HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido al río, buscando el equilibrio... el sosiego entre los árboles, el amor de la invisibilidad del viento y la respiración de la fotosíntesis. He ido haciéndome psicomagia, diván de sapitos, mano de mar. Y ha funcionado..... mirando el río, jugando con el perro, caminando en saltos de música, por un instante sentí alegría o algo parecido en ésta constante indigencia.
No sé si el aislamiento y la ausencia de la urbe y de toda persona, me han hecho daño en la capacidad de adaptación. Llevaba días muy nerviosa, donde a la mínima me sentía llena de estrés, de invasión, de ataque-defensa de todo eso, en alaridos de rabia y de insoportabilidad. Y eso no es bueno, sentía que me iba a explotar el corazón y a derramarse mi vida en la pólvora. Tengo que ser capaz de transformar esa rabia en el alambique de la distancia y del humor negro. Tengo que ser menos sensible, no poner el radar en busca de matar a la avispa y al rey. No hacerme tanto caso. No tomarme tan en cuenta. No psicoanalizándome en busca de ese supuesto conocimiento de la salvación que nunca llega ni está cuando lo buscas, porque no existe, sólo es jugar y vivir, sin estar atados a la insaciable ausencia generadora de la palabra. 

Al haber dejado las drogas psiquiátricas, mi animal es más salvaje. Las drogas psiquiátricas, las usan como represores, por eso dan antipsicóticos a presos y a los ancianos de las residencias, porque así molestan menos, son menos intensos, no sacan la mala ostia, son más adaptables a recibir bofetadas del sistema y a no defender su voz porque esas drogas la castran, te meten dentro la ausencia y la muerte.  Las drogas psiquiátricas ayudan a tragar mierda y agachar la cabeza, como hacen los buenos ciudadanos.. Por eso cada vez interesa más medicar a los niños y a los adolescentes, en EEUU ya es lo normal.

Yo las vine tomando, por algo que empezó contra mi voluntad y a la fuerza, con una cantidad de ellas realmente nociva y destructora, cuando acabé completamente deprimida y medio muerta, decidí tomarlas, porque sentía que había estado como una puta cabra y me era muy doloroso el recuerdo.  Pero no tomaba la cantidad que ellos me querían dar. Yo quería lo mínimo. Y tomé una pastilla de 3mg, durante unos 8 años. Ellos al principio me daban como 20mg.  Mi cuerpo compulsionaba por la noche, sudaba hielo, perdí la menstruación durante meses, tenía pesadillas, me costaba hablar y pensar. Aquellas drogas eran mucho peores que mi locura. Porque perdí del todo la vida, las emociones. Pero cuando bajé a 3mg, y por otras circunstancias también favorables en mi escritura y en mi ambiente, fui cosiendo los agujeros negros de mi cabeza, y me reconcilié con la vida, con el amor y la alegría, y aquella que alguna vez fui y creía muerta, volvió. 

Hace un año, decidí dejar esa pastilla, y la he ido quitando despacio, porque su síndrome de abstinencia puede ser peligroso y provocar mucha angustia, y la angustia puede cortar los cables, como el mono de cualquier otra droga.  Ahora ya no tomo nada. Y vuelvo a encontrarme con mi naturaleza. Y mi naturaleza tiene también un fuego que no se deja domesticar y a veces me desborda y me saca las costillas en un papel quemado y en el deseo del apocalipsis.  Y ahora, me toca a mí, llevar esa catarata, hacia un lugar que me sea creativo y que no me lleve, ni a la violencia, ni al alcohol y otros vicios, ni otras alcantarillas y mundos imposibles que tomé en mi pasado. 

Tengo que ser yo mi cura, mi amiga, mi amor, la defensa de la vida, de mi noción de lucidez, que sólo es la felicidad y la libertad. Debo ser mi cortafuegos, mi botella de vino en el parque, y che tranquila, todo esto que ves algún día será ceniza, la muerte lo llenará todo con sus pianos, ríe y vuela ahora. Pero también debo cortar mis alas, si me llevan a la alucinación y a la quimera. Debo ser la mano que me saque del agujero y la pala del fondo por si hay que cavar más abajo. Debo ser mi esperanza. Mi espada y mi pared, mientras me voy por la ventana. El frío que pone a punto la cerveza. Y la hierba que fuma la angustia y nos duerme al lado de las caracolas. Debo ser yo el trabajo que nadie me dará jamás y sus putas monedas para pagar mi billete y mi trago. Debo ser mi país y mi gobierno destruido y mis fronteras sólo de mariposa y serpiente. Mi taberna, mi teatro, mi entierro gitano ebrio de vino. Debo marcar mi teléfono cuando necesito ayuda porque me ha dado un ataque de nervios. Debo llamarme a mí cuando echo de menos un amigo... y debatirnos qué haremos hoy para no matar a nadie y poder amar todavía. Debo ser yo el mechero que enciende el cigarrillo y la voz que dice "no debías, fumar mata" y la otra voz que dice "lo que más mata es estar vivo, no te apures, sino la hipocondría te hará vieja y amarga, pon esa canción, y olvídate y vámonos"
Debo escribir yo la carta que siempre soñé que llegará a mi buzón. Y decirme esas palabras que soñaba que dijera (....). 
Debo ser yo mi comuna. Y la gente que tanto quise y nunca supe quedarme a su lado. Mi no te pongas sentimental, ni nostálgica, la nostalgia nos ahoga el pecho. Cada noche rompen miles de olas en la mar. Debo ser yo, esa persona que soñé que algún día iba a encontrarme para llevarme a la isla y volver con las ballenas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario