HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto, todavía medio dormida. Soñaba algo del capitalismo
Suenan los pájaros. Se desliza un canto de fuego. Pregunto a mis distancias, a las palabras, a los motivos.  Al hueco que embruja tu mágico deterioro en ésta vieja memoria, arrugada de fraguas que no acabaron bien al final del camino que rompió en tus ojos las manecillas de mi tiempo.

Mi vida es una continua desclasificación de mi yo frente a la cultura. Del exterior en la lija del papel
El soliloquio ama en el crepúsculo lo que mi piel olvidó.
Voy como un animal de lo que ha hecho la civilización a lo que habita en el fuego de los pájaros. Golpeando antipátrida mi embargo de luna, sin ellos, eternamente.
Vivo en la contradicción perpetua de mi cuerpo marginado y el zumo de la rosa. 
Me tomo hacia la arista del horizonte como sombra desaparecida que entre las esquelas desentierra el peso de una voz.
No mido. No sumo. No me dan las en punto, nunca son las pares cuando se trata de dos. No hay ganancia. No hay armonía. Desconozco el nombre de las estrellas. No hago puerta. No hay camino de ida ni de retorno. No hay ningún oficio. Escribo, sólo escribo y cada palabra ya ha quemado antes de nacer su importancia en mi pecho. Se desperdiga, inevitable, hacia la deriva amotinada de vivir entre olas y vacíos.
Vivo de una pensión por loca. Limosna estatal, que me la tomo como justicia, como venganza por sus oscuros hospitales militarizados y fascistas. Porque el estado es jerárquico y capitalista, y arrimar el hombro es bajarse los pantalones. En otro tipo de pueblos, arrimar el hombro, es ganar dos brazos y es honesto y urgente. Aquí no. Aquí es echar tierra encima y levantar tumba.
Defendí mi derecho a no participar en el sistema desde que amé la luna. Fui de rama en rama, de agujero en agujero. Busqué una isla. Conocí el infierno, el amor y las despedidas.
Nunca pasé hambre.  Aunque hubo tiempos díficiles, tiempos de no pagar el alquiler, ni la luz, ni tener monedas para un billete de tren, ni leños que echar a la estufa. Nunca olvidé a aquellos que no tuvieron pan ni techo, aunque cantar al derecho al pan, no es lo mismo que ir a tomarlo junto a lxs hambrientxs.
Me volví egoista de mi agujero negro. Cuando la soledad era el único alambique que muy adentro no quería pegarme un tiro. 
Me nací Franquestein, y todo un cúmulo de gente que por azar y por vivir en una alcantarilla con luces de neón y ambientador y publicidad matando sus neuronas, me recordaron y me aseveraron y continuamente. Me alcé Franquestein y aprendí a quererme sólo en sus brazos. Y a ladrar en su pasión.
Asimilé en mi inconsciente, por trinchera y por ruina, que yo soy antiquerible, antimatrimoniable. Que siempre me voy.  Que el amor de los otrxs, es un cementerio que en mi vagina hará vudú y volverán los cuervos a llevarme a la mar. Esto fue por lo empírico. Por lo que abrió el poema en los pozos.

No soporto que se frivolice con la lucha de lxs oprimidxs, para generar confusión y desesperanza, disgregación, que acaba alimentando a lo retrógrada y al capitalismo y a la quietud de los pueblos. Como pasa con lo que dicen de Venezuela y otros muchos sitios como la Izquierda Abertzale, la lucha de los Zapatitas, de los Kurdos, de los turcos, de los anarquistas de cada grano de la tierra...... Me jode mucho todo lo que oigo por ahí, como un runrun que la gente ha captado de la antena parabólica y de los medios imperialistas, sin tener ni puta idea del pueblo y la historia real que están tratando de manipular y romper y convertirla en el olvido, porque los temas históricos y políticos llegan en los noticiarios, convertidos en literatura del eslogan de los bancos, quieren destruir el presente y la verdad, porque ese tipo de verdad pone en peligro su imperio, porque la justicia y la rebelión puede tomar efecto dominó y reproducirse y despertar la dignidad, entonces buscan la confusión, la burguesía extendiéndose en el deseo de la clase trabajadora en lugar de la lucha de clases y esa ignorancia y traición a sí mismxs disfrazada con estreñida moral........ y la verdad llega filtrada y rota entre la mierda de los censores para que su mierda permanezca...y lo que me jode es la ausencia del querer saber y la estupidez de repetir consignas y elaborar teorías que se han formado sobre una mentira y una deformación que ha escrito el imperialismo y el control de masas para forjar la "estupidización ilustrada" que perpetue el estado represor y la dictadura económica.Tener opinión, sin criterio, es lo que está de moda, sino nadie votaría en sus urnas.. Para tener criterio, primero hay que conocer nuestra ignorancia. La ignorancia es un motor para buscar el conocimiento y la información. La información está vetada en los medios de comunicación oficiales, aunque como son tan esperpentosos y demagógicos hasta la estupidez y el vómito, a veces al leerlos y conocer la voz del enemigo se hallan señales, sus propios modos operandi, su porqué lo hacen realmente y qué pretenden con ello y desvelan sus intenciones. Es como una metonimia en la lectura, una metáfora retorcida. Pero para hallar el otro lado, hay que ir a los medios subversivos. Y a la voz directa de distintas pluralidades del pueblo que está viviendo esa realidad.  Aunque en algunas circunstancias la censura impedirá saber muchas cosas. Muchas revueltas y activismo y presxs y asesinadxs, cada día, lo son en silencio.
Ya es casi de noche, y cantan esos pájaros que a éstas horas se oyen mucho más que bajo el sol. Son como esa persiana que se baja, pero en la naturaleza siempre lo hace abriendo y no cerrando. 
Mi corazón a veces puedo imitarla, al tratarse de tu pared y de tu llave. Allá donde aullar el desgarro, es nadar bajo la luna. Donde confluye el espanto y la esperanza, en un violín sin prejuicio. Sin moral-soldadura ni castración ni hegemonía ni yo tengo la razón ni qué puta no se vende, si por perdida aprendí a cantar.

No junto monedas.
Nunca olvido el grito de las presas y de los hambrientos, aunque yo tenga pan y pueda ir y venir. Aunque escriba sobre los pájaros.  Aunque me dedique, por fracaso, a la alegría de la sal y del bosque. Aunque me aisle y me vaya. Ellxs son la espina. La insolubre espina que mueve los pasos que doy en la tierra. Aunque casi nunca pare por aquí Aunque no me baje de la rama de mi sapo del desvelo.  La libertad de lxs oprimidxs y la lucha contra los verdugos y sus instituciones multimullinarias, es a lo único a lo que puede ir el corazón, si tenemos conciencia, si vale de algo la humanidad y el pensaiento...., sólo puede ser hacia la justicia y libertad social, a la igualdad, a que nadie se muera por el pan que en el primer mundo se tira a la basura. Y que no tenga casa, cuando hay miles de edificios vacios y embargados por los bancos, en su propiedad, o baja la espuculación urbanística.. Que no se haga negocio con las necesidades básicas, que no se saque beneficio de los muertos, que no asedien la voluntad de los pueblos los mercenarios.
He salido por ahí, ahora me gusta tomar esa senda hacia el norte, al oeste del río. El otro valle al que iba, está la hierba muy crecida y los segadores, irán en verano. Kavka y yo ya hemos hecho muchas sendas de cabra y espirales pisando la hierba. Hoy me sentí especialmente jóven, sana, tal vez por esos amigos con los que hablé, ese latido de vino de verano, de esperanza, aunque no exista en lo empírico ni en lo filosófico, sino al dadá, a la esdrujulidad de una pasión sin frontera ni raíz. Caminé rápido. Corrí. No me cansé como en la mañana. Y por allá arriba, en medio de los pinos, hay una isla secreta, es un poco triste, porque está hecha con pinos cortados y tirados allá, y hay unas antenas de la luz que rompen el bosque. Pero aún así hay una sensación de estar en la placenta.  Para entrar allí anduvimos como las cabras, porque yo quería ir por el camino más rápido, pero los pinos muertos, las escobas y el cauce entre esos montículos, hacían díficil pasar, así que anduvimos al seseo de serpiente y luego retrocedimos para coger el camino más largo. Pero es muy divertido ronronear en la maleza. Allá me senté en un árbol muerto.  Sentí tanta inmensidad, al estar rodeada por pinos que daban sensación de infinito, de paraiso, de buque verado en el crepúsculo.... Y aquella mata, era mágica, era mullida como colchón de heno y grito de nube, tenía ese suelo de millones de hojas de pino, y una rugosidad vertical hecha con escaleras que hicieron los viejos árboles que ya no estaban y el curso del agua en la pendiente y al rodearlos.....  Era tan bonito... que tuve un instinto de correr en una especie de circunferencia amorfa, subiendo y bajando esas escaleras, y Kavka corría detrás de mí, parecíamos dos chimpancés, saltando troncos y acertando el pie entre los peldaños.. Y yo cantaba algo raro, sobre la escalera de los duendes. Y luego al mirar la antena de la luz, grité "malditos" y lo volví a gritar a pleno pulmón, con voz ronca, como un mantra, como una expulsión del grito y la rabia, de lo que representaba esa antena, contra el bosque, contra nosotrxs, contra todxs.. Y Kavka se puso a gruñirle a la antena y ladró hacia allá.
Luego salí de allí y seguí la senda. Vi tan bello el pueblo y los montes. Me sentí feliz, sana. El atardecer ebullía opio y violines. Encontré un nido caido... era hermosísimo, en algunas zonas era muy verde, tenía también alguna hoja de árbol, y una especie de pelos negros, a cientos, haciendo un cosido extraordinario. Yo nunca había visto un nido que tuviera colores verdes, como de musgo. Lo olí y olía al hogar que siempre soñé. Me lo iba a traer a casa para ponerlo debajo de mi almohada, pero luego pensé que tal vez algún pájaro lo pueda usar otra vez y lo dejé allí.
Jugué con Kavka. Correteamos. Cuando se quedaba atrás yo corría a toda velocidad y como era cuesta abajo cuando me alcanzaba tardaba un par de metros en poder detenerse. Ahora ya no me tumbo en la hierba para que no se me suban las garrapatas, me tumbo en la tierra. Y allá abajo estuve un rato panza arriba... feliz otra vez. Como si la vida se multiplicara en la naturaleza, aunque yo ya no tenga camino, ni me importe casi nada de mi hacer o no hacer, ni el futuro. Como si en algún lado, el amor abriera la agitación del agua, del fuego, de la tierra. Y todo recobrara la armonía de la deriva y la pasión.
El abedul cuelga ese raro fruto, que no es fruto, ni es flor, ni es hoja. Pero lo convierte en semilla de lluvia, en exaltada cascada de viento, abrasión de silencio, portaminas de distancia apretada como un beso y un cuchillo en el corazón.
A veces todo es un sueño. El potrillo duerme espanzurrado en la hierba, la yegua pasta, vela el infinito del universo.
Cuando soñé que hoy moría. Pensé que nunca aguanto muerta en el sueño. Que nunca llego a imaginar qué es la muerte, que justo cuando muero abro los ojos. Eso me hizo recordar la muerte del abuelo, el cuerpo aferrándose, temiendo saltar a la nada, chupando hasta el cosmos el último hálito.. Me dio algo de miedo ese instinto. Saber que ese instinto a veces provocaba sufrimiento. Aunque también asalta de estrellas lo distante.
Cuando murió el abuelo, no lo procesé. Tuve durante varias noches, pesadillas donde el abuelo moría y moría y moría y no acababa de morir. 
Eran las 2 o las 3 de la tarde. Mi madre bajó a fumar un cigarrillo con mi viejo. Yo me quedé al lado del abuelo, el abuelo respiraba muy despacio, tenía mucha fiebre. Movía su cabecita como para agarrar un gorrión al respirar. Luego cambió, y su rostro se movió de sitio, yo le agarré fuerte la mano y empezó a morirse, hizo algo raro con la mandíbula, que me espeluznó, la apretaba varias veces como mordiendo toda la tierra y toda la luna. Yo le agarraba fuerte la mano y se la besaba. Luego se quedó quieto. Y yo me quedé muy quieta. Luego llamé a mi viejo y le dije "creo que el abuelo ya no respira, díselo a mamá y subir". Mi madre se puso muy nerviosa y dijo que ella no estuvo cuando murió. Yo le dije que sí, que él la oyó, que su corazón latía todavía.. Dije que estuvo como un pájaro todo el tiempo, en paz, en total calma, como cuando ella llegó..... No hablé para nada de ese mordisco de la mandíbula sobre vete a saber qué agujero negro, qué mar.  No hablé de la violencia del cuerpo ante el cosmos, ni de ese vértigo que yo sentí y no comprendía.... Luego fue todo muy frío, vino gente, de forma rutinaria, a vaciar la habitación. El enfermero que entró a por el abuelo, dijo sonriéndome ¿qué tal?.  Les dije que bajaran que yo bajaba las cosas del armario, que me esperaran en el coche. Grabé con la cámara la habitación vacía. No pude llorar. Por alguna razón robé un bote de yodo y no sé qué otra cosa. Miré la ventana que había mirado durante 4 meses. Miré la mesa en la que escribía con la ausencia del abuelo. Miré  vete a saber qué cosa...
Estoy organizando unas revistas de Tiempo, Ajo Blanco, El Viejo Topo... estaban tiradas de mala manera en la habitación de los trastes. Junto con carpetas y papeles de la universidad de mi madre, oposiciones,  unos libros del Método Silva, panfletos de películas medio clansdestinas en su juventud, cuartillas del marxismo. Yo había entrado allá, para buscar esas esterillas del camping, para hacerle una cama a Kavka para cuando nos vayamos a la mar, me preocupa algo que el perro le muerda los muebles a la señora. Esas esterillas estaban clavadas con puntas haciendo de pared en un estante, las puso allí el abuelo y sus inventivas. Tuve que vaciar la estanteria. Y al leer algunos de esos papeles, tuve una melancolía empática de la melancolía de mi madre. Su letra enviando cartas para encontrar trabajo. Poemas fotocopiados entre las hojas. Panfletos de la CNT. De juventudes antifascistas, de memoria-histórica. Que tal vez cogimos juntas alguna vez, hace ya mucho, al ir a charlas y manifas. Sentí que estaba tan lejos la esperanza de allá. Sobretodo al ver su caligrafía.  También leí un informe de un alumno y los métodos de enseñanza de un colegio privado y liberal, de esa burguesía de izquierdas, un colegio en el que ella trabajó antes de que yo naciera, al lado de la mar en Cantabria..... Al sentir la pasión de ella al escribir sobre una enseñanza individualizada y amorosa hacia el emponderamiento del propio saber del otro. Y al leer el nombre de ese niño, y su rebeldía, su rabia, su agresividad, en esa mirada comprensiva y política de mi madre, tuve un deseo de buscar por google a ese niño y escribirle, sentí mucha simpatía por él...... que tendrá hoy 50 años o vete a saber, tenía un apellido vasco y un nombre muy bello que nunca había oido. Pero luego me olvidé de la idea. Encontré nuevos papeles, con tantas historias y todas como bala rasgando lo inalcanzable. 
Luego anduve cosiendo las esterillas para que fueran más mullidas, hice agujeros a cuchillo y cosí con cuerdas y nudos.
Ayer, antes de que ella se fuera, fuimos juntas al monte, hablamos de la Revolución Bolivariana, del estado policial, de los presos políticos. Yo estaba agitada y rabiosa, contra todas las mentiras que la gente ha preferido creer en lugar de molestarse en saber la verdad y la voz de ellos y sus historias. Ella me decía que no me enfadara, que me tranquilizara, que no gritara.. Yo le decía que no era para enfadarse no, sino para ir a coger al fusil. Luego subimos el monte. Empezamos a ver la luz tan bella del atardecer en esas nubes púrpuras. Ella me preguntó qué como voy con el texto de Maraíz. Yo le dije "Maraiz es una puta mierda, es literatura del desamor y la metafísica, un puto pasatiempo, no sirve para la revuelta, no sirve para nada" Y luego estvimos hablando de las flores. Yo le dije "tú te inventas esos nombres, eso no son brezos, los brezos son moraos, eso no son violetas, eso no es la manzanilla, eso no son las campanillas, eso no es la cicuta, tú todo te lo inventas, eso no es el cuco" Pero la quise tanto, la vi tan niña, tan ciervo. Comprendí cuánto frío había pasado, qué pocas veces le acariciaron el corazón, qué hermosa y cuánto amor tenía dentro, a pesar de las pérdidas y tan largos inviernos. Su manera de querer al perro, de querer a las plantas, de querer a un dios que nunca bajó a la tierra, de querer a los fusilados, y al morao que quisieron que enterráramos.
Al volver a casa, encendió la tele, y dijo "ay qué bien que ganó" Y entonces me enteré de que fue el rollo ese del PSOE, y le dije ¿qué ganó quién? si son iguales, allí sólo gana la mierda, eso es una puta estrategía política, que al otro lo quisieron hacer el héroe y mártir de los socialistas, un revolucionario mientras se vendían al imperialismo y fue siempre un arrastrao y un vendido puesto ahí por las monedas, sin dignidad ni ideología ninguna" y ella dijo "yo no votaré al psoe pero esto es una oportunidad para frenar a la derecha"  y le dije "el PSOE es lo que perpetua la derecha, muchos más rastreros y dañiños que el PP porque roban el cambio vistiéndose de putas... y esa estrategia miserable que te ha hecho creer que ha ganado la izquierda en el PSOE es la única que les queda para cazar-tontos y perpetuar su mierda,cuánto me duele que haya tontos dentro de mi familia".
Hoy al subir aquél monte. Y mirar hacia atrás, la senda de piedras y tierra, rodeada por "muros" de árboles y brezales, la curva del río allá abajo, ese pico del sendero, perdiéndose en vegetación, y en su cuesta abajo, mezclada con una cromática de madera y flores. Tuve un deja-vu melancólico. El recuerdo de andar allí de niña, cuando todos los caminos llevaban sólo a la luna, cuando no existía la muerte y todo era infinito. Y me vi a mí corriendo con un caracol en la mano, cuando no medía ni medio metro. Pero también vi una poderosa ausencia de la gente que caminaba conmigo, y tuve la percepción de que todos nos despeñábamos en ese olor de pinos.
Desde hace unos meses tengo la rara sensación de que todos estamos a punto de criar malvas. Como un réquiem que se canta antes para disfrutarlo, porque después ya no tiene gracia, ni llena el vino. A veces pienso que quién cuidará de Kavka si yo muero, y al mirar a sus ojos, tengo miedo a que él sufra, a que esté triste, a que conozca el desamparo.
Es fascinante la naturaleza, el paisaje es mutante, es completamente vivo, también la roca. Los colores se transforman, a través de la luz, de las nubes, de la inclinación del sol, del viento y las distancias, y la misma rama a veces es negra y la hoja se siente amarilla, a veces está tan brillante que es un verde blanco con ceniza de fuego y la rama es roja. El olor ahí afuera, es una cascada y embestida, a veces un olor a menta y tomillo, a veces a agua recien parida desde el fondo de la tierra,, al musgo de la teja, al fervor de los sueños imposibles o el quebranto de la nostalgia o el rubor de la abeja hinchando toda la atmósfera y libando el final. La luz parece influir también en los perfumes. Y los insectos y los pájaros, forman un rizoma que toma un lenguaje musical y abisal que el corazón acoge como si fuera a llegar a la muerte o la vida estallar tanto de vida que los ojos eclosionaran.

Hace unos años, éste mismo paisaje, me era sangriento y gris. Me provocaba un raro temor y odio, los dedos de los brezos y de las escobas. Los pinares me sabían a una guerra, al grito de los muertos, al desgarro.
Hay algo tan subjetivo en la mirada que cada vez estoy más convencida que nadie ve del mismo color ni una hierba ni una nube. Que aunque nos hayan enseñado a la arquitectura de la matemática y la hegemonía del molde, del significado y la RAE, cada ojo, tiene un pincel y un espejo, tan mágico y único, como lo inabarcable.
 
Ahora ésta hora de la tarde. El silencio. La pérdida retórica de las urracas en la bella hierba. Me gustaría haber sabido pintar, para escribir poemas sin palabras, el grito y la resistencia, el fantasma del bucle debajo de esa cama, removiendo las autopista de peaje en la privatización del cielo. 
El uso de las palabras, mi puta necesidad de ellas, me mantiene siempre en guerra conmigo. Porque ellas no son el principio ni el fin, son insaciables, se alimentan de la violencia de su hueco, de lo que no abarcan y detrás de ellas siempre está la ineficacia y la fractura de su matriz.
Acabo de llegar a casa. Me lavé la cabeza con agua fría. Y una cerveza. Tomar aliento. Subí un cacho de monte con el perro. Y luego volví a bajar y me senté a la sombra de un chopo. Y estuve allí sentada hasta perder la noción del tiempo. Durante un rato, al mirar la hierba tuve una rara sensación de estar en casa, una especie de deja vu perpetuo, como si hubiera estado toda mi vida y la eternidad en esa hierba, fue algo muy hermoso, y al levantar la vista a los montes me parecieron salvajemente hermosos y vivos, una belleza pletórica, un paraiso. Kavka se echó encima de mis piernas y nos quedamos bajo esa sombra tanto rato que cuando me di cuenta le dije al perro "Kavka tú tienes que correr, yo ya estoy cascada para correr mucho, pero tú eres un recien nacido, todas tuyas las estrellas" Y le anduve tirando palos para que corriera, y al poco se quedó mordiendo uno tumbado a la sombra. Y volvimos despacísimo, ebrios de calor y primavera. Me preocupó que Kavka tuviera alguna dolencia que le hace ser tan vago. Pero luego pensé que somos tal para cual, y que Kavka estaba muy a gusto en esa hierba a la sombra respirando viento limpio y oyendo a los pájaros, que no había ninguna prisa, ninguna cigüeña para perseguir, que vamos despacio, no vamos a ningún sitio, y vamos al Imposible y lo más lejos de la tierra dentro, de la mar arriba.
Luego se levantó el viento, y había árboles y brezos y muy distinta vegetación que danzaba. Y eso me hizo llorar de amor a la hierba. Y de un sentimiento más profundo, una especie de teoría de las cuerdas, algo inefable y durante un instante sentí que entraba y salía de otra dimensión.
A la vuelta sonó un cohete y Kavka se puso al acecho, le dije "Kavka no temas, son los cohetes de las marujas en fiesta" Hoy es esa fiesta, que la llaman Santa Rita, y se basa en una misa y bailes regionales y no sé qué historias a las que nunca fui.
He estado un rato en el patio, está muy hermoso, se ha vuelto salvaje, como la orilla del río. Con muchas plantas de esas que llaman malas hierbas rompiendo el cemento y emergiendo flores amarillas y azules y blancas. Con cardos, margaritas y esas hierbas que se pegan y les llaman "enamorados". Me dio alegría saber que se habían ido los vecinos y que sus persianas estaban bajadas. No me gustan los vecinos. 
Y entre éstas líneas... me llamó un buen amigo y hablamos mucho rato... él está lejos y al sentir su risa, su historia tan cerca de mi corazón, su mirada subversiva, su sensibilidad, su ternura, se me ha cambiado el latido, la percepción, se me ha metido un poco de vino tinto, una guitarra... ese volver a sentirme con él, como antes, como si no hubiera pasado el tiempo ni ninguna distancia, como si al abrir la mano, su mano me embriagara de aves.
Él fue el único amigo... con él que me sentí libre, no me sentí jamás juzgada, me sentí motín, nos sentí navío a la deriva, nos sentí pájaro en un cielo de LSD. Fue al único que me atreví a cantar esas canciones tan locas y raras, y cuando su piel me  tocaba, no me ponía nerviosa por sentir el tacto, y aquella vez que bailamos desnudos en un prado al lado de la hoguera, nos sentí chimpacés y peces, nos sentí compañerxs hijos de la hierba, de la luna y de la sal. Lo sentí mi hermano. La risa clara. El corazón desnudo.
Creo que pude quererle tanto y dejarme escurrir entre sus ojos. Porque compartíamos la marginación y el hierro fundido entre ciertas heridas. Porque su historia también era abisal y sus sueños muy altos. Porque fue ave entre depredadores. Porque fue hierba, en miles de kilómetros de asfalto, rompiendo el hormigón.. Porque peleó aunque todo hablara de la muerte. Porque aunque se hiciera mil tajos para desaparecer y volver al mar, se mantuvo aquí, aunque nadie creyera en él, aunque todos lo quisieran hundir. Porque sus estrellas eran mucho más brillantes, y aunque el dolor de la tierra rompiera el cielo en gritos, sus ojos siempre tuvieron una música para seguir. Nómada. Eterno extranjero, caido de País de Nunca Jamás.  Buceador del Imposible. Hermano, a la cumbre de los avasallados empujando piedra y canción.
Se oyen los pájaros. El verde está muy verde. Pero a veces siento que soy una despedida que me espera desde el centro de la nada y en el grito de la mar.
Que ya andamos dándonos la vuelta sin haber llegado nunca a ningún sitio y sin reconocer ni una piedra del camino, ni el poso de vino traduciendo tu belleza invicta en la bala que rompe la cresta de la luna.
Arrastro su fantasma. Le tiro piedras. Lo apapacho en mi regazo como una flor de cicuta, como un serpiente y una luna llena. Mi pensamiento sabe, conoce mil motivos, existenciales, empíricos, espirituales, de luz de guitarra, de crepúsculo, para saber que he de dejarlo marcharse con las aves. Sin pena ni gloria,  ni reclamo ni grito, en paz y risa. Pero mi corazón nunca ha comprendido. El hueco de mi soledad en el fuego del horizonte sigue siendo parte de su hueco. Aunque hayan pasado ya larguísimos inviernos y el olvido me fusilara a los pies de aquella playa. Mi no sé. Mi no comprender. Porque acaban dándome tantas razones las sin-razones, tantas pasiones lo inabarcable. Que mi puto monotema es un anacoluto.
Ayer al atardecer fuimos a un monte muy hermoso, era un camino que iba a lo alto y de frente se abría el otro valle y se miraba aquella otra cordillera de montañas, con las nubes rojas y moradas, y en el otro lado algunas eran negras y el azul era ceniza. Y Kavka era como una jauría, como un ave caida, como lo más bello. Adoro tanto al perro que sólo con mirarlo me reconcilio con el amor y con la esperanza en un mundo nuevo. Todo es tan bonito en él. Tan inocente y salvaje.  A veces siento que el espíritu del Thor, está aquí también y a veces nos mira entre los montes.
Todavía estoy medio dormida. He pensado en un tipo de dolor que he venido sintiendo, como un tango negro, como una maldición, como algo que no es bueno, porque me pone en situación de víctima, y esa situación me ampara para andar por ahí cantando al infierno. 
Ayer por la noche anduve leyendo una historia de Freud, sobre el trauma en la simbología no abarcable, de la infancia, sobre los hechos que no son correspondidos por la interpretación que es fantasiosa, es ese Intento, tras el misterio no desvelado, esa información que queda oculta en la abstracción. Y luego desde la cama, con las luces apagadas, estuve pensando. Y no me gustó nada la palabra trauma. No me gustó tampoco, todos esos psicólogos que venden una supuesta salida, pero no hablan de sus conocimientos sobre la psique humana, a los pacientes, me parecieron unos impostores, porque es el conocimiento, la comprensión, lo único que ayuda a que el dolor no sea repetitivo y residual. Es la mirada universal y política. Es el compartir entre iguales..Me parecieron todos unos narcisistas, con su "pulsión sexual" muy violenta en el rostro que tienen delante. Queriendo ahorrar su conocimiento para sacar más monedas. Porque aquello de no me des el pez, enséñame a pescar se aplica todo. Y lo que urge en la humanidad, es el camino de lxs libre-pensadores, del criterio propio. 
Y luego pensé en mis heridas. Y pensé que toda mi puta vida, había tenido rota la simbología de mi niñez sobre el mundo de los adultos. Y que siempre he vivido sobre mi simbología y mi leyenda fantasiosa del fondo del verbo y de la muerte. Pensé que siempre he estado sobre la hoguera del "trauma" de esa visión de Freud. Todo me fue traumático, trágico y esperpentoso, porque mi corazón jamás leyó coherencia en mi atmósfera. Saber eso me puso contenta.
Soñaba algo sobre la ecología y la revuelta de unos campesinos, y cosas que no recuerdo del todo.
Pero sí recuerdo un sueño de la madrugada... era una especie de suicidio, no había atmósfera, pero yo tenía en mi mano, la mano de mi padre, los dos íbamos a morir en breve, y yo apretaba su mano para que viera que todo iba bien de momento, y él apretaba la mía, estábamos contentos, y yo luego tuve la sensación física de la muerte, era algo entre el amor y el espanto, sentí algo en mi cerebro que borraba a un soplo todo moviéndose mí y mi mandíbula se abrió cayendo al suelo y tuve la sensación de esa agonía en dos segundos y luego como si mi padre me gritara, me llamara desde algún otro sonido que no es sonido para que no me muriera y me desperté. 
Siempre que he soñado que muero me despierto. Estaba muy cansada, muy dormida, pero fumé un cigarrillo y me quedé un poco mirando la noche.Y volví a dormir.
He encontrado... la condena a muerte de mi bisabuelo. Junto a otra veintena de hombres. Es tan escalofriamente el uso de las palabras por esos asesinos franquistas.. que parece encontrarse tras ellas, la historia de mil paises durante tanto siglos. Son unos 15 folios. Mi madre los pidió a un grupo de Memoria Histórica. Él era Carabinero del Frente Popular.y en el informe hablan de posiciones de guerra y de frente. Cito textualmente " en varios pueblos eran los Carabineros las fuerzas que se oponían a nuestro avance con un tesón y tenacidad del que sólamente personas muy unidas con el Frente Popular y de las más arraigadas ideas marxistas pudieran hacerlo"

Cuando leí la sentencia no pude evitar llorar, al leer "ramón álvarez martínez, 50 años, casado, Carabinero hijo Manuel y de Teresa, natural y vecino de Candás, Carlos Pérez Guerrero, 52 años, casado... etc etc" Eran tantos nombres, con tantas historias detrás...era un folio entero, con esos nombres que aunque me fueran desconocidos, me provocó un desgarro, esa repetición, ese tipo de escritura que quería olvidar y borrar todo, provocó todo lo contrario.  Cuando llegué al nombre de mi bisabuelo "alejandro molina cerrajero, 49 años, casado, Carabinero, hijo de Isidoro y de María, natural de Badajoz y vecino de Luarca" Yo nunca había oído los nombres de mis tatarabuelos, ni sabía que él era de Badajoz, ni que tenía 49 años. Me causó escalofríos descubrirlo en las palabras que escribieron los que lo iban a matar. Mi abuela nunca quería hablar. Aunque nunca olvidó. Pero no quería hablar de nada de eso.

Otra cosa que me llamó la atención... es cuando hablan de los hechos de oposición al triunfo del glorioso movimiento nacional.

Hacen distinciones, aunque los matan a casi todos, y a los que no los condenan a cadena perpetua y dudo que sobrevivieran en aquellas cárceles.

Cito;
Ramón Álvarez Martínez- De ideología izquierdista ya con anterioridad al Movimiento, en la ciudad dee Gijón el díaa veinte de julio hizo fuego contra las fuerzas del Ejército y de la Guardia Civil que salieron a proclamar el Estado de Guerra, se destacó notablemente en el asedio y asalto al Cuartel de Simancas y con ocasión insultaba a la fuerza de la Guardia Civil allí desarmada y detenida.
Francinsco Bienvenido Rodríguez, individuo peligroso, de mala conducta y antecedentes e ideología anti-fascista (...) Nombrado por las autoridades Rojas, comandante de puesto, perseguía constantemente a las personas de órden.
Alejandro Molina Cerrajero; Individuo de ideología izquierdista y destacado propagandista de dicha tendencia, en su domicilio era donde se reunían ya con anterioriadad al Glorioso Movimiento, los elementos más destacados de la política izquierdista local.
Nicomedes Goscaya Rodríguez, individuo de buena conducta y sin significación política, pero hizo Frente a las fuerzas del Ejército y de la Guardia Civil que pretendieron declarar el estado de guerra en la Plaza de Gijón, así como también se opuso a las fuerzas  gallegas en los sectores de Luarca y  Santa Ana de Montarés.
Y así... "de buena conducta aunque de ideología izquierdista" "de buena conducta y apolítico aunque hizo frente al Glorioso Moviento."
16 de Marzo de 1938.

Los mecanismo de la "justicia" de hoy, son tan parecidos cuando se trata de resistencia política, cuando lxs condenadxs son por tratar de cambiar el sistema, por tomar los derechos negados. Que todo esto es como para no dormir nunca más.
Cuando olvidamos la historia, estamos condenados a repetir sus crímenes, y sus maneras de control de masas, de estados policiales, de generar el temor.
Los tribunales de justicia de hoy, en gran parte, son los hijos y nietos de aquellos jueces. Así como los partidos políticos, vinieron para que no se removiera aquella tierra y no se entonaran nunca más aquellas canciones de libertad y aquellos sueños del pan y de la felicidad de todxs, sobretodo de los oprimidxs. 
Me he dispersado.. todo empezó hace como media hora, tuve un sentimiento que me hizo llorar, sólo lloré media lágrima, dos segundos. Pero cada vez que me emociono de esa manera, mi mente se llena de opio. Desaparece mi estar en la tierra, mis ganas de hacer, me vuelo, me vuelo por una especie de trágica comedia del eterno adiós. Y se me retuercen las entrañas en una melodía desconocida que me obliga a vagar sin huellas como disparos de viento. Y me entra mucho sueño, como si hubiera fumado marihuana. Como si la melancolía rasgara a cuchilladas el crepúsculo. Como si lloviera miles de kilómetros de agua en mi pelo.
He ido lejos... con mi vieja y el perro. A un sitio hermoso, oculto entre la naturaleza, donde hay una cueva y se juntan dos montes, hay un bosque de robles muy hermoso, genistas y helechos, pinos, chopos.. Ha sido un paseo bonito, parándonos a mirar la hierba, esa flor violeta, de qué planta vendrá ese olor a tomillo. El "no vayas tan lejos" el "sí, ven a ver lo que hay detrás de esa vuelta del río". La ternura de la maleza salvaje, del caminar en senderos, de todas esas ortigas y cicutas, haciendo del suelo una aventura y una inmensidad  y no asfalto gris y liso. Sentir el corazón vivo, la alegría de alguien a mi lado que quiero. Los años que pasan, la muerte que nos espera a todos pero tan verde el verde mientras podemos amarlo. 
Ella también me señaló desde allí un sitio dónde había cadáveres de personas asesinadas por el franquismo. Me contó que el Tio Laudelino y otro hombre andaban por allá, y unos perros dejaron a la luz los cadáveres y sacaron trozos de allí.  Ellos se asustaron, y un guardia civil les dio la órden de volver a echar encima tierra y enterrarlos mejor.  Pero no lo hicieron. Se sintieron tan horrorizados que no lo hicieron, y una mujer del pueblo, les dijo que lo hacía ella, y echó tierra encima.
Hoy tengo que recoger la casa.  Se ha vuelto a acumular el caos de caminar sin futuro. Tengo 4 días para acabar lo de Maraiz. Luego tendré que ir a la ciudad, para hacer la mochila y unas historias, antes de ir a la mar. Y allí sin internet y sin cobertura, se escribe mejor, se vive mejor la mar.  Tengo que arreglar la oscuridad de la entropía. Sé que no la erradicaré porque forma parte de mi motor para sentir y de mi vínculo al poema y al camino. Pero ha de ser efectiva en la creación. Si el pensamiento se dispersa en direcciones antagónicas y multitudinarias del vaho y del golpe seco, al final nada tiene la suficiente fuerza para arrancarme los ojos. 
A veces me voy a matalpolculodelpáramo en un parpadeo de ceniza. Me vuelvo la ausencia, la hervidera de opio y de desgarro. La incapacidad del verso en una pelea con el cielo y con la tierra, con mi cuerpo y con su despedida. 
Soy indisciplinada por natura, aunque lo compenso con mis obsesiones. Soy obsesa con la escritura y eso evita que se me vaya del todo la cabeza y que explote a la sombra de Marte. 
Pero aunque escriba permanentemente, a veces destruyo el fin y el cuerpo de la escritura, se vuelve demasiadas cosas, demasiadas nadas, con el aullido de la luz del fracaso en mi pecho.  Y eso es lo que quiero transformar, quiero tratar de tener un camino, no unilateral, no desembocadura, un camino independiente, donde los otros sigan siendo pero lejos de él, donde la escritura, sea una escalada y un esfuerzo, donde sea una  sublimación. Y ahora quiero que sea en la ficción, en la literatura.
He usado en mi pasado mucho el término "literatura". Con una ideación abstracta y emocional. Con su significado digerido en algo íntimo, no en su significado universal. Pero en realidad nunca he escrito literatura.  Excepto Maraiz.  Tal vez algún otro relato en mi pasado, de una hora o dos horas como mucho de escritura. Maraiz fue un proceso de unas 3 semanas. Más el tiempo de ahora de reescritura. Y con Maraiz descubrí la fascinación y el placer de ese otro tipo de escritura que necesita la arquitectura, el uso de la inteligencia, el pararse, comerse las neuronas para que funcione, para que haya una profundidad en los personajes, para que las contradicciones vengan de su condición humana, de sus autoengaños, de sus imperfecciones, pero no de mis apegos y vicios, no de la escritura, no en la obra.
Todo lo que yo suelo escribir no me supone ningún esfuerzo, no me rebano los sesos, no pienso, todo nace de mi entropía, de mi rubor, de lo que yo no puedo evitar porque quiere matarme, porque quiere que salte al vacío, que encuentre la vida en éste segundo antes de que me lleve el fango para siempre. No soy reflexiva, soy vómito. Busco el placer y el saber por el atajo, busco todo por el camino más rápido, por el que me traiga las estrellas ahora o valga la muerte.  Y si me dicen que si tiro por allá, dentro de cinco años hallaré una recompensa y felicidad mucho mayor, pero que me implica el aburrimiento de la teoría y formación 1400 días, ya no voy, ya me digo tal vez muera mucho antes, voy a tumbarme panza arriba a la hierba seca mejor, a lo mejor vuelan encima los tordos. 
Cuando me salió lo de la publicación del poemario la idea de tener que buscar entre mis poemas, los mejores, me causó angustia y rechazo, algo metódico que me separaba de escribir nuevas nadas y gritos.  Llevo muchos años escribiendo en la entropía, no en el cuerpo y el fin de esa escritura. Escribo en mi grito, en mi sed y delirio y pulso contra la muerte, evitar la renuncia y el saltar al mar y no volver.
Pero también sé que todo eso, en su radicalidad es malo para la escritura, para mí, para la evolución. Porque cada vez hay más multitudes sin eje, sin destino, sin pasado, sin que ya le importe una mierda hablar o pulverizarse o dedicarse a los ladridos.
Por eso escribir literatura puede salvarme de mí misma. Y darme una especie de método, aunque nazca de mi vicio y caos.
Yo tengo una horrible forma de ser. En mi adolescencia no me gustaba escuchar a nadie, sobretodo cuando trataban de convencerme para que yo perdiera los motivos, yo creía ya saberlo todo por una intuición que me llegaba a pedrada, y en las discusiones políticas, yo saltaba, y al otro lo oía con un "blablablablabla" un ruido de radio escacharrada, del canal plus codificado. Y así escuchaba a los profesores, a las noticias de la tele y del periódico, a mis amigos, a mi familia, a los vecinos, a todos. Yo iba siempre " a hablar de mi libro, quemado" y la necesidad de quemarlo todo. 
Sólo me calmaba al leer ciertos libros. Allí sí lo escuchaba todo, lo desangraba por dentro, leía con obstinación, con delirio, en la adolescencia. Leía odiando al autor y amándolo. Odiándome a mí y amándome, y a la humanidad, y al lugar donde nacieron las palabras. El primer escritor que amé fue a León Felipe. 
Luego se ardió mi mente y todo mi pasado y todos mis sueños de futuro. Tal vez por una mezcla, de hermann hesse, castaneda, artaud y niezschet y el fusil de durruti y el ansia de la revuelta ahora, no mañana, no con asertividad, ahora mismo, mi abrasiva fe en la luna, mi optimismo desgarrado.
Y mi forma de ser, se volvió mucho peor. 
Cuando conocí el manicomio y su violencia, diciéndome que todo lo que yo sentía, que todo lo que me pasaba, se llamaba esquizofrenia, que yo era una jodida enferma, que tenía un virus en las neuronas y que eso es lo explicaba todo, que no buscara nada más que dentro de mí sólo había monstruos y bacterias, que me metiera la inyección del castrador de las farmacias  y que por lo demás todo lo que yo diga, es parte de que estoy loca y que si yo no me considero una enferma tarada, es precisamente porque lo soy.
Entonces allí me volví mucho más radical. Y agarré un racismo ensangrentado a todos los cuerdos. Empecé a sentirme de otro planeta, de otra especie, de otra raza. Dejé de mirarlos como mis iguales. Porque recibí de ellos, el estigma y la violencia y represión, contra mi diferencia.  Yo hice de mi diferencia, el narcisismo de Mercurio. Mi apología de rata y callejón y lobos.  Radicalicé mi locura. Porque era lo unico que me quedaba para ser quién yo era.  Y viví unos 8 años como vive un animal.
Luego, hubo un cambio en mi vida, fue allá por el 2009.  Al salir de la planta de psiquiatría del hospital, llena de rabia, con todas las enfermeras y psiquiatras que allí me ataron a una cama, llamaron diez veces a los guardias se seguridad y me trataron con desprecio y violencia. 
Fui a una especie de grupo de reinsercción, de tránsito de los brotes psicóticos, a la vuelta a la tierra, era un hospital de día, yo ya estaba libre de la prisión de la planta de agudos... Y aunque los primeros meses allí, estuve a la contra y a la pelea. Las mujeres que trabajan allí, me dieron amor. Me hicieron reir, me acariciaron el alma. Me miraron como a un ser humano y no como a Franquestein. Me provocaron sentimientos. Ellas no eran como lo que había conocido de los psiquiatras y manicomios. Ellas eran gente hermosa, con la mente abierta, eran activistas, eran gente comprometida y capaz de amar, no juzgaban. Y para mí eso fue algo nuevo. Luego también empecé a trabajar y me enamoré de K.  Ese amor me reconcilió con todos los universos.  Ese amor quitó de mi pecho un dolor que llevaba 10 años ahorcándome. Y seguí escribiendo, mi escritura exorcizó la sombra de la locura y liberó su canto...exrcizó todos aquellos recuerdos tormentosos del pasado. También conocí a amigos del manicomio, que me acompañaron y nos acompañamos al amor y la lucha. Al sernos Franquestein llenos de risa y amor, libres, libres aunque el mundo esté lleno de mierda que tanto trató de ahogarnos. 
Luego perdí a K. Eso me trastornó algo. K. ponía en manifiesto en mi corazón todo el fuego de las estrellas, todo el vértigo a nacer de nuevo, a verdaderamente ser feliz y amar y volar tan alto que nunca nos alcance la tierra ni la tumba. Todo lo bello.Todos mis sueños. Pero también el grito de mis fantasmas, de las viejas heridas, del miedo al amor, a la pérdida.  Mi intento de llegar a él del todo. De hablar de forma normal con él por teléfono, sin que se derramara mi voz y mi pensamiento. De poder ir a aquella mar que tanto soñamos y dormir abrazados al borde del fin del mundo y en las olas. Me generaba tanto delirio, tanta presión y fuego y nitroglicerina. que lo apartaba de mí, sin querer. Había estado tan dentro de la escritura, aquél amor nació por quiénes éramos en la escritura, en la poesía. Y con él se unieron en mi corazón los dos mundos, yo llevaba muchos años escribiendo aislada, con una doble personalidad muy marcada, una era la escritura y era la única que me importaba, y la otra era la social, la que caminaba por la calle y esa me la sudaba, así se la comieran los piojos y la partieran los rayos. Pero con él, pude unir por primera vez, mi vida exterior y mi corazón.. el amor con él, detuvo a mis asesinas de mi teatro para locos de la múltiple identidad, porque en sus ojos, todo era vida. Toda yo, era, sin coraza, sin prejuicio, sin hipocresía social. Yo le hablaba a él, como se le habla al diario más íntimo. Él era parte de mi monólogo interior. Le escribí tantas y tantas palabras. Que me fue imposible decírselas al oido. Y cuando lo intentaba, el vértigo que ponía a hervir en mi corazón las antagonias entre la escritura y lo social. Me hacían hablar tan raro que sentía su rechazo como una bomba.
Era una historia trágica. Con un fin trágico e inevitable que yo nunca quise escuchar. Yo creía que llegaríamos al mar. 
Cuando se acabó la historia allá por el 2013. Volví al callejón, volví con furia, al despotismo y radicalidad de la escritura. No lloré. No caí. No tuve luto. Era tan doloroso, que si hubiera dejado caer una lágrima por mis ojos, hubiera muerto. Usé mis sentimientos de tristeza, para darles la vuelta, los asesiné en mi corazón, los convertí en punk, en nihilismo, en cinismo, en misantropía, en dadá. Rompí con hachas el deseo de esa mar y dormir abrazada al amor.  Empecé a hablar de los lobos. Me entregué a nuevas relaciones tripolares e infieles...donde jamás los necesitaría para nada ni me causarían dolor ni amor de entrega ni de necesidad. Porque sólo eran una especie de vibrador con pilas y hachís, en la masturbación poética y de mi venganza metafísica y delirante contra vete a saber qué cielo... .  Pero el dolor no llorado, los sentimientos que degollé, con K. Nunca me dejaron. Construí una rara ecuación en vete a saber qué neuronas y qué lado de la luna, donde todo encajaba en el fervor de un surrealismo insostenible en la tierra. Creo que por esa época empecé a escribir del Éter y de mi país de nunca jamás. 
Empecé a beber vino como si fuera la sangre de cristo y por fin pudiera volver a casa. Tuve borracheras de escándalo público, de catarsis, de peleas con viandantes, de gritos políticos en la multitud. De ladrar a la gente. De mear en medio de la calle ancha. Alguna acabó en coma etílico. Otra en un parque por la noche follando en la fuente de neptuno, con un peregrino polaco. Ese polaco me causó tanto fervor y placer, que seguí buscando ese tipo de placer con X. Por ahí entre playas y hoteles.  Durante un tiempo pensé que ya me había curado, que lo que no supe darle a K. y a mí en K. podría dárselo a otros, porque bajo el caracter nómada y desapegado es más bella la guitarra. Pensé que podría ser una persona medio normal, con el blues, el sexo, los bares, la gente.
Pero luego tuve otra transformación. Ese cinismo me estaba separando del alma. Esos excesos me estaban matando neuronas. 
Y luego mi padre enfermó. Y eso también me trastornó bastante. El mundo dejó de ser un lugar infinito, el horizonte dejó de ser infinito y posible, detrás de todo veía a la muerte carcajearse sobre mi cabeza. Adquirí una manera de andar suicida. Encima del absoluto descontrol y llamas de la deriva.
Y entre tanto me aislé otra vez, más radicalmente.  Y ahora ya no tengo ni puta idea dónde estoy.
En una semana me iré al mar. Un lugar aislado. Pero espero reconciliarme con la sociabilidad, con mi yo desnudo, sin preguntas metafísicas, sin problemas en el fracaso ni en la fealdad ni en la rareza ni en el puño de fuego sobre la mesa de las palabras borradas. Ser como son los peces y los perros. Ser con alegría la decepción del otro, la del futuro del civismo, la propagación de la mar. 
Volver a ser adaptable al esperpento, sin prejuicios de hoguera, sin prejuicios de mi utopía.  Mirar como miran los animales. No andar a la carga de fusiles. Ni al asco todo el tiempo.  Aunque el asco es inevitable en un país, en un planeta, gobernado por la dictadura económica. El asco es honestidad. Pero necesito un motivo para vivir mucho más profundo que los que me ha enseñado la herida.
Creo que hace como un año, me fui de mochila y tienda de campaña, al mar, con la intención, de amar a desconocidos, caminar de nómadas, mandar al pairo a la escritura, y vivir en lo plural. Vino a verme una amiga y tuvimos una pelea que me hizo desear con buque, el retorno radical a mi soledad... volví a sentir la violencia de los humanos y el asco a las relaciones sociales, cuando no hay comprensión, cuando no fluye el sentimiento ni los ojos pueden ser libres.Y allí empecé a escribir Maraiz con obsesión y a no hablar con ni dios, sólo con las lubinas que nadaban conmigo en aquella playa. Luego de aquello, vinieron bares y alegrías compartidas con otra gente. Yo abusé tanto del exceso de ser y no ser y del alcohol, que se me tronó la chola, y volví con radicalismo a mi soledad.  Y los últimos meses ya no lo recuerdo demasiado.  Sé que tuve ese retorno a la mística de mi "locura", luego me volvió el ateismo por urgencia poética. Y ahora estoy entre un camino que ardió y una pluma de pájaro que arrastra el viento.
Kavka llegó a mi vida el 25 de noviembre, el triste día que murió Fidel. Eso fue un cambio muy importante en mi espíritu. Con Kavka volví a amar el monte... y a salir de mis aislamiento de escritura a puerta cerrada.  Además de un sentimiento constante de amor de perros... que ya no me hizo sentirme sola.
Sé que ahora habito un no-lugar desangrado en el pico de las urracas. Un frente de lejanías que vienen desde mi espalda y desde la palma de mis pies, como un jazz de navaja y cavaremos en la tierra la humedad perdida.
Me despierto de un sueño que exponía la soledad de un modo surrealista y figurado... era un objeto y un movimiento que representaba mi cuerpo. No recuerdo demasiado el paisaje del sueño, pero sí ese significado del aislamiento y su grito y su orilla.

