HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO
ya en casa... y esa anochecida sin el permiso del exilio, ni de tus porqués en las manos de hacer trampa, ya he conseguido una mesa de alquiler insolvente, voy asimilando el espacio, asimilándome en sus desvaríos, ahí afuera algunas farolas, un poco de urbe, ese roce de las heridas ciudadanas, pero no me dejo amedentrar,  el silencio y otro que lo desoye y otra mirada en ninguna parte... tengo la sensación de que conozco éstas montañas, de que las he visto, un deja vu en su diástole, en su mojada indiferencia... hay buitres cerca, los vi volar antes desde la playa, son como azadas en grito de luz, como si tuvieran algo del alma de la roca... no me ha dado tiempo a recordar el sufrimiento, ni el orden de las palabras... siempre el primer día en un sitio nuevo, escarba la umbilical de una despertenencia... es más fácil que se encuentren los olvidos al cruzar los bares y esas piezas de memoria desmedulizada en los arrebatos que la música descuelga...
Vengo ahora de la playa. Me metí hasta la cintura. Estaba muy fría. No sentía dentro de mí la abrasión del nado. El agua fría quemaba como dientes de girasol en el benceno. A los minutos la sensación no era tan fría. Y caminé de costado a la mar. Parecía que el tacto hacia una promesa. Que la mar santiguaba un profundo anhelo, un rezo, un grito. He encontrado una especie de ostras, que crecían pegadas unas a otras, con cienes de colores y de texturas de erosión, con formas como de cueva y gramófono y de puño americano de la mar. He metido muchas en la mochila. Todavía no estoy aquí. Todavía no estoy en ningún sitio. Te olvidé un instante, creo. Creo que esa es la nueva forma del sadismo de la metáfora. La casa es una casa proletaria. No hay casi nada, y así está todo. Es grande y fría y silenciosa. Está hecha para ser un lugar de paso. Para correr  mar. No hay mesas en la casa y estoy usando una especie de mesita. Me resulta un poco incómoda. Tengo que pensar otra cosa, para escribir tranquila. Tal vez amigar con algún dueño de un bar y pedirle que me preste una mesa.  Ahora atardece despacio. Atardece sin darme cuenta de los lugares de los que he venido. Había un lugar muy bello a 2km caminando. Una playa aislada y un cabo con fractales, dicen que tiene forma de ballena, yo vi el casco del Quijote y una tortuga dormida con la guerra. El lugar es fascinante. Iba flotando, sin la escritura, sin la palabra, sin saber nada. Aunque para llegar allí hay que atravesar una urbanización de ricos. El hormigón mancha la belleza.
no pienso bien en la escritura... me siento versátil y sacudida, como si los pies, deletrearan otra semántica al derretimiento del vino... como si no fuera consciente de la música, ni la piedra, del interior... un éxtasis y a la vez, desgarro y melancolía, ese nombre en las grietas del beleño, esos ojos dentro de los ojos de un olvido que pujó por tu historia...  necesito hallarme... las mochilas están encima de la cama, no las quiero deshacer, no hoy,  voy a dejar el ordenador y escribir en los cuadernos.... desconectar, dejar colgar la otra noche que sucumbió en tu mandrágora
Llego ahora. Después de la mar y sus hachazos. Del viaje. De la incandescencia. Dejo las mochilas. Oigo eso otro silencio. Lo desconocido. Las habitaciones de paso. Todo de paso. La gaviota que se cruza. Hay una montaña frente a ésta ventana muy parecida a una de donde vivo. Tengo ansia de escritura. Pero más ansia de mar. Voy a salir a investigar la zona. A llorar y gritar en las orillas mar hacia dentro. A mancharme los espejos de la irritación cósmica de tu vida tan lejos.
Ahora ya me voy. Con esa canción de curvas hacia el timbre de tu salvia. Y cachos de ese infinito en el agujero del vestido.  Una promesa sin palabras en alguna brecha que vuelve a presentir el calambre de los ojos. Estoy feliz de irme. De dar un portazo a las cunetas conocidas y embriagarme de mar. Aunque los caminos vayan contra tu memoria. Son sólo diez días, pero los minutos en la mar, giran bajo otra ley y otro espacio. Tengo en la ventana una foto del Thor y otra del Jack y ahora al verlos, me ladran  montañas que derriten puertas en las mareas. Tus fotos las he escondido en un cajón donde velo por el alma de las salamandras y el olvido. Ayer estuve con Hierro, antes de irme, como para rezarle que estuviera a salvo del civismo, y él parece que presintió, y se puso panza arriba en mi regazo. Los animales me salvan. En los animales a veces vive lo que pierdo en el mundo.
Ahora hay un viaje de unas 4horas, aunque siempre lo hago más largo. Ya ha amanecido. Ya se va marzo. Tengo algo incandescente en el pliegue de esa sombra tras el pronombre del salitre. Cierta angustia. Aunque la angustia no es siempre un motivo de desasosiego, es un mecanismo de acción. Suelo tenerla conmigo. Como una sed que me empuja. Como un pacto con lo desconocido.
Y ahora ya, soltar el paso hacia el incendio. Esculpir en los retrovisores pieles de manzana flotando entre dos pájaros.
despertar, me costó mucho abrir los ojos, como si los tuviera pegados, todavía es de noche y en un rato me iré, he pensado en el perro, en ti, en las sinestesias de las huellas que lascivan el predicado, en el ansia de otra escritura, de una reconciliación con todo lo que se va y de expirar de mí, ese luto, ese luto que ya no conoce ninguna inicial ni sabe respetar ningún motivo pero que a veces me arranca palabras dentro, quiero la vida con abrasión, quiero bailar bañada en la sangre de mis heridas, quiero la amistad de la noche de los insomnios mordiendo lirios a las fauces del silencio, quiero la harapienta fe de los nómadas
tendría que dormir, en seis horas o así, tengo que coger la carretera, no voy a un sitio aislado como me gusta ir,  pero quiero sacar lo bello, que me dé igual todo, sino los instantes dentro del mar, llevo unas mochilas con algunos alimentos, porque no tengo casi dinero y quiero evitar todo lo que me recuerde que existe el capitalismo, no ir a tiendas, no ir a, sólo la naturaleza, olvidarme de todo lo que alguna vez escribió mi memoria
Me he desvelado. Me habló la antípoda de la crueldad que te escribí antes. Y volví a escribirte. Todo esto parece una sádica ficción de oblicuos vagabundos. Una ouija, de broches de mariposa sin cabeza. Por alguna razón vivo con extremismo cada una de mis contradictorias emociones y doy vía libre a todas ellas y necesito la sangre y la pasión de todas ellas hasta su metamorfosis. Aunque ya no haya ni lógica ni encuentro. Sino calambres y empujones. Alfabetos de lava y colas sueltas de lagartija.
en media hora me voy a la ciudad, con un grito en la isla, de mi rezo de perros, con arenas movedizas sobre el diario del olvido y aguja que el viento pobló donde ya no necesitabas nada de tu historia, urdimbre de los cardinales que abandonar en las orillas.. hoy no censuro a mi angustia, como si quisiera las zanjas abiertas para llegar a la mar, las tumbas removidas en los picos de los mirlos y una vuelta de campana entre las costillas, oí un sonido y creía que era el perro que llamaba para entrar bajé corriendo las escaleras, pero no había nadie tras la puerta, sonaban unos pájaros, no sé qué pájaros nocturnos y una distancia clavada en la noche y una soledad en las legañas de los negrillos
He regado las flores porque nadie lo hará en mi ausencia. A los animales y al abuelo los cuidará X. que viene a pasar aquí dos semanas. Yo casi nunca veo a X. porque nos cruzamos siempre en oblicuo viaje. Hoy me siento más leve. Como que está cerrada la angustia de ese crematorio. Como que no hay tiempo para abandonarse en el crujido del beleño. Tal vez por el éxtasis del viaje. Esa sensación de lo desconocido. De exiliarse. Del rito de la soledad en la intemperie y en la vida. De no dejar a remojo ni la lágrima ni la dirección. De no caer en la grieta de ese quebranto. Necesito encontrar la canción para erradicar ese tipo de angustia que he venido doliendo éste invierno.  Dejarme empapar por la vida, por la libertad que ofrece el mar a la mirada que no sabe ni pretende. Cambiar la chispa de todas las inercias y amar y desear la canción.
Oscurece. Rezo con el pliegue del vino al alma de los perros. He estado jugando con el gato. Y pensé que él podría comprender dónde estaba el Jack, que él podía sentirlo.  Es un gato del todo incivilizado. A veces ronronea y al súbito clava sus dientes y sus uñas para jugar. Yo hago que le ataco y se va corriendo y me espera en la esquina. Luego he estado en la habitación de Y. que hace años que no duerme aquí, rebuscando para ver si encontraba las gafas de buceo y las encontré y encontré también esa fotografía y recordé el verano que estuvo X. aquí y esa cama y la rareza del celo de los nómadas. Y el sabor de la gasolina de esa pelea y ese jamás. Hay relaciones que no salvan los poemas, que se quedan como un vino a deshora pero echa otro vaso.
ya he cerrado las mochilas, busqué la que usaba para ir a las playas y había dentro una piedra y una pluma de calamar y me dio alegría volver a abrirme a ese mundo que olvido aunque no quiera cuando no está la mar... no llevo bañadores, no tengo bañadores, me baño en bragas o si no hay nadie, desnuda por eso prefiero éstas épocas para ir, porque no hay casi gente allí y meterse en el agua es un rito distinto, como si por un instante, nunca hubieran existido las ciudades ni el hormigón y el éxtasis del frío que sube la adrenalina al aquelarre de alguna cicatriz, me hace sentir sana el agua fría, me hace sentir libre.... creía que tenía por casa unas gafas de buceo, pero no las he encontrado, en ésta casa es casi imposible encontrar dos calcetines iguales y los armarios devoran el orden de los hechos y se hacen una metáfora que nos sorprende cada vez en su canción de la entropía, así a veces encuentro cosas que había dejado para siempre de buscar y me cae una golondrina encima
a veces temo que esas palabras puedan causarte daño
es como si no tuviera ojos
sólo una grieta de benceno
un ansia de mariposa
un alud de gotas de fuego

