HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El carbón en tus ventanas... moviendo las zarzas.. que preñaron en tu sombra, la puerta serrada que entre los dos mezclaba la cuchara y el veneno. Chupando del embargo... números de sangre que bebían de tu ombligo, el encerado partido de mis pérdidas.
No lo quisiste volver a oir. Yo fui cebando a los cuervos, con tu olvido follado en las mariposas de mi hambre. Fui claviculando la partitura, donde ninguno de los dos había nacido. Y así, a través de la maldición de la lírica, dormí los vagones en llamas del tren de tu destrucción, en la mía.
Cada grito en la mesa... llegó a tu suelo, como lombriz de la nada. Crecieron los lirios. Creció el brazo del río, ciabogando tus dibujos, donde mi tumba meaba frutos de lluvia. Y todo fue bien así. Cruel. Irrecuperable. Como son las calles cuando borracho sujetas un estrella y tu vómito te tapa la boca. 
Y nos fuimos. Por la vehemencia de la llaga del hueco. Porque no se podía hacer ninguna otra cosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada