HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llego ahora con el perro. Cansada. He caminado la ostia... aunque feliz, una zona alejada, con chopos inmensos... silencio y olvido, el amor de la naturaleza, el reposo de los que no van ni vienen... El perro al llegar bebió y comió y ahora ya está dormido.  Llego vacía de palabras pero en paz de significados. Me he abierto una cerveza. Y cuando la acabe voy a descansar también.
Ahora no tengo ni idea.
Un amor de chocolate y mecheros, separándote de la arquitectura de mi lágrima. Amando donde jamás habrá testigos y la palabra no se molestará en recoger tu semen ni tu sangre.
Diez vagabundas en el fondo de mi vaso... cantando la serenata del sol, encima de una barca vacía a la deriva.
213 muertos rompiendo las paredes.
Y mi espanto de tendré que cortarme las venas antes de abrir los ojos dentro de esa tumba.
Y mi esperanza de tendremos un navío de luna llena y no quedará vivo ningún burgués. La mar liberada nos tomará en su seno y seremos viento insolubre más allá de la atmósfera.
Mi habrá que echar rastrojos y drenar el río en la cicatriz de la ruina. Enterrar a Venus entre cadáveres de cabra y desangrar por nuestras venas el fuego y las cajas de madera que ocultan tu flor.
Mi alma gemela en la ventana de un presidio, llena de niebla, alentándome para que las dos muramos antes de que vuelvan los salmones.
Y ese lobo negro, entre mis pedazos, juntando violines, con pozos.
Mi todo y mi nada, en la pupila de la libélula que cruzó sobre nosotros cuando nos amábamos en una hierba que tragaría nuestros secretos.
Mi ya ha sido demasiado... sólo quiero, jamás volver a ningún sitio.
Mi, nunca he conocido un amor que durara más de 11 minutos y en algún sitio me espera.
Vivo sobre algo que no es palpable ni legible. 
Soy alguien llena de picos entre elipsis, hogueras y cementerios.
Tengo muchas historias que nadie se cree, excepto la mariposa que penetró el cristal.
Caigo del infierno a un vaso de coñac.
He tenido casi todos los vicios que se pueden tener. He sido una jodida exagerada y peliculera, del fuego fatuo de la tumba. He sido extremadamente sexual y pornográfica, y todo lo contrario, en el bosque sagrado del salitre y del silencio.  He tenido una insaciable atracción al orgasmo, y también he sido asexual como el muérdago y el rayo y la vírgen maría.
Fui obsesiva con todo lo que amé. Yonqui, con el hachís, la coca, las plantas de los indios y el alcohol. Y también fui exageradamente abstemia de todo eso durante años. 
Fui hasta ludópata. Me ponía como loca con las máquinas tragaperras. Y hasta una vez fuimos, tres amigos del manicomio a un casino y nos echaron.. una noche muy cómica y surrealista. 
Fuí creyente de todo lo imaginable. Y jodidamente atea, hasta el suicidio del amor y de la condición humana. 
Fui tan triste y trágica, que traté de matarme y casi lo consigo. Fui tan jodidamente triste.. que hubo épocas que ni siquiera hablaba, ni escribía apenas, me quedaba horas como un muertoviviente, mirando la pared y el techo. 
Y fui tambien tan jodidamente optimisma que me entraban ataques de risa en los entierros.
Amé con delirio desde el extremo del romanticismo. Y lo hice luego con el cinismo y el amor libre y el márchate cuando venga el sol. Y luego con los amores perros. Y luego con la nada y el polvo del piano sobre las algas.
Sufrí duelos, de whisky, duelos de mármol, pozos y llanto. Duelos de carcajadas de lombriz y tráete marihuana y una pala para sacar tierra. Duelos de ya estoy muerta. De llantos inconsolables durante 1000 noches. Y de sexo en el servicio de un antro. Y uno de los dos al menos ha de morir.
Sufrí la melancolía de Marte y del 36. La de los impostores. La de los que van a volarse con dinamita en el ayuntamiento.
Sufrí mi puta identidad desde la identidad de una cucaracha y un duende. Desde la del estramonio y el agujero negro.
A veces creí que yo era un animal y me viví con su sangre tapándome los ojos y la boca. A veces me creí hermana de la luna. A veces un vómito de vino en tu cama de muerto.
Kavka se ha despertado y hemos estado jugando... al agacharme para rodearlo me he caido y hemos rodado por el suelo. Luego lo aprisioné con mis piernas y se puso a ladrar y reímos y nos mordimos y fuimos felices. Kavka es para mí una bendición. Es un ebrio motivo de vivir. Es el constante recuerdo de la alegría, de lo sagrado, de lo libre. La verdadera empatía. La más hermosa de todas.
Lo único importante, es reír. Todo lo otro es mortal y está lleno del peso de quimeras y falsos argumentos.
Me dedicaré a gozar la metáfora donde coño esté. Si me afecto del mundo de los humanos, es que he dejado que su mierda me manche y me corrompa.  Si me jode algo del exterior, es que he permitido ser presidiaria de ello. Si defiendo algo del exterior y de la hechura, si lo necesito, si lo quiero salvar, también me he vuelto una condenada.
Si yo me afecto de una necesidad. Me haré la amargura cuando esa necesidad no se cumpla. Me haré dependiente de ella, violenta y vieja.  Estaré enfadada. Estaré deseando descargar la violencia. Estaré como una pistola en manos del mal y del error. Porque habré levantado la prisión, y me haré un puto soldado de las dictaduras de mi idealismo. 
Los animales no son así. Los animales beben la vida, aunque estén sobre las ruinas. Los niños también son así. 
Cuando yo estaba loca, también era así.
Ahora tengo que volver allí.
Ser libre, es ser libre de mí misma, sobretodo de mí misma. Y después de todos los otros humanos y sus tristes paises de fantasmas, oficios, futuros y todo lo que venga del realismo y de los hechos que yo no he parido.
Debería darme igual. Habito ese crisantemo sumergido en la nieve.  Y sin embargo me entra el celo de la rosa de jericó y de la pólvora. Aunque eso acaba en la metafísica. Y la metafísica en lo mundano y en el vino. Y todo en las carcajas del carnaval.
Y sin embargo me afecto, como si fuera un cristo de madera, del rasguño de tu lágrima en los pozos de la tierra. Y uso un abstracto exterior, como el motivo de mis pesadillas. Y culpo a algo que no es mío. Y eso me hace una impostora. Me separa de mí. Me separa del latido de las estrellas.
Porque responsabilizo al objeto, en lugar de liberar el calambre. 
Por eso a veces estoy llena de rabia y a punto de arder y de hacer daño a la atmósfera de etanol y en el fondo todo es un juego. Da igual el lugar y el tiempo que me toque. Da igual las circunstancias. Da igual los muertos que dan martillazos a la pared. Soy yo la única que puede liberar al cuervo de mi presidio, porque yo lo encerré, yo lo duelo. 
Por eso ayer estaba llena de tormento. Porque estaba en guerra. Armé mucho jaleo en la casa, peleé con mi hermano, peleé con todo lo que yacía como flores de papel entre gusanos. Yo era la que sacaba los gusanos... envenenados de rabia cósmica.
El grito de la desesperación, si lo miras bien, si te atreves a entrar en el fondo es cómico. 
Cuando tengo pesadillas, me culpo por no enfrentarme a ellas... desnudándolas. Por seguir huyendo. Por temer. O por luchar contra ellas. Creo que si diera una vuelta de campana y le preguntara al psicópata de mis sueños, por ej. su nombre, o  qué quería ser cuando era niño, se destruiría del todo mi espanto, y la pesadilla mostraría su verdadero significado y sería fuego y música.
También en la alucinación del viaje del estramonio, cuando cuatro inmensos caballos levantaron sus patas delanteras a 5 centímetros de mí, y creía que iba a morir, si hubiera acariciado sus cabezas, si les hubiera abrazado, hubiera destruido mi espanto.  Es sólo un segundo. Es escalar el presidio interior. Es abrir con boquetes el muro.
Subí las escaleras para lavar en tu voz la cicatriz de mi sótano abierto en canal sobre esa epístola del marzo del presidio. Muy lejos de todo lo que rozara en la piel el peso de un nombre.
Y bajo el fuego te sacrifiqué del recuerdo. Merqué en la memoria con la gota insolubre de sangre que mezcló esa droga cuando queríamos morir.
Saborea... sobre lo incandescente, el alud de tu soledad en la sombra de la espigadora que ha secuestrado mi nombre en tus tumbas.
Yo voy ciega de la palabra suicidada en el desecho de tus pasos sobre la nieve.
Esta tristeza tiene miles de años en la caliza pulverizada del escenario de ese carnaval sedientos del vicio donde nadie cerraba la puerta ni encendía la estufa.
Tengo esa sensación de querer irme. Y no sé qué hueco del pentagrama podría sostenerme en los abrazos de carcoma que tu noche ha suicidado sobre exequías mercenarias del fuera de campo torturado entre nuestros cuerpos.
Son vueltas sobre el vacío... sujetando la pérdida, en la pala de partir el hielo, estercolándola donde vuelve cautiva tu muerte a abrir mis párpados cuando ya no quiero ver nada.
Me dolía.. el cuerpo tiroteado, flotando sobre el suelo, con los añicos de tu espejo, desviando mi mirada sobre la putrefacción de la sal. Destruyendo el poema, el grito que se mezcló con la luna en esa desbancada de paredes vomitadas sobre la rosa. Pero se quedó así, materia negativa. Incapaz a acompañar al ataúd sobre el barro. Incapaz al acuerdo del adiós, ni del beso.. ni en el hielo, ni en la carencia, ni en el ocaso que te robó lo que dejaste en mi moratoria.
El sentimiento no sirve para nada en este tipo de cosas. Es un presidiario. Es su puta desgracia. Nada sirve. Sólo marcharse.. no remover ningún horizonte en busca del cobijo, no interiorizar el grito de la lejanía, dejarlo solo, dejar sola a la luz evaporando nuestros charcos de la muerte.
