HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahi... un largo rato. Luego el desovillar, la palabra ceniza entre esos nudos de tus labios y los gramófonos, tan lejos de casa. Tan cautivo del quizás que te recuerda. Y uso el pronombre como desvío metonímico de la mandrágora. Del silogismo de un hueco dilatando el camino donde bebes cicatrices de sol desde piedras escritas con miles de distancias. Atándote una tijera, donde la mano reclama una gota de fuego que regurgite de las ausencias butacas quemadas del cine del adiós.

He caminado distraida. Muy lejos de la gente, de mí, del acorde de arcilla entre laberintos y alas exiliadas de terrones de gas cuando vuelves a casa muerto de frio y te subes encima tantos desaparecidos que tocarte, es elegir algún suicidio.

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