HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cantan los pájaros. Las palabras son mi río, mi descenso, mi escalada, el rubor de lo que no está haciendo presencia en mi hueso deshollinado, amarrándome amapola y sal. Construyéndome multitud en mi nada. Amándome la soledad con su abrazo y su bofetada de abstracciones rellenando la grieta.
Mi camino es la soledad, por muchos motivos, pero sobretodo por aquél que no he sabido escribir... y horada cada noche nuevas canciones en mis párpados cerrados.
La soledad... es hipnótica y presidiara de su intemperie. Desarrolla su lenguaje y es libre y plena, en su baile. Pero la soledad también aleja cada noche, mil pasos de su otro lado. Y su otro lado, se convierte en el motor de la literatura que ama al abismo de la soledad y da motivos para seguir y bailar.
Cada vez me cuesta más hablar con las personas. Transliterar mi lenguaje al suyo. Sentirme cómoda en el lenguaje común. Cada vez soporto menos mi disfraz y me siento siempre una jodida impostora. Y me entra una bala en la tripa y me pide largarme cuanto antes.  Sobretodo me siento incapaz a llegar al vínculo, a la amistad y al amor. Porque mi soledad da golpes en mi ventana, y me cierra de muros de caracola, del susurro de Léolo, me dice "allí sólo habrá sangre y pérdida". Porque es lo que ella recibió de mis 30 años. Porque quiere protegerme. Porque quiere que la escritura continue. Porque la lengua de la escritura allí fuera es un colgado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario