HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba algo raro... estaba con un amigo.. en una fiesta, de fin de año o algo así.. y él quería llevarme al hospital porque yo tenía enfermo el corazón.. porque había consumido drogas... estaba una chica que fue mi amiga hace mucho, cuando yo tenía 7 años.. yo al final le dije que no quería ir y que prefería dormir... y me eché en la cama junto a ellos dos ... y luego no sé cómo había indios y me daban ayahuaska en un tarro de madera... y yo me curaba... tal vez fue cuando me dormí en el sueño... y ocurría el viaje de la ayahuaska pero no lo recuerdo.... Kavka me lamía la cara mientras tenía ese sueño... y luego me empezó a doler la regla y me levanté...

pututu y hash (videopoema)

Ahora ya la noche.. y ese deseo de poner las manos sobre una cocina de leña... guardarse de caverna llena de heno y oler como los corderos que no son degollados  ni acaban en la carnicería...... al sonido de las nubes de la noche. Y sin embargo la casa tiene un agujero por el que entra todo el frio. Y los ausentes gritan papel de calco en mi lágrima de polilla retorcida por letras ilegibles cuando se abre la luna. Alguna vez existió un refugio, entre los poemas y las manos de la abuela, los ladridos de los mastines, esa risa en el patio, el humo, el vino, las estrellas y una carta de amor que llegaba tarde en abril y nos volvía cuna y ginebra en un barco que flotaba.
Hoy todo es más precario de irse volando por los aires detrás de la inexistencia. Nos sujetamos soplido de la noche, verso que no se sostiene en el papel ni en la voz. Un perro juega con las sombras, trae la esperanza y la trinchera. Las habitaciones vacías no pueden ya hacerte parpadear en mi lluvia ni en mi grito. El tambor espera que te sueltes de la palabra en la médula del peyote.
Se mugre de tu noche sobre la arista, empuñando la canción del fuego, en ese amor que mataba tantas neuronas bajo la luna llena. Hoy somos residuo de una pobreza enamorada que celebra el pututu y el hash, debajo de los pentagramas del hambre. Borré mi caligrafía en tu cuerpo y até el mástil del fracaso bajo tu patria destruida. No vinimos acá a ganar. Nos supimos del bando de los vencidos cuando aprendimos historia en esa escuela a la que llegamos ratas histriónicas del metalpunk. 
Fui también un DIU en la casa de tu madre.
El perdón lo tomamos por la fuerza, porque pidiendo permiso nunca se llega a ninguna parte. 
Me dediqué a escribirte en las puertas de esos retretes de tus tretas sin arreglo de diéresis cuando faltan amanitas y razones. Y el orin escribió mejor el riesgo acumulado en la nada. A lavarse de carmín y de luna, en el barro. En tu cuerpo siempre fui extranjera. Tu gozo me decía lo mismo que las paredes del manicomio al oido cuando matábamos rosas al querer volar. Tu amor, era un policía del infierno, era la sed en esos campos de cultivo de teja y martillo. LLenando de carbón el aleteo del patio, cuando tomamos prestado el vino y la muerte. Tú no eras claro. Naciste maldito en una noche muy fría. Tú habías perdido la inocencia en unos pechos que te amamantaron hijo bastardo del vacio. No te culpé. Me manché con tu sangre el vestido y el futuro. Yo tampoco había caido de una cigüeña. Ni la tierra abría el paso.
He ido al río con el perro y el tambor... al principio iba con violencia, con cicatrices... pero allá, estuve corriendo con el perro y una cuerda y me aflojé de luna. Luego entré en trance... y sentí una apasionante belleza, sagrada e incontenible, al mirar con los ojos sobre todo y nada a la vez, las ramas cobraron una forma etérea y vaporosa... y empecé a visionar... rostros en el monte.... al principio eran semihumanos... pero de formas medio imposibles... luego uno se hizo un lobo negro, muy nítido que tenía un significado especial en mi sentir. Antes de eso tuve como un rito de perdón, de exposición de mis oscuridades... como abriéndolo hacia la madre tierra, como saltando al vacío de sus pechos y de su voz. Y durante un instante sentí prometer que ya sólo seguiría ese corazón y que no importan mis motivos ni mi historia.. ni mis intereses sino son de esa fuerza misteriosa y penetrante, más allá de mí, antes y después de mí. Yo a fin de cuentas... no soy nadie, todos somos nadie, nuestras fortunas y desgracias, nuestros bienes, son ceniza para los tuétanos de la vida.  Todo eso que sentí tocando el tambor me poseyó... por un instante sentí tanta belleza bajo esos chopos... que me entró vértigo y éxtasis... de saber que no podría conservarla. Me sentí tan conectada a algo tan bello... y me sentí allí vagabunda, da igual mi pensamiento o mi certeza o mi deseo, da igual lo que yo busque, lo que yo he perdido, la belleza no se casa con nadie, es madre pero también es hachazo, es oscura y es protectora, es despiadada, es inabarcable, incognoscible, no cuenta su secreto.... Durante un instante del trance se agitó un viento muy frío que removía las hojas y las ramas y sentí un escalofrío, un mensaje inaccesible para las palabras.
A la vuelta.... me dio por recoger todas las hojas mohosas y ramas caidas del patio. Recordé ese patio... hace unos años, cuando la abuela salía por las tardes y se sentaba allí. Cuando estaba el Thor y la Monchita... cuando pelábamos allí las manzanas y a veces comíamos debajo de los gorriones. Cuando traíamos árboles y flores para plantar... y todo eran colores y abejas y mariposas... Y sentí que debía recuperar el patio. Cogí el cubo de la ropa sucia que es grande para evitar dar muchos paseos al contenedor, había pensado que lo mejor era hacer una hoguera, pero se me quitó la idea al recordar las desventuras de otra hoguera que hice una vez en el patio. Cogí el escobón.. y acumulé varios montículos. Debajo de las hojas había tierra y humedad, mierda de gato... y eran como placas medio sólidas que parecían tener miles de fastasmas. Con una bolsa de plástico en cada mano, llené el cubo varias veces. Por un instante sentí rabia a los gatos callejeros, no a Molotov ni a Tramontana... a los otros, hay una decena de gatos... que me hacen sentir que todo es suyo y que ellos están del lado de la tormenta.  Yo quiero recuperar ese patio.. poner la mesa con la que escribía allí, corretear con el perro, sin  temor a que se lleve mierda a la boca. Cuidar de las hierbas. Cuando vivía el abuelo nunca estaba abandonado. Mañana me queda una última barrida de las cosas pequeñas. Yo quisiera conseguir el prado de enfrente, cambiárselo al dueño por alguno de los otros nuestros. Allí podría plantar muchos árboles... y hacer un muro de cipreses para que nadie me vea y tener un horizonte verde y allá la montaña y la luna. Allí podría plantar patatas y repollos, fresas. 
