HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un tiento... saldré con Kavka al río. Mi vida ahora es muy rara... mucho más vacía, desnudada... caminante de sal e isla y noche y agujeros, de sueños, de porqués sin voz a contrareembolso que devuelva las vocales muertas aquella noche en tu cama.
Comparto ahora, cierta ruta con las monjas, con las lechuzas, con los cedros, con los metales derretidos en esa pizarra donde me dibujaste nube de rinoceronte.
En mi pasado hice daño a mi propia vida. Usé mi cuerpo como instrumento sanguinario jugando con mercenarios el dolor de la música prisionera. Amé historias que se convirtieron en mi propio ataúd y herida. Sin piedad. Sin poema. Sin cielo que salvar.
Abusé del alcohol, de ciertas sustancias y callejones. Quise matarme. Tomé drogas peligrosas de las que casi no regreso. Busqué a dios en el infierno. Fui de la mano de la oscuridad creyendo que su fondo era el mismo que el de la luz.  Todo el daño que recibí... lo metí en un raro alambique y lo devolví alguna vez contra el cielo, agujereándome a mí misma. Quise meterme en todas las madrigueras... y aunque me hiciera daño, era osada del extremo, del radicalismo de mi llaga y de la soledad de mi verbo. Fui violenta cuando me sentí lobo acorralado. Tuve un instinto de guerra, porque iba a mí misma, también como ejércitos que se saquean y amasacran. Mis luchas interiores eran a muerte, eran el palco derruido del Teatro de los malditos. 
Hoy lo sé. Y sé por primera vez lo que ya no quiero.  Tuve una insana curiosidad a todo lo que representara el riesgo, el cambio radical de mi percepción, de mi molde, de mi supuesto supuesto.  Amé la metamorfosis. El pasarme de la línea, el esnifar el cubo. Y a veces sólo tuve lo Imposible para poder sobrevivir. Mi punto de encaje estaba conectado sobre una tierra inhóspita, un lugar medio irreal, entre muertos y sueños a miles de galaxias.
Hoy ya no llevo mis pasiones a las cicatrices que me generó la pérdida y la antagonia de su absoluto deseo. Ya no busco el amante. Ya no busco del todo el vino del delirio. Sé que hay una muerte enviándome raros mensajes en forma de barcos de polvo de estrella.  Mi suelo ahora es el de mi niñez... los dientes de león, el silbido de un ciervo entre las arrugas del árbol. Y un desfiladero entre las palmas de mis pies.

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