HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy escuchando un montón de canciones. Y putas que todas me embriagan la nostalgia, y no es el alcohol. Si sólo fuera el alcohol, aún podría pagarte aquél billete de tren que te debo. Lloro papel de lija y mandarina. Lloro riendo a carcajadas mi puta locura de pared que se cae a cachos. De cantina de la que nos echan a patadas. Del único verdugo que tenía y que ya se ha muerto el cabrón y su triste cuchillo, ahora sólo es arena y ya no puedo acabar el pago ni ese nombre.
Ya sólo quiero morir cantando. Ya no quiero abrir más persianas, ni echar la basura al contenedor, ni reciclar el vídrio. Ya sólo aguardo una hoguera que haga música con todos esos pozos y ardamos de fiebre, por un segundo de reposo, al fuego de la mar.
De veras que no soportaré verte morir.  Que acá ya no hay nada sólo tú como la excusa de seguir.. Que mis poemas pasan hambre. Que yo nunca quise servir para nada ni a nadie. Que yo nací de un anacoluto. Que yo sólo quiero que éste vino te diga lo que yo ya no sé decir. Que las lágrimas sean sólo de etanol. Que el cielo se muera. Que ese servicio sucio del bar, donde perdimos el conocimiento fue él único que comprendió.

Ya no me alcanza la compostura, ni para quitarme los piojos, ni la tierra entre las uñas, ni fingir que me queda algún motivo.
Yo quiero quedarme donde se quedaron los fusilados, las mujeres pobres violadas y muertas a las que nadie buscó. Los hijos olvidados de las guerras que nadie evita ni mira allá, porque ponen contento al Tio Sam. Quiero morir junto a los analfabetos que sólo conocían el idioma del campo de cultivo y de la escasez y nunca aparecieron en ningún cuadro, en ninguna lista. Yo quiero salir por la ventana, cuando ya no quede en pie ni la pared ni ninguna memoria.

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