como si ya no pudiera mirarte
como si ya no supiera

porque no sé
porque no puedo mirarte

porque el agujero

y no lo pienso y no lo mido
sólo dejo gotear la abrasión que cae sobre mis noches

como si no existiera ningún tipo de ética ni de racionalidad ni de cierta interpretación
sólo quemarropa
sólo la pasión de la poseída
la canción esdrújula del vapor y el benceno

como hablar con la muerte, la procesionaria de los pinos
como volver a mancharse el hueso en una lágrima de nieve

no tengo ni puta idea de nada de lo demás

hay tantos universos pulverizados en medio
tantas Babel en el aliento de Diógenes corriendo con los gastos
y esa luna que ya no sabe nuestros nombres

que no distingo cuando soy cruel a cuando amo
ni si es odio o son pájaros,  ni si hago puentes o perpetro brechas

en ti vive un trozo de mi idioma al que ya no puedo acceder
como una alevosa metáfora, condenada a tu amor y al olvido

ahora recordé un sueño antiguo
ocurría en éste pueblo
en una zona que recordaba de mi infancia
cruzando el río, en una ínsula
aunque esa ínsula no existe aquí, pero era aquí
había gatos y estabas tú
y alguien había perdido la voz
y yo sólo quería salvar a esos gatos

y escarbábamos en la tierra
había una escombrera con trapos y objetos de arte rotos

y luego alguien se bañaba en el río

recordé ese sueño al mirar los chopos y el puente, bajo el sol
como un secreto de orquídea
como el espíritu del coyote
amarte
como se ama a los remos de salitre
como cómplice fuego entre las trampas de tierra y rayuelas de despeñaderos

el hombre que vi subir al monte, ahora baja con trozos de escoba colgados a la espalda, sujetando su cacha y su camino
yo quiero pisar así pero sin tener una casa que calentar

