HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mañana me iré a la montaña. Estoy en un lugar tan raro... que todo toma un tinte de blues en estampida, de esquela de bisagras bebiéndote la puerta rota a puñaladas en la casa desahuaciada que dejaste en mi corazón.
Hay cien mil distancias de mis ojos a los otros ojos. De mis ojos a mis verbos. De la huella a tu pared trepada de murciélagos en el réquiem que incumpliste sobre mi papel derramado. Cuando jugábamos a ser algo parecido a un edificio volado por los aires... en el centro de esa quimera que acuñaste en tinta y carne para convencerme de que estábamos completamente locos y que jamás existió la cordura. Y yo lo sabía como tú, porque fui herida en los mismos sucios moteles, y nadie dio aquellas dos monedas que pedimos en limosna para tomar el tren. Echamos a andar. Era muy tarde para todos.

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