz hasta mercurio

o volver allí debajo donde una vez tus manos y mis manos mataron un pájaro que no volaba porque creíamos que la sangre de los pájaros era verde y en ese rojo vimos el destino que jamás se quedaría

escupirnos nuestra puta idea de un buen poema, entre las cicatrices que rompen los remos cuando la noche es bastarda y ni tú ni yo, somos algo más que la compensación de un terrible error, creyendo qué y perdiendo y en la ausencia hallando otra vez la excepción

un rayo, la voz de las terneras en el matadero, los ojos de esa guerra, lo que dicen las tripas en la digestión de esas pastillas púrpuras que tomas para no matarte, lo que el zapato que empuja la mar a la orilla y el suicidio de los ojos al tomarlo y querer llorar por el olvido y llorar por esos niños y por las lágrimas que nosotros no hemos conocido

desabrochar la página y escribir protozoos, un yo que nunca sepa, la mandíbula que mancille todo lo que conserva la línea, una sed que no termine negra de heroína en la lengua, ni que sacie, ni pare, ni satisfaga, ni llegue, ni reconozca, ni pertenezca, ni adule, ni sirva.

sucumbe el poema
del alcanfor de tu réquiem al derribamiento del territorio
no me entro ni en tu perfil de ausencia ni en tu dilatación de espacio
si sigo escribiendo heces de salamandra, el surrealismo, comerá todas las flores del tiesto que dejó P. la noche de su muerte tiritando el monte y hundirá en mis ojos naufragios imposible del sueño de un muerto que pueda perpetrarse en mí como una revolución
no se me quita de los pies la sensación de ficción, hoy A. me hizo reír con una canción de los Vaqueiros de Alzada, y se me escacharraron las ventanas de la trashumancia del viento, creí volver a reconocer la guitarra entre los cadáveres,  hoy llamó una buscadora de su árbol genealógico en el que compartimos mi apellido materno, y mientras me relataba sus investigaciones del medievo, pensaba en las crisálidas de polilla y los peces que eyaculan su semen a la mar, la franquicia de la taberna en derribo, y los asalteadores de tren y extraperlistas del amor de uva y pensé, que hermoso hallar, alguien con un cable suelto que sonríe y hace marejada con sólo soplar, me dijo siento que te conozco de toda la vida y yo sentía en su voz la calidez de los buceadores, dijo que vendría en agosto, dije que tendría  café y rosquillas con anís.
perdí el rumbo, pero pásate a las siete, ¿de tu reloj o del mío? da igual si hemos venido algo parecido a morir, si pero yo contando con que serás defraudado tres veces antes de, y si te paras a pensar no podrás verlo
ya no me duele
se cambia el sombrero
en la cabeza decapitada de la lluvia

si soy gas, no puedo quejarme, de que no se queden los girasoles al romper del vidrio
es tontería pedirle a las cabinas de la autopista de peaje una canción punk, ellas quieren sucias monedas y sólo dan la aseveración de que somos unos estúpidos domésticados porque les damos sus sucias monedas

no me puedo pedir, esperarme al cruzar la esquina, ni que me vuelva el estribillo que anoche delinquió a los matorrales

soy malusada por una metáfora y por tu amor, por mis chinches y por la luz de los garajes gimiendo pastos
soy a mi voluntad, una equivocación de la primera persona del singular, la lógica no cabe en mis tendales, si me exiges una explicación me sale una estampida de criaturas amorfas buscando bailar claqué, pero nada en claro, yo no espero que las ubres de la vaca me den vino, así como ya no espero que me salga un teorema, o que eyacule un sentido del cielo

