HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La noche. Cierto desvelo. El movimiento de Kavka, sus ojos interrogándome y respondiéndome en el mismo instante la música del silencio de la noche. Un perro jamás te juzga. Te afirma. Te sabe siempre aunque tú te hayas olvidado. Te recuerda el lugar donde justo ahora, brillan las estrellas y el presente rompe las cadenas y las ataduras de la palabra y de sus sombras.

Me alimento también de mi insatisfacción. Viví con la grieta preñada en mis brazos.  El instinto sádico de la ruptura, provocaba la necesidad de la posesión de un canto de belleza, de un perfume, de un acorde de amor al cruzar un cementerio.

Tengo que fingir que me importa ante la búsqueda del poema, aunque en realidad no es así. Aunque ese poema nunca me haya tomado de la forma en la que lo amé. Ese zarpazo siempre estuvo en mi piel después de enterrar la palabra que me llevó allí. Sin luto ni misa.

1 comentario:

  1. No queramos saber nada de la inexistencia. ¿Dónde está lo que no existe?...

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