Kavka sigue durmiendo. Hoy no me despertó él. Él siempre está contento, siempre parece que se ríe. Es pura vida y te la devuelve cuando sientes que nada merece la pena. Ayer yo me acosté muy pronto porque no soporto la existencia cuando no tengo ganas de escribir. Dejé de escribir sobre las 6 de la tarde. Me dio una náusea. Iba a hacer un videopoema, lo quería hacer de otro modo, usando la escena e inspirándome en ella, era una escena de abstracción donde la imagen se difuminaba por culpa del foco y la profundidad y luego se volvía a estabilizar  y a descubrir el objeto y así varias veces.. me inspiró al verlo.. lo sentí una metáfora existencialista que me punzaba en lo que más me dolía. Pero me puse a escribir en un papel, dos versos que taché hasta desgarrar la hoja. Y desde entonces no quise escribir. Me dio el vómito contra lo nombrado, contra mí, contra la soledad de los callejones momificados en la flor que muere.
Trato de despertar. Ayer no fue un buen día para la escritura. Yo me sentía lejana. Hoy la necesito. Hay días que salgo expulsada del escribir, y son días de tormento y destrucción, de desesperanza y gritos. Son días de mierda. Me pasa a veces, en el tránsito de mi soledad en las montañas, a éste tierra de fantasmas.
Ayer vi una película... porque estaba muy ansiosa de no querer escribir y era de esas entre amor y tragedia, creo que se llamaba "una luz en el océano". Y me dio la sensiblería. Me acordé de K. Luego salí con el perro, como una vagabunda, sintiendo una acuchillada belleza en mi pecho.  Yo no debo ver ese tipo de cosas, porque me conectan con un mundo destruido. Me da la nostalgia y mi corazón se queda sin coartadas, se me mete una lágrima por la tumba cubierta de hojas y maleza y se desvelan mis cadáveres y ya nadie descansa en mis fangos.
Soñaba una historia muy elaborada.. al principio había un sueño donde creía que ya lo había resuelto todo en el grito. Luego había otro sueño, donde viajaba por una especie de rastro, y yo iba sacando fotografías, había bereberes, había tribus de todas las razas, y las fotografías sacaban escenas muy hermosas, unos amantes besándose, una mujer negra amamantando a su hijo... yo disparaba la foto sin mirar a dónde y luego la foto se veía en mi mente....  y luego yo entré en una de esas casetas y había una mujer que me conocía y que me esperaba y yo no sé qué vendía ni muy bien lo que pasó.  También en otro sueño había algo con la policía y con unas armas y unos desangramientos y persecuciones..
Me estoy volviendo radical a veces de no sé qué mármol vencido sobre las nubes. De los participios, de las cunetas quemadas, del hímen de la soledad abierto con fuego sobre la criminología de la letra de la rosa de jericó. No me ata nada al retorno. Tengo demasiadas quimeras enterradas con vísceras y sangre en un soplo de petricor penetrando mi hueso. Ya no creo ni en la poesía. La poesía siempre me fue una excepción. Ahora me es un latido más del absurdo. Ya no es el amor, ya no es la tierra.
Ha venido una vecina, es una anciana que creo que vive sola. Ha venido en bata y en zapatillas, con esa sensación de infinito que sólo provocan las ancianas. Quería que le ayudara a colocar su móvil porque se le había caido y no sabia encenderlo. Me provocó mucha ternura. Un deseo de ayudarla, casi de abrazarla, de que ella me protegiera a mí con el fondo de sus ojos. Me hizo feliz.
Echo de menos ese perfume. La abstracción de la invicta orilla mezclada en tu cuerpo. La llegada a través de la danza del silencio... a cualquier parte que quemó tus labios en los posos de vino y tatuó aquellas callejuelas embestidas por la nada cuando se caían a pedazos las flores y tú flotabas.
Ahora todo es incierto. Todo es quimera y juego, violencia, embargos que borran tu rostro en un papel vacío.
Tal vez acumulé demasiados asesinatos de mí misma, en esa rosa espinada de sueños de mezcal. Y hoy ya no hay un lugar al qué volver. Está lejos el amigo. Soy imprudente de los verbos que me han hecho daño. Lo soy del futuro y del crisantemo.
Dormidera del hechizo. Cubrecamas de tu veneno atado a mi piel.
Persiste la utopía del error. No quiere nada de ti.
Yo también defraudé a todo lo que me supo.
Hoy, muy lejos, borran los cuchillos los nombres que yacieron desde mi pecho en tu tumba.
Ese grito heredado desde tu página incendiada, cayendo en mi vacío, salpicándote con lo que ocultaste de la muerte en mis ojos. Porque llegaste negando. Y yo me uní a ti a través de lo que no seríaa. Acumulé escenarios derruidos en el tinte de tu sed acuchillada en mi carencia. Y luego chocó la voz con la saliva rota de tu desolación despagándome el patrimonio de la ceniza.
Estoy fuera de lugar hoy. Me siento ansiosa y violenta, suspicaz, oscurecida por el agujero del cielo en el coágulo de ese suicidio que desposó los añicos de porcelana con los pigmentos noctámbulos de tu sed derramada en mi soledad.
