HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer por la noche tuve otra vez la sensación de no poder respirar, de ahogarme. Y era sólo angustia. No era el tabaco. Era la mar que estaba lejos, y no tenía salitre y cachos de alga en mi pelo. Ni esas noches estrelladas, al lado del bosque, donde no se veia ni una farola y sólo se escuchaba el romper de las olas y el reflejo de la luna en el agua. Cuando nunca me ponía ropa. Cuando yo amaba, aunque todo fuera literatura, lo amaba a él, y porque lo amaba... todo era infinito, cada grano de tierra, tenía mil esquejes de árboles y acantilados, del canto de los ciervos y de las queimadas alrededor de las hogueras.

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