HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy con el perro, sola de la estación del resguardo y el aquí, y el ténme.  Voy asfalto con el trébol y papel en blanco con la lágrima del afilador en tus moratones.
Poema exiliado... cuando tu ropa en el suelo sangra el amor de los barcos que siempre se fueron antes de llegar.
Nuestra historia es la tragicomedia de un caparazón que quiere viajar a venus... y parir el molusco donde aún queden canciones para calmar el delirio de la prisión de la humanidad.
Mi cuerpo no conoció el amor. Conoció la lascivia de una serpiente cavando fosas para ver si la ayahuaska lo mandaba todo al pairo en un vuelo sólo de ida al resplandor.
Por eso hoy trazo alfiles, donde el rey ha nacido muerto. Y me mancho de adobe y plastilina... el sol violado de mi infancia.
Tu caligrafía pervirtió en mi pobreza un anhelo que se llevarían los lagos al interior de los crematorios.
El camino fue incendiado por el pájaro del exilio. Sólo supimos perseguirlo. Lo que dije, en estos 30 años, fue sólo un réquiem para sus alas de luna llena. Sólo un canto de amor, para su vertical suicidio en mi pecho.

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