ahora ya me visto la ropa de desvestirme
y cojo sólo lo de arder,  por si lo pierdo todo, al dar la vuelta, de tu canto a la luna y boicoteado suelo al desequilibrio de los ingrávidos

que éstas noches siempre acaban con los bolsillos cosidos a una brecha y la sed sobre la sed desabotonando imposibles y secuestrando la razón de los vecinos con el tráfico de influencias de los desarrapados

y tengo una gota de un réquiem para pagar cuando se queme la cartera
y tu impostura como seguro para no olvidar el camino a tierra de nadie

y si me haces hablar hay que quemar las cuerdas vocales y las que sujetan al civismo y avalanchar el anacoluto al graznar del cielo que cederá a nuestro antojo

ponte un poco de punk y entrégame todas las palabras que haremos carnicería dada y absolución divergente de la dignidad que convertiremos en lava y que se acercen los perros que la música te llama!
que se te noten las equivocaciones de las que vienes con alevosía
y olamos a perro al entrar al bar y a lobo al salir
que las heridas se abran en canal y los camareros sean nuestro rosario
y a la vuelta contra el puerto que tu cuerpo haga de balsa y me onomatopeyes el sin sentido que ésta noche quiero quemar en tu amor y en el amor de los despeñaderos

que la poesía sea igual que lo que vomitemos cuesta arriba y con los cuchillos calzados y la luna puesta

que me des todas tus migajas en forma de tragos que se inmolan desde el hueso a la vía láctea

que te pongas las botas de punta de acero y el pitillo de romperte las rodillas y me traigas los murciélkagos que te bendicen en las ganas del exibicionismo de mi esperpento enamorado y bailemos ahí como ratas que acaban de nacer, como estrellas perdidas, como la bujía del LSD y como la guillotina que falta en la plaza
me vale tu nostalgia-purpurina en mi derrota, como una barca de piojos, y todas las tranfusiones nuestras! y todos los rincones, subterfugio para escupir renglones que atrapen a las golondrinas en los garitos en los que no nos dejaron entrar y a patadas hacernos camino del camino que no transfirió ni una puta luz, pero ya se lo cobramos todo al olvido

hoy estoy ebria antes ya de ponerme ebria y haré de cada trozo de tu cuerpo una razón para no llegar, por lo civil, atajo de maría a la lumbre que llegó desde el suburbio de un verso que no quiso seguir

y nunca es la misma historia la de la cicatriz ni a la calle con los ojos rojos y pelucas de benceno, que si nos llama la epifanía escupiremos fuego, cóseme las alas con tu voz borracha cantándome esdrújulas torcaces de lo incivilizado haciéndome partido de óleos y cicutas

que hoy estoy triste de la memoria que dejé entre esas piernas a morir de los ocasos y necesito que me cubras con nieve el whisky y las malas maneras de tocar esa canción
de esos hilachos de piano en la gangrena de la escarcha de tu noche, ha crecido un boicot de luna, para avalanchar con los extraños

un qué mal ha salido todo, sin contar los fuegos y cómo espera ahí arriba la serpiente de ácido para oceanificar la dramaturgia de los que salen despedidos de sus huesos a sus huesos como agujas de opio.... 

dime que sostendrás mi ebriedad con los agujeros de tu bolsillo y si me pongo flaca de sed, invitarás a todos los tragos, que nos ensucie la calle otra calle apostrofada al vértigo de los sin patria y vueltas de brujos a las alas de la mosca azul

que no vayamos a parecer lo que no somos y que se noten las adiestradas pulgas, no te desenredes los nudos, y haz sitio a mis derivas, en la luz del vino y haz hueco a mis desamparadas en tu irrespetuosa risa....

que tengo frío el corazón de abandonar en las cunetas y me urgen cerillas de tu infierno y tu espíritu haciendo eses con las cuerdas cortadas del teatro de una noche y un ramo de beleño
pongo canciones putas para descalentarme la tráquea y buscar el vaso que derrita mi prevaricada ansia del préstamo de tu suicidio para el acabar las cartas y zanjar las calles

tu nombre absuelve cualquier pecado, tu voz se traga las vueltas y paga las rondas, aunque seas como una tumba bajo el hielo, en ti se justifica el desamparo de mi hacienda

y si el vino nos quita los modales, tus muertos cargan con el muerto, y tu clavicula de ácido, vela el perdón y el sacrificio

yo soy libre como las pulgas y haga lo que haga de la hora a la deshora, será santidad, será leche de la vírgen en postales de los añicos haciendo las ofrendas a la inmensidad
qué zorra curva estercolaste en el sin-porqué del barro, como llamas de anís, que ahora lo mío es tuyo y nada sobrevive al alba escópica del boicot a la morada, si tus brazos, son las limosnas de un grito lunas, clavando remos en mis arterias embargadas al alud de tus insomnios...

el abuelo parecía un gorrión entre tubos, abrazado por las dormideras, como si soñara trineos y urracas, como si nada quebrantara el viento entre sus abismos...

y yo meditaba qué corte azucarar el whisky para que ésta noche me robe tu memoria los trenes, deambular los adoquines, en fractales explosivos, que el exceso justifique la carencia gramatical de nuestro quebranto y sepa a malas pulgas contra la ropa de gala, perfume de sangre fresca en los pinceles del ansia y poner las pilas a esa letanía que boicotea el final de nuestros enunciados, a golpes de insectos, a dicha de rana
en un rato tengo que ir al hospital, con ese cuaderno de espinas de pescado y una migración sobornada donde mastican mis uñas la distancia con los olivos, grito avariciado hacia la ruptura de las formas del vino y tu amor corrupto en la lejanía que no retrocederá

cada vez soy más antisocial y me procura angustia e irracionalidad ir a los lugares habitados sino voy por la llamada de mi gozo, me siento furiosa y estigmatizada por la vanidad de algo sucio y ardido, no sé mantener las apariencias y un silbido de niebla me acurruca la urgencia de una salida transversal, estoy acostumbrada a estar sola hacia donde me lleva lo inefable, y tener que aguantar las caras de semejantes en un convencionalismo de un universo que no es mi universo, me llena de droga los espejos

aunque sólo será un rato, con un pétalo que me guardo para luego en la ebriedad de A. o de un muñeco de nieve que me digitalice la tiniebla al amparo del hash....