miro los montes en busca de mi mirada
todo esto sólo es porque no he cantado, cuando la puerta se hizo un cuello abierto a la tijera del viento oblicuo, sólo el canto, ser leve, trashumante de esa huella de corza, ir a decirle al agujero, con voz de agujero, la urgencia de ser una falta, placentaria ausencia, para que entren los pastores que no tienen casa, ni rebaño y nunca dejan de buscar en el monte, a guitarra y diluvio, la razón de que sus pies avancen
suena Violeta Parra y mi pecho se hace un río asfixiando salmones que no quieren volver
no puedo dejarme caer del todo, ir inquinando de las no paredes del caer zarpazos de grulla, ir bebiendo el eco de ese cuerpo que balancea atormentado la retina de un piano de cal y poseer su gravedad como un asalto que invierta su nombre
tocar los suelos, cantar la canción de esa rata con su hilo de coser, te querré aunque lo niegue mil veces, no valdrá de nada, como el llamar al sol el sol en lugar de llamarlo el triasolara y yo seré y no seré la misma, y buscaré los ciervos o la sombra de los chopos, y dará igual, si llegan las armónicas o la lluvia, si se atascan las alcantarillas y salen las ciudades disparadas contra un avión, o si sigue ese reloj llorando la calima y el puercoespín cantando contra las alegorías
los tractores siegan, sus motores rugen como ese tren que no llegó... donde tus manos, sujetaban mis manos, como se quita a un pez muerto del anzuelo, llevo dos días sin comer, duermo colgada de un resplandor que me atraviesa los huesos en busca del tacto de las algas, que sólo se vuelven oscuridad,  pierdo toda noción de "alma", cada vez que siento mis dedos en mis dedos, como si me rodearan las arenas movedizas, como si necesitara un ejército asaltándome, para decir mi cuerpo, no hay dónde arrojar el grito que no sea la página
quiero maldecir
no sé qué léxico que haga de mi página, un frasquito de ojos, propulsados hacia la lengua muerta de la mar
no sé qué clase de desdoblamiento vive entre el escritorio y ese fuego indilosuto de un rencor insaciable, un rencor sin objetivo, ni nombres propios, ni hechura, como si me mordiera una araña la nuca y no me contentara con mancillar todo lo amado y me sintiera eléctricidad sin tránsito y herida sin letra y cuchillo sin cuerpo al qué
son berridos, sombras que someten a la ingencia de la porquería que la tinta necesita contra la belleza para preservar un tiro cierto, desdoblar las muletas de tu cojera farmacológica, en ese exilio que permitió que no nos devoraran los paramecios, y conservar ese desliz para tocar el piano de los alquilados contra la decencia,  como tú y todas tus impolutas maneras de manchar las manos de, para conservarte limpio el retrete de esas otras sacudidas de renglón y fingimiento, no sé qué nos falta,  que dialogamos como la carne y el matadero, como el vómito y el destino del medio vaso que queda aún en la mesa, agravamos al verso en el ruego de alcantarilla y escupimos llagas para coagular una ambivalencia en el espanto de las sábanas y que nos caiga el vecino de enfrente a algún en el que orgasmo acabe con caligrafías de coches que no volverán y se llevan en el maletero, por error, la lápida grabada del olvido, en lugar de los dos sacos de manzana y esa cabeza en descomposición
 a otros antes que a ti y a otros después
dijo el ojo de cristal cuando la vieja, temblaba el limonero de mi ternura avasallada

no te mataste por amor.... si acaso se agrió un poco el vino, más larga la cena y mucho más la noche, y el amor se subió a la burra que llevaba a los trashumantes y juró que aún tenía perversiones por cantar

a ti, te dije eterno y te desdijo la mariposa haciendo una orgía cínica en mi pecho... ¿te conserva el amado estercolero de la rata voladora? da igual si el sí o si el no, concuérdate la filosofía, nos tratamos como sapos a punto de caminar sobre dos patas, mi amor Wherter se hizo un protozoo y tu cara el promiscuo espejo de lo que ya no hay dios que mire

arréglate el tango, no viniste a buscar mis venas, no quisiste gasolina, ni pactos de sangre, ni acabar con el mundo, dáte mejor al opio que a la melancolía, quiere más a la cucaracha que al que habla de sensibilidad artística, era todo engaño, si no al menos uno de los dos tendría que estar muerto. 
ya no tengo ni retorizada idea de quién soy, sólo esos corceles de centeno, mi cuerpo sumergido en la mar, una razón para portar las piedras, para llorar, para quedarse en pie, accidental alegría de los olmos, los líquenes, esa mano que toca mi mano, el espejo que esculpe el lienzo de los sin rostro, una calada que calme las arenas movedizas o que salte de allá dentro una planta trepadora, mi angustia de la existencia de la gravedad, el crujido de la nube, lo que me separa y me separa y me torna callejón, vino o renuncia, y ese ingrávido fuego que compromete la música
y es mentira, es sólo que queda bonito sobre la página, como entre dos pinzas de sangre y cicuta, escurriendo un supuesto corazón
contigo zorro del alfiler y los pajares
querido, inacabable, zorro, de mis montes y las noches y las lunas y las fosas y el amor
se fue mi ética a pernoctar en tus fangos con tu ética igual de acuchillada por los míos
se fue el horizonte al devorador horizonte de nuestros cuerpos cadáver abrazados en el leteo

