HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Los pájaros. Las ojeras llamando a la puerta hecha astillas de tu casa pobre. La soledad de la hiedra preguntando la lejanía en mis papeles rotos. La ruptura de esa palabra en el enjuague de tu exilio.
Todo empieza y hay que levantar los viejos muebles en busca del ojo de cristal para seguir buscando el océano y parpadeando el olvido.
El polvo mezcla en las ventanas esa mueca de trapo y gasolina... tropiezo con tu desmemoria desde los cuadernos quemados que un descanso alcohólico vela en un cubo de basura.
Nunca soy la misma. Me parece un pasado irrecuperable, el día de ayer. El eco, el testigo, el camarero del delirio de la noche, es un anacoluto que mastica lo que no dijeron mis palabras, agita y expía el purgar con la mala hierba para curar el mál estómago de la marginación.

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