HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado haciendo el tonto... con el agujero del verso, en esos lugares del suelo desangrado, la flor prohibida, la sed y la angustia de la grieta semántica del cielo amamantando mi hueco hasta el quejido de fuego de la soledad. Y ahora he de volver... a lo vaciado de la arena y de la mariposa de éter y de cartón. A mi cueva con manchas de luna borrando las epístolas de aquella invitación que hiciste a mi cuerpo desde un cementerio que no podría cuidar del último hálito ni de ninguna memoria.
Allí ya vi lo que buscaba con absenta e ilusorias flores mi tormento. Allí ya fui herida por la misma herida que me empujó a entrar. Por eso vuelvo desarmada a la orilla y el cedro sopla burbujas de ola y de distancia.
He sido la jodida distancia de todo lo que buscó mi cercanía. He sido la excepción de mi deseo, cada vez que mi utopía taladró fosas y paredes para resalcirse en medio de su nada.
No hay nada que perdonar, el único perdón es entender y el entendimiento ni agacha la cabeza ni quiere llevarse un trozo de cabellera entre los dientes, ni remueve la nostalgia del amor, para estirar ese viaje retorcido...donde duermas empapado de arena mojada, al beso de la marea.
Ya no soy el victimario de mi sangre derramada, ni la cotización de mi hacha y de mi piedra.
Allá atrás, los naufragios se unieron, en el amor del vientre de la ballena. Y salieron en estampida los pájaros y no dejaron nada en tu mesa ni en mi lágrima. 
Me abrazará sólo la luna, el abrazo roto que no tuvo mi cuerpo. Porque sólo ella pudo comprender mi verbo desteñido... porque sólo a ella, supe decírselo.
Soy también una nevera... cuando miro a los mirlos, volar sobre los caminantes.  He escuchado tantos cuentos nacidos del hambre, caer en mi cabeza como bocadillos de ratas y espejismos. Que le di a la ficción, lo mismo que recibí de ella. Y la metonimia hizo el resto en el crepúsculo. 
Hoy.... en el centro de mi pobreza, cuento tan sólo... con las mismas manos... que arroparon mi abismo cuando bebía de ellas lo que nunca tuve. Las mismas manos que creí mi prisión y quise despedazar en el canto de los perros, para que los lobos, encima de la cumbre destruyeran para siempre los poblados.
No es mi historia la historia que quiere trascenderse, ni quedarse. Ya no. No tengo ganas de tener. 
Mi melancolía junto a las canas de Emily Dickinson, deja en las abejas, el libar de mi noche rota.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada