4.7.09

Donde Dios olvido respirar

Destino de manos grandes incubas mi futuro con ramajes oscuros y violentos, amarga luna que iluminas el cielo. Soledad que empuña el silencio con maleables suelos desérticos.
Espina que atraviesa mi ojo, ya no veo el llegar de las golondrinas ni al río morir en el oceáno profundo. Un agudo sonido tintinea mi rostro caricaturizado. Mi cara se desborda en aquel espejo de hace años, y vienen a saludar los ratones de la prisión que me guarda.
Pesadilla febril de principios de verano que somnolienta me lleva a los escondidos recovecos del destino, olvido el nombre y el vestido se envuelve en sudor de frío y cansancio.
Los ladridos se alejan, y alla donde muere el sonido, crece la flor negra de corazón muerto.
La nada continua su largo proceso de desnutrición de la vida.
Y oscuras sombras dan la bienvenida al fin de los ácaros que generaban vida.
En un lugar escondido de la luz, a la vela de la inmensidad, llueven mariposas muertas, en el lugar donde dios olvidó respirar, mi mano esconde el veneno, que hará por siempre cenizas y duelos.