He echado de menos al abuelo, un rato cuando jugaba con el perro... Todo es raro. Todos nos salimos despedidos hacia lo inabarcable y dejamos acá, un cuerpo congelado, pero no somos piedra, somos agua y gritos del carbonífero, somos abono de lo incierto, puñal y despedida. Apenas la hierba acaricia nuestros abismos. El ocaso que mece escaleras de glaciares donde al final la vieja del fuego sopla pájaros articulados por el grito.
No sé para qué tanto sufrimiento en la tierra. No sé qué semilla nace de él, que macabra evolución, qué coño dentro de esa monstruosidad de lo vivo. No sé qué alimenta la sangre derramada... los gritos de agonía y de hambre, las mutilaciones, los mataderos, el crímen, la ambición. No sé... pero hay sangre derramada desde que hay hambre y hay hambre y muerte desde que hay sexo, las primeras células eran eternas. Hagas lo que hagas aquí, no puedes vivir en paz... porque hay muchas personas que no pueden vivir y sufren la injusticia y los yugos de los carniceros capitalistas y estamos destruyendo la naturaleza..  No se puede vivir en paz, cuando el mundo está lleno de guerra y de mal e infamia e injusticia. Eso sería ser ciego e indiferente.
No es un lamento. Es un verbo que cantó sobre la queimada. Es un lugar de partida, para esa partida de póker entre borrachos y mancos... con una estrella de fuego en la soledad de las postales ahogadas dentro del vaso. Tentando el pulso del sol cuando revienta.
Yo seguí mi corazón, cuando era un matojo de alambres y de fantasmas de la datura, y lo seguí por el infierno... porque sólo la locura tenía la llave para volver a traerlo a casa.
De camino perdí cien yoes... mis credenciales, mis motivos humanos, sociales.. y me hice del todo improductiva, versatil del aullido de luna y de ceniza.  Del amor, degollamos el muerto, lo vestimos de flores y de risas de mono, lo echamos a la mar y a las hogueras y nos quedamos sin nada, esperando que subiera la marea.
Todo fue del fuego y de la búsqueda de las alas rotas. 
Acá en la tierra sólo fui una payasa con tintes suicidas y de mermelada de piedra. Acá sólo hice ruido con maracas y con huesos afilados.  Perdí todos los trenes. Perdí la casa, la certeza y las ataduras. Amé estrepitosa y estúpidamente.... a lo que me amaba. Y todo era una oruga comiendo una hoja de tejo y un pianista loco saltando sobre los capós de los coches. 
Ahora estoy en medio de la nada, atrás no hay nada fiable y adelante tampoco. Todo flota en el fuego, no hay arriba ni hay abajo. No hay hijo que salvar. Lo que hay es de la semilla que aún no ha nacido. No es de nadie. Nunca será de nadie. Lo único que le debemos a la vida, es volvernos locos hasta ser un rayo perdiéndonos para siempre en el canto de la ballena. Todo lo otro es de la muerte.
He comido verduras con patatas. Y ahora estoy silenciosa en la galería. Frente a ese monte frente al que tantas horas escribí... cuando la palabra era también paralítica de tus brújulas de sal. Habito la lejanía. La casa rueda canicas de moho en las flores secas dentro de esos charcos que dejaste sobre papeles sacudir el fuego de lo que no volvería. Hemos sido tantos cuentos de ficción comprando el billete de tren y regresando solas al hielo de los girasoles, que nada es una permanencia, la metáfora no lo permite, la lágrima no puede dar de comer al maíz, el riesgo de ese poema ya corrió con los sepultos.

Algo en mí... desde siempre, me empujó a esa línea divisoria del abismo y de la nada.
Para mí fue una utopia amar. No fue algo realizable en lo humano. Yo nací escondida en la flor y en la araña de Franquestein y nunca pude salir del caparazón de gas, sin traicionar mi destino. 
Estoy tan acostumbrada a estar sola.... que me genera un obligatorio teatro y puesta en escena de funciones oblicuas, salir de ella y abrirme el corazón. Mi verdad está sujeta al silencio y a la distancia. Mi camino, es separarme de los otros caminos. Soy terriblemente vulnerable al amor, cuando veo en los ojos de alguien un gesto sincero de fuego y de pájaros hacia mí, me evaporo. Pero yo no sé tener una forma ni una palabra en ese lugar. Estoy acostumbrada al olvido, a la despedida, al frío, al daño. Nunca encajé con los valores de la sociedad ni de la escuela... eso me colocó en la antagonia... y me fui. Cada vez es más densa la soledad que me lleva donde la luna cierra los párpados. Mi identidad y mi sentimiento se ha formado dentro de la escritura y de los sueños, no en la piel, ni en ninguna hechura social. Para mí me viene antinatura la relación social.  Y la asocio, cuando es de un modo íntegro, al lenguaje poético... y no al de la prosa ni el tiempo del sistema. Por eso las relaciones que para mí fueron puras, fueron también inviables en la tierra.
En ésta sociedad estamos muy solos. Casi nadie tiene tiempo a abrir el telón y mirar el corazón y buscar los secretos y los tambores y blues y tumbas de la historia de cada unx. Vivimos en un burbuja llena de pegamento con ticket e IVA, ya no formamos manadas, ya no somos pueblo, ya no somos personas con las personas, somos un interés sobre otro interés. Si te para un tipo malvestido por la calle, te pones a la retaguardia, piensas qué quiere de mí, me robará?. Porque el valor colectivo, es un jodido valor económico. Somos un burdel.  Los niños se crían en una sociedad que les enseña a no prestar su juguete, a competir frente a una videoconsola. La escuela nos hace soldados para tributar a hacienda y meternos algo en la saca.  Dejamos morir de hambre a miles de personas... a vivir sin abrigo, sin papeles, sin futuro... sin igualdad.  Y acá, hay gente con su hipoteca pagada que se muere de soledad en su salón de madera de castaño y televisión de plasma.  Y si un día necesita una canción no tiene a quién pedirla... ni sus monedas sirven para comprarla.  Acá todos estamos solos... sucios del matadero. Los políticos representan la mierda de la sociedad. Una sociedad de personas libres y con conciencia, no tendrían esos políticos.  Tenemos la mierda, porque somos mierda. Porque hemos dejado que los buenos se pudran en cunetas y en prisiones. Porque hemos defendido la ley y la policía que trabaja para el crímen, para lo privado, y hemos aceptado lo privado, porque no nos importó que miles de personas no pudieran acceder a una casa y a un sustento, mientras el nuestro lo teníamos a nuestro nombre. Fuimos egoistas de nuestras baratijas envenenadas. Defendimos una iglesia con techos de oro... del dios verdadero, el que mató a millones de indios y de negros, el que destruyó tribus europeas y quemó brujas y templos y culturas y futuros, el que avasalló a la diferente, el que condenó a prisión al homosexual y a la mujer que no quería un crucifijo en su vagina. De esa iglesia... siguen comiendo los diablos que están destruyendo a la naturaleza. Y los capitalistas sonríen. Pero la muerte sonreirá mucho más alto sobre sus miserias.
Yo ya no quiero nada de la sociedad. Quiero llevar mi vida, a un huerto, a quitarme el frío con leñas que recoja del bosque, a cocinar sobre el fuego, en un agujero en la tierra. Y hablar con los pájaros y las serpientes.  Quitarme el rollo de internet, de la electricidad, de la memoria del s.XXI y vivir con las comadrejas y con los peces. Ya me da igual todo lo que supuestamente es mío. Todo eso sólo era polvo y humo.  No se puede vivir sino se mueven de sitio las semillas y se manchan con tierra las manos y la palabra. No se puede vivir dentro del sistema en paz con el espíritu. Si vives dentro has prostituido tu alma, de una o de otra manera, estás siendo, ladrón de lo que es tuyo y del viento. Ganarse el pan, es hacer tratos con el trigo y no con el patrón ni con las cuentas corrientes. Esa es la esclavitud de los pueblos de hoy, la de siempre, la que mantiene encima a los parásitos y criminales enfermos de avaricia y de poder.... Yo no tenía absolutamente nada que darle a ninguna empresa. Y las pocas veces que lo intenté me despidieron a los dos días. Por eso soy vagabunda. Lo que le debo, se lo debo a la tierra, a la naturaleza, y he de devolverlo, sembrando... para ella.
He llamado al veterinario para ver si le seguía dando el jarabe porque se había acabado ya el antibiótico pero el perro sigue tosiendo un poco..y me recomendó ir allí a por más antibiótico unos días más..... pero yo no tengo coche, ni quiero ir allí a que me cobren 4 veces más de lo que vale y al final lo voy a comprar en una tienda de animales de aquí, y me ahorraré unos 20 euros... he cogido asco a los veterinarios... y a todas las relaciones que impliquen dinero... me cuesta ir al supermercado, el dinero me hace sentir indefensa y sucia, acorralada y misántropa... me hace perder la empatía, porque siento que la mayor parte de la gente se mueve por el dinero antes que por su oficio... y lo interpone a las relaciones y a la vida.  Cuando tengo que usar el dinero, me siento en un jodido burdel, siento que el dinero envenena mi piel, mis ojos.  Tal vez por ese sentimiento siempre he gastado todo antes de que me enfermera el corazón dentro del bolsillo.  Ya me pasaba de adolescente, cuando no tenía casi nada. Recuerdo en una borrachera en un garito de rock.. que tiré todo el dinero que tenía sobre la gente maldiciéndolo, maldiciendo al mundo esclavo de ese enfermo poder. Y luego recogí alcohol que andaba por la mesa en vasos medio abandonados. Recuerdo una chica que vino a traerme el dinero que había tirado... y yo me puse a llorar... y lo dejé otra vez en el suelo. 
Me he puesto nerviosa, al llamar al veterinario y luego a llamar a la tienda para encargar el antibiótico. Ese tipo de cosas me llegan como una agresión, me provocan angustia,  porque me veo obligada a tratar rollos comerciales.
He estado por el río. Feliz. Llovía y a ratos salió el arcoiris, uno muy grande y bajo... con nubes grises encima y cromáticas de fuego que se escurre.  Me senté en un viejo árbol caido y muerto... pero que está lleno de musgo y líquenes... y me quedé ausente mirando el río y los chopos... pensé en el amor perdido, en una manera de dejarlo todo en paz, junto al río que nunca se para. Lloré unos segundos y la lágrima se mezcló con la lluvia y el viento frío y la belleza que se agita en la montaña.  Jugué con el perro. Él se dedica a hacer hoyos y aa revolver la tierra... y a mí eso me gusta mucho porque se levanta un olor a petricor y a beso de topo que me arropa la desesperanza.  El perrito ya se está curando... ya no tiene casi tos... aunque por si acaso lo sequé con la toalla al llegar. El buzón no tenía ni una carta, ni siquiera de la mierda que mandan los de los recibos.   Di de comer a los gatos caallejeros, pensé que debería un día de estos barrer el patio... cuaando vivía el abuelo siempre estaba limpio.... ahora parece que es un nido de orugas y de murciélagos.
Ahora me voy con Kavka al monte. A oirme en el silencio de lo que siempre ha callado al rozarme, cuando se congeló mi mirada en la cicatriz de un árbol... cuando le dimos todo a un hueco que todo lo tragaría como flor de rocío en los incendios de la noche. Y no era su culpa. Él era también un peregrino del no-mundo, sin caballo, sin amor al lado de su muerte, jugando a la disección del moho de las luciérnagas cuando aterridos de nieve.... sólo alcanzaba para llenarlo todo de whisky y amenizar el fin del mundo ebrios de mundos imposibles.  Hoy escuchamos la misma canción, separados para siempre por la misma separación con la que nacimos. Hoy vemos el mismo rostro en las nubes y la casa se va haciendo un nido de ruinas y de gnomos. Busco los girasoles palpando en las piedras la caricia de los erizos. No lloramos. No miramos atrás. No señalamos a nadie, ni atamos en las botas tumbas ni moradas. No somos víctimas ni verdugos de nada ni de nadie. Sólo somos animales caidos en un tiempo que no es el nuestro y en un mundo que no nos recuerda.
Hubo muchos naufragios que fueron a parar a los coleccionistas de tormentas entre juegos de cartón y ceniza. Me desangré en cada uno de ellos, perdí diez futuros, en cada réquiem... abrazada a cadáveres de ketamina ciabogando los hoyos donde tu pupila era una bala de luz invicta y torturada en las flores. Cada pérdida, nos llevó más desnudas a la esencia, y era sólo fuego, sólo amor despertenecido, ingrávido, carente. Cada disparo que atravesó el espejo y el corazón, rompió quimeras y falsos enunciados sobre el Infinito. No fue inútil el dolor, ni el andrajo y los mendrugos calando el interior de la lluvia, silbando la tramontana hacia ninguna parte.
Nos vamos quedando solos. Y la luna brilla más intensa. Y la mar ruge animal el apasionamiento de los que no tuvieron nada. No fuimos hijas de la ternura, no vinieron los reyes magos, no dijeron nada las estrellas fugaces, no dieron besos a nuestros sapos, ni cuchillos a nuestras funambulistas. Lo que tuvimos, lo tomamos por nuestra cuenta del callejón y del cementerio. Y ahora ya no hacemos vasectomías para que se cumplan los planes de los duendes. Vamos con lo imprevisible y con lo vagabundo y pedimos lo mismo a las palabras que lo que piden las hierbas. El fracaso nunca fue fracaso porque llegó con el punk y con la noche. Y fuimos Peter Pan entre sus muertos. El mismo machete de la nada y del Infinito... ciabogando la luz oceánica.  Nos levantó lo que nos tiró al suelo. Porque perseguimos a dios mejor en el fango que en las orillas. Porque fuimos caníbales con nuestro verbo. Porque apretamos el gatillo. Porque alguna vez, era la muerte la que iba delante y nosotras sólo su sombra y un roido lapicero dejando sus señas a los pocos pájaros que pasaban por allí.
Hoy estoy triste del oleaje de las porcelanas rotas en tu patio. Salpicándome la soledad de los cipreses cuando el río se sacude las aristas y de tus ojos cae cera derretida que se solidifica sobre mis cartas de esas noches tan lejos del mundo. He buscado al amor en el infierno. Ahora voy con su tiritona en fiebres de rosa de jericó cuando hiela en el desierto.  Y a puños de tierra... la alfarería tumba aquellas intenciones cuando se espantan los trenes en tu botella de vino. Nos pelamos los dientes mirando el crepúsculo.... abrazada a ese litigio de etanol.... cuando siempre ha sido muy tarde para ganar algo.
Todavía no he llegado del todo. Siempre me quedo flotando sobre la inestabilidad cuando llego al pueblo. La casa oculta muchas vibraciones que al principio se posan como una violencia efervescente. Como un amor olvidado. La soledad mueve de sitio las peonzas. Busca su pupitre, su caja de ceras, tu voz, en algún lugar que cubren las montañas y el frío. El beso verticalizado de los pianos que acamparon cuando te salías desbarrado de mi aquí. Tropa de fantasmas pasando frío apretujados por palabras de piedra... embriagando distancias que multiplicaba la noche cuando volvía desnuda a teñir de salmuera la soledad de los pasos hacia el infinito, hacia ninguna parte.
Acabo de llegar al pueblo.. todavía todo está muy silencioso.. y la casa muy fría, con ese tinte de abandono y de soledad mecida entre distancias inconclusas sobre tus labios cerrados y calados de sal. Llueve. El cielo se levanta belicoso sobre la onomatopeya de un hueco. Las ausencias resoplan en los barcos de cartón encayados sobre lo que no habla.  En algún lugar está intacto el amor.. ya no tiene rostros definidos... pagamos caro el Imposible, aquella promesa en la primera mar de la infancia, cuando esos cuernos preñados de opio bajaban la montaña y embestían en esa ignorancia de arcilla y lluvia taladrada en el pecho.  Es muy tarde para equilibrar el daño del suelo, en los destinos terráqueos. Nos declaramos hacia la luna. Vendemos aquí, pieles desvencijadas de naranjo cuando llega la nieve. Y muy dentro de ninguna parte abrimos las manos para darle todo a la lejanía. Besos de oruga en los andenes. Tientos de vino cuando somos la deriva... y ya no hay nada qué hacer entre las personas. Abrazarse a la belleza invicta de una letra de mazapán y hachís entre los barcos. No esperar nada.
Me va a llevar X. al pueblo, le he dicho con voz un poco teatrera "hoy tengo mucha nostalgia, de todo lo perdido, lo que era mío y resultó ser nada" Que es del poema de Blas de Otero. Y él hizo un chiste que me hizo carcajear y recuperar el tambor de los pedruscales. Y ahora ya me voy.


Hoy tengo algo de nostalgia, no es de nudo, ni de tango, es de flor espinada que se abre entre arenas movedizas... de pasajes perdidos atrapados en telas de araña de luna y lejanía. De ese amor de hash que ya no golpea en mi pecho. Ni ese grito de fe y de flecha.... en el agujero de mi pecho empujándome al baile. Mis abuelos muertos haciendo agujeros de topo en los pies del destartalado piano. Y la viudedad de mi amor.... cosiendo flores de papel en el canto de los grillos.
Tal vez tengo una armadura... del adiós antes de empezar. Del por si acaso, vámonos con las ratas a desflorar el blues de la alcantarilla en el crepúsculo.  Una inercia del éter... que me separa antes de la herida... y me doy a la llamada de la estrella, ahorrándome la literatura y los juegos de póker de esos bares del amor y la suciedad. Cuando amé lo hice con el Infinito, con la raíz de lo etéreo abierta en canal y desarmada y kamikaze de su rara vagabundia. Y todas las veces que amé, fui despojada de ese amor por la oscuridad y por el cuchillo. No pude acumular nada para salvar el próximo intento. No pude dejar nada conmigo para salvar el poema. Todo salió despedido donde la enana blanca mece costras de tiburón y de tierra mojada. Siempre fue el todo o la nada. Yo no iba con huchas, yo no dejaba nada guardado en mi cajón.
Ayer estuve por el río..... me salí de la senda... y bajé al lado del agua para mear. Y un hombre apareció y se quedó mirándome. Yo seguí meando con mis ojos clavados en sus ojos... pero sin incomodidad. Y cuando subí me preguntó si el perro era mío. Su voz era de mujer. Era una mezcla entre hombre y mujer. Era alguien muy inquietante. Iba solo. Se quedaba petrificado mirando el río. Me causó un sentimiento convulso y cercano.. Lo sentí tan lejos y tan diferente del resto de la gente. Tan solo. Con esas ropas descuidadas. Con un abismo debajo de sus pies. Y a la vez un rostro niño en su rostro. Un niño triste gritando desde sus adentros.... Debería haber hablado más con ella. Pero a veces estoy a la defensiva con las personas, no me gusta que se me acerquen... y mi primer impulso es empujar la distancia.
Tengo ganas de los montes... de los amaneceres y anocheceres de allá. De estirar el soliloquio hasta el incendio del carbonífero de la rosa y la salvia. Todo es vagar. Abrirse de costado a costado... sobre un canto de viento que nos abraza desconocido y se aloja cubista donde las manos no abarcan ni el idioma compromete.
Los sentimientos se desarrollan entre hierbas y animales. Acumulando los collage del patio... cuando esos cementerios se llevaron la mitad de nuestra vida. Pero todavía los pájaros nos quisieron aquí, dictando el ojo de la luna en el barro.
Todo lo otro es goma de borrar, ilusión, atmósfera de la caja b del teatro. Estamos a punto de salir volando por los aires. No hay ningún control sobre la metafísica ni la huella. Mi naturaleza nunca supo hacer mapa ni planes. Nunca hice nada funcional ni efectivo en la sociedad. Nunca me interesó. Sólo busqué la música. Tal vez se me partió alguna vez en mil cachos dentro. Tal vez perdí la esperanza entre los humanos. Mi inocencia se llenó de escudos. Preferí caminar en dirección contraria a la multitud. Y se me olvidó reir junto a otras risas.. cuando tantas arañas salían de mi caja de pinturas.
Aunque ahora eso ya no importa. El camino hierve donde la mar grita. Nos empuja allí. La muerte está muy cerca, sujetando la evanescencia del imposible en la precariedad de la voz y la cicatriz de las alas caidas en las llagas de la tierra.
Hoy soñaba algo de una araña... era una araña muy grande... pero no recuerdo nada más... los sueños estaban en una zona más oculta de la conciencia. Todavía es de noche. Dentro de un rato me iré a la montaña. Me he despertado inquieta..exaltante de una pregunta de humo en medio del vacío. He recordado a K. de forma medio literaria, como un clavel de carbón después del incendio... succionando la sequía desde las cicutas y los manzanos. Pero ya no hay moratorias. Todo se lo llevó el poema, todo lo agotó en su grito, en su vergüenza, en sus soledades, bebió todo el vino que quedaba en el puerto, se hizo profano y vagabundo, se hizo de nadie para siempre. 
