HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado algo inquieta. Con un dolor irracional que se anuda en mi vientre y me expulsa en las grietas de su camino... bajo el poso de la desolación que arde y se retuerce. No debo prestarle atención, la angustia muchas veces es un motor.. que desde su tiniebla empuja el movimiento.
Acá estoy lejos de todo. La atmósfera en sidra mohosa cincelando en la sangre de tus fotografías pentagramas del delirio.
Mis huesos son el vértigo de la tapa de tu tumba bebiendo alcohol de los lirios que estuvieron allí cuando cayó la casa.
Lo que me falta... viene de vuelta junto al réquiem de las rocas, congela mis dedos desde sus dedos, y apretamos el gatillo de una canción que se pierde en tus desagües.
Los poemas que escribía me miran desde su horizonte desvencijado y apuñalan en el hueco de mi regazo un cuento de ojos de cristal que caen por la cuesta y rompen tu vaso.

Carmen sacaba del fregadero restos de tierra.
Tú cruzabas borracho un panteón con estatuas de murciélagos en celo del amor que nació asesinado en nuestro cuerpo.
Yo me iba, me iba contra la realidad tu sombra en las escaleras que acabaron en ese montón de basura deshojando piezas de mimbre cuando la nieve anega en los ojos el porqué.

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