HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se han ido marchando todos.  Y al abrazo del sauco, a tu poema borrado en la pizarra, a ese sentimiento atormentado por su fosa profanada, por su imposibilidad entre la piel y la certeza, o entre la continuidad y la escopeta de tu noche retomando la raíz donde nunca se cruza con nadie de la mano.
Hoy salgo y entro sola, al crotorar del río, a la cerveza en esa mesa donde cagan las palomas y la lluvia viola flores que nunca te han tenido en mi voz ni en mi olvido.
La palabra ha seguido derramando el reloj de arena donde se murió nuestra historia, sin ya ser capaz a recordarla.
Y mi nostalgia en un sucio tren.... que ya no busca ni la mar ni la muerte. Ve dormir llenos de espanto a los locos apoyados en su ventanilla rayada. Y besa sapos en la grieta de la que nadie ha vuelto.
Se va. Porque aquí lo único que hemos podido hacer siempre, es irnos. 
Dentro del escenario una máscara siempre se muere de pena. Yo fui su carne entre el cartón. Fui el fuego que la destruyó. Y la literatura que junto a ella siguió moviendo el engaño de los significados y los besos, entre las cunetas.
Hay distancias que sólo siguen el curso de la multiplicación. Y esas son bajo las que yo duermo.
En mi piso... el suspiro de mi abuela pelando garbanzos, cuando viene la lluvia, es lo único que le devuelve la risa a mi perro muerto.
Ahí afuera paso frío. Ahí afuera no sé hablar. Por eso me voy de ahí. Avanzo la ruta de mi grieta. Me abrazo a saltamontes y a poemas ensilados en mundos que aún no han nacido. Me lavo la soledad, con el baile de la soledad. Y tomo el amor de la luna y no de la humanidad. Fecundo mi seentimiento.... al arruyo de los chopos y no de los hombres. Grito con el vino.... en el acantilado, y no en la pupila de nadie. No duele la sombra, duele la palabra cuando busca un espejismo de luz, donde la natura, despliega la inacable noche. 

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