HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ese murmuro... estará en mis huesos, en el descosido de mi vestido, en mis ojos empapados. No lo necesita mi escritura. Porque lo tiene mi cuerpo, como un naufragio y una sinfonola.
Se lo digo en soledad...a los perros y a los árboles.
Bajo las escaleras con su amor y su muerte sobre mis hombros y a 200 metros bajo tierra.
Es amor y es absurdo. Es el porqué cotidiano, la lágrima del espigador, y el papel roto sobre tu risa, loca y valiente, de la muerte que no podrá tumbarnos, porque entonces seremos todos los pozos.
Lo envuelvo en su ternura de pizarra y de olvido, en el grito de chimeneas de la soledad cruzando la noche. Y es tan mío, durante tanto y el peso y el tiempo y la distancia y lo perdido y lo ganado. Tanto. Que ya no lo diré nunca. No será cuerpo de poema. Sino ese billete usado del tren de los despeñaperros de un canto de amor que aprendimos en el manicomio donde ya no quedaban llaves.

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