HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La soledad... que devuelve y que agita, mi extrañeza, en los ojos que me miran. El vuelco del reloj roto, cuando rebusteces la miseria en el añico del espejo.
Aprendimos esas horribles palabras rompiendo la pared con la cabeza... cuando para ir hacia delante había que purgar marihuana de las tumbas.
De tantos cuentos que no nos creimos, el que se quedó, era feo y triste, de lo que nadie quiso decir, ni llevar en su pecho, como carcoma escrita, para liberar la mano del hueco de la mano que conoció ese esperpento llorado en la semilla que llevabas de tierra en tierra, cuando tan seco el suelo en tu boca, andar, era manipular una esquela.

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