sueño con cargar cosas a la espalda, monte arriba
y bajar desnuda y pobre
con saliva de lobo en los ojos
Hay unas pequeñas esquirlas ya en el peral para las nuevas hojas. Y han crecido los bulbos de los lirios. Y unas flores azules y otras amarillas. Nuevas hierbas. E incendios.Y se va primaverando el olvido y el amor vagabundo. Y se van llegando hasta aquí, los desórdenes del vino, al canto entrópico de la inundación. Yo tengo una esperanza cada vez más andrajosa. Pero también noto, a la luna anaranjada de abril, vendimiar blues y nuevas islas para no tener tierra ni destino.
el abuelo ya llegó del bar, y como cada vez, grita mi nombre, yo bajo y le ayudo a quitarse el jersey y cambia las muletas por sus cachas, me pide un cigarro y se pone a sus haceres, el cielo se ha puesto azul, y él mezcla cemento con arena y va a tapiar zanjas y arreglar un improvisado tiesto, dijo que el perro ya no iba a venir y yo le dije que tal vez sí, que otras veces tardó más días.... y me da ansia de verlo y avalancharme contra él y que me manche la ropa y el pensamiento, con sus patas-camino
mañana a éstas horas estaré en cantabria, pegada al mar, como un salmo de harapientas y descruzadas des-esdrujulidades....  ésta vez sólo voy a llevar una mochila, ese libro que quiero leer, aunque luego no sé si le tendré el tiempo, me da más placer escribir gargajos, calarme de mar o cieno que leer obras maestras, hubo un tiempo en que leí con obsesión, ahora no sé si me pasé de vuelta, pero le dedico más tiempo a maullar con el gato y a contarle las pulgas a la brecha del tiempo, aunque cuando a veces, un instante, soy capaz a arrebatarme en el libro, me estremezco como una fulminante ebriedad de mapas exiliados,  pero suelo estar ansiosa, al acecho de algo absurdo, de algo carente
un hombre camina por el monte con una cachaba y un jersey azul, me gusta ver a gente sola, caminar por sitios como ese, porque parece que nada pueden hacer, sino vivir, sin ir a ninguna oficina, sin necesitar nada, sin agacharse, sin seguir la línea, ni la canción ni ninguna letra, sin servir alevosamente para NADA, dueños de la luna
tal vez "mi unicornio azul" está buscando el alma del salmón que no quiso tener familia y por eso a veces, noto esa pena, como si mi amiga invisible se hubiera convertido al islam y el vino se hubiera hecho negro y con muchas pulgas, tal vez ese trozo de mis trozos en el naufragio, está buscando, al cartero suicida y por eso a veces lloro resina de pinos, necesito comprar en los rastros de segunda mano y alma de vendedores de humo, un nuevo tótem, un nuevo pájaro de cera flotante, para apretarlo contra mi corazón y que mi soledad sea un carro de combate
 canción aquí

Engañar a la pena, con legañas de puerco-espín. Hace meses que ya no está la rata de la despensa. No sé si la echó el gato, si se hizo la taxidermia en nuestra maleta de madera o si se fue con el río del olvido. Yo amaba a esa rata cuando había más gente en ésta casa y todos querían matarla. Yo la dejaba comida y quitaba las trampas y el veneno que le ponían. Me hacía reír, asustarles a ellos, con la presencia de la rata. A veces, cuando todo me dolía, me sentaba sobre el viejo carro y aguardaba verla. Le hacía canciones, cuando la calada púrpura. Y me causaba dicha y misterio. Como una unión con un cuento lejano.
No escarbar en las heridas. Dejarlas marchar al blues y a los peces. Soñar, más allá de la palabra, el cursor oceánico de las ballenas. Y que me entre mucha prisa. Y que los retrovisores de opio te laven la tumba con risas de urraca y de tiburón. Y que me aprieten, una sirena de cartón y micromina, al aquelarre de los impertenecibles.
A veces hay una lágrima que no es llanto ni alegría. Que es como saliva de gorrión. Como caligrafía de roca. Como si crecieran de la tripa, aves sin destino hacia mundos sin dueños y sin palacios.
Ha salido el sol y las nubes están corriendo. Cuando las nubes corren el opio habla con el imposible. Y hablo entre sus fisuras al espíritu de mi perro y al tacto del trigo y de la costa. La abuela decía antes de morir, que el perro se la quedaba mirando a ella, porque ella era la próxima en morir y decía que el perro, iba a su lado, porque ella se iba a marchar. La abuela era como un ave. Y no quería cuentos. Le gritaba con fiereza a mi madre, que ella se iba a morir y que había que aceptarlo y no llorar ni pasar pena, que la vida era también la muerte y que si no nos muriéramos no entraríamos todos. A la vez que nos dejaba hilos de gorrión para cuidarnos las ventanas. Como si todo en ella fuera inocente y bailara. Ella sacó un hijo muerto de su vientre. Había ido a un médico de los franquistas que no la atendió y a los días casi muere. Fusilaron a su padre cuando era una niña y pasó hambre y tuvo que servir a los asesinos.Y algo de aquello, la convirtió en una fortaleza. A la vez que no dejó de ser niña. A mí me hacía reír, cada vez, todos los mundos. Me insultaba con garbo e impiedad y yo adoraba, su manera belicosa de vivir. Ella me decía que era una pecadora y una zarrapastrosa. Pero estábamos muy unidas. Yo la leía poemas cuando ya estaba en la cama. Y le cantaba la canción del pirata de espronceda. Me inventaba cuentos impensables. Y ella me creía y no me creía pero le gustaban mis historias y me hacía soñar. Recuerdo con alegría una vez que le pregunté, qué te dijo el médico (por un chequeo rutinario) y me dijo, que ya no hay nada qué hacer que soy muy vieja. La abuela no tenía miedo. La abuela era como un río. La abuela se murió bailando.
el perro no ha vuelto
y lloro lágrimas de perro sobre las flores
y grito voces de perro a la duda y a la sombra de los chopos
y llamo a mi perro donde todo es humo
y rezo perros al surco de los rios y de la niebla
y me caen babas de perro al diástole de las hogueras
y mi corazón se hace un perro corriendo montañas de olvido y lava
"todo de lo tragaste como la lejanía" Neruda

