HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me he puesto ya el abrigo. Llegué con mucho calor de haber subido el monte. Anochece. Todo es medio absurdo, medio absoluto. Arlequín y guayaba, sal y caracola en las manos del neandertal. Me preocupaba la idea de que ya no tenía absolutamente nada qué hacer, que ya no me importaba la poesía como alguna vez me importó, ni mi vida, ni el sueño del amor, ni mis hechos y fracasos y venturas de alcohol y barcos de la locura y zozobras y orillas. Y mucho menos la sociedad. Pensaba que tendría que hacer algo, otra cosa. Pero no se me ocurrió nada.  Eso me dio ansiedad. Pero tal vez esa es mi suerte. Dedicarme a subir al monte, a hablar con las hierbas, con las piedras y con los espíritus o los agujeros negros. Amar como aman los que van a morir ésta noche.. canturrear, bañarme en la mar.. maquillarme con barro y babas de perro, moras y salitre.....  Pensé que cualquier otro destino sería una carcajada que se acabaría meando sobre mi cabeza.

2 comentarios:

  1. Maestra! Lubricación y saliva de desguace, alimento para orillas y tempestades... la nocturnidad vertiginosa de una tierra en la que desencadenar la vida... sigues siendo tú, sigues siendo poesía.
    Besos y armonía:)

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  2. Cada vez que caigo por aquí es como conectar con algo enterrado. Como un impulso de querer meterme en mis piedras y mis montes, o tocar mis tambores, si los tuviese.

    Un abrazo

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