HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me voy otra vez al río. Con la huella de aire... en la lágrima que secó el grito de la luna y envolvió como un aparcacoches en tu naufragio, en paz de uñas ensangrentadas, de ausencias y de bailes de salón.
Da igual mi alergia, al género humano. O el almizcle de arcilla entre las golondrinas que siguieron amándote corrompidas en mi pecho.
Yo siempre fui la jodida farsante de los exilios. La distancia que no claudica, porque no sabe. La extranjera que quema oscuramente las butacas del cine cuando las viejas que se acaban de hacer la permanente huelen a gasolina y a gatos muertos. Y se me meten por los huesos, como si yo fuera la prostituta que recogió sus sucias monedas cuando se acababa el mundo.
Es mejor pegarse a los arándanos que a las casas. Abrir las manos dentro de la mar... y nunca entre las aceras ni cuando lloras alquitrán en mis cartas suicidas.

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