Ando buscando una salida. Es raro que la mayor parte de las veces ocurre cuando ya no importa, porque da igual, porque se bebe todo lo que hay hasta el delirio y se conjura las opiaceas llamas del crepúsculo, aunque sólo estemos en las ruinas y sólo ellas se quedarán en el último beso.
Me transformo mucho cuando estoy sola en el pueblo. Y luego me hago menos tolerante con los crujidos de la urbe... y de la gente. Siento que estoy indefensa, con cadáveres de cocodrilo en mi corazón, y todo lo hallado se extingue.
Tengo que irme. Vivir en un lugar sin contaminación urbanística. Ya me da igual si es en los campos de los molinos del Quijote, en la montaña del norte fría, o en la costa. Me debato, entre el amor ajeno, y el mío. Entre la jungla que me llama y el puto crucifijo de una pesadilla.
He estado en un lugar abandonado, al lado del río. Algo del ayuntamiento con una señal de prohibido el paso a gente ajena a.Había unos grandes invernaderos y husmeando supuse que allí crían las flores que luego plantan en sus parques urbanitas. Había también extraños elevamientos que formaban montañas en miniatura y algo muy hermoso... surreal, estaban cubiertas de hermosa hierba, aunque creo que debajo había basura. Me gustó estar allí, había una zona donde el horizonte sólo eran chopos y zarzales y prados, no había ninguna señal urbana, no se veía ninguna casa, ni carretera, sólo naturaleza. Había un montón de cuervos de distintas razas, algunos pequeños, más tipo urraca, otros con el pico blanco, otros con el pico negro. El perro estuvo feliz allí. Yo me senté en lo alto de una de esas montañas y por un instante imaginé que estaba mirando la mar y la vi. No es lo mismo estar en el pueblo.. pero acá también hay algunos sitios agradables. Hoy no quería ver a nadie. Me siento cada vez más lejos de las sociedades.
Encontré un plumífero en el pueblo, de esos que se llevaban en los 90. Está muy viejo, pero es muy abrigado. No entra nada de frío. Fui contenta a enseñárselo a X. y me dijo "parece que se lo robaste a un vagabundo". Pero todo eso son prejuicios culturales que inoculó el capitalismo, para que la clase trabajadora ceda al capital, se avasalle, se domestique, y peleé por el mundo de la mierda, en lugar de pelear por la liberación de clase y por la libertad.
Todos estos mecanismos de producción y consumo, desbordada, codiciosa, han hecho que las desigualdades sean terribles y que los recursos estén en manos de los verdugos de la vida. Todo eso de las apariencias, las marcas, la estética, el despilfarro.. en lugar de la funcionalidad de los objetos, de su uso exclusivo para la supervivencia, ha hecho ésta mierda de sociedad y está destruyendo la vida.
Mi abuelo me contaba que él sólo tenía dos pantalones y que su jersey tenía tantos cosidos encima que ya no se sabía del color que era.  Ellos vivían de forma armónica con la naturaleza y con la tierra.
Ahora si miras por los escaparates y por los supermercados, hay gran cantidad de basura... que no es necesaria, ni es natural, incluso es nociva. Pero nos han convertido en clones, en enfermos, en idiotas.
Los maquillajes, las cremas, los perfumes, los relojes caros, los juguetes de marca, y móviles y videojuegos y mierda que enferma a los niños, que les vuelve materialistas y caprichosos, egoistas, desde que nacen. Que les separa del monte, de los animales, de mirarse a los ojos y usar las palabras, los latidos y amar desnudamente. Los vuelven engendros de la enfermedad del capitalismo, del país, de sus padres. Les quita la imaginación, su autonomía, el descubrimiento de su espíritu y su libertad. Les conecta con los fantasmas del capitalismo. Y del país de los sordos.
Los niños de américa latina no son así. Los niños de las tribus africanas. Los niños de los pueblos del ´Tíbet. Los niños que crecen en la escasez, crecen en la riqueza de sus almas.
En ésta mierda de planeta, sólo quedarán los pobres. Los que ahora sobreviven en el abismo. Nosotros somos muy débiles. El sistema capitalista nos ha incapacitado, nos ha hecho unos ignorantes, nos ha separado de nuestros instintos de supervivencia y del Ser y la conciencia y de los vínculos entre nosotros mismos, ha destruido al sentimiento de clase trabajadora, nos ha hecho dependientes, Nos ha quitado el rostro y la voz y ha metido monedas oxidados por nuestra boca y urnas por el culo.
En cambio hay muchas tribus y pueblos que funcionan como comunas... que han vivido cosas que a nosotros nos destruirían. Pero ellos son mucho más fuertes. Los refugiados, los que se abrazan debajo de las bombas, sabiéndose absolutamente solos de la humanidad. Los que pasan hambre. Ellos son la única esperanza en la continuidad de la especie. 
Nosotros somos desechos, trangénicos del capitalismo y de los gobiernos de la peste.
Siento otra vez esa angustia eufórica en mi tripa.. ese dolor que se vuelve un aullido. Ese éxtasis extraño, ese calambre hambriento, posesivo, ese ojo que da diez vueltas de campana en mi ojo y me clava el corazón de la datura. Siento otra vez el latido de la metamorfosis.
