HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No vi allí amor. No vi lo contrario. Era una cachimba de opio. Era un tren descendiendo las madrigueras del aullido y rompiéndose en forma de lava que se une, en la distonía de mis cuerdas vocales cortando el acceso a casa. 
Voy con mi cuaderno de algas en taxidermia cruzando tu letanía, pero allí ya no hallo ni tu muerte, ni tu vida. Ni mi pena fundamentalista de amarte donde nunca has estado. Ni mi botella de vino recogiendo tus lágrimas de barro donde duermo borracha entre el suelo y el suicidio de las nubes.
Las palabras allí escritas son las mismas que son borradas en lo que ocultan mis ojos.
Cada segundo que pasa, pierdo 3 versos en el quizás que pudiera recordarte sin usar la literatura.
Da igual qué poemas escriba. Y cuáles detruya cuando aprieto mi mano con mi otra mano, y lloro desconsolada la pérdida del primer perro.
Da igual que nadie jamás, quite mi telón y pueda verme y amarme. Porque en fondo todos aunque no lo sepan, están detrás de un escenario impenetrable.
Yo nunca tuve lo que ellos. Lo que vi de ellos, desde mi alcantarilla. Lo que soñé de ellos desde mi pobreza. Lo que amé de ellos desde los libros y los cuentos que nunca pudieron llevarme a ninguna casa. 
Luché contra mí, por acercarme a ellos y amar y ser amada. Pero el Teatro... preñaba en mi vientre, demasiadas máscaras quemadas que alimentaron a los cuervos de mi tango y a mis niñas muertas de sed. 
Luché contra mi sino. Para tener yo también lo que nunca tuve. Lo que tan bonito cantaba ebrio en esas veredas en las que yo siempre pasé borracha y llena de fuego, o pálida como una ciudad bajo las bombas.
Ahora ya no lo hago. Ahora sólo me voy con la mar.

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