HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto.... apresurada, porque tengo que irme al pueblo. Tengo que volver a escribir todo el tiempo posible. La naturaleza, subir al monte con el perro, y la escritura. El camino aquél espiritual que buscaba no estoy ya nada segura de que sea algo más que polvo, como polvo es todo al besar al viento y a la inmensidad. Creo que he estado convencida de que iba a hallar un profundo resplandor nacido del Imposible y que iba a coser alas en mi cuerpo. Y eso es un delirio. Un delirio del romanticismo de un mundo mejor, del sentido evanescente de haber nacido, de Amar de un modo que salga disparado por las estrellas. Y acá en la tierra, todo es mordido por un hueco. Lo único que importa es vivir y bailar. Lo único asible... es la paganería del poema y sus descosidos ademanes de lo incognoscible en medio de ninguna parte... estremecerse al besar un árbol, al meter los pies al río, al poblar lo desconocido con hilachos de amanita que robé de tu tumba.
Pero esto no significa que vaya a abandonar aquél camino. Significa que no hay caminos.
Mi desarraigo social cada vez es más profundo y más armónico en su despedida y en su desvío por los bares.... del teatro, del tomar tu desorden en mi huida endémica a la casa de cartón de ese ojo de cristal derretido en tu lengua.

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