Ayer por la noche llegó ella a la casa. Se marcha hoy. Me he despertado sintiendo un desasosiego al saber que su presencia puede cambiar el rito de la soledad en mis ojos. Todo eso me deja un latido de violencia que me hace preguntarme por ésta nueva intolerancia ante el mundo compartido. Y esto no es bueno. No es sano éste apego arisco a la soledad y al vacío, a la lengua de los árboles, cuando el vino ya no recuerda brindar junto a otro corazón. No sé qué vehemente inadaptación se ha adueñado de mi alma. Adiós de bala y grumos de hoguera en el hueco del cielo lleno de tu ausencia.

Algo me pasa desde hace un tiempo... en los nervios, en el poro de la sensibilidad líquida que sobre la carne en llamas recibe el tacto del exterior. No sé si es una especie de histerismo de la utopía de mi complot del verso. Soy mucho más sensible al lenguaje de las invisibilidades. Me llegan como una agresión o como una urgencia de motín. Me llegan en un nudo que refleja 5 verbos. Como una profundidad que desgarra en el suelo de su simpleza, un mecanismo existencial que me agarra en la mente-corazón, toda mi vida, todos mis escritos, en una milésima de segundo que arde. Eso me hace demasiado intensa, y a veces rabiosa e irracional, incapaz a tomar el control sobre el canto que deseo dejar encima.

Necesito un cambio de horizontes. Llevo unos meses, o qué sé yo cuánto, caminando hacia la nada, hacia la suma y cosido, grapa y cuchilla, de todas las despedidas. De eliminar el dolor y los problemas del verbo, alejando todo, dejando en la atmósfera sólo la naturaleza y los perros. Y esa dirección, se convierte en un bucle, en una pasión hacia la luna... y cuando trato de ir en su contra, ella toma motivos ácratas contra el civismo para volver a ella y cada vez con más motivos y más lejos junto a sus lejanías.
He sido feliz en el monte. He descansado, he sentido un mantra de naturaleza, de amor, de motivos para vivir. Un reposo de árboles, de río, de mirada de perro, de belleza, de la sensación de lo infinito, aunque todo eso me sobreviva y yo nunca regrese. Me he dormitado en la hierba. He soñado al saber que pronto estaré en la mar.  Que tiene aún caminos la canción. Que la luna sigue estando tan alta, tan lejos de los dedos.
Hace varios días que no trabajo con lo de Maraiz, ni he continuado el proyecto de ese vídeo-cementerio-de la memoria de la naturaleza muerta de la gente al borde de la ventana.
He estado agarrada por un fuego.
Y sea lo que sea, siempre ha de permanecer la música, la risa,  el mandarlo todo al pairo y carcajearse mariposa y rata, a la flor de luna. Defender a puños y alaridos, la alegría. En cualquier circunstancia. Aunque esa alegría nunca ha de ser cómplice del capitalismo. La gente busca la paz y la felicidad y evitar en todo lo posible el dolor, y eso es un instinto que todos tenemos y también todo animal y planta.... Pero hay ciertas personas que lo hacen de un modo que acaba siendo parte del entramado fascista de la desigualdad social y de la dictadura económica, y su felicidad y su paz, acaba legitimizando el dolor de los oprimidxs. A través de un egoismo, de un individualismo narcisista y avaro, de la indiferencia y de la evasión, de la ausencia de empatía plural, de la cobardía convertida en una forma de vivir,  y propagando desde ella, todo un lenguaje y escuela que da pie a la moral del país que provoca el continuo esperpento político y la ausencia de la dignidad. 

Nos han enseñado la asertividad para tragar mierda y aguantar encima a los multimillonarios. Nos han dicho que podremos llegar a ser como ellos y tenerlo todo. Y en lugar de haber destruido desde la raíz el gérmen de esa avaricia, y usar la escasez como un motor de la reproducción y el respeto a la vida, a la naturaleza y a la igualdad de todxs. Hemos dejado que esa gente se mantenga arriba. Oscuramente la sociedad ha entrado en la guerra y en la competencia y en la gula, de los bienes materiales y privados. Y esa terrible avaricia de los representantes políticos y su modo de gestionar el pais, junto a los bancos y empresas y las relaciones mundiales basadas en la dictadura económica donde la vida de la gente ya no vale nada, porque somos mercancía para ellos, se ha hecho un reflejo en la gente de a pie de calle. Se ha asimilado esa realidad que por otro lado la bombardean con la confusión y la incoherencia y la manipulación mediática y cientos de frentes informativos sesgados, donde ya no existe, la filosofía,  ni la honestidad en los debates políticos, donde todos son unos vende-banderas, verduleros y farsantes que no hablan a la inteligencia, no hablan usando los significados ni las palabras, ni la razón, ni la verdad, hablan para idiotas, para compra-banderas y compra-repollos. Y de las escuelas y universidades, no salen libre-pensadores, no sale gente de conocimiento ni criterio propio, salen robotizados asimiladores e ilustrados de la prisión. Sale carne de matadero para seguir propagando el esperpento desde la solvencia de la burguesía.
He estado un ratico en el corral con el perro.. y los gatos estaban dormidos entre la hierba, es tan larga que casi no se les veía. Al jugar con Kavka recuperé la alegría y la esperanza. En sus ojos, en su hocico, en en nada de él, había ni un resquicio del capitalismo ni de ningún mal, todo en los perros, es el camino de la utopía, todo en los árboles y en la hierba, en los gatos y en los ratones. Jugando el perro me tiró al asfalto. El asfalto del patio, es casi ya un prado, la hierba y las plantas lo han roto,  y yo nunca cortaré ninguna de esas plantas, ni las ortigas. Cuando riego también las riego a ellas. Y desde el asfalto, vi unos agujeros profundos que nunca antes había reparado en ellos. Y eso me hizo reír, porque fue la lluvia, fueron las gotas del tejado, eso me provocó esperanza en la vida y en el futuro.
En unos días me iré a la mar.  El texto que empecé antes, lo empecé con la intención de no hablar durante un rato de la rabia política. Pero no sé en qué momento empezó a llegarme y ya no lo pude evitar. 
Desde hace unos días, veo el capitalismo en todos los sitios. Veo sus artimañas, el reflejo que se ha inculcado de forma subliminal en toda la gente.  Veo el proceso de involución histórica y de la vida, de Durruti muerto, de muerto el Ché, de usurpadas las tierras indígenas, veo los templos celtas destruidos bajo los crucifijos. Veo el ausente jabalí, lobo, oso, los ausentes peces en el río, en el río en el que ya nadie nada porque está contaminado, el río en el que hace 50 años la gente bebía de él. Y en la llanura tan verde y bonita, veo talados los tilos, las hayas, los fresnos, veo que hay menos mariposas y saltamontes.
Veo esas chimeneas por las que ya no sale humo de madera, sino humo de gas de guerra, de gas de muertos, de gas de imperialismo y dictadura económica. 
Y tras las vacas y las ovejas tan bellas correando por el monte. Veo monedas y billetes en la sangre que las usa como mercancía en un matadero que no puedo dejar de oir. 
Y cuando voy a comprar pan, la moneda me quema el corazón. Y todo lo que veo en esos estantes cagados por el culo de un robot me hablan a gritos del capitalismo. 
La gente ya no se reúne sentada en la acera... o panza arriba en la hierba, o a la vera del río o a trepar el monte. Se reúnen en bares, en centros comerciales, tras un televisor, en casa a puerta cerrada, entre paredes. Y si se reunen en una plaza alguien llama al 091
Y es muy sospechoso un tipo que lleva una mochila, muy sospechoso alguien que va solo y que camina despacio y a ninguna parte y que está mirando una hierba o a la luna. Mucho más sospechoso si es inmigrante, si es gitana, si va vestida pobre, y si se ríe. Y entonces la policía viene a pedir la identificación.
Me duele la cabeza... acabo de comer un poco de puré y pan. Me duele algo abstracto, difuso, que no parece que sea mío y que sin embargo siempre me ha señalado con una metralleta desde mis entrañas.

Creo que en el fondo he nacido extremadamente frágil. Por eso me armé de callejón y a la vuelta de la esquina hay tinto, no te vayas a preocupar. 

Aunque luego me hice tolerante al esperpento. Eso me metió dentro un desencanto multiplicador a la flor del tango entre tus botas y ese charco de sangre bajando por mis lirios.

Y de sumar derrotas, llegué sólo a las cuentas de la mar. A ella fue cada cosa que tuve y que quise tener.

