HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cortejo los pinchos del arbusto, con ese cacho de inmemoria que el tren descarriló en la ventana cosida a balazos sobre tu ceguera de la medianoche.
Yo saqué la bola de cristal, y echamos opio a una cachimba, hecha con ciprés.
Me puse los pelos de punta y en blanco la lujuría, toco con los tacones, tu esterilidad en la mía, para no hacerlo nunca, ni con mañana, ni con hambre en los bolsos recogiendo basura para contar más mentiras de esas hereditarias que hacen país y continuidad.
Y sin penitencia, porque sino nunca hay música. Decolorados trajes de madera nos hicieron partir.
Sin cachos ni dividendos. Sin eras tú o yo.  Sin nada fue inútil. Sin más mierda de ciervo para salvar a los narcisos.

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