HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha venido ella. Y me ha puesto patas arriba mi soledad. Mi soledad me hace cada vez más intolerante, a su canto tapiado. Tal vez me he vuelto como Ray Man. Me he acostumbrado al sonido de los grillos, de mi deriva sin imposiciones, a no oir mi nombre, a no tener ni dar reclamo. 
Me gusta, antes de dormir, esos treinta minutos.. de luz apagada y escuchar rastrojos y palos encima de mi techo. Los ladridos de los perros. Los besos de los fantasmas..La casa vacía fadando su vacío y envolviéndome de amor en sus rupturas.
Me gusta, cuando despierto... no hablar ni que nadie me hable. Encender un cigarrillo, tomar el café, buscar en la montaña mi nada...y esperar al poema, mientras ajusto o desajusto el surrealismo de los sueños....  el beso del día, de su abismo y de sus ganas. 
Me gusta mi rutina de paso sobre viento.. guiándome entre abstractos al río y al monte. Con el perro. Que nadie diga hay que hacer esto. Que yo sea el nadie, buscando pianos en los agujeros del horizonte. 
Me he acostumbrado a tenerlos a ellos, en una caja de pandora, en fotografías que danzan acuarela, lejos para estar cerca, charco que se evapora, siempre aquí, cuando el aquí es éter y somos el apuntador de los olvidados. 

Como ha venido ella... y quería ir a la tienda, la acompañé con el perro. Y se paró a saludar a no sé quién... y yo seguí con el perro hacia delante... Y luego en la plaza.. quiso ir a leer las antinoticias del tablón del ayuntamiento y pasó fulanita y hablaron fulanadas.. y de lejos la oí ¿qué tenéis alguna reunión? y la otra "es de las amas de casa blabla". Y le dije cuando me alcanzó... ¿qué reunión crees que van a tener esas apostólicas del partido popular? ¿hasta dónde crees que llegarán sus decisiones y filosofía de avisporro....?, no saludes a nadie más por favor, no soporto esos zumbidos"
Y luego me senté en una escaleras a esperar que saliera.. y vino la gente a jugar con el perro. Y yo me sentí violenta, fingidora. Con un grito de la náusea y del fuego, hirviendo en mis costillas.
Todo esto me causó estrés.

Lo que realmente me dolía... era sentirme presente... a través de mi vínculo con ella, en mundos que no me pertenecen. Sentir que en esa frontera de gasolina he danzado demasiados años al abrigo de Franquestein, con mi pizarra de huesos de pájaro ebria de luna... llorándome luego, el verso roto de Mercurio.

Me he vuelto antisocial... de una forma más política, más ámbar, más procesionaria de los pinos, más pesadilla y amor de Alicia cuando no queda nadie. 

He hallado una plenitud, un reposo en su marea de abismo, hacendador del poema y la distancia. He hallado mi alma gemela, en la materia inerte, en el río, en el sueño que ya no para en la humanidad. 

El desarrollo y libertad y gozo de la soledad, me hace muy vulnerable, al ruido social. Al disfraz que pierde tornillos y gaviotas, cuchillos y cierzo... en mi rostro sin rostro. 
Me he vuelto débil como un colibrí, al tacto de cualquier jaula... y a la conciencia de que existe la civilización.
En mi mundo no existe. Es sólo una película mala serie b, y desconecto el enchufe y se acabó el problema.

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