El libro hoy acusa la lluvia del prado. Por palabras encharcadas en la ficción que ahoga hoy lo que debía por la sangre, estar dentro de mi cuarto, y no ser, de una página bañada en el sudor de la literatura. Me muerden sus puntos, los dedos de mi mano y sus tildes me acentúan la niebla en las vértebras que despliegan a sus hojas el delirio de mi sed, como unas uñas que desde sus pozos sin fondo me revierten la piel también a mí a un teatro, que no me entro, sino, por infamia, sólo en ese puto libro.

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