Del desamor, mi utopía.
Del desprecio de toda esa gente, canto de amapola, barco y adiós. 
Porque queríamos volar tan alto como las estrellas, vimos miles tumbas aullando dolor y rabia, y el olor a podrido se hizo insoportable. Porque queríamos la luna, distinguimos las prisiones y el nombre de los cadáveres que quisieron desaparecer sin que nunca conociéramos su historia. Porque nacimos de los olvidados, de los que perdieron la guerra.  Porque preferimos la locura a una cuenta corriente que nos corrompiera el alma. Porque preferimos mendigar y andar al cachivache y a la tropelia, que darle nada al patrón, ni ganar nada en los burdeles del capitalismo ni tener futuro junto a él.  Porque nos señalaron por desechos sociales, vagos y maleantes, aquellos que perpetraban el parasitismo de los políticos corruptos, verdugos y de los reyes,  y su andar de cuclillas y arrastras poniendo el culo, como si fuera un ejemplo de lucha y dignidad, y su hipoteca y propiedad privada, sin haber comprendido jamás la historia de los que un día se levantaron e hicieron posible la poca libertad que hay ahora y de la que tanto alardean ellos sin distinguir a lxs presxs y condenadxs y a hambrientos y asesinadxs que se cobra su sistema.
Hoy he sentido un pavor abstracto, un recuerdo rizomático muy primitivo.  Que me llevó a muchos lugares como un mapa de absenta y queroseno y colibrí. 
Algo de mi náusea, algo de mi mareo, de ese despegarme de la tierra y quedarme como hoja de aire, como barco sin mar. Algo en mi mecanismo de amanita y de mandíbula de lobo, que me vino desde que era  niña.  Algo que de esa forma tan extraña siempre me obligó a buscar la verdad aunque fuera en el infierno y en la locura.
Algo que a veces no supe decodificar en el entorno social y político, porque ese algo con lo que nací, también me provocaba una especie de autismo.
Y durante un segundo lo vi todo de una forma tan nítida que aún no conozco ni una de sus palabras. Y luego dije en voz alta "abuelo qué le hicieron a tu niñez, abuelito" Durante un segundo lo vi de niño en mi corazón, y comprendí los delirios de su vejez, lo que me molestaba de su caracter, al saber que esa terrible violencia del franquismo y de la apestosa gente que lo defendió y que ganó y que se quedó décadas hablando desde la hipocresía y el mal y que aún sigue. 
Porque no sé aún lo que comprendí en esos segundos, pero era una lectura rizomática de la violencia, de la violencia en los distintos mecanismos de su expresión.. que la humanidad construye aunque sea bajo la apariciencia de la afabilidad y el civismo. La violencia del yo, del ego, del mío, del tuyo, la violencia de la fanta de principios, la confusión manipuladora de la moral nacida por y para los que ostentan el poder. La violencia del tragar mierda y ser un total lameculos con el que jefe que te humilla y luego ejercer esa violencia a alguien que está indefenso ante ti. La violencia del falso amigo, de cualquier camino si implica el dinero, la violencia del amor posesivo y romántico, la violencia de los enfermeros y psiquiatras en los manicomios, de la policía, del vecino,  del frío de la gente, de su miedo convertido en prisión y en condena, de la ausencia del amor. La violencia instituticional para que no haya verdadera cultura ni conciencia.  La violencia contra la naturaleza y los animales. La violencia cuando la vida humana es mercancía en manos del capitalismo.
Hay algo terrible que sólo cura la conciencia, la cultura y el corazón y su música. No la cultura de las universidades, ni la reglada y alabada por el sistema capitalista, esa te puede convertir en un completo idiota ilustrado y con título para mirar por encima del hombro a los demás.. y compadecerte con desprecio de "lo brutos que son estos galos"
En los seres humanos, cuando hay remordimientos y contradicciones en la conciencia, algunas adquiridas directamente por la sociedad y el país y la familia, y en lugar de arreglarlas e ir hasta el fondo dentro del fuego y el aullido de los pájaros..., se les da más motivos, se las acepta como el molde, como el papel donde escribir.  Y te buscas gente que también tenga esa moral de ambientador-pur para seguir reflejándote y bebiendo de esa úlcera con puro placer y cada vez acrecentar usando la mierda, una moral perfecta, un modo de vivir pleno, levantado desde una tumba.. y las haces tus amigos, tu gente.  Construyes una moral de tampón y de estreñimiento sofisticado y violento. Hipócrita. De esa terrible hipocresía donde matar por deporte y placer a un animal es algo de lo que enorgullecerse y sacar la foto. O hacer largas teorías y carreras sobre la arquitectura, las nuevas tecnologías, ingenierías o hacerse dentista y psiquiatra y blabla viviendo una vida muy satisfecha, sin pensar jamás en lxs oprimidxs, ni en la necesidad de cambiar nada, sin mirar con la política y el rizoma, sin mirar el hambre. 
Donde es algo completamente filosófico y razonable decir " a los de la eta hay que pegarles un tiro porque la vida es sagrada"
O "yo no soy racista pero..."
O vivir de la vida de la mar y amar la mar...pero saquear y arrasar su continuidad por el mío mío. No exijir meses de prohibición total a la pesca para todos, y que haya mientras una pequeña paga para comer... y  se reproduzcan mejor los animales... y la vida y haya esperanza para el futuro del mar y de todxs...... Ese lo pillo yo porque sino me los pilla otro.  Esa gente que mata una estrella de mar para secarla y usarla como adorno. Esa gente que saca un pez que no es comestible y en lugar de devolverlo al agua lo deja morir entre rocas. 
O los ganaderos... que provocan incendios y destruyen los bosques y las montañas que necesitan para sacar mejor producción, y cuando defienden el asesinato del lobo y su caza, hablan con la boca llena de los derechos y de su vida, de la vida de sus animales,  animales condenados a ser mercancía económica. 
Y toda ese gente que sale a pedir sus derechos porque les engañaron los de las preferentes y los bancos, pero les engañaron por su codicia y porque sólo un tonto cree que va a sacar beneficios con los bancos y que son de fiar....pero no salieron en cambio en las manifestaciones de STOP DESAHUCIOS. 
Toda esa gente que no busca la otra versión, que no quiere escuchar la voz y los motivos de los presos políticos vascos o lxs anarquistas. Y saca su dedo señalador en nombre de la paz social. Que tienen una ignorancia e incultura tan osada, que no pueden reconocer la ignorancia para nutrir el pensamiento. La ignorancia es un don, es totalmente necesaria, porque el desconocimiento da lugar a la búsqueda del conocimiento y abrir las barajas y a mirar y leer todas las cartas, el desconocimiento nunca se sacia, siempre empuja a caminar. Pero esa gente es presa de la ignorancia porque en lugar de buscar por sí mismos en su fondo, toman los eslóganes del exterior para sentirse seguros y menos idiotas, aunque se vuelvan autómatas.
Toda esa gente que habla en contra de Venezuela y no sabe ni su historia, ni ha escuchado nunca al pueblo venezolano, ni a los pobres, porque ni siquiera ha escuchado ni ha mirado nunca al pobre que pide en su puerta. 
Toda esa gente que juzga de antemano con el terrible prejuicio de su ego y de su cadena y ni siquiera la ve pesar toneladas en sus brazos. 
Esa oscura gente que se dice un defensor a ultranza de la democracia y la justicia, y celebró la muerte de Fidel, en nombre de la paz y la moral de su asquerosa democracia cuando tras ella muchos son condenados a la miseria y a la exclusión económica de la justicia y de la dignidad pero no miran ahí... Esa gente que amparó los crímenes nazis con total falta de conciencia es la misma que ahora, porque aquella sombra nazi sigue viviendo a puerta cerrada en todos los paises. Esa gente que va a ver cómo condenan a muerte a un preso detrás de una ventanilla de cristal porque así defiende el derecho inquebrantable a la vida. Y a lo mejor cabe la posibilidad de que el que tengan delante sea un inocente que tuvo la culpa de estar por allí y ser negro y pobre, pero la policía necesitaba cerrar el asunto para hacer bien su trabajo y ya nadie hizo preguntas. O toda esa gente que cuando hay un crímen o un robo, piden y piden años de cárcel, sin saber nunca quién es esa persona y porqué lo hizo. Sólo leyendo lo que dictó la policía y el periódico perteneciente a una multinacional y a intereses privados de partidos políticos.
Y  podría seguir poniendo ejemplos, hasta entrar del todo en el llanto. Ojalá no conociera tantos y tantos. Ojalá pudiera haber escrito sólo dos líneas.
He hablado con mi viejo, y saqué el tema de la vecina y los gatos, y le hablé de lo que dijo Rulfo "gente aparentemente amable escondían asesinos dentro". Le hablé de los mecanismos nazis, del ensayo de la ceguera de Saramago, de la oscuridad oculta entre perfume, de la extrema derecha que resurge, le dije que en el fondo tengo mucho miedo a los humanos y que eso no lo sabía antes, mi angustia y misantropía y rechazo social oculta pavor al mal terrible de los buenos ciudadanos que hizo daño al lobo de Gubia.
Él me dijo no les des tanta importancia, si hay una mosca cojonera al lado pues la dejas estar, si acaso es una avispa pues la echas con un trapo. Yo le dije, que ahora mismo la mínima cosa, me lleva a lo existencialista y filosófico, nada lo puedo dejar estar sino es con un caracter político universal. Y me habló de otro tipo de cosas que me puso algo furiosa, por ese mira a otro lado y darme consejos. Le dije "no me juzgues ni me desanimes, tú deberías haberme alentado a haberles amenazado con quemarles la casa si le ocurre algo a un gato, no a dejarlo estar" Y él dijo "eso, y luego todo el resto del pueblo y a quemar el cementerio por si acaso a algún muerto le da por resucitar"
En un rato mientras me hablaba y me cabreó estaba poniendo la comida y al echar sal a la pota, con la mala ostia creo que le eché dos veces más de la cuenta. Le dije "nos han enseñado a callar, a bajar la voz, a no meterse en líos, pero hay una cosa que se llama DIGNIDAD y muchas veces cuando se sacan los colores de la mierda que la gente oculta en el cajón, la próxima vez hacen menos daño a otros y empiezan a darse cuenta que huele muy mal en su corazón y la transforman o al menos les da pudor enseñarla aunque les siga envenenando el alma.
Hoy había salido contenta, medio filántropica y sociable y me dio por hablar con la vecina del nombre de las flores que estaba regando. Y me sacó el tema de que los gatos le estropean todo. Yo le dije "son gatos callejeros que vienen y van, yo les doy de comer porque sino muchos morirían" Me dijo "pues no les des de comer porque se nos llena esto de gatos" Y fui a por pan, pensando ya de mala ostia en todo eso, enfadada conmigo por no haber expuesto más los motivos y la rabia creciente de mis abstractos. Con el tema, recordé que ya les tocaba un saco de pienso y se lo traje. Y se me metió el miedo de que pudieran echar veneno en el patio y matarlos o  matar a mi perro. Al volver abordé el tema, le dije, los gatos son vida, como los jabalíes y los lobos y los ciervos que hay en el monte, como tus flores, yo soy defensora de la vida animal y les doy de comer, cuando no les daba de comer estaban esqueléticos y enfermos y me daba mucha pena" Ella me dijo que lo cagan todo y es ella la que tiene que limpiarlo. Yo le dije, bueno éste es un pueblo de ganaderos y antes siempre había mierda de vaca en las calles.. y más daño son los tubos de escape en las ciudades. Ella se dio por aludida con lo de las vacas y dijo "yo soy ganadera pero mis vacas no se meten en el terreno de los demás" Yo le dije "estos gatos son de sí mismos, no son de nadie, no entienden de propiedades, son vida, tan sólo vida libre"
Pero todo esto lo hablé en una voz indefensa, jodidamente dulce y vulnerable. No lo hablé con violencia y con intimidación, lo hablé con sentimiento, con afafilidad, con puta ciudadanía.
Y eso me dejó dentro la violencia. Y el reflejo de la puta violencia de ese tipo de humanos.
El saber de esa jodida hipocresía, de tener florecitas en tiesto, pero no valorar para nada la naturaleza ni la vida animal y salvaje. El que la calle huela a perfume aunque haya una gran peste en todos los ayuntamientos y bancos. El tener vacas para sacar dinero. Vivir de los animales, pero no defender la vida natural que hace posible la continuidad de todos, ni de los árboles en los montes, los ganaderos causan muchos incendios y tropelías por su beneficio. El leer en sus ojos, el deseo de matar a esos gatos, para que vivan florecientes sus flores de tiesto. Todo esto me causó una náusea existencial, un grito de rabia y de espanto, de mucho miedo a los seres humanos. De rabia contra mí misma por haber sido asertiva, sabiendo lo que leí en esos ojos. Y un deseo que me recorrió de quemar todas las casas del pueblo.. y estallar.. un deseo censurado que se me ha quedado dentro como una garrapata.
Ya tengo que salir pronto con Kavka al monte.... Siempre tengo la sensación de que se me sale volando por los aires el tiempo y que nunca lo alcanzo.  Que no me dan las horas ni la vida, para hacer lo que quiero hacer. Y sin embargo puedo estar mirando un insecto, 20 minutos. Y aguardando un jazz entre las semillas del chopo que flota. Sin hacer absolutamente nada, y sientiendo que es del todo imprescindible. 
Amo tanto la vida que a veces he sido una macabra suicida conmigo por ese incontenible amor a volar junto a los dedos de las estrellas.
Amo tanto el perfume de la hierba mojada, de la inmensidad de los ojos de los perros y ese amor invencible y eterno que nunca conoció mi piel pero que mi corazón latió infinito donde la mar sí lo había alcanzado.
Amo tanto la esperanza de los que nunca han tenido patria ni hogar pero que han estallado la pasión de las guitarras como batiscafos de luna.
Amo la alegría de los pobres y de los parias, tanto, que mis ventanas aullan lobos blancos a los pies de la nieve.
Tanto el sueño de Durruti y de todxs lxs hermanos que empujaron la historia y lo Imposible, ya realizado en sus venas.. que a veces me doblo de la amargura de la memoria de la tierra. Y me desgarro de espanto por tener ojos.
He estado hablando con la casera, de ese pueblito desperdigado a la vera de la mar. Hemos hablado un montón de historias, medio conversación de lubina y medio de besugo. Yo a veces cuando hablo con señorinas viejas con olor de mar y sabiduria de miles de caminos que no llegan a ninguna parte pero que valen la vida y la canción, me sale una voz de maruja inocente que trata de seducirlas hacia la bondad de los monos. Ella me dijo que como yo le he caido muy bien no nos va a hacer reserva.  Yo le he hecho preguntas como si ella fuera el Trivial de los cangrejos, preguntas sobre cuál es el mejor sitio para nadar si hay marejada, dónde están los pedruscales dónde van los pescadores, si se ven estrellas de mar y pulpos, dónde cae el sol. Ella me ha dado el nombre en gallego de los nombres que le dan a las distintas zonas de los pedruscales, y cuando hablaba yo callé, y me dijo ¿sigues ahí?  y le dije, sí es que lo estoy apuntando todo porque me hace mucha ilusión.  Aunque luego siempre se me olvidan los nombres y sé que no volveré a leer ese papel nunca más.  Ella me dio explicaciones para llegar al pueblo, y yo le decía, ajá, sí, sí, muy bien. Explicaciones que luego se me olvidan, y acábamos llegando tirando pa alante en la carretera y preguntando a los vecinos, pero sólo asimilando el primer mapa de la dirección, porque como nos digan, todo recto la primera a la izquierda, luego si ves una calle que cruza por la plaza tirais a la derecha y ya seguis un kilómetro hasta un bar y bajáis dejando el bar a la izquierda...y ya imposible, nos quedamos con la primera vuelta de la esquina y luego ya volvemos a preguntar. Que hemos quemado muchas neuronas en las fiestas de la medianoche como para andar llevando un mapa encima y cargando la memoria. 
Luego le dije que yo soy de pueblo como las amapolas y que me gusta mucho por eso Mórdomo, ella dijo "Mordomo". Le dije "cuando voy a la ciudad me pongo muy triste con todos esos edificios tan feos, y la mar, sólo la mar devuelve la vida" Y ella dijo "verás que contenta vas a estar aquí"
Y blabla, luego le dije "bueno que ya te estoy mareando, quedamos así, te llamo el día antes" Ella me dijo "no me mareas y blabla" Pero me estaba mareando yo a mí misma.
He cogido frío por la noche, me he despertado cubierta sólo por el edredón y con tos de camionero. El tabaco es una mierda, pero cada vez que he intentado dejarlo, he vuelto a fumar más. Fumo la ostia, no sé si porque alguna vez fui yonqui de otros gritos, si porque la angustia de los manicomios y sus bailes de noche servida al puñal y a la flor se quedaron como una absorbente prisa en el vacío de mis manos. Si porque en aquellos lugares fumábamos como si fuera la luna la que entraba dentro, como si así contener cuando los muros arden, la sombra olvidada.  Pero lo que mata nunca es el tabaco... lo que mata es estar vivos.  Y lo que te mata cuando aún late el corazón y se mueven tus pasos, es no luchar por tus sueños y no pelear la libertad.
Me despierto y he olvidado lo que soñaba.  Subí las persianas, calenté el café, le di el desayuno al perro y salió al corral. Y el rito de siempre del despertar.  Pensé en él con alegría y gozo, cuando aún no había saltado de la cama. 
Anoche tardé en dormir, me agito demasiado, elaboro escritos en una especie de diálogo interior que se vuelven utópicos y urgentes y en lugar de darme sosiego y llenura, me dan sed, me abren el pensamiento y el latido a la acción y me desvelo. Anoche la voz era tan inspirada que luego se me olvida y sólo me queda la sombra y el grito del verbo, pero la elaboración del lenguaje se pierde. Y esto me ha recordado un sueño, yo hablaba con un hombre que me gustaba por teléfono y hablaba con la misma voz con la que construyo la escritura y mientras hablaba me di cuenta de que hablaba sin pavor ni metalenguaje, ni mi timidez lunática, ni el desborde de usar palabras surrealistas y raras cuando me pongo nerviosa, pero al darme cuenta de que hablaba como amaba hablar me puse nerviosa, y apareció en el sueño una persona que me dio otra voz y se jodió del todo la conexión.