querías tal vez zanjarlo
inmolarlo, exiliarlo, pulverizarlo
hacer que nunca ocurrió

pero te olvidaste de escupir sangre

no me dejaste saciar la hoguera
no me dejaste llevar el perdón ni el argumento del final ni los tratos de los nómadas en el whisky

querías tal vez arrancarme de todas tus vidas
como un error
como un jamás
como un montículo de arañas

pero no te manchaste
no me volcanizaste un posible en la serenata de su destrucción
ni siquiera el garabato de una fosa
ni la puta literatura
ni sangre de payasos
ni la alegría del olvido de la mar

clavaste dentro de mí el aullido de la injusticia
de la ausencia sin ebriedad, ni relinchos, ni fuegos, ni carne fresca en los eclipses 

no me dijiste ni siquiera adiós

y dentro de mí, una niña olvidada, busca la eclosión
busca la venganza del imposible, busca el porqué, busca la guitarra, por eso a veces, incomodo con cuchillos y con fantasmas tu  vida, por eso a veces, quiero tu daño, algo que traiga la letra, que traiga el poema, por eso no te dejo en paz, no sé dejarte en paz, porque no amamos juntos la destrucción, porque no lloramos juntos el prófugo ocaso, ni bailamos locos de opio, porque no me dejaste estar en paz con tus muertos ni con mi cadáver entre tus brazos, porque no nos mordimos como lobos, porque desoiste, cada uno de mis gritos, porque no sé no dolerte, ni olvidarte, porque fuiste lo que más he amado
cuando escribo sangre
a veces me da el impulso
y copio y pego con cola de rana mi poema en tu buzón
aunque seas como un muerto
aunque seas como la yugular de los trapecistas en el dorsal del abismo
como tirar una piedra o un cadáver al mar

como salvar la vehemencia de los espantapájaros

hace ya dos años que no espero acuse de recibo
ni siquiera acusación, ni lágrima, ni vómito, ni pájaro inmolado, ni pañuelo, ni un útero de iglesia, ni de chapistería ni de infierno

ya no espero
ni un cuervo de la esperanza
ni una cerilla del embarazado rencor o infinito o apostasia
ni canto ni cadencia ni estaba muy borracha

pero quiero ensuciar tu buzón
pero quiero dejar en tus tendales la taxidermia de esos perros
y de esas guitarras de papel de plata y de benceno

como enviar el aullido al fuego clandestino
escarbar en la escarbada tierra, ojos de polilla
y ser otra vez la puta con la sangre entre los dientes
con la luna atada a los cordones de los zapatos de helio
me robaste la venganza
la melancolía, el amor, el sueño de mi muñequita rosa y de mi cuerva
me robaste el cuchillo, la tumba, la flor, las lágrimas
me despojaste también de la alevosía del cementerio, de la ternura y del espanto

me arrancaste tu nombre
de las cloacas y de los jardines
de mi sangre goteando y mi resina
de la página como un pala partiendo el hielo
de mi asco, como una pistola matando a dios

hiciste con el tango
un escupitajo de culebras de agua

hiciste con el silencio
un parto de arenas movedizas

me incendiaste en el vientre
el vientre de las muertas engendrando lunas de humo
ese amor de gasolina en los escombros recordando
y olea esa violenta necesidad del odio, el cordón umbilical de las canciones
a veces sólo en la placenta del espanto hallo el gozo de tu muerte
a veces, cuando se da la vuelta, prevaricando la luz, en tus cicatrices
vuelvo a la vida henchida de ternura, porque a través de lo ausente, también felan las gargantas, el semen del acto
suena el timbre
bajo exaltada por si es alguien que viene a avisarme de la muerte de mi perro
pero es un repartidor que trae un paquete de libros, me dice que perdona, que lleva dos o tres días, creyendo que mi casa era otra, le digo que no pasa nada, que ni siquiera recordaba que esperaba algo, me cae bien por instinto, parece alguien punky y humilde, parece amigo de los perros
pongo esa música y me embriago sin oirla y la siento sin leerla y la conmuevo sin mí, sin la tierra, sin destino... cuando era adolescente, elegí vestirme de pulgas para que no se me acercarán, elegí ser el hombre entre ellos, y era más bruta y más porquiosera y bebía más rápido y a fuego y a fantasma entre mis ojos y me pasaba siempre de la curva y no me casaba con, ni era parte de, y si alguien me trataba con ternura, dejaba de entender el mundo, perdía mi guitarra, perdía mi porqué
ya no dejo contigo ni en tu borrachera mi queja
mi queja es de musaraña y polvo de luz en el cigarrillo y postal quemada en las garras del pájaro, no sé desde cuándo, pero no confío, en las manos que vacíen el cuenco de mis lágrimas, como si las tuviera por destierro, como si la sangre del espantapájaros, como una canción de nadie y por el vacío
desde que era niña, manipulé las palabras, para ocultar mi daño, sólo confesé en los ojos de los perros, nunca lloré sobre un amigo, lloré sobre la indiferencia de la mar, aprendí a estar sola, con las sombras en la rayuela y en la belleza de los negrillos, contigo era distinto, hasta que ganó todo lo distinto, y volvió a salir de debajo de mi cama, el abrazo de carboncillo, el amor de duendes exiliados
tuvimos que marcharnos sin nada más una brecha lisérgica de las trampas del vino en la literatura que sustrajo de tu cuerpo el semen del olvido al cáliz del viento de nadie
soy del todo vagabundo, de mi vida en otras vidas, de mi sueño en la tierra, de la tinta entre las fosas, soy deriva de lo que juré y de lo que dejé morir, me conmueve lo inerte que hincha el cielo en lanzas de barcos y manchas de lluvia en tu amor de todos que nunca aprendió mi nombre
a veces me siento sola, como una palabra en las encías de los ciervos, como la inercia que queman los ríos, en la sangre de paloma...
salgo al patio, huele a urdes, huele a frutos de la nube, emboscados en dialécticas del fuego, y el verde es ya otro verde que nace con escudos musicales al vuelo de los pájaros, miro al monte y pienso en el perro y recuerdo su faz y sus ojos clavados de los bosques, y lloro por si ha muerto y doy una patada a un trozo de leña y luego la lluvia parece tenerlo y poseerlo todo
esas ganas de llorar
y de comprar pájaros de plástico quemado
a la desconfianza que me tienen las vecinas

