HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido al río, feliz, riéndome todo el rato de algo incomprensible y que no me ocurrió a mí sino a otra. De camino había dos mujeres y una hablaba por teléfono y dijo "no puedo apuntarlo, no tengo boli" Llevaban carpetas y supuse que estaban vendiendo lavadoras de puerta en puerta. Como pude haber supuesto cualquier otra cosa. Les presté mi boli. Y anotaron la dirección de alguien, y supuse que por culpa de mi boli iban a ir a tocar los huevos a ese pobre hombre para venderle sus lavadoras, lavadoras que ese hombre no quería para nada y que iba a mirar en sus folletos, 100 lavadoras diferentes con las características de las revoluciones del motor de cada una y blabla.. porque no se podría resistir a la risa de esas mujeres. La verdad tenían una risa muy hermosa, una de ellas tenía un deje argentino y cálido en el habla. Me tocaron el hombro con esa risa y me dieron las gracias, mientras yo agarraba el perro para evitar que se avalanzara sobre ellas. 
Luego seguí mi camino con el perro. Ya en el río me senté un rato en la hierba. Contenta. Vi a un hombre a lo lejos meterse hacia la orilla y pensé que habría ido a mear. Luego se paró donde yo estaba. Y me dijo "ves ese nogal, está noche lo ha jodido la helada" Yo me levanté del suelo para verlo. No me puedo resistir cuando una persona, me señala un árbol, una planta, un animal, la forma de una nube, o una piedra. Me cayó muy bien ese hombre, me dijo que él había plantado esos nogales.  Le dije "la humanidad es mucho peor para las hierbas que las heladas, ojalá fuéramos una helada solamente" Y él se rió carcajeadamente. Yo luego cómo si fuera una niña le pregunté los nombres de los otros árboles que había por allí, le dije "ésto son las salgueiras ¿ a qué sí?, y él dijo, sí las salgueras. Y ¿aquello qué es? Y blabla.  Luego le dije "debériamos plantar árboles en todos los sitios, debajo de todos esos kilómetros de asfalto, señalando a la ciudad, no viven ni los gusanos, estamos destruyendo la vida de la tierra" Él dijo "destruimos nuestra propia vida" Y yo luego me fui repitiéndome esa frase como un mantra, nuestra propia vida, nuestra propia vida. 
Y ya cuando me iba del río a la urbe.... y amarré al perro. El perro se quedó olisqueando... y no quería avanzar, así que fui a por él y lo tomé en mis brazos por sus dos patas delanteras, lo espanzurré en el suelo y lo vapuleé jugando, para tentarlo a seguirme. Y vi a un hombre que nos miraba y dijo algo, y me quité los cascos y le dije ¿qué? y dijo "así es es lo que hay que hacer con los perros" Iba con una bicicleta a su lado... y empezó a ordenarme de forma muy chistosa y amorosa que soltara al perro que a ellos les gusta correr y estar sueltos.. y lo solté, y le dije "sí, los perros como nosotros necesitamos sólo libertad" Y me habló de sus perros. Yo le hablé de mi pueblo y de los prados y de la cabra tira al monte y del buey suelto bien se lame. Me preguntó que entonces cómo estaba aquí. Y le dije que aquí vive mi familia y qué putas y remedio que hay que venir a verles de vez en cuando. Él dijo, "sí sí hay que venir a verles" Y me hizo otras muchas preguntas.Luego yo le hablé del truño de edificios que veo desde la ventana y le describí la galería y las ventanas y paisaje de la casa del pueblo.  Le dije que en la ciudad todo es ruido y tubos de escape y contaminación Y él dijo "tú estáte mejor en el pueblo que es dónde debes estar y el perro también, aquí en la ciudad todos molestan, todos son unos desgraciados" Y eso me hizo reir a carcajadas. Y hablamos así un rato. Y ese hombre quería que siguiera caminando con él. Pero ya me quise marchar y me despedí alegremente y él también. Era un hombre muy tierno, todo lo decía con imperativos... pero de un modo muy gracioso. Se notaba que era de pueblo...de otra tirada, de casa pobre y pan contento., tal vez también soledad.

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