HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay algún desvío metonímico... que me ha provocado... la lengua de la datura entre las grietas y los sueños del averno... cuando la raíz chupa madera quemada. Sea lo que sea, no voy a claudicar ni a conceder. Detrás del laberinto... hay algo mucho más simple... complejo en la dimensión del éter, pero simple, como migas de pan entre pájaros. Vuelvo a dialogar con mis zonas desconocidas, y sus agujeros de gusano, y sus sensaciones de la apoteosis y la ausencia, con una especie de alucinación, con un código onírico. Y esa es mi naturaleza.  Creo que es la de todos, cuando somos niños, la fantasía, es una manera de caminar en avalancha y comprender... porque el lenguaje se adquiere en un traspaso de metáforas.. y no en línea recta ni en libro. Somos poéticos por natura. Somos cuánticos, múltiples, esdrújulos, contradicctorios y gaseantes hacia el rizoma. Los que dejan de serlo, es porque se han quedado atorados en la realidad manipulada por la cultura y el país y los oficios y caminos sociales y secos...hacia ese lugar apoltronado del civismo.  Pero su Corazón, su alma y su víscera sigue siendo un poema... aunque la tenga tapada por quimeras y jaulas materialistas. 
Yo me relaciono con mi percepción y con el exterior, a través del éter.  El éter me inunda de sensaciones efervescentes que después la palabra translitera en una PI de un cacho mordido del quizás.  Visto una atmósfera cambiante entre mi carne y el verbo. Hay comandos de armonía y cierta repetición que luego traga el fuego del mar y formula sobre la exasperación de lo desconocido.
Soy la exiliada y la coleccionista de alientos de muerto en el espejo que levita. Soy la que sacrificó a mi ser hacia el columpio de la estrella y de la nada.

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