o de hacerme ornitorrinco para fadar la lluvia

una flor de sangre clava cada noche un portazo en mi soledad

no quiero renunciar, aunque a veces no distingo nada palpable del chillido de las daturas

como si se me engarzaran laberintos vomitados en los bares
a la alegoría de la olvida que insiste en destazar el lapicero entre mis yemas

ese aullido, de insistirse sobre la nada, es viudo y es deriva, es como la materia inerte con la que se orgasman los pintores del silecio

y llueven ranas de la impostura de la fe y yo piso desde los ojos de los ciervos la tierra que no me ama

ya no andaré traficando con el olvido, que todo sea, el quemarropa del xilófono de los avasallados, robar brevas al aullar de mis niñas muertas y correr los escenarios, la pena se irá, sin darme cuenta, entre el regazo de los osos hormigueros o haremos una barricada con las heridas y el naufragio, un día, ya no serás la voz de mi suicida, te robarán los mapas las ratas trepadoras, te robará mi cicatriz, el rayo de los oblicuos... mientras no se puede hacer nada para salvar a las meretrices, a veces hay que llevar la culpa como una biblioteca de farsantes... la melancolía dejará de dolerme para doler en los bodegones y para esculpir el nombre de las antillegadas y que den a luz los pájaros el ocaso
a veces crepitar
el dolor del vencejo cuando cae al suelo
y esas manchas de expresionada soledad
en la saliva del afilador, con tu gozo como una tumba en mi alma
derritiéndome la cera de la erótica de la muerte
en el pigmento de porcelana que destazar con el canibalismo de la paloma

ya no eres ni patria ni réquiem
eres algo mucho más sútil en la ética del asesinato

y yo ya no tengo una caja musical
sino coladores de óleo en la prisa de los arlequines
un cuerpo de ácaros dentro de unos zapatos de cartón
y una espada de sangre de mirlo en el centro de una despersonalización
en realidad todo es una manipulación
de la antípoda de algo, porque la sangre no tiene letra
la palabra siempre miente y malversa la tráquea de un fantasma o de una huésped
puedo contar el mismo hecho, desde promiscua involucración, puedo salvar una ética, un cuervo o dárselo todo a la mar
por eso la escritura es insaciable y el cubismo insorteable
la condradicción es la única firma de lo cierto

mi vida siempre ha sido así
ha estado volcanizada en la tripa del teatro

miento desde que tengo conciencia
utilizo la literatura desde que conozco la palabra
lo callé, durante un mes y medio
porque creía que expresarlo era la destrucción y perderte
te lo dejé intuir en el contexto del mirlo abandonado
pero lo callé porque tenía aún la abrasión de un sueño y una esperanza
y se lo di de comer a las procesionarias de las pinos y a mi sombra

vivía dentro de mí como una sádica hoguera
pulverizando el camino y sus principios

lo callé porque creía que hablarlo era un cuchillo y lo irreconciliable

y en su silencio me crecieron animales salvajes en el corazón

por eso fue tan violenta y radical, su expresión ese día
por eso ya no había concesiones y se decidió sobre el salto al vacío y el extremo de los desencuentros
a veces siento una extraña soledad
que viene de lo volcánico del habla
de la cuneta de la expresión, de la comisura y vejiga del lenguaje
como si todo se empujara a una brecha
como predicar en los desiertos el alfabeto de los desiertos
y dárselo a la nada y a la roca

como si no hubiera ningún tímpano

sólo un incesante soliloquio de un crujido que se abandona en un crujido, sin territorio ni humanidad

el tacto no lo es por el otro tacto
el tacto lo es por los poros eléctricos del escalofrío

no necesito que me amen para amar
ni ser existida en otras vidas para existir

aunque a veces siento la angustia de lo desalojado
la soledad de los afiladores debajo de mis uñas

como un ir y un ir, sin estación, ni casa, sin presencias
no fui tu celebración
ya habían arrancado los vencejos la gala del aguardiente
un día, no importa cuándo, ni cuántas carreteras suiciden antes los trenes de cartón
dejará de importarme, siempre ha sido así, la excepción no me moja, sino es capaz a empuñarme una muerte,  ahora todavía, porque la escritura se agazapado con el hachís en medio, y es a ella a la que debo preguntarle y no desde la que escupir el tango y la interrogación, aunque también, pero sin los patíbulos del noctambulario del humor negro de esa misericordia

algo codicia todavía la literatura, no es por mi cuerpo ni es por mi historia, no es por el amor, ni es por la muerte

es algo que sólo la escritura sabe y yo sólo soy una zona de su tránsito, mis emociones en esto, son decoración, son la maldición del vino o el recado del desierto, pero no son dueñas de nada, ni quisiera determinantes

he buscado fuera las razones inútilmente, he buscado en otros cuerpos, en el temblor de los bares en el vómito de estrellas del callejón, y hoy sé, que las razones, están en la médula-críptica de la página y que yo sigo sus dictados, como se da de comer a los cocodrilos, como se paga con manzanas la memoria, no tiene qué ver con lo personal, ni con la metafísica, es la vehemencia de la metáfora, mi herida en todo esto, sólo es un recurso, mi quebranto sólo un buzón entre el humo y las amanitas
esa pasión no tiene pronombres
ni siquiera fantasmas
no me quema el vino en el interlunio de las costillas
no se involucra con lo vivo ni con lo muerto

habita ahí, entre dos versos sin memoria

como un fuera de campo de la insolubre gota de sangre de la avalancha

y en su ausencia es manipulada mi escritura y mi aliento de tierra y de pájaros muertos

no espero nada, pero soy esperada en sus hogueras

como si no hubiera lados, como si el horizonte fuera una alegoría

es un tránsito aunque desconozco la curva de la que vengo y la vuelta que quema debajo de los pies