Algo en mí, provocó el odio y el frío de la gente, cuando yo era buena, cuando yo iba desarmada, cuando no creía en ningún mal, cuando creía que todos se movían por los mismos motivos que yo y por los mismos mecanismos mentales y conciencia. Luego hubo la guerra, la marginación, la venganza del lobo, el infierno. Ahora tengo dentro una distancia oceánica. Bebe de tu carcoma el canto de las campanas. Me lleva con los perros, por los barracones donde jamás sobrevivió ninguna ciudad.
Desde hace muchos años, tengo una profunda alergia a hacer cualquier tipo de cosas.. que otros me hayan pedido que haga... y también desarrollar sentimientos que otros esperan y han manipulado para que ocurran, aunque yo misma los tenga. Es algo irracional. Algo a veces que va en contra de mí misma. Pero me viene como un tiro de ayahuaska y me inmovilizo. Por eso me despidieron de los pocos trabajos que tuve.
No me importa acabar nada. Yo nunca viví en la arquitectura. Ni defendí la intención ni el verbo. Me la suda estrepitósamente todo lo que hable de los logros y de los propósitos entre los humanos. Todo lo que quiera ser Obra. Ser brazos en la incandescencia de las historias suicidas. Yo vivo sobre el fuego. Soy la derrota y el latido, soy un sentir mutante del hueso fuera de la carne bajando tus pantalones entre los maizales.
No es fácil. No está la orilla. No está el verso de nitroglicerina que juntaría tu esqueleto y el mío, en la pared derramada sobre ese cartón lleno de palabras de tiza y estiércol.
Vivo en la grieta.
Me alimento de su vino y de su desgracia.
Me colma, cuando ella es la que destruye. Me atormenta cuando sólo queda ella y conoce todas mis palabras.
Me obliga a la paradoja sobre los suelos volados por los aires.
No debo afectarme de la fragilidad de mi humanismo, no debe ser mi puta historia la que impere el hambre de las páginas.
Es un escenario como cualquier otro. Es la placenta del verso. Y nunca importó la salida. Ninguno nos salvaríamos. Ninguno dormiríamos en los brazos de ningún dios.
Dentro de un rato me iré al río. Hoy no he tenido la introspección. No he tenido el rito de los chopos y la soledad. Mi primer paso lo metí en las ruinas, en la herida, en el desalojo. Esos minutos antes de saltar de la cama son muy importantes para mí, a veces me quedo en el abstracto de los sueños. Y a veces ellos rebelan justo lo que más me duele, resuelven en la oscuridad, derraman el grito. Hoy me desperté sobre el grito. Una información muy densa y profunda, una visión perversamente metáfórica, algo que no se puede censurar con la conciencia. Algo que determinará los escritos de hoy, mi búsqueda, mis heridas.
He estado jugando con los animales. Y en su ternura se calmó mi rabia. Todo es muy raro y desordenado de los labios de la parca tatuados en tu cuerpo. Pero siempre ha sido así. Excepto unos años en los que fui feliz y libre, en los que amé, en los que no estaba el maleficio. Pero aquí, siempre caminamos las tumbas abiertas. Aquello fue una alucinación de amapolas.
Me siento extraña ante el espacio y violenta. Me siento al acecho, a punto de saltar a la mínima mueca de tu desvelo manipulado en los cuerpos de la niebla.
Tengo que largarme de aquí. Pero tengo que atraer un verbo, para hacer el movimiento. Algo que aún no he visto sobre la tierra. Empujar una solución que se ha desfallecido del realismo. Tengo que romper ésta inercia del maleficio. Éste desgaste de muertos en la sangre de la arena.
Son unos sordos. Es raro el sentimiento de rabia y su necesidad de hondura en mi pecho, la llamada de su radicalismo acechándome como soga de álamos en campos helados. Alguna vez lo abrí en canal sobre estos techos como un aquelarre de malditos. Alguna vez lo liberé hasta la lágrima del sol. Hasta la deformación del humus del verso en una espada vencida y clavada sobre el suelo y naciente en el fondo de los ladridos. Hoy vuelvo a sentir ese cabalgar de lobos. Pero no quiero romper la ya frágil y absurda flor de sal. No quiero hacerles daño.
Me desperté molesta. Eché de menos la montaña. Me desperté con un grito de inefable rencor. Algo que tengo que mutar.  Hay una encrucijada en el verbo ensañándose con la indefensión del ámbar crucificado en tus labios. Hay un golpe de un hacha señalando sus desgraciadas vidas, a mi se me derrite el corazón en el hielo de ese piano. Lo oigo todo. Nunca me alejé de la verdad de la sombra. Se alojó en mi alma, como la extorsión de la belleza pidiendo limosna a los cuchillos.
Soñaba algo surrealista. Y un chico que me protegía de algo, escribiamos uno frente al otro y cada cual escribía el sentimiento del otro. Era él, es la primera vez que aparece en mis sueños.
Anoche lo pasé muy mal. A mi padre le entró un ataque de tos que duró muchísimo, yo estaba fuera de mí mientras le oía toser, yo estaba en mi cama, me sentía en un abismo. Sólo por él he vuelto aquí, aunque odie la ciudad. Se oían además voces horribles, una conversación que me sacó de quicio. Pensé durante un segundo que si a mi padre le ocurriera algo, odiaría al resto de mi familia. Por algún mecanismo que no entiendo, cuando vivían el Thor y el Jack, yo quería mucho al Thor, el Jack fue un perro adoptado que vino ya de mayor. Pero yo era muy feliz con los dos. Y cuando el Thor murió, durante un tiempo me alejé del Jack. Pensé que me pasaría lo mismo con ellos. No los soportaría.
Hace frío. Está helando. Hoy me voy a ir unos días. Aunque algo de mí quiere quedarse en la montaña,. No sé quién es el cartero del pueblo, la puerta del buzón está rota pero atada con unas cuerdas, y a veces las cartas están tiradas en el suelo, y la puerta cerrada. Me dieron ganas de ir allí a ver por qué coño no llegan muchas cartas y otras las tira en los charcos. Pero luego pensé que sólo llegan cartas del banco y otras mierdas, así que es mejor que acaben en los charcos No llegará ninguna carta para mí, los pocos que tienen mi dirección, me tienen como una tumba en su alma. Alguna vez esperé una carta. Alguna vez abrí el buzón como se echa un credo sobre las ruinas. Pero nunca llegó.

El "Chueco" Maciel - El robin Hood uruguayo

Luego fui con Kavka a los prados hasta la noche... tenía muchas ganas de andar rápido y fue hermoso. Me tiré en la hierba con Kavka y jugamos.. él se tiraba sobre mí y yo lo hacía rodar por la hierba, luego nos echamos unos minutos a dormir, y me sentí como en la infancia, en la hierba, sobre hojas de chopo, mientras cae la helada, sintiendo brotar la vida.... E hice también unas grabaciones que sentí muy bellas, grababa al río, escondido entre los ramajes y al crecer el zoom había unas escenas cubistas y mágicas.. se veían las espinas de unas zarzas rojas, y el agua corriendo debajo.... y había un morado en el cielo fascinante, no era rojizo ni naranja, era morado, de país perdido en el 36, y lo grabé, pero la cámara no lo grabó, se veía blanco en la cámara......... Me sentía feliz. Hace feliz hacer un poco de alboroto contra la enfermedad del civismo. Siempre sube un poco la adrenalina, la sensación de existir, de tener voz, de tener sangre, de tener motivos.
Fui a la tienda.. dejé al perro atado a una valla y una gente de la tienda salió a jugar con el perro, pero luego pasó algo raro, yo entré sólo a por dos cervezas y cuando me acercaba a la caja, escuché, -pero los labradores son caros, y otra tipa dijo - lo sacaría de una perrera. Y me jodió el tono y el rollo que se traían cuando pensaban que no las oía. Tardé unos segundos en reaccionar.  Y luego les dije medio amedantradora ¿quién dijo eso de la perrera? y dijo una -lo dije yo, es que pensé que lo sacaste de una perrera ¿o no? Y le dije, eso no importa, los perros no entienden de raza, ni clase, eso son cosas de la miseria de la gente, y además lo dijiste en tono despectivo, hay mucha idiotez en éste pueblo, muchos gilipollas. Y tenía tres delante, pero ya no aguantaba ni un segundo allí y le di lo que costaban las cervezas y me largué. Había otra mujer jugando con el perro así que me lié unos segundos y luego salió otra vez la chica y se mostró jodidamente amable conmigo.
Fue algo raro.  Yo no suelo saltar sino me siento molesta y como suelo estar en mi mundo no me afectan los rollos de la gente.. porque no piso el mismo suelo. Pero cuando algo me molesta, y siento un segundo de rabia, nunca la detengo, sino me odiaría a mí misma y me sentiría una cobarde. 
Me jodió el rollo de clase. Me jodió la marujería.
Yo en el pueblo siempre ando como una vagabunda, en la ciudad a veces me arreglo un poco, aquí no, aquí llevo abrigos y zapatos de los años 80, unas greñas de la ostia y tierra entre las uñas y bigote de Frida Kahlo. Pero yo estoy orgullosa de la pobreza. Ha sido tan manipulador el capitalismo, ha sido tan domesticada la clase trabajadora, que se han vuelto unos ricos extreñidos. Que se han despreciado entre ellos y han querido ser igual de asquerosos y de zorros que el patrón. Y se han vueltos envidiosos y llenos de complejos y dobles caras.Y han hecho daño al que no tenía nada, cuando era su hermano de clase. Se han traicionado a sí mismos. Eso fue lo que me jodió en esas mujeres. Fue eso lo que sentí.
Empiezo a pensar que la clase media es un gérmen tan virulento para la revuelta social como la clase alta.  He visto muchas veces, gente que sólo tenía miseria en el alma, con un un coche y cuatro tierras y ciertos lujos, despreciar a los avasallados, a los que tenían menos que él, echando el hedor de la vanidad y el ego, para sentirse un "triunfador" cuando él vivía lamiendo el culo a su jefe y completamente condenado por las leyes que echaron sobre él y las jaulas que ni siquiera veía. Mucho más libre y honrado cualquier vagabundo que ese tipo de gente.
