HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He tomado de ese brillo derramado del epitafio que no me diste, el canto que entrego al alba. Descendiente del asesinato que no hubo entre los dos y sin embargo la tumba que cavamos sin saberlo, al otro lado de la isla, ha seguido arrimando mis huesos a los tuyos, siendo ya sólo polvo, sin huellas dactilares para leer de los labios el tacto de ningún beso ni golpe, ni odio, ni amor, ni esperanza.
Ha seguido en su infierno por la misma estupidez por la que alguna vez siguió en su paraiso. Ya no hay objeto directo, ni yo soy cómplice ni verdugo, ni herida ni cuchillo, de nada de aquello. Y sin embargo el anacoluto de su poema, ha seguido escribiéndolo, tomando qué sé yo qué tinta y qué carne, de los muertos y de los vivos que fuimos a la vez, en el canto de la quimera y de su suicidio.

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