HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy en un lugar muy diferente... al que estaba hace un par de meses. Es un lugar peligroso, y a la vez es un lugar de corazón. Es ese tablero del juego de la rana, donde vuelvo a oir a las manecillas, remover el polvo de las puertas que sobre el Lete hicieron balsas para una navaja y una flor. Todo vuelve a abrirse... las ruinas de la torre de Babel, echan señales de humo, a los pájaros de la noche. Yo camino sobre una cuerda, a veces me dejo caer al fondo del agua, a veces las brasas queman las palmas de mis pies, a veces me rebota mi propio latido, hacia una decisión más fuerte, sobre esa etérea ruta. soy mi crucigrama, soy el tachón, el tipex y las cerillas, soy el bolígrafo, el anacoluto y el canto de la carcoma y las algas, sobre esas líneas que no son líneas, son elipsis del beso de la luna y los muertos.
Estoy cerca de la locura y cerca del paraiso, del suicidio, de la montaña de mis sueños, de la mar, del amor y de la nada.  Viajo mi propia odisea hacia dentro, y la caricia de los árboles cuida de mí.
Mi vida, son mapas situacionistas con jeroglíficos oníricos que me dicen la verdad cuando ya no está allí mi vida ni mi yo. El tiempo y el espacio es una ilusión, de la necesidad de apretar una manzana entre los dedos y beber su zumo. El tiempo y el espacio es lo que hace que exista la muerte, el miedo, el futuro de esclavos en la tierra que ha sido robada por la propiedad privada de alguien que nunca seremos nosotros.

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