HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Son movientos eclípticos, medio amorfos, medio levitantes. Son azar de polvo de fuego, amor y desierto, hueco enamorado y tu pan tiñiéndome de carbón los labios quemados en tus epístolas de pólvora y de ausencia.
Es el constante desalojo... de mi pie de página y de tu pistola entre las nubes, cuando ya nadie puede hablar de amor sin sacar los disfraces y el esperma de payaso. Vuelvo a la soledad para sustituirte en la metonimia de aquella playa cayendo por mi espalda y chupándote la negra noche desde tu casa robada. Y del revés. Y cuando no ha ocurrido. Y palabras que borran las hogueras.
Y mil y una distancias, entre mi mano y tu mano. Aunque estemos tan juntos que no se puede respirar. Y el blues dejó pendiente aquél suicidio de tu pared en mi lapicero. Y no quisimos recoger nada al marchar.
Me enterré en tus zapatos cuando tomaste todos los trenes. Tomé el camino Imposible... para revivir al pájaro. Ya no lloré sino chocolate y whisky. Ya no reclamé sino Luna en la tristeza de mi tierra.

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