HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay utopías. Y luego está el camino que pisamos. En mi caso, siempre ha sido elegido por una herida, un anacoluto, y un muerto que no quiere que nadie duerma.
Pensando en estos mecanismos adquiridos. De niña... también utilizaba la hipocondría y el pavor de mi madre a la muerte y a la enfermedad, a mi favor, para conseguir lo que quería, como no ir a la escuela, por ej, cuando había nieve le decía que lo más probable era que el autobús descarrilara y nos encontrara destripados y muertos si me obligaba a ir, que ella vería lo que hacía. y entonces ella se horrorizaba ante esa posibilidad y nunca iba a la escuela si nevaba, o asustarla para convencerla de lo importante y maravilloso de lo yo había decidido.. También utilizaba, el carnaval del victimismo y el hacer sentir mal al otro. Entre ellos. Y movía a mi favor sus obsesiones y rollos maniacos y supersticiosos. Porque ellos usaban esos mecanismos como su decisión, y calaban mejor a veces que los míos. Y cuando hablaba mi idioma no me entendían. 
Yo no fui ejemplo de nada. Fui hija de las ruinas, de arlequines tristes, de nómadas sin casa ni futuro, de suicidas que decidieron matarse viviendo, de impostores, de trapicheantes.. 
Yo era perspicaz. Egoista de mi placer, de mi porque me da la gana, de mi ahora mismo, de quiero la luna en mis brazos.. Ahorrativa, ahorraba los pasos intermedios, para llegar al final al tiro. Rabiosa. Impaciente. Cuando había profesores que explicaban mucho rato la paja en lugar del verbo, y decían lo que ya habían dicho, usando otras palabras una y otra vez, les interrumpía, les ponía contra la espada, me metía contra su método de enseñanza del serrín. Buscaba 7 patas al gato y cortarle la cabeza. Yo era un jodido carnaval.
Yo viví en mi carne todas las patologías psicológicas.  Yo fui todas las enfermedades mentales posibles y a la vez su jodida inyección y remedio.

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