HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

esa piano desvestido... en tus párpados de escarola de niebla, colgando mis ahogadas de tu felicidad en manecillas de tinta y copas volcadas de vino, en arrugas de tempestad...
hablamos muy juntos, la palabra rota que separaba nuestras  neuronas en rutas quemadas sobre el lápiz de labios, lleno de sangre y cocaina, en aquel suelo que te levantó cuando todo caía

aquella noche, tenía la voz llena de coñac, había abierto a tajos la escayola de mi cuarto, mi corazón sangraba bajo aquél botón que dejaste trabado en mi vestido, todo estaba abierto para tomarte y morir Itaca en tu respiración
pero traías detrás, un cementerio al que yo no podía acceder para poner mi rostro en tus labios

así han sido todas las historias de mi paloma entre los cipreses

desesperada derretí el vídrio de la botella de ginebra marcando tu número entre los putos telefonistas del infierno
y bebieron de mis tímpanos las cicutas

tan lejos de casa amor
desaparecidas en el telón de niebla
serrando puentes, donde el volcán drenaba mi vida de la tuya mucho antes de que tomara tu mano

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