Voy a ir a comprar tabaco y dos cervezas.  Voy a ir con el perro. Hoy recordé un lugar de éste pueblo al que iba mucho en mi adolescencia. Y lo había olvidado completamente. Iba mucho con el Thor. Era un pinar.... entraba por un lado del monte.. que subía por un derruido campo de baloncesto.. y unas pistas de tenis llenas de maleza y grietas. Y luego salía por el otro lado del monte. Iba allí cuando quería huir de los humanos.  Iba allí a fumar hierba y a viajar con ella por mi mente.. sólo acompañada por el Thor. Tenía miedo a ese lugar, pero también le tenía fascinación.  Tenía la sensación de que podía perderme y nunca más salir de allí, ser devorada por el alma de los árboles.  Un día de estos iré allí otra vez. Tal vez hace 10 años que no he ido.
Ahora el silencio... he comido unos macarrones, he tomado un café.. y ahora estoy bebiendo un poco de cerveza. Estoy en paz con la ausencia, con la naturaleza, con la esperanza que ya no tiene rostros ni nada que la amarre a mis labios ni a la letra.
Amé mucho a Arturo. Lo amé con algo primitivo y sagrado, con el corazón de los lobos, con los yembés flotando en la calima, con la magia. Vuelvo a sentir en algún lado su perfume. Él me daba armas sobre aquellos abismos de éter. Porque era tan intenso mi amor, que no existía la muerte, ninguna derrota, ningún miedo. Pero aquél amor murió... en algún lado, enterró también una parte de mí.  Ese amor, lo utilizaba como una trampa en el abismo. Y cuando sufrí su pérdida, sentí que perdí todas aquellas batallas sobre el éter que me habían vuelto delirantemente feliz, perdí el amor a mí misma. Esto ocurrió en el 2009.
Y en el 2013 viví otro profundo desamor, el de K.  Pero yo ya no quería ofrecer mi cadáver. Yo no quería perder el poema. Yo no quería ni el luto, ni el perdón, ni el cuento, ni la quimera. Yo ya no quería depender de ningún humano, en mi sentimiento, ni  en el imposible.  Fue cuando empecé a escribir aquellas cosas de amar a la luna antes de que a un triste ser de dos patas, mortal y yonqui de su propia pobreza....., pedirle a la luna, porque ella no te lo quitará..., darle todo a lo inalcanzable y no algo nacido en la escombrosa tierra llena de cadáveres.
A los dos meses de perder a K. Apareció un hombre en mi vida. Y sentí una atracción animal, pornográfica, salvaje. Yo estaba herida. Perdí a K. y a mi abuela, con quince días de diferencia entre el uno y el otro. Quise meterlos en la misma tumba. Pero K. ni siquiera era un cadáver. Con mi abuela quedé en paz del fuego del mármol y las caracolas. Con él no. A mi abuela podía amarla muerta. A él no. Su mortuorio estaba lleno de cuchillos. Ansiaba en una parte de mí, hacerle daño,  y en otro conservarlo sobre el sueño. Durante los primeros meses del desamor, me dediqué a prostituir con mi poesía, todo lo que entre nosotros era sagrado, todos mis sentimientos, todo a lo que me juré y lo que amaba. Me entró un espiritu solitario e incendiario, vanidoso y extravagante.
Mientras seguía con la nueva relación, tan perturbante y apasionada con ese hombre.
Cuando K. volvió y leyó mis poemas. Había una herida del infierno,  pero yo seguía sintiendo una ferviente amor por él que nunca había traicionado y que seguí sintiendo hasta hace muy poco, sobre la nada.. Él me escribió una carta de amor, de un amor extasiado, aunque melancólico, pero era otra vez como quemar las naves juntos y volver a la mar. Yo le escribí ésta carta en respuesta... sin pensarla demasiado, al latido del instante. Y nunca supe qué le molestó de ésta carta que jamás volvió a escribir. La apongo aquí como un exorcismo. Porque ya no es un pasado sagrado... es una historia más del suburbio y de los manicomios y comas etílicos. Alguna vez protegí su nombre para que no se intoxicara en los oidos del circo social ni de nadie, no le hablé de él ni a mis mejores amigos, hasta que no se hizo un cadáver y yo me ponía ciega de vino. Ahora es parte de las mil y una historias del fracaso y las quimeras.

K... llevaba unas semanas sin pensarte, hasta ayer a la noche, envuelta en los hexaedros que ahora forman mis días, y empezaste como herida y persististe hasta que cayeron los cabellos de la noche, como escenarios. Soñé contigo y con la sangre de las cigüeñas, supe que era un verso que escribí ayer " y nos dimos a lo que no nos sobrevivió (porque sólo eso podía quedar) y tan alto fue el chillido que sólo nos persiguió una ficción que soportara (el retorno de nuestra voz)somos insensatos por favor de la cuerda floja y nuestra palabra dura lo que tarda en atardecer en los cuerpos muertos de las cigüeñas."