y luego correr como si tu micromina fuera el pigmento de hostales de parar y avalanchar el día siguiente en el cubismo de una huida... ese nombre ya no hace resonancia, llevo un saco de cenizas en las yemas de mis dedos, si va a volverse la curva un drama, avísame quince minutos antes, para llevar vino y una metáfora de segundamano, un crisantemo atado a los ojos y un horario de trenes sangrando por mi nariz, que no nos pille en frío el doblar de las campanas que estemos húmedos y desamparadamente agresivos de verso o de callejón...
no sé por qué, si apareció en mi sueño, si barajó el descorte a su favor del escritorio de la codicia de una luna o un agujero, pero creo que algo pasará el día 29, me cae esa fecha en la irresponsabilidad de los relojeros y los peces o un calor de carbón en las pinzas de un infinito que huye
las historias que acaban mal o no hay dios que las acabe, son nuestras historias

las que oyeron sólo las paredes antes de matarse

las de qué bello fue en el útero del imposible, mientra duró la gasolina y ahora es hiel enamorada de las brechas temporales, sudarios precipitados de opio en las esquinas y qué larga distancia de mi huella a mi paso, como mordida por la cisterna de la vía láctea y escupida en forma del aliento que deja la polilla al morir, en un arancel de abstractos desvencijados por jugos de piano suicidas

las del logro, las de los llegados, las de la conquista, son para otros, para nosotros palabra de payaso, grito de funambulista con todos los huesos rotos y quién pondrá flores en el cigarrillo para cruzar la medianoche con puñales de luna

el exceso de la nostalgia parte el reloj de arena
y a la vuelta las urracas beben de los senos de la nieve, la gota de sangre que no secó
y ya está listo el equipaje, en la brecha vagabunda, para el monólogo interior de la ortiga y el viento, vuelta a la noria de los despellejados y la heroina de la excepción, es un recuerdo irreconocible, hollinando hogueras, en el silencio de los zapatos

estoy tan acostumbrada a hablar con tus muertos que tu hueco es parte de mis articulaciones, de mi semántica, de las metáforas imborrables

como si al final si ganó el infinito, aunque fuera entre cementerios y garitos de mala fama, cruza el callejón en el anacoluto y allá columpios de ácido, tocan la tonada bajo el fuego de tus ojos
creía que lo nuestro era indestructible
inalterable en la guadaña de luz, infinito en la risa de los topos y la avalancha del rencor del vino en la pelvis de la luna....

pero no, era tan frágil como la belleza en el filo de un cuchillo que acaricia el tiempo que se mata

o corta flores de yodo para las sepultureras que quieren olvidar un abril en las palas que parten el hielo de cumbres impenetrables

creí que haría un poso de polvo de Marte, anillando una plural fosa, para nuestra última borrachera, llena de amapolas y hórreos de oscuridad, contra lumbres de sinestesias de lágrimas de olmo y voracidad oceánica

que se pegaría en mi cuerpo, como la siguiente palabra, una y otra vez, con una oblicua noche, arañando licor en mi pobreza

pero sólo me llega la ausencia, te quemo flores de gasolina en el aullido cardinal y el eco es una brecha, la resonancia un collage maldito en el vientre de los olvidados, te llamo y nada acude, barcas de nadie cicatrizan la memoria sobre universos que no ocurrieron y cantos que ebullicionan las vértebras de los rosales debajo de la nieve
ayer en el viaje el paisaje poseyó el diluvio de una ausencia, el problema del puercoespín de las cañerías ofreció el desguace de los poseidos por el barbecho de la luna en el fondo de un vaso y resolví, en una pasión inefable, los atascos de la tragedia, pensé que todo es bello, tu muerte, su agujero en mi corazón, los platos sucios en las cuchillas de afeitar y ese fracaso cosiendo las ventanas a la sangre del ciprés, me dije todo, todo es bello, menos lo que pasó en Auswitch, menos el 39.
apretarse la colcha de la mar a la peluca de gasolina
por mis venas cruzan crucigramas de letras oblicuas que ni tu empalmada muerte pudo pronunciar en un terminio, son más de micromina que de palabra
y se dan a la estampida si una razón quiere quedarse

me imagino que soy una pirómano con un vestido de hojas de ciprés y que mi causa es mi brecha, juego al monólogo interior con los ladridos y las pulgas son una banda sonora, me pone igual de contenta la vez en los tanatorios como la ronda pagada en el garito y qué si el drama tenía que ser lubricado bajo cualquier cuchillo con la alegría de los árboles

todos vamos a la cuerda floja a abrir las venas de un secreto y anegar la boca con la sangre de un cielo que huye

no hay nadie a salvo y el abismo estercola las flores que bañar con las tijeras, al speed y no preguntes por los carteros ni por el espectro de Neruda, no mires atrás y apriétate como un volcán a lo que te mata
el desequilátero canto de tu infierno, en el barro de las pezuñas de mis inquilinas defraudadoras del crack de tus moradas asaltadas contra mi cuerpo, y si lo oyes es que la dramaturgia del sepelio pagó por ti el vino, y si lo crees, la rana malversó en tus diarios la póliza de mi muerte, no somos de fiar desde la insolvencia cósmica, y mi querer por ti es un adrajo de presuntos al subterfugio del fuego del aguardiente, ínsulas despeñadas y droga

qué bonito no tener intenciones a la hora de las pulgas, ni dónde caerse muerto si vamos a llegar de pie a la eyaculación de la nada

alecciono a tus espectros en mi caja de plastilina y yodo, los quiero manipular para que en mi canción rota tengan labios de infinito, no cuenta el realismo ni las fechas despedazadas, da igual que aquella noche tu cuerpo fuera un rosario o de tu vaso emergieran mis letanías, nada vendrá asegurarse, nada espera la belleza de un verso, puedes correr con los gastos y con lo inalcanzable a pierna suelta en el fango y en la luna
ya nos deja heladas la memoria
ya del pi del tropiezo, el trago sólo para la vagabundia

perdimos con toda la vanidad de las autopistas, el valor-murciélago del sentido
y nuestros pasos en la tierra se hicieron agujeros embarazados de agujeros que a veces sangran rosas y coñac

no seremos madres, ni tendremos casa, "ni marido ni partido"

sólo tengo tu imparcialidad en la líbido de la amapola, tu indiscrección a la hora de robar relojes y reirte de la muerte

se nos pasó de revoluciones la derrota y nos abonó el abstracto la idea de la llave y los martillos

