HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

si yo fregué óxido en el suelo roto de tu baile de metales
tú enjuagaste astillas en tu tráquea para salvar mi triste payasa de etanol

si yo manipulé el dictado de la lucidez, del farol de la medianoche, de tu aquí y de mi aquí, para tenernos
tú juntaste animales muertos y flores, para cerrar esa herida de muerte que en mi cuerpo desde tu cuerpo ya enviaba todas las barcas al naufragio

si callaste para no romper lo que estaba roto y no herirme donde sólo había sangre
yo hice poesía de manicomio para coserlo con mierda de pájaro a un falso amanecer

nos convertimos en los costureros de descosidos espantapájaros para que se hicieran compañía en el crematorio
en los leñadores de barcos fantasma
en los que mentían en nombre del amor asesinado por la orilla que no conocimos

fuimos la sucia y obscena misericordia del cuchillo de la cocina
los dramaturgos de un entierro que no nos hacía llorar, porque éramos los viudos, los hijos huérfanos y desnutridos, el mármol, la estafa de la corona de flores y la puta misa, el whisky por fin de la tercera persona y el testamento de humo  para el fuego

fuimos bala que no mataba, porque abajo había cadáver
fuimos compasión de burdel contagiándonos los hongos
solidaridad entre quimeras vendiendo chapas en el callejón
coche de alquiler devuelto con vomitona de vino y una maleta que ninguno de los dos reclama

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