6.7.09

Ya no quedan aquellos amantes de las mariposas verdes. La selva está sucia, y el hombre, patético ser que teme a la muerte, mancha con sus movimientos al sol y a las estrellas. Y en nombre de su dios levanta vertederos de ideas, que van a morir a la tumba. Y de los restos de voz que acarician la necesidad del grito y el llanto, queda una silueta derruida que no conocerá el tiempo.