HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He recogido las latas de la mesa. Hoy voy a lavar a mano, esos edredones. Voy a cocinar. Voy a hacer que importa la forma en la que mano, mueve el pomo de la puerta...  y el eco que su ausencia, siembra en el camino que aún no ha sido nombrado.
Caminar con el perro, lluvia, y con los perros de mi corazón, en su humanidad.
Cruzar esas calles que abren los cajones del armario que ya es del fuego. Y escuchar su nostalgia, su blues, su desmemoria en las ganas de ser de mi lapicero. 
Volver al barrio exiliado de los poros de mi piel.. quemando neumáticos y bidones, para calentar el poema muerto. 
Ser sola, todos los árboles que alguna vez amé. Y no preguntarme verbos ni sujetos, ni porqués.
Ya pregunté todo. Ya escribí demasiado sobre el hueco que respondía más preguntas y más grietas.
Es tiempo de revivir en las cenizas.... el vaivén del cielo sobre el quebranto de tu espalda, al crujir las escaleras en la botella de whisky que rompió todas las costillas a tu diario. Y abriste los ojos de sal. Y una ola borró en la voz... la materia a la que nunca perteneció.

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