HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El silencio vuelve a ser el silencio y por eso brilla tomillo, barro y peces. Porque ya no busco tras él, ni una respuesta cósmica, ni lo extraordinario. 
Me oigo en su rubor, como una cacho de mi puerta, como el árbol que alguna vez fue ella. Como el sonido del paso en las hojas. Como el humo del cigarrillo entrando a las páginas de un libro que ya nadie abre.
Y descubro que buscar al Buda, es la hipocresía y torpeza de los que leyeron a Buda.
Buscar a dios, es el humor negro de la frustación de la ausencia. Y verlo, y sentir ese orgasmo de duendes y de faunos, es el corazón meándose de risa... en medio de la nada.. sobre sí mismo y sobre el fango, sobre el absurdo y sobre un intento de control y de sentido, que será un colgado, meando sotas de espadas, en los ríos del olvido y desangrándonos como cuervos que aman, rojo, en las fotos sepias.

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