Los prados empiezan a ponerse de un verde-manzana. Están creciendo los lirios y esas flores que no conozco su nombre pero su textura se clava en mi olvido. Los ríos engordan por el canto de los lobos y salvajes emigran tu nombre al lugar al que no volveremos. Nunca estoy dentro de la noria. Prefiero volverme lava con la impiedad de la piedra y crujidos de salamandra con el absurdo recuperado de la hacienda insolvente. Aunque esté en el mismo sitio. Nunca cruzo la misma puerta. El hastío me es una flor de hachís. Sé que vuelvo y vuelvo a la página vacía, a la soledad de la tinta con sus cuchillos, al devenir de los no destinos. Pero no hay cadencia. Elegí inmolarme en el delirio de las polillas. El día que haya cadencia sé que buscaré el suicidio o la explosión. Sé que volverán a mi cuerpo los tirachinas de mercurio y de benceno. Sé que saltaré al vacío.
al oir los pájaros oigo esos paisajes, una vez muy lejos de aquí, he conocido una persona, que enloquecía de belleza, en el canto de los pájaros, que entraba en una psicosis oceánica y flotaba contra el mundo, él me dijo que Oyera, que su melodía, lo atraía todo, lo tenía todo, yo amaba a ese hombre, ave de los mundos perdidos, en los jardines del manicomio, su voz me llevaba al mar, su universo interior, me llevaba a la libertad, sus tímpanos me empujaban a la sinestesia del cordón-umbilical en el volcán de la navegación
siempre creí en el amor, lo aprendí de los perros en mi infancia, aunque luego me metiera en el lado de la tiniebla, aunque defendiera la espina dorsal del mercurio, amé con el expresionismo al cubo de una meta-poema y busqué el amor, lejos de la tierra, lejos de las gravedades escritas en la lógica, amé con el delirio y con la innegociabilidad de las amanitas y del mismo modo dejé de amar, sin poder borrar nunca la abrasión de los pájaros, sin coagular, sin prescindir, sin tener ni puta idea
al cruzar contigo
el pronunciar del desierto
te vi perderte de mi interior
como una alegoría
como la explosión de un silencio

da igual la erótica del abandono
no nos hubiéramos matado por amor

porque crecimos con la soledad de las hiedras
porque los ladridos amaron el cerebro de los espantapájaros
porque no te manchaste con mi muerte

te dije aquella vez "cuando se llega a esa noche y no se salta al vacío, el romanticismo se cambia de bando, cuando no se corta uno las venas al asalto, se vuelve literatura y circo" te dije que no había elegido el tormento, ni abandonarme, ni, que sólo tomé la página, que ya no quería, paisajes de helio, mundos sin intestino y sin sangre, y seguramente también menti, porque diga lo que diga, hay una ausencia gramática que genera sus contradicciones

pero tú ya eras un fantasma, y mis palabras eran saliva de cocodrilo, hay una vehemente desesperanza, en el fuego de las indeciones de cobalto, y todas mis líneas atestiguan los frutos del abstracto, las momificaciones de opio y las desbandadas contra la tierra y contra el plural
Abrir los ojos, suenan un montón de pájaros y llueve, como una lluvia de bienvenida, una lluvia de comienzo, hay un poco de niebla. Tengo que luchar contra la tristeza. Algo que me ocurre, sobretodo en las noches. Algo que me desgarra y me abandona. Como una ausencia del sentido y las ganas. Como una ausencia de la fe abstracta. O una soledad impar de los garabatos. Algo que tengo que llenar con vehemencia. Que aseverar con el crujido de las hojas en las hogueras. El perro no ha vuelto. Pero no pierdo la esperanza. A veces se va lejos siguiendo sus instintos. A veces se adentra a la montaña. Fuimos alejándonos de casi todo.  Posicionadas en el suicidio del terreno. Como enjambre de la abstracción del nombre. A veces tenemos que cargar las calaveras de una historia cautiva. El dolor es también una vehemencia del imposible. Una manera de conocer las palabras y los pasos. Aunque no es un lugar para quedarse. Yo ya no quiero atormentarme por nada. Y porque la vida, también la abrasión del exilio, el desgarro, el silencio de los hollinadores. Pero hay algo más allá. Una sed que busca el gozo y la música. Ha sido raro éste invierno. He vuelto a tu casa vacía. He escrito en tu tumba los labios de sangre de otros cuerpos.Mañana a éstas horas estaré de camino a la mar. Voy como se va a un rezo. Como se peregrina el otro lado de los poemas. Como se sueña con el imposible.
las horas extrañas, me quedo en esa habitación a oscuras, creo ver sonrisas de mimbre y paja en las paredes, recuerdos de mi niñez, al crujir el suelo de madera y sin querer te pienso y siento otra vez esa pena y me digo, tengo que evitar nombrarte en lo nombrado, sufrirte en lo ausente, y pienso también que me apetece embriagarme y pasarme de tildes, una noche en aquella risa, escampar las flores de arena, en otro pretexto, afuera llueve, afuera la montaña devora otra vez tus ojos, yo quiero irme muy lejos, no llevar los lapiceros de lo tangible, me echo un poco de vino y descorro el cubismo de olvido en los ventanales, no me dejó marcas el manicomio, ni todos esos excesos a la guadaña de la noche, pero tú sí, y quiero arrancarte ese motivo de mi cuerpo, devolverte a la inefabilidad, alejarte de la mies y el aguardiente
Recuerdo cuando ella murió. Me desgarró por dentro. Pero esa noche puse música para todos y quise cantar. X. me dijo que la quitara que un poco de respeto. Para mí la música era el respeto. La comunión de mi tripa y el devenir y la hoz del viento y el hachazo, la empatía del vino y la sinestesia de los filos. No creo que haya que vivir la tragedia de los apostólicos. Para mi ese tipo de dolor, es como un fuego. Es como un azote de extrañas drogas y versos en carne viva. Y es amor y es barricada.
Tengo una mala intuición. Creo que el perro no volverá.Aunque otras veces me he equivocado, ojalá me equivoque. Pero se me repite la imagen de él cruzando el puente y subiendo hacia el monte. Es como si notara un hueco. Como si notara, un pentagrama ausente, dilatando el kilometraje del silencio. Algo oscuro. Algo de saliva de águilas en peñascos aislados. Y la atracción de los olmos en alguna cuneta sin rostros.
El sábado al amanecer me voy hacia ese pueblo de Cantabria. Luego iré dejando cerrada la mochila. Tengo ansia del viaje. Ansia de la mar. De ver otro mundo que no pacte con los mundos conocidos. A través de esa avaricia abstracta que la mar salpica en el gozo de lo salvaje. Tengo ganas de bañarme desnuda en la mar. Y escuchar allí los soliloquios de todos los caminos que dejaron de serlo y se volvieron aves y guijarros.  Tengo ganas de escupirte desde mis tuétanos y dejarte para siempre faro de humo oceánico. Y no volver a llorarte. Y no volver a llamarte. Y no volver a escribirte. Que se zanje de una puta vez la deuda y la insolvencia de ese poema. Quevuelva a la vida, como un animal que se enrrabia de eclipses. Y dejar ya la urdimbre de las historias al placer del fuego.
me gustaba fumar hachís, me enloquecía el placer de su fuego en la boca, derritiéndome de la vehemencia de los noctambularios ingrávidos, me sentía una pieza musical, impune de la muerte, más allá de cualquier ley y moral, poseida por el imposible y con cuchillos de viento y de ballena, pero después de tomar el estramonio, mi subconsciente y mi interior eran distintos, estaban rotas ciertas fronteras, había una calavera del espanto, en mi sinestesia, y al fumar, entraba en endemoniados viajes, en asesinatos de desierto, como si le empezara a tener alergia, como si me metiera en el volcán de la locura...., y aún así fumaba, aunque cayera en ese infierno, hasta que un día, lo dejé, cuando me di cuenta que para mí el hachís se había vuelto una violenta náusea que me arrancaba del mundo y de la vida, fumé durante muchos años, fumaba nada más despertarme con el primer café y fumaba para dormir, en el bosque, para ver y para no ver a las personas, para escribir, para cantar..... pero  por alguna razón, ahora mi interior, mis percepciones, no lo toleran.... en éste tiempo aún he fumado alguna vez, y cuando cierta ebriedad y libertad, he podido bailar.... pero le tengo como miedo, como si ya mi cordura siempre andara a la cuerda floja.. y el hachís me procurara un incendio del realismo
de ese dolor sin lapicero
o con el sudor-diógenes
de la hambriología del suceso sin calma
taladrada en la autopsia que alquilé a tu madre
para dejarte libre de carga mi ternura

