HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cruzo la calle suicidada de tus epístolas. Te miento en mi engaño, como un motivo surrealista que robo a tu muerto, porque tu vivo, no tenía la gracia, para hacer música, ni bromear entre las ratas del barco... del destino de los que nunca tuvimos nada.
Y así ajo... en la materia inerte de los lienzos que pintan en mi paso, un pentagrama que envuelve mi grito junto a los tordos.
Se mueve ahí afuera la suciedad de los zapatos de otros. Ese tipo que lleva en un carro, folletos de oferta de los supermercados. Va cargando su soledad y la mía, llamando a timbres que nunca quieren abrir, para dejar la muerte de otros, a cambio de un mendrugo y de 600 euros que no cubren el espanto.
Yo llevo en mi invisible a carro lo mismo que ese tipo. Aunque ya no sé llamar a ninguna puerta.

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