HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Te vi golpearte en mi piano derretido por el cráter, por el hielo clandestino de una palabra hecha trizas en la selva de los ahogados... con sus huesos anudados donde vuelve a flotar la tortuga. Te vi hundir el cuchillo que no te atrevías a hacerlo en tu infierno... en mi piel de sal y de sangre. Y cavé por los dos el sepulcro que desataba esos nudos de tierra estéril en el papel temblante de un poema de fuego. 

Yo fui la jodida escavadora y colección... de tus pesadillas, cuando en mis manos, cortinas de humo, amordazaban el beso del sol entre el mármol. 

Nos tomamos espada y pared, en un vuelo a vida o muerte... sobre el aullido de la ausencia.
Te sufrí, como mi corazón gangrenado entre papel de calco y arista.
Te llevé, como a mis niñas muertas, entre las noches de lodo, arrastrándote por el río del olvido, como una sábana ensangrentada.
Te levanté, menstruación de hospitales en la maldición de mi nombre.
Y todo lo tragó el mundo que aún no había nacido.

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