miénteme un amor que aguante la masturbatoria del vacío, que sobreviva a la destrucción de las certezas como resina para quemar de Marte, no necesito que sea verdad, sólo que juegue a la ruleta rusa con mi muerte
echo de menos al gato, su presencia calma mis diéresis de carbón en el motín del olvido que insiste en sembrar tus huesos como si algo fuera a brotar que no supiera a muerte, también a la nieve, a la montaña, a mi ventana deslizada sobre un lugar que dejará de ser, pero me hago sitio en la migración de las porcelanas y esa dicha nómada del dolor de los relojeros en las venas cubistas de los olmos que ya no llegan a viejos... el día empieza para otros, los que tienen algo que hacer entre los adoquines, como musgo que se levanta en armas hacia la escarcha que precipita las fechas, para mí no empieza, nunca empieza nada y pervivo a través de lo expresionado, esa mosca azul que atrapó tu aliento en mis manos caídas hacia la madreselva o papel de lija de los diarios, el entusiasmo por el sinsentido, alevosía del dada contra lo vivible, rescates de las brechas a las brechas que osaron lamentarse del puñado de urdes que sustituyó todas tus certezas...
no recuerdo qué soñaba, algo de un trato y la nieve, pero se desfiguró al abrir los ojos, todavía no tengo palabras, tengo manchas de acuarela, ese frío agradable de la ciudad, segando aranceles del abstracto que pervertí en tu copa y sadificó tu voz en el olvido,  tictea la taladradora del empezar sucia el día y disponerse al benceno de la pena de los gorriones... tu regazo esta cubierto de chinches y no me albergas ni los ojos de los difuntos ni el canto del ciervo, hoy cumplo 29 y será el último año que haga años, no pienso mover más calendarios entre los calendarios ni más gritos en las lìneas, me quedo acá con las legañas del tiburón y las telarañas de la luna... lo celebraré con la pena incendiada de A. y ellos, en una callejón que sentemos a la mesa de vino a azotar las malas maneras de seguir vivos. Con una fe renovada en el fracaso.
Nos vamos a la ciudad. El abuelo tiene otra vez fiebre. Nos han dicho que los hospitales están colapsados. Dejar atrás la nieve e ir con el aguardiente apretado contra el corazón. Los papeles que cruzan indigencia en un agujereado blues. Y ese diástole y manzana de no sé qué lejanía tiroteando pianos en una gota de sangre insolubre que entre un sueño y un abismo garjea el opio de los olvidados. Los pájaros están en el criujir de la galería como si se acercarán a branquiar el viaje. Y una nostalgia de mandrágora frita en cuerpos desnudos, recolocara la entropía, en el porqué de los barcos. Como si un trozo de mí se quedara debajo de la nieve a oir respirar a los ríos.


salgo de la ducha y siento que fue la nieve la que lavó los ácaros de la sangre coagulada que le prometió mi bañera a tus peces... en la casa todo está en movimiento y no se sabe bajo qué autopista roncaran los olivos ni si tendremos que salir a carreras con el carbón como el esparadrapo, en un rato, si aún sigo aquí, quiero empezar otro collage y otra forma de amarte que no le salga tan cara a la desesperanza y a los motines de mis muertas grabando espantapájaros en el sin-porqué de las rosas

antes estabas aquí, en ese aquí que no había espacio ni tiempo ni muerte capaz a alterar, pero algo nos pasó cuando la ginebra hizo apariciones de trenes fantasmas obligándonos a emigrar a un abstracto que no recordaba nada de las golondrinas, desde que te mataste en mi cuerpo, ya no sé nada de las identidades ni de las afirmaciones, oigo llorar a los olmos canciones incomprensibles, y todo parece que se ha detenido sobre una brecha que no sabe parar....

mi corazón se partió en promiscuos pedazos y a veces esbozos de versos o costuras de un trozo de mar, en las armas de los perdidos, pero ya no comprendo nada de mi condición humana ni de la simbiosis con otros semejantes y el amor parece un estertor de sinestesias, sobre algo carente de significado y de destino, que se cuela o se secuestra, en las masturbaciones de lo bello o de lo tóxico.... tampoco sé coagular la desbandada de gritos que surgió de tu lápida, creo que me salen moscas azules de las lágrimas y de las risas y todo busca el imposible y una última tormenta que eyacule al cielo como al aliento de una polilla al morir sobre las amapolas
chilla la alegría de los paramecios el espejo anti-declarable de tu amor y un ramo de cicuta, sacándonos a bailar con los erizos marinos, el pleito de los diccionarios con los agujeros negros, a veces me canso de hablar y busco escupir con los dedos de mis pies, ventanas de niebla, que se vayan con el espiritu del venado a morir muy lejos de la tierra

y me canso de que te reclame mi suicidio, el zumo de sangre y LSD y de que te recuerden todos los libros que quisieron quemarte e inmolarte en la lágrima del gorrión.....

creo que mi utopía se parece a la inexistencia, pero tiene dopaminas de peyote y sinestesia con la médula espinal de los lobos....

mi pasión es bailar como los animales y arrebatarme una noche de todas las noches y ya no volver a entender ninguna palabra, ni usar ningún papel, ni llorar por una tierra tangible, mi sueño es convertirme en lo escópico de todas las metáforas que alguna vez escribí, y sentirme una gota de mar en una mar que se hace volcánica y ya no vuelve a necesitar nunca ni la realidad ni la metafísica

como tragarme toneladas de ácido y ya que vayan a recoger mi cadáver las enanas blancas y me lo entierren con trozos de música de los olvidados
bucea el cuaderno de cloroformo, el hálito de tu exilio, en los cadáveres de la nieve

no nos salió nada bien sólo la impostura de las alucinaciones desbarajustando la ética de las multinacionales de la muerte y pagando el entierro con sacos de lombrices

es tan asqueroso éste sistema que cuesta morirse 3000 euros y va a manos de sucios empresarios corrompidos por la muerte y el capitalismo defensor de todas las muertes    

abogo por no dejar un cadáver enterrable ni quemable ni cotizable sino en las estrellas, y por eyacularlo con dinamita en algún ayuntamiento, comisaría o monumento histórico y catedral,  y a ver a quién le cobran los gastos y pasiones y a ver cómo le ponen una tumba encima
cuando pienso en lo social, en lo político, me entran ganas de la alevosía del esperpento y de que al fin saquemos nuestra oscuridad como un aquelarre, e imagino que nos matamos a tiros y a pedradas, nos comemos las unas a los otros, danzamos ebrios y enloquecidas, tiroteamos pelucas de benceno y los niños ríen a carcajadas y los locos empiezan a volar, nadie sale impune, nadie duerme tranquila, y los muertos de hambre, al fin pueden digerir el cosmos, perdemos las casas, se eyaculan de dinamita los supermercados y los ayuntamientos, y todos somos bichas malditas, cantando el fin del mundo, no queda títere ni cabeza y un profundo orgasmo nos abre hacia la muerte.... y cuando lo imagino se me calienta el corazón, creo que éste civismo y ésta democracia es tan infame para con los avasallados y los negados del pan y del cobijo, que la única justicia es que nos devoremos de una vez y liberemos al monstruo que hemos creado hasta las últimas consecuencias y delirios musicales y que sólo queden acá los lobos y los peces...
se complicaron los sentimientos
a la ecuación de nuestra hoguera
le creció el pi de la incógnita
y tú que eras de la estepa y del teatro de las criaturas insomnes
criptizaste, mi corazón, en telones de datura y alevosas metáforas cubriendo las metáforas y cagando tenedores para pinchar a la amanita en el celo de la luna