He tenido que bajar a por el perro, porque había una gata muy bella, del color de la ceniza, de mala manera sujeta en una alambrada muy estrecha para protegerse del perro, y aunque el perro sólo quiere jugar, la estaba asustando. Daba saltos hacia ella y corría en círculos, y hacía quejidos porque no la llegaba y ladridos.
Ahora busco la evasión de mi pecho, frente a una nube de calima que me contenga, al beso de la mar y la tierra mojada.. Al canto de esos pájaros, a mi casa serrada en ese aire de cromática verde, de latido de montaña, de adiós.
Me busca ahora el ronquido solitario, el olor de sidra de habitaciones vaciadas. El atardecer entre crujidos de tejo, y un mundo que no puedo abarcar, temblando en los balcones.
Es rara ésta necesidad de anestesia. Que vuelve a abrazarse a un cuerpo cálido de olvido.
Lo hago porque sino mi pecho estalla de lo que aún no ha ocurrido. Me recorren calambres que me pulverizan de la ausencia de la plaza en llamas, de mi mano sin rosa y sin piedra.
Tal vez ésta necesidad de evasión, fue algo adquirido por la cultura. Fue lo que me llegó a golpes, a tierra de fracaso, a haber nacido en la generación de los centros comerciales y el tenerlo todo, sin tener horizonte ni orígen, ni la memoria de los fusilados.
Alguna vez, no lo pude contener, no pude evadirme de nada, no pude huir de la voz de la conciencia y del desgarro, del grito de la injusticia y del asco al capitalismo... y me volví loca, ya no me amparaban las palabras, ya no me sujetaban las líneas de fuga del tiempo en los calendarios de esa sociedad y del supuesto futuro, y salí a la calle en busca de liberar los gritos y la revuelta, justo ahora, porque sólo existe el ahora, creyéndome un invencible don quijote.. y acabé en la comisaría y luego en el manicomio atada en una cama, ciega y rota de drogas psiquiátricas. 
Y ahora cuido mi cordura, reprimiendo mi corazón y mi aullido, no mirando demasiado a los hambrientos, a las guerras y a los crímenes del capital y no ejercer el derecho de la solución directa. La que es uno más uno, es igual a la muerte del rey, y dos más dos son  todos los bancos destruidos, porque la suma del pueblo, es la resta absoluta del capitalismo y sus gobiernos e instituciones del fascismo económico.
Pero me doy un lugar para la fuga y el cerrar los ojos.... e irme con mis arañas de aislamiento. Pero sobretodo reprimiento el Acto que me dicta el corazón. Porque su Acto, se parece a mi muerte y a mi suicidio. Y esto es lo que he adquirido desde niña, a través de la sociedad y de mi experiencia empírica de las detenciones y violencia que recibí por seguir mi corazón y su reclamo.
Todo esto me pone en una rara contradicción. En un problema de conciencia.  Que mezcla mi autismo social y lobos esteparios y piel de arena y ceniza y llamada de la soledad. Con mi sueño y amor de humanidad libre y lucha y revuelta hacia los sueños y la justicia. Mi escritura me la pone en la mesa, como humo y fuga y quimera y farol. Y mi corazón se arde, entre el desgarro de saberse traicionado por mí y desencajado por un mundo al que no supe pertenecer.
He estado por el otro río. Feliz. Absurda. Correteando. Y luego me metí río abajo y llegué a un lugar donde la vegetación hacia una especie de cueva abierta y el paisaje se volvió ardiente, me quedé hipnotizada mirando unos chopos que al principio me parecieron poderosamente amarillos, y luego empecé a verlos verde y durante unos segundos todo era verde, las rocas de las montañas, las flores, las piedras y la tierra, miles y miles de verde, y hasta el cielo me pareció verde, un pigmento del verde infinito de verde, eso me causó tanta alegría que grité muy alto "el cielo es verde, jódete raza" y eche a correr de pura alegría y el perro vino a morderme y jugamos. Y tenía un deseo aún de gritar, cuando se grita porque sí, se halla un placer de libertad, porque no es habitual, reprimimos demasiados alaridos..., porque la sociedad nos ha ido imponiendo hablar en voz baja y sin molestar y guardar los gritos de puerta para adentro, y entonces estuve un rato imitando el aullido de los lobos y los kakareos de gallo raro medio perruno... y Kavka ladraba a mi lado. Eso me hizo soltar un poco de adrenalina y relajarme. Y luego a la vuelta, al pasar los túneles de las cloacas, había otro túnel de otro puente del río, y un camino de piedras a unos metros de altura del agua.. y quise ir a ver dónde acababa con la idea de luego tomar el río y llegar a casa primero. Y me metí en un sitio de tierra fanganosa y ortigas.... y se me iban cayendo los pantalones porque me quedan grandes y pensé que si los mojaba entonces se me irían río abajo ya de forma inevitable.  Pero me metí por un prado, había que trepar unos dos metros, pero había unos pedruscos que hacían de escalera. Le dí un empujón a Kavka porque estaba patinando. Pero allí no había salida,... era una finca llena de ortigas y cicutas, cerrada a muro y candado, llena de inclinaciones y montículos de escombros de naturaleza muerta. Y tuve que desandar el camino, agarré a Kavka en brazos para que no se me descalabrara al bajar. Pero me gustó estar allí, cuando era guaja, hasta que no saltaba el muro para ver lo que había detrás, no me quedaba en paz, y me encataba entrar en lugares derruidos y olvidados.
Antes en el prado... vi una mariposa completamente negra, creo que nunca antes había visto una mariposa negra, estuve corriendo tras ella, ella se paraba de flor en flor, y yo iba como niño que persigue palomas, parecía a veces un murciélago, a veces un ave clandestina.. y sus alas abiertas tenían forma mágica, era tan hermosa, aburrí a la mariposa de huir de mí, y se paró oculta entre la hierba, y cerró sus alas, y así cerrada, tenía un aspecto de avión de guerra, rectangular con el pico a punto de eclosionar a la tierra entera. 

Luego vi otra libar una flor blanca, ella era naranja y negra, estuve a un palmo, acuclillada para verla de cerca y no se marchaba, se columpiaba con su lengua libando el pólen y sus alas medio abiertas.. y sus pelos de gusano y sus ojos por el que caían todas las estrellas.


El aislamiento me provoca una contradicción perpetua.
Todo lo que he dicho, ha nacido, en su agujero de gusano.
El aislamiento me obliga al narcisismo de rana y de ratón. De espejo de absenta, de uña partida de águila. De mi cementerio de amor y suicidio. De mi "oh yo, oh vida", atado a las pilas del capitán garfio al fuego de los delirios.
Porque sé que el único camino, es la libertad y destruir las prisiones que la dictadura económica está llenando de cadáveres y de injusticia social esposada a la jerarquía del poder y sus verdugos.  Sé que ese camino es colectivo y rizomático, y que su lenguaje es el ACTO y no la teoría ni los rollos patateros de la palabra que nace sentada en una silla.. No es el ego de ningún individuo,  sino el corazón armado por lo plural, para lo plural que devuelva una individualidad liberada y consciente. 
Lo sé con el latido y con el pensamiento, con la razón y con mi locura, con mi pasión y con las huellas y el horizonte y la guitarra y el cuchillo.

Y sin embargo, estoy sola, y busco mayor profundidad en mi soledad y en mi vacío. 
Y separo mi camino de la humanidad, porque me siento muerta cuando voy a su lado. Porque me siento robada, porque han sido muchos años, abrazándome a los árboles, para borrar el frío y la arista que bebí de las pieles humanas. 

Porque yo también amo el amor de los marineros de Neruda. Y se me rompen miles de buques de blues, cuando veo a dos guerrilleras zapatistas junto a hermanos, riendo a carcajada, a vino tinto, mientras un fusil a su lado reposa, sabiendo que defenderán la luna, aunque valga la pinche madre y la muerte. 
Porque lloré gasolina escuchando a Galopar cuando tenía 15 años y los caballos aún andaban a callejón y plaza.

Pero algo pasó conmigo. Algo perverso de poema acuchillado. De huesos en mis manos sin carne con rosa asfixiada en mi espina. Algo en la luz de lava flotando en la periferia del manicomio. Que me obligó como se engendra un suicidio a escribir mi pared y mi espada, mi grito derramado al pie del vacío, al abismo de tierra perdida. Y hoy seguir, es cavar. Llorar cielos de nitroglicerina en un papel roto en mil pedazos y arder ciega, al grito sordo, de mis olvidadas.
Hoy he corrido por el prado. Abriendo mis brazos como un helicóptero, corriendo en círculos, yendo bajando a la cuclilla y luego al salto, chocando con Kavka y rodando los dos por la hierba. Hoy no me dio la tos ni tuve que sentarme. Tenía un grito de angustia, de tierra perdida, de corazón herido por el asfalto, por lo que no debería de haber nunca perpetrado la civilización. Un grito de espanto,  porque existió Hiroshima rota por las bombas, porque existió Auswitch, porque la URSS se perdió en ella misma también y usó armas fascistas. Porque el soldadito Boliviano mató al Che Guevara y a su propia gente, con balas made in usa. Porque mataron a millones de indios y plantaron allí crucifijo y bandera y levantaron prisiones e hicieron esclavos y extinguieron a muchos animales. Por lo que hicieron en La Moneda, por lo que siguen haciendo en los lugares donde la gente levanta la dignidad y el puño. Porque los fantasmas que un día volaron sobre Nagasaki, o torturaron en campos de concentración, o quemaron a alguien en la hoguera, o mataron a palos y descargas eléctricas en prisiones, no han sido extinguidos, no han sido superados, siguen terriblemente vivos y cuando llegue esa ceguera que escribió Saramago abrirán los ojos para volver a devorarnos. Porque esos terribles montruos son alimentados por la dictadura económica que rige nuestros días y pueblos.
Porque tenía mucho miedo y  correr junto a Kavka, perseguir una mariposa, morder y ser mordida en la risa de los perros, gritar tan alto como pude onomatopeyas y alaridos, fue lo único que podía calmarme para poder seguir el camino sin pulverizarme.