HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo que dijimos con lo importante, sólo se lo dijimos a las piedras.
De espejo roto, intravenoso, cubriéndote lombrices en mi hambre. Y las dos invertebradas, aprendimos el horror del poema, en ese suicidio que no se cumplió. Abrí los ojos y me dije "puta mierda si aún existes, hemos perdido para siempre". Me desempolvé la mierda echándola para tu escritorio. Y supe que ya no había nada que temer. Ya éramos dueñas de todos los fracasos. Ya nada podíamos perder.  Nacimos de la pérdida, nuestro legado, sería un agujero olvidado. Aquella sangre con tu recuerdo en el fondo de mi vaso, sólo era literatura, soltándonos los caballos, apurando la luna. Vieja, no serás vieja. Todavía tienes tierra de tumba en los labios. Ché suéltate otra vez la melena, no es tan alto el IVA sobre el alcohol. Y de limosna en limosna, hemos conquistado la riqueza del cielo. Porque allá ni robando, porque allá ni cuchillo en mano. Ni mi amigo en la sala de la UVI cobrándose el efecto retardado de la salud pública en ese bote de pastillas junto a whisky y mandándome señales de esperma en mi casa pobre, en mi casa sin buzón, sin entiendo nada de lo que está escrito en el diccionario.

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