no sé qué veneno tengo que perdirle a la literatura para que exista el olvido
ser como los pájaros
como la alpaca bajo la lluvia
como ese coche que dejó tirados a los que necesitaban llegar a tiempo, echando eruptos de fuego y gasolina
ser como el otro yo, del yo que se perdió para siempre, mirando el río y ya no se quiso encontrar sino como uno de sus peces
ser como el rayo que hace que se quemen, los ordenadores y neveras y televisiones, mientras aulla la lluvia la voz de los valles y de los perdidos
ser la que detestarías que fuera tocando los girasoles a la serenata de la insaciable sed que la noche canta para decir viento, para bramar todavía...
evito llorar esa pena
como se le cierra la puerta al votante del PP con su sangre cayendo al felpudo

evito estremecerme por ese agujero
porque sé que si empiezan a crujir esas emociones
me hago un precipicio

busco la protección de la oscuridad bajo los carros en una noche sin luna
el olor de los campesinos que nunca pagan por el agua caliente

escupo una babosa de mar o me entrego a la ausencia

pero no me permito sufrir esa brecha, no con mi cuerpo, no con la vida ni con la muerte

sólo con la lengua del cocodrilo cuando revolotean las metáforas
no sé si he perdido alguna cordura o he ganado un ojo en la ventana que da de comer a mis flores verdes, si un día me vuelvo loca, será sólo por venganza de mi alegría, por asco al civismo y porque el zorro tiroteado por la usura, vino a sangrar en mis pechos
en mi casa hay una vela por los vaqueiros de alzada, dice F. que parece una casa okupa, yo le digo somos ocupados por la voz de sus paredes, la flojera de sus cañerías y la empalmada luz de la ninfomanía de los techos,  un día la casa se volverá parte de nuestras articulaciones, de nuestras sombras, esputos y arrebatos de risa, un día no habrá forma de cerrar la puerta, ni de distinguir si estamos dentro o fuera, si eso que cae al caldero de metal es de la gotera o del amor de los matorrales que viene a alzar el grito por la resurrección del jabalí del cuarto de baño
te vi un atardecer bajo la noche como una autopsia que prometía nuestra descomposición lingüística hasta hablar como los ciervos, me dijiste, te encuentro rara, te dije todavía hueles a los trenes sin pasajeros, ni vías, con la estación eyaculada como un abrupto de lsd, perdí la razón a destiempo, cuando ya no lo necesitaba, cada día que pasa, el día tiene menos hombros y la quimera más vulvas, de aquí a tu mal avenida cama, entra la promiscua contradicción que hace festividad y hacienda, por estallar en tu pecho y olvidar Madrid y todos esos ojos submarinos, ¿me dejarás? cuando el permiso se haga el asalto, bandarras interrogantes de los inflamables por la pureza de ese tóxico que vino como la mesa puesta y de estómago, las órbitas
apriétame marihuana el no triunfo
porfiemos a solas el descaro de que la tierra no nos haya digerido y seamos abono de esa mala hierba que tanto aman las lenguas libadoras
nos acusaremos los ojos con los ojos por haber visto y no salir pulverizados
el amor es un gladiolo de benceno, tú y yo, sangre y contramateria

llevamos un por si acaso atado a lo que niega
y el otro abierto a bruces y guitarra, con el sí, hasta la locura, con el clávame tu cuerpo hasta que crezca otra atracción de gravedad entre la lírica y los pozos de la tierra

cuando decimos marmóreos, es sólo que nos pinza la excepción de una diarrea de sombra, tengo media vida, en la erupción amatoria y la otra con las ánimas de la materia inerte, se dan los tercios a la procreación de nuevas medidas y se me dilata el gozo, a guadaña y sólo de la poética de tu semen

no hay manera de frenar la entropía! apuñálame el placer! haz del techo una esquizofrenia de eruptos de delfin! si me paro a pensar, me comen las chinches, hazme estampidas de autopistas, cada vez que me toques con discutibles intenciones... de mi lengua a t lengua y echarnos a volar, si nos sale del sótano una vieja chiflada con escopeta y ojos de murciélago, júrala amor y pervierte sus arrugas y su muerte
mi polidrama masturbado, malgastado, vencido y fraudulento
cae en mis páginas con la misma infamia que yo lo muevo, lo meto entre mis piernas, lo doy de comer a las urracas, a los peces y a los alaridos de S. cuando ruega a la muerte que se le tire encima
mi retórico drama juega a que de verdad me hace daño, a que ocupa su espacio y me succiona, me zarandea y es la omnipresencia del semen de un rayo malherido que quiere quemar la casa del cura
mi esquizoide drama no se cree así mismo y quiere que mi boca le haga las felaciones oportunas para gritar con legitimidad que tuvimos sangre que nunca se secó en la mano que dimos al cuervo