nunca fuiste sincero porque eras demasiado sincero
de esos que escupen lava, de esos del esqueleto fuera de la carne, poseídos por el Leteo y por las novelas de los caballeros suicidados al galope de una lluvia de sangre

y eras cruel porque habías cavado tu propia fosa y no escatimaste en cuchillos contra tu yugular, la noche del fin de los poemas

mi idea de tu muerte, también era promiscua de juicios antivalor y el beleño ardiendo en mis cuerdas vocales, éramos demasiados dentro de esa cama y osamos hacer sitio a los suicidas
cuento las pulgas
a la mancha que dejaste en el aullido del perro
y se vino encima a través de los ferrocarriles del olvido
como una liturgia de desbandados y autopsias del quema la casa y que el hollín haga pigmento para acabar el puto cuadro que nació en nuestro asesinato con todas esas muñecas de porcelana borrachas de nube y micromina

mi monólogo interior ha vendido sus chinches a un impostor que se creyó Peter Pan jugando a las agujas y al caballo en el abismo del plural suicidio de las letras

ya no podemos extinguir el despecho del teatro contra nuestras cabezas, lloro cucarachas por tu amor perpetrado en mi tripa y extinto de la realidad, y luego a cerbatana de pretextos, me baño en el cieno, el orgullo despedazado de los cuchillos

a veces es mentira mi corazón, un gargajo de imposturas y dialécticas, tan tristes estuvimos aquella noche que se hizo lírica la muerte, tan apuñalada gateé el callejón, que se llenaron de ranas mis heridas y mi humanidad se hizo un esperpento de luciérnagas y excesos de vino...
obscenar un verbo a la virulencia de los pronombres y crujir al fin amor o sabotaje
se ha muerto de inanición el cuchillo que mi noche soñaba en tu yugular
y ahora es pecio de estrella en la danza yonky de los no arrepentidos

¡ya no vamos a ningún sitio! el sitio se mueve y se tira a las babas de la vieja afiladora de agravios a suplicarle su sudario y su anís, a rezar con su fealdad, anillos de luna, por la meta-digestión de lo no llegado

ya no me hace llorar ninguna película y el espectro de mi suicidada, friega los platos por mí en las cuadras de los anacolutos gramaticales prostituyendo versos para no tener que hacer uso de esa razón amordaza a la abrasión de una muerte

has asesinado a mi amor y se quedaron las lombrices a dar clases de piano, ¿cómo era posible hacerle un hueco tan profano al hueco? no imaginaba hace unos años que tú lápida se haría todos los pretextos y mi herida la masturbatoria de esas migraciones, del roba si quieres comer que lo único indigno es pedirle a las ratas una nómina, roba que nada es de nadie y el préstamo si acaso lo puja la luna, tú eres nadie, como todos los bendecidos al asalto, métete como las moscas sin preguntar propietarios, que tu casa es un agujero negro y no hay justicia en ésta tierra arriba de tus bajos fondos
 Es de la vagabundia, la sombra que encuerda la mano, al timbre del motivo y cruza por tu calle para saber cómo te va con la luna o con esa muerte que dejé en tus zapatos y tú engarzaste entre mis uñas y los ciervos. Soy cómplice de lo que se inmola por la apología de la abstracción. Mi vida carece premeditamente de sentido. Mi corazón no puede reposar en ningún verso ni contra otro, ni nombre, ni infinito que mentir y jugar en los prostíbulos del poema. No tengo oficio, ni nada qué hacer con las sabandijas de óleo que no sea transferirlas a cachos mi sed. Habito lo deshabitado por la violencia de un sudor que hizo astillas de barcas para velar el invierno en el desencanto de las selvas. Nada me sujeta con vehemencia ni me reclama con muerte. Soy la vigilia del vino en el niño-murciélago de ojos atrapados en ojos descubiertos al cuchillo del cubismo.

Hubo un tiempo en que tuve una vida distinta. Estudiaba. Garjeaba calles con gente. Insidiaba un viaje, al fin de los eclipses. Como si fuera capaz a albergar un proyecto. Pero el futuro se descompuso, adelantando un siglo a la risa de los cuervos. Y el pasado se hizo una amanita. Y aunque no quiera ahora sólo puedo dedicarme a las brechas temporales y al jugo de datura en el espíritu del ciempiés.
Continua la palabra-collage lavándote la culpa en el exilio de mi cuerpo. Las historias se suicidan cuando cruza encima el pájaro de fuego, y todos los mundos que con tu mundo jugaron a ser luna, son una legaña de polvo de polilla y de urgencia intravenosa en olvidar. Te siento tan extraño que no deja de hablar de ti el expresionismo de la oscuridad en los valles. Y sabe al vino que queda en los vasos de la mesa, agujereados por el alba del equipaje arañado contra lo tenido. La angustia del síndrome de abstinencia de la sangre fresca entre los dientes, ya pagó el insomnio y pasó las fregonas del cloroformo en esas ruinas enamoradas. No nos traerá lo que falta el verso. Y las palabras jugarán a los asesinos cuando valgamos una metamorfosis en la tripa del espantapájaros. Luego son palos de ciego, la lumbre de las hogueras de la venganza. Desconocer con la culpa prevaricada en el vacío de las manos y empujar la afrenta, porque la ternura ha sido degollada por los sueños inconclusos.

Estoy tan sola que empiezo a poner vasos para siete. Y paletas de pintura para los muertos. La casa se amenaza la vía de escape de la argumentación que las urracas escupieron en tu cuchillo. Nuestra normalidad es la entropía. Le digo a F. que ya hemos llegado al máximo nivel de suciedad y que ya no se ensucia más la casa, pase lo que pase, se mantiene apretada a ese canto de gorriones. A veces oigo su voz en las azaleas. Y veo su tumba cubierta por la nieve. Inencontrable como todo lo que dejamos que dijeran los colibries para no conservar la memoria.
Tratar de despertar. Estoy subconscientada. Era un sueño muy profundo. Y me desperte sonambula. Tropezando por las paredes. Abrí la puerta y no nevó nada. Quisiera que nevara otro metro sobre lo nevado. Pero ya no huele a nieve. Huele a la conjugación de tu diario de ceniza y a esa congestión del viento de escarcha precipitándose. El gato jugaba a arañarme.Y luego a tirarse sobre mí, siempre juega a atacar lo que hay debajo de las colchas y trapos. Pero sus cinco kilos encima de mi tripa me despertaron. Y una vez que desperté empezó a ronronear y a miagar y a caminar torcido y con el rabo levantado. Ahora mira por la ventana. Y yo miro por la ventana ese recuerdo que no se corrobora.
Soñaba con el mar y con la nieve. Había tormenta, las playas tenían dos metros de nieve y las olas al romper eran terriblemente hermosas. Luego había una extraña ciudad y una carretera casi vertical que llevaba a un hombre que trabajaca como escavador de la nieve. Subimos allí a preguntar algo que necesitábamos para nuestro viaje y que no recuerdo. El escavador de nieve, nos ofreció una casa para presenciar las hogueras de san juan, entre la mar y la nieve, tenía un letrero amarillo que ponía que lo hacía todo por doce euros, fuera lo que fuera lo que hacía ahí arriba, habia una fila de coches esperando. La mar estaba muy violenta. Y ocurría algo. Un abismo. Un grito imposible.
se me cierran los ojos sobre el hollín de tus diarios, ya no viajaré con tu cadáver, las diéresis que fui en la cuchilla de tu música o agujero recolectando la curva de tu oscuridad, ya no podemos seguirnos en la elegía y cada campana siderurgia el fuego por metales divergentes de la memoria plural, ya da igual cuánta sangre llore la letra o maldiga en nosotros el viento y sólo la ceniza que hizo carmín en los insomnios, acaricia las puertas que despedaza el horizonte en un rubor que no comprende nada de lo privado ni de lo apresable...

