HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El olor del guijarro. 7 palabras borradas. Una ceja de pintura bajo un beso de la sombra de la azada. El zinc del número de mis años, menos esos 4 meses con tu olor en mi cama. No servían de nada los jabones. Un desconocido que aprieta piedras en sus zapatos... me habla sin hablarme, de lo que perdí en aquella calle cuando el vino pesaba más que el suelo. Y un punto. Aparte de algo.

Se acabó la prosa. Se acabaron los viejos diarios. Y se borró mi pellejo tratando de sacarme la huella de ese bolígrafo echando humo. Todo será de la poesía. Para que nada sea mío.

Si me encuentro con fulano y se rompe un cristal en mis costillas y recuerdo cuando no quiero recordar esa sangre y la cuchara removiendo la cazuela de cicutas y patatas. Hablaré de un ornitorrinco. Morirá fulano. Siempre morirá fulano y mis fulanas en este nuevo juego de faquires.

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