Son muy raros mis sentimientos... respecto al amor. Son sentimientos de ameba, de cachimba y de opio, de lejanía, de tren que se marcha. De nada viene conmigo, nada se queda demasiado. Mi camino siempre ha sido la soledad, aunque alguna vez en el delirio de luna, caminé su antagonia y me creí a salvo de su corazón. Pero la soledad tiene el fruto y el camino. Ella es la que toca las cuerdas, la que se queda en vela para conocer la profundidad de la noche. La que no pacta, la que no desvía su rara y maldita canción del masticado de las barcas en el crepúsculo.
Ayer pensé que en el centro de la tierra, no hay fuego, no hay agua. ni roca. Lo que hay es un pedacito de agujero negro.  Pensé que allá, la enana blanca armonizaba la respiración del planeta en la armonía con la inexistencia y con el Imposible. Y que la muerte... sea lo que sea... está dentro de cada molécula de un modo cuántico.
En mi otro viaje al éter.... yo sentía que los muertos me hablaban.... que movían mi mano y mi bolígrafo y me dictaban esos raros poemas.... he perdido aquellos cuadernos. En aquellos viajes, a través del humo del tabaco, sentía que la muerte fumaba en mi cuerpo un raro latido. Aquél viaje, duró unos meses. Desde noviembre hasta marzo, fue muy poderoso, luego en mayo se apagó desde el infierno y yo me destruí.  Aquél viaje.... ha permanecido en mí todo este tiempo. Ha sido un raro guía. Aunque yo no puedo usar del todo aquella información. Para empezar aquellos meses mi estado de conciencia era otro, al que no puedo acceder del todo desde donde estoy ahora. Tampoco quiero hacerlo. Aquello fue un exorcismo, un incendio de todo, en un enervante teatro, de dos mundos, apuñalados en éste, usándome como nitroglicerina y coleccionista de setas. Ahora tengo que unir todas las criaturas y elevarlas al Silencio. Aunque ha de estar también el inframundo y la madre datura, junto a la luz del mar.
Se me ha metido una música sangrienta. Donde mi célula-oceánica, es, a través del golpe, del tornillamiento de antagonias sobre la tempestad. Y nunca, en la afirmación de lo acumulativo y permisivo con el crimen de la otredad y su santuario de la misericordia. 
He ido detrás de ese rayo, alguna vez hasta el delirio. Ahora camino entre púas y flores de desierto, entre ocarinas y pututus, con cráneos neandertales recogiendo el corazón del tambor cuando llueve la noche en la carretera partida a la mitad.  Florece de tu insomnio, la rayadura del violín en el barro que apacigua tus cuchillos cuando en medio de la nada una postal ensangrenta las palabras que tiñes sobre el mármol, partido en mil cachos de dolor y de inmensidad, errante y advenedizo de todos los caminos de los otros, escudo y nahual del tuyo sobre lo incognoscible, masticado por el fuego de los insectos que espinan los secretos de la noche en tu mirada de algodón y cloroformo. Ya perdimos todas las partidas con esa mesa de brujos en el infierno, chupando de tu tripa cuerdas y guadañas que la luna en su misterio firmó con el infinito. Hoy sólo puedes abrir las manos, armarte con lo que no se puede abarcar y saltar al vacío, arriesgando tu cordura, tu cabeza, tu casa y tus significados.... sobre la serpiente que desde el agujero del cielo apostasió tus huesos dentro de tu carne.
He estado echada un rato.. y entré en ese lugar del ensueño.... tuve muchas respuestas en un monólogo que se fundía entre imágenes y explicaciones de mar e intensidad, sobre algo más profundo y que no era del todo parte de la palabra. Al abrir los ojos.. me retorcí con violencia y salí del ensueño, olvidé aquellas soluciones, al menos con la parte consciente-exteriorizada. Me quedé un instante mirando la pared... hay una zona llena de arañazos que hizo el perro... y con forma medio de jeroglífico, puse allí la yema de mi dedo, y pensé.. que yo tengo una zona oscura... y que si no estoy en armonía con ella, me destruyo,  pensé que yo no soy zen, yo no soy clara, yo tengo algo que aprendí en la noche, en el viaje con la yerba del diablo, en la pelea y aullido de mi adolescencia, en mis diálogos con los muertos, en la rabia y en la negativa... pensé que mi tonal era también sombrío... y que luchar por una luz que no viene entrañada en mi naturaleza es descuartizarme, es vivir coja, es vivir en guerra conmigo, censurada, muda, habitando un mundo que no es mi mundo....  pensé que en mi mística no sólo viven los pajaritos, yo no soy de paz hippie, ni de haz el amor y no la guerra... mi parte bondadosa muchas veces ha sido más enemiga mía que mi parte beligerante. Tengo que respetar a mi animal interior. Mi forma de acceder al conocimiento siempre ha sido desde el dolor y la oscuridad.. He bajado al fango muchas más veces de las que me sentí volar sobre el cielo.  Sé que hay una herida. Algo que aún que tengo que explotar para liberar mi espíritu. Algo que engendrar en el nacimiento de mi verbo.
He abandonado de momento los videopoemas.. quiero esperar a sentir el latido para abrirlos y verticalizar la atmósfera al tranformar el enfoque y la pared y gatillo que ensangrenta sus distancias. Ahora estoy en otro sitio.... mi palabra también me rasguña desde otro espacio, con tus manos de madera mojada amamantando un piano del éxodo en el grito vagabundo de esa soledad en la que se sujetan los hilos de fuego que nos atan y desatan de la música.
Amo la vida. Aunque ando sin sujección. La soledad hechicera es mucho más vehemente que la idea de un oficio o un fundamento que agasajar al pensamiento y al sentimiento. Sombreo con sangre de tiza y colibrí lo que se escapa de mi interpretación cuando es la hora de los pozos. Las orillas siempre jugaron al gato y al ratón con mi espanto. Y el hueso del carnero... hizo hora solar.. cuando no quedaba nada a lo que asirse. Ya no hay diferencias gramaticales entre la locura y la cordura. Y el amor es igual con una oruga, el viento y la nada... que con un ser humano.  Hemos sido arpón y desconsuelo de la imposición del blues cuando había que secarse los huesos dentro de la nieve. Ya no tengo ni idea de lo que es la poesía ni la literatura respecto a mis respectos, a mis sombras o a mis ausencias. Llego a todo, como una oquedad.. me remuevo pasión de lluvia y de polvo, y todo me es un apasionamiento y una pérdida. Soy desafectada de mis viejas guerras y tornillos en la sien cuando Franquestein meaba con sangre tu amor en mi cuerpo.  Somos el ismo del alcohol y de lo desaparecido. No soy participio del amor de nadie, no seré la dama, ni el camino en el que acaban los caminos de nadie, ni aliento, ni guitarra, ni vientre, que aloje la vida de nadie. Yo vine de otro sitio. Yo no seré papel que escriba tus credenciales ni rellene el formulario, ni cotice a la seguridad social, no seré contribuyente ni testigo ni cómplice de nada de lo que ocurra en la sociedad. Yo vine poseida por el abstracto, hambrienta de enterrarme en la luna. Y sólo he sabido caminar hacia allá.
