HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Antes, hace unos años. Iba a todas las manifestaciones de las que me enteraba.  Sacaba mi desesperanza frente a la humanidad, convertida en un alarido. Iba siempre sola, y me eran terriblemente extraños los compañeros, esa gente tan hermosa que reía y aullaba, y se querían entre ellos y cantaban todos a la vez, una canción que yo nunca cantaba ni conocía el ritmo, estaba profundamente muerta en mis entrañas.. Yo sólo iba a pelear con la policía y a cruzar la línea que habían puesto para que no pasáramos. A bailar un discurso incendiario en las narices de esos policías y a jugar que yo era un perro y ponía las patas encima de ellos mientras sangraban poemas por mis ojos. Tenía deseos de morir. Tenía deseos de que explotara la ciudad. Y cuando acababa detenida, durante ese rato, sentía que por fin, había alejado, aunque fueran sólo durante tres canciones la enfermedad y el suicidio.

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