HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Comprender 7 años tarde el instinto de supervivencia de aquél antro en tu corazón. Reír por no llorar.  El poema es el eterno deseo insatisfecho, amor inconcluso, bala perdida. Por eso dura y ama. Por eso no duramos nosotros, porque el placer después de esa noche, se hizo libro cerrado expiando los crepúsculos.
Acá cojea la mesa. La ventana empapa ojos primitivos que cegaron tu luna llena en un siglo donde aún no éramos.
De esqueleto de pescado. De así sin prisa amásame la infidelidad de la noche. La maleta puesta. Adiós sin girar, adiós sin postales de nieve, el 12 de enero en el buzón. Sin lo siento mucho, sin el quizás es un puercoespín puesto de coca, con tu ropa interior, con los planes que tenía tu madre para ti. De doble o nada, siempre fue el fuego. Inyecté tu lágrima por vena, porque preferí la literatura que tus ojos de espanto clavándome crucifijos en el pecho. Mentí en tu nombre, tus propias palabras, removidas en mis papeles, en mi vagina, en la pistola que temblaba la ausencia del verdugo de los dos.
No quería saber, porque entonces yo era una yonki demasiado ocupada con sacar calderos de agua del pasillo al huerto. Tú también callabas. Era más fácil para el baile de los muertos. Para salir por la cima del esperpento y el fracaso, con la guitarra intacta.
Porque los dos amábamos los cuentos. Y nunca nos hicieron dormir..
Porque los dos teníamos una carta suicida al tiro del plato esperando en el cajón.
Porque lo valiente y lo cobarde, era la tercera botella de vino, y nos hacía hablar de la misma manera, de las ratas y de los trenes. 
Te amarraba en mis piernas como tabla de náufrago y disfrutaba cuando la mar nos entraba en los pulmones y moríamos en ese gozo de desheredados. Te echaba piedras en los bolsillos para no poder evitarlo.

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