y no fusite tú en mí
si no tú en mi falsa primera persona
como alimento para meter en el anzuelo
y hollinar sangre al desfalco del paraiso

siempre voy detrás de tu suicidio
para no cargar la culpa del perdón
ni salvarme, ni lavarte de la oda ni la cloaca

y que gne siempre el teatro a la palabra y al dar la vuelta, la felación te devuelva un nombra, para acunar a mis huéspedes de tu muerte
me llama X. que uno de sus alumnos necesita un soneto para entregar mañana, me dice que a b b a, a b b a, c d c, c d c, y no sé qué de las xinalefas... si lo puedo hacer ahora, y yo en mi vida escribí sumando, ni midiendo, ni por encargos, ni, y me lo tomo de forma un poco frívola y con errores, pero me divierte y me sale esto:

cuando lo mucho es poco y suena
en tu cuerpo desnudo como hambre
es llevado a la hoguera el enjambre
que nunca me conmovió tu pena

y sin embargo no maté de ti Sena
que Paris es tu muerte mi calambre
y exigimos mística cochambre
al  jamás que no tuvo tu condena

y perdí de mi vida tu altura
por el pozo que nos mató la flota
en tu lágrima desembocadura

lloré como mea tu añadidura
tu voz en el crimen de la derrota
y cayó el mundo en tu ruptura


y no sé por qué coño estás tú aquí, tú siempre estás en lo que no es mío, en lo que no me conoce y pasa y no pregunta pero quema y no conmueve pero espanta, cuando la voz, es cualquier soliloquio en la cuneta....
somos de las condenadas
eso déjalo para la muñeca de cera
yo sólo quiero tu suciedad
yo sólo quiero tu culpa en mi culpa
yo nunca fui la canción
mi destino no estuvo en otros destinos
mis pies no salieron del cieno ni renunciaron a la deriva

y porque tenía una rana
pude verte morir sin matarme
pude verte acuchillar mi cuerpo
sin llorar sangre en tu tumba

porque me desposé
con la antípoda de todo lo que dije haber sido
lo que dije perseguir, lo que dije tener

porque hay quienes crecen sin amor
y se adhieren a la fotosíntesis del abstracto, meretrices de lumbres sin pronombre
y todo es un circo, la tragedia sólo es para viejos, la verdad sólo para cobardes

prefería romper en tu cara
la belleza que dijiste necesitar de mí
la canción que dijiste amar de mí

para estar con la harapienta, también la soledad del astronauta

sé que podría haber hecho otra literatura

si mi intención hubiera sido lavar la bañera

pero a mí me urgía, abrir las piernas a esa noche, sobre tu pálida ternura
y robarte desde el hueso, la tiza del insomnio
con la que escribir encima la hacienda de lo etéreo
el perro no está, su huida me es incandescencia, mirar al monte y acechar monte y llorar monte y empuñar monte y no saber
X me decía que yo no puedo comprender el sufrimiento que le causaba cuando me iba de casa en la adolescencia y pasaba noches despierta, sin saber dónde ir, ni dónde llamar, ni qué, ni cómo
pero hay algo más allá, y es la libertad de cada uno, el perro ha seguido sus propias vehemencias, sin correa ni bozal, sin ley
y todos necesitamos ser perros para entender la canción, amar-perros para unirnos a la esencia, desobedecer perros para ser del aire
busco mi isla
el alfabeto de los corales
en ese lugar donde sólo puede ganar el amor y la anarquía
en ese aullar incorruptible de las selvas

