HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Debo irme. Sólo tengo mis huellas dactilares para pagar el humo y el billete. Estoy cansada de dar vueltas a la vereda de la ceniza. Lavar mirlos en las ventanas que me hablan del suicidio y dicen tu nombre en ese lugar donde mis tímpanos son pozos llenos de dinamita.
La cerveza que sigue a la cerveza, y esas dos sillas, siempre vacías, brindando junto a los muertos por mí y por la puta madre de la tierra y la cicuta.
Alguna vez se volvió una pesadilla todo eso. Pero tu guitarra seguía picando hierba en la cachimba de los desheredados. No es tan malo. Es ese atajo a ninguna parte, conocer ciertos sitios que son error y sangre. Acumular, de mala manera, notas en el blues. Porque así, se hace bonito, el salto del ángel y no volver a sacar la cabeza de la mar.

Estoy jodida, porque he pensado en él. Tal vez en el fondo es mejor pensar en él que en el suicidio o en la nada. Sólo es una trampa más.

Tan cerca siempre de la desesperación y de la sal. Tanto fuego en el barco.

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