HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cantan los pájaros. El aire de tierra, mueve de sitio en el horizonte la soledad que llenaste de vals y zapatos rotos, alguna vez en esa habitación que hoy está cerrada.
El sentimiento no lleva a ningún sitio. El conocimiento no lleva a ningún sitio. Porque nada lleva a ningún sitio. Sólo se viaja. Se erra y se vaga, se ama, se sufre, se pierde, nos caemos y nos levantamos, nos quitamos una careta y debajo hay otra y nos la quitamos más ebrios y hay otra aún más y un espejo de pis de Mercurio no para de reirse de todos,  perseguimos como el galgo la liebre de las quimeras, lloramos y caemos borrachos de rabia y aullidos al suelo, cuando vemos el cristal que nos separa de ella. Y entonces perseguimos otra cosa o nos paramos y lo mandamos todo a la mierda y sólo tocamos una armónica para la rata del callejón y otro perdido que quiera compartir una historia y un olvido, una taza de coñac y la lejanía del cielo. 
O nos juntamos y nos mentimos pluralmente de la existencia del camino. O nos desperdigamos y vamos solos con todas las soledades mintiendo también la existencia de algún camino, de la posibilidad lejana de llegar algún día. Y nos desengañamos y nos metemos a las once de varas de otra camisa que también arderá. 

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