ya es inútil el acampar de tu lecho en el tejo sobre las lanzas, en la mandrágora de la lluvia sobre las huellas perdidas, ya no puedo llevarte dentro de mí, como el verso que prostituí cuando te ahorcaste en mi corazón, ya ni siquiera eso, porque arpones de deriva, deshuesan los frutos en la ilegítima hoguera de los que no perteneces y mis pies y mis huesos, están sucios de lo que no puede quedarse y así he de sacrificarte, como lo hice con mi vida en la abrasión de tu boca de guerra
quisiera acabar el trago en tu boca partida, pero asaltan los cables la premeditada ausencia de los pronombres en el cortocircuito, hoy recordé esa tarde que me encontré con un profesor de pintura de mi infancia y de éste apestado pueblo, en ese contexto comprometido con el no tener dónde escupir los trapos sucios, me dijo que yo de niña era dulce y buena y que luego algo me pasó y que no andaba poniendo bombas por ahí de casualidad, miré extrañada mis recuerdos en sus ojos,  todo se hundió en algún momento en un broche hipnotizante de lo abstracto, arranqué mi historia, fue pulverizada por algo más lejano a mi eco y a mi destino,  ahora no quiero abandonar mi éxodo, ahí no puedo sobrevivir, ahí ya sólo tengo un cuerpo que sólo funciona en los brotes del dada, he perdido también mi violencia, he despoblado los motivos entre los motivos de esa atmósfera y mi interés es dilatar mi isla, barribajar la flor del espanto hasta que me resurjan puentes colgantes que esculpan una pasión, aunque sea de usar y tirar
la nieve se está congelando, no así como el crematorio de tu aliento, que persiste en lo incandescente con todas las estrategias de lo que no cotiza ni es enterrable... sólo la sangre derrochada por la filantropía del escópico ácido podrá saciar a la herida de su reclamo lingüístico

la helada rompe los relojes que negó tu muerte en mis crisantemos, reconozco ese agujero de fado, escupiendo perfume de escarcha y coñac en todo lo que me abandona al mirarlo, cada vez, por torcida ecuación regreso al acorde de tus venas en mis cicatrices, no hallo nada, sólo mis latidos claustrofóbicos persignando el derroche de un olvido que llega siempre demasiado tarde

el aguardiente me quema en el paladar un simulacro a la autopista de tus piernas estercoladas como agujas en el sepelio del paso contra el paso es el éxtasis de la datura y olvídate de ganar si quieres acabar la canción contra el regazo del viento

nada de esto es para nosotros

para nosotros el guiño de las ratas que al callejón tocaron los pianos de la noche, guardando para todos el espanto y el cierlo

para nosotros polvo de polilla en los escenarios de los idos, clavel de resina cósmica, avalanchando la deriva y esquina elevada a esquina, vendimia de los funámbulos, pruébate el coñac entre mis piernas y despiada el fin del camino mordiendo la tierra en la nube y la muerte en cualquier lugar que caiga la sombra o cruce el hachís con los tornados de música, indigencia de los antisemánticos, pasión de espina y crece la luna cuando algo pregunta y responde el rubor, pasamanos de opio en el mismo vacío que supo a paraiso en tu cama o esa heroina de la que hablaron las migraciones cuando tu cama era el sanatorio de un poema que eligió matarse para que aún nos llevemos a la boca el semen de dios
la noche sobre la nieve y el silencio retumba kilómetros de salvia en la pipa, es muy distinta la noche y tu lápida cuando hay nieve, pasé por el cementerio y la idea de la elegía dio siete vueltas de campana en el fuego de la nieve, como si los agujeros se voltearan hacia arriba y su voz perviviera en la resonancia blanca del imposible

me llaman por teléfono y me dicen que está mi pueblo en un canal de telebasura de esos, que hacen noticias sobre el tiempo porque son pagados por los que ocultan lo importante para labrar el serrín en los cerebros y el capitalismo en esos hilachos de infamia de los apestadamente enciudadasatinizados, le digo que paso de ponerlo y que si estuviera aquí A. iría a tirarles piedras y botellas de whisky vaciadas por el ansia, encima y a quemarropa de la tristeza del tanto silencio que parten las estrellas motines de opaca luz...

pierdo mis ojos en la nieve, busco el aullar de aquél perro, doy un trago al orujo y otro al filo de la tijera que acaricia maneras de olvidarte pero no conoce el expresionismo de los cipreses...
un trago de licor y las siete calles cruzadas de tu cicatriz al fracaso que emergió de la página vacía para acabar de pasar la fregona entre los añicos de un amor y la curva que no preguntará... oscurece y ya no nieva, me deliro de la nostalgia que se me cayó en el agujero de tu bolsillo y llenó de vómito de peces el porqué de mis balcones, pienso que debería hacer algo y sólo encuentro un fractal en celo entre el escupitajo de pintura y los muertos cargados a la espalda de ese sueño que se hizo cargo de los frutos ilegítimos

me hiere de manera mojada, la lija de papeles, en tu mármol, como anillos de lluvia a la amputación de los dedos de una marea o si aún te conmueve la flor de ceniza, mata nuestros nombres o déjame tus lágrimas que de los tratos de cabaret ya están hartas mis páginas y mis inquilinas amordazadas a la ausencia....

quedaron restos de pintura en la paleta que dentro de un rato dejaré en las paredes como si el rito del abandono pudiera devolver el eclipse a mis botas rotas

ya es catatónico el cuchillo que señala de ahí afuera el hambre de nuestras cloacas, ya somos impunes al favor de la fortuna y cualcier acuerdo con los vivos.... nadie sostendrá mi mano, lascivando la sidra de mi muerte, se desabotona el vaho la imprudencia de los farsantes dentro de mis ojos, como excesos del cubismo que no se tragaron los viejos al morir y ahora vuela, como gorrión de yodo, en el crucifijo de ácido que soltó nuestros pies para siempre de la senda....