con juegos de cartón y bailes descosidos
donde van los locos a bañarse desnudos en el aguardiente y en el hielo del olvido

ese lugar donde todo fantasea con la apostasia sobre el hachís y los ciervos, comen corazones de ciervos en valles púrpuras y cósmicos

creo que cuando estoy triste
es porque he dejado entrar al puto realismo
cuando me hiere la legaña del horizonte
es porque he dejado de cantar
y me ha convencido el puto suelo

es la cordura lo que mata
la cordura de ese mundo de encordados

y hoy me debió entrar desde la diatriba de tu cementerio
y en lugar de morderla al sapo, la deje, llenar mis páginas, con la voz de los viejos
ya no sé con qué llamarte
he perdido las vocales de tu nombre
el desierto que amaste contra mi vida esa noche
te robó desde mi tripa las orquídeas
desde el crisantemo mi palabra

sólo hay ladridos de perro para romper las farolas y comprar los billetes

yo quería que hubiera sido de otra manera
para cantarle una nana al escarabajo de Kafka desde tu sangre
para urdir los puntos suspensivos del blues y salvarte

pero no fue así, fue lo que dictó el rayo

el desencuentro de la arcilla en el soliloquio del cuervo albino

y correr y bailar a hurtadillas con las musarañas el coste del olvido y ser de todo lo que nos ame una diéresis al cuchillo y a la luz plateada de la cloaca del sena en tus diarios
en EEUU a veces condenan a muerte a personas que perpetraron crímenes pasionales
pero son ininputables todos los verdugos
están a salvo y con las cuentas corrientes llenas, los asesinos del poema, de la canción y de la justicia

la cárcel es para los pobres y para frenar la revuelta
la ética está hecha desde el hedor burgués, desde cielos de oro, para proteger al Corte Inglés, para proteger al Banco que desprotege nuestras vidas, para velar por el político corrupto, por el gobierno traidor al pueblo, para que la clase de abajo siga abajo y agache la cabeza, para que sean las leyes de su podrido sistema, las únicas posibles

y me da tanto asco saber que hay tribunales que se creen por encima, hechos desde la podredumbre del capitalismo

que empatizo tanto con el asesino de abajo, el polvoriento, el roto, el herido de la tierra, que a veces me da hasta miedo

cualquier tribuna que nazca del capitalismo, cualquier ley y ejército que lo ampare, no tiene ninguna justicia, está desacreditada por sí misma, hasta la obscenidad

creo que en las prisiones vive lo mejor de nuestra asquerosa humanidad
los avasallados cantan sus canciones de polvo y silencio, de polillas y aullidos mudos

los que, de una o otra manera, embistieron contra los cercos, contra la hipocresía, por desgarro, por angustia, por locura, por incandescencia, se rebelaron, aunque no fuera desde las ideas políticas, no aceptaron la miseria a las que les condenó su nacimiento, no entraron al juego del circo de la jerarquía, arriesgaron, suicidas o perdidos, gritaron hasta ver partirse los cielos

los malos están fuera, libres, con corbata y clase, perfume y mansiones
esa noche
podíamos ponernos de rodillas ante la misericordia
o hacernos de mercurio-corazón y mancharnos insolentemente el lado de la pérdida

de tú a tú, con el sarampión de los diluvios
y fue sin querer porque lo querido era una rana roji-negra

tú me soltaste en el abismo
y crecí abisal en los restos orgánicos de tus sábanas

y ya valía tanto la sangre como la belleza, el aullido como la negociación, la patada como el soplido

fui eco en el eco de tu oscuridad
robé de ti el cuchillo que clavé en tu cuerpo
lo saque de mi tripa con los escombros que dejaste en mis flores

no pregunté porqué ni de qué manera

fue un instinto
fue un tiroteo sobre el muro
fue la flor azur reviviendo el pájaro
me falta algo para la alegría
como un broche de ese vino corsario que una vez(...) y se subieron encima las musarañas y los caminos de polvo envuelto en las aristas de tu hálito, atrapándome, la razón del exilio o esas escaleras empuñadas al cóncavo

no nos salió ninguna cuenta
todo se lo tragó el pi de una abstracción

nacimos ya insolventes
ya expatriados
ya negados de la identidad y de cualquier hegemonía

enloquecimos porque era lo mejor qué se podía hacer aquella noche
y una extraña música engarzó las aves peregrinas en los zapatos rotos

suicidé mi futuro abrazada a un espantapájaros
tú eras todo cuánto necesitaba
ahora mi necesidad es viuda

y en la ausencia me dijo el verso, que también era mentira
que también los cascos abollados de los héroes cocainómanos
tocaban el violín para calentar los pechos de las viejas
Jugar con la urdimbre de ese humo. Al final aquí, el infinito descomienzo. La isla del naufragio amando a los desobedecidos, esa insolencia de la palabra que no quiere ahorcarse en su hegemonía. Y fruto de ardiente nostalgia y combativa tumba. Tengo agujeros en la sombra, para amarte todavía. Litros de vino en la aguja de coser verdades e irse con el trapecista a suicidar un sol y una casa. Busco algo cierto. Busco algo inocente. Algo que cada vez goteé la sangre y el surrealismo. Sólo el lenguaje de la metáfora y la pintura, evita el engaño, evita la jaula de la propiedad de la letra y del nombre. A veces me miro como una cínica. Atraida por los rizomas de la contrariedad y la eterna oposición a cuánto he jurado. Y creo que actué con dudosa moral, contigo y con el cuervo. Y cada vez es más dudosa y duda de lo que miro, de lo que afirmo, de lo que muerdo. He llegado a la conclusión del impulso, su vehemencia y mortalidad. Enterrar todo centro y territorio. Y actuar como los pájaros. Pero aún así, anhelo a veces, algo puro. Algo más allá de la erótica de la entropía. Algo que pueda perpetrarme un fuego kamikace en la tripa y desgarrarlo todo, por su canción.  Algo que no se haga polvo cuando crucen las meretrices con los pronombres en los trenes estercolados del vino y del insomnio.