HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha sido también valioso para mí, reconocer esa zona espiritual y volver a habitarla, porque fue parte de algunas preguntas de mi adolescencia y de los viajes con las plantas, y sobretodo parte de la locura. Ha sido una forma de revivirlo, de politizarlo en el verso roto y en el beso de los árboles. De comprender el nudo de queroseno de unos ojos retorcidos entre el abismo y la nada, con esos pianos sacudiendo el corazón de los perros en la mar. 
Ahora vuelvo al barrio...al callejón, a la pintura que se partió en dos cachos al tratar de sujetar la nube de los insomnios y derramó junto a tu vino, la lágrima no llorada.
Esos trances... donde tenía visiones y a veces sensaciones orgiásticas, en lo pagano, en lo imposible. Acababan haciendo que mi mente derivara hacia lo catatónico, hacia la muerte del poema. Hacia el rito dadá, hacia la estupidez. Estaba muy dispersa. Porque proyectaba algo indemostrable y muy vehemente, productor de los deseos y de los sueños...y lo hacía real en un lugar muy extraño.  Y sé que eso es un motor que puede ser nutritivo. Pero en otro comando.  Su metafísica, es un espejo y una cerilla encendida... que puede aplicarse a mi forma de amar e interpretar, cualquier otra cosa que me roce.  Y el volcán de detrás, está siempre en la placenta de la palabra.
Ahora quiero enfrentar el anacoluto de mi cuerpo espejado entre los otros cuerpos, desde el poema.
Sólo me sirve el poema para vivir, para no volverme loca, para no matar a nadie ni matarme a mí. Para amar. Para pelear. Para seguir. 
Prefiero caminar cerca de la nada. Prefiero que el sonido de fondo sea una pregunta que arde, una ventana que se derrite sobre la hiedra, un suspiro de pizarra esculpiendo lo que no se pudo escribir.
Prefiero lo imperfecto, lo que anda cojo, lo que se tambalea y acaba cayendo de cabeza desde el puerto borracho a una barca vieja con algas encima. 
La búsqueda de un sentido total, aplicada a mi Ideal, a mi deseo, o incluso a la razón, acaba siendo quimera y embuste. El sentido de la vida, de las palabras y caminos, es siempre parcial y cubista y dadá. Está agarrado por un reflejo a su propio hueco y muerte. 
Por eso sólo podemos bailar.

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