vago y a veces creo que hago la fotosíntesis cuando no me mira, ni me presiente lo vivo, en celdas de abstracción que versificaron el fin de una historia en el graznido que doró esos párpados con un sepelio de mar

no me queda ni un pronombre contra el que arrojar mi exilio, cuando nadie nos ama y sólo sabemos amar el porno de la lírica en el exibicionismo de un puñal y el vudú de las estrellas, no nos podemos quedar, ni confesar a nadie la gota de sangre que no secó, ni apretarnos en el pecho el relincho de un olvido, y como la madera en el fuego, crujimos las condicionales de una metáfora sin patria ni pintura que la desnude en la abrasión de tus labios
no pienso en broma lo de matarte
lo pienso con toda la seriedad de la honra de los murciélagos y la dignidad del vino en los garitos de la mala muerte, cubriendo epifanías con el corazón en las manos de darlo todo, de quemarlo todo y un tenedor pinchándolo al hambre de las galernas

que tú hayas prostituido los cuchillos y la canción no significa que te siga el juego de la cobardía de los amantes cuando se hacen polvo de piedras o sombras de fíguras de cera sin heces incendiarias

si se me cruza el cable que ata tu cuello a la luna, sólo el fuego calmará el quebranto de los olivos y no hay ley que pueda juzgar la avalancha de la amapola que huesificó en el infinito una lágrima y una risa de peyote
hoy tengo el cuaderno cosido a una mano de harapos y micromina, y allá lejos, mi voz enroscada con el abandono de los cangrejos ermitaños, ya no cromatiza el vino la nostalgia, se ha radicalizado y detenido en la saliva de piedras cargadas contra una frente que nunca conoció el sur, ya no hace efecto el sadismo de la belleza, ni conmueve la lírica de los descosidos, ya ha rebasado el clímax los trabalenguas de los cementerios y ocio de la urraca que viene a por lo suyo entre los ladrones

rehuyo el acabado de los enciados y la determinación del rencor debajo de la cama, me dejo ir hacia ningún sitio y creo que la nieve que mira es un torno de barro y mi muerte la huella dactilar que se precipita contra el bruñir del horizonte en las hogueras

me contagian las moscas que se han ido, cajas musicales en el tablero del riesgo y me hago como los muebles escarchados de fechas muertas, con ropa de difuntos y que nadie te conozca al salir, si me ves es que te has equivocado de desafortuna....

aún así me siento dichosa, de tener la misma conciencia que los corzos y de participar sólo con anacolutos en esa tragicomedia que quiere oxidarme los buzones, como ya me jubilé cuando vi el primer pájaro y cotizo sólo en Marte, me dedico a buscar subterfugios entre los trapos sucios y las brechas gramaticales que a veces me suben la dopamina con tus gotas de sangre en la tabla cromática
esas tragedias que nos calientan el corazón
y asaltaron tu cocina como un monzón de ácido
quedé tan mal con tu familia que esa foto se hizo la bola china del arreglo del cierre por defunción del melodrama en su mejor momento

me sentía un agujero deshilachado entre esa hiel burguesa de los amparados y no defendiste la amapola ni la pobreza que juramos con la sangre de arlequín

y saltando rocas, polvos de hada, cosiéndote los ojos al porvenir que esa noche inmoló su fortuna contra nuestra historia....

qué delirio que la luz del sepelio, se hizo una canción de cuna, y el sadismo del jamás, una razón en el lienzo

no sé cuánto caminé debajo de la nieve de tu olvido para llegar aquí

ni qué hicieron las serpientes con tu voz en los bares, con tu fuego en mi cicatriz...

he perdido toda lógica de la causa-efecto y a veces creo que son en tus diarios dónde todo empezó y a veces ese lugar en el que no habías nacido perseguido en mis senos maullados en la extravagancia del vacío y la súplica suicida de los sedientos

Acabo el collage. Con la arena pedregosa de aquella playa de todos los olvidos. Trozos secos de alga, conchas, lapas y caracoles.  Ese pecio de poema. El puto jazz que me endeuda tu muerte. Y la persecución vana de tu espanto en mi copa de vino. A veces tengo ganas de morirme. No sé si es la retórica de los trenes de los que nos echaron o el hambre de harina de pez para la ofrendas florales de los velatorios. A veces aprieto mis puños y no se me ocurre nada qué hacer ni qué llorar. Y me da por imaginar a mis seres queridos muertos, con sus lenguas azules y un muñeco de nieve bailando una flamenco y usando mi sangre como licor.
lo que dejé para el rencor de tus mecheros, a la resina púrpura que le dio alas al sepelio que cerró por quiebra el pasaje de nuestra cama, y de las noches del después, esas martilleadas flores en el retrovisor del ácido, mojando las bragas con la sangre que tu tango no apuró en el cuchillo y malgastó inútil en mi ternura, en mi cobijo, sucio por todos esos nombres que no aguantaron el diccionario....

tengo que largarme un día, y borrar mis huellas con mordiscos de crisantemo, irme mucho más pobre de lo que me fui de tu vida, pactar los bolígrafos con la despoblación de los corales en los timbres de un suicidio o de un alquiler ilegítimo con la puta estrella que cosió los pecados que no nos dejaron olvidar....
un perro corre en la montaña, sube casi hasta el pinar y baja a toda velocidad vuelve a subir, se atasca en la nieve pero persiste y parece que baila, ahora se tiro en picado a las faldas del monte y al sentír el corte vertical trata de subir con esfuerzos y altiva fiereza, es hipnotizante mirarlo, tan bello y libre, parece que perpetra un baile salvaje en el licor de los tuétanos de la tierra..
cuando recojas los pedazos de tu esperanza momificada en mi sudor como puntas de metal, háblame de las flores del desierto y de todo lo que se mata al común acuerdo de la abrasión del vino, no actuamos por causa ni por porvenir, ni siquiera por la inercia de la sangre que goteaba, fue delirio de paloma partida a cachos para los lobos ¡qué más bonito para dejarle a las nanas los sudarios y el callejón? no recorcomas tu pena en las cuentas de la equivocación, fue derrota enamorada, ubicuidad de ese don de los malditos que se te pegaba a las máquinas de escribir y a los profilácticos, ¿qué importa si salimos mal parados? si no estuvimos ahí para dejar nada ni para llevarnos ni el poema ni el favor del cielo
me llama A. y  y dice que el domingo es mi cumpleaños que tenemos que comprar whisky, le digo que yo ya no cumplo años.... me paré en el reloj de pulsera de un cocodrilo muerto que quería ser paloma carroñera y el tiempo ya no va hacia delante, mis viejas ya se cortaron las venas y me dieron a beber, otros murieron en el celo de mi amapola, apretados contra mis costillas, otros que como tú no acabaron la canción....y me doran de espanto las pesadillas blancas... pero me apunto al whisky.
dentro de un rato seguiré ese collage desde que ella ha muerto, los relojes están en su muñeca y su brazo es un remo-gusano que hilvana el porqué del porqué entregado a la cochambre de estrellas

no es por ella, es por lo que hizo la luna, con su vestido-cadáver

el sentimiento no importa, es sólo una bujía dentro de una metáfora, a veces es blanco semen y a veces, blanco-vacío o esa cocaína que compramos para perder de vista el diluvio y nos dimos de bruces con la sombra-desierto de un amor en extinción y aún así pagó tu vida el rembolso de mis sudarios y empecé a usar tu dolor como vía de escape de la lágrima puta que sólo hizo de escaparate al burdel de la carne de cuervo y teatros intravenosos que olvidaron cómo te conocí...

los meses ya no son los meses ¿ya no vamos hacia delante! le grito, le lloro, le onomatopeyo con la carta de embargo que le clavó una puta fe, tampoco no hemos parado, ni vamos atrás, porque no hay dónde volver, es algo mucho más torcido, a escaramuza de opio, a quiero enfrentar las cuentas con los difuntos y el puto tio burgués que dijo tener experiencia con las cucharas de plata y apestaba al mismo cuento de las cuadrículas y los puntos de partida

debimos haber suplicado al vagabundo

tal vez sigues importándome y el puto vudú no se entera, tal vez los fractales de las páginas quieren eyacular en tu pasión de muertos, el techo de su blues... y es todo madera consumida y no lo recuerdan los pinceles y me giro de mi pie a pie, el suicidio de una luna y de vuelta a la arena, ALfonsina no puede dormir ni con diez cuchillos clavados en su tráquea

silba desde la cruzada pared de tu postal rota en mi cuerpo, ese sur al que no volvimos cuando todo iba hacia allí, ya no me sabes en las cajas de madera a la marihuana que una vez en tu nombre mató a los pájaros de un abril, soy distancia de mis dedos con mis dedos, de los canlendarios en las heridas de la madreselva y cien noches de tu noche rodada al blanco y negro de una gota de sangre cuando hubo amor en los crematorios...

no seguimos el camino, nos paramos con el rencor de las amapolas y borramos nuestras huellas a balazos de la incertidumbre, nunca fui mujer-pésame ni mujer-cuenco, ni mujer-tránsito

robé de tu saliva un nombre que acabaron los cuchillos y no la historia, de tu cuerpo una fosa, de todos los olvidos, un trozo de tu carne

insiste el motin de la materia inerte poseer los tinteros y los perfumes, los trabajos que ya no queremos tener y el futuro que no amamos

miro atrás y miro ese Madrid hundido en los garfios de una urraca, mintiendo los autobuses del exilio, secuestrando el benceno a la muerte

ya no es nada de lo tenido es lo que aún podremos perder cuando las montañas se parecen a los pianos y el equipaje es un hospital que cambia de manos y de rostro, para no dar solemnidad ni al quebranto ni al salitre, ni que haya propiedad ni en el verso ni en el fin
esa alegría ebria, de las horas perdidas, las calles tapiadas, los interrogantes esnifados por la sombra de las urdes y otra vez todo por pies y por arañazos, al insistente desfalco de los alfabetos en los deshorarios de la lógica que ha quedada para escupir vida contra los adoquines

nada qué hacer, nada qué fingir, esparcimiento de los errores sintácticos en tu elegía y en tu olvido, o a vueltas en el descosido de mi blusa, uñas rotas en el barro, y el fango no tiene problemas de ética ni le hace ascos a las ciudades muertas, si en tu cuerpo o con los extraños, el mismo vino renunció a llegar y dolemos de mentira la retórica que trajeron los que dijeron hacerse cargo pero no fue, no ocurrió cuando tuvimos el cuchillo en la boca....
bebo un poco de aguardiente que sabe a llamas de salvia desbandada en un orgasmado destierro, hoy estoy suciamente nostálgica, de mi herida ofrendada a la rayuela de lo que no sabe acabar ni cortarse las venas, y me distraigo con juegos de barro sobre las palabras muertas, lloro a ratos la hipocresía de las amapolas y me seco los ojos con nieve, oigo una canción en el silencio de las montañas y siento más suave mi piel y más áspera la tumba del infinito, ha salido el sol y echa leña incandescente en el valle nevado, los tejados y pendientes preparan sus avalanchas y la luz multiplica su vehemencia, siento después de dos semanas en los glaciares, calor en ésta galería y me quito los jerseys y dejo colgar el jazz del mismo puto cuento de los derroteros de las guadañas
se sadifica ese abstracto dolor que ahora pertenece a las meretrices del hielo, en lagos ponzoñosos de acuarela y olvido, no me toca, no es mío ni poseé la suficiente culpa para robarme la ginebra, ni está sucio del perdón, ni del daño, es extraño,  es sustituible por cualquier libro que a patadas baje la noche, la herida me ha vuelto cínica para la supuesta solemnidad de la sangre o del pecado, y el llanto, vagabunda, avalanchada contra los nombres y las caricias que hicieron surco, todo me parece absurdo, parte de un proceso de descomposición musical que huele a hierba ensilada y a champán con hachís

después de todo, nada hizo ancla ni mundo, pasaron los defensores del estiércol de nube y se llevaron ahorcados todos los idolos del verso, te amé y ahora no distingo qué de mí se quedó y se mató contra ti, ni si son bonitas o feas, las manchas de tierra en la nieve o en tu voz, si doblaron los violines hasta el insomnio o se marcharon antes, si lo que sentí que en mi pecho fue secuestrado valió la pena o la sobredosis, porque todo se esfuma y nada calma mi exilio, nada se queda
el sol y las sombras en la nieve me fingen el abismo de tu malgastada muerte, ya estoy cansada, de poner los gusanos que te comen a pacer en mi aguardiente y de dibujar con gargajos de urdes, la desfiguración de tu rostro en la tripa que la madera cruje en el fuego

de tu entierro repetitivo y lleno de las florituras del murciélago y el desguace, ya se aburre, hasta la gangrena, de tu tumba insaciable, revolviendo en mis trapos sucios, la ofrenda de las rosas, ya se pudre el rock del portazo y la verdad del estrangulamiento del eclipse en la malavenida causa

se me repite el ajo en el vicio vampírico de la profanación lujuriosa de tu muerte, de tu belleza, de todos esos fandangos de un suicidio que se codicia una y otra vez en el infierno que nos borre por la eternidad y nos haga el sudor de diógenes pagando el vino....

