HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado un ratico por ahí con Kavka. Entre tu olvido y tus epístolas desgranadas donde el carbón y la lluvia boicotean el discurso de tus ojos en medio de la sed. Tal vez deba echarme a andar... ahora en primavera... el camino de Santiago o qué sé yo, con el perro, con el crepúsculo y sus palabras robadas en el motin y en tu distancia que ya no es recíproca en la mía. Mañana creo que volveré a la montaña. Hace varios días que no toco el tambor. Ayer viví una especie de ebriedad... con un chico que conocí... que me provocó una danza, un viejo recuerdo del deseo, de algo social y carcajeante, mundano...medio erótico, medio profano, fugaz, una especie de viaje en el mismo tren, cuando vamos a direcciones opuestas... pero un instante bebemos la misma botella de vino..  Y eso me despertó... una zona del deseo. Algo que creía ya superada y acababa entre los montes y besos de mar.   Y eso me ha removido en mi interior el fondo del verbo que coloco en el piano. Cuando en algún lugar tocan las guitarras los arroyos del deseo... la mística de la soledad y sus rutas, se aflojan de hogueras y de cuchillos, se contradicen, se trastocan de otro desvío a la taberna. Y eso me da algo de miedo. Me da algo de desorden.. porque volvió a llamarme el amor del blues entre los que vagan. Y eso me volvió a incendiar hacia otra alegoría. Hacia algo social, hacia un sentimiento humano y sus bailes de selva e infinito.  Creo que fue aquél otro tipo maquiavélico el que golpeó las botellas de ginebra en las flores del desierto. Todo esto me revuelve el silente del vino. Vuelvo a sentirme atraida al callejón y sus cerillas y amores. Y a la vez, lo que supe sola en la montaña, me pide retomar la huella que quedó en el interior del hueco.
Algo en mí...siempre se enloqueció por el hedonismo. Desde que era niña. Me gustaba abusar de la felicidad, del placer del no-hacer de las cigarras. Del sueño de los que siempre se están yendo a ninguna parte con todas las estrellas en el bolsillo. Del seguir tentanto la flor prohibida en el encapotamiento del cielo cuando tu mar trae nombres desconocidos.  Por eso dejé la escuela, porque allí enfermaban mis sueños.... me querían llevar a un sucio agujero. Por eso no supe adaptarme a los trabajos en los que me tomaban como una caja registradora y un robot de producción. Pero por culpa de eso, también abusé de las drogas y del Imposible. De alucinaciones. De una utopía que no estaba en ninguna parte y su ausencia me causaba tanto dolor que yo la creé en mi locura y fue libre y fue infinita.
Al haber vuelto a sentir.... las sinfonolas del Deseo... he tenido una especie de crisis existencial. Y temo otra vez generar la separación de dos almas. Temo otra vez arraigar lo solitario y sus sueños y extremos.... mientras juego a besos en los bares y a pecados de absolución en barcos que arden.  
Y me he dado cuenta... que los últimos  15 años es justo lo que he hecho. Me he creado un mundo en mi soledad y en mis poemas. Mientras otra zona de mí... andaba entre amores y vicios. Y esos dos mundos estaban separados por la maldición de un poema. Por eso yo era un Teatro. Y ni siquiera era consciente con K de esto.. Mis poemas escribían contra él de algún modo.. y llevaban mi camino a la lejanía.. Mientras mi corazón escribía hacia él todos los horizontes. Mi lobo estepario.. usaba en un raro alambique el gozo y el amor, para desarrollar su instinto de guerra y despedida. Y todo eso generaba en mí pulsos antagónicos y medio esquizofrénicos. Incompatibles entre sí. Y tengo aún la certeza... de que volveré a hacer lo mismo mil veces más... si es que volviera a desear a alguien. Y no quiero hacer eso. Eso sería dolor y circo para ambas partes. Después de K. ya no traicioné a mi soledad, porque me declaré desapegada e infiel y juegos de marineros. Pero eso me llevó a mundos de separación con mi espíritu. Y rollos de impostores.
Éste problema no tiene solución. Porque debajo de su fruto, arde el camino del ser.

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