HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es un problema abstracto, rizomático, de ambiente de escenario de murciélagos, miel y vodka. De detrás de esa ventana, sube un andamio de puerta en chimenea y has de encontrar a la tortuga. De tómatelo por la tangente y con risa de lagarto. De esto no hay dios que lo arregle, sólo el dadaismo puede salvarte el corazón.
Es una historia de indigentes haciendo formas de música a los palos, con navajas y gritos.
De mi soledad es un DIU para evitar problemas. Y yo siempre quise darle un hijo a tus manos. La contradicción aunque te parezca un vicio, es el único rezo que he sabido cantar para que no se vaya lejos la luna.
De yo te quiero en la mesa, junto a café recien hecho y los tordos en la ventana. Pero no te soporto en la mesa cuando las patas cojean la lluvia que me aleja de ti junto a los tordos.
De me gusta llorar cuando sólo me escucha el río... la mar que lo aguarda, como ese descanso que hará galerna cuando al otro lado de tus papeles, mis lapiceros se echen a la hoguera, para lamer tus heridas y las mías, sin filtrar en mi espanto, lo díficil que me ha sido vivir sin ti.
Es una historia de mil historias del fracaso, de la mandíbula postiza de la muerta, en el vaso de la mesita que riega a los geranios que aún quieren hablar del crepúsculo. De huesos rotos en la pizarra. De la pared de León Felipe y su retrato del abuelo que perdió todas las batallas. Y el morado que se ha vuelto un charco de sangre roja de muerte en la puta bandera del país de los gusanos que siguen comiendo cadáveres.

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