ya estoy cansada de tus buzones de gangrena, de tu crematorio deletreando cada noche el hambre de los líquenes, de tu hueco fosilificado a la sangre reseca del horizonte

ya te tienes que morir del todo entre los muertos, apagarte en el graznido y volverte ola que se traga la marea, ya dejarme tranquila, con todas las otras muertes que bucean hachís en el amor de los lobos
no hay nada qué hacer con el equipaje que trituraste para contarnos ese umbilical devenir de tu indigencia en nuestras ronchas de hachís descosiendo las persianas sobre esos lagos de urracas muertas

cuando te vi por primera vez vi la ciudad que había perdido en un hospital junto a un feto de un frígido futuro que al abortarse se vistió de gala el mármol y las flores de yodo, y nosotros al carnaval y a los excesos, nunca vi a Maruja llorar de alegría como esa tarde en la que los palazos de la tierra enterraban una historia

yo contuve mi entusiasmo en las brechas de ginebra y avaramente guardé mi alegría para la lascivia de F. y sus círculos viciosos metidos en esa aguja de fractales, rompiendo el bucle coimo se salta de un noveno

perdí toda mi inocencia en la lágrima de polvo del teatro que nos cayó encima para descaernos del peso de la memoria, y gané una fragua para afilar la insolvencia de tanta tinta perdida en burdeles del vuelva con una fotocopia computada y te dije que tendías a la prostitución porque no supiste hacer con los añicos del pecho ni cuchillos ni kamikaces elegías, pero que no te preocupe, el negocio al final queda en las manos de la vuelta de campana agasajada como opio en el silencio de los ciervos...
Desbanca hoy ese rocío secuestrado por las tijeras de la nieve. El hartazgo de la memoria cuando no tiene pistolas que separar entre las sienes a hachazos de retinas ahogadas en ginebra. Me cansa doler la lágrima de yodo, en los mismos montes que ya no me recuerdan. Busco el subterfugio que queme mis objetos personales y me vista de sacos y de madreselvas, al exificionismo de los crematorios. 

Que me deje ésta pena de mármol sobre mármol la urgencia de las flores transferidas en las transfusiones que la taxidermia escupió en tu boca cuando tu semen jugaba a las migraciones.

Tiene que doler hasta el hastío el recado de las piedras en el asesinato de los gorriones. Tiene que saberme el  vino a vinagre colgando de las pinzas en las que tu amor se volvió un cuervo suicida.

Así empieza el humor. Primero es cochambre. Primero son toneladas de quejumbre rasurando sudarios en la desorientación por la que se pluriemplea el desacato.

Y luego empieza a gozar la ruina de las pulgas que se quedaron a cobrar la luz.
indigentar el reclamo de las palabras en tu autopsia, me da igual el favor del realismo y no me corta su sulfato de herrumbre en la putrefacción de tu belleza sobre las rosas

pagamos siete veces el valor del trago cuando el prostíbulo trajo la corona de flores de tu madre y se hizo hollín mi aliento en el cáliz de tu violencia

sólo puede seguir en el verso, mis manos ya nunca en tus manos apretarán la nieve, huiste de la curva del infierno y mancillaste lo amado como traficante de la abrasión de los secuestros, ya nunca podré colocar los gorriones en tu pelo ni agotar la amapola en tu abismo, traicionaste a las flor que te cosí con mi sangre en el horizonte
Hay carámbanos que caen como cuchillos que quieren volverse contra el lecho de hormigón y desalojar las moradas con sangre de tormenta. Parecen lágrimas del 36 y la memoria que han querido robar a la tierra. 

Tú me enseñaste la palabra carámbano. Yo les conocía como chupiteles. Amé esa palabra en el rencor del olvido que tendría que caer en nuestro vaso y todas las estaciones que dejaríamos pasar para mantener las manos en la lumbre de un exilio.

Te recuerdo en ellos. Te recuerdo en lo que quiero olvidar y ya no sé ni es posible.
Una decena de gorriones en el peral. Les he dejado pan y cereales debajo de la galería. Y se acercan y rumoran todo lo que ya nadie dicta en un destino.
Los alfabetos son esas criaturas desterradas que fueron simulacro la noche de tu renuncia. Te tragaste hacia la transversal del fondo de los fondos, sin el favor del vino ni de los puñales. Como todo lo extranjero que pobló trenes en los versículos de ese crimen que dejamos escapar para ensuciar los dedos de la sangre reseca de los poemas que no lloraron en nuestra escayola, cuando lloraba la huella y la tumba, el clamor de los escondido.
Y así, estúpidamente, lo dimos por acabado. Ebrios de derrota. Sin lijas ni espadas. Sin cuadernos ni réquiem. Como todo lo que hicimos, pulverizado en un absurdo que tocaba con más vehemencia la fractura del tiempo. Fue esperpentosa la manera de soplar la resina y de enviudar las amapolas. Con paladas grotescas de todo lo que habría que hacer que nunca ocurrió.

Yo me dediqué sólo a robar cobre. No supe nada más del amor. Nada más de lo cierto.

no se recoge en lo tangible, no vuelve a lo caligrafiable ni por tu angustia ni por tu pecado, es distante, ayer gemía el suicidio de los timbres las pelucas de carne en los tendales de los cuervos, cuando estabas aquí era otra la muerte
me perdí la primavera persiguiendo pezuñas de búfalos de óleo, nada vuelve a asegurarse de que la fosa está lista,  te hablaría de los bares que contra tu nombre acabaron las botellas sobre la autopsia de la ciudad que no recogió los añicos, o de lo bonitas que están las montañas y cómo gimen las arpas el mismo olvido

no era lo puro que creímos, ni lo infinito, ni lo necesario, pero nosotros siempre llevamos los engaños como pólen para fumar, como llegué al mediodía y sus ojos acuchillaron la casa de la que huí y no pude quedarme ni decir ni una palabra

creo que necesito pasarme con el whisky con algún subterfugio de derrocar al tiempo,  escalabrar los renglones que sadifican la pobreza de mis manos, acusar en un cuerpo desconocido la deriva

el domingo cumplo 29, son estúpidas las fechas, carentes de la verdad del sol y de la cochambre del sol, no sé por qué no se calla tu ausencia, no se agota ya en las cañerías ni en las heridas del beleño, me embriagaré con ellos para celebrar las escaramuzas del fracaso pagando a los de hacienda

parece que doy vueltas de manzana sobre una puta curva que no acaba de verticalizarse y vuelvo y vuelvo a la afrenta de arcilla y a la despoblada noche clavada en mi piel, y siguen las palabras, a veces absurdas como todo lo que miro, ensañando el deterioro de las calles en las manillas que giraron sobre tu secuestro en las cabezas cortadas de los mirlos

hemos descolocado la inanición con hoces de la marihuana que empapó los tejados del alba de los no llegados y ahora la angustia es un collage de vidas que no son nuestras vidas y cuelgan la canción en la yugular de una luz que se amotina para crujir los huesos de esa esperanza que malvendimos en el filo de un vaso y una huida