He esdado feliz por el río... este febrero parece ya la primavera. Hay ese grito de flor ciabogando el silente de las quillas y tus besos colección de cromos entre los impostores que menguaron el precio de la yerba en el callejón para que salieras volando sin llorar nunca más, las tierras perdidas.
Y de emboscada, dieron las tres en tu azotea, las persianas hacian de cuchillo y de cincel, en tu aurora clandestina. Y el amor dejó de ser parte de nosotros y nos hicimos con él parte de lo incognoscible.  Todo vuelve a hudirse en lo macabro antes de afinar con la música. La violencia viene con la sed a probar suerte en la tierra. De zozobra y tempestad, jugando al amor eterno y a la inocencia, entre carniceros y contrabandistas, todos han perdido su casa, todos desconocen lo que dentro nos ha dado el latido y la palabra.... Y de ese no saber, han nacido mil religiones, dogmas y quimeras, se han levantado naciones, policías y ejércitos. Tapando con vendas y con tickets heridas abiertas en canal donde el hueso muge el infinito. No te puedes fiar de nadie, nadie tiene ni puta idea, los que hablan del camino del conocimiento y la iluminación, los que han hecho escuela, centros y talleres, los que se han querido maestros... han hecho negocio y ego. Es mentira. Todo está lleno de gente que no sabe y comercializa con su ignorancia. La escuela, la universidad... vendidas al capitalismo. Y los lugares alternativos de conocimiento también están llenos de amorfosidades y jerarquías y rollos. Sólo se puede caminar solos. Con la nada atada a los pies, con las arenas movedizas entrando por la boca.
Ahora me iré al río... creo que tiraré al sur.  Ya no me importa quién soy respecto a las cuestiones definibles ni culturales. Desde que era niña tenía una hipersensibilidad sobre los destellos abstractos e invisibles. Mi camino interior, mi soliloquio, me llevó brujerilmente a mi rareza. Desde que era niña, mi lucha interior, me forzó a flotar ciega y acorralada sobre ese algo que nacía en mi éter. Yo siempre miré el mundo a través de su paganería y su prisma esdrújulo. Cuando no comprendía una norma ética y social o una certeza cultural o los rollos que nos contaban en la escuela.. en mi prisma, no la cumplía.. ni le prestaba atención.  Yo siempre me guié por esos gnomos de mi locura. Nunca crecí. Nunca me adapté al mundo social, ni laboral, ni ético, del país ni de ningún grupo.  Fui jodidamente vulnerable pero también evanescente de ese raro latido de mi interior. Cuando leí a Hesse con 14 años, fue para mí un embriagante descubrimiento, porque por fin, aquello que me pasaba tomó un sentido más total... y una salida, la posibilidad de ser feliz.. y me reconcilié con mi alma. Yo era una niña atormentada. Yo era niña triste. Aunque era feliz con los perros y el monte. Era infeliz con personas. Sufría muchas guerras existenciales... creo que desde que empecé a ir a la escuela.  Mi parte bondadosa se quedó en un fuera de campo. Yo me sentía a mí misma a la mitad un monstruo. Por eso la bifurcación de las identidades está en mí desde que tengo recuerdos. 
Siempre he sentido mi alma de la misma manera, igual a cuando tenía 5 años. Esa información-lectura-escritura de mis invisibilidades siempre me llegó como una pintura despellejada en el jugo gástrico del océano. Y ahora sé que lo que tengo que hacer es entregarle más atención y conciencia, liberarla y radicalizarla. Durante mi adolescencia y todos esos años jodidos en los que me enfrentaba al mundo.. ese alma, me era un chivo expiatorio y una maldición, era la que guiaba mi camino, pero hacía dentro de mí guerras caníbales.. Ahora sé que el alma es siempre un inconveniente en ésta mierda de sociedad. Pero como ahora estoy muy lejos de la sociedad. he de abrirla en canal hasta el fuego.
Derivar ese ruido de ventana roida en los brazos de tu abuela de madera acunando el exilio del fuego donde nunca has dicho ni una sola palabra, y sin embargo bebí tu conocimiento de los pigmentos de hollín y de ruina, salpicando mi atmósfera por estrellados escarabajos de lo imposible, en juegos de cera y sangre, llorando en mis abandonadas la llegada del cincel y del cristal de luna. 
Nos hemos ido por todas las puertas que tocaron nuestros dedos. Huimos alguna vez de todo lo que implicaba la vida y el sentimiento de alguien.  Por alguna razón la existencia de otro humano, era un peligro para nuestra existencia. Y nos poníamos al acecho y a la desbancada, al beso de los ratones en la habitación destartalada y juegos de mermelada de fresa y de heroina.  Un instinto oculto y primitivo nos alertaba contra el resto de los vivos... como si nos fuera en ello, el aire que respiramos. 
Luego hubo otros años de islas y de teatros. De piedras entre manifestaciones y amores de piano insomne cuando se quiebra el cielo y la mirada. 
Pero siempre vuelvo acá, donde nadie ha entrado. Donde finjo si salto por la ventana, donde me disfrazo con mis propias vísceras del engaño social de los ojos ajenos. Inevitablemente sola con el verbo y con la belleza, con mi espanto y con mis sueños.
De mi maldición no saldré desde su antagonia. No saldré tampoco desde el amor. Saldré desde la luna y la lejanía.  Las heridas del tonal (citando a castaneda) ya no las arreglará el tonal, sino el nahual.  Ya es muy tarde para volver. Es tarde desde hace 10 años.  Cuando creí que había un túnel y un barco de cartón, para redimir ese hueso de jabalí clavado en la tráquea del horizonte, el hueso se clavó en mi corazón. No me pasó sólo una vez, me pasó decena de veces. Ya no voy a seguir nadando contracorriente encima del cadáver de una cabra. Yo seré los gusanos de esa cabra y el río congelado abrazando su amor.
Ayer estuve escribiendo en el río.. una especie de mapa.. de los lugares a los que he ido llegando desde el Silencio... los lugares que tenían cabos sueltos, los lugares que deberían bailar sobre el fuego para poder comprender el lenguaje de los árboles.  He sentido mis resistencias, la costra de mis heridas, sacando sus escudos y sus espadas. Los lugares del vicio... yo he sido viciosa de muchas cosas, del vino y del hash, de relaciones de trapecista a punto de morir, de abuso y acuse de tango garrapateado, de excesos de excesos barriendo el callejón con aguja de fuego y el hambre. De mi rabia, de mi amor, de mi pereza, de mi escepticismo, de mi necesidad del Imposible, de mis sueños y de mis desesperanzas. He sido jodidamente apasionada.. con ese hueco que daba el éxtasis y la angustia, el espanto y el orgasmo.  He tomado muchas veces el camino más rápido, subida a los hombros de un actor y vendedor de humo.  Eso deja dentro de mí a veces un juego de la carcoma y el póker.  Se me mete dentro el síndrome del huracán y la cucaracha y me torno imprevisible y loca. Ese algo que hay en mí víscera... me ha pegado muchas veces a las luces hipnóticas del infierno sobre los claveles. Yo sé que algo oscuro hay en ese instinto que a veces me hace actuar como un animal y ensucia el Silencio. Ese algo me une al ego... al yo, a lo que me ata desde el ombligo a vete saber qué rayo. Y aunque allí, todo es inestable y lleno de desfiladeros, allí también hay una llave que me descubra el animal que vive en mi pecho.. y el que ha estado tantos años maldiciendo dentro de un ataúd.
Dentro de dos o tres días, me iré otra temporada sola a la montaña.  He llegado a otro lugar de mí... de la percepción entre el espacio y lo inexistido. Del quiebre y reloj de arena de la herida y de la pasión. Y estoy sola. En mi otro viaje al éter, yo estaba evanescentemente enamorada de un hombre, el amor genera la magia y una conexión más profunda con la totalidad, con la sensualidad del blues y del arrojo, de la guerra y del viento.  Ahora estoy muy lejos de la semejanza con la otredad. Soy a ella como una roca con líquenes que siempre oculta algo. Yo no soy espontánea con la gente, dejé de serlo hace muchos años, mi camino ocurrió en el inframundo de la supuesta identidad rota por mil espejos rotos por rayos de luna. Mi camino ocurrió en el aislamiento. Ofrecí mi fracaso al exterior para proteger mi idioma con la mar. Ofrecí mi suicidio utópico, al otro, para mantenerme fiel a mis llamas. Esto me bifurcó. Y sólo la metáfora une mi espíritu respecto a la integridad.  A veces me siento fluir... pero suele ser cuando estoy borracha y lunática de callejones que explotan hacia el beso de Calígula. Sino es en ese ataque de ebriedad de luna llena. Me mantengo acechante y atada, por mis otros yoes.  A éstas alturas ya no importa porqué me pasa, da igual si fueron las heridas y cuchilladas que le dieron a mi vieja inocencia.... o por lo que descubrí en los viajes del éter dentro de la oscuridad. La historia es que me ocurre con una fuerza cuántica y un atracción mucho más penetrante que mi deseo y mi capacidad verbal para hablar de ese paisaje y de ese sentimiento.  Eso hace que mi camino siempre se vaya a la soledad, a la escritura, a los perros y a los cangrejos.
Kavka me despertó lamiéndome los pies. Había quitado todas las mantas por la noche.. me desperté en algún momento y sentí mucho calor. Tal vez era por esa especie de pesadillas.  Sólo puedo seguir el camino del fuego. No hay ningún otro. No depende ni siquiera de mí. Incumplirlo sería forzar mi muerte y mi degradación, la momificación y las estatuas del olvido. 
He estado abandonando bastante la escritura.. en esos viajes por las ramas de los árboles y las calles agitadas de hambrienta ginebra y pis de duendes. Pero la escritura es mí hechicería, mi comprensión y gestión de lo abstracto, mi risa, mis ganas de bailar y de seguir, de elegir mis armas y mis besos. Mis tratos de agua y los de arista y piedra.
Ayer hice mucho rato el idiota, buscando por internet libros o espacios que llevaran la mecha que yo quiero sentir crujir los suelos. Pero sólo encontré páginas supersticiosas y hechas desde el ego y desde su estreñimiento.. o desde creencias que sólo llevan a la estupidez. Eso me puso de mala ostia. Me empezó a doler la cabeza al leer tantas sandeces. Creo que hay un método, no reglado, pero es en el camino del ser y de su fuego. Y es indispensable el escepticismo. Porque sin la duda y sin las preguntas de lava y destrucción, se llega a dogmas y quimeras, ya sean racionales o mágicas.... Yo creo en el mundo del éter. Pero a ese mundo no se llega creyendo en duendes y en alienígenas o en Cristo y Buda. Se llega forzando la conciencia hasta que el yo se desintegra y entonces aparecen los gritos y canciones del resplandor. Si empiezas el camino en el dogma y en la ristra de supersticiones, no vas con el conocimiento, vas con las baratijas y el ruido de la feria. Vas encarcelado. Vas esclavizado por la cultura y la otredad. Hay que atravesar el desierto. Hay que estar solos cada gota de mar.
Ayer toqué el tambor desde la cama, con la luz apagada... Y el trance fue diferente.. yo estaba muy ansiosa, tenía electricidad en la tripa, tenía rabia.. y como todo fue yéndose hacia el abandono llegué a lugares más ocultos, sentí vibraciones en todo mi cuerpo...  trataba de silenciar ese aullido de mi interior... estaba inquieta como animal encerrado... y poco a poco llegó el silencio... cuando dejé el tambor en el suelo.. floté en  un lugar silencioso, sentía que mi cuerpo no tenía ningún peso... y el silencio era muy sonoro, enviaba como ronroneos de viento y de polvo de estrella... pero como estaba medio dormida, empezaron a llegar mensajes subconscientes... y entre ellos me dormí. Hice dos veces lo de dejar el tambor. Cuando dejo de tocar... suelo llegar al Silencio y al flotar.. y la primera vez que lo hice... llegué a un sitio muy extraño y pensé que iba a morir o que ya estaba muerta... sentí una vehemencia del Imposible, pero estaba tensa.. no me entregué.. volví a tocar el tambor.
Hoy tuve medio pesadillas.... había un lugar muy extraño.... y estábamos planeando algo de defensa-ataque, en una especie de mesa de hechizos... pero había una bruja que nos espiaba, y aparecía su cuerpo en miniatura flotando como por fotones de luz, yo me di cuenta y advertí a los otros y la tapé y su rostro se hizo negro pero se retorció.. y me mostró otras zonas de la mesa... como si yo viera con sus ojos, y aparecía mi abuela muerta al lado de otra mujer, a mí me dio mucha aprensión y temor que ese enfoque hiciera daño a mi abuela o tuve miedo o no lo sé...
Y luego yo iba con un niño... que supuestamente era mi hijo y lo llamaba para irnos muy rápido de allí, creo que él era negro... pero él seguía a otros dos niños malos y lo hacía como si estuviera hipnotizado por ellos hacia un lugar peligroso...y grité muy fuerte y él se cayó rodando y se empapó en un charco o en no sé dónde.. y yo le ayudé a quitarse la ropa mojada.
Y luego pasó algo raro también con unos perros... era el lugar de la bruja... y habían dejado solos a los perros y corrían peligro.. estaba Kavka y había cuatro o cinco más... y yo los iba metiendo en un coche para ponerlos a salvo..
También hubo otro sueño.. donde estábamos en una especie de camping-escuela.. yo me metí en una puerta para ir al servicio.. pero dentro el espacio se abría y estaba una mujer que hace muchos años que no veo y era mi amiga, esa mujer sufría alcoholismo.. y ella empezó a hablarme y a reir.. yo le decía, no me hables ahora que sino me da vergüenza y no puedo cagar, pero ella seguía sonriente contándome muchas cosas.. y luego las puertas se hicieron transparentes y empezó a llegar la hija de ésta mujer y mucha gente a hablar con nosotras.