Saber que anoche me pensaste, me une a la cuántica de esa flor alienígena que rodea tu nombre. Y que bajo algún no espacio, conjura todavía los pronombres que la primera persona cava en la mar.
El 20 de marzo escribí "Sólo te espero en el destierro. Cuando estés dispuesto a cortarme las venas y a que te las corte, vestirnos con la sangre lo que no pudo hacer la fortuna, amarnos con la herida, lo que no supimos amar con nuestra historia. Basta que me llames con la cuchilla en tu bolsillo. E iré. Sin vueltas de calendario ni excusas. Y allá, si podremos entrar enteros en nuestra mar y el infinito y dejar de una puta vez la ocultación de la literatura"
Lo leyó L. Se enfrascó conmigo en una pelea y sangre de pólvora. Que me emergió una mezcla de ílicita pasión y volcanes. Quiero a L. es un salvaje. Aunque tú siempre has estado, entre mí y los ojos del cubismo. A veces entre L. Con un Léolo, llevando los abanicos de opio a las lenguas de la luna.
Te leo hoy y rotan los pliegues de los sueños, el deseo de mezclarme, entre ese humo y la lluvia y entrar a bocanadas por tu boca y alojarme entre algún agujero nuclear y el magma de los bodegones, entrar como gata, a tus sábanas de anoche y amarte con violencia, con sangre como manjar de los aullidos que invocó el desierto, con esa ternura delinquida, en navíos intactos del devenir de lo que inventamos y fue cubriéndonos, tal vez incluso empujándonos a la distancia como kafkiana pasión y maldición, de un corazón abierto a puñaladas sobre un suelo que no existía para reposarnos. Justo ahora vuelan en lo alto dos cigüeñas. Por la mañana nevó. Los bodegones crinan una noche contigo, una noche que no arrancas de mí con la suficiente posesión para que ella pueda abandonarme o agitarme tímpano de la última palabra sobre la tierra.
También lloré por Panero. Con rabia. Con un inefable aullido que cortó en mis cuerdas vocales, esos otros muertos. Sentí agitación y un extraño consuelo en saber que si él está del otro lado, la muerte ya cantará más insolentemente abierta y sencilla, porque sus vísceras harán de pértiga.
Mi vida ahora es un buzón extraño, a veces de las gitanas, a veces sólo de esa personaje, que va a morder la realidad a una uva que nunca perteneció a las vides. Me gusta jugar y extasiarme de hedonismo. De pasiones de bocajarro y fíguras geométricas irreconciliables. Tú te mantienes, a veces te me caes en el vaso de vino y caigo contigo al desfiladero de las bibliotecas, que una vez creyeron caberse en el cuerpo y tocar amor y tocar imposible. Y me pongo furiosa de una flor de sangre y me abre en el pecho un dolor que me sube por las cuerdas vocales donde te posicionas, como la fuerza de una gravedad.  A veces es sólo la noche y los vientos oscuros, la criminología y el dolor de las rosas de arena..., mi única fidelidad a ti y a la que fui y a todos los mundos qué.
Cuando me hablaste de Tuva, me volvieron todos los cuentos que una vez escuché en mis techos recitados en tu voz, calmándome el infierno y pasando ovillos como páginas que conocen el albafeto de los charcos y la tierra y no se van hasta que todo está dormido entre espigas.
El compromiso ahora me significa una especie de bolas chinas de hachís y salmos salvajes que ruedan cuando la tierra gira sobre una manzana que se digiere en el vientre mientras alondras de nieve buscan el aullido de los lobos entre los matorrales y despeñaderos.
Sueño alcobas que se rehoguen en tu melancolía y se inflamen salvajes hacia la usura y ventiscas de tu fuego. Abrazarte con mis heridas tus heridas y ensañarlas a crimen de aviones de papel y la otra cara de la luna, que nos vistan las pieles mientras nos poseemos, como dos versos tachados y te muerdo el cuello y te araño y me afilo los dientes en lo que hiciste infinito en trampas de calima, y tomo del fondo de ti, lo que no ha sabido irse y se fricciona en mis latidos vaginales apretándote dentro de mí como ese horizonte que huye, mientras  tu sudor y semen, me absuelven de la lágrima y la salvación y el destino.
Los nombres propios son de la incandescencia del rayo. El devenir y la deriva, aprietan violentamente cada amanecer. Hay que mancharse. Hay que ensuciarse hasta que los huesos escupan rayuelas. Todo es ahora y el ahora eyacula libros imposibles.
Yo tampoco sé ni sumar ni restar ni dividir. A veces absorbo la luz como los agujeros negros. Y me desvisto pieles sobre la desnudez. Y otra vez la humedad de los rizomas.

te beso K... te incertidumbre, te contra la lógica, te aquella mar, aunque bailemos borrachos en ultratumbas, te las sábanas que flotan.
y te sonrío porque no se te da escribir academia ni investigación, ni se te da llorar tecnicismos, y aunque seas arquitecto no sabes amar arquitecturas, te kyero por ello."