HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El poema era un lugar intermedio... entre cortarse las venas y parir a tu hijo. 
Entre no tener nada, y chupar de los saltamontes el crepúsculo.
Entre morir de sed y matar de flores prohibidas a la parca que acecha.
Entre mandar a la mierda a toda la humanidad y llevar el mismo corazón que la primera noche dentro de la mar.
Era el vale... saca la ginebra, sécame las entrañas y la tumba.
No me moveré ni un ápice de tus huesos ni de la destrucción del mundo. 
Era el no hacer nada y sangrar cada paso en los callejones que hicieron los otros en las magulladuras de mis muslos y de mis piedras.
Era seguir dando golpes a la mesa de ese manicomio... y nunca haberme ido de la estrella que te cortó en pedazos en la emanación de mis ojos. 
Y vuelvo aquí, irremediable, del golpe seco de lo desconocido. Del vicio de mi vaso entre tus manos. De tu ausente cuerpo sentado en mi silla. 
Nunca hubo mercado.  No era dar ni recibir. No era por amor. No era por belleza. No era para que no te marcharas. Ni siquiera era para entender. Ni para llegar primero. Ni para explosionar de fuego y de pecado. Ni para no hacerlo. 
Tú, luna también lo hiciste en mi derruida cama aquella noche en tu cuerpo del abismo.
Vamos al mismo sitio. Pero no venimos. Pero no llegamos. Pero no escribo mi nombre en tu esquela, ni como la lejana matrona de tu hambre.

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