Me desperté con la necesidad de irme al pueblo. De vivir más dentro de mi conciencia.. De escribir más. De subir al monte. De bailar. Como si todos esos sueños.. me llevaran a un sitio muy raro y precario, como si mi corazón estuviera en medio de una prisión.
La palabra penetra tu cuaderno derruido en un cuerpo moribundo chupándote las palomas de la guerra donde tu piano cojea por el do, y yo compro flores del delirio, en los rasguños de tu pared bombeada donde llora escayola y yeso... tu participio, cuando la madre te seca el vaso y rechistas entre toneles y ladridos.. y el vino drena, el grito. La manzana se muerde de hoguera, la semilla está debajo de cien muertos, regresarla, es caer suicida hacia la oscuridad.. moverse hasta que las rocas hagan polvo el espejo y deslices la música de la momia entre benceno y etanol. Abrir la caja de música, es también pegarse un tiro en la frente.
Estar, estoy en medio de ninguna parte.  Y ese es el único lugar donde empieza todo, donde todo se quita el disfraz y se encharca de la visceralidad y de las alas de esquiva y belicosa mariposa de las transformaciones.
La soledad es la fuerza. El amor.. nace en su interior, cuando ya no se quiere nada del amor. Cuando es, música. Cuando nadie saldrá ganando. Y no secaremos ninguna lágrima en otro cuerpo. Será en la selva y en el incendio, o no será. 
He mendigado muchas amanitas en los cabarets. Me he llenado ya de la sangre de los donantes y de los yonquis. Y he sido rocódromo de esa heroina en los viajes al infierno. Ya fue suficiente!. Ahora soy mi roca y mi martillo. Mi hoz y mi estrella roja. Mi tablón de anuncios dentro del fuego. Mis credenciales son una goma de borrar. Vago viento y corazón de mamut. La mar entra mucho antes que el nombre y se queda allí para que nunca le digas nada ni a los negocios ni a los tratos.  Somos esa frontera que hizo aduana contra el suelo.. y quemó el rostro blanco en el rostro negro y la luna menguó tus maldiciones entre violines y escobas de barrer.  Y por primera vez bailamos.
He estado por ahí.. silenciosa, feliz, y medio ausente, conectada con lo inefable de forma migratoria y desposeida. Vi un ave... grande... de un gris cenizo... con manchas blancas debajo de sus alas, era muy grande... pero no era una garza, su cabeza y su cuello era como el de un halcón.. volaba con las alas detenidas como el águila... cruzó dos veces delante de mí.. yo sentí un profundo escalofrío... nunca había visto ese animal.  Hablé un rato con un hombre que me causó mucha simpatía...  tenía esa voz de viejo rockero.. y era simpático y perruno. Y cuando me lo encontré a la vuelta silbaba, y sus silbidos eran preciosos, como de pájaro que nunca se deja ver. Y se lo dije. Y él dijo que lo hace desde siempre y que le sale solo, también cuando trabaja.. que es barrendero y que a veces la gente le dice que tan raro estar feliz trabajando. Eso me hizo pensar en la conexión con la vida, con el corazón y con el fuego, con la resistencia de la risa, en medio de la soledad.. con la música como fuente y trinchera. Luego hablé un rato con una mujer argentina...... algo de los sueños... algo más personal, aunque fue ella la que habló de lo personal... y yo traté de que sonara la música.  Luego me encontré con otro conocido. Aunque la mayor parte del tiempo fue la soledad.. y esa búsqueda de seguir rompiendo el muro, de deslizarse, de sentir las raíces desde la luna de sangre hundida en mi cuerpo, hasta lo infinito. De asir la salvia y los tambores en la fragilidad y en la incertidumbre y moldear la pupila que flota desde lo distante... para poder ser un rizoma en la música. Fui consciente de algunos procesos abstractos cuando deambulaba en el callejón y tomaron otro sentido en la totalidad.
Necesito estar consciente todo el tiempo posible. No siempre se está en el mismo nivel. Abajo, también hay algo qué hacer, que arreglar y que bailar. Abajo se motoriza el depósito de lágrimas de piedra tentando los brazos de la mar.  Es algo ciclíco. No se puede detener. Si se quiere estabilizar un descanso.. y una morada.. se detiene el conocimiento y empiezan a surgir fantasmas y el tormento. Vivir con la conciencia es vivir arriba y detrás del fuego. El presente está lleno de señas de lo evanescente... que abren los caminos de lo extraordinario. No siempre estamos preparados para Leerlas.  Hay momentos de mercurio líquido, de vino viejo en la intemperie cuajando las heladas donde se te murió el pájaro de amor y de hambre. Si aflojas, te encarcelas. Si das por sentado, te caes. Si crees que ya sabes, te comen las chinches. A esto se va, como a robar brevas... como al amor y a la guerra, como a la muerte y al paraiso. Acechan verticales de orificios de topo asesino. Acecha tu yo queriendo ahogarte. El yo se agarra para mantenerte pegado al suelo y a su control. El yo es el guardian de la celda... no quiere que vueles. Es viejo y desdichado. Es dependiente y llorón. Ha nacido en tierra de parásitos, de capitalistas y enfermos. Ha aprendido sus tristes artimañas, a veces como defensa, a veces como suicidio. Y aunque sea un muro, es también si lo agarras desde el éter, el martillo que alza la ventana.
En mi otro viaje al éter... mi menstruación para mí era muy valiosa.. esos días, eran los que más poder tenía.. y los que llegaba a lugares más ocultos, de forma más líquida y perspicaz.... eran los días en los que acumulaba la magia y saltaba... aguardaba como el viente de una elefante la flor del viento. Y ayer recordé que mi metamorfosis empezó en la anterior regla. No sé muy bien qué día.. pero estará al llegar la siguiente. Y la espero con la misma alegría que el eclipse.  Hay un conocimiento primitivo de las invisibilidades que el sistema del capitalismo, la telenovela y los centros comerciales, ha enterrado junto a su futuro, en un basurero de monedas y transgénicos. Pero sigue dentro de nosotras. El acceso es querer volar. El acceso es codiciar el conocimiento y la libertad. Más allá de todos los muros que ha puesto la realidad ordinaria y los defensores de su propiedad privada y burdeles y cegueras. 
Una de las señas más importantes, es el placer. El placer indica que el camino es el correcto. El placer que mezcla lo sacro con lo profano. El puro gozo de los violines y de la absenta.  El placer es el que libera la Belleza y la mirada, la que empuja al baile y restaura los nudos que ató la historia personal y las heridas. Eleva la conciencia, porque el cuerpo se hace un balsa.
He recordado ahora otro sueño... aparecía el cura de mi pueblo y yo lo atormentaba con la voz de las hogueras. Lo había engañado para que me dejara entrar en la misa... y él me tomaba por devota... y luego yo ejercía una venganza rara, metafísica y brujeril. Yo iba allí a recuperar algo.. y la iglesia era muy rara y muy alta.. era negra por dentro... la noche estaba dentro.