HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Las palabras ahora giran sobre otro piano desmantelado entre tus papeles... silbando de la noche los bigotes del humito en tu calada de mar sobre el infierno.
Lo que no he conocido, todo lo que he rozado en el incendio del crepúsculo y amaneció cadáver en tus ventanas escribiendo letras de vapor a la arista de mi mármol. Ha seguido en mí horadando los motivos de la ausencia. Despedida junto a tu equipaje quemando el perfume de los trenes en flores del exilio.
Y sé que su pérdida en mis brazos ensangrentados... también me hizo apóloga de la oscuridad. No lo sabía... porque no dejamos de ser niños en ese mar de sangre y de agujeros. No dejamos de buscar al perro negro drenando los ahogados de esas calles de la sed y de los gritos. Y hoy aquello, es una rara sacristía en la danza del fuego. Ya no soy su nostalgia ni su culpa. Ya no recojo los cristales ni les echo ceniza y leche, ni los siembro en mi sepulto, ni los aguardo. Pero aquella trémula sombra de tu naufragio ha seguido en mí cosiendo versos de distancia. En mi mano, como un hijo que se cae al despeñadero y muerde mis garras con flores prohibidas.
Caminamos solas. La soledad se hizo muchas multitudes y arados en el carbón y en la salvia. En la maldita botella de ginebra que como una maldición derramé entre mi cuerpo y la muerte. Y bebí sedienta, hija bastarda de lo ausente. Y aquello engañó en mí la metonimia de los desaparecidos. Cometí tantas prisiones contra mi alma. Armé el peligro contra mis ojos. Usé oscuramente las palabras, el viento y alcé mis sombras cuando debí haberme abierto a un tajo el pecho y darme a la mandrágora y a la lluvia.
Hoy estoy en un lugar donde me miro desde el interior de la montaña. Y me sé mi cuchillo y mi piedra.... ya sólo hija del cosmos y de la nada. 
Ya no importa la costura que profané de mi tristeza, ni lo que quise arrastrar del error semántico de la hoguera.  Ahora vuelvo, pájaro cansado... a ofrecerme al humus y al viaje. No me concedo. No le doy al camino, una fosa que me contenga. No me doy la razón, no maquillo la llaga. No cubro mi ignorancia con rezos ni teorías.
Soy como un animal bañándome en el látigo volcánico de un fruto que he comido y olvidado, que también me devoró y me empujó jauría a la semilla de la mar y del vacío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada