HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora esas viejas canciones. Oirlo cantar. Reir. Abrir otra cerveza. Soñar por un instante que podremos salir de aquí. Que nada fue inútil. Que el amor que fue sigue siendo en algún sitio, aunque no nos lleve de su mano. 
Y de patada al callejón. Porque estamos locos y ninguna razón iba a convencernos del ataúd ni del ruego. Porque de pura casualidad seguimos en pie. Porque aunque duela sólo será de pura vida, de pobreza, porque sólo pagué por humo y sólo quise de ti un poema, si engañé, fue sólo para que no supieran demasiado tristes mis payasos. No fue jamás para ganar algo. Ni siquiera supe hacerlo para que no te fueras.
Saber que aún te amo, es peor que fingir que yo también olvidé. Si a veces quiere hablar el alcohol, tira tú por mí de esa cuerda al cuello de la criatura de paja y gasolina. Que nadie te vea cruzar la calle.

Siempre estará esa bala ahí por si la necesito. La llevamos puesta. De momento no tengo prisa por morir. La muerte tendrá más ganas que yo, cuando suene esa guitarra. Será más precisa, no dudará en ofrecer el poema como toda una vida.

Voy de moratón a botella de vino. De piedra y cuchillo, a la raja de tu pared. De qué largo se hace todo, a qué poco tiempo para no tenerte durante tantos siglos. De ya no tengo norte, de no te pude pisar la sombra ni los zapatos, cuando se caían a pedazos mis ojos en tu papel. De baile de brujos y suicidas, de qué asco de ciudad, de qué sola duermo soñando con el fin de todo y al abrir mi mano, tus pestañas encienden un mechero en medio del vacío.

De vamos a pique, sin contar las monedas que nos quedan ni las que nos faltan, para poder decir adiós. De nunca sabrás qué restos de ti revivo en mi abismo ni azuzo a la hoguera y a los pájaros.
De me empiezo a encontrar mal. Vomito cachos de mapas de carretera como si tu dirección aún pudiera escuchar. De todo milonga. De "qué desgraciadita soy teniéndolo to" De ya no junto dos frases. De debería irme a dormir. De vuelvo a escuchar fea a la muerte en lo que dejaste en mi mesita. De ya no lo diría, porque ningún cielo guardaría la palabra. De.no me dejará la mar. No hay paz para nosotros. El camino lo llevamos como ceniza en el bolsillo roto.

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